lunes, 22 de junio de 2015

ECOSER O NO SER... Ética ambiental : una búsqueda encerrada en un mar de historias.


*Reseña de 2005. Inédita.


Lorentzen, Lois Ann.
Ética ambiental.
Colección: “hacia la sustentabilidad”.
UIA Golfo Centro.
Puebla. 2001.

            Un neófito se acerca a esta historia.

            Acercarse a una historia nueva implica siempre un espíritu de aventura, una apertura a lo nuevo, un deseo de encontrar otros mundos aún no conocidos. Acercarse a otra historia requiere muchas veces despojarse de creencias, ideas preestablecidas, juicios aprendidos o elaborados con anterioridad, certezas que son fruto de la propia historia. El acercamiento a otra historia trae consigo por ello, una sensación de inseguridad, de respeto, de cierto temor por lo que se pueda ir descubriendo y sobre todo por lo que se tenga que ir dejando.
            Esta es la sensación del autor al acercarse a esta historia o mejor dicho a este mar de historias que se entretejen en “Ética ambiental” de Lois Ann Lorentzen. Esta fue la sensación inicial, reforzada por el hecho de ser una historia ajena – al menos esa fue la idea inicial – una historia de la que no se ha estudiado prácticamente nada, una historia que se piensa uniforme e integrada y de la que se tienen apenas algunos datos o frases sueltas de oídas o cierta lectura y discusión de “Filosofía para niños” que ciertamente no era de lo mejor del programa o alguna reflexión ética de lo educativo que ha pasado apenas tangencialmente por lo ambiental.
            Sin embargo, lo primero que hay que comentar de este excelente texto es que no es el libro del experto que quiere demostrar cuánto sabe a sus lectores aunque estos puedan no entender nada – que a veces este es el criterio para determinar si un  libro es bueno- sino la invitación y el testimonio de una búsqueda que ha llegado a cristalizar en una verdadera síntesis clara, comprensible, apasionada y apasionante que se refleja en un mar de historias que configuran una historia concreta y compleja: la historia de las “relaciones morales del ser humano con su  ambiente natural” y de la sistematización teórica o científica de esta historia concreta y compleja.
            De manera que el primer descubrimiento al que lleva la lectura es claramente a la sensación afectiva y la comprensión intelectual de que esta historia no es una historia ajena sino que se trata de la historia de todos nosotros en nuestro mundo, una historia en la que uno es actor y puede, debe, involucrarse y tratar de seguirla escribiendo pero con otro sentido, con un sentido de verdadera preocupación creativa más allá de la cómoda inconciencia consumista o de la atractiva postura ecologista superficial.
            Esta historia es nuestra historia y el libro consigue involucrarnos con ella. El problema es que el mensaje conclusivo es muy claro: el problema de la ética ambiental es el de una búsqueda sin fin, un proceso permanente que requiere para iniciarse o reiniciarse de una profunda transformación personal y estructural, de un cambio radical en nuestros modos de vida individuales o familiares pero también en nuestra cultura global y en las estructuras económicas, tecnológicas e ideológicas que se derivan de ella.

           
            Una historia personal: La búsqueda detrás del texto.

            ¿Cómo logra este libro involucrarnos en esta historia y dejar de verla como ajena? ¿Qué técnica literaria o estrategia metodológica utiliza la autora para hacernos partícipes de esta invitación al cambio?
            Lo que aparece detrás del texto no es - aunque el libro está muy didácticamente planteado para que el lector vaya entrando desde las definiciones básicas, las posturas filosóficas y teológicas que sirven de sustento hasta las diferentes éticas ambientales y los movimientos actuales que intentan operativizar estas posturas- , lo que aparece tras el texto según se logra captar es una persona que busca, una persona humana preocupada por la reflexión filosófica sobre el problema ambiental, una académica que a partir de una búsqueda personal entra en un proceso de investigación y acción que a lo largo de los años va fructificando en un cuerpo conceptual potente, sólido pero sobre todo, significativo, impregnado del sentido que le va imprimiendo el proceso humano que lo origina, lo crea y lo recrea a través del texto.
            Del alpinismo al ecologismo y de allí a la reflexión sistemática de esta materia tan antigua que se llama ética, aplicada a un campo más antiguo que la misma especie humana pero tan nuevo, tan recientemente descubierto y trabajado como campo de estudio, de reflexión, de preocupación, de acción y reacción frente a la destrucción de la que el mismo ser humano la ha hecho objeto por una multiplicidad de variables económicas, políticas, culturales, filosóficas, teológicas.
            Sin conocer personalmente a la autora, el lector puede encontrarse con un compromiso auténtico que se va reflejando a lo largo de todo el libro, un compromiso reflexionado al que se puede sumar o no, pero no deja de inquietar, de hacer pensar, de suscitar preguntas.

            Una historia trágica: La crisis ecológica como despertar al problema.

El inicio del libro, como planteamiento didáctico, parece ser el mismo inicio de lo   ambiental como objeto de estudio : la crisis ambiental que padece la humanidad sobre todo, de manera acelerada, a partir de la época moderna.  Esta crisis ambiental que empezó a estudiarse primero, como el texto menciona, desde una disciplina holística llamada Ecología porque persigue el estudio de la propia casa y que paradójicamente tiene la misma raíz que Economía, aunque la normatividad, el manejo de la casa no corresponda y actualmente incluso sea contrario en sus criterios y acciones al estudio y cuidado de la casa que la Ecología ha venido proponiendo. Primero desde una disciplina y después  desde un enfoque  multidisciplinar complejo, pero este inicio, esta crisis ambiental en la que el mundo se encuentra sumido y que parece ahondarse día a día en lugar de empezarse a solucionar es el origen, el disparador de una nueva cultura emergente que es todavía marginal pero que parece cada día más urgente.
            No es objeto de este comentario repetir los escalofriantes datos que aparecen en este apartado inicial del libro. Baste con decir, a partir de la cita de Kaplan que refiere la autora en la que se dice que vamos a enfrentar guerras debidas a la sobrepoblación y a la escasez de recursos naturales, que es terrible pero probable que después de las guerras que ya se han enfrentado por territorios o por petróleo (recursos naturales), que podamos llegar a guerras por el agua o por otros recursos naturales. ¿Hay un peor escenario posible para la humanidad y para el planeta entero?

            Una historia bíblica: el cristianismo como culpable.

            El génesis y sus dos relatos de la creación, la interpretación dominante de estos relatos, son el pretexto para continuar con una provocación que cuestiona al lector aunque después se matice con interpretaciones y contraejemplos alternativos: según White, el cristianismo es el culpable de la crisis medioambiental que vivimos.
            La visión antropocéntrica distorsionada que se ha derivado de la interpretación dominante de estos relatos en los que aparece la humanidad como la encargada de controlar, de someter, de decidir sobre el destino de la tierra, las plantas y los animales. De allí al desarrollo científico y tecnológico, a la sobreexplotación de recursos naturales, a la autodestrucción solamente hay un paso, un paso histórico en el que intervienen desde luego muchas variables más, pero que tienen en esta interpretación una legitimación espiritual incuestionable que es cierto que ha permeado en mucho a la cultura occidental entera.
            Un antropocentrismo distorsionado que considera una separación radical del hombre y la naturaleza, una superioridad de los humanos sobre los recursos naturales y que ha sido cuestionado solamente a partir de esta severa crisis ecológica que ha ocasionado.
            De esta hipótesis cuestionadora y cuestionada, la autora parte para presentar otros enfoques también cristianos como el ejemplo de San Francisco de Asís y la utopía de una comunidad planetaria no jerárquica, la posición oficial de la iglesia representada en el papa actual y sus más recientes encíclicas donde se tiene aún una visión antropocéntrica pero que marca claramente límites a la explotación de la naturaleza y las visiones gerenciales o administrativas que hablan de que los humanos somos administradores de los recursos naturales o la visión ciudadana ecocéntrica que habla de que la humana es solamente otra especie entre toda la diversidad y que somos ciudadanos del mundo, hasta llegar a la posición de la teología de la liberación en la que se habla de “pecado medioambiental” como pecado estructural y de la necesidad de una ecoteología a partir de las necesidades de los pobres.
            La autora menciona también la visión protestante moderna manifestada en la “teología del proceso”, una teología que parte de una perspectiva dinámica en la que Dios es parte de este proceso evolutivo humano-natural y lo que se hace a la naturaleza puede afectar también a Dios.
            Toda esta serie de enfoques hablan de la complejidad del problema y de la dificultad para encontrar normas morales definidas que regulen universalmente la relación entre los humanos y el medio ambiente natural. Todas estas visiones teológicas son de algún modo trasfondo o sustento de las éticas ambientales que se presentan en la parte central del texto.

            Una larga historia: La cultura occidental en la raíz.

            Más allá del cristianismo y de la concreción científico-tecnológica-económica de la interpretación bíblica del génesis, otros autores hablan de esta larga historia de conceptualizaciones sobre las relaciones humanidad-naturaleza y algunos de los presentados en este libro atribuyen al atomismo de Demócrito y al dualismo de Platón los significados culturales antropocéntricos y la separación radical hombre-naturaleza que han traído consigo los problemas ambientales que hacen crisis en el presente.
            Una larga historia en la que es difícil distinguir un solo culpable de esa cosmovisión que nos ha llevado al desastre ambiental actual, pero que permiten hacer conciencia de que el continuo histórico ha ido dejando, sobre todo en occidente, modos de significación y de vida que son contrarios al desarrollo armónico de esta relación entre naturaleza y cultura.
            Destaca en esta relación distorsionada el concepto de civilización dominante y el modelo de desarrollo imperante en el mundo.

            Diversos modos de entender la historia:  Ética ambiental o Éticas ambientales

            EL núcleo del libro nos presenta la diversidad de éticas ambientales que se han ido construyendo en esta historia de reflexión y pensamiento sobre la naturaleza y lo humano dentro de ella.
            Inicia con Aldo Leopold, al que se nombra como “el abuelo” de esta disciplina, autor de “La ética de la tierra” en la que persigue ampliar las consideraciones éticas a la tierra, la flora y la fauna, asumiendo que la tierra vive y que merece consideración moral. En esta perspectiva el bien y el mal están en función de la comunidad biótica y no de los individuos. Esta consideración tuvo mucha influencia en otros enfoques éticos posteriores.
            Un segundo enfoque es el de la ética biosférica que se sustenta en la hipótesis GAIA que considera a la tierra como organismo vivo que tiene conciencia, siente dolor y tiene la tendencia a estar contenta, por lo que merece ser objeto de todas las consideraciones éticas.
            La tercera posición es la de las éticas basadas en derechos que la autora presenta a partir de Cristopher Stone y su propuesta de extender los derechos legales a los árboles y otros objetos naturales en la que plantea el derecho de un río a recibir una compensación si una industria le causa daños, y de las corrientes éticas de los derechos de los animales en sus dos vertientes: utilitarista y deontológica.
            En ambas vertientes se considera a los seres vivos en general como poseedores de derechos con la diferencia de que los utilitaristas aceptan la posibilidad de que se use a los animales como recursos cuando los intereses humanos sean mayores que los de los animales y la posibilidad de experimentar con animales para cuestiones de salud, mientras que los deontológicos optan radicalmente por negar toda posibilidad de experimentación con animales y suprimir la pesca, la cacería y toda actividad en la que se “abuse” de los animales violando sus derechos.
            El individualismo biótico de Schweitzer y su concepto de “reverencia por la vida” se presentan dentro de estos enfoques radicales.
            Una de las éticas ambientales que ha adquirido mucha fuerza es la que se fundamenta en la preocupación por las generaciones futuras. “¿Qué ha hecho la posteridad por mí?” pregunta Heilbroner reflejando el cuestionamiento básico a este enfoque en el que se plantea que no se puede sustentar una ética en las generaciones futuras porque no sabemos cuáles serán sus necesidades o aún es necesario definir si tenemos alguna responsabilidad con seres que aún no existen. La determinación por analogía de las necesidades de los futuros seres humanos es parte de la defensa de este enfoque del que se ha popularizado mucho la frase que habla de que los recursos naturales no son herencia de nuestros padres para nosotros sino un patrimonio de nuestros hijos que nosotros solamente estamos administrando.
             La ecología profunda o deep ecology se presenta como una preocupación filosófica que parte de la crítica a las posturas ecologistas superficiales en las que se atacan solamente los síntomas del problema pero no las causas profundas y se explicita la necesidad de una transformación profunda de la cultura y los modos de vida humanos y el cambio de las estructuras económicas, técnicas, ideológicas, científicas que imperan en el mundo moderno.
            Se parte en esta postura del igualitarismo biocéntrico en el que se afirma que todos los seres humanos tienen derecho a existir, por lo que el humano no debe alterar esta diversidad biológica si no es para satisfacer sus necesidades básicas. El planteamiento de una vida austera y armónica con esta biodiversidad y la exigencia a los países ricos de disminuir sus niveles de consumo son planteamientos de esta perspectiva en la que se habla también de la necesidad de reducir el crecimiento demográfico como una forma de garantizar la calidad de vida en el planeta.
            La ecología social en cambio, plantea la relación directa entre la dominación social y la dominación de la naturaleza y habla de que el cambio debe darse al nivel de las estructuras socioeconómicas de la sociedad ya que en las sociedades altamente jerárquicas se da también un nivel alto de explotación de los recursos naturales.
            La diversidad de las éticas que nos dejan ver esa reacción inicial de radicalismo en la que se pasa de un antropocentrismo cerrado y destructivo y una separación radical del ser humano y la naturaleza a una posición de un ecocentrismo exacerbado y un proceso de identificación o disolución de lo humano en lo natural con todas las visiones intermedias que se han ido construyendo, es una muestra de la complejidad del problema de la ética ambiental. Antropocentrismo, biocentrismo, ecocentrismo, ¿por dónde buscar el fundamento para una ética ambiental universal? ¿Cómo descubrir las normas morales de relación entre el ser humano y la naturaleza?
            Estas preguntas llevan a la autora a una serie de reflexiones críticas sobre las diversas posturas éticas en relación a lo ambiental.

            El norte y el sur: Dos historias distintas.
           
            Parte de esta búsqueda personal de la autora la lleva al descubrimiento de que las visiones ambientales y las construcciones éticas relacionadas con el ambiente son muy distintas en el norte y en el sur. Los conceptos de naturaleza y de relaciones hombre-naturaleza son constructos que varían de acuerdo a la diversidad de situaciones y culturas.
            A partir de un artículo clásico de un autor indio donde se cuestiona la deep ecology y las éticas ambientales del norte, centradas básicamente en la conservación y en una visión romántica de las regiones sin cultivar que plantea que las zonas naturales son mejores sin la intervención humana y así deben preservarse, la autora va planteando visiones del sur que contrastan seriamente con estas perspectivas y que son , necesariamente antropocéntricas dadas las condiciones precarias e injustas en las que viven grandes cantidades de población en estos países subdesarrollados.
            Ya  para esta parte del libro se ha hablado de autores latinoamericanos como Gudynaz, Boff, Contreras y Herz, que hablan de la necesidad de que una ética ambiental sea una ética social, ya que la injusticia económica produce daños directos y la injusticia ecológica produce daños indirectos pero ambas llevan al hambre y a la muerte a millones de personas.
            De este tipo de pensamiento que nace de las necesidades de los pobres y tiene mucho que ver con los enfoques de la teología de la liberación, se deriva la perspectiva de superar las éticas que son solamente de la naturaleza al mismo tiempo que se evitan los enfoques meramente antropocéntricos.
            Estos encuentros llevan a la autora al planteamiento de la necesidad de evitar las éticas del todo o nada y a evitar esa separación radical entre naturaleza y cultura evitando también la disolución de lo humano en lo natural. El equilibrio y la pluralidad es la salida para una sociedad heterogénea pero para lograrlo, sirve de mucho la información que aportan los planteamientos éticos holísticos o totalizadores.
            La autora plantea sin embargo la realidad que vivimos de todo o nada en ejemplos de megaciudades como Los Angeles o México, plantea también la contradicción que existe en las sociedades llamadas desarrolladas en las que muchos planteamientos o posiciones supuestamente ecologistas están solamente satisfaciendo una necesidad de consumo y mercado mientras refuerzan el modelo económico y cultural que hace que los países pobres tengan que destruir la naturaleza para sobrevivir a este sistema económico surtiendo de materias primas y recursos naturales a estos países “desarrollados”.
            La necesidad de ver lo concreto y no las posturas abstractas, de descubrir lo oculto y no dejarse llevar solamente por lo aparente de estas posiciones, lleva a descubrir la insuficiencia o aún el elitismo y el esteticismo de las posturas que plantean la preservación estática de regiones naturales que serán solamente atractivo turístico para los ricos pero no modificarán las relaciones entre el ser humano y la naturaleza.
            Todos estos enfoques éticos no han logrado definir, dice la autora, el verdadero telos, la real finalidad de la tierra. ¿Será porque lo concreto nos lleva a ver que esa finalidad no está definida desde ahora y que es también un proceso, un desconocido que tendrá que irse descubriendo a la vez que va sucediendo la vida y su complejidad? ¿Será porque esa finalidad esta sujeta a la probabilidad emergente que parte de una norma dinámica y flexible y no de leyes clásicas perfectamente definidas y controlables?

            Una historia emergente: El género como visión alternativa.

            La perspectiva de género, el ecofeminismo que parte del hecho validado por investigación empírica, de que así como la llamada “nueva pobreza” es una pobreza femenina, una pobreza que afecta mucho más intensamente a las mujeres, así también la crisis ecológica es una crisis que deteriora mucho más severamente la calidad de vida del sector femenino, es una visión que está surgiendo y definiéndose, también en diferentes variantes y grados diversos de radicalidad, como una alternativa hacia la solución de esta relación humanidad-naturaleza.
            El punto de partida es la constatación de que la explotación de la naturaleza y la explotación o subordinación de la mujer han ido históricamente de la mano. La salida es plantear que el ecologismo y el feminismo van también de la mano. ¿En qué sentido? En muy diversos modos de expresión y acción, sin embargo, parece ser, que el espíritu de control, dominio y destrucción están identificados mucho más con lo masculino y que es esta cultura de poder, esta cultura y estas estructuras masculinas las que han llevado a la crisis, por lo que parece urgente la necesidad de entrar a otra época en la que la visión de lo femenino, de la sensibilidad, la armonía, la integración y la cooperación, sean los ejes sobre los que se construya una nueva cultura en la que se borre la tajante separación entre naturaleza y cultura sin confundir lo humano y lo natural. “Buscamos un espacio que no es totalmente cultural ni totalmente natural” dice la autora hacia el final del libro y nos comunica lo que ha aprendido de las mujeres salvadoreñas. Nos comunica la vivencia de una apertura intercultural en la que se confrontan e incluso se modifican las propias creencias o los propios conceptos a la luz de lo que los demás o las demás nos comunican de su propia experiencia, de sus modos de entender la vida y de vivirla.
            Hacia esta comprensión y complementación intercultural, ¿quizá otra cara menos negativa de la globalización? , nos acerca este texto como una posibilidad de salida no a los efectos de la crisis ambiental que vivimos sino a las causas que la producen que son básicamente causas humanas – que parten de modos de vida individuales, estructuras sociales y significados culturales- que a pesar de las dificultades, podrían irse modificando para construir una visión de desarrollo sustentable. Esta es la esperanza...y no es casual que el libro termine precisamente con esta frase. Porque todo el libro es, a partir, o con el pretexto de, un recuento del estado del arte de la ética ambiental, un invitación a la esperanza que lleva al compromiso y la acción, a la acción que renueva, fortalece y organiza la esperanza.
            Quizá parafraseando este clásico diríamos para cerrar: “Ecoser o no ser: ahí está el dilema (o el riesgo)”

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Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...