domingo, 12 de febrero de 2017

Descubriendo el hilo negro para mejorar la calidad educativa.



 
            La semana pasada tuve oportunidad de participar en el seminario que impartió el célebre investigador Martin Carnoy (http://ed.stanford.edu/faculty/carnoy) en el marco de la sesión anual de la Cátedra Pablo Latapí Sarre del Sistema Universitario Jesuita, que se realizó en la Ibero León.
            En la primera parte del seminario, el Dr. Carnoy planteó el tema de la importancia de la investigación comparativa en educación, presentando algunos resultados y conclusiones de investigaciones internacionales que ha encabezado.
            A nivel latinoamericano ha realizado importantes estudios comparativos entre Cuba, Costa Rica, Chile, Panamá y México por ejemplo y recientemente publicó un estudio que se hizo en la frontera entre Botswana y Sudáfrica.
            Los estudios comparativos entre países tienen distintos objetivos y es importantísimo saberlos para poder dar un buen uso a sus resultados. Las muy polémicas pruebas internacionales de la OCDE (PISA) tienen la finalidad de arrojar una fotografía del desempeño de alumnos de cierto grado escolar de distintos países en un momento determinado lo cual brinda información interesante pero no suficiente para deducir qué elementos están incidiendo en una buena o mala calidad del aprendizaje.
            Para poder tener elementos que indiquen las variables que inciden realmente en el desempeño académico de los alumnos es necesario según el Dr. Carnoy, aplicar pruebas de tipo pre-test, pos-test, es decir, exámenes al inicio de un ciclo escolar y al final del mismo, complementados con observación en las aulas durante el proceso de aprendizaje.
            Este investigador ha encabezado estudios de este tipo como los mencionados líneas arriba y sus resultados muestran algunos elementos que podrían parecer obvios pero que no están atendidos de manera suficiente y eficaz en muchos de los países estudiados.
            En cuanto al papel del docente en la calidad educativa, los principales aportes de sus investigaciones podrían sintetizarse en tres elementos: saber, saber enseñar y enseñar.
            En efecto, aunque parezcan elementos de sentido común, estos tres aspectos siguen siendo los principales para lograr un aprendizaje de calidad en los educandos. Analicemos cada uno de ellos.
            Saber: Un elemento básico para lograr un buen aprendizaje es el de los conocimientos que el docente tenga sobre la materia que imparte. Si un profesor que enseña matemáticas no sabe matemáticas al nivel que el currículo requiere, no logrará buenos resultados educativos en sus estudiantes.
            Saber enseñar: El segundo elemento consiste en que el docente debe tener conocimientos pedagógicos para poder traducir los conocimientos de la asignatura a un plan o secuencia didáctica que logre los objetivos de aprendizaje planeados. Este segundo elemento consiste no tanto en el dominio de teorías pedagógicas o métodos de enseñanza sino en la traducción práctica de estos conocimientos en competencias docentes específicas para la enseñanza de esa asignatura.
            Enseñar: La cobertura del currículo por parte del docente es un elemento fundamental para lograr calidad educativa. El porcentaje del programa que cubre un profesor, contra lo que se afirma en muchos cursos de didáctica, sí es relevante para poder lograr un aprendizaje de calidad.
            Este tercer elemento está, según las investigaciones realizadas, íntimamente relacionado con los conocimientos del profesor, es decir, un profesor no cubre todo el programa no solamente porque es requerido muchas veces para reuniones, cursos de capacitación, actividades extracurriculares, etc. por parte de la escuela sino también porque no sabe muchos de los temas que tiene que enseñar y por ello se concreta a repetir y dar vueltas sobre aquéllos temas que sí domina.
            De manera que estos tres elementos deberían formar parte de los programas y dispositivos de formación docente tanto de los futuros profesores como de los maestros en ejercicio. ¿Qué tanto sabe un maestro de matemáticas, matemáticas? ¿Qué tanto sabe sobre la manera más efectiva de enseñar las matemáticas? ¿Qué porcentaje logra cubrir del programa, por la disponibilidad de tiempo real de clase con que cuenta como por el dominio que tiene de todos los temas de matemáticas?
            El Dr. Carnoy pareció descubrir el hilo negro para la mejora de la calidad educativa, sin embargo, por más obvios que nos parezcan los resultados de sus trabajos de investigación, nos aportan elementos científicos sólidos para revisar lo que se está haciendo en la formación docente y con qué calidad se está realizando.
  


domingo, 29 de enero de 2017

“Hasta un pueblo de demonios..:” o la urgencia de aprender a convivir.



*Artículo publicado en E-Consulta en noviembre de 2012.


“…"hasta un pueblo de demonios", de seres sin sensibilidad moral, querría una Ética cívica para vivir en paz, con tal de que fueran inteligentes. Tanto más un pueblo de personas, dotadas de sensibilidad moral, que verían la necesidad de transmitir esos valores a sus hijos a través de la educación..” 
Adela Cortina.
            Circulando por cualquier calle de la ciudad de Puebla uno se encuentra casi en cada cuadra con autos estacionados en doble fila que obstruyen la circulación de los demás. Cuando se ingresa en automóvil a un centro comercial grande o pequeño o incluso a los hospitales más caros y exclusivos de la ciudad, lo común es ver los lugares destinados para discapacitados ocupados por personas que no tienen ninguna discapacidad más que la flojera de caminar unos pasos. La entrada a las escuelas supone siempre una fila de vehículos estacionados también en doble o triple fila para bajar a los niños sin tener que caminar.
            Si se inauguran obras de beneficio colectivo es también común ver la forma en que la gente empieza a destruirlas por una mezcla de inconciencia y placer. De igual forma es normal ver todavía a personas que arrojan basura a la calle desde la ventanilla de su auto o de un autobús urbano y personas que se meten adelante en la fila del supermercado o rebasando por el acotamiento se adelantan a la fila en las casetas de cobro de las autopistas.
            El pretexto es siempre algo como: “es que voy a bajar solamente un momento”, “no voy a tardar”, “es que tengo prisa”, “tengo muchas cosas que hacer y me urge…”, etc. como si las demás personas que esperan en la fila, se estacionan donde deben y caminan para bajar a dejar a sus hijos a la escuela no tuvieran también prisa o actividades que realizar.
            Cuando un ciudadano común se atreve de manera amable a reconvenir a los infractores, cuando un “viene-viene” o un vigilante de los estacionamientos se atreve a decirles que no se deben estacionar en tal lugar o que no pueden tirar basura en el piso, la respuesta es de indiferencia en el mejor de los casos y de agresión prepotente e insultos en la mayoría.
            Resulta curioso darse cuenta que esas personas que rompen las normas mínimas de convivencia en todos los espacios públicos, llevan a sus hijos a escuelas donde les “inculquen valores”, se quejan de la corrupción y la violación a las leyes por parte de los delincuentes o los políticos y seguramente se consideran buenos ciudadanos.
            Del otro lado nos encontramos con que la autoridad brilla por su ausencia. Uno puede circular por las calles llenas de autos en doble fila y no verá una sola patrulla de tránsito; lo que es peor, uno pasa por la entrada de las escuelas y muchas veces hay patrullas y agentes de tránsito que se supone están para poner orden, pero estas patrullas y agentes están viendo a los autos en doble fila, a los padres y madres de familia cometiendo toda clase de imprudencias y violaciones de tránsito sin decir absolutamente nada. Lo mismo ocurre cuando se tira basura en la calle, se destruye mobiliario o instalaciones urbanas o se agrede a otro en la vía pública. La autoridad ha renunciado a su tarea y ha claudicado ante el caos imperante en la ciudad.
            Lo anterior parece no ser privativo de las autoridades locales o estatales de Puebla sino un fenómeno reiterado a nivel nacional. Individuos o grupos roban y queman vehículos, toman instalaciones universitarias por la fuerza, bloquean calles o se apoderan de zonas o ciudades completas sin que la autoridad asuma su responsabilidad y cuando la asume, la sociedad entera y los medios de comunicación reaccionan airadamente acusándola de “represora”.
            Este es el círculo vicioso en el que estamos sumidos hoy: los ciudadanos violando las normas desde lo más pequeño hasta lo más grave con total impunidad porque no hay autoridad que les marque límites, y la autoridad sin marcar límites porque la cultura establecida reprueba su intervención a pesar de que en el discurso manifiesta que se requiere.
            Dice bien Adela Cortina reinterpretando la idea de Kant: “hasta un pueblo de demonios querría una ética cívica para vivir en paz, con tal de que fueran inteligentes” y parece que nosotros hoy en día, seres humanos que se supone tenemos la sensibilidad moral de la que carecen los demonios, parecemos no ser lo suficientemente inteligentes para pensar que necesitamos una ética cívica para poder convivir en paz y no terminar matándonos unos a otros como ya está sucediendo cotidianamente en nuestra patria.
            Ojalá como sociedad podamos reflexionar sobre esta necesidad urgente de aprender a convivir , que es el nuevo nombre de la educación ética, porque más que enseñar valores a los niños tendríamos que demostrarles con el ejemplo en nuestras acciones más simples y cotidianas, que somos inteligentes y vivimos una ética cívica porque queremos vivir en paz. 

domingo, 22 de enero de 2017

Aprender a ser: Educarlos o padecerlos



*De mi columna Educación personalizante en Lado B, publicado en febrero de 2012.


“Los hombres han nacido
los unos para los otros;
edúcales o padécelos.”
Marco Aurelio.*
                  1.-Padecernos.
                  Si circulamos por las calles de Puebla al volante de nuestro auto y continuamente podemos observar la creciente falta de respeto de los automovilistas por la señales de tránsito: autos pasándose el alto “porque no viene nadie y yo tengo prisa”, vehículos detenidos en la esquina invadiendo el área de cruce peatonal “porque no sirven para nada”, coches circulando en sentido contrario “porque así cortamos camino”, personas que se estacionaron en doble fila “porque es muy rápido, nada más espero que mi hijo salga de la escuela, solamente voy a comprar mis papás del ruso, voy a dejar un papel y regreso” y una larga lista de etcéteras.
                  Si pretendemos estacionarnos en un centro comercial, resulta que por la flojera de caminar vemos a medio mundo  dejando su coche en los lugares de discapacitados o parados justo enfrente de las tiendas ancla al lado de la banqueta, donde no hay cajones de estacionamiento. Pero no importa, como esas personas van a comprar y “el cliente siempre tiene la razón”, Angelópolis y otros centros comerciales han preferido pintar los cajones donde la gente se estaciona imprudentemente  antes que sancionar de alguna manera a los clientes que cometen estas faltas de respeto al reglamento. En el hospital más Angeles los visitantes no respetan los lugares para discapacitados, destinados a quienes llegan con enfermos y ahora incluso se estacionan en la rotonda de circulación frente a la puerta, también con la complacencia de las autoridades del lugar. (http://yfrog.com/hwu7hepj )
                  Si por el contrario somos peatones también estamos continuamente dejando de respetar las normas viales y cruzando la calle corriendo en vez de usar el paso peatonal elevado o ir a la esquina a cruzar en la zona destinada para hacerlo, etc.
                  En las tiendas o supermercados vemos continuamente también cómo la gente se mete indebidamente en la fila al menor descuido de quienes están formados, trata de sacar ventaja de cualquier situación y obstruye el paso de personas que requieren apoyo especial sin importarles mayormente cualquier cosa que vaya más allá de su prisa.
                  2.-Educarnos.
                  Nos hemos referido en este espacio a uno de los “cuatro pilares de la educación del siglo XXI”: el aprender a convivir (http://ladobe.com.mx/2012/01/aprender-a-convivir-el-pilar-y-sus-cimientos/ ). Es importante ahora referirnos a otro de estos pilares fundamentales que señala la comisión Delors por encargo de la UNESCO: Aprender a ser (http://www.unesco.org/education/pdf/DELORS_S.PDF).
                  Aprender a ser implica la educación de la individualidad de cada estudiante para capacitarlo en la construcción de su propia existencia, que es quizá el mayor desafío personal que todo ser humano tiene que enfrentar .  Orientar la educación hacia el desarrollo humano de cada sujeto que vive cotidianamente en las aulas no es una tarea fácil en una sociedad con rasgos posmodernos en los cuales, en nombre de una recuperación de la subjetividad se ha caído en el subjetivismo cognitivo y moral y con el pretexto de la educación para la realización y la felicidad de cada individuo se ha llegado a un individualismo aplastante que rompe la búsqueda de comunidad y pone en grave riesgo la convivencia democrática.
                  Este pilar fundamental para la educación de una humanidad que sea capaz de salvarse realizándose, tiene como tarea básica, según el texto de Delors, educar “ para que florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal…” (http://www.unesco.org/education/pdf/DELORS_S.PDF p. 36)
                  Lo anterior implica una labor conjunta entre maestros, padres de familia, directivos escolares, medios de comunicación y otras instancias sociales para formar personas que realmente sean autónomas, es decir, capaces de autodeterminarse en medio de las circunstancias que les toca vivir según su contexto histórico-social-económico-político-cultural. Esta autonomía no significa de ninguna manera personas que “hagan lo que se les antoje” o que impongan su voluntad o sus intereses egoístas a los demás porque implica, como dice esta obra, el juicio y la responsabilidad personal.
                  Sin embargo el contexto subjetivista e individualista en que vivimos parece confundir aprender a ser con imponer nuestro parecer a los demás y ser autónomos con hacer lo que nos plazca sin ser contrariados. Muchos padres de familia se enfrentan hoy a los docentes o a la escuela de sus hijos porque “se atrevieron” a corregirlos o a ponerles límites o a enfrentarlos a la frustración para desarrollar la tolerancia, cuestión fundamental en el aprendizaje del ser auténticamente humanos y verdaderamente autónomos, es decir, responsablemente libres.
                  La moda nos dice que nuestros hijos deben ser felices a toda costa y no se les puede contrariar so pena de generarles traumas y problemas de autoestima para el resto de su vida. Paradójicamente con esta forma de actuar les estamos condenando a la infelicidad porque no tendrán herramientas para enfrentar la vida que no es siempre como queremos ni nos consiente que hagamos absolutamente lo que se nos antoje.
                  Educarnos o padecernos, era la disyuntiva que planteaba Marco Aurelio a partir de que aprendemos a ser siempre con otros y no podemos ser si pasamos por encima o ignoramos a esos otros. Educarnos o padecernos sigue siendo el desafío de un aprendizaje sano para el desarrollo de la individualidad en los tiempos ególatras que vivimos.
                  Ojalá reflexionemos sobre este desafío y tratemos de enfrentarlo en la educación de las nuevas generaciones para no padecerlas en el futuro como estamos padeciéndonos hoy en cada escenario de nuestra vida social.

domingo, 15 de enero de 2017


 


*Otros fragmentos de mi libro: Aquí quiero yo verlos. La lucha y la danza en las aulas, publicado por UIA Puebla en 1999.

Génesis…

I.
Y dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza…”, es decir, inteligente, creativo y crítico, buscador de comprensión, incansable investigador del universos que le rodea, abierto al infinito en su deseo de saber, de vivir y de amar… fue por eso que nacieron los maestros…

II.
…Ya después, cometieron el pecado original de sentirse dioses… y ahí parece que seguimos…


Alta traición educativa
(Parafraseando a Jose Emilio Pacheco)

*Para Jorge Abascal, lector y buscador de poesía

No amo la escuela
su fulgor abstracto es inasible
pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez rincones suyos
cierta gente
alumno, aulas si brillo
gises que profetizan
sueños comunes,
algunos profesores que hacen historia
y tres o cuatro libros.


Pascal tenía razón…

Indudablemente, hay razones de educación que la calificación no entiende…


De Herodes a Pilatos…

I
Los “santos inocentes”: A esta educadora le decían Herodes porque tenía siempre la palabra y la actitud más eficaces para matar la creatividad y la autoestima de sus pequeños estudiantes.

II
Pilatos: Cuando se desataba “la pasión” en las discusiones de clase, este profesor siempre “se lavaba las manos”.

III.
Pilatos 2: Este profesor nunca falla: en cualquier conflicto en el grupo, siempre deja libre al “Barrabás” y “crucifica” al inocente.

domingo, 8 de enero de 2017

Ética, política y escuela: Hacia la formación de ciudadanía planetaria.


“No se puede aceptar la disolución de la ética en la política,
que se torna entonces en puro cinismo; no se puede soñar
 con una política al servicio de la ética. La complementariedad
 dialógica entre la ética y la política comporta dificultades,
 incertidumbre, y algunas veces, contradicción”.[1]
Edgar Morin.

            Un país prácticamente postrado ante la violencia, el abuso, la imposición de los monopolios económicos, la dictadura de la partidocracia y de una clase política cuya identidad generacional se define desde el inmovilismo y la falta de voluntad para generar las reformas urgentes que necesita el país, un país en crisis institucional severa es el México de la segunda década del siglo veintiuno.
            Pero además de la crisis institucional, ya de por sí muy grave porque se traduce en un mal estructural que se reproduce y ahonda cada día, vivimos en un país caracterizado por una profunda crisis moral, un país en el que la “ética se ha diluido en la política”, volviéndose puro cinismo que se exhibe en los discursos, en las declaraciones, en las ruedas de prensa y en los spots que nos invaden y nos invadirán cada vez más a partir de este fin de año y hasta que termine el proceso electoral del 2012.
            La situación amerita una reflexión muy seria, puesto que es necesario pensar, -muy probablemente desde movimientos ciudadanos como el de “Paz con justicia y dignidad” que encabeza Javier Sicilia, el de los indignados que está empezando a surgir a partir del ejemplo del 15M, los acampados en la plaza del Sol  y el “occupy Wall Street”, en estrategias para que la ética vuelva a la política, porque si bien es cierto que no pueden confundirse, la ética y la política se requieren mutuamente en un círculo dialógico como afirma Morin.
            En efecto, las grandes finalidades éticas necesitan de estrategias políticas para lograr ser instrumentadas como la política necesita de un mínimo de ética para poder con su finalidad de gestión del bienestar colectivo.
            Es así que una ética para el siglo XXI debe ser simultáneamente, como afirma el mismo autor, una autoética –una ética del cuidado de uno mismo y de nuestros seres cercanos-, una socioética –una ética de construcción política del bienestar colectivo- y una antropoética -una ética del cuidado de la especie humana como parte del ecosistema planetario-.
“Necesitamos crear instancias planetarias capaces de enfrentar los problemas vitales y de trabajar para la confederación y la democracia planetarias”[2] al mismo tiempo que creamos instituciones sociales sólidas y democráticas al interior de nuestro país y construimos responsablemente una existencia personal y familiar que apunte hacia aquello que es verdaderamente humanizante.
            Para la creación de las instancias planetarias y de las instituciones sociales es indispensable la relación ética-política, que también está presente sin duda en la construcción personal y familiar si se entienden las personas y las familias como partes inseparables de este todo social y planetario.
            Pero la escuela parece partir de una visión reduccionista y simplificadora en sus esfuerzos de formación valoral. Si analizamos los programas de formación en valores y los enfoques didácticos para la educación moral que se utilizan en los planes de estudio de nuestras instituciones educativas, podemos comprobar que la formación moral se entiende únicamente desde la autoética y desafortunadamente, desde una perspectiva neoconservadora en que la autoética consiste en el aprendizaje y la práctica de ciertas normas o valores considerados como universales y enseñados de manera dogmática.
            Es muy escasa la formación de una socioética y de una antropoética en el sistema educativo, porque implica una formación política de los educandos que quizá es aún considerada como peligrosa para el mantenimiento del statu quo.
            Sin embargo la formación valoral desde una visión compleja que incluya las tres dimensiones citadas y que apunte, desde una formación de conciencia política –entendida esta formación en un sentido no partidista sino cívico y pluralista- hacia la formación de ciudadanía planetaria para la democracia local y global, resulta impostergable si queremos salir de esta profunda crisis ético-política o político-ética que está llevando al país y al mundo entero hacia una degradación cada vez más profunda del tejido social y a un deterioro progresivo de la convivencia humana.
            Ojalá los educadores, directivos, investigadores, padres de familia y la sociedad toda caminemos en la línea de generar un cambio de perspectiva en la formación valoral desde una ética compleja y pongamos las condiciones para una reforma profunda de la ética en la educación y de la educación ética confiando en que como afirma también Edgar Morin: “En las situaciones de crisis hay al mismo tiempo, degeneración y regeneración ética”[3].





[1] Morin, E. (2005). O Método VI. Ética. Brazil. Editora Sulina. P. 80
[2] Op. Cit. P. 169
[3] Op. Cit. P. 85

lunes, 19 de diciembre de 2016

La buena y la mala




            “Nuestra gran equivocación es pensar que no necesitamos de Dios. Creer que nos basta con un poco más de bienestar, un poco más de dinero, de salud, de suerte, de seguridad. Y luchamos por tenerlo todo. Todo menos Dios”.
José Antonio Pagola.
           
Escuchando un podcast en el que entrevistan al padre jesuita James Martin S.J. de quien mi familia y yo nos hemos vuelto fans desde hace algún tiempo, me gustó un chiste que contó durante la entrevista que le hacen y pensé que podría servir como pretexto para esta reflexión que los invito a hacer con motivo de la Navidad que se acerca y del fin de año que está a la vuelta de la esquina.
            El chiste es algo que le decía su director espiritual: “te tengo una noticia buena y una mala. La buena es que hay un Mesías, la mala es que no eres tú”.
            Me quedé pensando mucho al escucharlo porque creo que la Navidad encierra ambas noticias: la buena y la mala y creo que este año podemos centrar nuestra reflexión en este simple par de noticias.
            La buena noticia es más clara y de hecho –si no hemos sucumbido aún a la avalancha comercial, consumista y cursi de las fiestas navideñas- la celebramos cada diciembre. Porque la Navidad es la buena noticia por excelencia, la gran noticia de la Kenosis de la que habla Gianni Vattimo en su libro Creer que se cree: la noticia de que Dios siendo tan grande se debilitó para hacerse persona como nosotros y con-vivir en el mundo para invitarnos a con-vivir con él en la plenitud de un horizonte que empieza aquí y ahora pero va mucho más allá de este mundo.
            La buena noticia es que Dios se hace como nosotros, vive con nosotros y muere por nosotros pero también –y sobre todo- resucita por y para nosotros, para abrirnos las puertas hacia la eternidad. La buena noticia es que existe un Mesías, un Salvador que ha dado la vida para que todos tengamos vida plena, para que no nos conformemos con sobrevivir sino que aspiremos y trabajemos por vivir.
            Pero normalmente no celebramos tanto la mala noticia. En este horizonte en el que la mercadotecnia y la publicidad nos hacen creer que somos el centro, el principio y el fin de todo el universo, resulta muy complicado para muchos aceptar que nosotros no somos el Mesías, que nosotros no vamos a ser los salvadores, ni a lograr solos la felicidad, la realización de nuestra existencia y la transformación de esta sociedad injusta y excluyente.
            “La humildad es andar en verdad”, decía sabiamente Santa Teresa de Jesús y asumirnos con la verdad que implica la humildad sería el fruto de la meditación en la mala noticia de que nosotros no somos el Mesías, de que no somos autosuficientes, de que no tenemos la fuerza y la sabiduría para poder decidir con plenitud lo que realmente nos conviene y lo que conviene al mundo en que vivimos y que por ello somos indigentes, necesitados de los demás, creados como seres únicos e irrepetibles pero al mismo tiempo comunitarios, movidos por el deseo de amar y ser amados.
            Que esta Navidad seamos capaces de meditar profundamente sobre el significado de la buena noticia del nacimiento de Jesús, el Mesías, el Dios que se encarna y se hace como nosotros, el camino trascendente, la auténtica verdad y la vida con sentido y que a partir del mensaje que nos da el nacimiento de Cristo en nosotros podamos también reflexionar seriamente sobre la “mala noticia” que para ubicarnos en nuestra justa dimensión como seres imperfectos, necesitados, errantes, siempre en camino, siempre “ya y todavía no”, para desterrar todas nuestras actitudes de autosuficiencia, soberbia, superioridad y cerrazón a los demás que son los principales obstáculos para experimentar el amor que nos libera y nos construye, los muros que nos imposibilitan para ser capaces de “encontrar a Dios en todas las cosas” como plantea San Ignacio en los Ejercicios espirituales.
            Muy feliz Navidad a todos y un nuevo año lleno de esperanza.

domingo, 11 de diciembre de 2016

La eternidad constante: Educar para cerrar ciclos.





1.-La eternidad constante: A manera de introducción.
Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras:
los astros y los hombres vuelven cíclicamente;
los átomos fatales repetirán la urgente
Afrodita de oro, los tebanos, las ágoras.
Vuelve la noche cóncava que descifró Anaxágoras;
vuelve a mi carne humana la eternidad constante
y el recuerdo ¿el proyecto? de un poema incesante:
«Lo supieron los arduos alumnos de Pitágoras...»
            J.L. Borges. La noche cíclica (Fragmento)
            Como bien afirma Borges los seres humanos desde la antigüedad  hemos sabido que “los astros y los hombres vuelven cíclicamente”, que hay ciertas cosas que se repiten y vuelven como si nuestra vida y la vida misma fuera esa “serpiente que se muerde la cola” a la que aluden algunos mitos de nuestras culturas ancestrales.
            Sin embargo, al mismo tiempo que hemos sabido de esta especie de continuo girar sobre lo mismo que nos presentan la naturaleza y la vida,  también hemos sabido desde siempre que este caminar en rotación implica al mismo tiempo un cambio, un avance, un apuntar hacia metas nuevas y situarse quizá en el mismo sitio pero siempre parados en otra perspectiva, de manera que esta imagen cíclica parece más una espiral que avanza y retrocede que un círculo cerrado dando vueltas sobre sí mismo.
            En efecto, el devenir del universo y de los astros, el proceso de reproducción de la vida vegetal y animal y aún el continuo caminar de la humanidad en la historia tienen algo de “eternidad constante”, de movimiento estable o estabilidad en movimiento.
 2.-Los ciclos de la vida, la vida como ciclos.
 ”El pensamiento ecológico ha puesto en su centro la idea de cadena y la idea de ciclo…Sin embargo, no hay UN gran bucle eco-organizacional sino un gran Pluribucle o Bucle uniplural constituido por grandes ciclos, cadenas…Por este hecho, cada momento de un ciclo constituye al mismo tiempo el  momento de uno o varios otros…”
Morin, 1997; P. 46[1]
            Esta idea de ciclos nos viene antes que de la experiencia psicológica o del análisis de la historia, de la simple observación de la naturaleza. La naturaleza requiere de ciclos que se repiten una y otra vez para garantizar la continuidad de la vida, como la rotación de los planetas alrededor del sol, el continuo repetirse de las estaciones del año, el ciclo del agua que explica la relación recurrente entre los mantos acuíferos, ríos, mares y nubes que provocan la lluvia cuando ocurren ciertas condiciones atmosféricas[2].
            El ciclo de la vida se sostiene gracias a estos fenómenos del universo que se mantiene en virtud de la existencia de ciclos recurrentes y permanece también debido a otro ciclo al que podemos llamar la cadena alimenticia en la que unas especies viven gracias a que se alimentan de otras que a su vez se alimentan de otras especies más, garantizando un equilibrio en este movimiento constante.
            Pero estos ciclos no pueden ser cerrados e inmutables. De esta manera los ciclos van abriéndose y cerrándose continuamente pero también van mezclándose con otros ciclos y produciendo bajo ciertas condiciones muchas veces azarosas, nuevas emergencias, fenómenos o acciones distintas y superiores en complejidad que funcionarán estableciendo a su vez nuevos ciclos.
            Esta es la dinámica de la evolución en la naturaleza y de las especies que fueron naciendo desde los ciclos compuestos por la vida elemental de organismos unicelulares hasta ciclos de organismos más complejos que culminan en la emergencia de la consciencia, propia de la especie humana.
Es también la dinámica de los individuos humanos que a su vez van viviendo con base en ciclos físicos, químicos, biológicos, psicológicos, reproductivos y que van dando lugar a la emergencia de las sociedades humanas, del Estado, de formas de organización diversas que  construyen sus propios ciclos de funcionamiento.

3.-La experiencia humana y sus ciclos: una exploración que no cesa.
 “Con el impulso de este amor y la voz de este llamado no cesaremos de explorar y el final de nuestra búsqueda será arribar al lugar donde iniciamos y conocer el sitio por vez primera”
T.S. Elliot
            La experiencia humana de la vida, la existencia de las personas es también una sucesión de ciclos. Ya no digamos los ciclos básicos que soportan la vida (los ciclos bioquímicos, celulares, de nuestro metabolismo) sino los ciclos propiamente existenciales que son los ciclos conscientes que van constituyendo el proceso de nuestra vida, construyendo paso a paso el “drama” de nuestra propia existencia en convivencia.
            El drama personal de la vida de cada quien con sus propios ciclos –infancia, adolescencia, juventud, madurez, vejez- se entrelaza al mismo tiempo en un ciclo con el drama social –y sus ciclos de organización, instituciones, gobierno- y con el drama de la humanidad con sus propios ciclos de evolución como especie que necesita “salvarse, realizándose”, es decir, convertirse en cada día más humana para poder sobrevivir y cumplir su vocación en el cosmos.
            En esta experiencia existencial que podríamos llamar fundante porque está en el eje de lo que nos constituye, de lo que define quiénes somos en lo individual, social y colectivo, se sustenta la necesidad vital de identificar los ciclos , de comprender la dinámica de estos ciclos y de cerrar ciclos para abrir continuamente nuevos ciclos.
4.-Los ciclos del aprendizaje, el aprendizaje como ciclos
“Cada generación hereda una cultura de la anterior; se apropia de ella, la renueva, la recrea y la transmite a la siguiente; de tal modo que las culturas son en esencia, dinámicas y cambiantes y la educación intencional da por sentado que le corresponde determinar qué es válido y transmitirlo a la generación siguiente…”
Latapí, (2009, p. 29)[3]
            Si la Educación tiene que ver fundamentalmente con formarnos como seres humanos, con enseñarnos humanidad unos a otros y si la humanidad es cíclica en este sentido paradójico de repetición-avance, entonces el proceso de identificación, comprensión y cierre de ciclos es algo fundamental en el proceso educativo.
            No existe realmente educación si no se da esta capacitación a las nuevas generaciones para ubicarse en el gran ciclo del universo –para ser capaces de “obedecer a la vida y guiar la vida” - y en el gran ciclo de la historia y la cultura –para “ser conservadores de lo que haya que conservar y revolucionantes de lo que haya que revolucionar”- (Morin,1995 y 2003)[4].
            Porque la educación es en si misma un gran ciclo, una rueda que gira sobre el eje de la cultura y avanza con la fuerza de dos grandes motores: la herencia y el descubrimiento.
            El sistema educativo se plantea de hecho a partir de ciclos. La educación en cualquier país se organiza curricularmente a partir de los ciclos de vida y aprendizaje de los niños, adolescentes, jóvenes y adultos. Es así que se estructuran niveles educativos como el jardín de niños, la primaria, la secundaria, el bachillerato, la licenciatura y el posgrado pensando en las características que tiene un estudiante en las distintas etapas de su vida. Por otro lado, la educación se vive a través de ciclos escolares.
            Seguramente recordamos la expectativa y la emoción que nos daba el inicio de un nuevo ciclo escolar y el misterio de cómo sería la maestra o los profesores que nos darían clase, en qué grupo de compañeros íbamos a estar, cómo sería lo que viviríamos ese año en el aula.
            Sin embargo de manera contradictoria existe también en nuestra experiencia como educandos el recuerdo de cómo poco a poco esta expectativa y emoción se iban convirtiendo en tedio y aburrimiento por la rutina en la que iba sucediéndose el transcurrir de los días en el aula y porque se llegaba al final sin una clara visión de “cierre de ciclo”.
            ¿Por qué siendo la educación algo tan explícitamente organizado en ciclos no puede preparar en los hechos para cerrar ciclos y para abrir nuevos ciclos?
            Tal parece que el problema está en que falta en el sistema educativo en general un elemento central en los ciclos de  la existencia humana. Este elemento es el del sentido.
            Los ciclos naturales y humanos son de “eternidad constante”, es decir, de girar en torno a un eje estabilizador pero al mismo tiempo avanzar en un horizonte que genera nuevas emergencias en el caso de la naturaleza y abre nuevas posibilidades en el caso de lo humano. Se trata pues de procesos de repetición que avanza hacia un horizonte de sentido y este horizonte es el que está muchas veces ausente en el proceso educativo que se vuelve rutinario y se vive entonces como una rueda de noria que gira incesante sobre su propio eje sin ir a ningún lado, simplemente, como decía Paz: “exprimiendo la sustancia de la vida…”[5]
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
Joven, lleno de bellos ideales,
Soñé fundiendo el cobre
Y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales.
              Nicanor Parra. Autorretrato
            Si la escuela no enseña a cerrar ciclos es porque muchas veces los mismos profesores no aprendieron nunca a ver el proceso educativo como un ciclo que se abre, se desarrolla y se tiene que cerrar. Muchos docentes se formaron sin esta capacidad de autorreflexión y aunque en el inicio de sus carreras,  fueron jóvenes, “llenos de bellos ideales…” terminaron enajenados por la rutina escolar hasta llegar a quedar “embrutecidos por el sonsonete de las quinientas horas semanales”.
            Lo mismo sucede en el proceso de conocimiento que predomina desafortunadamente todavía en las aulas de nuestros días. El proceso de aprendizaje se vuelve una acumulación enciclopedista de datos, de información desarticulada y descontextualizada carente de sentido y no un proceso en el que los conocimientos de ponen en ciclo, se ponen a circular con una finalidad.
            Algo similar encontramos en el campo de la ética en la educación donde tampoco se hace este cierre de ciclos porque se vive por una parte, un total aislamiento entre conocimiento y ética, entre juicios de hecho (lo que es verdadero o correcto) y juicios de valor (lo que es bueno o humanizante) y por otra en una visión de la educación ética que consiste en “enseñar” valores aislados, desarticulados y desencarnados a los estudiantes.
Por una parte se estudian materias en las que se aprenden contenidos y se piensa la realidad desde las distintas facetas que toca cada asignatura y por otro lado, totalmente diferente, se incluyen materias que buscan que se aprendan valores cívicos o éticos, formas socialmente aceptadas de “vivir bien”.
Además de esto, en las materias que forman en lo moral, se trabaja para que los alumnos aprendan “valores universales”, es decir, un listado de normas y comportamientos que la sociedad considera propios de un “buen ser humano” en abstracto pero no a que ponga en ciclo información, preguntas, ideas, imágenes, sentimientos y valoraciones para construir en concreto su propia existencia de la manera más humana posible.
5.-Ciclos abiertos, aprendizajes sin sentido
“…Se va un día más
En el que no cumpliste con tu deber.
Dejaste todo
Para un mañana lleno de nunca…”
J.E. Pacheco. Las cinco

            Y así se van los días, los meses, los años escolares y el estudiante no aprende a explicitar los ciclos vividos, a vivirlos conscientemente y a cerrarlos en el momento y de la forma en que deben ser cerrados.
            De manera paradójica la educación se vive a través de ciclos pero no capacita para cerrar ciclos y abrirse a nuevos desafíos.
            Por eso los estudiantes van acumulando ciclos escolares (año tras año), ciclos educativos (primaria, secundaria, bachillerato, universidad) y ciclos vitales sin caer en la cuenta de su riqueza y dejando siempre esos ciclos abiertos, sin posibilidades de recuperación y aprendizaje real más allá del de los contenidos –intelectuales y valorales- que se olvidan al salir de un ciclo y llegar al siguiente precisamente porque no hubo un cierre que los ubicara en el marco amplio de la vida y les diera un significado en ese marco.
            Un ejemplo clarísimo es lo que sucede en nuestras escuelas en las últimas semanas de un ciclo escolar. .
            Hace ya casi veinte años se amplió el calendario escolar a doscientos días “efectivos” de clases. En realidad no son tan efectivos, puesto que la documentación oficial que implica calificaciones finales se sigue pidiendo en las mismas fechas, por lo que los niños y los maestros tienen que seguir asistiendo a la escuela por varias semanas cuando ya todo el ritual oficial ha terminado.
            Pero en lugar de aprovechar esas semanas de “gratuidad escolar” en las que alumnos y maestros se siguen encontrando en el aula sin la obligación del cumplimiento de un programa de estudios y de una calificación, en lugar de planear ese tiempo valioso precisamente para “cerrar el ciclo”, para que los alumnos recuperen su experiencia, la interpreten, valoren lo aprendido, relacionen ese año vivido en la escuela con su propio proceso existencial y su plan de vida, esas semanas se vuelven semanas carentes del mínimo sentido, semanas de perder el tiempo y de hacer simplemente que pase el tiempo.
6.-Cerrando ciclos: algo que se aprende
            A cerrar ciclos se aprende y este aprendizaje es básico para afrontar la vida, para entender el misterio de cada instante de la vida y plantearse continuamente esas preguntas que por ser tan esenciales no tienen nunca respuesta definitiva: ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué voy a hacer de mí?
            Pero ¿Cómo se aprende a cerrar ciclos en la vida, cómo podría la escuela capacitarnos para hacerlo?
            Como afirma Latapí (2009, p. 51): “Humana y solo humana es la capacidad de concebir la existencia como destino, con principio y fin, con sentido de realización….” , es decir, la capacidad humana de ver la vida como un ciclo compuesto de ciclos que tienen también principio y fin, origen y destino.
            Pero como toda capacidad humana, la capacidad de concebir los ciclos  que conforman la existencia tiene que desarrollarse, cultivarse, ejercitarse de manera continua y cooperativa y la clave principal para hacerlo es promover la explicitación consciente de estos ciclos y la búsqueda constante de sentido de realización.
            En una escuela del noreste de Estados Unidos, se acostumbraba una práctica sencilla que puede ser un ejemplo de cómo desarrollar la capacidad de cerrar ciclos. Resulta que en la semana se iban dejando distintos trabajos y tareas dentro del horario de clase y el viernes se daba un tiempo para que los niños revisaran todas las tareas de la semana y completaran el “old work”, es decir, el trabajo atrasado, todos los ejercicios que habían dejado a medias a lo largo de la semana.
            De esta manera los niños que desarrollaban el hábito de iniciar un ejercicio y continuar en él hasta concluirlo, el viernes tenían opción de jugar, leer o platicar mientras los demás hacían el “old work”.
            Este ejercicio sencillo de disciplina –no dejar una tarea o un problema hasta que se ha concluido- es un modo fundamental de desarrollar en los niños la capacidad de cerrar ciclos. El desarrollo de la disciplina, que conlleva la “posposición de la satisfacción”[6] en los niños y adolescentes puede y debe trabajarse tanto en la escuela como en la casa.
            Otra línea de trabajo para educar la capacidad de cerrar ciclos es el desarrollo de la “inteligencia intrapersonal”[7]. Enseñar a dialogar con uno mismo aprendiendo el hábito de tener momentos de silencio cada determinado tiempo es otra manera de educar para cerrar ciclos que puede y también debiera hacerse tanto en el aula como en la casa.
            Una tercera forma fundamental de educar para cerrar ciclos es el aprovechamiento de todos los fines de etapas de la vida cotidiana (la navidad y el año nuevo, el fin de un año escolar, el término de un nivel educativo, etc.) para establecer un diálogo reflexivo con los alumnos o los hijos para que aprendan a hacer balances, síntesis y evaluación de lo vivido y a sacar conclusiones con miras al futuro.
7.-El cierre de ciclos como experiencia de trascendencia.
“…Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba..."
Jaime Sabines

            Finalmente, aprender a cerrar ciclos en la vida, enseñar en la familia y la escuela a cerrar ciclos  es algo que puede ayudarnos para un acercamiento progresivo a la comprensión de la vida toda como un ciclo, para entender que esa “eternidad constante” que se repite cíclicamente a lo largo de nuestros días es algo finito y frágil que acabará por extinguirse cerrando el ciclo de ciclos de nuestra estancia en la tierra y abriendo quizá, si lo entendemos desde la fe, un nuevo ciclo en otra dimensión.
            Comprender esto puede hacernos conscientes de la urgencia que tiene para cada uno aprender a cerrar ciclos, porque “la eternidad se nos acaba” y es necesario llegar preparados a ese instante en que el ciclo de nuestros ciclos en este mundo se cierre para siempre.
Preguntas para la reflexión
1.-¿Cómo reconocer cuando un ciclo se acaba?
2.-¿Cuáles son los elementos más importantes para cerrar un ciclo de manera constructiva?
3.-¿Cómo hacer que la educación familiar y escolar incorpore entre sus metas la formación para cerrar ciclos?
Bibliografía recomendada.
Barbery, M. (2007). La elegancia del erizo. México. Seix barral.
Latapí, P. (2009). Finale prestíssimo. Pensamientos, vivencias y testimonios. México. Ed. Fondo de Cultura Económica.
Marina, J. A. (2004). Aprender a vivir. Barcelona. Ed. Arial. 3a. edición.
Morin, E. (1995).  Mis demonios. Barcelona. Ed. Kairós
Peck, S. (1994). La nueva Psicología del amor. Argentina. Ed. EMECÉ.

[1] Morin, E. (1997).  El Método II. La vida de la Vida. Madrid. Ediciones Cátedra.

[2] Morin, E. op, cit..

[3] Latapí, P. (2009). Finale prestíssimo. Pensamientos, vivencias y testimonios.México. Ed. Fondo de Cultura Económica.
[4] Morin, E. (1995).  Mis demonios. Barcelona. Ed. Kairós y Morin, E. (2003). El Método V. La humanidad de la humanidad. La identidad humana. Madrid. Ediciones Cátedra.
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[5] Octavio Paz: Poema: Piedra de sol.
[6] Peck, S. (1994). La nueva Psicología del amor. Argentina. Ed. EMECÉ.

[7] Gardner, H. (1993b). Multiple intelligences: the theory in practice. New York. Basic           books, Harper Collins ed.

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