domingo, 21 de febrero de 2010

"El puro y desinteresado deseo de conocer..."

Es domingo a mediodía. Daniela y yo estamos en el auto en la carretera de regreso de Oaxaca a Puebla después de haber pasado un fin de semana excelente juntos. Yo tenía que estar desde el viernes por la noche para presentar mi libro el sábado temprano y una conferencia el domingo a las 8 a.m. –domingo de madrugada-. Se me ocurrió invitar a Daniela para no ir solo, para que ella tuviera un fin de semana distinto y de paseo, para dejar a Gaby con Mariana sola y luego con Pau desde el sábado, lo que implicaría descansar al menos un poco y también, pensándolo bien a posteriori, para obligarme a pasear en los ratos libres del congreso en lugar de encerrarme a escuchar las conferencias y trabajar en mi computadora –un ojo al gato y otro al garabato como ya es mi inevitable ritmo de siempre-, a pesar de que los pendientes aconsejarían esta opción.
Tuvimos un fin de semana delicioso. Daniela misma es una compañera de viaje deliciosa: adaptable, bien portada, gran conversadora, melómana, cariñosa, reflexiva, hermosa. Las actividades se combinaron entre el congreso y el disfrute conforme a lo planeado idealmente, gracias a Alberto, amigo y anfitrión oficial asignado a apoyarme durante mi estancia en Oaxaca.
Venimos en el coche por la autopista en medio de paisajes realmente hermosos: Un cielo azul pintado de nubes tenues y alargadas, difuminadas como pinceladas cuidadosas y una interminable sucesión de montañas, barrancas, extensiones áridas llenas de distintos tipos de cactus, piedras que a veces se deslavan sobre la carretera, etc.
A propósito de los paisajes, venimos comentando cosas y ella me ha comentado ya dos veces que esos pájaros enormes y negros que surcan el cielo “parecen de papel” porque sus alas se ven súper delgadas, casi transparentes en vuelo. De pronto me dice: “¿Sabías que hay un tipo de pájaros que pueden volar por el espacio, más arriba de toda la tierra durante tres años seguidos, sin descansar? Así, volando todo el tiempo a pesar de que pesan muchísimo y son muy grandes…durante TRRRREEEESSSS años seguidos”. ¡Qué interesante está esto! Realmente no lo sabía, le respondo realmente interesado por su manera de contarme la historia que me dice, vio en “Discovery channel”, a pesar de que no soy nada afecto a los documentales y las cuestiones de la naturaleza (aunque quizá me esté sensibilizando últimamente)…De pronto, emocionada realmente, con una voz que refleja la pasión por conocer de la que yo hablo tanto pero solamente desde la teoría me dice: “Es que hay cosas en la naturaleza, que hasta te dan ganas de llorar porque dices: ¿Cómo puede ser posible esto?”.
“¿No cree usted que las generaciones actuales ya no se interesan por aprender?” me habían preguntado unas tres horas antes en una entrevista para el canal local de televisión a propósito de la conferencia. Pues no, evidentemente no lo creo…

lunes, 8 de febrero de 2010

Hacia una educación que regenere la sociedad que la genera

“La renuncia al mejor de los mundos no es de
ninguna manera la renuncia a un mundo mejor”.
(Morin, 2000; p. 89)[1]

La educación genera a la sociedad que la genera, por lo tanto si se persigue la construcción de una sociedad-mundo que trascienda la crisis en que hoy vive la especie humana, es necesario trabajar por la trans-formación de la educación. Pero para lograr esta trans-formación de la educación es necesario impulsar una trans-formación de la sociedad.
El punto de partida central para enfrentar este reto de transformación, se sustenta en la idea moriniana de que “la renuncia al mejor de los mundos no es de ninguna manera la renuncia a un mundo mejor”, con la que se refrenda que la educación, como profesión de la “organización de la esperanza” social, tiene bases para formar personas que busquen un mejoramiento progresivo de las condiciones de vida humana en el planeta, a pesar de encontrarnos en un mundo en el que se han desvanecido las utopías sociales.
Pero simultáneamente, el planteamiento de la reforma educativa en su dimensión social tiene que sustentarse en una inversión de la frase de Morin, para afirmar que: “La búsqueda de un mundo mejor no es de ninguna manera la búsqueda del mejor de los mundos”, pues la educación, como profesión de la “formación de la consciencia de reflexión crítica y libertad responsable”, tiene que superar el falso dilema entre responsividad y adaptación ciega a las exigencias del statu quo o trabajo revolucionario para la construcción de una utopía social, concentrando sus acciones estratégicas en el trabajo revolucionante para la trans-formación profunda pero progresiva de la sociedad, con la clara consciencia de que la organización social es siempre imperfecta y está en continua tensión entre elementos de progreso y de decadencia.

[1] Morin, E. (2000). La mente bien ordenada. Barcelona. Ed. Seix Barral.

lunes, 1 de febrero de 2010

Declaración de odio

(Efraín Huerta pensando en la escuela)

Te declaramos nuestro odio
aula tan complicada
hervidero de desidias
criadero de conceptos
que parecen deshechos al cabo de una hora
desierto sofocante
nido frío en el que somos como palabra necia
desoída por grupos de oídos sordos,
utopía imposible de vivir
desierto en el que latimos y respiramos
vicios, rutina y cansancio
ancha celda de lágrimas punzantes que nos acechan sin fin.
Te declaramos nuestro odio
magnífica aula
a ti, a tus tristes y huecos
niños ricos,
a tus chicas de plástico,
modas y filmes americanos,
a tus pobres niños sin futuro
ni esperanza,
a tus juventudes “ice cream”
llenas de vacío y sinsentido,
a tus jóvenes ansiosos
de un cambio siempre prometido
para poder simplemente vivir
como seres humanos.
Te declaramos nuestro odio
perfeccionado a fuerza de sentirte
cada clase más compleja,
cada año más desgastada e indiferente,
sueño como anzuelo permanente
que nos deslumbra.

viernes, 15 de enero de 2010

Formación integral, educación humanista

I

En la formación integral
Dos más dos
También son cuatro

II

Basta de experiencias
De crecimiento.
Queremos clases

III

Menos acción
Y más educación

IV

Educación:
¡Cuántos crímenes se cometen
en tu nombre!

lunes, 4 de enero de 2010

Preparando el (eterno) retorno

Mañana regreso a la universidad y como cada fin de vacaciones estoy cerca de la media noche con mil pendientes e ideas rondando por mi cabeza y pocas posibilidades de conciliar el sueño. En parte es que soy muy hombre (“el hombre es un animal de costumbres”, dicen por ahí y yo sufro mucho con los cambios de dinámica), en parte es que sigo a pesar de todo resistiéndome a que la rutina del “eterno retorno” que constituye la vida educativa me llegue a vencer y me deje sin proyectos, sin ilusiones, incluso sin utopía –en el buen sentido: horizonte que ayuda a caminar, no mundo o escuela perfecta que en nombre de ideales abstractos puede, como dice bien Rosa Montero, “llevar un infierno en las entrañas”- y, finalmente, en parte, es porque sigo en movimiento existencial e intelectualmente hablando y veo con una mezcla de resignación impotente y enojo inevitable como la universidad de hoy es un lugar donde se le “tira a matar” a todo lo que se mueva.
Me explico.
Por un lado soy un “animal de costumbres”, difícil de adaptar a nuevas situaciones, tiendo a establecer horarios, lugares, personas, ritmos de trabajo, actividades de referencia que vayan constituyendo mis días, dando cierta seguridad a mis pasos, proporcionando cierto clima creativo para mis inquietudes. Pero el mundo laboral, el mundo universitario de hoy, no es muy compatible con este modo de ser y de vivir. Empezando por el horario que siempre ha ido contra lo que llaman mi “biorritmo” personal o “mi ciclo circadiano” (soy de los que se desvelan y trabajan mejor si inician y terminan tarde el día mientras que el mundo escolar y universitario parte de la premisa de que hay que iniciar temprano y terminar también temprano). Un horario que ahora se ha vuelto como de “oficina gringa” o de “sucursal bancaria” o de “dependencia gubernamental” e inicia aún más temprano y es “corrido” (en el sentido de que no hay más que una breve pausa para comer y se sigue trabajando para salir temprano y en el sentido de que esto nos hace tener que correr literalmente para cubrir los pendientes administrativos de cada día, dejando nada de espacio para pensar, escribir, leer, estudiar…en fin, para esas cosas “inútiles” que pretende hacer un académico pero que no tienen sentido si a las horas en que eso se hace “ya cerró servicios escolares”.)
En este primer lado me recocijo en vacaciones –una vez que pasados ciertos días he logrado desacelerarme y cambiar el horario forzado por el natural- porque establezco un ritmo en el que además de disfrutar más a mi familia, puedo leer, escribir, pensar, resolver cosas prácticas, hacer ejercicio, etc. y el día rinde para todo.
Por otro lado, la tensión crece al acercarme a un reinicio de ciclo académico porque a pesar de que ya tengo cierto rango de cursos que imparto y me piden impartir en los distintos programas en los que colaboro, me sigo resistiendo a tomar el programa de la ocasión anterior en que dí X materia y cambiarle el semestre y el año y el horario, para tenerlo listo con los mismos objetivos, los mismos temas, los mismos materiales, las mismas actividades, los mismos chistes, los mismos rituales.
Si no hay pasión en el reinicio, si no se nos va un poco la vida en recrear el curso que hemos dado varias veces, si no tenemos ya, para este momento, nuevas preguntas, temas novedosos, lecturas o materiales encontrados recientemente, inquietudes por cambiar ciertas cosas para que den mejores resultados, la actividad educativa se vuelve algo vacío y sinsentido y empezamos sin duda a “embrutecernos por el sonsonete de las quinientas horas semanales” como dice Nicanor Parra en su desolador poema Autorretrato.[1]
El día que no sienta los nervios por llegar a mi primera sesión de clase del semestre ante la expectativa de saber cómo será el grupo, quiénes serán mis estudiantes, qué tanto lograremos avanzar realmente en un proceso educativo, ese día empezará mi decadencia como docente y sin lugar a dudas también empezará a ser repetitivo y vacío todo lo que sobre el proceso educativo pueda investigar, reflexionar o escribir.
Finalmente, está el tercer “lado” que implica la complejidad de la institución escolar o universitaria y la complejidad inmensa de la estructura socio-económico-político-cultural-humana-ética en que nos encontramos.
En este sentido, la tensión del regreso no es nada agradable ni productiva, es más bien una especie de resistencia que no puedo dejar de sentir con cada vez mayor intensidad. ¿Será que crecí al mismo tiempo que la universidad en que laboro? ¿Será que fui “joven, lleno de bellos ideales”[2] al mismo tiempo que mi institución forjaba también sus ideales y vivía su propia juventud sistémica? ¿Será que como afirmaba en esos tiempos gente más sabia que yo, toda escuela o universidad crecerá hasta que tienda necesariamente a esclerotizarse, a volverse una momia rígida atrapada en sus propios rituales y normas? ¿Será que no hicimos lo suficiente cuando pudimos? ¿Será que hicimos demasiado? ¿Serán ambas cosas a la vez?
El caso es que hoy, ante la inminencia del regreso, no dejo de pensar y de sentir dolor por esa universidad que era ante todo utopía que trataba de poner los medios para realizarse históricamente, por la institución que quizá con torpeza pero sin duda con pasión auténtica trataba de buscar los mejores modos de educar y de pensar la educación que le da sentido a su ser.
Atrapada en la sobrenormatividad, en la visión cortoplacista y pragmática, en las lógicas burocráticas, la universidad es hoy una empresa que vende servicios de formación profesional envueltos en hermosos discursos humanistas y de transformación social. En este sentido pide empeñar la vida en algo que ella misma desde sus estructuras de poder bloquea constantemente, envuelve con su proyecto seductor mientras hace todo por ser eficiente y rentable, cuestiona desde sus aulas y salas de conferencias al mundo “neoliberal”, “capitalista salvaje” del que es, inevitablemente un engrane fundamental.
“Y sin embargo se mueve…” y sin embargo, algo se mueve, algo sigue valiendo la pena en el contacto cotidiano entre docentes y alumnos, en la magia de una buena conferencia, de una reflexión inteligente, de un chispazo de difusión auténticamente universitaria, en una charla de pasillo, en una asesoría en el cubículo. Algo sigue llamándonos a pensar que vale la pena luchar contra “los molinos de viento” de la burocracia educativa y “ofrecer el corazón” no a una institución sino a una causa, la causa de la humanidad que a pesar del ruido constante y frenético del consumo, sigue en lo profundo clamando por su propia realización progresiva.
Por eso vale la pena el retorno, que aunque es “eterno retorno” en alguna medida, es también un espacio siempre nuevo de descubrimiento y humanización.

[1] Poema por demás recomendable para todo aquél que trabaje en el campo educativo
[2] verso del poema ya citado.

domingo, 3 de enero de 2010

Para este regreso a clases

Del teatro escolar

*Para Willy Cabello, el profesor,
por su sabía dirección de escena…

Primer acto
El maestro no es, como se dice mucho en al ámbito educativo, un actor que tiene que representar un papel dentro del aula, una personalidad ajena a la propia, fingiendo sentimientos de alegría en todo momento ante sus alumnos. El profesor es, más bien, como el director de escena, el que trata de coordinar la interacción de los diferentes personajes del drama, sus movimientos, la intensidad y el tono de los conflictos y las relaciones, y a partir de su propia personalidad, de su visión e interpretación personal, llevar a cada actor a vivir plenamente se propio personaje y a todos los actores en conjunto, a construir un drama creíble, constructivo y edificante, que haga crecer a todos los espectadores y los invite a la transformación.

Segundo acto
El maestro es, como el diseñador de la escenografía y la iluminación: el creador que pone las condiciones adecuadas en el escenario, dando vida a la atmósfera adecuada, al ambiente propicio, al tono intangible para que el drama ocurra, pero sin tener injerencia alguna en el contenido de los diálogos, el final de la historia o el desarrollo y destino de los personajes.

Tercer acto
El maestro pone su propia pasión, su manera de sentir y entender la historia, su personal interpretación del sentido del drama; el alumno pone sus sentimientos, su cuerpo, su mente y su trabajo, para desarrollar el personaje de cuyo perfil, autenticidad, peso escénico y destino, él es, el responsable directo.

viernes, 1 de enero de 2010

Afuera es año nuevo




Afuera es año nuevo y suenan “cuetes” en el aire detrás de la ventana de esta habitación 207 del Hospital Ángeles de Puebla. Mariana y yo acabamos de darnos un abrazo, justo cuando el siempre cursi programa de Televisa anunció que eran las doce de la noche. En medio de las nebulizaciones que cierran el día junto con la última fisioterapia pulmonar, nos hemos dedicado una mirada larga y alegre a pesar de que se abrió paso tras una lágrima que volvía “vidriosos” nuestros ojos. Nos hemos dicho que 2010 será un buen año. Después le he dado un beso fuerte de parte mía y otro por Gaby, por Paulina y por Daniela, pues todos estamos juntos a pesar de que el silencio cubre este edificio nuevo y lujoso pero no por ello menos cargado de incertidumbre, dolor y aburrimiento.
Aquí parece que no pasa el tiempo y eso se siente con más fuerza en esta noche solitaria de pasillos desiertos y enfermeras de guardia. Justamente hoy que hacemos conciencia de nuestra temporalidad que necesita ciclos socialmente construidos para poder hacer el universo de nuestro tamaño, estamos aquí en este espacio donde las horas se congelan.
Detrás de estos cristales hay fiesta, hay fiestas, hay gente de fiesta pero nosotros festejamos otra cosa: hoy le han cambiado a Mariana la mascarilla de oxígeno por las puntas nasales, hoy nos han dicho que el cultivo ya no muestra Pseudomona y eso es nuestro año nuevo, nuestro inicio de ciclo, nuestra renovación de la fuerza y el ánimo, nuestro motivo profundo para dar gracias y celebrar la vida que sigue ganando la partida.
Afuera es año nuevo y apenas pasó por esta ventana del 207 en forma de globos que lanzaron Bernardo, Ana María, Mary, Daniela, desde el estacionamiento del hospital hoy por la tarde. Mariana los vio muy divertida de pie desde su cuarto, pasaron en un instante y se fueron sin rumbo fijo, hacia el infinito cielo azul aborregado por el frío…los vio y ya por la noche lloró un poco, mucho menos que en navidad, pero lloró la imposibilidad de estar del otro lado de los cristales justo esta noche.
Ha sido un año nuevo distinto, sin duda no el soñado por nadie. Y sin embargo estoy aquí, al lado de su cama y no me siento triste, ni extraño lo que pasa allá afuera…tampoco estoy feliz como es obvio, pero esta sensación no es de cansancio –aunque estoy cansado- ni de resignación –aunque me he ido resignando-, tampoco de indiferencia ante lo que pasa en nosotros y fuera de nosotros, puesto que me importa pero aún así, de un modo diferente, estoy disfrutando la noche. Es una sensación de profunda tranquilidad, como una convicción muy honda de que todo va a mejorar, de que Mariana va a tener en 2010 el año de su recuperación plena aunque ya nunca vuelva a ser la misma. ¿Será así como se siente la esperanza?

Martín
31-dic-09/ 1-Ene-10

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Mi anti-credo


No creo en un Dios que nos manda pruebas que tenemos que soportar,

como si fuéramos las ratas de su laboratorio universal,

como si él-ella fuese, un profesor conductista o aún peor,

un verdugo bienintencionado.

No creo en un Dios que nos pide que soportemos los ajusticiamientos injustos

de la vida,

sin chistar ni rebelarnos, sin poder siquiera desahogar la frustración y la ira

por temor a enfadarlo.

No creo en un Dios que tiene como "su voluntad" tener a una joven bella y buena

tumbada en una cama, en el filo de la navaja por meses enteros,

jugando con su esperanza, desdeñando su fortaleza, su lucha cotidiana y fiera.

No creo en un Dios que "hace que nos pasen" enfermedades, injusticias,

cosas absurdas, miedos infames, noches eternas de angustia, llantos que brotan

en cualquier sitio, a cualquier hora, con cualquier pretexto.

No creo en un Dios que usa su poder para aplastarnos,

ni siquiera como dice Sabines, porque es torpe y a veces "se le pasa la mano

y nos rompe un brazo o nos aplasta definitivamente..."

No creo en ese Dios que pretende educarnos desde fuera, viendo como reaccionamos

ante la propia tragedia del diario vivir, ante el infierno en que a veces se convierten los otros,

ante el anticipo de cielo que vivimos por instantes y que son los otros también cuando nos miran

desde lo profundo.

Prefiero pensar, creer, apostar -no hay razón ni lógica en esta preferencia- que el universo y la vida tienen sus procesos y sus reglas, que en el diario vivir también juegan un papel el azar, el alea, las circunstancias y los imprevistos,

prefiero pensar, creer que él-ella se conmueve cuando este azar del mundo nos agobia, cuando sentimos que está a punto de aplastarnos...

Prefiero pensar, creer, apostar, que él-ella está al pie de la cama de Mariana todo el tiempo,

que nos ha ido acompañando en este dolor profundo y duradero, que se hace uno con nuestra impotencia a pesar de todo su poder,

que nos ama y compadece, que vibra con nosotros en lo bello y en lo horrible, en lo bueno y en lo malo, en lo justo y lo injusto, en los momentos que vivimos para vivir -probaditas de eternidad- y en los largos días que simplemente le pedimos que nos ayude, que nos dé mínimas fuerzas

para sobrevivir...

Volverse adulto


Alguna vez en una clase de posgrado que impartí, uno de mis profesores-alumnos -que regularmente saben igual o más que yo- mencionó a un autor del campo de la Psicología que decía que nos hacemos adultos cuando accedemos a la comprensión cabal -aunque jamás completa ni exenta de miedo a lo desconocido- de que nos vamos a morir...

Durante mucho tiempo le he dado vueltas a esa idea que me parece muy sensata. La pensé aplicada a mí y creo que ese episodio no resuelto de la muerte de mi hermano Ray a los siete años en un absurdo accidente (ver el texto correspondiente en "Textos íntimos" de este blog) me había dejado un bloqueo que Lonergan llamaría "dramatic bias", un punto ciego inconciente que me impidió por mucho tiempo acceder a esta comprensión. Soy mortal, algún día, tarde o temprano me voy a morir, no soy eterno, soy indigente, prescindible, humano pues. Esta idea había sido un concepto abstracto que incluso es recurrente en mis cursos, conferencias y escritos, pero que no había sido comprendida a cabalidad, ni mucho menos llevada al nivel del juicio, es decir, a trascender la idea de que me voy a morir y llegar a la afirmación cierta: "Me he de morir un día..." y a la aceptación existencial de este juicio para llegar hasta mi tejido afectivo y reflejarse en mis actitudes ante la vida.

En ese sentido puedo decir que quizá Mariana, mi hija mayor, operada de un tumor cerebral en julio 16, que ha pasado cinco meses sin poder deglutir ningún alimento o bebida, que ha vivido milagro tras milagro hacia su recuperación para poder llegar a vivir para vivir, se volvió adulta antes que yo...

Diciembre 18, casi las nueve de la noche, en una charla donde según sus propias palabras "nos dijimos nuestras netas", Mariana me suelta de pronto: "Le dije hoy a mami que me acaba de caer el veinte de que me pude morir" ( en la operación o en el proceso postoperatorio, sobre todo en el paro cardio-respiratorio que vivió) "...y eso es algo muy duro de entender y aceptar". Después me confía enmedio del llanto: "¿Sabes?, el día de la misa de acción de gracias por mis veinte años, de lo que más le agradecí a Dios, es que no me morí...el llanto aumenta, refleja desesperación, impotencia, aceptación de la realidad central de la vida humana.

Ya he contado que algo de lo más duro que he vivido es la pregunta de Mariana: ¿Me voy a morir? en una visita a terapia intensiva unos días después de su operación. En ese momento yo le dije tajante: "!Por supuesto que no te vas a morir!" y salí con las piernas temblando, sabiendo que yo no podía asegurarle eso a mi propia hija y sintiendo que esa es la mayor impotencia que un ser humano puede vivir.

Sin embargo la charla con Mariana me hizo comentarle: "Fíjate que hoy estaba yo justamente pensando en eso y llegué a la conclusión de que no solamente tú te pudiste morir, sino que Pau, Daniela, mami o yo, estamos en la posibilidad constante de morir...todo el tiempo...en cualquier sitio...a cualquier hora y por cualquier motivo, desde el más serio hasta el más tonto...De manera que como tú dices, hay que aprender a vivir, a disfrutar cada minuto, sabiendo que no solamente quien está enferma en un hospital como tú ahora de nuevo, puede morirse, sino que todos nos vamos a morir en algún momento y por ello no se vale, no es de humanos, tenerle miedo a la vida como reacción a nuestro miedo a la muerte.

Creo que en ese momento, a los cuarentayocho años de edad, mi hija de veinte logró que yo me volviera adulto.

martes, 1 de diciembre de 2009

educación para la paz

Espacio Ibero
Educación para la Paz

Por: Martín López Calva
Publicado en: http://www.laprimeradepuebla.com/ el 1 de diciembre de 2009


“Tiempos violentos” fue el título que le asignaron en la traducción al español a “Pulp Fiction”, uno de los primeros films que fueron construyendo la fama del director Quentin Tarantino.El “estilo Tarantino” se caracteriza por exponer escenas y situaciones de extrema violencia con un tono desmitificador e irónico, incluso cómico que hace al espectador, reír o aplaudir situaciones de extrema crueldad por la manera en que son presentadas. Es una especie de “tratamiento light” de la violencia que le quita su impacto afectivo negativo y la vuelve prácticamente indolora.Algo semejante está sucediendo con todos nosotros, ciudadanos del México del siglo XXI, del mundo del tercer milenio, que asistimos diariamente a escenarios de extrema crueldad y violencia a través de las pantallas de la televisión o la computadora, en las páginas de los periódicos y los noticiarios de radio, sin sentir ya ninguna indignación o dolor frente al dolor humano.Tiempos violentos son los que vive nuestro mundo y se pasean por la vida cotidiana de nuestra nación sin que como ciudadanos sepamos qué hacer más allá del comentario con la familia, los amigos o el vecino. La impotencia provoca que vayamos construyendo una especie de “escudo blindado” frente a la violencia que crece en frecuencia e intensidad a nuestro alrededor.¿Qué hacer frente a una situación de “tiempos violentos” que llega inevitablemente a nuestras escuelas y universidades y se manifiesta en el “bullying”, el acoso, la construcción microsocial de un espejo de la sociedad en que vivimos?Indudablemente una de las respuestas es el retorno de la preocupación por la llamada “Educación en valores” en el campo educativo. Por ello este tema se ha posicionado entre los profesores, directivos, investigadores de la educación como uno de los ejes prioritarios para la educación actual. “Aprender a ser” y “aprender a convivir” son dos pilares básicos de la educación para este siglo, según señala el famoso “informe Delors” para la UNESCO.Uno de las dimensiones principales de la “Educación en valores” en nuestros tiempos violentos es sin duda alguna la de la “Educación para la paz”. Si queremos revertir el proceso de violencia creciente y cada vez más irracional de nuestra sociedad actual es urgente que vayamos invirtiendo recursos, tiempo, reflexión y creatividad en una auténtica educación para la paz. La educación para la paz tiene como objetivo “…plantear y promover, entre la gente, la convicción de que es necesario un cambio del sistema para poder resolver los conflictos existentes, así como conseguir un compromiso por parte de esta misma gente de trabajar a favor de la paz y por la abolición o reducción de las diferentes manifestaciones existentes de violencia…” Porque la paz no es la simple ausencia de guerra o de violencia, porque la guerra o la violencia no son solamente físicas sino también psicológicas, sociales, culturales, incluso religiosas es necesario que nuestro sistema educativo se ocupe eficazmente de la educación para la paz, es decir, de una educación que genere el compromiso activo por la erradicación de la violencia y la construcción de la paz.La paz es una construcción social frágil y siempre inestable pero necesaria para que el ser humano se haga más humano y para que la humanidad se humanice. Se requiere entonces una educación para el trabajo activo por la construcción cotidiana de la paz, por el mantenimiento de la paz alcanzada y por el continuo desmontaje de los posibles gérmenes de violencia a nivel micro o macro.La construcción y sostenimiento de la paz requiere de una educación capaz de generar respeto, tolerancia, empatía y solidaridad. En estos aspectos deberían fijarse los padres de familia cuando elijen una escuela para sus hijos, más que en el nivel académico –que es también importante- o los cursos de computación e inglés. En la educación de hoy nos estamos jugando el futuro, el tipo de sociedad humana que podemos construir entre todos o incluso, si fracasamos, la destrucción de la especie humana. Resulta por todo ello muy importante que CIMABP organice, estos días (2,3 y 4 de diciembre) el “Primer Congreso Panamericana de Educación para la Paz” (Por una América nueva), con el fin de reflexionar y compartir experiencias de formación en esta línea que cada vez se vuelve más urgente para tratar de revertir estos “tiempos violentos” que nos ha tocado vivir.*El artículo expresa la opinión personal del autor, que es académico de la Universidad Iberoamericana Puebla**Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com.Sus comentarios son bienvenidos.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Algunos poemínimos educativos

“No desearás la docencia de tu prójimo”

“No desearás al diez de tu prójimo”

Para el profesor: “No desearás el grupo de tu prójimo”

“El que quiera azul celeste… que memorice (o que copie)”

“Ahorita vengo, voy a dar una vuelta alrededor de mi escuela… ¿Cómo le hacen para que no entre la realidad?

“Ahorita vengo: voy a dar una vuelta alrededor de mis dieces”

“Todos los lunes, descubro que llegué demasiado tarde a mi fin de semana…” (Este sí es igual, porque el poeta seguramente lo hizo en un lunes de regreso a clases)

“Todos los viernes descubro que las clases no son eternas”

martes, 3 de noviembre de 2009

Presencia de Dios II

Amadísima Mariana:
Aunque he escrito varias cosas a partir de todo tu proceso desde la operación hasta esta recuperación milagrosa en muchos sentidos que estás teniendo y que todos creemos que vas a seguir teniendo y cada vez con más fuerza y rapidez, no había escrito cosas para tu blog específicamente, salvo el texto sobre “nuestro ángel particular” que subí hace varias semanas.
Pero ahora que he compartido contigo varios días en el centro y que tengo un ratito de calma en la noche en que tú ya has empezado a dormir después de orar juntos y de regalarme esa mirada y esa sonrisa que me hacen presente a Dios y me transparentan la paz que da el amor profundo, no quiero dejar pasar la oportunidad de compartirte unas ideas y sentires que he ido asimilando desde hace varias semanas, a partir de que una amiga de León me mandó un texto teológico bastante denso pero muy rico en significados para lo que estamos viviendo como familia y de charlas que he tenido con personas que me preguntan por ti y comparten conmigo su solidaridad y sus pensamientos.
La primera cuestión es que nos han reiterado mucho a tu mamá y a mí que lo que estamos viviendo es porque “somos muy especiales”, “muy fuertes” y que por eso Dios nos mandó esta prueba, que “Dios no le manda cosas así a quien no tiene la fuerza para afrontarlas” y varias ideas en esta línea. En mi blog subí un texto bastante espontáneo y guiado por el impulso que trataba de responder a estas cuestiones. Ese texto se titula: “No soy, no somos” y en él trato de desmentir, con apasionada rebeldía, esta idea de que somos especiales y por eso nos ha pasado lo que nos ha pasado y estamos viviendo lo que estamos viviendo.
No niego ahí, -ni sería tan malagradecido para no valorarlo-, que todo el cariño que hemos recibido de muchas personas conocidas, medio conocidas o aún casi desconocidas, se debe, en gran parte, a que a lo largo de nuestra vida hemos tratado de ser personas decentes, auténticas, serviciales y reflejar de alguna manera la fe que tenemos, es decir, -como dice una monja amiga mía de la UIA León: “la convicción de que Dios nos ama”- y a pesar de que por supuesto tenemos que reconocer que somos como decía Carlos Castillo Peraza: “pecadores estándar” porque nadie es perfecto, pues hacemos nuestra lucha por ser –otra cita, ni modo-, como dice Machado en su hermoso poema autobiográfico: “en el buen sentido de la palabra, buenos”.
Esto no quiere decir, que no reconozca – y por ahí iba el texto del blog- que también sé y lo reafirmo cada vez más, que ese cariño es en mucho gratuito, regalado, “don” o “gracia” que Dios nos manda, testimonios o medios para mostrarnos palpablemente su presencia en estos momentos dolorosos, como nos la ha mostrado en momentos gozosos y que en buena medida, todo este “escudo de amor” no es algo merecido sino simplemente recibido.
Una segunda idea es esa tan extendida en el decir popular de que: “Dios no le manda cosas a las personas que no tengan la fuerza de soportar”…nada más falso que esto, lo digo con la seguridad que nace de la propia experiencia comprendida y reflexionada. Le decía a mi amiga María el otro día que me dijo esto, que yo creo que más bien “a uno le pasan a veces cosas –inexplicables, porque el mundo es también azar, alea- superiores a sus fuerzas, pero que Dios se muestra y se une a nosotros cuando nos pasan estas cosas, de tal manera que nos da fuerzas suficientes para poder afrontarlas”. Así ha sido en nuestro caso, al menos en el mío. Tú has descubierto la gran fuerza que tienes a partir de este acontecimiento doloroso, yo siempre dije cuando sabía de cosas así que le pasaban a otras personas, que si a mí me pasaran no tendría las fuerzas para soportarlas y sin embargo, aquí estoy…aquí estoy, aquí estamos…”y ahora resulta” que somos muy fuertes y por eso aguantamos todo…
Un aprendizaje más tiene que ver con la pregunta tan humana y tan común cuando algo malo nos pasa de: ¿Por qué a mí me tiene que pasar esto? ¿Por qué a tal persona que es buena le pasa esto y no a los malos? Pues eso lo aprendió el “pueblo de Dios” desde los libros “sapiendiales” (Eclesiástico, Eclesiastés, Sabiduría, etc.) y desde la experiencia de Job. Ellos pensabann en un tiempo que al que hacía el bien le iba bien y al que hacía el mal le iba mal…pero resulta que luego se dieron cuenta de que no era necesariamente así. A Job que era una persona justa, le pasaron muchas desgracias. ¿Eran estas calamidades pruebas de Dios? Pues retóricamente o metafóricamente la Biblia dice que sí, pero si entendemos más a fondo el asunto, tendremos que llegar a algunas conclusiones como estas: La vida no es justa e incluso a veces es muy injusta, la vida no es controlable o predecible y hay sucesos que pasan al azar, porque sí, aleatoriamente, no porque sea uno bueno o malo y, finalmente, Dios no es un “profesor tradicional” que nos pone pruebas para saber si somos fieles o no, para ver si aprobamos o reprobamos. Dios simplemente se manifiesta, nos acompaña tanto en los momentos buenos como en los malos, si lo sabemos descubrir.
¿Sabes? En el texto del teólogo (de apellido impronunciable y por tanto no recordable, si quieres luego te lo checo) que me mandó mi amiga Antonieta, la tesis fundamental consiste en que el ser humano tiende a preguntarse, cuando pasan las cosas malas (y esto lo reflexiona incluso con la pasión y muerte de Jesús), el por qué Dios permite o manda esas cosas, incluso llega a veces a preguntarse el para qué –sentido- de eso que ocurre. Pero la pregunta que deberíamos hacernos en los momentos difíciles no es: ¿Por qué Dios permite esto? Sino: ¿Dónde está Dios en este acontecimiento? El cambio de la pregunta cambia todo el sentido al hecho.
Yo he respondido a amigas y amigos que me dicen: “No logro entender por qué les pasó eso a ustedes que son buenas personas” con la pregunta: ¿Y por qué no? es decir: ¿No por ser personas estamos en el mismo juego de probabilidades que todos los demás en el mundo tanto para las cosas buenas como para las malas? Si trascendemos la visión mágica de la vida o la perspectiva simple de análisis, tendríamos que decir: ¿por qué no?
Pero en estos meses que ya llevamos con tu enfermedad, con tu dolor y sufrimiento, con el escudo de amor y sobre todo con la experiencia de Dios que tuviste en terapia intensiva, yo he comprendido esto que plantea el teólogo en su escrito: No debemos preguntarnos por qué sino ¿Dónde estaba Dios en este suceso? Mi respuesta y creo que es nuestra respuesta, es que Dios ha estado al lado de nosotros todo este tiempo, que ha estado y sigue estando sentado al pie de tu cama en el hospital, en el centro y pronto, muy pronto en la casa. Que ha estado con nosotros desde que el Dr. Pintos te diagnosticó el tumor, en el modo en que llegamos al Dr. Klériga, en el tener dos seguros médicos que nos permitieran afrontar esta situación con sacrificios pero posibles, en el apoyo de pensamiento, oración, acción, compañía física o virtual de todos los conocidos cercanos y no tan cercanos que han estado tejiendo este “escudo de amor”, construyendo esta red de ángeles que te protegen y nos dan energía cuando se siente que se agota, esperanza cuando llega la desesperación, consuelo en el momento del llanto, abrazos en el momento de los avances y los signos de recuperación.
Gracias a Dios estás de regreso. Gracias a Dios va ganando la vida. Gracias a Dios ganará la vida y volverás pronto, lentamente pronto a recuperar tu vida cotidiana que sin duda será más honda, más alegre, aún más amorosa de lo que ha sido hasta ahora desde el día en que Dios nos bendijo con tu nacimiento casi dos breves décadas atrás y con tu renacimiento hace ya tres larguísimos meses.
Te quiero mucho, gûera.
Papi

martes, 6 de octubre de 2009

Educación: de la ilusión a la decepción

La educación: de las ilusiones a las decepciones
E-Mail

Por: Martín López Calva
lunes, 05 de octubre de 2009

"Yo sugeriría a quienes ocupan posiciones de responsabilidad sobre la educación cuestionarse permanentemente los límites que nos hemos autoimpuesto en nuestras concepciones educativas, y explorar tenazmente posibilidades distintas, más ambiciosas. La medida de la vitalidad de una secretaría de Educación…sería el número y calidad de "proyectos radicales", heterodoxos, que alienta y emprende; ellos son vías eficaces para romper tradiciones viciadas y abrir nuevos horizontes".
Pablo Latapí Sarre


Época de crisis en todas las dimensiones del quehacer humano. Época de incertidumbre generalizada. Tiempos difíciles los que atraviesa el mundo y dentro de él, un México que en algunos momentos parece que se deshace entre las manos de nuestros dirigentes y de todos los que conformamos la sociedad de esta primera década del siglo XXI.
Violencia, inseguridad, crisis económica, desastres naturales que afectan especialmente a los millones que viven en condiciones de vulnerabilidad, crisis sanitaria por la emergencia del nuevo virus AH1N1 que está resurgiendo, crisis de gobernabilidad por la visión miope de una clase política que sigue peleando por sus intereses personales y de grupo cuando más urge que cambie su visión para trabajar realmente por el bienestar del país, en fin: una democracia sin demócratas.
Todas estas situaciones se reflejan sin duda en el sistema educativo nacional que está también atravesado por la crisis económica, que está empezando a reproducir los esquemas de violencia, que padece la amenaza de la crisis de influenza y que reproduce también los esquemas de luchas de poder entre grupos que se da en el escenario nacional.
Toda educación produce la sociedad que la produce y en la educación mexicana parece que estamos en el círculo vicioso en el que la sociedad se des-organiza y produce fragmentación y desigualdad generando un sistema educativo igualmente des-organizado y re-generador de fragmentación y desigualdad, donde los pobres se educan para seguir siendo pobres y los poderosos se educan (¿Se educan realmente?) para heredar el poder. Baste con ver las listas de los "nuevos empresarios exitosos" y de las "nuevas generaciones de políticos" para ver que siguen siendo los mismos, que heredan sus posiciones a sus descendientes sin importar su talento o falta de él, tal como se cuestiona que los profesores hereden sus plazas a sus familiares.
Llamó poderosamente la atención de quien esto escribe, la conferencia de clausura del X Congreso Nacional de Investigación Educativa del COMIE en Veracruz que fue presentada por el Dr. Roberto Rodríguez (UNAM) y cuyo título: "Después de las ilusiones del milenio: ¿una década perdida para la educación de México?" llevaba una orientación similar a la de estas líneas.
Después de las ilusiones del milenio, de los sueños de un cambio educativo de fondo para el siglo XXI por parte de todos los estudiosos de la educación y de los dirigentes de las naciones, estamos casi al final de la primera década y parece que no trascendemos ese círculo vicioso entre des-organización social y des-organización educativa.
Este paso de la ilusión a la decepción parece tener como una de sus causas principales la carencia de visión y fuerza de los líderes del sistema educativo para atreverse a trascender "los límites autoimpuestos" y explorar posibilidades nuevas de acción. La tibieza en las concepciones y acciones de cambio ha detenido -desde la propia secretaría, el sindicato y los directivos, docentes, padres de familia e investigadores educativos-, la reforma profunda que necesita nuestra educación para responder a los retos del mundo actual.
En el marco de la clausura del congreso se hizo un homenaje muy emotivo y merecido al Dr. Pablo Latapí Sarre, prácticamente el "padre de la investigación educativa en México" y uno de los creadores del COMIE. En ese homenaje, su viuda dijo que "la mejor herencia de Pablo no son sus escritos o su obra sino ustedes, que continúan con la búsqueda que él encarnó durante su vida".
En efecto, el mejor homenaje que se puede hacer a la vida y obra de Latapí, es continuar con su búsqueda y responder a los retos educativos del cambio de época con la suficiente cantidad y calidad de "proyectos radicales, heterodoxos" que abran nuevos horizontes a una educación encerrada en tradiciones viciadas. ¿Estaremos los actores de la educación a la altura de este desafío?

*El artículo expresa la opinión personal del autor, que es académico de la Universidad Iberoamericana Puebla
**Este texto se encuentra en:http://circulodeescritores.blogspot.com.
Sus comentarios son bienvenidos.
***Este artículo fue publicado el lunes 5 de octubre en el periódico digital e-consulta:
http://www.e-puebla.com/#

jueves, 1 de octubre de 2009

En el ocaso de un gran día

Nasofibroscopía.

Tu lucha es mi lucha
tus miedos me dan miedo
me ilusiona tu ilusión y
caminan mis pasos junto
a tus pasos,
otro sendero
pero el mismo camino,
ese que duele a veces
por las piedras y quema
como arena ardiente de sol
y otras veces refresca como un río
de presencias misteriosas que nos regalan
probaditas del misterio de misterios.
Tu lucha es mi lucha
batallo contigo en tus batallas
aunque sea a la distancia y sin tiempo
apenas para vernos en una pantalla
media hora, a las ocho, día a día,
noche a noche,
despertar a depertar
hasta que llega por la herradura
el sábado de reencuentros
con domingo de visitas,
entre el café internet
-qué nombre tan elegante para ese
salón vacío donde apenas caben
nuestra esperanza y nuestros llantos-
las fotos para el blog y el oxímetro,
ese aparato incomprensible, indispensable
inolvidable como el sonido
que se mete hasta el alma.
Tus pasos son mis pasos
y tu alegría cambia mis días,
me devuelve a la vida que añoro
y me regresa los sueños suspendidos
desde un verano largo como tres vidas
hasta un invierno que será luminoso y cálido
gracias a tu regreso...
porque tu regreso será nuestra vuelta
nuestro retorno a otro lugar,
pero siempre a nosotros, juntos,
como en aquéllos tiempos tan lejanos
como julio visto desde octubre que nace
o renace junto contigo.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Crisis económica y calidad de la educación

Frente al análisis y debate del presupuesto de egresos que envió el presidente al congreso, vale la pena plantear la pregunta: ¿El mejoramiento de la calidad de la educación es una cuestión de más presupuesto?
El pasado domingo, en un diario nacional, se publicaron tres notas que pueden ayudarnos a pensar elementos para una respuesta. La primera plantea que en una escuela de Oaxaca, los alumnos tienen que tomar clases en autobuses chatarra que se han adaptado como aulas. En la segunda nota se reporta que la Secretaría de Educación Pública no conoce el número de profesores que integran la nómina del sistema educativo nacional y que entre ellos hay alrededor de 500 que tienen ingresos superiores a los 100,000 pesos mensuales y 522 que cobran sueldo en dos entidades distantes entre sí. La tercera es un editorial donde Eduardo Andere critica el hecho de que el presidente diga en su tercer informe y en dos entrevistas que la calidad de la educación debe contemplar la transparencia y el mejoramiento de la infraestructura de las escuelas.
El editorialista sustenta la tesis de que Calderón no será el presidente que mejore la educación del país debido a estas concepciones erróneas de la calidad educativa, puesto que, según él, la calidad de la educación es resultado de lo que pasa en las aulas y no de “unas aulas bonitas” ni de una idea proveniente del “movimiento gerencialista” de la educación, propio del siglo XX.
Es evidente que la calidad de la educación tiene como principal escenario el aula y como actores centrales a los educadores y educandos. Pero cabe preguntarse: ¿Es posible tener educación de calidad en escuelas que no cuentan con los mínimos de dignidad? ¿Es concebible una mejor calidad invirtiendo más recursos a un sistema educativo donde priva la opacidad y en el que no se sabe ni el número exacto de docentes? ¿Es posible una educación de calidad con más dinero cuando ese dinero se destina a pagos dobles de algunos docentes privilegiados o a sueldos inexplicablemente altos de otros?
Lo criticable de la gestión presidencial no es declarar la necesidad de transparencia o de mejoramiento de la infraestructura escolar sino el no atreverse a romper con la alianza cupular que impide que estas y otras reformas sucedan en la realidad.

De miedos y esperanzas

Peguntas.
“Total misterio a cada instante la vida
¿Quién soy, para qué estoy aquí.
Qué va a pasar de ahora en adelante conmigo?
No lo sé,
Nunca lo sabré.
Vivir
Es encarnar esta ignorancia sin fondo”
José Emilio Pacheco
Escuchaba ayer una conferencia en la que se decía que había en la vida, en diferentes medidas, una mezcla de miedo y esperanza. Morin dice que la dinámica que sigue la toma de decisiones existenciales que implican nuestro ser ético es la dinámica rriesgo.precación. Todo esto suena muy bonito y conceptualmente lo he manejado e incluso ,,,sin embargo, a partir del infausto día en que se detectó el tumor cerebral de Mariana, lo he vivido en carne propia y lo he sentido con toda su dolorosa pero también esperanzadora intensidad.
Sí, llevo dos meses viviendo, conviviendo cotidianamente con el miedo. No es un invitado cómodo, ni siquiera es un invitado sino más bien una especie de intruso que llega y se instala en la conciencia y se mete hasta los huesos. Un intruso al que se va tratando de echar de la casa pero no se va…se esconde solamente en el olvido temporal –porque si no nos volveríamos locos o no podríamos vivir-y resurge de cuando en cuando, en el momento menos pensado y toma forma de vacío en el estómago, de ganas de llorar que a veces se vuelven lágrimas y otras nudo en la garganta y opresión en el pecho.
El miedo a la muerte, a la pérdida, emergió desde el momento mismo del diagnóstico cuando de manera poco ética aunque aparentemente profesional el radiólogo daba un nombre –muy grave, aterrador- al tipo de tumor detectado en la resonancia magnética cuando en las placas no se puede saber eso, según nos comentaron todos los neurocirujanos que visitamos. Este es el peor miedo, el que nos hace caer en la cuenta de la profunda fragilidad que tiene la vida. El miedo a la muerte regresó con progresiva y creciente intensidad desde el momento en que después de seis horas o siete, sin darnos información de la cirugía que estaba aún en marcha, el encargado del banco de sangre del hospital nos pidió ¡Quince donadores de sangre! (porque el doctor había pedido dos unidades en reserva y ya a usado seis y va a pedir más). Después volvió ese miedo, al día siguiente de la operación, cuando Mariana no despertaba y le tuvieron que poner un catéter en el cerebro para drenarlo e intentar que regresara del sueño profundo que empezó con la anestesia. Reapareció luego con más fuerza cuando se presentó lo del paro cardíaco o cardio-respiratorio una semana después de la operación. Esa noche fue la más oscura que he tenido en la vida.
No hay experiencia más fuerte, al menos no la conozco hasta ahora, que entrar a visitar a tu hija a terapia intensiva y que te pregunte: ¿Me voy a morir? En ese momento el piso se pierde y el que se quiere morir es uno mismo aunque tenga que y tienda a, contestar tajante: “!!NO!! Por supuesto que no te vas a morir. Ni lo pienses”
De ahí en adelante han seguido los miedos y las preguntas. La segunda etapa era la de ¿Me voy a recuperar? ¿Saldré algún día de hospital? Y nuevamente las respuestas de ánimo que parecen ser las indicadas aunque quizá no sean las adecuadas: “”Claro que sí”, Dios ya te lo dijo: ¿te acuerdas? Sí. Yo le pedí que me dejara vivir porque tengo todavía mucho amor que dar. Pues eso lo va a cumplir. Ya te mandó de regreso a la vida…pero el miedo sigue ahí aunque se esconda o se duerma por un rato…
El miedo de la recuperación se va ramificando: ¿Podré caminar? ¿Podré volver a hablar? Y bueno, el cuerpo se va ejercitando y se recupera, se reintegra y se van viendo señales del milagro de Dios que es nuestra vida compleja: ya la bañan sentada, ya aguanta más tiempo sentada sin apoyos, ayuda a cambiarla de lugar, se mueve en la cama, las manos controlan un poco más el movimiento…y ahora ya la pusieron en andadera en la terapia física: Gran paso!! Es como una bebé reaprendiendo a caminar…ese miedo se va acallando. Y el cuerpo sigue reaccionando, cambio por cánula fenestrada un par de horas, todo el día, ejercicio de foniatría, y de pronto llega la voz, Mariana estrena voz…aún le fallan la CH, la L o la S, sobre todo la R según ella misma dice, pero va…ya habla…es emocionante volver a escucharla…otro miedo que se va desvaneciendo…pero todos esos miedos dejan algunas secuelas…
¿Volveré a comer? “Creo que preferiría no recupera la vista que perdí en un ojo o no volver a mover las manos bien pero poder comer”…desde la llegada a la clínica Mariana ha estado muy obsesionada con comer…y ese miedo sigue…lleva dos estudios de nasofibroscopía y aunque hay algún avance, no es suficiente. Las terapeutas del lenguaje dicen que va demasiado lenta, que otras personas han reaccionado más rápido…que no pueden asegurar nada, aunque sí se han movido algunas cosas, pero la saliva sigue saliendo por la tráquea…en fin, ese miedo sigue ahí, lo compartimos calladamente, lo lloramos a veces junto con ella, lo callamos muchas otras para darle ánimo, es difícil trabajar con el miedo, saber qué decirle o que no, saber incluso qué decirse a uno mismo, qué está uno sintiendo…de miedo a miedo…esa es una dimensión de estos dos meses de pascua familiar, la resurrección plena aún no llega. Seguimos viviendo con el miedo, quizá tengamos que aprender a vivir con él a largo plazo, para toda la vida tal vez…porque esto será un proceso largo y para todos, no solamente para Mariana…
Vivir en la compleja relación entre miedo, esperanza y fe –convicción de ser amados por Dios y por ello seguridad y paz en el caminar cotidiano con todo y las injustas aleatorias malas jugadas que tiene también la vida-…caminar con miedo, pero tratar de asumirlo, compartirlo y saber que Dios es un papá-mamá que nos ama y que nos va acompañando en este caminar oscuro…Saber preguntar no: ¿Por qué Dios permite esto? Sino ¿Dónde está Dios en todo esto? Y responder convencidos que está justo aquí, en nuestro miedo y en nuestra esperanza, en nuestro dolor y en nuestra lucha. Este es el principal desaprendizaje y reaprendizaje que tendremos que asimilar para poder vivir desde ahora una nueva vida, una nueva vida que no elegimos sino que nos eligió.
Martín
24/09/09

lunes, 7 de septiembre de 2009

Respuesta con disculpas, aclaración y agradecimiento

Esta es una aclaración que envié a una muy querida amiga, a uno de esos ángeles que han estado haciéndonos llevadera esta pruebla al transparentarnos a Cristo a través de sus oraciones, sus palabras y sus acciones...la publico porque creo que el texto: "No soy, no somos..." puede haber herido la sensibilidad de varios (si es que leen mi blog, cosa totalmente improbable) y no quiero dejar de aclarar el sentido de este escrito que nada tiene que ver con un reclamo a nuestra gente querida sino con un reclamo a mí mismo...va...

Cuando te dije que "se aceptaban todos los reclamos" no pensé que fuera tan en serio...gulp...La verdad es que no pensé lo suficiente quizá cuando decidí subir ese texto a mi blog, aunque viéndolo bien pues ese blog tiene de todo y es como mi libreta de borradores o mi diario nada más que abierto a quien desee leerlo...Aún así, creo que debí haber pensado mejor cómo se podrían llegar a sentir algunas personas que leyeran mi texto "de rebeldía interior" al ser de ese grupo cercano, íntimo, que ha estado todo este tiempo dentro del proceso de Mariana y de toda la familia y que nos ha dicho, porque lo siente de veras, que le han impactado nuestros textos o que le ha movido la situación y cómo hemos reaccionado como familia o como personas Gaby y yo ante esta prueba tan dura. Por eso te envío mi más sentida disculpa. De verdad te pido perdón y a todo aquél que haya leído eso y haya sentido algo parecido a lo que tú me expresas tan honesta y abiertamente en tus mensajes.
Ante lo que argumentas no tengo nada que replicar: Tienes toda la razón y estoy plenamente de acuerdo con cada uno de los argumentos y razonamientos que haces. Somos indigentes pero indigentes privilegiados porque Dios nos ama y se nos regala y nos regala posibilidades de ser instrumentos suyos. No soy, no somos...pero es Él-Ella que actúa a través de nosotros y por ello debemos y realmente estamos muy agradecidos por toda su bondad y su misericordia en estos tiempos tan difíciles. Solamente de él pueden haber salido las fuerzas, la esperanza y la unión necesarias para afrontar todo lo que ha pasado. Quizá sea muy arrogante o malagradecido entonces decir lo que digo en mi texto, quizá vaya en contra de la humildad siendo que pretende ser una muestra de humildad...paradojas de los seres humanos que somos tan pero tan defectuosos...
Pero el texto nace más bien, no como un reclamo hacia todos los que de manera muy sincera y generosa me han dicho o nos han dicho que les hemos sido significativos como amigos, maestros, padrinos, familiares, etc. y que nuestra familia de alguna manera ha sido un referente para ellos o ellas, no como un reproche a quienes han tenido la bondad de decir que mis textos o el de Gaby les han movido profundamente o los han hecho reflexionar y llorar con nosotros...De ninguna manera he querido rechazar estas muestras de cariño sino hacer un texto donde básicamente dialogo conmigo mismo y expreso lo que realmente siento: si normalmente me siento incómodo y trato de desviar la conversación hacia otro lado cuando alguien me empieza a alabar como profesor o a hablar demasiado bien de algún libro o artículo mío, me siento mucho más incómodo cuando lo hacen respecto de estos textos que han nacido del dolor más profundo que he tenido en mi vida.
En efecto, me he sentido abochornado, apenado, muy mal conmigo mismo porque de pronto digo: "No se vale que ante el gran dolor y la gran prueba de fe, de fortaleza, de paciencia, de desesperación, etc. de Mariana que es la verdaderamente ejemplar, ahora sea yo y mis textos el que destaque o el que sobresalga o seamos Gaby y yo como matrimonio -que de verdad nos hemos sentido siempre muy contentos de ser testimonio de pareja y familia ante los que nos quieren y muy comprometidos con esto- los que nos llevemos las palmas o las alabanzas". De manera que eso es lo que en el texto ME DIGO A MÍ MISMO, NO A LOS DEMÁS QUE ME QUIEREN Y ME EXPRESAN LO QUE HAN SENTIDO sino a mí, a mi ego, a mi necesidad de reconocimiento, de autoafirmación, a mi "locus de control externo": NO! No te la creas! No se vale! Mariana es el ejemplo en este momento, es ella el testimonio de la presencia de Dios y no tu texto que apenas intenta balbucear esa experiencia incomunicable (ni siquiera de Mariana hacia nosotros, menos de nosotros que no la vivimos hacia los demás) que es el paso de Dios por nuestra historia familiar (la pascua que hemos estado viviendo en estos meses).
De manera que en resumen: Perdón. De acuerdo. Alabado sea Dios por usarnos de instrumentos suyos. Ojalá nunca nos hubiera usado como instrumentos suyos en estas circunstancias. Gracias a todos y todas los que me han dicho que le somos significativos o que mis textos le han con-movido, pero no soy, no somos...es Mariana, es Dios en Mariana, es Dios finalmente, es Dios...y ese misterio que llamamos vida.

p.d. Me atrevo a transcribir algunos fragmentos de los argumentos que me ha enviado esta amiga, porque creo que son una verdadera lección de fe reflexionada y vivida...o sea de Teología...que realmente es eso...

martes, 1 de septiembre de 2009

No soy, no somos

No, no soy, no somos fuertes tu mamá y yo,
Somos simplemente dos padres indigentes
Haciendo lo que pueden y más de lo que pueden
Por acompañar a una hija en su retorno de la frontera entre la muerte y la vida.
No, no soy, no somos fuertes, no somos ejemplo de nada,
Ni familia ideal, ni pareja perfecta,
Dos débiles, titubeantes balbuceos que claman a Dios sin saber las palabras
O la fórmula para ser escuchados…
No soy, no somos, ni el asomo de lo que deben ser los apoyos de un ángel
Que se niega al olvido y se aferra a la vida y ve a Dios cara a cara,
Y lo enfrenta y le dice que no es el momento, que falta mucho
Amor para dar, para darse en este mundo mendigo de amor.
Por eso me siento tan mal, tan incómodo cuando ese indeseable
Tumor es motivo de alabanza hacia nosotros,
Cuando escucho que tú eres fuerte y positiva y luminosa
Porque lo heredas de un papá, de una mamá, de una familia ejemplar…
Como si fuera natural esta batalla cotidiana, como si todo fuera tan sencillo
Como mamar la fe, la esperanza, la fortaleza ante la adversidad…
Por eso no soporto que unos desahogos que se tuvieron que compartir
Para no estallar por dentro, sean ahora lo que hace llorar, lo que impacta,
Lo que produce admiración…
¿qué son unas palabras más o menos bien encadenadas frente a la experiencia
De estar en el límite y de ganar la vida en cada respiración que se tiene que ver
En un oxìmetro?
¿Qué es una expresión del dolor y de la angustia externa frente a la huella
Del dolor y de la angustia que nace de lo más hondo de ti?
¿Qué hacer, qué decir, qué sentir, cuando se ponderan las reflexiones,
Los abstractos ejercicios de verbalización de lo inefable, de los tímidos intentos
Por compartir lo incompartible?
No soy, no somos ni la sombra de eso que dicen que somos…
¿Qué daríamos por no haber escrito lo que escribimos porque tú siguieras sana,
Rebosante de vida y de alegría como siempre?
¿Qué haría yo por quitarte ese tubo de la tráquea, esa sonda de tu estómago
Esas lágrimas de tus ojos, esa desesperación por volver a comer?
¿Qué hacer para no estorbar el reflejo luminoso de tu vida ganada en cada
Suspiro, en cada movimiento de los brazos, en cada intento de que el cuerpo
Vuelva a obedecerte, de que la lengua que parece lo màs bobo, pueda moverse
De nuevo con la fuerza suficiente para traerte de regreso a tu vida cotidiana?
No soy, no somos nada de lo que parece que somos…
Soy, somos, en la medida en que tú nos das sentido con una sonrisa y un nuevo
Movimiento…
Soy, somos, por tì, contigo, para ti. Desde tì para el mundo y desde el mundo
Que te reclama de vuelta para ti…
Soy, somos…lo que quieras y te haga falta para volver a ser en el mundo
A estar plenamente parada sobre el mundo, a dar amor a manos llenas,
A brazos llenos, a aquél que te hizo bajar a la oscuridad y regresar
Para dar todo el amor que te falta y que sin duda va a servir para seguir cambiando el mundo…

Lo único que importa es amar...

“Lo único que importa es amar”…o lo que se aprende de lo que los hijos aprenden
-¿Has tenido algún aprendizaje de todo este proceso?
-Que soy fuerte…que tengo fuerza…
-Mira…este es un aprendizaje muy importante y que te tienes que llevar para toda la vida…ya nada de que Mariana es la débil y Paulina es la fuerte de las hermanas…tú tienes fuerza y la has demostrado en todo este tiempo…mucha gente te admira por esa fuerza…conserva eso para toda tu vida…lo que venga por delante, cuando te cases y tengas hijos…¿Te gustaría casarte y tener hijos?...
-Sí
-Pues cuando tengas a tus hijos y haya problemas que enfrentar, esto que has aprendido aquí y esta fuerza que has sacado de dentro, que quiere decir que ya eras una mujer fuerte pero no te habías dado cuenta, esa fuerza interior te va a servir para enfrenar todos los problemas que tengas cuando seas mayor y tengas una familia…Cuídate mucho, Mariana…Adiós…
-Adiós…
Algo así sucedió unos días antes de que Mariana dejara el hospital donde estuvo internada por mes y medio, casi un mes completo en terapia intensiva después de la difícil operación de su tumor cerebral…la charla fue entre ella y Mauricio, un Psicólogo del equipo de apoyo y terapia familiar que tiene como servicio “gratuito” –entre comillas pues todo cuesta en este hospital aunque aparezca como una cortesía- el Ángeles, en el área de terapia intensiva y terapia intermedia. Este equipo fue realmente un gran apoyo y nos acompañó en momentos difíciles por la intensidad de la preocupación o por la desesperante espera y ausencia de información o por los momentos de depresión o de no respuesta positiva de Mariana ante todos los detalles grandes y pequeños que tuvo que enfrentar durante su batalla por la vida, por mantenerse en la vida…
Este ha sido un gran aprendizaje para todos, un aprendizaje que como el mismo Mauricio nos dijo, tendrá que cambiar “la narrativa familiar” y el discurso que sobre Mariana hemos venido construyendo por años y que ella misma llegó a creer respecto a su fragilidad y dependencia frente a la fortaleza y autonomía de Pau –la que en los hechos “parece ser la hermana mayor” decía Mariana en el video que Jorge le regaló a Paulina en su cumpleaños número dieciocho- que nos ha hecho muchas veces sobreproteger un tanto a una y dejar un poco desprotegida a la otra…sin darnos cuenta, de buena fe, como la mayoría de los papás y las mamás del mundo…
Sin embargo, con todo y lo grande de este aprendizaje, hay otro que es sin duda el fundamental y que fue el que salvó la vida de Mariana, el que ahora la está ayudando a regresar poco a poco a la vida y el que le dará sentido en el futuro a los muchos años –esperamos todos- que le quedan de vida. Este otro aprendizaje me lo contó Mariana delante de Gaby, una tarde en la que estábamos solos –cosa no muy frecuente entre terapias, revisiones médicas, “procedimientos” de las enfermeras, visitas y otros etcéteras- platicando respecto a la ya próxima alta del hospital.
Recordábamos en la plática ese día en que “Dios vino a ver a Mariana” y que curiosamente, a pesar de lo que dicen muchos acerca de que lo que pasa en terapia intensiva se olvida, ella sigue recordando con nitidez (aunque ignoramos hasta ahora los detalles de la “visita” pues no hemos tenido oportunidad de preguntarle); recordábamos entonces ese día, ella acababa de tener un recordatorio sobre el paro cardíaco que sufrió, justamente una semana después de la operación, aunque me dijo que no recordaba si coincidía o no la visita de Dios con este día…es lo de menos…en fin, que en eso estábamos y surgió una conversación más o menos en esta línea:
-Pablo – uno de los terapeutas físicos- me asustó mucho porque me dijo que tuve un paro cardíaco y que casi me muero… ( las imprudencias de los que se supone son profesionales de la salud)
-No te preocupes, Mariana. Eso ya pasó y saliste bien de allí. No hay ninguna secuela. Tu corazón está muy sano y Dios te envió de regreso y te hizo saber ahí que tienes todavía mucho que hacer aquí…¿No es cierto?
-No recuerdo si fue ese día…pero sí, me vino a ver…me acuerdo…en terapia intensiva me dí cuenta de pronto que lo único que importa es amar…y yo le pedí a Dios cuando vino, que me dejara vivir porque todavía tenía mucho amor que dar a la gente aquí…y por eso me dejó…
-Es cierto, Dios te dejó porque sabe que tienes mucho amor que dar…eso lo tienes que recordar toda la vida…será tu misión desde ahora…
-Sí…así es…
-Te queremos mucho…eres una gran mujer…no lo olvides nunca…
Dentro de todos los aprendizajes. Este es el crucial: más que ser fuerte lo que importa es ser amoroso…amar a todo y a todos …amar por sobre todas las cosas…Este aprendizaje se lo debo a Mariana…hasta antes de esto, sabía teóricamente que el amor es lo central…ahora lo he experimentado y lo he aprendido “en carne propia”, a partir de la experiencia de Mariana, ese ser luminoso que ya era y que ha florecido aún más después de esta prueba en la que entendió que Dios la ponía en la circunstancia de demostrar y demostrarse que era fuerte, pero en realidad la puso en la línea entre la vida y la muerte para que cayera en la cuenta de que la fuerza es lo de menos…que el amor es lo vital…o quizá para que entendiera que finalmente uno es fuerte en la medida en que ama y es amado, que la fuerza nace del amor y que por eso ella ha sido, es y será una mujer fuerte, un ejemplo de fortaleza para todos los que la rodeamos y que somos simples aprendices, repetidores de huecos discursos sobre el amor…

jueves, 27 de agosto de 2009

“CAMINITO DE LA ESCUELA”**

“El principio de la locura es seguir haciendo lo mismo
una y otra vez ,y esperar obtener resultados diferentes.”
Albert Einstein
El regreso a clases implica para los educandos un sentimiento ambiguo que contiene al mismo tiempo alegría y curiosidad ante lo nuevo y desencanto y pereza frente a lo de siempre. Desgraciadamente lo nuevo tiene que ver muchas veces con factores externos y de muy corta duración –estrenar uniforme, tenis, cuadernos o libros, ver qué compañeros nuevos hay en el grupo, quién y cómo será el nuevo profesor o profesora, etc.- y lo rutinario con el contenido y el fondo, mucho más permanentes, de lo que sucede cotidianamente en las aulas, en los patios, en la biblioteca o el laboratorio escolar.
No es el caso de los educadores que en muchas ocasiones experimentan solamente el sentimiento que contiene lo desagradable de volver a una rutina con poco o nulo sentido y conexión con la vida, muy desconectado de lo que se puede llamar vocación por educar (Como dice Hansen: La vocación implica que un sujeto encuentre en la actividad que desempeña elementos de autorrealización y de aporte al cambio social).
Este hastío ante la visión repetitiva de los rituales escolares entre docentes y directivos es lo que desafortunadamente se respira en muchas escuelas, universidades, instituciones educativas de todos los niveles. Tal parece que el proceso educativo ha ido cayendo paulatinamente en este principio de la locura que señala Einstein: continuar haciendo lo mismo una y otra vez y pretender obtener resultados diferentes.
Los discursos educativos en todos los congresos, conferencias, cursos de actualización, pactos y acuerdos oficiales, procesos de planeación o evaluación de escuelas públicas o privadas, hablan de la necesidad de obtener resultados radicalmente distintos en el proceso educativo. Los resultados de las evaluaciones nacionales e internacionales piden a gritos un cambio en los resultados de nuestra educación nacional.
Sin embargo estos resultados no llegan, es más, ni siquiera se aproximan al escenario de construcción de un nuevo país más democrático, más justo, más productivo, más equitativo, más respetuoso de los derechos humanos, en fin, de un México más acorde con lo que los mexicanos soñamos y merecemos.
¿Cuál es la causa de que no estemos en camino de cambiar estos resultados del proceso educativo? Fundamentalmente se debe a que en nuestro sistema educativo nacional estamos haciendo lo mismo una y otra vez, sin darnos cuenta de que en esta dinámica rutinaria se pierde lo auténticamente educativo que es el encuentro humano que renueva, cuestiona, despierta el deseo de conocer, aviva el deseo de vivir más humanamente. Una educación centrada en el programa que esclaviza y no en la estrategia que orienta pero reta a la creatividad es la causa de que estemos muy lejos de encontrar resultados educativos más positivos que se reflejen en la dinámica social.
La verdadera educación necesita del deseo humano para realizarse y de la utopía colectiva para tener un horizonte hacia el cual caminar, decía el Dr. Pablo Latapí Sarre, padre de la investigación educativa en el país, fallecido recientemente. La verdadera educación requiere de un arraigo profundo en la experiencia humana que mueve individual y comunitariamente hacia la búsqueda de desarrollo. Pero este deseo humano ha sido sepultado entre trámites burocráticos, documentación agobiante, ritos vacíos, luchas de poder y ambiciones personales, desánimo y falta de motivación por parte de los actores. De ahí la repetición continua que impide la regeneración del sistema educativo y promueve su cada vez más acelerada degeneración.
Ante la entrada a clases para el nuevo ciclo escolar que van a vivir millones de alumnos y profesores en estos días, cabe sin duda la reflexión: ¿Será posible cambiar esta dinámica guiada por el principio de la locura, esta dinámica de hacer lo mismo una y otra vez, pretendiendo obtener resultados diferentes? ¿Cómo poder impulsar un cambio en lo que hacemos en la educación que genere un cambio en los resultados que de ella se obtengan? ¿De qué manera se pueden ir transformando las prácticas educativas, las estructuras organizacionales de la educación y la cultura que guía el modo de vivir la educación para apuntar hacia una educación auténtica, movida por el deseo humanizante y orientada hacia la utopía de un país mejor?

**Artículo publicado en: "La primera de Puebla". 270809

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...