domingo, 24 de noviembre de 2013

¿RESPONSIVIDAD O RESPONSABILIDAD? ÉTICA PROFESIONAL E IDENTIDAD INSTITUCIONAL EN UN CAMBIO DE ÉPOCA

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 *Texto leído en la presentación del libro Ética profesional e identidad institucional en el año 2006.






 
--> Comienzo agradeciendo sinceramente al Instituto de Estudios Universitarios a través de la persona del Mtro. José Sanchez Aviña, la invitación a participar en la presentación de este muy interesante libro que nos tiene reunidos hoy aquí y que nos invita a hacer múltiples reflexiones desde perspectivas distintas que tienen como denominador común, un campo fundamental para comprender e intentar transformar el sistema educativo nacional: La ética que construye identidad o forma parte esencial de las identidades personales, profesionales o institucionales
“El discurso ético es una construcción polisémica” inicia diciendo la introducción a cargo de los coordinadores de este trabajo que reúne catorce ensayos de diecisiete investigadores de distintas instituciones, sectores y niveles educativos. Así como el discurso ético es polisémico, lo primero que salta a la vista al lector al entrar en contacto con los textos, es el carácter también polisémico del título de este texto. Porque “Etica profesional e identidad institucional”, al revisar los distintos apartados y capítulos, puede entenderse como: una selección de sólidos artículos de investigación que reúnen algunos trabajos sobre ética profesional (sobre todo los del apartado I que tiene el título de Etica e identidad profesional: “Elementos significativos de la ética profesional” de Hirsch (coordinadora de esta edición), “Etica profesional. Los genetistas humanos en Alemania” de Wüestner por ejemplo…)  y otros sobre identidad institucional (por ejemplo el de Medardo Tapia – “La responsabilidad y ética del cambio en las normales”, el de Jennie Brand – “La identidad institucional del docente en la Universidad Simón Bolívar” - o el de Amneris Delgadillo – “La evaluación de las instituciones educativas como generadora de identidad institucional. Las instituciones educativas lasallistas” -; o bien, como una compilación de excelentes artículos de investigación sobre la relación entre ética o dimensión valoral e identidad  (“Identidad y ética profesional en los estudiantes universitarios. El caso de la Universidad de Guanajuato” o “Tensiones identitarias y ethos profesional. El caso del profesor de formación cívica y ética” de la Dra. Yurén); el título también puede interpretarse como una serie de artículos que tratan sobre la formación ética de los profesionales (“Los valores científicos y profesionales del Ecólogo” de Guadalupe Ibarra o “Valores y tendencias valorales de los estudiantes dela Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León”, de Guadalupe Chávez) y también como artículos que abordan el tema de la ética de los académicos o docentes que forman a los profesionales (el mismo de Brand o “Microcontextos escolares: génesis de laidentidad profesional y ética de las y los docentes” y también: “Etica de la profesión académica en la época global” –de Rodrigo López Zavala, el segundo de los coordinadores).
Pero es precisamente esta polisemia la que le da una unidad flexible y abierta al libro y permite al lector aproximarse desde diferentes perspectivas, todas ellas llenas de retos para el docente, el investigador, las instituciones y el sistema educativo.

1.-Una preocupación constante.

“La universidad se ha convertido en la
refaccionaria del mundo empresarial y
laboral”

Gabrel Anaya S. J.

Desde el punto de vista de este lector, el libro tiene otra línea de articulación muy importante, que es la preocupación fundamental que parece estar sintetizada en la frase de Anaya: la universidad como repositorio de “piezas” para el engranaje del mercado laboral en detrimento de una formación profesional que brinde a la dimensión ética, indispensable para la formación de una identidad profesional e institucional, la importancia que esta requiere.
Varios artículos mencionan explícitamente esta preeminencia en la formación profesional de la lógica de la instrucción  o transmisión de saberes  sobre la formación ética o vaoral en los profesionales (Delgadillo o Kiepowikz) o este desequilibrio entre el progreso técnico que no ha ido aparejado con el necesario desarrollo moral (Hirsch). La investigación de Yurén muestra como la amenaza para el ethos del docente ante la introducción de la materia de Educación cívica y ética en la secundaria, provocó en muchos profesores la tendencia a una “instrucción bancaria” expresada sobre todo en una “socialización desapegada” que lleva al docente a preocuparse solamente por cubrir el programa de temas o a la “socialización inculcadora” que plantea una enseñanza o imposición de creencias o valores en los estudiantes. Los dos trabajos que se refieren a la identidad de estudiantes muestran también contradicciones valorales que surgen del énfasis en la capacitación o formación científico-técnica y el descuido de la formación ética, que se muestra también de algún modo en el nivel de posgrado en el trabajo sobre los valores científicos y profesionales del ecólogo.

2.-Profesionales responsivos.

“La universidad está formando profesionales
exitosos para sociedades fracasadas”

Xabier Gorostiaga S.J.

¿Qué significa en los hechos visto socio-históricamente este descuido de la formación ética de los profesionales? La cruda realidad parece mostrar que la frase de Gorostiaga es una incómoda y preocupante verdad: profesionales exitosos, competitivos, eficientes, bien capacitados, equipados para hacer una vida laboral adaptada a las exigencias cada vez más difíciles de este nuevo siglo y sin embargo, sociedades fracasadas, fragmentadas, divididas, conflictivas y deshumanizante.
La realidad que documentan estos trabajos que compila el libro, parece mostrar claramente que una formación profesional orientada solamente desde la visión económica, técnica o científica, produce profesionales responsivos y no profesionistas responsables, es decir, egresados que responden pasiva y acríticamente a las demandas de la sociedad del mercado global pero que son incapaces de responsabilizarse de manera reflexiva y creativa de las enormes contradicciones, crisis, desigualdades y desafíos humanos y sociales que este mundo está planteando. Profesionales responsivos que se adaptan al mundo en que viven sin cuestionarlo de fondo, pero que no tienen la visión ni las herramientas afectivo-intelectuales para adaptar el mundo, haciéndose cargo de la realidad que les ha tocado vivir. Profesionales que, como en el caso de los estudiantes de la Universidad de Guanajuato estudiados en el trabajo de Kepowicz, conciben e identifican valores como la honestidad en la universidad y en sus docentes pero ven claramente que en la vivencia de sus compañeros y de ellos mismos, predominan más bien comportamientos totalmente contrarios.

3.-Un horizonte incierto y poco propicio para la ética.

“El futuro ya no es como era antes”
Paul Valéry

Una constante más que se alcanza a leer en todo este libro, es la constatación de que estamos en una época marcada por la incertidumbre y las presiones de una globalización económica que está guiada por una visión exclusivamente práctica y utilitarista.
Este es el punto de partida del trabajo de Rodrigo López Zavala, que se plantea la pregunta sobre la influencia de este contexto, sin duda poco propicio para la reflexión y la vivencia de las cuestiones éticas, en la identidad académica. La presión sobre lo que el autor llama “la moda instrumental“  sobre la ética de la profesión, traducida en el peso excesivo de los saberes fácticos y del dominio técnico y académico de los contenidos de una profesión para poder sobrevivir compitiendo en el mercado, es una realidad de la que se debe partir si se quiere fortalecer la identidad profesional del académico en este mundo práctico.
“Se buscaría que el profesor no se convierta en un simple enseñante de saberes legítimos y actuales , sino que sea portador del ethos académico; que le permita generar escenarios éticos, en medio de modas y políticas que estimulan la formación basada en la racionalidad técnica” dice el autor (p. 259) en una afirmación que expresa esta preocupación válida en este tiempo marcado, en términos de Lonergan, por la “aberración general del sentido común práctico” que parece olvidar o incluso rechazar la comprensión inteligente y razonable y la deliberación ética en aras de intereses de poder y visiones inmediatistas. Sin embargo, cabe aquí hacer la pregunta por ese “ethos académico” que pareciera, por el modo en que está dicha la frase anterior, un ethos ya establecido y predeterminado. ¿No estamos más bien en un momento en el que precisamente el desafío principal se encuentra en la construcción de un nuevo ethos académico que sin hacernos meramente responsivos, incorpore elementos de este cambio de época que tienen que ver también con la construcción de una nueva ética, como parece decirlo el autor en otras partes del texto? ¿Cuál o cómo será este nuevo ethos académico que responda a los tiempos de incertidumbre? ¿Cómo mantener presente y vigente la reflexión ética en un mundo que privilegia esta racionalidad instrumental? ¿Cómo construir una cultura académica que nos vuelva “facilitadores de una alta moral” en tiempos de sociedades desmoralizadas, en términos de Cortina a la que cita López Zavala?
El reto parece partir de un cambio en la manera en qu los mismos académicos concebimos el ser y el quehacer académico. Como dice la comisión Delors de la UNESCO, citada en este trabajo, la actividad docente ya forma parte de “este escenario conflictivo” al que nos está llevando la globalización y no habrá manera de enfrenta este escenario, si conservamos los criterios y categorías del pasado.
Llama la atención por ejemplo que a la par que se afirma que la “naturaleza de la relación entre enseñantes y aprendices supera el plano de lo técnico” y que  se trata de una profesión (la docencia) que posee natural intencionalidad de intervenir entre seres humanos”, se afirme después que, “paradójicamente, el trabajo académico no tiene sólo finalidades académicas”, entendiéndose aquí trabajo académico, en el sentido que hay que superar, de trabajo exclusivo con el saber o el conocimiento, el viejo debate al que ya Ignacio de Loyola en el siglo XVI respondía, cuestionado por la inquisición, diciendo que al educando hay que formarlo “en letras y en espíritu”, trascendiendo la falsa disyuntiva de dar solamente conocimientos o solamente formación ética o humana.

4.-Conservadurismo: un riesgo permanente

“Todo tiempo pasado fue mejor”
“Los jóvenes ya no tienen valores”

Dominio público

El riesgo permanente del que hay que estar muy vigilantes, es el del conservadurismo identificado hoy con la mentalidad llamada genérica y a veces ambiguamente “neoliberal”, que domina nuestra época. El conservadurismo que privilegia esta relación instrumental y este seguimiento ciego de las normas del consumo y el dinero, pero que también corre el riesgo de descalificar, por desconocimiento o ampliación de la “brecha generacional”, la nueva cultura en la que querámoslo o no, estamos viviendo y sobre todo, están viviendo los jóvenes de hoy.
Los dos trabajos sobre perfiles de la identidad de los estudiantes (los estudios de tres licenciaturas de la Universidad de Guanajuato y de la Facultad de Filosofía y letras de la U. Autónoma de Nuevo León, sobre todo este último por la cantidad, amplitud y forma de presentar la información) aportan muchos datos acerca del modo de significar y valorar la vida y la profesión que tienen los universitarios de este tiempo. Esta información, junto con la “encuesta nacional de juventud” del INJUVE y otros estudios de este tipo, son materiales de estudio para cualquier académico o investigador que pretenda facilitar el aprendizaje o tratar de comprender y reflexionar este horizonte en el que vivimos, con la visión de construir una nueva ética para estos nuevos tiempos.
Una constante, desde mi punto de vista no tan claramente expresada -salvo en el caso del estudio del programa de formación valoral para padrea de familia y docentes de Meyalli-  pero presente en prácticamente todos los trabajos, es la visión del mundo de la ética como un mundo de principios o valores que hay que saber, compartir, comunicar, aplicar a la vida, etc. pero que ya están establecidos.
El riesgo del conservadurismo y de las visiones “bancarias”, en términos del estudio de Teresa Yurén, está claramente expresado en el estudio de Meyalli donde se parte de la afirmación de ciertos valores preestablecidos y válidos “para todos los hombres de buena voluntad”, que se enseñan o, como los mismos entrevistados expresan, les son “dados” a los docentes y a los padres de familia con resultados positivos según la investigación.
Sin embargo, aunque los demás trabajos parten de marcos teóricos críticos y de vanguardia (Habermas, Cortina, Foucault, Deleuze, etc.), no están exentos del riesgo de pensarse o escribirse desde la visión de ciertos criterios éticos que se construyen diálogicamente pero que se vuelven los referentes últimos o desde los “discursos éticos” validados por procesos de comunicación que se pueden pensar como incuestionables por el procedimiento o el marco conceptual desde el cual se construyen democráticamente. El riesgo está en quedarse en lo instituido, por más vanguardista que sea, y olvidar lo instituyente, es decir, analizar los discursos éticos en sí mismos, sin ver aquello de lo cual están hablando esos discursos; o revisar los criterios éticos racionales y democráticamente construidos mas que el dinamismo humano que los construye y las exigencias intrínsecas en este dinamismo.
Desde mi punto de vista sesgado por la visión lonerganiana, los tiempos de hablar de educación en valores o de formación valoral han pasado y necesitamos propuestas que, como decía Ortega y Gasset: “estén a la altura de nuestros tiempos”. La educación de la libertad efectiva, es decir, la educación del dinamismo humano (lo instituyente) que tiene como únicas constantes las operaciones conscientes e intencionales y sus exigencias de atención, inteligencia, razonabilidad y responsabilidad, debería ser la nueva forma de educación moral o ética en estos tiempos inciertos, plurales, relativos y dinámicos, para superar esa visión de “rescate” o “recuperación” de valores perdidos a las que hacen referencia los profesores en la investigación de Yurén.


5.-La respuesta está en el futuro.

“La respuesta a los retos de este cambio de época
y a las desigualdades sociales que nos plantea
no está en el pasado sino en el futuro”

Luis Ugalde S.J.

Porque la respuesta a las interrogantes éticas que se plantean a las profesiones hoy en día y que constituyen un elemento central, como lo dice Kepowicz en su artículo, de la construcción de identidades, debe ser buscada en el futuro y no en el pasado. La respuesta está en la formación de profesionales responsables que sepan hacerse cargo de la realidad en la que viven en lugar de profesionistas responsivos que se adaptan al contexto tal como está y ahondan “el ciclo amplio de declinación” en que parece que estamos viviendo.
Para lograrlo, es necesario formar académicos y docentes responsables y no simplemente responsivos. Esto pasa necesariamente por una reconstrucción dinámica y crítica del ethos de la profesión académica, como lo plantean de diversas formas algunos artículos del libro. Pero esto no será posible, si no se logra, a nivel social y político, la construcción de un sistema educativo y de unas instituciones responsables, que también sepan de manera estructural, hacerse cargo de esta realidad del cambio de época.
Porque el mundo de lo ético y de la vivencia moral en estos tiempos, es un mundo complejo que no puede funcionar a partir de “códigos deontológicos”, porque como bien lo plantea el artículo de lo genetistas alemanes, la construcción de códigos deontológico no garantiza la vivencia de estos valores por parte de los profesionales debido a diversas dificultades que en el mismo artículo se señalan:
-Los principios éticos son demasiado generales
-Los principios éticos pueden entrar en conflicto unos con otros
-Los principios de una ética profesional pueden entrar en conflicto con otros intereses sociales
-La realización de los principios éticos puede fracasar debido a cuestiones externas a la profesión.
-La realización de los principios éticos puede fracasar debido a cuestiones internas de la profesión y su ejercicio.
Estas y otras dificultades que en el artículo se señalan, parecen dejar claro que como afirma Lonergan: “El bien siempre es concreto pero las definiciones son abstractas” y en ese sentido, las normas éticas de la profesión son abstracciones que pueden formular conceptualmente algunos principios generales pro que de ninguna manera resuelven el problema de la ética profesional.
El reto entonces no está en la inclusión de materias de ética profesional en los planes de estudio sino en el replanteamiento ético de toda la estructura institucional de la educación y del ethos de la profesión académica como elemento regulador de los modos concretos de vivir esta actividad, desde ciertos modos de significar y valorar que son comunes a todo el gremio.
Estos y otros elementos surgen a partir de la lectura de “Ética profesional e identidad institucional” que sin duda es un gran disparador de pensamiento y de preguntas acerca de este enorme reto en el que está en juego sin duda, la posibilidad de construir paulatinamente, una perspectiva ética que genere una identidad profesional e institucional más propicias para la humanización y la justicia. Es por ello que sin duda, vale mucho la pena acercarse a este libro.





Hirsch, A. y R. López (2003). Etica profesional e identidad institucional. Universidad Autónoma de Sinaloa. México.

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*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...