viernes, 10 de febrero de 2012

EDUCAR PARA LA VIDA OBEDECIENDO LA VIDA Y GUIANDO LA VIDA

Cinco fábulas y una confabulación[11] [1]   

            Educar para la vida en un mundo complejo y en constante cambio, un mundo marcado por la confusión y la incertidumbre, es un reto especialmente difícil, un desafío que nos está convocando a todos los que colaboramos desde diversos ángulos y en distintos niveles en la educación formal.  ¿Qué significa educar para la vida hoy? ¿Para qué vida hay que educar a las nuevas generaciones? ¿Qué elementos debe contemplar una educación para la vida? ¿Cómo hacerlo?

            Estas[12]  y otras preguntas serán abordadas a lo largo de esta reflexión, más que con la inútil pretensión de agotar cada elemento a detalle o la meta inalcanzable de llegar a una receta o esquema de educación para la vida, para tratar de abrir horizontes, generar nuevas preguntas y sobre todo, promover una renovada complicidad que nos lleve a buscar la transformación radical de nuestras prácticas, la reinvención de nuestras estructuras y organizaciones, la paulatina construcción de una nueva cultura educativa.

            Cinco fábulas y una confabulación. Tomamos prestadas como pretexto cinco piezas magistrales del gran Augusto Monterroso para ir explorando los elementos de este proceso en el que se propone que la mejor manera de educar para la vida es, como dice Edgar Morin (1999): “Obedeciendo a la vida y guiando la vida”.  Planteamos al final la necesidad de una confabulación que es necesaria para irnos aproximando a esta reorientación del camino de la educación hacia la construcción de una vida mejor para todos, que sigue siendo esperanza vigente. Iniciemos el camino.

 EDUCAR: LAS COSAS NO SON TAN SIMPLES.  FÁBULA 1[13] 

Monólogo del bien[14] .

“Las cosas no son tan simples – pensaba aquella tarde el Bien – como creen algunos niños y la mayoría de los adultos.

Todos saben que en ciertas ocasiones yo me oculto detrás del Mal, como cuando te enfermas y no puedes tomar un avión y el avión se cae y no se salva ni Dios; y que a veces, por lo contrario, el Mal se esconde detrás de mí, como aquel día en que el hipócrita Abel se hizo matar por su hermano Caín para que este quedara mal con todo el mundo y no pudiera reponerse jamás.

Las cosas no son tan simples”

Augusto Monterroso.

            Las[15]  cosas no son tan simples como creemos a veces. Comencemos por plantear alguna reflexión inicial acerca del significado del acto de educar. Lo mismo que pasa respecto al bien, que a veces no está en lo que aparece a simple vista sino en la profundidad de los significados humanos, pasa respecto al acto de educar que parece a veces tan fácil de entender y definir.

            Comencemos por el significado mismo del término Educación. Según plantea Octavi Fullat (1992) en su libro: Filosofías de la Educación. Paideia, la palabra educación viene tiene su origen en el término latino Dux, Ducis que deriva en dos distintas ramas de palabras: educare y educere. Del término educare que significa nutrir, alimentar, instruir, enseñar, se deriva el concepto educatio (el acto de educar) que nos lleva a entender lo educativo como un proceso de crianza, nutrición, transmisión que sucede entre dos personas, donde el educando es un objeto pasivo que “es educado por” otro, el educador. En cambio de la palabra educere, que como bien sabemos quiere decir hacer salir, tirar de, estirar, sacar algo de dentro, se deriva el término eductio que significa “sacar algo de otra cosa” y que nos lleva a entender el hecho educativo como un proceso participativo y activo donde el educando “se educa” y no “es educado por” otro; el educando adquiere en este segundo término, un papel relevante en el que “saca de sí mismo” algo, desarrolla sus propias potencialidades y herramientas, se eleva como ser humano, se hace mejor, se prepara, es decir, se anticipa a la vida que le viene y va adquiriendo lo necesario para afrontarla de una manera cada vez mejor.

            De estos dos significados, queda claro en nuestra experiencia, no se derivan solamente términos o conceptos o definiciones teóricas sino modos concretos de vivir lo educativo cotidianamente en nuestras aulas y con nuestros educandos concretos. Queda claro que hoy, en pleno inicio del siglo XXI, a nivel conceptual la gran mayoría de los educadores, administradores de lo educativo, investigadores o funcionarios relacionados con el sistema educativo, optan claramente por la definición de educación que se deriva de Educere y Eductio, es decir, por comprender la educación como un proceso interactivo, participativo, donde el educando es sujeto y no objeto, donde el educando “se educa” y no “es educado por”…Sin embargo, cabe hacernos la pregunta en un espacio de reflexión seria, acerca de en qué medida se halla todavía impresa en nuestras conciencias de educadores o trabajadores de la educación, la visión de educación más conservadora que entiende que educar es algo más relacionado con Educare y educatio, es decir, con un proceso dirigido de manera autocrática y centralizada en la que el educando es simplemente el último eslabón de una cadena de prescripciones que se orientan a “educarle”, es decir, a que el alumno sea “educado por” los otros, los adultos y nutrido en la herencia social y cultural en la que ha nacido. Si echamos un vistazo a nuestras aulas cotidianamente y respondemos con toda honestidad: ¿Cuánto de nuestras prácticas refleja simplemente que educación es instrucción, crianza, reproducción de los esquemas sociales en los que nos movemos y que están definidos desde intereses económicos y políticos hegemónicos[16] ?

            Mirando este camino etimológico del término Educación desde una perspectiva más completa y compleja podríamos también preguntarnos: ¿Es que la educación es solamente sacar de dentro, elevar, conducir o tiene que tener necesariamente algunos elementos de instrucción, reproducción, “nutrición” o crianza? ¿Es el educando solamente quien se educa o hay en una auténtica educación para la vida también algunos elementos que implican, que necesitan, que el educando sea educado por…el educador o el adulto?

            Crowe (1985) afirma desde Lonergan que todo proceso educativo tiene necesariamente dos vectores: el vector de la herencia y el del descubrimiento. El vector de la herencia está mucho más relacionado con la Educación como educare, como instrucción y transmisión de la tradición cultural en la que el educando nace y va creciendo, el vector del descubrimiento tiene mucho mayor relación con la Educación como educere, como facilitación de un proceso activo de desarrollo de las potencialidades internas de cada educando[17] .

            Pasemos a una segunda manera de considerar el hecho educativo: desde la perspectiva de los modelos que intentan educar. Según el mismo texto de Fullat, existen distintos modelos educativos según el elemento que enfatizan del proceso por el cual se educa.

            El modelo educativo que llamamos genéricamente “tradicional”, es un modelo que enfatiza los contenidos del acto educativo, es decir, el qué de la educación. La tecnología educativa en cambio, opta por enfatizar los medios con los que se educa y se fija entonces en métodos, técnicas, instrumentos, herramientas educativas, es decir, los cómos de la educación. Ante el planteamiento crítico que genera el marxismo a la educación como reproductora del statu quo, nace en cambio la llamada “Pedagogía crítica” que enfatiza el contexto, el medio social en el cual se educa, es decir, el dónde del proceso educativo. La llamada “tercera fuerza en Psicología” derivada de los planteamientos de Rogers (1992) y su concreción en el “enfoque centrado en el estudiante”, destacan como elemento fundamental al sujeto que se educa y ponen en el centro de las preocupaciones educativas a la persona con sus necesidades y potencialidades vistas desde lo psicológico, enfatizan entonces el a quién se educa. Otras perspectivas educativas humanistas, sobre todo las de inspiración cristiana, optan por preguntar por las finalidades de la educación y establecer como énfasis el sentido de lo educativo, es decir, el para qué de la Educación.

            ¿Cuál es entonces el verdadero énfasis que debe predominar en una educación para la vida en el mundo actual[18] ?

            La respuesta es tan sencilla en lo discursivo que resulta extraordinariamente compleja en lo práxico: la vida actual no puede ser vista ya desde una perspectiva de disyunciones (O´s) sino de conjunciones (Y´s), es decir, si queremos responder con una educación para la vida que esté, como afirmaba Ortega y Gasset: “ a la altura de nuestros tiempos”, tenemos que pasar de una racionalidad dialéctica excluyente propia de la modernidad, a una racionalidad hermenéutica y de complejidad que es necesariamente incluyente y multirelacional. El modelo o los modelos educativos actuales si persiguen educar para la vida deben ser “multienfáticos”, es decir, deben preocuparse al mismo tiempo por los contenidos, los medios, el contexto, los sujetos y  las finalidades del proceso educativo. De la conjunción armónica y multirrelacional que podamos hacer de estos elementos constitutivos e igualmente importantes del hecho educativo se derivará en buena medida un modelo o varios modelos coherentes y pertinentes para responder a una educación para la vida en el mundo de hoy.

            Las cosas no son tan simples, decía el Bien en su monólogo y coincidíamos nosotros en la reflexión sobre lo educativo. Vayamos como una tercera aproximación a la complejidad del proceso educativo, al sustento antropológico de la educación. ¿Qué noción, qué idea de ser humano sustenta nuestras teorías de lo educativo y sobre todo, nuestras prácticas educativas concretas[19] ?

            El mismo Fullat (2003) en otro libro titulado: Homo educandus: Antropología filosófica de la Educación, sostiene que existen básicamente dos tipos de modelo pedagógico que están sustentados en dos distintos modos de comprender lo que es el ser humano que se educa. El primer modelo general al que él llama “monista-materialista” se sustenta en una visión del ser humano entendido como Physis, es decir, como ser bio-psicológico y como Polis, es decir, como ser socio-político. Partiendo de esta comprensión del ser humano, el proceso educativo consiste en acompañar y apoyar el camino de cada educando en su desarrollo biológico y psicológico: cerebralización-racionalización y en su camino de inmersión en la sociedad en la que le tocó vivir: civilización-socialización[110] .

            El segundo modelo, al que Fullat llama: “Dualista” pero que podríamos llamar holístico o complejo, considera que el ser humano efectivamente es Physis y es Polis, es decir, es un sujeto bio-psicológico y socio-político que tiene que ser acompañado y aún instruido en su proceso de cerebralización-racionalización y de socialización-civilización, pero considera además que el ser humano no puede ser visto solamente en estas dos dimensiones porque está constituido de un tercer elemento estructural que es clave para comprender los fenómenos humanos y al que el autor llama “Ruah” o liberación del espíritu humano, es decir, la dimensión espiritual-creativa-mistérica que lo hace impredecible en cuanto a su desarrollo y elección individual y en cuanto a su desarrollo y desenvolvimiento colectivo. Entendiendo lo educativo desde esta perspectiva, se llega a la comprensión de que la educación tiene que aportar elementos para el desarrollo bio-psíquico del estudiante y para su incorporación al modelo civilizatorio y a la sociedad en l que ha nacido. Sin embargo, se entiende también que el ser humano posee una dimensión espiritual-creativa que lo hace impredecible en su orientación vital y que tiene que ser también acompañada, conducida, nutrida y “sacada de dentro[111] ”.

            Esta distinción de dos sustentos antropológicos distintos que derivan en dos modelos pedagógicos también distintos tiene mucha convergencia con la idea del filósofo existencialista cristiano Gabriel Marcel que afirma que el ser humano no puede ser entendido solamente como problema (modelo 1) sino que tiene que verse sobre todo como misterio (modelo 2). De ella se desprende que el hecho educativo no pueda ser comprendido solamente desde las llamadas “ciencias de la educación” hoy tan en boga (Economía de la Educación, Psicología de la Educación, Sociología de la Educación, etc.) sino que tiene que ser estudiado y reflexionado también desde su ángulo metaempírico, por la Filosofía de la Educación[112] .

            Es casi evidente que en un planteamiento como el que estamos construyendo, es necesario comprender lo educativo desde su sustento antropológico ubicándonos en el modelo número dos que considera al ser humano como un ser complejo y misterioso: eco-bio-psico-socio-espiritual.

             Tres elementos que educan[113] .

             En mi experiencia como docente y formador de docentes y en mi propia investigación y reflexión sobre el proceso educativo he llegado a la conclusión muy clara de que hay tres elementos centrales para lograr educación. Educar tiene que ver de manera fundamental con la generación de ambientes humanos propicios, presencias humanas significativas y encuentros humanos transformadores[114] .

            No hay posibilidades de educar si no se genera un ambiente en el que educadores y educandos estén motivados al compromiso que implica el caminar juntos hacia el aprendizaje y abiertos a la confianza mutua para lograrlo de manera conjunta[115] .

            El ambiente educativo está siempre cruzado por la tensión entre la apertura y el equilibrio emocional de los sujetos, su actitud de servicio y reconocimiento del otro y su compromiso hacia un proyecto común, frente a bloqueos afectivos, miedos a la apertura y el compromiso, intereses personales o de grupo, adaptación acrítica al horizonte vigente competitivo, consumista, pragmático e inmediatista, etc. El modo en que se resuelve educativamente esta tensión es lo que va a marcar el clima final de relaciones en las que suceda o no, el proceso educativo[116] .

      No puede haber educación, si al mismo tiempo que hay este ambiente

propicio no se generan encuentros significativos entre educadores y

educandos, entre grandes saberes o tradiciones o enfoques y educando

deseosos de saber, entre educandos y educandos en búsqueda común de

crecimiento intelectual, psicológico, social, emocional, espiritual, etc. La

educación es en gran medida encuentro con las grandes teorías,

investigaciones, desarrollos científicos, tecnológicos, humanos, de las épocas

que nos precedieron[117] .

      La facilitación de estos encuentros se da siempre en otra tensión: la tensión

que se establece entre la motivación con la que acceden los estudiantes al

aula, sus preguntas relevantes, los sentimientos positivos hacia su propio

aprendizaje, y el efecto transformador que pueda tener este aprendizaje en sus

vidas frente a la rutina y el desinterés que se genera en ellos por los años de

aprendizajes no significativos en la escuela, los conceptos repetitivos, el culto

al autor o los sentimientos negativos que se generan por la sacralización de

teorías o autores determinados que se presentan ante ellos como


      Finalmente, no habrá educación si no existen en el proceso educativo

presencias significativas que marquen el desarrollo de los educandos como personas, personas que eduquen con su propio testimonio, que sean testigos de la humanidad y que puedan enseñar con su vida a los alumnos, en qué consiste ser humano en una realidad concreta[119] .

            La existencia o no de estas presencias educadoras está marcada por la tensión entre la búsqueda de autenticidad humana del profesor marcada por su empatía con los educandos, su liderazgo intelectual, su búsqueda continua de consistencia moral y su cuestionamiento crítico, frente a las contradicciones, inconsistencias morales, elementos de presencia “bancaria” frente a los alumnos y de dogmatismo y autoritarismo inauténticos. De la manera en que se resuelva esta tensión, dependerá que los estudiantes descubran presencias significativas educadoras en su paso por la escuela o la universidad.

            Estos son algunos elementos para considerar el término Educar, en los tiempos que corren[120] .

 PARA LA VIDA: FÁBULA 2

Monólogo del mal[121] .

“Un día el Mal se encontró frente a frente con el Bien y estuvo a punto de tragárselo para acabar de una buena vez con aquella disputa ridícula; pero al verlo tan chico el Mal pensó:

“Esto no puede ser más que una emboscada; pues si yo ahora me trago al Bien, que se ve tan débil, la gente va a pensar que hice mal, y yo me encogeré tanto de vergüenza que el Bien no desperdiciará la oportunidad y me tragará a mí, con la diferencia de que entonces la gente pensará que él sí hizo bien, pues es difícil sacarla de sus moldes mentales consistentes en que lo que hace el Mal está mal y lo que hace el Bien está bien.”

Y así el bien se salvó una vez más.”

                                               Augusto Monterroso[122] 

            Un día, cierto día, cada día, el Mal se encuentra frente a frente con el Bien y está a punto de tragárselo pero no lo hace por estas o por otras razones. Un día, cierto día, todos los días, el  Bien también se encuentra con el Mal frente a frente y parece que puede vencerlo, pero no lo hace, por misteriosas razones. La historia de cada ser humano, la historia de la humanidad es una historia mediada por la continua e inevitable dialéctica entre bien y mal.

            La vida y su desarrollo individual y social son en efecto una compleja mezcla de progreso y decadencia, es decir, de Bien y Mal que se encuentran frente a frente y que en su confrontación permanente van generando que la humanidad avance en su tarea de humanización y también retroceda en su intento de humanizarse.

            Si miramos a las definiciones conceptuales que se hacen acerca de la vida actual, podemos darnos cuenta de este encuentro dialéctico entre lo que algunos llaman una época de crisis civilizatoria o de decadencia social y lo que otros denominan un cambio de época o un nuevo renacimiento. Crisis de futuro en la que impera la destrucción de la naturaleza hasta atentar contra los mínimos de supervivencia de la especie humana entre otras muchas especies que se extinguen cada día, la desigualdad creciente en la distribución del ingreso que genera la productividad social que abre abismos cada vez mayores entre ricos y pobres hasta llegar a extremos terribles de exclusión para millones de personas en el planeta, la crisis de la política como modo racional de resolver la organización social y los conflictos de intereses entre grupos o naciones, la crisis cultural en la que impera un desconcierto en el arte, una indiferencia creciente en lo religioso y lo que algunos llaman “pérdida de valores” humanos.

            Cambio de época o nuevo renacimiento en el que podemos también constatar, desde otra óptica, el surgimiento de nuevos valores y nuevos campos de conciencia humana y social, una solidaridad internacional creciente como la conciencia de vivir todos en el mismo planeta y de la necesidad de respetarlo, una mayor equidad de género, la generalización de reclamos de participación social de todos los sectores, la exigencia de tolerancia y respeto entre los diferentes, la búsqueda de alternativas económicas a la globalización de mercado centrada en los grandes capitales internacionales, las nuevas búsquedas religiosas, etc[123] .

            Veámoslo desde el ángulo que sea, es evidente que como afirma Valéry: “el futuro ya no es como era antes” en el que parecía que todo era mucho más previsible y existían algunas certezas. El futuro es distinto al de antes porque antes el futuro no estaba tan marcado por la incertidumbre y la falta de seguridades del tipo: “si actúas de este modo, obtendrás esto”. Esta incertidumbre afecta sin duda el ánimo y la actitud de nuestros educandos. Es mucho más sencillo que exista motivación del educando hacia su propia educación cuando hay un escenario donde existen evidencias de que “si le echas ganas o si te superas y estudias, vas a progresar económicamente y vas a vivir más seguro” que en un escenario como el actual donde parece ser que “echarle ganas”, “ser buen estudiante”, “sacar un buen promedio” no garantiza realmente la obtención de un empleo o el progreso económico mientras que vemos todos los días personas que no solamente no se educaron sino que optaron por caminos “fáciles” y aún ilícitos y a los cuales les va de maravilla y tienen un alto reconocimiento social. Efectivamente: “El futuro…ya no es como era antes” y para este nuevo y distinto futuro tenemos que educar a nuestros niños, adolescentes, jóvenes y aún adultos que hoy tienen que estar estudiando permanentemente para no quedar al margen de este futuro incierto[124] .

            ¿Decadencia o renacimiento? Decadencia y renacimiento diríamos desde una perspectiva de conjunciones y comprensiones más que de disyunciones y juicios dialécticos. Estamos en un proceso de cambio en el que existen múltiples elementos que pueden y están generando progreso desde el punto de vista humano y educativo, y existen otros múltiples factores que están construyendo decadencia en nuestra civilización. Para este momento de tensión y cambio, de transición histórica es que hay que educar a nuestros estudiantes. De manera que cuando decimos: “educar para la vida”, estamos sin duda diciendo, educar para el cambio, educar para la incertidumbre, educar para el exceso de información, educar para la globalización, educar para las tecnologías informáticas, educar para un mundo multicultural que necesita interculturalidad, educar para un mundo complejo que requiere pensamiento complejo[125] .

            Observando este proceso vital desde la racionalidad que dirige al mundo, podemos observar que estamos ante un mundo gobernado por la geoeconomía dominante que enfrenta la resistencia conservadora de la geopolítica superviviente y la energía de búsqueda creativa y crítica de la geocultura emergente.

            Un mundo dominado efectivamente por el mercado y quizá específicamente por el mercado de valores. Un mundo en el que lo económico, la utilidad práctica y financiera, parecen ser el único criterio para valorar y tomar decisiones por gobiernos que no tienen alternativa ni gran margen de maniobra para actuar de manera distinta y para controlar los efectos de las dinámicas del mercado mundial. Es poco lo que un gobierno nacional puede hacer para contrarrestar el efecto de una caída en la bolsa de valores de Nueva York o de Corea o frente al alza espectacular de los precios del petróleo en el mundo.

            Un mundo en el que aún hay fuerzas que se rigen por la lógica del discurso político, del consenso y la movilización social, de la fuerza del convencimiento y el convencimiento de la o por la fuerza. Cuestionamiento de un escenario geopolítico que aún tiene vida en nuestras sociedades, sobre todo en los países subdesarrollados.

            Pero también vivimos en un mundo en el que empieza a surgir una nueva racionalidad, una lógica basada más bien en los significados profundos de cada cultura humana y de la humanidad como colectivo simbólico. Una lógica que se sustenta en lo profundo de los valores y significados humanos y a partir de allí teje redes, construye acercamientos, diálogo, consenso, propuesta y alternativa. Una nueva fuerza que aún no cobra carta de ciudadanía y aún no tiene una fuerza hegemónica pero que parece alimentar la esperanza de que el futuro podrá ser mejor a pesar de no ser “como era antes[126] ”.

            ¿Qué implicaciones tienen estas tendencias macro en el nivel micro de la vida concreta que tenemos todos que vivir? ¿Cómo se reflejan estas tendencias en elementos para la comprensión y construcción de una educación para la vida actual?

            El esquema de la vida actual parece estar enmarcado por la levedad, la incertidumbre, la multiculturalidad, la historicidad y la naturaleza. De estos elementos constitutivos y las tensiones que se generan en ellos, podríamos definir grandes tríadas o, diría Morin, Bucles, que nos pueden aproximar a una comprensión de los rasgos dinámicos de la vida para la que hay que educar.

            Levedad-debilitamiento-acercamiento.-Vivimos en la era de la levedad, de la vida sin peso, sin calorías, descafeinada, baja en grasas y en emociones. Este fenómeno produce –y es producido por- un debilitamiento de las identidades de género, políticas, religiosas y de todo tipo que puede derivar en un diluirse  de todos los compromisos o posturas vitales, pero que paradójicamente, también ayuda para el acercamiento hacia el diálogo más horizontal entre distintas realidades e identidades. Aprovechar este debilitamiento y gozar razonablemente de esta levedad orientándonos hacia el diálogo y la comprensión mutua parece ser la salida.

            Incertidumbre-creatividad-miedo.- La primera tríada la constituyen los elementos incertidumbre, creatividad y miedo. El horizonte actual y esta constatación de que el futuro ya no es como era antes, nos llevan inevitablemente a la tensión que se da entre el miedo paralizante que nos deja en el camino sin poder responder a la incertidumbre y aferrados a ciertas verdades o valores dogmáticamente establecidos que aunque no sean pertinentes seguimos enarbolando para aferrarnos a algo y la creatividad que surge de aprovechar la oportunidad de estar en una etapa de indefiniciones y confusiones donde prácticamente todo está por construirse o reconstruirse.

            Una salida que tienda más hacia la creatividad que hacia el miedo, puede resolver la incertidumbre de una manera muy positiva para el camino de humanización que la educación estructuralmente está llamada a promover.

            Multiculturalidad-identidad-homogeneidad.- La segunda tríada está constituida por la multiculturalidad que genera búsqueda de identidad y presión hacia la homogeneidad. La constatación de estar en un mundo en el que existen múltiples culturas, es decir, múltiples procesos de significación y valoración que se concretan en múltiples modos de vida distintos, está llevando al mundo a una tensión entre la tendencia de muchos grupos humanos a aferrarse y cerrarse en su propia identidad que ante la amenaza se defiende y la presión global hacia la uniformidad que determine que todos, no importando el lugar del mundo en que vivamos o el idioma que hablemos, nos vistamos de la misma forma, comamos lo mismo (Mc. Donald´s parece ser la propuesta), escuchemos la misma música y veamos la vida más o menos del mismo modo que los que nos imponen esta homogeneidad.

            La tensión no se resuelve con la cerrazón en identidades inamovibles porque toda identidad cultural que no evoluciona en contacto con otras tiene a morir, ni tampoco en la homogeneidad acrítica que mataría toda forma humana de vida porque la forma humana de vida es la pluralidad. La respuesta parece estar en una búsqueda difícil de equilibrio que nos lleve por caminos de interculturalidad y respeto más que de homogeneidad impuesta o identidad cerrada.



            Historicidad-dinamismo-activismo.- Nunca como ahora había existido la clara conciencia de la dimensión histórica de los seres humanos y de la humanidad. EL ser humano y la vida humana son históricos, cambiantes y no hay nada que permanezca igual. Incluso una persona va cambiando radicalmente conforme pasa el tiempo y aunque sigue siendo la misma persona, es en realidad, la misma persona transformada por su historia.

            La conciencia de nuestra historicidad lleva a la tensión que se establece entre al dinamismo propio del quehacer y del ser humanos, frente a un activismo que nos hace a veces decir como Cardoza y Aragón en un poema: “Para llegar a tiempo a ningún lado, aprieto el paso”. Ya Kundera habla en su novela “La lentitud” de este activismo humano de hoy que nos lleva a vivir en el vértigo de la velocidad una vida que tiene miedo de ser reflexionada. La lentitud nos enfrenta a nosotros mismos y nos hace reflexionar y esto nos da miedo en los tiempos actuales.

            La educación para la vida debe aprovechar esta conciencia del dinamismo y educar de manera dinámica pero evitar que el estudiante se forme en y para el activismo enajenante de nuestro tiempo.

            Naturaleza-sustentabilidad-rentabilidad.- La conciencia de relación con la naturaleza y de la no renovabilidad de muchos elementos naturales nos enfrentan, nunca como hoy al dilema de la propia supervivencia como especie.

Esta dilema nos lleva a la tensión que se vive entre la búsqueda de un desarrollo sustentable auténtico y la presión hacia una rentabilidad financiera que no toma en cuenta muchos elementos ambientales (de la naturaleza y de la cultura) para operar. Sustentabilidad rentable en vez de rentabilidad no sustentable parece ser el dilema actual para resolver esta tensión que pone en juego de manera muy relevante nuestras vidas y nuestra vida en el planeta.

            Estas son las tríadas básicas que parecen estar enmarcando la educación para la vida hoy: ¿Cómo educa para la vida hoy? Entre otras cosas, educar para ir resolviendo estas tensiones generadas por las características de nuestra época[127] .

            Nos tocaron sin duda como afirmaba Borges: “Tiempos difíciles en que vivir”, como todos los seres humanos tenemos que asumir las dificultades específicas de nuestros tiempos específicos y esto se puede hacer mejor si nos educamos para ello. Educarnos para enfrentar estas dificultades específicas de hoy, es educarnos a partir del cambio de nuestros moldes[128] .

            Educar para la vida con una visión a la altura de los tiempos pasa necesariamente por la ruptura de los moldes con que hemos visto en la educación hasta ahora al ser humano, al conocimiento, a la ética y a la dimensión espiritual[129] .

            Nuestra concepción de ser humano en la vida actual, debe pasar de ser una visión dualista (cuerpo-alma, materia-espíritu, inteligencia-voluntad) a una visión integrada y unitaria, de una visión esencialista de verdades y valores que no cambian a una visión existencialista y  holística de búsqueda permanente de lo verdadero y lo valioso en cada circunstancia concreta. El ser humano es una unidad compleja eco-bio-psico-social-espiritual y esto implica por una parte, la educación de todas sus dimensiones y el reconocimiento de su dignidad y por otra, el cambio de paradigma que le de su lugar tanto a las llamadas ciencias de la educación como a la filosofía de la educación en su papel imprtante de investigación sobre la RUAH, la liberación aventurada del espíritu humano[130] .

            El cambio necesario pasa también por el cambio en nuestra manera de concebir el conocimiento. Es necesario pasar de la concepción tradicional que considera el conocimiento como un proceso análogo al de la visión y que se sustenta en la afirmación de que verdadero es aquello en que la visión de nuestra mente se ajusta al objeto visto externamente. Esta visión nos da un concepto de conocimiento simple y rígido, guiado por un solo método científico, por el supuesto de que hay una sola perspectiva para conocer, a una visión dinámica y compleja donde el se asume radicalmente que el conocer no es como el ver, que no se trata de un proceso de sujeto—objeto totalmente separados sino de sujetos que conviven con cosas y que necesitan experimentarlas, comprenderlas y reflexionarlas para llegar a hacer afirmaciones sobre ellas. El conocimiento tiene múltiples perspectivas y por tanto puede haber métodos múltiples para construirlo, es cambiante pero puede irse afirmando en el camino, es principalmente interdisciplinar y se da en el marco de la transformación de la realidad, es decir, la realidad no permanece igual después de ser conocida realmente por nosotros[131] .

            En el aspecto ético, el cambio de moldes va también en la línea de flexibilizar nuestros marcos valorales, de comprender que no existe tal cosa como valores absolutos, inmutables y eternos sino valores que proceso de construcción y descubrimiento. El criterio de juicio en lo valoral no puede ser la rectitud sino la compasión por nuestro ser imperfectos e indigentes, necesitados de los demás. El criterio fundamental para la ética es un criterio de carácter heurístico y es necesario sobre todo en la educación dar el paso de la ética de la ley a la ética de la autorrealización donde la auténtica escala de valores es “la totalidad de juicios de valor y decisiones de un sujeto en proceso de autotrascendencia moral[132] ”.

            En el ámbito espiritual es necesario también romper los moldes que estructuran nuestra concepción de lo espiritual y reconstruir la propia visión desde una perspectiva más dinámica y de autenticidad.

            Nuestra tradición cultural católica que se ha ido deformando con el tiempo, hace juzgar todo lo espiritual desde ese marco en el que lo espiritual es religioso y lo religioso consiste en un triángulo entre: Credo –una serie de verdades a creer a ciegas- un código –un libro sagrado donde tengo que encontrar todas las respuestas y un culto, una serie de prácticas rituales muchas veces sin significado profundo que se realizan más que nada por costumbre sino es que por miedo. Pasar de esta visión rígida, externa y normativa a una visión donde lo espiritual está constituido por un encuentro profundo y experiencial con lo traescendente que nos lleva a una comprensión y expresión teológica y a una vivencia comunitaria que se expresa en signos y símbolos, no es una tarea fácil. La educación tiene un papel que jugar también aquí, sobre todo en las escuelas que se inspiran en alguna religión, pero también en la educación de una sana “espiritualidad laica” de todos los educandos.  Cambiar nuestros moldes es el reto, para educar para la vida en la vida actual[133] .   

OBEDECIENDO A LA VIDA: FÁBULA 3.

La Rana que quería ser una Rana auténtica[134] .

“Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica,

todos los días se esforzaba en ello.

Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad.

Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

            Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

                                               Augusto Monterroso[135] .

            Ser nosotros mismos en un mundo cada vez más homogéneo y robotizante. Ser autenticos y no ser como la rana, que después de cultivar su autenticidad por mucho tiempo, acaba oyendo que parece pollo. Ser humanos humanizados, humanos que avanzan en su propia tarea de humanizarse, esta es una exigencia actual, sentida por cada vez más personas.

            Todos queremos ser nosotros mismos y todos quisiéramos que la humanidad sea también “·ella misma”, de hecho este es el reto fundamental de la historia humana. Pero ¿Cómo ser más auténticos? La autenticidad humana tiene que ver fundamentalmente con dos factores que se mencionaban al principio: obedecer la vida y guiar la vida.

            Antiguamente, en la visión clásica del ser humano y del papel de la humanidad en el planeta, se hablaba de una “ley natural” a la que había que obedecer para vivir bien. Desgraciadamente esta ley natural se entendía como un conjunto de reglas o leyes ya impresas de antemano en la naturaleza humana que debíamos todos seguir y a partir de ahí se desprendía que obedecer a la vida era seguir al pie de la letra las normas que se atribuían a la ley natural construida en la historia.

            Actualmente y después de descibir los rasgos de la vida actual, podríamos decir que el asunto no es de contenidos sino de estructura, es decir, no se trata de una “ley natural” en el sentido de un código acabado de leyes y normas a seguir sino de un “deseo inteligente o conciente” de ser humanos que es dinámico pero que posee una estructura común y unas exigencias comunes que nos hacen iguales a todos los humanos.

            Sintéticamente llamaremos a esto: “explorar los dictados del corazón humano[136] ”.

  El corazón de los alumnos: Para educar obedeciendo a la vida

             El educando dirige su corazón hacia cierta dirección, es decir, tiende concientemente a distintos campos u objetos de la realidad. Sin embargo este tender a o este dirigir el corazón en cierta dirección no es algo simple sino por el contrario, un tender-a muy complejo.

            ¿Cómo aprende un alumno? La respuesta sin duda no puede ser simple. Un alumno aprende de distintos modos en la medida en que involucra el ejercicio de distintos niveles o modalidades de operaciones concientes e intencionales que no son simplemente habilidades de pensamiento o de razonamiento sino que involucran a toda la persona en su ser biológico, afectivo, intelectual, racional, moral, etc.

            El deseo de conocer y de vivir es la fuente de todo aprendizaje y este deseo se despliega mediante una compleja estructura que es:

            -Dinámica porque está en continuo ejercicio, evolución, diferenciación e integración.

            -Heurística porque aunque no tiene las respuestas que busca este deseo, contiene en sí misma la clave para buscar estas respuestas.

            -Unitaria porque aunque se pueden distinguir algunos grupos o niveles de operaciones cualitativamente distintos, todos estos grupos o niveles están integrados en un solo flujo indivisible de la consciencia.

            -Polimórfica porque se despliega en diferentes patrones o configuraciones dependiendo de las preocupaciones dominantes de los sujetos sean estas de carácter biológico, lúdico, estético, intelectual, dramático, espiritual, etc[137] .

            ¿Cómo aprende un alumno? Un alumno aprende poniendo en ejercicio esta compleja estructura dinámica en todos sus niveles o modalidades de operaciones, mientras más operaciones y niveles ponga en juego, el aprendizaje es más completo y significativo[138] .

            En primer lugar, un alumno aprende de manera sensible; es decir, aprende a partir de la experiencia sensible o empírica. El alumno aprende al ver colores, formas o texturas, al escuchar sonidos, al oler diferentes aromas, al saborear distintas cosas o al tocar superficies o volúmenes de distinta textura y material. Un alumno aprende también de su experiencia empírica interior: al traer a la mente datos almacenados en la memoria, al sentir diferentes emociones o al experimentar sensaciones físicas. El alumno aprende de manera sentiente y lo que aprende son datos o información que tiene cierto grado de inteligencia y significado para él[139] .

            En segundo lugar, un alumno aprende de manera inteligente; es decir, aprende cuando hace preguntas a lo que experimenta, cuando intenta relacionar la información que adquiere con la que previamente tenía, cuando trata de encontrar una lógica o una composición en los datos que se le presentan. Un alumno aprende al generar imágenes a partir de esas preguntas, aprende, sobre todo, al vivir la experiencia de un acto de intelección, de ese instante en el que todo se conjunta y hace sentido, de ese acto que no elabora o actúa sino que “le pasa” o “le llega” de manera inesperada y un tanto misteriosa, liberándolo de la tensión de la búsqueda.

            Un alumno aprende cuando a partir de ese acto de intelección empieza a elaborar hasta concebir una idea, hasta generar –que no simplemente memorizar- un concepto que puede después formular. Un alumno aprende cuando formula esa idea o concepto que construyó a partir de esa experiencia y esa intelección, pues en la misma formulación hay elementos nuevos que llevan a un mejor aprendizaje de lo entendido.

            Es en este entender inteligentemente y formular de manera original y personal, dando formas novedosas a lo entendido, que se encuentra inmerso lo que muchos autores de habilidades de pensamiento llamarían pensar creativamente.  Pero también es en este proceso de la inteligencia, cuando se hace lógicamente, cuidando que una idea se siga de las anteriores y que cada conclusión surja de premisas correctamente relacionadas, que se halla lo que muchos autores llaman pensamiento crítico[140] .

            Pero la verdadera criticidad no se da en el pensar inteligente y lógico. La verdadera criticidad es otro modo de aprender que tiene un alumno, otro conjunto de operaciones cualitativamente distintas a las anteriores y que tiene su origen en otro tipo de preguntas, distintas a las que dieron origen al acto de entender de la inteligencia. La criticidad surge de las preguntas para la reflexión, es decir, de las preguntas que no buscan la comprensión de algo sino su verificación o relación con la realidad. ¿De verdad es así? ¿Entendí correctamente? ¿Es esto cierto o solamente aparentemente cierto? Estas preguntas de nivel distinto, asumen las experiencias y los datos, retoman lo comprendido y formulado y lo llevan al nivel de aproximación a la realidad a través de la recopilación de pruebas, la ponderación de evidencias y el juicio. El juicio de hecho que se origina cuando ya no hay más preguntas relevantes que hacer y que tiene como momento clave otro tipo de acto de intelección o insight: el acto de entender reflexivo o reflejo.

            El alumno aprende cuando hace preguntas para la reflexión, cuando busca pruebas, pondera evidencias y llega a la afirmación de juicios. Este es un tercer modo de aprender, un tercer modo de ser conciente y un tercer modo de tender a la realidad que se va a aprender, un tercer modo de dirigir el corazón[141] .

            La realidad no solamente interpela al alumno sensiblemente o inteligentemente o reflexivamente, la realidad interpela al sujeto también y quizá sobre todo, de manera existencial. De manera que un alumno aprende también y fundamentalmente, de manera existencial. ¿Qué tiene que ver esto conmigo? ¿Cómo actuar ante esto? ¿Qué decisión tomar conociendo esta realidad? ¿Esto que conozco es bueno, me conviene? ¿Conviene a todos o solamente a mí? ¿Me afecta o afecta a los demás? ¿Qué consecuencias tiene? Todas estas son preguntas cualitativamente distintas a las anteriormente mencionadas. Son preguntas que ya no buscan la inteligibilidad de las cosas ni su realidad sino la relación que tienen con el que las aprende o aprehende. A partir de estas preguntas se delibera, se valora –es decir, se trata de aprehender el valor de esta realidad o de este objeto y cuando se consigue, se experimenta un acto de intelección o insight deliberativo o práctico- y se toman decisiones que pueden orientar la acción. Este es el nivel o la forma de aprender que tiene que ver con lo que los autores llaman la formación en valores o actitudes y que la mayoría también analiza solamente a nivel intelectual o racional, cuando en realidad es una dimensión dominada profundamente por lo afectivo.[2]

            El alumno aprende cuando hace este tipo de preguntas, aprende cuando delibera, cuando valora y cuando decide, aprende cuando actúa correcta o equivocadamente, aprende de su deseo de vivir, de su necesidad de elegir para vivir y para irse construyendo una vida que pueda llamarse propia.

            Un alumno aprende existencialmente, aprende en el decidir y en sus consecuencias. Este es un cuarto modo de aprender, un cuarto modo de dirigir el corazón para responder a la realidad que interpela. Este es quizá el modo de aprender significativamente, porque así como un alumno no aprenderá si lo que se le presenta para ser aprendido no está en sintonía con la dirección de su corazón, es decir, si no está dentro de su horizonte, un alumno tampoco aprenderá cabalmente si lo aprendido no tiene alguna relación consigo mismo, con su propia búsqueda existencial, con algún tipo de aplicación para la vida concreta[142] .

            A partir del decidir que sigue al valorar, el alumno llega a conclusiones operativas, asume una postura existencial frente a las realidades que va viviendo y construye un tono vital-afectivo acorde con esta posición[143] .

            Desde esta postura existencial, el alumno tiene que construir los argumentos necesarios para fundamentar su decidir, para defenderlo frente a los demás, para justificarlo desde juicios de realidad y no solamente desde meras opiniones o sentires[144] .

            Partiendo de estos argumentos, el alumno puede entonces proyectar, elaborar objetivos, estrategias, actividades o acciones que se vayan orientando a incidir sobre el mundo, a transformarlo desde lo que se ha aprendido de la realidad y valorado como mejor, como que vale más la pena para el sujeto individual y para la comunidad[145] .

            Finalmente, como parte final de este proceso complejo, llega el paso del actuar: Escribir, redactar, hablar, hacer, para aterrizar a la realidad lo que se ha experimentado, comprendido, reflexionado críticamente, deliberado y decidido, asumido, argumentado y proyectado[146] .

            De este modo, podemos ver que si se educa obedeciendo la vida, el educando irá descubriendo, ejercitando y progresivamente apropiando de la estructura de su propio deseo inteligente, de su propia consciencia intencional. Obedecer la vida es desplegar lo más adecuada, articulada y efectivamente las cuatro dimensiones antes descritas en los dos vectores ya explicitados, de manera que el sujeto que se educa obedeciendo la vida, se educa para irse construyendo a partir del impacto de las realidades en que va viviendo, es decir, para aprender en la experiencia, en la comprensión, en la reflexión y en la deliberación acerca de estas realidades, para ir después también actuando sobre estas realidades para hacerse cargo de su transformación progresiva. En síntesis, educar para la vida obedeciendo la vida implica el conocimiento y el ejercicio auténtico de esta estructura compleja que somos para irse construyendo a partir de ellas y construyendo y reconstruyendo el mundo en el que se vive a partir de su ejercicio[147] .

            Pero para poder aprender realmente de estas cuatro maneras, un alumno tiene que actuar o ejercitar las operaciones propias de estas cuatro dimensiones o niveles de la consciencia cumpliendo con las exigencias intrínsecas en las mismas operaciones que los conforman, es decir, tiene que obedecer las exigencias de autenticidad de su propia estructura, buscar permanentemente la autenticidad humana. Para que un alumno aprenda de manera sensitiva tiene que poner atención a sus experiencias sensibles, para que aprenda de manera inteligente tiene que poner inteligencia en su preguntar, en su imaginar, en su comprender, concebir y formular; para que un alumno aprenda de manera reflexiva o crítica tiene que ser razonable en sus juicios y para que aprenda de manera existencial tiene que ser responsable de sus juicios de valor, de sus decisiones y acciones.

            Este mismo proceso de ejercicio conforme a las exigencias de la propia consciencia en sus distintos niveles de operaciones es ya un proceso de aprendizaje, de crecimiento en autenticidad humana, crecimiento que no termina nunca y que lo irá llevando a ser cada vez “más rana” y menos “parecido al pollo[148] ”.

 GUIANDO LA VIDA: FÁBULA 4

Las dos colas o el filósofo ecléctico[149] 

“Cuenta la leyenda que en el populoso mercado de una antigua

ciudad se paseaba todas las mañanas un filósofo ecléctico, célebre observador de la naturaleza, a quien muchos se acercaban para exponerle los más peregrinos conflictos y dudas.

Cierta vez que un perro daba vueltas sobre sí mismo mordiéndose la cola ante la risa de los niños que lo rodeaban, varios preocupados mercaderes preguntaron al filósofo a qué podía obedecer todo aquel movimiento , y que si no sería algún funesto presagio.

            El filósofo les explicó que al morderse la cola el perro trataba tan solo de quitarse las pulgas.

Con esto, la curiosidad general quedó satisfecha y la gente se retiró tranquila.

En otra ocasión, un domador de serpientes exhibía varias en un canasto, entre las cuales una se mordía la cola, lo que provocaba la seriedad de los niños y las risas de los adultos.

            Cuando los niños preguntaron al filósofo a qué podía deberse aquello, él les respondió que la serpiente que se muerde la cola representa el infinito y el eterno retorno de personas, hechos y cosas, y que esto quieren decir las serpientes cuando se muerden la cola.

También en esa oportunidad, la gente se retiró satisfecha e igualmente tranquila.”

                                   Augusto Monterroso[150] 

            Educar para la vida no solamente implica obedecer a la vida en términos de explorar, ejercitar y apropiar progresivamente la estructura dinámica del corazón humano o del deseo “inteligente” que es el ser humano en permanente búsqueda de autenticidad, sino que tiene que ir hacia la orientación de la vida en algún sentido que vayamos descubriendo y construyendo entre todos.

            Obedecer a la vida es ser atentos a los datos, procesarlos inteligentemente, reflexionarlos críticamente hasta buscar la realidad de las cosas que pueda ser afirmada y deliberarlos responsablemente para poder relacionarlos con la propia existencia y con la existencia del colectivo humanidad y otorgarles un sentido, actuar sobre la realidad para darle cada vez más una forma humana, es decir, promover las condiciones para que emerjan probabilidades de humanización para todos.

            El dilema central en este educar para la vida para que a partir de obedecer a la vida podamos guiar la vida es la pregunta por la posibilidad real de esta incidencia en la vida. ¿Podemos los seres humanos incidir en la orientación de la vida, guiar la vida o todo es un eterno retorno sobre un destino circular que ya está previamente escrito?

            La respuesta a esta pregunta es más que un juicio de hecho sustentado en evidencias sólidas e irrefutables, una apuesta razonable y responsable por las posibilidades de humanización de la humanidad que creemos que son reales y actualizables. No es un juicio de hecho sustentado en elementos irrefutables porque no hay datos duros de esta incidencia y existen de pronto analizando la historia, elementos para pensar en este eterno retorno. Sin embargo, se puede hacer esta apuesta razonable y responsable porque tenemos también evidencias históricas para pensar que el ser humano individual y colectivamente considerado puede efectivamente incidir de manera progresiva y siempre en términos de probabilidad, en la orientación de la vida. Esta apuesta es más necesaria viniendo de educadores porque como dice Savater (1997): “para ser educador, se requiere ser optimista” o como decía Gorostiaga: “La educación es la profesión de la esperanza”.

            Esta apuesta ya se ha dicho aquí, no es ingenuidad que piensa que se puede ir incidiendo en una línea de progreso sin retorno hacia la felicidad plena y completa sino, apuesta razonable y responsable en el sentido de que es conciente de la mezcla inevitable entre progreso y decadencia que implica todo proceso de guía de la vida, pero que se compromete a generar ciertas condiciones de probabilidad de emergencia de un mayor progreso y de reversión paulatina de la decadencia[151] .

            Educar para la vida implica obedecer a la vida, es decir, buscar en la estructura dinámica de la vida humana la brújula que nos oriente al caminar, e implica también guiar la vida en el sentido de que a partir de esta estructura de la vida, necesitamos ir construyendo un proyecto de libertad que es un proyecto colectivo al que estamos invitados de manera irrenunciable todos los seres humanos. Este proyecto de libertad es un proyecto siempre por construir y aunque se avance tiene siempre nuevos retos. Es un proyecto que asume que la libertad no es básicamente un don o una condena sino una tarea, un desafío a enfrentar y que la libertad no es indeterminación esencial sino posibilidad siempre en juego de autodeterminación existencial dentro de las condiciones concretas de cada circunstancia humana personal y social[152] .

            Como ya se dijo, este proyecto es colectivo porque implica a todos los seres humanos, es irrenunciable porque renunciar a participar en él es ya tomar una postura que de algún modo va a incidir en su desenlace, es dinámico porque como ya se dijo es un proyecto siempre por construir, es complejo porque implica ir liberando al ser humano en todas sus dimensiones articuladamente: en lo ecológico, biológico, psicológico, social, espiritual, y es limitadamente posible porque como autodeterminación existencial puede irse logrando parcialmente y ensanchando o reduciendo a partir de las decisiones individuales y colectivas que se vayan tomando y de las circunstancias externas que se vayan presentando[153] .

            La finalidad de este proyecto de libertad es la construcción progresiva de condiciones para la emergencia de elementos que hagan posible continuar el proceso de hominización del que somos parte hacia un proceso de humanización en el que estamos implicados. Continuar el camino de la hominización hacia el rumbo de la humanización que implica la construcción de autodeterminación personal y social o social y personal[154] .

            La estructura de este proyecto de libertad parte del reconocimiento y defensa colectiva de la dignidad de todo ser humano pasando por la construcción de criterios exigibles de justicia para lograr hacer realidad actual esta dignidad humana y poder aspirar a un proyecto de felicidad individual y colectiva. Dignidad, justicia y felicidad, en ese orden y no al revés como parece estar sucediendo en nuestra sociedad contemporánea[155] .

            Algunos componentes de la educación que contribuya a la construcción de este proyecto de libertad son, según Bárcena et. Al. (2005) en un libro muy sugerente titulado: “La educación como acontecimiento ético”: la Natalidad, la hospitalidad y la narración.

            La esencia educativa es la natalidad, porque la educación tiene que ver con la gestación renovada de la novedad radical de lo humano. La relación pedagógica está marcada por esta natalidad humana que es constatación del límite y por ello es una relación frágil que nos lleva a la clara convicción de que la Educación no es fabricación sino acción que humaniza.

            A partir de la realidad esencial de la natalidad en la educación, podemos ver con claridad que un rasgo para educar para la vida en este mundo multicultural y plural es la hospitalidad entendida no como simple respeto a los derechos humanos del otro sino como relación desinteresada y gratuita con él, que se manifiesta en una actitud de acogida y entrega según señalan los autores.

            Finalmente, un rasgo de la educación para la vida es la narración. Si los seres humanos definimos nuestra identidad personal no a partir de nosotros mismos sino a partir de la “Ipseidad”, es decir, de una identidad mía que surge desde el otro y remite al otro, entonces nos encontramos con que la relación comunicativa con los demás es constitutiva de nuestro ser humano y por tanto, elemento básico en la educación. La narración debe entenderse no como simple escritura o lectura de datos sino como intercambio de experiencias con el otro que nos lleva a la posibilidad de generar lectura como experiencia y por tanto, hacerla parte de la formación[156] .
 
EDUCAR PARA LA VIDA EN LA ESCUELA Y LA UNIVERSIDAD: FÁBULA 5

El grillo maestro[157] .

“Allá en tiempos muy remotos, un día de los más calurosos del

invierno el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar, precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los Pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.

   Al escuchar aquello, el Director, que era un grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.”

                                                           Augusto Monterroso[158] .

            Uno de los obstáculos principales para lograr una educación para la vida, obedeciendo la vida y guiando la vida, es que todos los que trabajamos en la educación sufrimos en alguna medida del mal del Grillo viejo y sabio, es decir, que todos en mayor o menor grado nos sentimos seguros y satisfechos cuando vemos que en la escuela y la universidad las cosas siguen “como en nuestros tiempos”.

            Cuando esta actitud es muy dominante, la satisfacción por ver que todo funciona como en nuestros tiempos nos lleva a menudo a no obedecer a la vida –a no explorar la estructura del deseo de vivir humano y no percibir la enorme cantidad de nuevos datos de la realidad cambiante, la gran cantidad de preguntas y de nuevas comprensiones que son necesarias, la gran cantidad de preguntas reflexivas y de procesos de pensamiento crítico que hacen falta, la enorme cantidad de deliberaciones y buenos juicios de valor y decisiones que tendríamos que estar tomando para estar a la altura de los tiempos- y por lo tanto, a perder la oportunidad de guiar la vida y vernos solamente arrastrados por las tendencias que vienen de fuera y que ni entendemos, ni mucho menos cuestionamos[159] .

            Educar para la vida obedeciendo a la vida y guiando la vida significa en términos de escuela y universidad, cambiar nuestra visión de lo educativo para hacerla más centrada en una comprensión de la educación como educarse, en una visión multienfática y en una perspectiva del ser humano como deseo inteligente o consciente, en lugar de seguir con la perspectiva tradicional del educar como ser educado por, la visión del ser humano como animal racional y dividido y desde una orientación pasiva y prescriptiva, pero integrando también esta dimensión de conducción mediante una adecuada conjunción de herencia que enriquece la experiencia y descubrimiento que transforma la herencia.[160] 

            El reto de educar para la vida en la escuela y la universidad de hoy implica aceptar la tarea de ir construyendo un ambiente propicio para el crecimiento común, un “nosotros escolar o universitario” libre y responsablemente decidido y construido que parte de la intersubjetividad espontánea pero la va volviendo comunidad de afectos, de comprensiones, de jucios y de significados[161] .

            Estos ambientes construyen y son construidos por presencias significativas, presencias que se vuelven referente para los educandos por su búsqueda permanente y honesta de autenticidad que los va volviendo presencias afectivas efectivas, líderes intelectuales, autoridades morales y testimonios críticos[162] .

            Las presencias significativas promueven encuentros transformadores de los educandos con otros educandos, con realidades interesantes y distintas, con grandes teorías o autores que se vuelven camino permanente por recorrer y fuente de preguntas por explorar[163] .

            Educar para la vida obedeciendo a la vida y guiando la vida implica formar seres humanos complejos, preparados para enfrentar la incertidumbre y para ir construyéndose en la incertidumbre y aportando elementos para construir y reconstruir la realidad también compleja que les toca vivir[164] .

            Educar para la vida obedeciendo la vida quiere decir educar explorando permanentemente la estructura de nuestro deseo inteligente para irse apropiando progresivamente de ella, descubriendo y construyendo las verdades y los valores que son pertinentes para comprender, criticar y vivir el contexto dinámico de la realidad del cambio de época[165] .

            Educar para la vida guiando la vida quiere decir educar para generar probabilidades emergentes de humanización en cada condición y contexto concreto. Implica además, la comprensión clara del desarrollo de la humanidad como mezcla impura de elementos de progreso y de decadencia y la capacidad de ir reflexionando críticamente para distinguirlas[166] .

   LA CONFABULACIÓN:


(Del lat. confabulāri).


1. intr. desus. Dicho de dos o más personas: Tratar algo entre ellas.


2. intr. ant. Decir, referir fábulas.


3. prnl. Dicho de dos o más personas: Ponerse de acuerdo para emprender algún plan, generalmente ilícito. Se confabuló CON Pedro.


            Finalizando estas reflexiones, es necesario caer en la cuenta de que construir una educación para la vida que obedezca la vida y guíe la vida implica necesariamente ir construyendo una confabulación entre todos los actores del proceso educativo.

            Según el diccionario de la Real academia de la lengua española, Confabular quiere decir “tratar o contar algo entre varias personas o ponerse de acuerdo para emprender algún plan, generalmente ilícito” y la confabulación es necesaria en ambos sentidos de la definición[168] .

            Por una parte, es muy necesario que nos confabulemos en el sentido de poder irnos haciendo corresponsables de “contar” o de “tratar” la historia de la educación de México entre todos. No es posible ya, si queremos realmente construir una educación para la vida, que dejemos que la historia de la educación la cuenten los funcionarios públicos relacionados con la SEP, los líderes sindicales, los grandes investigadores, el COMIE, la OECD, etc. Cuando la historia de la educación está sucediendo cotidianamente en las aulas y en los pasillos de las escuelas y universidades del país. De manera que confabularnos para decir nuestra palabra, para incidir en la historia que se cuenta de nuestra educación es un reto urgente y muy importante de asumir.

            ¿Cómo contamos la historia de la educación mexicana? ¿La contamos solamente a partir de nuestros fracasos reales o sobredimensionados en los resultados de rendimiento o aprovechamiento que se hacen a nivel internacional? ¿La contamos sólo a nivel anecdótico sin tener un sustento teórico real sobre lo que afirmamos? ¿La contamos con entusiasmo que contagia pasión por ir aportando elementos para la construcción de nuevas generaciones de mexicanos que transformen el país? ¿O la contamos con el tedio de la rutina, de las miles de horas de clase a las semana, de los cientos de grupos todos iguales por insignificantes para nosotros, de las decenas de alumnos que ni siquiera recordamos? ¿Cómo contamos y cómo podemos empezar a contar la historia de la educación para que deje de ser una fábula con moraleja edificante pero sin sustento en las realidades concretas?

            Por otra parte, es urgente que empecemos a ponernos de acuerdo para realizar el plan, si no ilícito sí contracultural y no prioritario hasta ahora, de construir una educación para la vida que obedezca la vida y al mismo tiempo guíe la vida no con obediencia ciega, tampoco con guía de iluminado[169] .

            Es realmente relevante que este plan nos lleve a pasar de la operación aislada a la cooperación solidaria entre todos los actores de la educación. Educandos y educadores, formadores de docentes, directivos escolares, funcionarios, investigadores educativos, diseñadores curriculares, teóricos de la educación, etc. “Cada loco con su tema”, todo el mundo trabajando, produciendo, haciendo lo mejor que puede pero totalmente desconectado de los demás. ¿Cuántas investigaciones educativas valiosas se quedan en los libros y en los congresos y nunca llegan a mejorar las prácticas concretas? ¿Cuántos diseños curriculares se hacen desde el escritorio sin tomar en cuenta las aulas reales? ¿cuántos de estos diseños muy bien hechos, se quedan sin operar porque los docentes siguen haciendo las cosas “como en sus tiempos”? ¿Cuántos materiales excelentes están subutilizados porque no los conocen los educandos ni los educadores?

            Pasar de la operación a la cooperación es una cuestión vital para la educación en nuestro país[170] .

            Para ser efectiva, la confabulación debe necesariamente atacar tres frentes simultáneos: Las prácticas, las estructuras y la cultura.

            Transformar las prácticas educativas concretas es un reto imprescindible para poder lograr una educación que se oriente a preparar para la vida, que realmente obedezca la vida y sea capaz de guiar la vida. Pero esto no es suficiente si no se va transformando también progresivamente la estructura del sistema educativo: normas, reglamentos, supervisiones, organizaciones, gestión, etc. Y al mismo tiempo, ninguna de las dos anteriores pueden ser posibles si no empezamos también a cambiar la cultura educativa del país, es decir, los significados y valores que inclinan el modo en que hacemos esta cuestión[171] .

            El sentido de la confabulación no es simplemente mejorar lo que ya venimos haciendo. Einstein decía que “es de locos perseguir resultados diferentes si seguimos haciendo las cosas como siempre las hemos hecho” y esto nos interpela a todos para reflexionar sobre lo satisfechos que estamos a veces porque las cosas se siguen haciendo en la escuela “como en nuestros tiempos” Necesitamos reinventar la escuela y la universidad para lograr responder a los retos de la vida de hoy, para poder lograr educar para la vida, obedeciendo a la vida y guiando la vida[172] .

            Como bien dice Ugalde, la solución a este desafío no puede estar en el pasado sino en el futuro.

BONUS TRACK: UNA FÁBULA ADICIONAL[173] .

El burro y la flauta.

“Tirada en el campo estaba desde hacía tiempo una Flauta que nadie

tocaba, hasta que un día un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella haciéndola producir el sonido más dulce de su vida, es decir, de la vida del Burro y de la Flauta.

   Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia.”

                                                           Augusto Monterroso[174] 

            Einstein también decía que: Hablamos de “teoría”, cuando sabemos todo, pero las cosas no funcionan. 

Hablamos de “práctica” cuando las cosas funcionan pero no sabemos por qué.

Aquí hemos podido reunir teoría y práctica: nada funciona y nadie sabe por qué” 

                                   Tomado de un documento de Manuel Rodríguez Aguirre.

            Seguramente no se estaba refiriendo a nuestro sistema educativo, pero podríamos decir siendo sinceros que a veces sin duda, nos sentimos en la misma tesitura: nada funciona y no sabemos por qué. De pronto no sabemos por qué no logramos el cambio educativo que se necesita para poder educar para la vida. Por más que nos esforzamos y por más que teorizamos, parece que a veces las cosas no acaban de funcionar y no acabamos de saber por qué.

            Sin duda el paso de la operación a la cooperación ayudaría a que las cosas empezaran a funcionar un poco y a que nosotros supiéramos un poco más por qué están funcionando[175] .

La fábula del burro y la flauta nos habla de cómo, a veces sin darnos cuenta, logramos hacer las mejores cosas de nuestra vida –estoy seguro de que esto pasa muchas veces en la vida cotidiana de nuestras aulas infundiéndonos nueva vitalidad educadora-. Y sin embargo, por no tener conciencia de lo que hicimos y por apostar por la supuesta “racionalidad”, nos sentimos avergonzados y nos alejamos para volver a nuestra zona de confort rutinaria. La invitación final de esta reflexión es a estar muy atentos, no sea que nos pueda ocurrir algo semejante.


Referencias.

·        Bárcena,    et. Al. (2005) La educación como acontecimiento ético. Ed. Paidós. España.
·         Crowe, F. (1985). Old things and new. A strategy for education. Atlanta, GA. Scholars press.
Fullat, O. (1992). Filosofías de la educación. Paideia. Barcelona. Ediciones CEAC.
  • Fullat, O. (2003). Homo educandus. Antropología filosófica de la educación. Ed. UIA Puebla-   . Puebla.
  • Lonergan, B. (1988). Método en Teología. Ed. Sígueme. Salamanca.
  • Lonergan, B. (2000). Insight. Estudio sobre la comprensión humana. Ed. UIA-Sígueme. Salamanca.
  • López-Calva, M. (2006). Una filosofía humanista de la Educación. Ed. Trillas. México. Segunda edición.
  • Marina, J. A. (2004). Aprender a vivir.  Ed. Ariel. Barcelona.
  • Monterroso, A. (2001). La oveja negra y otras fábulas. Ed. ERA. México.
  • Morin, E. (1999). Los siete sabes necesarios  para la educación del futuro. Ed. UNESCO. Francia.
  • Morin, E. (2001). Introducción al pensamiento complejo. Ed. GEDISA. España.
  • Morin, E. (2003). El método: la humanidad de la humanidad. Ed. Cátedra. Madrid.
  • Rogers, C. (1992). Libertad y creatividad en la Educación. Ed. Paidós. México.
  • Savater, F. (1997). El valor de educar. Ed. Ariel. México.



[1] Artículo publicado en: Revista latinoamericana de estudios educativos. Vol. XXVI. 1º y 2º. semestres, 2006
[2] “La aprehensión del valor es una cognición afectiva” señala Michael Vertin. (1995)



miércoles, 1 de febrero de 2012

¿HACIA DÓNDE?



“Veo desde la ventana al hombre

que va sin prisa…

¿Adónde lleva su espíritu,

su rutilante luz?

Pero yo no estorbo su camino.

Observo su huella en silencio.

Tampoco me asusta su grito….

…Yo sólo quisiera comprender

¿Hacia dónde?

Margarita Iosofna Aliger.

¿Hacia dónde va el ser humano? ¿Hacia dónde va nuestra patria herida por la violencia y los miles de muertos que ha generado y sigue generando? Esta es la pregunta que explícita o implícitamente ronda por nuestra existencia como nación y que debería plantearse todo ciudadano responsable en esta transición de sexenio que se aproxima a partir de lo que decidamos con nuestro voto en el mes de julio

Una pregunta, una paradoja: tantos caminos ha ido abriendo eso que llamamos progreso, tantas posibilidades para avanzar y sin embargo, parece ser que somos menos libres, que todos los caminos conducen a la nada, que no alcanzamos a respondernos hacia dónde.

Es tiempo hoy más que nunca para que los ciudadanos tratemos de observar reflexivamente la huella de la humanidad sobre este planeta y la huella de nuestra sociedad mexicana, su huella física muchas veces destructora de la naturaleza, su huella intelectual muchas veces conceptualista y pretensiosa, su huella crítica y autocrítica, su huella existencial en la construcción de esta historia que parece a veces tornarse tan cruel, destructiva, desesperanzadora...

Tiempo más que nunca para que una sociedad en naciente democracia “sin estorbar el camino” de la libertad personal y colectiva, abra todos los espacios posibles para que cada uno de sus miembros nos planteemos la pregunta del hacia dónde de cada quien y del hacia dónde social, y lo tratemos de dialogar, de debatir, de confrontar con otras visiones, de comprender a fondo, de cuestionar críticamente, de buscar alternativas creativas, de deliberar, de tomar decisiones de cambio para poder arribar a las próximas elecciones con una idea más clara de lo que inteligente y responsablemente conviene al país.

*Texto pendiente de publicación en el diario Síntesis.

lunes, 23 de enero de 2012

El salto al vacío: Porque fe no es igual a certeza.

Continuando con la reflexión que ha suscitado en mí el intercambio de ideas, un tanto caótico y un mucho complicado por la enorme diferencia de horizontes de significación, en un grupo que buscaba inicialmente construir ciertas comprensiones básicas sobre lo que implica creer o no creer en Dios, en el comportamiento individual y social de las personas, escribo ahora, muy de prisa dado que son casi las dos de la mañana de un lunes en el que hay que levantarse a iniciar una semana de trabajo.

Lo hago principalmente movido por un deseo de poner en blanco y negro mis propias convicciones para comprenderlas mejor y comprenderme mejor a mí mismo como creyente, pero las pondré en mi blog y tal vez en el Facebook por si a alguien más pudieran servirle de algo.

Dos puntos centrales que han expuesto algunos miembros del grupo me han movido a pensar en mi propia posición como creyente. Una de ellas es la afirmación de que ser creyente hace más fácil la vida porque todo se refiere en última instancia a un ser supremo en el que residen todas las respuestas a las interrogantes de la vida, por lo cual el creyente vive sin angustia ni incertidumbre. La segunda tiene que ver con la afirmación de que los creyentes pensamos que el ser humano es superior, quizá muy superior a los demás seres vivientes que existen en el universo.

He pasado semanas pensando en el asunto de la posibilidad de que la vida sea más fácil por ser creyente y de que realmente al creer en Dios nos deshagamos de la angustia existencial y de la incertidumbre porque afirmamos que la respuesta definitiva y absoluta reside en él.

No tengo para responderme a esta cuestión más que mi propia experiencia, influida sin duda por mis lecturas teológicas aunque no recuerdo en este momento de qué autores o mezcla de autores llego a esta conclusión que aquí expongo.

Pues resulta que no, que no creo que la vida del creyente quede exenta de incertidumbre y angustia por considerar a Dios como la respuesta última a las interrogantes de la existencia. Creo que esto es también cuestión de cómo se entienda esto de que Dios es la última respuesta. Si se comprende desde una visión esencialista y fija del devenir humano, podría ser cierta esta afirmación. Un creyente formado dogmáticamente tiene respuestas hechas para casi cualquier cuestionamiento sobre la vida y la muerte y estas respuestas le dan seguridad y quizá lo libren, aunque no creo que en el fondo no la sienta, de la angustia de existir y la certeza de caminar en medio de problemas, injusticias, sufrimientos, etc. Hacia la muerte.

Sin embargo un creyente que sustenta su fe en la experiencia interior profunda de encuentro con un ser trascendente que genera una nueva visión de la realidad que se mira como presencia activa y dinámica de este ser trascendente en el mundo, no solamente no está exento de la angustia y la incertidumbre sino que vive en permanente conflicto al mirar la realidad injusta –desajustada de ese “vivir como Dios manda”, de ese vivir en amor producto del saberse amado- y al experimentar muchos eventos en los cuales ese Dios pareciera estar ausente, porque son eventos de violencia, de violación de la dignidad humana, de dolor injustificado, de explotación del hombre por el hombre.

Pero sobre todo un creyente vive la incertidumbre y la angustia existencial porque ser creyente, precisamente porque implica no fundar todas las convicciones en lo que la ciencia puede mostrar y demostrar, precisamente porque a Dios nadie lo ha visto y porque no hay ninguna garantía de esa vida más allá de esta vida, implica un salto al vacío y un acto libre de entrega.

Un salto al vacío porque la vida se orienta desde algo que se experimenta en lo profundo como cierto y valioso pero que no se puede demostrar. Un salto al vacío porque toda esa vida se sustenta en la respuesta a una invitación vivida pero no garantizada, una invitación a vivir de un modo contracultural y en estos tiempos, políticamente incorrecto.

Un acto libre de entrega porque en una decisión de aceptación libre y comprometida a esta invitación, se acepta que se “haga su voluntad en la tierra como en el cielo”, cosa que como decía mi esposa en su texto de nuestras bodas de plata “es en serio”, porque implica tratar de ver y aceptar su voluntad en todos los acontecimientos aunque uno no los comprenda o incluso cuando uno siente que son injustos.

¿Qué más incertidumbre y qué más angustia ante la impotencia y la no comprensión de la voluntad de Dios que en el momento en que le informan a uno que su hija ha estado, está, entre la vida y la muerte –veintitrés minutos más del lado de la muerte que del de la vida-? ¿Qué mayor salto al vacío que en esos momentos decir: “Hágase tu voluntad”? ¿Qué mayor angustia que saber que su voluntad es que ella siga en la vida pero sin tener todavía una recuperación completa? ¿Qué mayor incertidumbre que la de no saber cuándo o cómo llegará esta recuperación y hasta qué nivel se logrará y sin embargo no dejar de creer, de sentir en lo profundo aún en los momentos de mayor enojo y rebeldía, que él está presente, ha estado presente y estará presente a nuestro lado en todo momento? ¿Qué mayor salto al vacío que decidir creer cuando esa hija te dice que “Dios la vino a ver” a su cama de terapia intensiva o quizá a la plancha del quirófano como lo narro en el texto: “Presencia de Dios” en mi blog?

Por otra parte está la convicción de la “superioridad” del ser humano respecto a los demás seres vivientes. Creo que esta mentalidad no es propia de los creyentes sino de los seres humanos modernos. La apuesta por la ciencia que superaría la religión entendida como superstición y mito y que nos llevaría al progreso y la felicidad se sustentaba en esta idea del ser humano como superior por su racionalidad a todos los demás seres de la creación.

Por el contrario, entre los creyentes hubo un Francisco de Asís que llamó hermanos al lobo y a todos los seres creados y fue vanguardia en el llamado a integrarnos y respetar a la naturaleza.

Sin embargo es cierto que los creyentes vemos al ser humano como poseedor de una dignidad cualitativamente distinta de los demás seres vivos, puesto que está hecho “a imagen y semejanza” de Dios. Esto entendido modernamente pudo ser visto como superioridad y unido al pensamiento cientificista moderno, contribuyó sin duda a esta “megalomanía humana” de la que habla Morin y que sin duda hay que superar. No somos los reyes absolutos de la creación sino la parte consciente de ella. Por eso tenemos una dignidad distinta, porque podemos nombrar al mundo y gracias a ello traerlo al a existencia, porque nos sabemos a nosotros mismos parte de este mundo y por ello somos seres “arraigados al cosmos y al mismo tiempo desarraigados de él” como el mismo Morin afirma.

Por esta doble condición de arraigo-desarraigo, tenemos la obligación, el compromiso de efectuar un “doble pilotaje: obedecer a la vida y guiar la vida”, según el mismo autor francés. Interesante que un intelectual no creyente postule esta complejidad en la que se mira claramente no la superioridad entendida como derecho a la destrucción sino la similitud-diferente o la diferencia-similar que tenemos respecto a los demás seres humanos.

Si el problema de la modernidad fue ver solamente el desarraigo y creer que podíamos hacer con la naturaleza lo que quisiéramos (desobedecer a la vida), el pecado actual es, por efecto pendular, creer solamente en el arraigo y no distinguir a la humanidad como especie distinta por su consciencia y por lo tanto como especie comprometida a guiar la vida, con lo cual no solamente le atribuimos rasgos humanos a los animales (sufrimiento, certezas, decisión, voluntad) sino que renunciamos a nuestro compromiso de guiar la vida, que es intrínseco a la naturaleza humana.

Creo, quizá soy yo solamente y no los creyentes en general, que esta es la visión sana de la distinción del ser humano respecto a las demás especies y creo que esta distinción nos plantea el desafío de la libertad responsable y el llamado al amor sin fronteras que es la dimensión propiamente religiosa de la humanidad que puede expresarse, es mi caso, en una visión trascendente de la vida o bien en una visión como la del mismo Morin que se expresa como una religiosidad laica o una espiritualidad laica que comparte valores fundamentales con los creyentes sin por ello creer que existe un ser absoluto o una vida después de esta vida.

*Un texto todavía muy "en bruto", que quería corregir, pero que ante la evidencia de más de una semana de no haber podido revisarlo, decido subir al blog, que finalmente es un repositorio de mis pensares en voz alta más que un espacio de textos acabados y exhaustivamente editados.

Calidad educativa: enseñar con el ejemplo.

“Lo que haces habla tan fuerte,

Que no puedo escuchar lo que dices”

Proverbio indio norteamericano.

Es innegable y se ha escrito mucho de este tema, sobre todo durante este sexenio, que el problema de la calidad educativa en el país no se va a resolver si no se realizan cambios estructurales profundos que implican decisiones políticas de gran calado.

Sin embargo también resulta indiscutible que la educación no producirá mejores resultados de aprendizaje mientras no se profesionalice a los docentes, partiendo del supuesto de que lo más importante de la educación sucede dentro del aula.

La verdadera profesionalización de los docentes implica sin duda políticas públicas y recursos económicos destinados a este fin. Sin embargo estas políticas y recursos no van a generar resultados si no cambia la actitud de los profesores frente a su propia necesidad de formación.

Este domingo en el Facebook me encontré en el muro de la SEP estatal una entrada que sintetizaba elementos del primer informe del gobernador. Revisando los comentarios había un buen número que cuestionaba lo informado y expresaba duras críticas al gobierno culpándolo de la mala situación educativa. Lo que llamó mi atención en estas críticas escritas por maestros, era que todas ellas tenían al menos una falta de ortografía y muchas mostraban serios problemas de redacción.

Este hecho coincidió con que un día antes había entregado calificaciones de un curso de nivel posgrado que impartí en un programa de formación docente. En el proceso de revisión encontré varios ensayos finales que no eran otra cosa que plagios –copias íntegras- de textos publicados en internet.

Estas dos situaciones me llevan a una pregunta que tendríamos que hacernos los docentes de todos los niveles: ¿No deberíamos, sin dejar de cuestionar el trabajo de las autoridades y el sindicato, reconocer y hacer un esfuerzo serio por subsanar nuestras propias deficiencias formativas?

*Artículo pendiente de publicación en el Diario Síntesis. Escrito el 15 de enero de 2012.



sábado, 17 de diciembre de 2011

¿En qué creen los que no creen que creemos los que creemos?

"No es simplemente que todas nuestras palabras y expresiones estén en un contexto o un mundo, sino también nuestros mundos son “lenguados” (Sprachlichkeit der Welt), es decir en cuanto aprendemos nuestra lengua materna vivimos en ella. No es que tengamos una opción de interpretar o no, sino que es un hecho que interpretamos todo el tiempo" James Gerard Duffy.  La lógica de un beso navideño. En: El toque humano (blogspot). El título va en serio aunque parezca trabalenguas. Lo que quiero decir con él es que como afirman los filósofos de la  "revolución fenomenológica hermenéutica" (Duffy) los seres humanos no tenemos la opción de interpretar o no, sino que estamos todo el tiempo interpretando. De manera que cuando alguien que se asume como no creyente trata de responder a la pregunta: en qué creen los que creen? Está necesariamente interpretando algo que no conoce desde dentro, porque está observando el horizonte de significados de los creyentes desde su propio horizonte de significados como no creyente. Lo mismo sucede en el caso opuesto. Cuando un creyente trata de definir ¿En qué creen los no creyentes? Lo hace inevitablemente desde su horizonte de creyente. Lo anterior no es malo sino simplemente inevitable y no invalida el diálogo entre creyentes y no creyentes ni la puesta a revisión de las creencias de ambos y sus implicaciones en la vida personal y ciudadana, sino que lo hace más necesario y pide la apertura para intentar comprender la visión del otro intentando hacerlo desde sus propios significados y no desde los propios. Me incorporo a este diálogo aportando desde mi propio horizonte de creyente las definiciones que me parecen fundamentales para intentar esta comprensión intergrupal, en sentido Lonerganiano intercultural ( si entendemos por cultura el conjunto de significados y valoraciones que determinan el modo concreto en que se vive). Creo que para iniciar es indispensable hacer distinciones y definir términos. De lo contrario podemos estar debatiendo desde comprensiones distorsionadas de lo que dice el otro, Empiezo con la distinción más general que me obliga a declarar que quizá no soy un creyente estándar sino un creyente que lleva desde su época de bachillerato con los jesuitas -de quienes he seguido aprendiendo por casi veinticinco años de ejercicio académico en la ibero- y más intensamente desde la universitaria en que participé en un apasionado proceso de formación-acción en mi fe, dentro de un grupo de evangelización de jóvenes, proceso que en mí implicó mucha lecturas y reflexión sobre la Biblia y libros de los teólogos de la liberación más relevantes de los setentas y ochentas del siglo pasado, además de veintidós años de estudio -no exhaustivo ni centrado en lo religioso, pero sin duda formador de una visión sobre lo religioso- de la obra de Lonergan. Lo que diré a continuación, es necesario también decirlo, será desde mi ser creyente cristiano-católico y no desde el ser creyente en general. ¿Qué es un creyente? Me parece la pregunta básica para distinguir fe y religión, fe y dogma, fe e iglesias. Desde mi punto de vista, un creyente es alguien que a partir de una apertura a la pregunta por el misterio de la vida humana y por la trascendencia, ha experimentado íntimamente la presencia del Otro o lo Otro ( con mayúsculas) y se responde afirmativamente a los cuestionamientos por el origen creado del universo y del ser humano, la experiencia del amor como algo fundante y trascendente a lo temporal y espacial y la perspectiva de eternidad a la que estamos llamados no en el cielo sino a partir de la tierra y desde esta vida. La experiencia profunda y operante de ese Otro o eso Otro trascendente en la propia vida es algo transcultural y transhistórico que por ser humanos tenemos que expresar de manera histórica y cultural. De ahí que la religión (la experiencia fundante de religación que se traduce en la fe de un creyente) se tenga que encarnar en religiones histórica y culturalmente mediadas. De esta definición desprendo que el ser creyente es independiente de la religión que se profese y puede vivirse incluso de un modo no religioso-institucional. Otra cuestión básica que se desprende de esta definición tiene que ver con que la creencia en un ser creador del universo y de la vida no implica necesariamente la negación de la evolución de todo lo creado, incluyendo las especies animales y la especie humana. El hecho de que en muchas religiones, por ejemplo en la católica, se asuman como revelados textos en los que metafóricamente se habla de un momento de creación a partir de elementos naturales como el barro, no implica que el creyente tenga que aceptar como científicas estas metáforas y relatos o incluso que las iglesias que representan y organizan a las comunidades de creyentes asuman textualmente estos relatos. En el caso de la religión católica por ejemplo, cualquier teología seria parte de estudios exegéticos muy profundos y resulta ingenuo pensar que la iglesia promueve el creacionismo como dogma de fe. De ahí también lo falso de asumir a la fe como enemiga de la ciencia en el caso de los creyentes. Una cosa es que la iglesia católica como estructura jerárquica haya jugado en muchos momentos históricos y desgraciadamente siga hoy en muchos casos promoviendo posturas que contradicen los avances científicos -por motivos básicamente de poder y no de creencia- y otra muy distinta que la fe sea en sí misma enemiga de la ciencia. Dos últimos elementos que me parecen fundamentales e íntimamente relacionados, para comprender lo que es un creyente son el de la finalidad del universo y el de la misión o vocación personal en el mundo. Para ser bien entendidos ambos aspectos deben cruzarse con el de la libertad ("libre albedrío" en el lenguaje tradicional) que Dios da al ser humano y que se plantea en el cristianismo católico desde los catecismos más antiguos. El creyente tiene la convicción de que el universo tiene su origen en un ser supremo al que convencionalmente se llama Dios y que tiene una finalidad última que sería definida también en Dios, el alfa y el omega de todo lo creado. Sin embargo, esta finalidad puede entenderse de maneras muy diversas. La filosofía esencialista clásica y la teología derivada de ella planteaban de alguna manera una visión más determinista de este fin aunque nunca totalmente cerrado puesto que se planteaba el papel de la libertad humana en este camino hacia la finalidad última. Sin embargo, los planteamientos filosóficos contemporáneos, de carácter histórico, construyen una manera mucho más abierta de la finalidad del universo, en la que queda claro que esta finalidad no es, de ninguna manera algo conocido o predeterminado. Lonergan por ejemplo plantea la finalidad del universo como una "probabilidad emergente generalizada", dependiente para su realización e incluso para su definición de múltiples factores y de manera sobresaliente de lo que la humanidad como especie sea capaz o no, de hacer por su propio destino. De la misma forma, la misión personal en el mundo, que es sostenida por los creyentes,  hoy en día no es entendida como una especie de predestinación cerrada sino como un compromiso de contribución a la construcción del reino de Dios, de un mundo "como Dios manda", que es un mundo guiado por el amor que se traduce en justicia y fraternidad. La contribución a este reinado de Dios, es la misión genérica que todo creyente cristiano tiene en el mundo pero que tiene que ser realizado en las circunstancias y contextos que le toca vivir a cada persona y de acuerdo a las decisiones más o menos libres y responsables que cada sujeto vaya tomando. La vocación humana entonces, en términos cristianos no es algo con lo que se nace sino algo que se descubre en el transcurrir de la existencia y cuyo único imperativo está definido, en términos de la frase de San Agustín: "ama y haz lo que quieras". Finalmente y para no aburrir más a quien lea estas líneas, considero que en estos tiempos la visión de ese Dios Juez que está llevando cuentas de nuestras acciones buenas o malas para premiar o castigar está totalmente superada. La visión del amor de Dios como infinito e incondicional ha eclipsado para bien esta antigua idea que desgraciadamente prevalece en algunas visiones tradicionalistas del cristianismo y proyecta a los no creyentes una falsa idea acerca de en qué creemos los que creemos. Sobre la pregunta acerca de en qué creen los que no creen, no me atrevería a hablar porque coincido con el planteamiento del Mtro. Guillermo Hinojosa en que la respuesta no consiste simplemente en negar aquello en lo que creen los creyentes, además de que por mi carácter de creyente, seguramente caería en interpretaciones incorrectas. La clave en ambos mundos - de creyentes y no creyentes- está en ser capaces de dar razón de nuestra fe o de nuestra no creencia, cosa que desgraciadamente no es muy común. Pero empezar por explicitar en qué consiste mi ser creyente me parece un paso crucial, porque estoy seguro de que yo tampoco creería en el Dios que muchos creyentes creen y en el que muchos no creyentes creen que creemos los que creemos.

martes, 13 de diciembre de 2011

Para llegar a la vida

El pasado 27 de noviembre, Gaby, mi esposa, escribió y leyó este texto durante la fiesta que hicimos para celebrar la primera comunión de Daniela, dando gracias también por mi cumpleaños número cincuenta y por nuestras bodas de plata cumplidas el 19 de julio de este año. Lo comparto aquí, sin su permiso, porque es un texto muy bello que reúne en unas pocas palabras toda la historia familiar que en alto grado me configura y hace posible todo lo que escribo, enseño y soy. Que lo disfruten.

Con motivo de nuestros 25 años de casados, Pau escribió un texto muy bonito en el que resumió nuestra vida e historia en canciones porque felizmente es una manera en que podemos contarla.

"Vamos a andar, en verso y vida tintos, levantando el recinto del pan y la verdad.
Vamos a andar, matando el egoísmo para que por lo mismo reviva la amistad".
Estos son los primeros versos de la canción Vamos a andar, de Silvio Rodríguez que es el himno de nuestra familia y la primera canción a la que hace referencia Pau en ese texto y les vamos a contar porqué.
Un 8 de mayo de 1982, Martín y yo dijimos “Vamos a andar”, y empezamos a andar. En ese andar nos acompañó la Nueva Trova, que en ese entonces, como dice Manuel de Santiago, todavía era nueva.
Cuatro años después decidimos “andar” mucho mas en serio, entonces, el 19 de julio de 1986, ante muchos de ustedes y ante Dios, dijimos sí. Ese día, cuando entramos a la capilla se oyó Vamos a andar, que fue nuestro canto de entrada.
3 años mas tarde, un poco después de la caída del Muro de Berlín que revolucionó al mundo, arribó Mariana el 13 de diciembre de 1989 para revolucionar nuestra vidas y para que nos estrenáramos como papás y nuestros papás como abuelos. Las canciones que la acunaron fueron entonadas por la entonces Nueva Trova y también por Serrat, Victor Manuel, Ana Belén, Miguel Ríos, Joaquín Sabina, nuestro andar en verso y vida tintos.
13 meses después, el 1º de febrero de 1991 nació Paulina y a las 3 semanas de su arribo llega la worldwideweb, WWW, porque el mundo sabía que Pau necesita un sistema de comunicación hiperenlace que le permita tener en cada movimiento de su vida referencias a otros. La música seguía sonando para arrullar a Mariana y a Pau, las voces de Filio, Mexicanto, Eugenia León.
En este marco musical crecieron Mariana y Paulina y crecimos junto a ellas como papás, como pareja, como familia, como comunidad que va sumando a los demás… con todas las banderas, trenzadas de manera que no haya soledad.
Pasó más de una década y creímos que todo estaba escrito ya, que la vida la planeábamos nosotros y que sumaríamos cuatro siempre, que el nuevo milenio era simplemente una constante que se sucedía en el tiempo y que siempre se seguiría oyendo la misma música en nuestra casa, pero no. La maravillosa vida nos regaló a Daniela y con ella el mensaje de Dios nos llegó con toda claridad: “no olviden que cuando dicen: hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, va en serio”.
Fue un 11 de agosto de 2001 cuando llegó Daniela, al mes exacto de su nacimiento vimos desplomarse en Manhattan uno de los íconos mundiales, nosotros teníamos a Daniela para entender que nada hay escrito ni es para siempre y que los cambios mas dramáticos y a veces incomprensibles son las oportunidades mas grandes para crecer, para reconstruir, para mejorar y levantar el recinto del pan y la verdad..
Daniela llegó con cascabeles a la vida que suenan con cada uno de sus pasos. Llegó al mismo tiempo que las adolescencias de Mariana y Paulina que nos trajeron a Britney Spears, Cristina Aguilera, los Backstreet Boys que evolucionaron en Moderato, Black Eyes Peas, Belanova para madurar con los Cranberrys, Regina Spector, Mika o Michael Bubblé.
Desafortunadamente no hemos encontrado la fórmula para hundir al poderoso, alzar al perezoso es más fácil y sumar a los demás es difícil, pero posible con un poco de generosidad. En esa suma queremos contar en este momento con todo nuestro cariño y agradecimiento a nuestros papás, a nuestros hermanos, al G11, a todos ustedes nuestros amigos y muy especialmente a aquellos en los que hemos depositado la confianza de compartir la paternidad: Fernando y Charo, Rafa y Laura y Gus y Cristi con los que hemos andado matando el egoísmo para que por lo mismo reviva la amistad.
Gracias a todos por sumar hoy un número tan grande para llegar a la vida.

Gaby (27-11-11)

La urgente necesidad de profesionalizar a los docentes.

“Sarason alerta acerca de que entre más cambian las cosas, más permanecen igual. Este axioma es especialmente cierto en la docencia.” *

La semana anterior viví dos episodios contrastantes que tienen que ver con la formación de los docentes en nuestro sistema educativo. Ambas situaciones me hicieron ver la pertinencia de volver a reflexionar sobre este tema que sigue siendo crucial para la mejora de la calidad de la educación en México.

Por una parte, una compañera de la Ibero Puebla envió a un grupo de académicos el artículo: “Campaña contra los maestros de educación pública” de Manuel Pérez Rocha con el fin de que reflexionáramos juntos sobre su contenido. Por otro lado, me tocó participar en algunos eventos donde tuve contacto directo con profesores de escuelas públicas de zonas marginadas de nuestro estado y valorar algunos productos de su trabajo académico.

En su artículo, Pérez Rocha sostiene que se ha orquestado en Estados Unidos y en México una campaña contra los profesores de educación pública, contra la educación pública misma y contra los sindicatos que representan a estos maestros. Esta campaña se sustenta según el autor, en los resultados obtenidos por los estudiantes en las pruebas estandarizadas de rendimiento como ENLACE a nivel nacional y PISA en el ámbito internacional.

El artículo sostiene que existe una “falta de fundamento y mala fe” en estos juicios puesto que las pruebas estandarizadas han sido relativizadas por muchos analistas que afirman que deben tomarse con reservas pues si se absolutizan, pueden conducir a políticas equivocadas.

Las conclusiones del artículo van en la línea de que no puede soslayarse la complejidad del proceso educativo y que es simplista e injusto señalar como culpables de la mala calidad educativa exclusivamente a los docentes, señalando a la Secretaría de Educación Pública, “asesorada por la OCDE y organismos privados como Mexicanos primero” como culpable de poner “en el banquillo de los acusados” a los maestros usándolos como “chivos expiatorios” del desastre educativo nacional.

En contraste con lo afirmado por Pérez Rocha, mi experiencia como formador de docentes en los últimos dieciocho años me habla de una muy deficiente formación inicial de los profesores del país y de una necesidad urgente de que existan políticas y programas serios y sistemáticos orientados a su profesionalización.

Si bien existen ejemplos notables de calidad y pertinencia en muchos docentes que muestran un desempeño excelente como estudiantes de diplomados, maestrías, doctorados y cursos de formación continua en los que participo, mi conclusión a lo largo del tiempo es que el promedio está muy lejos de lo mínimamente necesario para pensar en que nuestros niños y jóvenes reciban una educación que los capacite para enfrentar los retos del mundo globalizado.

Además de esta deficiente calidad formativa que muestra un gran número de docentes con los que he tenido contacto, existe un buen número de docentes que acude a formarse únicamente por obtener un documento para mejorar sus ingresos vía carrera magisterial,

Personalmente coincido con el articulista en que la educación es un proceso muy complejo y que para cambiarla es necesario pensar en transformaciones sistémicas que abarquen todos los aspectos que están causando los malos resultados educativos, empezando por la confusión de roles entre el sindicato y la secretaría, el manejo político del sistema educativo y la burocracia y falta de rendición de cuentas imperante hoy.

Sin embargo creo en una campaña orquestada en contra de los docentes. Tampoco pienso -con todo y sus limitaciones evidentes- que las pruebas estandarizadas digan cosas que no correspondan con la deficiente calidad real de la educación -pública y privada- en nuestro país. Mi experiencia como formador de docentes y muchas investigaciones en el área de la formación de profesores y de las prácticas en el aula, hablan de la necesidad urgente de redoblar esfuerzos y revisar estrategias para lograr una auténtica profesionalización de los docentes.

La mejora de la educación nacional no se va a poder construir responsabilizando exclusivamente a los docentes de los malos resultados y evadiendo los cambios estructurales urgentes pero tampoco será posible sin lograr que la formación de los maestros esté a la altura de las exigencias de estos tiempos.

Sin profesionalización docente, las reformas educativas seguirán sucediendo de manera que entre más cambien las cosas, más permanezcan igual.


*Artículo pendiente de publicación en Puebla On Line.










miércoles, 30 de noviembre de 2011

Ética, política y escuela

http://ladobe.com.mx/2011/11/etica-politica-y-escuela-hacia-la-formacion-de-ciudadania-planetaria/ comparto el enlace con mi columna semanal en Lado B

Las lecciones de Pisa y el 2012

http://www.e-consulta.com/portal/index.php?option=com_k2&view=item&id=22437%3Alas-lecciones-de-pisa-y-el-2012-%C2%BFhabr%C3%A1-por-fin-una-reforma-educativa-real%3F&Itemid=334 Comparto la liga a mi artículo en E Consulta publicado hoy.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Falta mucho, no sobra nada.

Cumpleaños


Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.


Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!
Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.


Poema de Angel González (Poeta español / 1925-2008)

Durante estos días he ido haciendo un ejercicio de preparación anímica para disfrutar al máximo el festejo de este día, 27 de noviembre de 2011 en que celebraremos la primera comunión de Daniela, mi hija la menor que tiene diez años, junto con las bodas de plata que Gaby y yo cumplimos el 19 de julio de este año y mi cumpleaños número cincuenta.

La fiesta que compartiremos con familiares y amigos cercanos, ahora nuestros y también de nuestras hijas que han ido haciendo su propio círculo, coincide por cuestiones azarosas exactamente con el día de mi cumpleaños, que no es cualquier aniversario de mi nacimiento sino uno muy especial porque es el que conmemora ya, medio siglo de estar en este planeta.

Cualquier cumpleaños es especial para nosotros los humanos, no porque el universo marque estos ciclos sino porque nosotros, “animales simbólicos” como decía Cassirer, necesitamos de estos momentos y rituales para cerrar ciclos y abrir nuevos, para hacer balances y construir planes, para reflexionar y hacer propósitos de mejora, para simplemente agradecer a Dios por la vida, agradecer a la vida y a Dios por “tanto bien recibido”.

El ejercicio que menciono consistió simplemente en una cuenta regresiva que terminó hace cinco minutos en que inició el día de mi cumpleaños. Bajo el “hashtag” de #adiosaloscuarenta fui marcando los últimos días que faltaban para llegar a este medio siglo de existencia y recibí –¡gracias!- muchas respuestas a los tuits-entradas de FB que iba poniendo.

Me llamó la atención que muchas de estas respuestas asumían que yo estaba sufriendo o sintiéndome mal porque los cincuenta se aproximaban, cuando en realidad este ejercicio fue una especie de divertimento para ir sembrando-me emoción al cumpleaños.

Ciertamente los cincuenta no son cualquier aniversario. Como me decía mi amigo “lonergansito” Paco Galán, entro ahora al club del “nunca antes” y si como dice el poeta “para vivir un año es necesario, morirse muchas veces mucho”, para cumplir cincuenta hay que hacerlo muchísimas veces más.

Yo también “lo noto, como me voy volviendo menos cierto, confuso, disolviéndome en aire…” y eso no es algo sencillo de asimilar. Como si fuera una lección del destino, esta semana la vida me aportó una prueba de este volverme menos cierto y menos asertivo. Pero también sin duda, experimento una paz más profunda, un cierto sabor a madurez que aún tiene energía para planear y soñar con muchas cosas buenas, para seguir caminando y echándole ganas a la vida diaria, levántandome a diario con muchos pendientes que me agobian y recibiendo muchos más que –modestia aparte- me he ido ganando con el sudor de mi frente y de mis noches frente a la computadora.

De manera que mi sentir ahora, hace diecinueve minutos que soy cincuentón, es una mezcla de madura y creativa energía con incertidumbre y conocimiento de que ya nada será como antes. Y sin embargo mi más clara emoción es de gratitud por todo ese “bien recibido” que tiene rostros, nombres e historias concretas, empezando por mi familia de origen y formación inicial -López Calva- de la que me siento profundamente orgulloso a pesar de las huellas que me hacen sufrir riéndome de mí mismo y reírme de mí mismo cuando me veo sufriendo, continuando con mi familia elegida y regalada por Dios –López González- de la que me siento también muy orgulloso y en la que sigo encontrando cada día mi referente y mi fuerza para seguir adelante, y siguiendo con tantos y tantos amigos y amigas, compañeros y compañeras de trabajo que he ido tratando de cultivar y que me han ido sin duda cultivando en estos cincuenta años “moviendo el corazón casi cien veces por minuto”.

Es por esto que escribo ahora en vez de irme a dormir para estar más fresco mañana en la pachanga. Porque quiero que este texto sea un acto de acción de gracias: profundo, festivo, amoroso, lleno de paz y de esperanza a pesar de estos tiempos de desesperanza.

Gracias a mis papás, a mis hermanos y hermana, a mis suegros, cuñado, cuñada, concuño u concuña, cuñadas, sobrinos, amigos, compañeros, alumnos y exalumnos de veintiocho años de aula. Gracias sobre todo a Gaby, a Mariana, a Paulina y a Daniela que son mi inspiración y mi refugio, mi escudo de amor cercano e imprescindible, mis cómplices y conspiradoras en esta tarea de tratar de “vivir como Dios manda” , tratando de ser –como decía Machado- “en el buen sentido de la palabra, buenos”.

El miércoles pasado antes de una junta, platicando con Maru Sánchez de cosas de la vida, me decía de una persona humilde, un campesino que ha sufrido mucho y con quien ella está trabajando su biografía y me compartía una frase muy sabia que él le dijo: “A una vida no le sobra nada” por más sufrimientos y problemas que se puedan tener.

Hoy creo que entiendo esa frase aunque haya partes de mi vida que han sido y sigan siendo dolorosas y terriblemente difíciles: a mi vida, estoy seguro, no le sobra nada, aunque quizá hoy no pueda entenderlo del todo.

En efecto y para no alargar más este sentir en palabras ya muy extenso, quiero cerrar diciendo que mi convicción en este día es que a mi vida aún le falta mucho –aunque no sé cuánto tiempo vaya a durar ese mucho- pero sin duda puedo afirmar que no le sobra nada.

27-11-2011



miércoles, 23 de noviembre de 2011

Teleo y Melees: Investigación educativa y transformación de la educación

Comparto con los lectores del blog, mi columna de hoy en Lado B. Es una breve reflexión sobre el debate acerca de la relación entre la investigación educativa y la transformación real de la educación. ¿Es posible que la investigación contribuya a construir una mejor educación en México?

http://ladobe.com.mx/2011/11/“teleo”-y-“melees”-investigacion-educativa-y-transformacion-de-la-educacion/

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Violencia escolar y violencia en la escuela

Comparto con los lectores del blog mi columna de esta semana en Lado B. Tiene relación directa con el texto puesto en la entrada anterior, pero desarrollado ahora desde una visión más pedagógica que personal, como educador y pensador de la educación más que como papá y ciudadano. Espero sea de su interés.


http://ladobe.com.mx/2011/11/violencia-escolar-y-violencia-en-la-escuela/

domingo, 13 de noviembre de 2011

Cuando la violencia toca a nuestra puerta.


Para Max, héroe por la fuerza de las circunstancias

Para Daniela y 4º A, por lo injusto que es crecer a destiempo

El miércoles pasado recibí este mensaje de Gaby, mi esposa, dirigido a la familia. Desde que lo leí quedé muy consternado y el sentimiento de tristeza creció a medida que fuimos sabiendo más detalles del caso:

“Ayer y hoy llegó Daniela muy impresionada de la escuela. Ayer la maestra se dirigió al grupo para decirle que su compañero Max (al que Daniela califica de muy tranquilo y buena persona) había tenido una experiencia muy fea en su familia y que estaba hospitalizado. Quería pedirles que pensaran mucho en él y lo hicieran con cariño. Les dijo que no sabía cuando iba a regresar a la escuela.
Parece que algunos compañeros ya estaban enterados de lo que había pasado, unos de ellos mas cercanos a la familia estaban mas o menos enterados de algo, otros habían visto las noticias en la televisión. Daniela me contó lo que logró entender entre los rumores que se corren a nivel de niños de 10 años. Por lo que me contó Daniela, concluyo que la mamá, abuelita y una tía de Max fueron víctimas de un "ajuste de cuentas" al interior de su propia casa, al parecer Max pudo salir a pedir ayuda con los vecinos. Realmente ignoro que pasó con exactitud.
Hoy supieron que tal vez mañana salga Max del hospital, pero no saben si regresará a la escuela, la maestra les confirmó lo que muchos de ellos sabían ya acerca de la pérdida de su mamá, abuela y tía. Dice Daniela que Dylan, el mejor amigo de Max, estaba llorando y que ella sintió muy feo cuando lo vio llorando de esa manera. Admira a Max por haber salido a pedir ayuda a los vecinos y dice que ella no sabría que hacer si algo así le pasara. Está preocupada porque los papás de Max estaban separados y ahora ¿con quién tendrá que vivir?
¿Qué sucede?, ¿qué mundo están teniendo que vivir nuestros hijos?, ¿cuándo una de nuestras preocupaciones a los 10 años fue si seríamos capaces de pedir ayuda a nuestros vecinos en caso de que entraran a matar a nuestra familia en nuestra propia casa? ¿estamos haciendo algo por la paz o cada vez oímos con mayor indiferencia este tipo de noticias sin ocuparnos mucho del asunto? El mundo cada vez es mas pequeño, nada queda lejos ya y cada día el círculo en el que sabemos de crímenes es mas cercano a nosotros…
Gaby”

La descripción del hecho y de su impacto en Daniela y seguramente en todos sus compañeros habla por sí misma. Preguntas como las que plantea Gaby surgen de inmediato si uno tiene todavía alguna sensibilidad ante la violencia generalizada que está viviendo el país, si no se ha acostumbrado a los cientos o miles de casos que diariamente vemos en televisión o leemos en los diarios.

¿Por qué un niño de nueve años tiene que ver morir violentamente a su mamá, a su abuela, a su tía o tío en su propia casa y sufrir él mismo agresión física? ¿Por qué un niño tiene que salir a pedir ayuda en medio de un escenario sangriento digno de una película de terror? ¿Por qué todo un grupo de niños, amigos y compañeros de Max, tienen que crecer prematuramente y sentir que la violencia toca a su puerta? ¿Por qué nuestros niños tienen que crecer a destiempo y sentir miedo en la calle, en su casa, en la escuela?

A la par de las preguntas afloran los sentimientos de impotencia, dolor, frustración, enojo, compasión, empatía, solidaridad, temor, desesperanza, en fin, desmoralización frente a una realidad que se vuelve cada día más parecida a una pesadilla y que parece no tener remedio porque estamos en un círculo vicioso producto de una severa crisis institucional y de una profundísima crisis moral.

¿Cómo vivir pensando solamente en la supervivencia? ¿Cómo seguir tratando de construir un proyecto de felicidad, de realización, de respeto, de amor en una sociedad caracterizada por el miedo, el nulo valor de la vida, la preeminencia de los intereses y ambiciones egoístas de personas y grupos –no solamente políticos sino incluso familiares- y la incertidumbre de salir a la calle cada mañana sin tener la mínima garantía de que volverá sano y salvo a casa?

El problema es quizá que siempre vemos estos hechos como más allá de nosotros, como algo que le sucede a otros. Sin embargo cada vez nos toca saber de casos más cercanos y prácticamente ya no hay familiares, amigos, compañeros de trabajo que no hayan vivido personalmente o en alguien muy cercano, episodios de violencia de diversa índole. La violencia está tocando a nuestra puerta literalmente.

¿Qué hacer para empezar a revertir este círculo vicioso? Me lo pregunto con cada vez más fuerza y cada vez me queda más claro que ya no basta con hacer bien lo que hacemos en nuestros pequeños espacios cotidianos, que ya no es suficiente con vivir una vida pacífica y tratar de respetar y promover el respeto entre los que nos rodean. La falta de respeto a todo, la imposición de los deseos y caprichos personales por encima de cualquier cosa y a través de cualquier medio y la trivialización de la vida humana son realidades que constatamos día a día a nuestro alrededor, incluso entre personas que consideramos educadas.

Desgraciadamente parece no haber respuesta. Yo al menos no veo una posible salida a corto plazo, más allá de la educación de las generaciones futuras en otra perspectiva moral más allá de la preocupación excesiva en los conocimientos, los idiomas y las computadoras.

Por lo pronto el impulso que me nació de inmediato al saber este hecho pero que no pudo ser realizado hasta tres días después fue simplemente abrazar muy fuerte a Daniela y no decirle “no pasa nada”, porque sí pasa…sino tratar de explicarle, con mis muy pobres argumentos, que en el mundo hay mal, que hay personas a nuestro alrededor que hacen daño a otras y que esta realidad nos da miedo a todos, pero que aún sabiendo esto tenemos que seguir viviendo, viviendo bien y haciendo bien y tratando de que en este rejuego de bien y mal, pueda ir emergiendo la probabilidad de un mundo más humano. Abrazarla y decirle que a pesar del miedo tenemos que conservar la alegría y la esperanza de vivir como seres humanos.

Así, en un abrazo prolongado, en un abrazo silencioso que decía muchas más cosas que las torpes palabras que expresé en nuestra conversación, le dije simplemente que la vida es injusta y difícil y que estamos juntos y eso, aunque es insuficiente es mucho…y basta para sacar fuerzas y seguir caminando.

domingo, 6 de noviembre de 2011

miércoles, 26 de octubre de 2011

miércoles, 19 de octubre de 2011

Educación y rebeldía: A propósito del #15O

19 octubre, 2011 / Publicado en la columna Educación personalizante de Lado B.

Martín López Calva*

@M_Lopezcalva

“¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero si niega, no renuncia: es también un hombre que dice sí, desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes toda su vida, de pronto juzga inaceptable un nuevo mandato…”i

.A lo largo de este año el mundo ha vivido una serie de movimientos sociales y políticos de diversa índole que empiezan a generalizarse y a tomar la forma de una gran manifestación de los ciudadanos comunes contra el sistema económico imperante y, como afirma el escritor Jorge Volpi a expresar que “…ya no podemos tolerar a los políticos que sólo se preocupan por sí mismos.”

Desde el 15M que comenzó por reunir a miles de españoles inconformes que acamparon por semanas en la Puerta del Sol en Madrid pasando por los movimientos de liberación de los países árabes, hasta el reciente movimiento de “occupy Wall Street”, estas expresiones de inconformidad hacia la situación de injusticia estructural, falta de democracia real y abuso de los poderosos que exigen sacrificios a la población y recortan el gasto social mientras siguen viviendo en la opulencia, desembocaron este fin de semana en el llamado #15O, que fue la etiqueta usada en Twitter para identificar la protesta mundial que convocó a muchos miles de personas en un gran número de ciudades del planeta.

Es difícil predecir en qué van a desembocar estos movimientos y qué impacto puedan tener en nuestro país, sin embargo es importante preguntarnos cuál es la relación entre educación y rebeldía. ¿Es cierto que la Educación es sólo un “aparato ideológico del estado”que sirve para reproducir la estructura social vigente? ¿Es posible educar para la rebeldía y la transformación de estas estructuras injustas, como afirmaba el gran pedagogo brasileño Paulo Freire? ¿Cuál sería el papel de la educación en la formación de ciudadanos capaces de rebeldía ante la injusticia y la falta de libertad?

Como afirma Camus, un hombre rebelde es el que dice no. En este sentido la educación tiene hoy un desafío fundamental de carácter ético, porque además de formar ciudadanos y profesionistas eficientes, con una preparación académica de calidad, tiene que formar personas con una conciencia crítica capaz de decir NO, de decir “ya basta” a un sistema socioeconómico y a una cultura basada en el hiperconsumismo de unos cuántos y en la carencia de las mayorías.

Pero un hombre rebelde es el que al mismo tiempo dice sí, se pronuncia en favor de una situación distinta que si bien aún no se conoce con claridad, se tiene la convicción de que es posible y el compromiso para aportar a su construcción, desde la protesta pero también desde la organización de la propuesta y la esperanza. La otra cara del compromiso ético del sistema educativo es la de la formación de ciudadanos que digan sí a esta búsqueda de alternativas para un desarrollo realmente sustentable y humanizante.

“Se comprende entonces que la rebeldía no puede prescindir de un extraño amor…El movimiento más puro de la rebeldía se corona…con el grito desgarrador de Karamázov: ¡Si no se salvan todos, para qué la salvación de uno solo!”ii

.El compromiso de educar la rebeldía tiene que ver también con trascender la visión superficial que identifica rebeldía con simple oposición irracional o con activismo que busca destruir violentamente todo lo instituido. Educar la rebeldía significa educar en este “extraño amor” que se identifica con la solidaridad con los que sufren, que en la globalización abarcan ya a todo ser humano que en el planeta sea víctima de injusticia, opresión o falta de libertad. Educar para la rebeldía ante el sistema requiere educar la rebeldía para volverla una rebeldía solidaria, pacífica y creativa, capaz de vivir conforme al grito: si no se salvan todos, para qué mi propia salvación individual.

Para lograrlo necesitamos de una reestructuración del sistema educativo y la SEP hacia una organización de alta complejidad y educadores que trasciendan la visión de ser simples catalizadores del sistema –reproductores de las demandas de eficientismo y competitividad ciegas- o meras víctimas –docentes paralizados ante el sistema o meramente reactivos ante él- para convertirse en “docentes contrapunto” que eduquen con la calidad que exigen los tiempos, pero con una visión auténticamente crítica y rebelde que sea capaz de trascender el sistema, de decir no al mundo tal como está y decir sí a la búsqueda de un mundo alternativo.

i Camus, A. (2003). El hombre rebelde. Madrid. Alianza Editorial. 3ª. Reimpresión. P, 21
ii Tomado del mismo libro de Camus, p. 353



Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...