Mostrando entradas con la etiqueta educación humanizante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educación humanizante. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de enero de 2017

“Hasta un pueblo de demonios..:” o la urgencia de aprender a convivir.



*Artículo publicado en E-Consulta en noviembre de 2012.


“…"hasta un pueblo de demonios", de seres sin sensibilidad moral, querría una Ética cívica para vivir en paz, con tal de que fueran inteligentes. Tanto más un pueblo de personas, dotadas de sensibilidad moral, que verían la necesidad de transmitir esos valores a sus hijos a través de la educación..” 
Adela Cortina.
            Circulando por cualquier calle de la ciudad de Puebla uno se encuentra casi en cada cuadra con autos estacionados en doble fila que obstruyen la circulación de los demás. Cuando se ingresa en automóvil a un centro comercial grande o pequeño o incluso a los hospitales más caros y exclusivos de la ciudad, lo común es ver los lugares destinados para discapacitados ocupados por personas que no tienen ninguna discapacidad más que la flojera de caminar unos pasos. La entrada a las escuelas supone siempre una fila de vehículos estacionados también en doble o triple fila para bajar a los niños sin tener que caminar.
            Si se inauguran obras de beneficio colectivo es también común ver la forma en que la gente empieza a destruirlas por una mezcla de inconciencia y placer. De igual forma es normal ver todavía a personas que arrojan basura a la calle desde la ventanilla de su auto o de un autobús urbano y personas que se meten adelante en la fila del supermercado o rebasando por el acotamiento se adelantan a la fila en las casetas de cobro de las autopistas.
            El pretexto es siempre algo como: “es que voy a bajar solamente un momento”, “no voy a tardar”, “es que tengo prisa”, “tengo muchas cosas que hacer y me urge…”, etc. como si las demás personas que esperan en la fila, se estacionan donde deben y caminan para bajar a dejar a sus hijos a la escuela no tuvieran también prisa o actividades que realizar.
            Cuando un ciudadano común se atreve de manera amable a reconvenir a los infractores, cuando un “viene-viene” o un vigilante de los estacionamientos se atreve a decirles que no se deben estacionar en tal lugar o que no pueden tirar basura en el piso, la respuesta es de indiferencia en el mejor de los casos y de agresión prepotente e insultos en la mayoría.
            Resulta curioso darse cuenta que esas personas que rompen las normas mínimas de convivencia en todos los espacios públicos, llevan a sus hijos a escuelas donde les “inculquen valores”, se quejan de la corrupción y la violación a las leyes por parte de los delincuentes o los políticos y seguramente se consideran buenos ciudadanos.
            Del otro lado nos encontramos con que la autoridad brilla por su ausencia. Uno puede circular por las calles llenas de autos en doble fila y no verá una sola patrulla de tránsito; lo que es peor, uno pasa por la entrada de las escuelas y muchas veces hay patrullas y agentes de tránsito que se supone están para poner orden, pero estas patrullas y agentes están viendo a los autos en doble fila, a los padres y madres de familia cometiendo toda clase de imprudencias y violaciones de tránsito sin decir absolutamente nada. Lo mismo ocurre cuando se tira basura en la calle, se destruye mobiliario o instalaciones urbanas o se agrede a otro en la vía pública. La autoridad ha renunciado a su tarea y ha claudicado ante el caos imperante en la ciudad.
            Lo anterior parece no ser privativo de las autoridades locales o estatales de Puebla sino un fenómeno reiterado a nivel nacional. Individuos o grupos roban y queman vehículos, toman instalaciones universitarias por la fuerza, bloquean calles o se apoderan de zonas o ciudades completas sin que la autoridad asuma su responsabilidad y cuando la asume, la sociedad entera y los medios de comunicación reaccionan airadamente acusándola de “represora”.
            Este es el círculo vicioso en el que estamos sumidos hoy: los ciudadanos violando las normas desde lo más pequeño hasta lo más grave con total impunidad porque no hay autoridad que les marque límites, y la autoridad sin marcar límites porque la cultura establecida reprueba su intervención a pesar de que en el discurso manifiesta que se requiere.
            Dice bien Adela Cortina reinterpretando la idea de Kant: “hasta un pueblo de demonios querría una ética cívica para vivir en paz, con tal de que fueran inteligentes” y parece que nosotros hoy en día, seres humanos que se supone tenemos la sensibilidad moral de la que carecen los demonios, parecemos no ser lo suficientemente inteligentes para pensar que necesitamos una ética cívica para poder convivir en paz y no terminar matándonos unos a otros como ya está sucediendo cotidianamente en nuestra patria.
            Ojalá como sociedad podamos reflexionar sobre esta necesidad urgente de aprender a convivir , que es el nuevo nombre de la educación ética, porque más que enseñar valores a los niños tendríamos que demostrarles con el ejemplo en nuestras acciones más simples y cotidianas, que somos inteligentes y vivimos una ética cívica porque queremos vivir en paz. 

domingo, 22 de enero de 2017

Aprender a ser: Educarlos o padecerlos



*De mi columna Educación personalizante en Lado B, publicado en febrero de 2012.


“Los hombres han nacido
los unos para los otros;
edúcales o padécelos.”
Marco Aurelio.*
                  1.-Padecernos.
                  Si circulamos por las calles de Puebla al volante de nuestro auto y continuamente podemos observar la creciente falta de respeto de los automovilistas por la señales de tránsito: autos pasándose el alto “porque no viene nadie y yo tengo prisa”, vehículos detenidos en la esquina invadiendo el área de cruce peatonal “porque no sirven para nada”, coches circulando en sentido contrario “porque así cortamos camino”, personas que se estacionaron en doble fila “porque es muy rápido, nada más espero que mi hijo salga de la escuela, solamente voy a comprar mis papás del ruso, voy a dejar un papel y regreso” y una larga lista de etcéteras.
                  Si pretendemos estacionarnos en un centro comercial, resulta que por la flojera de caminar vemos a medio mundo  dejando su coche en los lugares de discapacitados o parados justo enfrente de las tiendas ancla al lado de la banqueta, donde no hay cajones de estacionamiento. Pero no importa, como esas personas van a comprar y “el cliente siempre tiene la razón”, Angelópolis y otros centros comerciales han preferido pintar los cajones donde la gente se estaciona imprudentemente  antes que sancionar de alguna manera a los clientes que cometen estas faltas de respeto al reglamento. En el hospital más Angeles los visitantes no respetan los lugares para discapacitados, destinados a quienes llegan con enfermos y ahora incluso se estacionan en la rotonda de circulación frente a la puerta, también con la complacencia de las autoridades del lugar. (http://yfrog.com/hwu7hepj )
                  Si por el contrario somos peatones también estamos continuamente dejando de respetar las normas viales y cruzando la calle corriendo en vez de usar el paso peatonal elevado o ir a la esquina a cruzar en la zona destinada para hacerlo, etc.
                  En las tiendas o supermercados vemos continuamente también cómo la gente se mete indebidamente en la fila al menor descuido de quienes están formados, trata de sacar ventaja de cualquier situación y obstruye el paso de personas que requieren apoyo especial sin importarles mayormente cualquier cosa que vaya más allá de su prisa.
                  2.-Educarnos.
                  Nos hemos referido en este espacio a uno de los “cuatro pilares de la educación del siglo XXI”: el aprender a convivir (http://ladobe.com.mx/2012/01/aprender-a-convivir-el-pilar-y-sus-cimientos/ ). Es importante ahora referirnos a otro de estos pilares fundamentales que señala la comisión Delors por encargo de la UNESCO: Aprender a ser (http://www.unesco.org/education/pdf/DELORS_S.PDF).
                  Aprender a ser implica la educación de la individualidad de cada estudiante para capacitarlo en la construcción de su propia existencia, que es quizá el mayor desafío personal que todo ser humano tiene que enfrentar .  Orientar la educación hacia el desarrollo humano de cada sujeto que vive cotidianamente en las aulas no es una tarea fácil en una sociedad con rasgos posmodernos en los cuales, en nombre de una recuperación de la subjetividad se ha caído en el subjetivismo cognitivo y moral y con el pretexto de la educación para la realización y la felicidad de cada individuo se ha llegado a un individualismo aplastante que rompe la búsqueda de comunidad y pone en grave riesgo la convivencia democrática.
                  Este pilar fundamental para la educación de una humanidad que sea capaz de salvarse realizándose, tiene como tarea básica, según el texto de Delors, educar “ para que florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal…” (http://www.unesco.org/education/pdf/DELORS_S.PDF p. 36)
                  Lo anterior implica una labor conjunta entre maestros, padres de familia, directivos escolares, medios de comunicación y otras instancias sociales para formar personas que realmente sean autónomas, es decir, capaces de autodeterminarse en medio de las circunstancias que les toca vivir según su contexto histórico-social-económico-político-cultural. Esta autonomía no significa de ninguna manera personas que “hagan lo que se les antoje” o que impongan su voluntad o sus intereses egoístas a los demás porque implica, como dice esta obra, el juicio y la responsabilidad personal.
                  Sin embargo el contexto subjetivista e individualista en que vivimos parece confundir aprender a ser con imponer nuestro parecer a los demás y ser autónomos con hacer lo que nos plazca sin ser contrariados. Muchos padres de familia se enfrentan hoy a los docentes o a la escuela de sus hijos porque “se atrevieron” a corregirlos o a ponerles límites o a enfrentarlos a la frustración para desarrollar la tolerancia, cuestión fundamental en el aprendizaje del ser auténticamente humanos y verdaderamente autónomos, es decir, responsablemente libres.
                  La moda nos dice que nuestros hijos deben ser felices a toda costa y no se les puede contrariar so pena de generarles traumas y problemas de autoestima para el resto de su vida. Paradójicamente con esta forma de actuar les estamos condenando a la infelicidad porque no tendrán herramientas para enfrentar la vida que no es siempre como queremos ni nos consiente que hagamos absolutamente lo que se nos antoje.
                  Educarnos o padecernos, era la disyuntiva que planteaba Marco Aurelio a partir de que aprendemos a ser siempre con otros y no podemos ser si pasamos por encima o ignoramos a esos otros. Educarnos o padecernos sigue siendo el desafío de un aprendizaje sano para el desarrollo de la individualidad en los tiempos ególatras que vivimos.
                  Ojalá reflexionemos sobre este desafío y tratemos de enfrentarlo en la educación de las nuevas generaciones para no padecerlas en el futuro como estamos padeciéndonos hoy en cada escenario de nuestra vida social.

domingo, 4 de diciembre de 2016

¿Sabines o no Sabines?


*Otro fragmento de mi libro: Aquí quiero yo verlos. La lucha y la danza en las aulas, publicado por Ibero Puebla en 1999.



“Como ahora no hay maestros ni alumnos, el alumno preguntó a la pared: ¿Qué es la sabiduría? Y la pared se hizo transparente.”
Jaime Sabines. Cómo pájaros perdidos.

I.
Como ahora no hay certezas
ni claridades, el alumno
preguntó al maestro:
¿qué es la verdad? …y el
maestro se hizo invisible.

II.
Como ahora no hay verdad
sino “verdades” a la medida,
el maestro preguntó al
alumno:
¿qué es la verdad? …y el
alumno contestó: ¡Presente!

III.
Como ahora no hay paredes
transparentes, el maestro
preguntó al alumno:
¿qué es la verdad? Y el
alumno respondió:
“lo que viene en el examen”.

IV.
Como ahora no hay razones
sino sensaciones, el maestro
preguntó al alumno:
¿qué es la verdad? Y el alum-
no respondió: “lo que yo siento”.

V.
Como ahora no hay cues-
tiones sino calificaciones, el
maestro preguntó al alumno:
¿qué es la verdad? …y el
alumno respondió: “lo que
usted diga… (mientras dure
su materia)”.

VI.
Como ahora no hay maestros
sino enseñantes, el alumno
preguntó al maestro:
¿qué es la verdad? Y el maestro 
contestó: “eso no viene
en el programa del curso”.

VII.
Como ahora no hay
preguntas sino disciplina, el
alumno preguntó al maestro:
¿qué es la verdad? Y el
maestro dijo: “¡silencio!,
repitan comigo…”


domingo, 2 de octubre de 2016

Sobre el perdón y el olvido.



*Publicado en mi columna Educación personalizante de Lado B en febrero de 2015.


“Perdonemos pero no olvidemos”.
Nelson Mandela.

            Vivimos en un país cada vez más dominado por la ira y el odio. Nos encontramos en un momento histórico en el que la acumulación de crímenes cada vez más despiadados, de atrocidades toleradas o a veces incluso propiciadas por un sistema político cuyo motor es la corrupción y cuyo incentivo principal es la impunidad, han desatado una polarización social que la clase política parece creer controlable y manejable pero que en cualquier momento puede llevarnos a un estallamiento de proporciones impredecibles.
            En este escenario nos encontramos cada vez más con expresiones de la gente en las redes sociales, en los comentarios que se envían a las noticias o artículos de opinión de los periódicos y en las calles y plazas públicas que se surgen claramente de emociones espontáneas y viscerales. El análisis y la inteligencia parecen salir sobrando o incluso ser mal vistas porque trascienden la cómoda y tranquilizante percepción del mundo en blanco y negro que divide a los mexicanos entre buenos y malos evitando cualquier matiz o intento de complejización.
            Vivimos en un país que no debe olvidar pero tampoco quiere perdonar. En muchos llamados a la manifestación para exigir justicia sobre el caso emblemático de Ayotzinapa, sobre los hechos de Tlatlaya, sobre el asesinato de periodistas o cualquier otro evento de muertes o desapariciones de personas se usa indiscriminada –y creo yo que también muchas veces irreflexivamente- la frase: ni perdón ni olvido. (http://e-veracruz.mx/nota/2015-01-26/xalapa/4-meses-ni-perdon-ni-olvido-para-caso-ayotzinapa).
            Este llamado a no olvidar no solamente es entendible y justificado sino necesario para la reconstrucción de nuestras estructuras sociales y políticas desde sus cimientos que se han ido corrompiendo hasta llegar a extremos insostenibles. Para nuestra sociedad es imprescindible no olvidar todas las atrocidades que han ocurrido y evitar a toda costa que se den “carpetazos” o se nos quiera conducir a “pasar la página” de tal o cual acontecimiento para mirar hacia delante como si nada hubiera pasado.
            Esta ha sido la eterna historia del México postrevolucionario y es la dinámica del eterno retorno que nos hace repetir de manera interminable los errores y los horrores del pasado evitando que realmente podamos avanzar hacia nuevos capítulos de nuestro devenir como nación.
            Sin embargo el llamado a no perdonar tiene desde mi punto de vista que ser ampliamente reflexionado y discutido porque si bien tiene razones comprensibles, su interpretación inadecuada o superficial puede tener consecuencias muy graves en este momento del país.
            Resulta totalmente entendible que se llame al “no perdón” si por perdón se entiende la renuncia a la demanda legítima de justicia para las víctimas –directas e indirectas porque finalmente todos somos víctimas de las estructuras injustas y de la violencia generalizada- ante hechos que son totalmente injustificables e inhumanos.
            Si por perdón se entiende la renuncia a la justicia, el no castigo a los culpables materiales e intelectuales de los crímenes cometidos, la evasión de las penas que merecen los políticos corruptos y los gobernantes omisos o cómplices de estas estructuras decadentes y productoras de violencia, la negación de la necesidad de reconstruir a fondo nuestro sistema de gobierno, nuestra estructura de partidos, nuestra cultura de la impunidad, entonces es plenamente justificable decir que no debe haber perdón.
            Sin embargo existe una forma más profunda de entender el perdón y en esta perspectiva el perdón se convierte en una condición indispensable para lograr la justicia y para sanar y reconstruir nuestro tejido social que hoy se encuentra roto.
            Edgar Morin plantea que “…Perdonar es un acto límite, muy dificil, que no es solamente la renuncia al castigo…” porque conlleva una situación de disimetría en la que “…en lugar del mal por el mal, devuelve el bien por el mal…Es un acto de caridad en el sentido original del término caritas, acto de bondad y generosidad”. (http://laicos.antropo.es/documentario/485-perdon.htm)
            Visto en esta perspectiva de hondura humana, el perdón implica al mismo tiempo la comprensión y la renuncia a la venganza. “Victor Hugo dice: «Intento comprender a fin de perdonar». El perdón se basa en una comprensión….” Comprender a otro ser humano implica no reducir su ser como persona al crimen que ha cometido y “…saber que tiene posibilidades de redención…”
            Es por eso que el perdón, según el pensador francés, es una apuesta ética, es decir, una apuesta –que como apuesta implica un salto guiado por la esperanza porque no hay ninguna certeza o garantía de que pueda generar el resultado esperado- por la regeneración de quien ha fallado, “…una apuesta por la posibilidad de transformación y de conversión al bien, de aquel que ha cometido el mal….”
                  Esta apuesta tiene como base la convicción de que el ser humano no es inmutable ni estático, que tiene posibilidades de evolucionar y cambiar hacia lo mejor o hacia lo peor. Existen innumerables ejemplos que avalan esta visión del ser humano como cambiante y confirman la afirmación de Bernard Lonergan acerca del desarrollo del ser humano: “Como quiera que uno sea en el momento presente, no siempre ha sido así y, en términos generales, no tiene por qué continuar siendo así”.
            Morin afirma que el perdón no puede verse aisladamente porque supone la comprensión del prójimo y la comprensión de uno mismo que son los elementos para poder hacer posible la idea de regeneración del ser humano.  Desde esta convicción sobre la relevancia de la comprensión y el perdón, el padre del pensamiento complejo plantea una urgente invitación a la humanidad de nuestros días: “Favorecer la posibilidad de regeneración es más necesario que nunca en este mundo despiadado…”
            El mismo autor plantea la cuestión de la relación entre el perdón y el olvido en estos términos:
“¿El no castigo significa olvido, como piensan aquellos para quienes castigar serviría para mantener la memoria de los crímenes sufridos? Las dos nociones están disjuntas de hecho. Mandela dijo: «Perdonemos pero no olvidemos». El opositor polaco Adam Michnik le hizo eco con su fórmula: «Amnistía, no amnesia». Los dos le tendieron la mano…a quienes los habían encarcelado.”
            El ejemplo de Mandela en su actuación como presidente de Sudáfrica después del Apartheid y con toda la carga acumulada de agravios que la población de raza negra tenía acumulados y clamaban seguramente “Ni olvido, ni perdón”, es una prueba fehaciente de que los planteamientos de Edgar Morin no son utópicos ni  producto de una mentalidad soñadora que no es aplicable a la realidad socio-política concreta sino elementos sustanciales para poder lograr un avance hacia estadios de paz y democracia.
            Desde esta perspectiva creo firmemente en que la consigna en este México lastimado por la violencia debe ser: no al olvido, sí al perdón.
Perdón para que haya justicia y no venganza…
Perdón para que los mexicanos se reconcilien con los mexicanos que piensan y viven de manera distinta…
Perdón para que los niños crezcan en un ambiente de convivencia sana y humanizante…
Perdón para que podamos seguir caminando hacia delante sin regodearnos en nuestras heridas…
Perdón para que volvamos a confiar en la política como el medio para gestionar los procesos sociales y generar las condiciones para una vida digna, pacífica y justa…
Perdón para que podamos recuperar la esperanza….
            Para construir esta realidad donde la memoria de los crímenes nos lleve a la justicia y no a la venganza resulta indispensable educar en un modelo distinto de convivencia escolar basada en la tolerancia, el respeto y el diálogo. El gran compromiso de los que nos dedicamos a la formación de las futuras generaciones de ciudadanos es educar en el perdón y para el perdón, educar desde la memoria y para la memoria, educar en la justicia y para la justicia.
           

domingo, 3 de abril de 2016

La educación en valores como educación para la democracia

Artículo Publicado en El Columnista en Febrero de 2011.


“Democracia: Es una superstición  muy difundida, un abuso de la estadística”
Jorge Luis Borges.


            En el ámbito escolar y universitario de nuestros días se habla mucho de la necesidad de “educar en valores”, de que la moral “regrese a la escuela” –como tituló Latapí uno de sus libros al respecto-, de que los niños y jóvenes vuelvan a educarse en lo que es bueno y lo que es malo.
            Sin embargo este clamor por volver a incluir la formación valoral en las escuelas y universidades que es compartido por autoridades, profesores, directores y padres de familia, significa muchas veces una especie de indoctrinación en la que se enseñe a los estudiantes “los valores” que se consideran como universales para vivir una vida individual honesta, recta y responsable.
            Muy rara vez se relaciona educación en valores con formación social, con desarrollo de la conciencia de vivir en sociedad y de las herramientas básicas para convivir de manera democrática construyendo la justicia junto con los otros.         
Sin embargo, desde una perspectiva ética compleja y acorde a nuestros tiempos, es necesario asumir que todo lo valoral es social y todo lo social es valoral.
            Lo valoral es social desde la perspectiva de que cada proceso de valoración y decisión de un sujeto humano individual está siempre mediada e influida por los condicionamientos económicos, políticos y culturales de la sociedad en la que vive.
            También lo valoral es social en tanto que toda valoración y decisión se hace de manera situada, es decir, dentro de un contexto socio-cultural específico. No se puede hablar de valoraciones o decisiones abstractas sino de procesos de valoración y decisión en unas condiciones sociales concretas y siempre dinámicas.
            Pero más allá de esto, lo valoral es social en tanto que el ser humano, “estructuralmente moral”, es al mismo tiempo “estructuralmente social”. La estructura valorativa del ser humano es intersubjetiva y no puede realizarse ni potenciarse si no es en relación con otros sujetos y en relación con la sociedad en la que se vive.
            El fundamento de lo moral o lo ético es precisamente, según afirma Edgar Morin, el hecho experimentable en cada persona de que los seres humanos no vivimos para sobrevivir, sino que sobrevivimos para vivir, vivimos para vivir. Este vivir para vivir significa vivir para disfrutar de la vida y de un proyecto de felicidad personal, pero también implica que este proyecto de vida se oriente a ayudar a vivir a otros, a dar vida a los demás.
            En este sentido, lo ético o lo moral tiene que ver necesariamente con la convivencia y con la construcción de una convivencia democrática en la que todos puedan aspirar a este vivir para vivir a partir del compartir la vida, del ayudar a vivir a otros.
Ningún proceso, estructura o institución social son a-morales, es decir, no pueden estar al margen de lo moral. Tenemos así sociedades, estructuras o instituciones humanas “más o menos morales” o “más o menos inmorales” pero no podemos tener sociedades o instituciones a-morales, es decir, que sean axiológicamente neutrales, que no tengan en su modo de funcionamiento una carga valoral específica que puede ser humanizante o deshumanizante, justa o injusta, libre o esclavizante.
            Lo social tiene una carga axiológica puesto que la sociedad funciona con base en ciertos valores aceptados convencionalmente o impuestos por los grupos de poder formal o fáctico. Lo axiológico tiene una carga social puesto que toda valoración afecta de un modo u otro el funcionamiento social y por ello todo proceso de valoración y decisión debe hacerse siempre pensando en el impacto que tendrá en la sociedad.
            Finalmente, lo social es valoral en el sentido en que parecen inseparables la educación cívica y la educación moral, es decir, toda educación para la convivencia ciudadana es una educación moral en el sentido que forma para determinados modos de convivir en sociedad, del mismo modo que toda educación en valores es una educación social. Es por ello que actualmente muchos autores desarrollan el término “educación para la ciudadanía” o “educación ciudadana” para hablar de educación valoral, puesto que todo lo valoral tiene un componente político-social.
            Es así que afirma la filósofa española Montserrat Payà que es “preferible educar para la reflexión que no para la sumisión; para la crítica que no para la aceptación pasiva: para la participación que no para la abstención”.
            Desde esta perspectiva, la educación en valores tiene que contribuir a que la sociedad democrática deje de ser una  “superstición muy difundida” como lo afirmaba Borges para tratar de formar personas capaces de convivir dialógicamente con los demás y de comprometerse en la construcción de instituciones que promuevan una organización social verdaderamente promotora de la participación y la equidad.
            Porque en la situación del México de principios del siglo XXI en el que hemos logrado con mucho trabajo construir procesos electorales más o menos limpios y más o menos equitativos, instituciones electorales relativamente autónomas y una conciencia del voto asumida por un buen porcentaje de la población, es mucho lo que todavía hay que caminar para que podamos decir que estamos en un proceso de transición democrática, que nuestro país avanza para dejar de ser un lugar donde los ciudadanos votan y luego “obedecen las órdenes”.
            En efecto, falta mucho todavía para poder avanzar hacia una sociedad verdaderamente democrática donde cada ciudadano entienda, desde una ética social y planetaria, que el voto es solamente una de las fases y compromisos de la democracia y que un sistema verdaderamente democrático tiene que ver con la participación activa y propositiva de la sociedad civil en la vida cotidiana y respecto a todos los ámbitos de la vida.
            En este proceso que México tiene que enfrentar, un aspecto muy relevante aunque no el único para lograr esta transición efectiva hacia la democracia es el de la educación. Una educación en valores verdaderamente efectiva tiene que contribuir a la formación ciudadana más allá de reproducir los modos de convivencia pasiva o egoísta vigentes.
            De manera que como dicen Escámez y Ortega, otros célebres especialistas en educación moral: “(…) si el proceso educativo no consigue personas que tengan predisposiciones para interrogar e interrogarse sobre la realidad que les rodea y sobre ellos mismos, predisposiciones para enjuiciar críticamente la información recibida, habría que suprimir lo de educativo”.
            Resulta necesario cambiar nuestra visión de la educación valoral  para poder contribuir de manera eficaz a la generación de un mejor país. Toda educación genera la sociedad que la genera y si la sociedad pasiva e individualista está generando una educación que no contribuye a la democracia, es hora de asumir nuestro compromiso y tratar de luchar porque desde la educación se rompa el círculo vicioso y se pueda contribuir a regenerar la sociedad en crisis que está generando nuestra crisis educativa.

domingo, 18 de octubre de 2015

Exámenes finales



-Fragmento de mi libro: Aquí quiero yo verlo. La lucha y la danza en las aulas. Publicado por la Ibero Puebla en 1999.

-->
I
Un día llegó a la vida y no llevaba formulario ni acordeón, ni nerd que le soplara las respuestas, ni cuestionario del maestro previniéndolo de lo que venía en el examen…

II
Tenía todos los libros abiertos pero la vida le puso un problema que no venía en los ejercicios de tarea…

III
Una noche salió con puro diez a la calle… sabía todas las respuestas de los libros pero nunca imaginó que hubiera preguntas como ésta.

IV
Le habían enseñado tantas respuestas que jamás se le ocurrió que hubiera más preguntas…

V
“Pregúntame lo que quieras sobre la vida –le dijo aquel sabio misterioso que se apareció- que yo te daré la respuesta” … a pesar de sus ansias no pudo hacerlo. Después de tantos años de escuela su curiosidad estaba seca…

VI
La vida le puso un examen sorpresa… pero no había vuelto a pensar desde que entró a la escuela…

VII
Un día tuvo que elegir y nunca supo por qué en la vida no había extraordinarios…

VIII
Le llegó la hora de tomar decisiones y no supo cómo hacerlo… volteaba a todos lados buscando al maestro…

IX
Siempre fue el “maldito” de la clase… pero ahora anda “de pinta” por la vida.

X
Cuando aprendió a pensar… pensó que era demasiado tarde…


lunes, 21 de septiembre de 2015

“¡AY, CÓMO HEMOS CAMBIADO...”: COMO “PRESUNTOS IMPLICADOS” EN LA HUMANIZACIÓN DE LA HISTORIA.

“DE LA CRISIS DEL PETRÓLEO A LA CRISIS DEL PETRÓLEO: CINCO IMÁGENES NADA VIRTUALES PARA ENTENDER NUESTROS MALES.

*Ponencia presentada en el 5º. ENCUENTRO ACADÉMICO DEL CENTRO DE FORMACIÓN HUMANISTA dentro del panel: “Humanismo y Neoliberalismo (La persona humana en el neoliberalismo)" en la Ibero cd. de México hace ya un buen número de años...publicado en las memorias del encuentro.



Introducción: la persona humana y el neoliberalismo como concretos.

            Empecemos por aclarar de lo que hablamos o al menos de lo que yo hablaré cuando trate de hacer mis comentarios sobre el neoliberalismo y la persona humana desde una perspectiva humanista. Porque estos dos términos están tan manoseados en nuestra cultura como el escándalo Clinton-Lewinsky por los medios de comunicación y la opinión pública. Cuando escuchamos o decimos neoliberalismo podemos entender o dar a entender cualquier cosa, el neoliberalismo es casi casi la imagen del demonio para algunos o la de la redención para otros en nuestra época. Todo lo malo ocurre por culpa del neoliberalismo decimos los que lo padecemos, todo el progreso y la moderrnización ocurren gracias a él según los que lo instrumentan.  De manera que cuando escuchamos esta palabrita nos suena ya tan obscena o tan desgastada como la palabra FOBAPROA (impronunciable), como un concepto lejano, el regodeo intelectual de académicos desocupados o el molino de viento de los “luchadores sociales” y de las “estrellas” de la sociedad civil.
            Lo mismo sucede con la persona humana. Este término puede interpretarse desde muy diversas perspectivas y tener significados totalmente diversos. La doctrina social de la iglesia, la iglesia misma, las instituciones educativas cristianas, muchos pensadores la mencionan tanto que puede sonar también a un concepto lejano y abstracto, como parte de una teoría que no nos dice gran cosa por acá en la experiencia.
            Sin embargo de lo que se está hablando aquí es de algo muy concreto, mucho más de lo que a lo mejor pensamos. ¿Qué son neoliberalismo y persona humana como concretos?
            Cuando hablamos de persona humana, al menos cuando yo lo mencione aquí, estaré hablando no de un constructo teórico sino de ti y de mí , de nosotros como búsquedas encarnadas, reales, específicas: con nuestros sueños, nuestras angustias, nuestras preguntas, nuestras esperanzas y desesperanzas, nuestras ilusiones y desilusiones, nuestros amores y desamores, nuestras necesidades y nuestras superficialidades. Cuando yo hable aquí de neoliberalismo me estaré refiriendo a un sistema concreto, a una “práctica” o mejor dicho a todo un conjunto de prácticas interrelacionadas y organizadas que están siendo hoy la norma de operación de nuestro mundo y determinando mucho más allá de la economía, los modos concretos de vida de la mayor parte de los habitantes del planeta y el significado de la vida humana y de las relaciones entre humanos en el mundo.
            A partir de esta aclaración que nos da una noción de persona humana y de neoliberalismo como concretos podemos ver claramente su indisoluble relación: porque persona humana y neoliberalismo como conceptos  pueden o no ser abordados analíticamente juntos – de hecho los ideólogos neoliberales y los grandes ensayos de Economía no mencionan a la persona humana -  sin embargo, persona humana y neoliberalismo no pueden ser separables si los entendemos concretamente como el sistema organizado de operación del mundo actual (neoliberalismo)  y los operadores concretos del mismo (personas humanas), como el conjunto de operaciones complejísimas que van determinando las relaciones entre los hombres y las cosas y de los hombres entre sí en nuestros días (neoliberalismo) y el conjunto de sujetos concretos que estamos operando dentro de esa red compleja de operaciones (personas humanas). De tal manera que cuando hablamos de estos asuntos estamos partiendo de que nosotros somos personas humanas y que estamos dentro de, que estamos involucrados querámoslo o no en este orden de cosas llamado “Neoliberalismo”, que somos los “presuntos implicados” en el problema de este mundo complejo e incierto, y que sus habitantes a pesar de que puedan cantarnos desde arriba: “ay, cómo hemos cambiado” tendríamos que darnos cuenta de que todo cambia para seguir igual o que por más que cambian las formas  seguimos en el fondo, siendo los mismos.
            Pasemos a tratar de analizar algunos de los rasgos de estas personas humanas operando y tratando de construir vidas humanas dentro de este sistema, contexto, ambiente o corriente neoliberal.

            1.-La construcción de la persona humana y de la “persona humanidad”.

            El hombre –la humanidad- es un sujeto inacabado, un ser que se tiene que ir haciendo a sí mismo en interacción permanente con lo otro, con los otros, con EL OTRO que es el misterio que lo trasciende. El ser humano no nace acabado y tiene el reto fundamental de “construir su propio drama, el drama fundamental de su propia existencia en la presencia y la interacción de los otros, el drama primordial que el teatro solamente imita”[1]
            En este proceso de construcción el sujeto humano necesita relacionarse con los bienes que le rodean: desde los más elementales que resolverán sus necesidades biológicas y de supervivencia hasta los más sofisticados que le ayudarán a crecer intelectual, existencial y espiritualmente. Pero esta relación no es solamente la de un individuo aislado frente a una serie de bienes inagotables sino la de muchos seres humanos frente a una cantidad limitada de bienes y a la necesidad de organizar la distribución sistemática y más o menos equitativa de estos. Esta relación implica necesariamente organización adecuada de la operación social para la producción de nuevos bienes que garanticen la calidad de vida de todos: estamos aquí frente a la necesidad de construir el “bien de orden”. En esta organización para la construcción del bien de orden existe también de manera implícita o explícita una priorización y una visión concreta de la relación con los bienes en función de los que se considera valioso o conveniente o bueno para cada persona, para cada grupo, para cada sociedad, para cada momento histórico: este es el campo de los valores.[2]
            Un bien particular puede ser una cosa, un acontecimiento,, una satisfacción o una operación que satisface una necesidad particular (en el  sentido amplio del término) de una persona o grupo de personas en concreto. El bien de orden en cambio es la estructura o instalación, es ese sistema organizado de operaciones que pretenden garantizar la recurrencia de los bienes particulares para todos los seres humanos de manera constante. El bien de orden no es un bien particular sino un flujo constante de bienes particulares. Yo necesito desayunar hoy y ese es un bien particular pero lo que puede garantizar que yo pueda desayunar diariamente es un determinado bien de orden. Es así que un sistema económico es un bien de orden, así como lo son un sistema político, un sistema educativo, o una estructura familiar.[3]
Pero mi relación con los bienes particulares y con el bien de orden debe estar orientada hacia mi proceso de humanización personal y al proceso colectivo de humanización: eso es lo que constituye un valor o valores: el conjunto de relaciones genuinas con genuinos bienes particulares y el compromiso sostenido con la construcción de un genuino bien de orden que garantice la humanización de todos.
            En la construcción de la persona humana y de la persona “humanidad” se va experimentando con diversas maneras de estructurar el bien de orden: diversos sistemas económicos, políticos y sociales, diversas instituciones y modos de funcionamiento institucionales, etc. Lo que determina su mayor o menor pertinencia es precisamente el criterio de los valores en que se sustenta y si estos valores favorecen la humanización individual y colectiva. Pero desgraciadamente lo que determina su vigencia o su olvido va siendo muchas veces el poder que tengan el grupo o los grupos que dirigen o sostienen este sistema y que se benefician de él.
            Así como el estado benefactor del modelo hoy llamado populista pretendía organizar toda la estructura a partir de la intervención del estado para regular la operación económica e incluso contribuir en la producción y distribución de los bienes particulares, el llamado neoliberalismo se erige a partir de la crítica a toda intervención del estado y sustentado en que el “mercado libre” y globalizado será el que regule con su “mano invisible” la operación que produzca y distribuya los bienes de manera recurrente y sistemática. Ambos son modelos o aproximaciones en la construcción del bien de orden.
            El modelo neoliberal, que surge de la crisis petrolera de principios de los  ochenta como ya se dijo y que parece enfrentar hoy su primera crisis seria , paradójicamente en el marco de una nueva caída de los precios del petróleo (de la crisis del petróleo a la crisis del petróleo), es un sistema nacido de la crisis del bien de orden  “populista” que le precedió y está sustentado en principios o valores distintos y contrarios a este.
 ¿Cuáles son los principios que sustentan este aparentemente nuevo modo de entender la construcción del “bien de orden”? ¿Qué tan genuino es este intento? ¿Qué valores lo sustentan? ¿dónde queda la persona humana en este modelo?

           


2.-CINCO IMÁGENES NADA VIRTUALES PARA ENTENDER NUESTROS MALES.

            Primera imagen: La sed y el sentido o la sed de sentido.

            “La falta de sentido produce una sed que no se sacia con nada” dice esta imagen tomada del “Nuncanismo”,  un nuevo movimiento que está hoy empezando a hacer ruido en Puebla como “propuesta ética, política, económica, social y cultural” y que ...bueno, aunque sea algo de provincia pues algo puede aportar...[4]
            ¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? ¿qué fue primero: el neoliberalismo que creó la falta de sentido para poder imponer el consumismo y sustentar la desmedida ambición de venta del mercado “libre”? o ¿fue primero la falta de sentido que vino de la desilusión de la modernidad y sus promesas incumplidas de progreso y felicidad, la crisis de las grandes utopías  y el gran “mercado globalizado se produjo como una respuesta del mercado a la sed insaciable que produce esta falta de sentido?
            Seguramente no hay una respuesta única. Seguramente esto fue un proceso simultáneo y ligado en el que la falta de sentido con su sed demandaba más cosas para tratar de llenar el vacío que no se llena con cosas y el “mercado libre” iba al mismo tiempo creando necesidades nuevas, nuevos problemas, carencias antes impensadas e impensables y con ello contribuyendo a acrecentar la sed, a hacerla más insaciable cada vez, y con ello a ahondar en la falta de sentido, como círculo vicioso...
            Pero el hecho es que la persona humana en el neoliberalismo es una persona carente de sentido para la existencia propia y carente de futuro para la existencia colectiva (tanto que ya decretaron “el fin de la historia”) y por ello, una persona sedienta, con una sed insaciable que devora –en la realidad del consumo en el mall o en la imaginación del consumo virtual por televisión- cosas y más cosas que no necesitaba, que en realidad no necesita pero que ahora ya necesita cada vez más.
            El asunto o el reto educativo fundamental en los tiempos del neoliberalismo sería quitar las capas de barniz publicitario de nuestras conciencias de persona humana y llegar a descubrir que la sed insaciable que produce la falta de sentido es en realidad una sed de sentido que puede ser saciada al menos parcialmente si nuestra relación con los bienes particulares se transforma, si nuestro compromiso con el bien de orden se renueva, si nuestra vida se reorienta a partir de valores que podamos descubrir como genuinos. El túnel del futuro seguirá allí, oscuro, profundo e incierto, pero seremos capaces de vislumbrar la posibilidad de una luz pequeña y poco espectacular pero útil y cercana: no la luz del final del túnel que nos aclara el final del camino sino la pequeña vela encendida que puede ir alumbrando el paso siguiente dentro de la oscuridad.

            Segunda imagen: El cambio de mirada o la mirada del cambio.

            La emoción más sublime, el sentimiento más profundo, el dinamismo más humano puede derrumbarse ante la pregunta:”papi, una puesta de sol, como esta, por ejemplo, hacerla, ¿cuánto puede costar?, en dólares, digo.”
            Porque el neoliberalismo nos cambia la mirada. El problema no es el mercado sino la absolutización del mercado, el problema no es el consumo sino el consumismo como sentido de la existencia, del problema no es que existan precios para las cosas sino que todas las cosas tengan que tener  un un precio. El problema no es pues, solamente el neoliberalismo como corriente de pensamiento económico sino la “dictadura de la economía de mercado” que se impone como criterio para interpretar la vida y el sentido de la vida. Porque el neoliberalismo ha ido mucho más allá de ser un sistema económico, un bien de orden, para convertirse en toda una manera de entender y de vivir la vida personal y colectivamente ostentándose hoy como EL BIEN DE ORDEN.
            El neoliberalismo nos cambia los ojos y nos hace ver como susceptible de producción tecnológica y de comercialización indiscriminada, todo lo que nos rodea, trátese de un televisor o de un atardecer, de una mascota o de una amistad, de un refrigerador o de un amor. Todo tiene o puede tener un precio, todo puede o podría llegar a ser comprable y vendible (por allí anda un gringo vendiendo terrenos en marte por la red). Hasta lo más sagrado se puede volver objeto de consumo (en Estados Unidos existe una panadería llamada “Inmaculate confection” que entre sus productos –la mayoría panes o galletas con imágenes religiosas- el más exitoso es el mother theresa muffin. (¡La madre teresa al nivel del gansito de marinela!).
            El reto educativo para una universidad como la nuestra sería, en primer lugar RESISTIR, resistir evitando que nos cambien también a nosotros la mirada porque el neoliberalismo nos hace ver de manera distinta no solamente los atardeceres sino también las universidades...y en aras de la eficiencia se puede perder la consistencia. En segundo lugar y a partir de la resitencia habría que trabajar para que no hubiera un cambio de mirada sino una mirada del cambio: formarnos y formar para ser capaces de distinguir más allá y por debajo de este mundo avasallante del mercado globalizado el cambio de época que se está perfilando en nuestro mundo. Miradas de cambio, miradas que perciban los elementos del cambio y brazos que trabajen comunitariamente en esa dirección. Una mirada de cambio en grupos comprometidos que transformen la mirada colectiva, una mirada de cambio que modifique no solamente la orientación existencial de las personas sino que lleve a la transformación de los esquemas de recurrencia y de los símbolos de nuestra cultura para avanzar hacia la construcción de un bien de orden orientado cada vez más por valores humanos genuinos.Eso es lo que realmente necesitamos para que el Humanismo (con todo y su crisis que ahora parece estar presagiando un renacimiento) no sea devorado por el neoliberalismo.[5]
           
            Tercera imagen: El ser y el parecer, el parecer lo que se es.

            Un nuevo dualismo en la concepción y en la práctica sobre la persona humana nos ha traído el neoliberalismo: del dualismo clásico que nos entendía como cuerpo y alma, materia y espíritu o por la psicología de facultades en inteligencia y voluntad, ahora hemos llegado al dualismo posmoderno entre el ser y el parecer; una persona es hoy un ser compuesto de una existencia y una apariencia podrían decir los diccionarios neoliberales. “Es más fácil conquistar a un hombre que a un espejo” dicen las que son “totalmente palacio” mientras otros nos hablan del “lenguaje de la imagen” . La cultura de la apariencia prolifera en forma de gimnasios (gyms) atestados de jóvenes y viejos, en dietas y naturismos, en ropa de moda y de marca, coche de lujo y escuela exclusiva – excluyente-. Lo importante no es ser sino parecer: “sé valiente y si no, aparenta serlo, nadie notará la diferencia” le aconseja un papá gringo a su hijo en un libro de esos de recetas para el éxito.[6]
            Vivimos en la cultura del neoliberalismo en la que se tiene que ser exitoso y ganador y si no, cuando menos  parecerlo. Nuevos “atributos” en el sentido iconográfico han nacido para identificar al hombre del mercado: teléfono celular, víper, agenda electrónica, computadora notebook, todo aquello que muestre lo que se es o mejor dicho lo que se quiere aparentar que se es...El auto habla de ti como persona, la casa donde vives, la ropa que usas, el cuerpo que luzcas, todo es comprable y fabricable (no sólo un coche sino una nariz, un cuerpo) para que la apariencia sea impecable –aunque el interior sea insufrible-.
            ¿Cómo asumir el desafío de la autenticidad en un mundo de apariencias donde la arquitectura es escenografía que engaña, el cuerpo es apariencia que miente, el coche es anhelo que “da el gatazo”?
            El paso del parecer de acuerdo a una imagen prefabricada y homogéneamente globalizada al ser no escindido que por ser auténtico parece exactamente lo que es, parece un reto imprescindible para un humanismo que afronte en serio el mundo neoliberal que vivimos. La superación del nuevo dualismo entre existencia y apariencia es un reto para el que quiera ser una persona integral y para el que quiera comprender el ser persona de manera no fragmentada. Porque así como el dualismo cuerpo-alma o materia-espíritu o inteligencia-voluntad subordinaba generalmente un elemento al dominio del otro (el cuerpo tenía que sacrificarse por la salvación del alma, la voluntad subordinarse a los dictados de la inteligencia) en el nuevo dualismo tal parece que la existencia se tiene que subordinar a la apariencia...y eso puede parecer muy “lucidor” o “moderno”, pero acaba a la larga dejándonos vacíos.
            El reto personal y social estaría entonces en una transformación personal hacia la autenticidad en la que la apariencia transparente nuestra existencia pero también, en el nivel colectivo, en el compromiso con la construcción de una sociedad en la que todos los esquemas de recurrencia que garanticen los flujos de bienes se orienten hacia la finalidad de satisfacer las necesidades de la existencia por encima de las de la apariencia. Esto implica un cambio de estructuras erconómicas y sociales pero al mismo tiempo y no sé si de manera muy importante, un cambio en la estructura simbólica nuestra sociedad actual.

            Cuarta imagen: Mantener el orden bien o construir un genuino bien de orden.

            Lo malo es que el sistema lleno de prejuicios y bloqueos va reproduciendo y ahondando la decadencia y tratando de mantenerse a sí mismo a costa de lo que sea. El neoliberalismo ha transformado los ejércitos en acciones bursátiles pero sigue siendo un sistema que no busca el bien de orden centrado en el hombre y al servicio de todos los hombres sino una estructura que busca mantener el orden establecido lo mejor que se pueda para seguir beneficiando a unos pocos a costa de los muchos.
            Esa “brecha entre ricos y pobres que se hace cada día más grande” que afirmaba el documento de Puebla sigue siendo una realidad que interpela a todo ser humano sensible a las necesidades de los demás.[7] Realidad de un sistema que por definición no podrá resolver las necesidades de las mayorías porque se sustenta en la competencia, la supervivencia del más fuerte –“El neodarwinismo social que se extiende-, la eficiencia, la utilidad y las utilidades y no en la convivencia, la solidaridad, la cooperación o la dignidad de la persona. Los pobres por definición no son competitivos, son ineficientes y rebasando cierto número disminuyen las utilidades porque generan gastos (¡tienen que comer!).
            El sistema, el mercado, se convierten entonces en la horca para millones y millones que tienen que ser sacrificados para que se mantenga el sistema en orden y en pie (que no el bien de orden humano) por lo que la lucha está entre subirse al carro de los que mantienen este sistema y manejan la horca o ser derrotados en esta carrera y acabar ahorcados para que el modelo sobreviva. Vivimos en sociedades donde los seres humanos se dividen en ganadores y perdedores, competitivos o desempleados, necesarios o excluídos.
            El reto en este sentido es enorme porque no basta con formar personas en el humanismo sino que se tiene que ir incidiendo en el cambio de la cultura que va transformando poco a poco las estructuras y reconstruyendo ese orden establecido para convertirlo en un flujo continuo de mejoras, en un auténtico bien de orden que facilite el crecimiento humano aún de aquéllos que hoy parecen resultar  innecesarios o hasta estorbar.[8]
            La universidad entonces tiene que cumplir su papel simbólico[9] como institución más allá de lo que pasa en las aulas. Un papel que genere poco a poco otra conciencia en la sociedad y otra cultura en la que el ser humano sea el centro con toda su dignidad inalienable como valor originante por encima del criterio de funcionamiento eficiente de ese bien de orden que es necesario para la humanización del mundo pero que debe estar subordinado a los valores y al valor fundamental de la vida humana.

            Quinta imagen: Cruxi. S.A. “Ay, cómo hemos cambiado”...

            “Presuntos implicados” en la construcción de un bien de orden donde el ser humano pueda vivir humanamente y pueda tener espacios para su progresiva tarea de humanización, parece ser que el sistema nos avasalla, nos domina y en el fondo nos deja inmóviles presenciando como simples espectadores el paso de la persona humana a un plano secundario. En el escenario donde se desenvuelve el drama de la humanidad llega de pronto el gran momento en el que hay reflectores, luces, rayo láser, grandiosa escenografía y modernos efectos especiales pero no hay actores porque todos los actores han sido condenados por el director y sus asistentes a ser simples extras que rellenan el fondo de la escena o a ser simples espectadores de este espectáculo en el que no sucede nada porque no hay drama que contar. El neoliberalismo se sustenta en índices macroeconómicos, ganancias bursátiles, mercados, modelos matemáticos, esquemas de recurrencia de cifras y cosas en los que el drama humano – en lo ecológico, lo social, lo psicológico, lo filosófico, etc.- parece importar muy poco o de plano no existir.
El fin de la historia llegó y nos encontramos atónitos y sin esperanza ante todo este despliegue tecnológico y financiero en el que el mayor drama es que no hay drama, no hay historia porque la historia ya se acabó, no hay posibilidades de búsqueda de otros sistemas o ideas porque estamos en el reinado del “pensamiento único” , no hay posibilidades de futuro porque ya llegamos y este es el futuro.
            “ay, cómo hemos cambiado” porque hoy seguimos con el mismo procedimiento que crucifica al hombre en aras del progreso y de los intereses del poder pero todo esto se hace con “métodos ultramodernos” y es ejecutado por compañías privadas. La privatización cambió las formas y la presentación, cambio las manos de los que determinan el modo de operación pero dejó intacto el problema de la construcción de un bien de orden genuinamente humano.
            Ante la crisis del “estado benefactor” y de los llamados modelos “populistas” la panacea ha venido siendo la privatización de todo lo privatizable. La persona humana es vista en este modelo como ser estrictamente individual y en competencia con otros. La visión social, la preocupación colectiva no existe porque las libres fuerzas del mercado y la competencia regulan la operación de los actores particulares que buscan la satisfacción se sus propias necesidades en rejuego con los demás particulares. La riqueza entonces se repartirá o se derramará en ese rejuego de intereses particulares. El problema es que la operación “libre” de las fuerzas del mercado no garantiza la cooperación y más bien parece excluirla si no existe una visión de bien colectivo o común que actúe como un valor regulador primordial.
            Lo paradójico es que en este esquema privatizador, lo más privado que tiene la persona humana como es la “vida privada”, “la privacidad”, se ha convertido en bien de consumo y se viola por completo porquecomo la “iniciativa privada”, la creatividad de los particulares para satisfacer o crear necesidades a la sociedad es ilimitada y no tiene ningún tipo de regulación ética, entonces la vida privada –la de los que cuentan, o sea la de las famosos y exitosos, los que salen en la tele- es también una mercancía que se compra y se vende. (Y si no veamos el escándalo Clinton-Lewinsky y sus productos comerciales, o las máquinas para grabar conversaciones telefónicas y las micrograbadoras para espiar a otros que ofreció un anuncio en el diario Reforma del día de ayer).
            “ay, cómo hemos cambiado” para seguir igual pero muy modernos. Cómo hemos cambiado para que nada cambie. Ojalá cambiáramos  también para que ahora no nos demos cuenta que debajo del glamour neoliberal hay personas humanas concretas.
            “Ay, cómo hemos cambiado” porque parece que hoy nos importa menos o quizá ya nos importa nada el ser humano, al menos como colectividad. La crisis del humanismo en pleno. Y sin embargo, queda la esperanza, queda el optimismo y por eso estamos aquí. Porque como dice Savater: “Sin verdadero optimismo no puede haber educación. Un pesimista puede ser buen domador pero no buen maestro”[10]. Queda la esperanza y la esperanza está puesta en que cambiemos de verdad. En que cambiemos la mirada para que no nos la cambien otros, en que nos miremos al espejo y nos reconozcamos, en que apaguemos con búsqueda fraterna y creativa esa sed insaciable derivada de la falta de sentido. La esperanza está sustentada en que el hombre es mucho más que cualquier bien de orden porque todo bien de orden está construido y operado por personas humanas. La esperanza se podría sintetizar en que ojalá despertáramos a la realidad y dejando de creernos eso que nos cantan los ejecutores del neoliberalismo: “ay, cómo hemos cambiado” dejáramos de darles toda la decisión y la influencia en la construcción del bien de orden a unos cuantos sujetos y grupos “presuntos implicados” en la creación de nuestros males y nos comprometiéramos en la participación, la crítica, la propuesta y la organización hacia una sociedad que garantizara el flujo sistemático y equitativo de nuestros bienes.

REFERENCIAS.

CELAM. (1979). Documento sobre la III conferencia del episcopado latinoamericano. Ed. Paulinas.
Gorostiaga, X. (1985).” La universidad preparando el siglo XXI”. En Magistralis no. 8. UIA golfo centro . Puebla.
Jackson Brown, H. (1997). Life´s little instruction book. Rutledge Hill press. Nashville Tenessee.
Lonergan, B. (1988). Método en Teología. Ed. Sígueme. Salamanca.
Lonergan, B. (1992). Insight. University of Toronto press. Toronto.
Lonergan, B. (1998). Filosofía de la educación. UIA Santa Fe. México.

*Cartones de Quino tomados de “El país semanal” y de “Proceso”. (1998)

           







[1] Cfr. Lonergan, B (1992). Insight. Cap. 6.
[2] Cfr. Lonergan, B. (1998). Filosofía de la educación. Cap. 2
[3] Cfr. Lonergan, B. (1998). Filosofía de la educación. pp. 68-70.
[4] Frese, B. (1998) .Manifiesto nuncanista.
[5] Cfr. Gorostiaga, X. (1995) . En Magistralis no. 8.
[6] Jackson Brown, H. (1997). Life´s little instruction book.
[7] CELAM. Documento de Puebla.
[8] Lonergan dice: “el progreso , anturalmente, no consiste simplemente en hacer alguna mejora, sino en un fluir continuo de mejoras”. Insight. Cap. 7.
[9] Meneses, E. (1992).” Filosofía educativa de la UIA”. En Magistralis No. 2.
[10] Savater, F. (1997). El valor de educar.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...