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domingo, 14 de mayo de 2017

Tres imágenes para el día del maestro.



*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012.


1.-Preparar el futuro,
“Qué lindo era el futuro,
el futuro
del pizarrón de cuarto grado,
todo hecho con tizas de colores
y una confianza buena,
de las viejas,
de esas que ya no se consiguen
ni pagando al contado…
…Sin barreras, sin piedras,
sin pozos, sin semáforos
nadie nos pediría documentos
ni nos requisarían baleros subversivos
ni nos sospecharían ladrones
o extremistas o infiltrados…
…No, no,
sencillamente no,
porque eso no figuraba para nada en el futuro,
porque eso la señorita no lo había dibujado
con borrador, y tiza y esperanza
en el prolijo y diáfano futuro
del pizarrón de cuanto grado…”
Humberto Constantini. El futuro

            Quizá la idea más repetida, más trillada respecto a la niñez y juventud es que esa de “el futuro de la patria” que tanto repiten en todos los medios y en casi todos los discursos políticos. En ese sentido, se dice también repetidamente hasta vaciar la expresión de sentido que los maestros “están formando a los ciudadanos del futuro”.
            En un México complejo, difícil, convulsionado por la injusticia y la violencia, confundido y desmoralizado por un presente que parece instalado para siempre negándonos toda posibilidad de futuro, habría que aprovechar el día del maestro para, más allá de descansar, celebrar o escribir mensajes sentimentales de elogio o autoelogio preguntarnos seriamente en qué consiste formar al futuro de este país y qué tan responsablemente estamos asumiendo ese compromiso.
            Porque como bien afirmaba Valéry: “El futuro ya no es como era antes” y menos ahora en un cambio de época que nos marca con la incertidumbre y nos envuelve en una dinámica vertiginosa en la que las urgencias de cada día nos impiden muchas veces pensar en lo realmente importante.
            Cabe pues preguntarse: ¿Qué tipo de futuro estamos construyendo día a día en las aulas? ¿Qué futuro estamos dibujando en el pizarrón a nuestros alumnos en nuestras prácticas cotidianas en la escuela o la universidad? ¿Preparamos a los alumnos para futuros abstractos, futuros de tizas de colores, con un redondo sol de mayo, futuros ideales y idealizados que se desvanecen en cuanto se cruza la puerta de la escuela?
            La enorme responsabilidad de ser docentes en una etapa de transición histórica marcada por crisis en todos los aspectos, en un país que no acaba de abandonar el pasado autoritario, caótico e injusto, implica el planteamiento del desafío de los cómos concretos para poder educar ciudadanos conscientes y plenamente capacitados para enfrentar futuros que distan mucho de ser de colores y sin problemas.

2.-Combatir la rutina.

“ …Soy profesor en un liceo obscuro,
He perdido la voz haciendo clases…
¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
…En materia de ojos, a tres metros
no reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? ¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases:
La mala luz, el sol,
La venenosa luna miserable…
…Sin embargo yo fui tal como ustedes,
Joven, lleno de bellos ideales
Soñé fundiendo el cobre
Y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales”.

Nicanor Parra Autorretrato.

            Ser maestro no es fácil. Como describe poéticamente Nicanor Parra en este poema, la docencia implica vivir ciclos en los que día a día, hora tras hora, en un salón y otro, se repiten continuamente prácticas que pueden fácilmente convertirse en rutinas sin sentido, en encuentros sin significado, ya no entre una persona que realiza el trabajo de educar y otras personas que están educándose sino entre un empleado que cumple con su “chamba” para poder ganar un sueldo y grupos de seres sin rostro, sin historia, cumpliendo el rol de receptores de información.
            Es así que muchos profesores se van envolviendo en esta rutina, año tras año y generación tras generación hasta que un día despiertan y se dan cuenta que han perdido la voz haciendo clases, que sus ojos también se han desgastado de tanto revisar tareas y exámenes, que se han ido poco a poco “embruteciendo por el sonsonete de las quinientas horas semanales”.
            En este día del maestro y cada inicio de ciclo escolar, cada mañana rumbo a la escuela, resulta importantísimo que todos los educadores nos preguntemos qué tanto estamos cayendo en la rutina, qué tanto nos empieza a atrapar la repetición del ritual de la enseñanza de lo mismo, con los mismos métodos, con las mismas anécdotas, los mismos materiales, las mismas estrategias. Qué tanto estamos perdiendo la creatividad, la capacidad de renovarnos y reinventarnos cada día en las aulas para no dejar de reconocernos como personas en crecimiento a través de nuestro trabajo.

3.-Reconstruir la vocación.

“Educar es lo mismo
que poner motor a una barca,
hay que medir, pesar, equilibrar...
y poner todo en marcha.

Pero para eso uno
tiene que llevar en el alma
un poco de marino,
un poco de pirata,
un poco de poeta
y un kilo y medio
de paciencia concentrada…”

Gabriel Zelaya.  Educar (

            La vigilancia autocrítica de nuestra propia práctica docente es el antídoto para mantenernos en proceso de renovación constante, para conservar y reconstruir continuamente la vocación de educar que es la única manera en que podremos formar a los futuros ciudadanos, contribuir a la construcción del futuro real al que aspiramos.
            David Hansen en su libro The Call to teach (el llamado a enseñar) (http://www.goodreads.com/book/show/1811821.The_Call_to_Teach) , habla de que la vocación no es algo estático con lo que se nace, sino una característica dinámica que puede descubrirse, construirse o destruirse porque se descubre en el mundo tanto como en la mente y el corazón.
            La vocación implica que una actividad proporcione a quien la ejerce, elementos de realización y crecimiento personal y elementos de aportación social. De manera que los docentes tenemos que estar permanentemente preguntándonos si nuestra práctica profesional sigue retándonos como personas y brindándonos elementos de aprendizaje y si seguimos creyendo que en este mundo conflictivo, en este país en crisis, aportamos elementos de transformación social a través de lo que hacemos en el aula.
            Reconstruir la vocación implica un trabajo en ambas dimensiones para poder combatir la rutina y volver a asumirnos como quienes ponen el motor a una barca que irá a navegar tan lejos como sea posible y descubrirá mundos que nosotros ni siquiera imaginamos. Para ello requerimos regenerar nuestra alma de marinos, de piratas, de poetas y reabastecernos de paciencia y convicción.
            Feliz día del maestro.

domingo, 23 de abril de 2017

Criticidad y solidaridad bien informada: fundamentos de la educación ciudadana

*Publicado en E-Consulta en octubre de 2012.



“…La “persona completa” del mañana no podrá ser “completa” sin una conciencia instruida de la sociedad y de la cultura, con la que contribuir generosamente en el mundo tal cual es. La “persona completa” del mañana debe tener, por resumirlo, una solidaridad bien informada...”
Peter Hans Kolvenbach S.J. [1]

            En los tiempos que corren se habla de manera continua de la participación ciudadana y del papel de la sociedad civil prácticamente como de la solución mágica a todos los problemas del país.
            Existen ejemplos recientes que confirman que en efecto, cuando la sociedad civil organizada se moviliza en torno a una causa común se puede presionar a los gobernantes y a los poderes fácticos para lograr transformaciones en temas relevantes que afectan la vida de los ciudadanos.
            Sin embargo también es evidente que existen grupos sociales que se mueven por intereses particulares más que por la búsqueda de beneficio social y que hay  movimientos sociales que se generan a partir de visiones sesgadas y poco informadas de la realidad, aunque aparenten estar motivadas por una visión crítica.
            La rápida explosión de las redes sociales ha potenciado esta capacidad de movilización colectiva y en los tiempos recientes hemos visto ejemplos notables de crecimiento de protestas sociales como la llamada “primavera del medio oriente”, el movimiento de los indignados en España (15M) o en Estados Unidos (Occupy Wall Street) a nivel internacional y el emblemático #yosoy132 en México.
            Esta amplificación de la movilización y la protesta sociales ha funcionado como un amplificador que hace más visibles tanto las fortalezas como las debilidades y sesgos de este tipo de manifestaciones colectivas.
            Para quienes trabajamos en el ámbito de la educación, esta nueva realidad es un llamado para trabajar con mayor seriedad, profesionalismo, pertinencia y eficacia en la formación ciudadana de los niños y jóvenes que en pocos años serán los miembros de esta sociedad civil que es un agente fundamental sin el cual resulta ya impensable el desarrollo del país.
            En este contexto resulta indispensable que la educación ciudadana se sustente en dos pilares básicos sin los cuales la movilización social puede ser presa de manipulación de líderes o grupos interesados en presionar al gobierno para obtener privilegios y espacios de poder o bien responder a buenas intenciones que apunten a objetivos inviables o a causas que no resuelvan realmente los problemas por falta de sustento en la realidad.
            Estos dos pilares básicos son: la criticidad auténtica y la solidaridad bien informada.
            Porque no hay posibilidades de movilización social fructífera y eficaz si no se parte de un ejercicio auténtico de la criticidad, entendida no como el estar siempre y ciegamente del lado de lo que se considera “crítico” o “progresista” o “popular” sino como el esforzarse permanentemente por la adquisición de información suficiente y relevante, la comprensión adecuada e inteligente y la búsqueda de pruebas y evidencias que respondan a la pregunta: ¿Qué es lo que verdaderamente sucede en este caso?
            Del mismo modo, resulta imposible promover acciones sociales efectivas que apunten hacia la justicia y la democracia si se asume una solidaridad meramente emocional con quienes se considera a priori que son víctimas de situaciones o acciones de la autoridad o del mal funcionamiento de la estructura social. La verdadera solidaridad es la solidaridad que se sustenta en buena información sobre los problemas para formarse una idea adecuada y un juicio lo más certero posible de las situaciones en las que se quiere incidir. La solidaridad eficaz es la solidaridad bien informada.
            Estos dos pilares están íntimamente relacionados. No puede haber construcción de una solidaridad bien informada sin una criticidad auténtica así como no puede haber criticidad auténtica sin solidaridad bien informada. Sobre estos dos fundamentos se debe construir la formación ciudadana en nuestro cambio de época.
            Formar personas completas es el desafío, personas con una conciencia instruida de la sociedad y la cultura que les sirva para contribuir a intervenir en el mundo tal como es. Ciudadanos críticos y solidarios que trasciendan la protesta visceral que hoy inunda las redes sociales y las plazas públicas.



[1] Conferencia: El servicio de la fe y la promoción de la justicia en la educación universitaria de la Compañía de Jesús de Estados Unidos. En la universidad de Santa Clara, California.  6 de Octubre de 2000.

domingo, 12 de febrero de 2017

Descubriendo el hilo negro para mejorar la calidad educativa.



 
            La semana pasada tuve oportunidad de participar en el seminario que impartió el célebre investigador Martin Carnoy (http://ed.stanford.edu/faculty/carnoy) en el marco de la sesión anual de la Cátedra Pablo Latapí Sarre del Sistema Universitario Jesuita, que se realizó en la Ibero León.
            En la primera parte del seminario, el Dr. Carnoy planteó el tema de la importancia de la investigación comparativa en educación, presentando algunos resultados y conclusiones de investigaciones internacionales que ha encabezado.
            A nivel latinoamericano ha realizado importantes estudios comparativos entre Cuba, Costa Rica, Chile, Panamá y México por ejemplo y recientemente publicó un estudio que se hizo en la frontera entre Botswana y Sudáfrica.
            Los estudios comparativos entre países tienen distintos objetivos y es importantísimo saberlos para poder dar un buen uso a sus resultados. Las muy polémicas pruebas internacionales de la OCDE (PISA) tienen la finalidad de arrojar una fotografía del desempeño de alumnos de cierto grado escolar de distintos países en un momento determinado lo cual brinda información interesante pero no suficiente para deducir qué elementos están incidiendo en una buena o mala calidad del aprendizaje.
            Para poder tener elementos que indiquen las variables que inciden realmente en el desempeño académico de los alumnos es necesario según el Dr. Carnoy, aplicar pruebas de tipo pre-test, pos-test, es decir, exámenes al inicio de un ciclo escolar y al final del mismo, complementados con observación en las aulas durante el proceso de aprendizaje.
            Este investigador ha encabezado estudios de este tipo como los mencionados líneas arriba y sus resultados muestran algunos elementos que podrían parecer obvios pero que no están atendidos de manera suficiente y eficaz en muchos de los países estudiados.
            En cuanto al papel del docente en la calidad educativa, los principales aportes de sus investigaciones podrían sintetizarse en tres elementos: saber, saber enseñar y enseñar.
            En efecto, aunque parezcan elementos de sentido común, estos tres aspectos siguen siendo los principales para lograr un aprendizaje de calidad en los educandos. Analicemos cada uno de ellos.
            Saber: Un elemento básico para lograr un buen aprendizaje es el de los conocimientos que el docente tenga sobre la materia que imparte. Si un profesor que enseña matemáticas no sabe matemáticas al nivel que el currículo requiere, no logrará buenos resultados educativos en sus estudiantes.
            Saber enseñar: El segundo elemento consiste en que el docente debe tener conocimientos pedagógicos para poder traducir los conocimientos de la asignatura a un plan o secuencia didáctica que logre los objetivos de aprendizaje planeados. Este segundo elemento consiste no tanto en el dominio de teorías pedagógicas o métodos de enseñanza sino en la traducción práctica de estos conocimientos en competencias docentes específicas para la enseñanza de esa asignatura.
            Enseñar: La cobertura del currículo por parte del docente es un elemento fundamental para lograr calidad educativa. El porcentaje del programa que cubre un profesor, contra lo que se afirma en muchos cursos de didáctica, sí es relevante para poder lograr un aprendizaje de calidad.
            Este tercer elemento está, según las investigaciones realizadas, íntimamente relacionado con los conocimientos del profesor, es decir, un profesor no cubre todo el programa no solamente porque es requerido muchas veces para reuniones, cursos de capacitación, actividades extracurriculares, etc. por parte de la escuela sino también porque no sabe muchos de los temas que tiene que enseñar y por ello se concreta a repetir y dar vueltas sobre aquéllos temas que sí domina.
            De manera que estos tres elementos deberían formar parte de los programas y dispositivos de formación docente tanto de los futuros profesores como de los maestros en ejercicio. ¿Qué tanto sabe un maestro de matemáticas, matemáticas? ¿Qué tanto sabe sobre la manera más efectiva de enseñar las matemáticas? ¿Qué porcentaje logra cubrir del programa, por la disponibilidad de tiempo real de clase con que cuenta como por el dominio que tiene de todos los temas de matemáticas?
            El Dr. Carnoy pareció descubrir el hilo negro para la mejora de la calidad educativa, sin embargo, por más obvios que nos parezcan los resultados de sus trabajos de investigación, nos aportan elementos científicos sólidos para revisar lo que se está haciendo en la formación docente y con qué calidad se está realizando.
  


domingo, 29 de enero de 2017

“Hasta un pueblo de demonios..:” o la urgencia de aprender a convivir.



*Artículo publicado en E-Consulta en noviembre de 2012.


“…"hasta un pueblo de demonios", de seres sin sensibilidad moral, querría una Ética cívica para vivir en paz, con tal de que fueran inteligentes. Tanto más un pueblo de personas, dotadas de sensibilidad moral, que verían la necesidad de transmitir esos valores a sus hijos a través de la educación..” 
Adela Cortina.
            Circulando por cualquier calle de la ciudad de Puebla uno se encuentra casi en cada cuadra con autos estacionados en doble fila que obstruyen la circulación de los demás. Cuando se ingresa en automóvil a un centro comercial grande o pequeño o incluso a los hospitales más caros y exclusivos de la ciudad, lo común es ver los lugares destinados para discapacitados ocupados por personas que no tienen ninguna discapacidad más que la flojera de caminar unos pasos. La entrada a las escuelas supone siempre una fila de vehículos estacionados también en doble o triple fila para bajar a los niños sin tener que caminar.
            Si se inauguran obras de beneficio colectivo es también común ver la forma en que la gente empieza a destruirlas por una mezcla de inconciencia y placer. De igual forma es normal ver todavía a personas que arrojan basura a la calle desde la ventanilla de su auto o de un autobús urbano y personas que se meten adelante en la fila del supermercado o rebasando por el acotamiento se adelantan a la fila en las casetas de cobro de las autopistas.
            El pretexto es siempre algo como: “es que voy a bajar solamente un momento”, “no voy a tardar”, “es que tengo prisa”, “tengo muchas cosas que hacer y me urge…”, etc. como si las demás personas que esperan en la fila, se estacionan donde deben y caminan para bajar a dejar a sus hijos a la escuela no tuvieran también prisa o actividades que realizar.
            Cuando un ciudadano común se atreve de manera amable a reconvenir a los infractores, cuando un “viene-viene” o un vigilante de los estacionamientos se atreve a decirles que no se deben estacionar en tal lugar o que no pueden tirar basura en el piso, la respuesta es de indiferencia en el mejor de los casos y de agresión prepotente e insultos en la mayoría.
            Resulta curioso darse cuenta que esas personas que rompen las normas mínimas de convivencia en todos los espacios públicos, llevan a sus hijos a escuelas donde les “inculquen valores”, se quejan de la corrupción y la violación a las leyes por parte de los delincuentes o los políticos y seguramente se consideran buenos ciudadanos.
            Del otro lado nos encontramos con que la autoridad brilla por su ausencia. Uno puede circular por las calles llenas de autos en doble fila y no verá una sola patrulla de tránsito; lo que es peor, uno pasa por la entrada de las escuelas y muchas veces hay patrullas y agentes de tránsito que se supone están para poner orden, pero estas patrullas y agentes están viendo a los autos en doble fila, a los padres y madres de familia cometiendo toda clase de imprudencias y violaciones de tránsito sin decir absolutamente nada. Lo mismo ocurre cuando se tira basura en la calle, se destruye mobiliario o instalaciones urbanas o se agrede a otro en la vía pública. La autoridad ha renunciado a su tarea y ha claudicado ante el caos imperante en la ciudad.
            Lo anterior parece no ser privativo de las autoridades locales o estatales de Puebla sino un fenómeno reiterado a nivel nacional. Individuos o grupos roban y queman vehículos, toman instalaciones universitarias por la fuerza, bloquean calles o se apoderan de zonas o ciudades completas sin que la autoridad asuma su responsabilidad y cuando la asume, la sociedad entera y los medios de comunicación reaccionan airadamente acusándola de “represora”.
            Este es el círculo vicioso en el que estamos sumidos hoy: los ciudadanos violando las normas desde lo más pequeño hasta lo más grave con total impunidad porque no hay autoridad que les marque límites, y la autoridad sin marcar límites porque la cultura establecida reprueba su intervención a pesar de que en el discurso manifiesta que se requiere.
            Dice bien Adela Cortina reinterpretando la idea de Kant: “hasta un pueblo de demonios querría una ética cívica para vivir en paz, con tal de que fueran inteligentes” y parece que nosotros hoy en día, seres humanos que se supone tenemos la sensibilidad moral de la que carecen los demonios, parecemos no ser lo suficientemente inteligentes para pensar que necesitamos una ética cívica para poder convivir en paz y no terminar matándonos unos a otros como ya está sucediendo cotidianamente en nuestra patria.
            Ojalá como sociedad podamos reflexionar sobre esta necesidad urgente de aprender a convivir , que es el nuevo nombre de la educación ética, porque más que enseñar valores a los niños tendríamos que demostrarles con el ejemplo en nuestras acciones más simples y cotidianas, que somos inteligentes y vivimos una ética cívica porque queremos vivir en paz. 

domingo, 22 de enero de 2017

Aprender a ser: Educarlos o padecerlos



*De mi columna Educación personalizante en Lado B, publicado en febrero de 2012.


“Los hombres han nacido
los unos para los otros;
edúcales o padécelos.”
Marco Aurelio.*
                  1.-Padecernos.
                  Si circulamos por las calles de Puebla al volante de nuestro auto y continuamente podemos observar la creciente falta de respeto de los automovilistas por la señales de tránsito: autos pasándose el alto “porque no viene nadie y yo tengo prisa”, vehículos detenidos en la esquina invadiendo el área de cruce peatonal “porque no sirven para nada”, coches circulando en sentido contrario “porque así cortamos camino”, personas que se estacionaron en doble fila “porque es muy rápido, nada más espero que mi hijo salga de la escuela, solamente voy a comprar mis papás del ruso, voy a dejar un papel y regreso” y una larga lista de etcéteras.
                  Si pretendemos estacionarnos en un centro comercial, resulta que por la flojera de caminar vemos a medio mundo  dejando su coche en los lugares de discapacitados o parados justo enfrente de las tiendas ancla al lado de la banqueta, donde no hay cajones de estacionamiento. Pero no importa, como esas personas van a comprar y “el cliente siempre tiene la razón”, Angelópolis y otros centros comerciales han preferido pintar los cajones donde la gente se estaciona imprudentemente  antes que sancionar de alguna manera a los clientes que cometen estas faltas de respeto al reglamento. En el hospital más Angeles los visitantes no respetan los lugares para discapacitados, destinados a quienes llegan con enfermos y ahora incluso se estacionan en la rotonda de circulación frente a la puerta, también con la complacencia de las autoridades del lugar. (http://yfrog.com/hwu7hepj )
                  Si por el contrario somos peatones también estamos continuamente dejando de respetar las normas viales y cruzando la calle corriendo en vez de usar el paso peatonal elevado o ir a la esquina a cruzar en la zona destinada para hacerlo, etc.
                  En las tiendas o supermercados vemos continuamente también cómo la gente se mete indebidamente en la fila al menor descuido de quienes están formados, trata de sacar ventaja de cualquier situación y obstruye el paso de personas que requieren apoyo especial sin importarles mayormente cualquier cosa que vaya más allá de su prisa.
                  2.-Educarnos.
                  Nos hemos referido en este espacio a uno de los “cuatro pilares de la educación del siglo XXI”: el aprender a convivir (http://ladobe.com.mx/2012/01/aprender-a-convivir-el-pilar-y-sus-cimientos/ ). Es importante ahora referirnos a otro de estos pilares fundamentales que señala la comisión Delors por encargo de la UNESCO: Aprender a ser (http://www.unesco.org/education/pdf/DELORS_S.PDF).
                  Aprender a ser implica la educación de la individualidad de cada estudiante para capacitarlo en la construcción de su propia existencia, que es quizá el mayor desafío personal que todo ser humano tiene que enfrentar .  Orientar la educación hacia el desarrollo humano de cada sujeto que vive cotidianamente en las aulas no es una tarea fácil en una sociedad con rasgos posmodernos en los cuales, en nombre de una recuperación de la subjetividad se ha caído en el subjetivismo cognitivo y moral y con el pretexto de la educación para la realización y la felicidad de cada individuo se ha llegado a un individualismo aplastante que rompe la búsqueda de comunidad y pone en grave riesgo la convivencia democrática.
                  Este pilar fundamental para la educación de una humanidad que sea capaz de salvarse realizándose, tiene como tarea básica, según el texto de Delors, educar “ para que florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal…” (http://www.unesco.org/education/pdf/DELORS_S.PDF p. 36)
                  Lo anterior implica una labor conjunta entre maestros, padres de familia, directivos escolares, medios de comunicación y otras instancias sociales para formar personas que realmente sean autónomas, es decir, capaces de autodeterminarse en medio de las circunstancias que les toca vivir según su contexto histórico-social-económico-político-cultural. Esta autonomía no significa de ninguna manera personas que “hagan lo que se les antoje” o que impongan su voluntad o sus intereses egoístas a los demás porque implica, como dice esta obra, el juicio y la responsabilidad personal.
                  Sin embargo el contexto subjetivista e individualista en que vivimos parece confundir aprender a ser con imponer nuestro parecer a los demás y ser autónomos con hacer lo que nos plazca sin ser contrariados. Muchos padres de familia se enfrentan hoy a los docentes o a la escuela de sus hijos porque “se atrevieron” a corregirlos o a ponerles límites o a enfrentarlos a la frustración para desarrollar la tolerancia, cuestión fundamental en el aprendizaje del ser auténticamente humanos y verdaderamente autónomos, es decir, responsablemente libres.
                  La moda nos dice que nuestros hijos deben ser felices a toda costa y no se les puede contrariar so pena de generarles traumas y problemas de autoestima para el resto de su vida. Paradójicamente con esta forma de actuar les estamos condenando a la infelicidad porque no tendrán herramientas para enfrentar la vida que no es siempre como queremos ni nos consiente que hagamos absolutamente lo que se nos antoje.
                  Educarnos o padecernos, era la disyuntiva que planteaba Marco Aurelio a partir de que aprendemos a ser siempre con otros y no podemos ser si pasamos por encima o ignoramos a esos otros. Educarnos o padecernos sigue siendo el desafío de un aprendizaje sano para el desarrollo de la individualidad en los tiempos ególatras que vivimos.
                  Ojalá reflexionemos sobre este desafío y tratemos de enfrentarlo en la educación de las nuevas generaciones para no padecerlas en el futuro como estamos padeciéndonos hoy en cada escenario de nuestra vida social.

domingo, 8 de enero de 2017

Ética, política y escuela: Hacia la formación de ciudadanía planetaria.


“No se puede aceptar la disolución de la ética en la política,
que se torna entonces en puro cinismo; no se puede soñar
 con una política al servicio de la ética. La complementariedad
 dialógica entre la ética y la política comporta dificultades,
 incertidumbre, y algunas veces, contradicción”.[1]
Edgar Morin.

            Un país prácticamente postrado ante la violencia, el abuso, la imposición de los monopolios económicos, la dictadura de la partidocracia y de una clase política cuya identidad generacional se define desde el inmovilismo y la falta de voluntad para generar las reformas urgentes que necesita el país, un país en crisis institucional severa es el México de la segunda década del siglo veintiuno.
            Pero además de la crisis institucional, ya de por sí muy grave porque se traduce en un mal estructural que se reproduce y ahonda cada día, vivimos en un país caracterizado por una profunda crisis moral, un país en el que la “ética se ha diluido en la política”, volviéndose puro cinismo que se exhibe en los discursos, en las declaraciones, en las ruedas de prensa y en los spots que nos invaden y nos invadirán cada vez más a partir de este fin de año y hasta que termine el proceso electoral del 2012.
            La situación amerita una reflexión muy seria, puesto que es necesario pensar, -muy probablemente desde movimientos ciudadanos como el de “Paz con justicia y dignidad” que encabeza Javier Sicilia, el de los indignados que está empezando a surgir a partir del ejemplo del 15M, los acampados en la plaza del Sol  y el “occupy Wall Street”, en estrategias para que la ética vuelva a la política, porque si bien es cierto que no pueden confundirse, la ética y la política se requieren mutuamente en un círculo dialógico como afirma Morin.
            En efecto, las grandes finalidades éticas necesitan de estrategias políticas para lograr ser instrumentadas como la política necesita de un mínimo de ética para poder con su finalidad de gestión del bienestar colectivo.
            Es así que una ética para el siglo XXI debe ser simultáneamente, como afirma el mismo autor, una autoética –una ética del cuidado de uno mismo y de nuestros seres cercanos-, una socioética –una ética de construcción política del bienestar colectivo- y una antropoética -una ética del cuidado de la especie humana como parte del ecosistema planetario-.
“Necesitamos crear instancias planetarias capaces de enfrentar los problemas vitales y de trabajar para la confederación y la democracia planetarias”[2] al mismo tiempo que creamos instituciones sociales sólidas y democráticas al interior de nuestro país y construimos responsablemente una existencia personal y familiar que apunte hacia aquello que es verdaderamente humanizante.
            Para la creación de las instancias planetarias y de las instituciones sociales es indispensable la relación ética-política, que también está presente sin duda en la construcción personal y familiar si se entienden las personas y las familias como partes inseparables de este todo social y planetario.
            Pero la escuela parece partir de una visión reduccionista y simplificadora en sus esfuerzos de formación valoral. Si analizamos los programas de formación en valores y los enfoques didácticos para la educación moral que se utilizan en los planes de estudio de nuestras instituciones educativas, podemos comprobar que la formación moral se entiende únicamente desde la autoética y desafortunadamente, desde una perspectiva neoconservadora en que la autoética consiste en el aprendizaje y la práctica de ciertas normas o valores considerados como universales y enseñados de manera dogmática.
            Es muy escasa la formación de una socioética y de una antropoética en el sistema educativo, porque implica una formación política de los educandos que quizá es aún considerada como peligrosa para el mantenimiento del statu quo.
            Sin embargo la formación valoral desde una visión compleja que incluya las tres dimensiones citadas y que apunte, desde una formación de conciencia política –entendida esta formación en un sentido no partidista sino cívico y pluralista- hacia la formación de ciudadanía planetaria para la democracia local y global, resulta impostergable si queremos salir de esta profunda crisis ético-política o político-ética que está llevando al país y al mundo entero hacia una degradación cada vez más profunda del tejido social y a un deterioro progresivo de la convivencia humana.
            Ojalá los educadores, directivos, investigadores, padres de familia y la sociedad toda caminemos en la línea de generar un cambio de perspectiva en la formación valoral desde una ética compleja y pongamos las condiciones para una reforma profunda de la ética en la educación y de la educación ética confiando en que como afirma también Edgar Morin: “En las situaciones de crisis hay al mismo tiempo, degeneración y regeneración ética”[3].





[1] Morin, E. (2005). O Método VI. Ética. Brazil. Editora Sulina. P. 80
[2] Op. Cit. P. 169
[3] Op. Cit. P. 85

domingo, 30 de octubre de 2016

Educación y rebeldía: A propósito del #15O.



*Texto publicado en mi columna Educación personalizante en Lado B en octubre de 2011.


“¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero si niega, no renuncia: es también un hombre que dice sí, desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes toda su vida, de pronto juzga inaceptable un nuevo mandato…”[i]
                  A lo largo de este año el mundo ha vivido una serie de movimientos  sociales y políticos de diversa índole que empiezan a generalizarse y a tomar la forma de una gran manifestación de los ciudadanos comunes contra el sistema económico imperante y, como afirma el escritor Jorge Volpi a expresar que “…ya no podemos tolerar a los políticos que sólo se preocupan por sí mismos.” (http://www.reforma.com/editoriales/nacional/629/1257347/default.shtm )
                  Desde el 15M que comenzó por reunir a miles de españoles inconformes que acamparon por semanas en la Puerta del Sol en Madrid pasando por los movimientos de liberación de los países árabes, hasta el reciente movimiento de “occupy Wall Street”, estas expresiones de inconformidad hacia la situación de  injusticia estructural, falta de democracia real y abuso de los poderosos que exigen sacrificios a la población y recortan el gasto social mientras siguen viviendo en la opulencia, desembocaron este fin de semana en el llamado #15O, que fue la etiqueta usada en Twitter para identificar la protesta mundial que convocó a muchos miles de personas en un gran número de ciudades del planeta.
                  Es difícil predecir en qué van a desembocar estos movimientos y qué impacto puedan tener en nuestro país, sin embargo es importante  preguntarnos cuál es la relación entre educación y rebeldía. ¿Es cierto que la Educación es sólo un “aparato ideológico del estado”( http://www.elortiba.org/althus.html ) que sirve para reproducir la estructura social vigente? ¿Es posible educar para la rebeldía  y la transformación de estas estructuras injustas, como afirmaba el gran pedagogo brasileño Paulo Freire (http://www.elortiba.org/freire.html  )?  ¿Cuál sería el papel de la educación en la formación de ciudadanos capaces de rebeldía ante la injusticia y la falta de libertad?
                  Como afirma Camus, un hombre rebelde es el que dice no. En este sentido la educación tiene hoy un desafío fundamental de carácter ético, porque además de formar ciudadanos y profesionistas eficientes, con una preparación académica de calidad, tiene que formar personas con una conciencia crítica capaz de decir NO, de decir “ya basta” a un sistema socioeconómico y a una cultura basada en el hiperconsumismo de unos cuántos y en la carencia de las mayorías.
                  Pero un hombre rebelde es el que al mismo tiempo dice sí, se pronuncia en favor de una situación distinta que si bien aún no se conoce con claridad, se tiene la convicción de que es posible y el compromiso para aportar a su construcción, desde la protesta pero también desde la organización de la propuesta y la esperanza. La otra cara del compromiso ético del sistema educativo es la de la formación de ciudadanos que digan sí a esta búsqueda de alternativas para un desarrollo realmente sustentable y humanizante.
“Se comprende entonces que la rebeldía no puede prescindir de un extraño amor…El movimiento más puro de la rebeldía se corona…con el grito desgarrador de Karamázov: ¡Si no se salvan todos, para qué la salvación de uno solo!”[ii]
                  El compromiso de educar la rebeldía tiene que ver también con trascender la visión superficial que identifica rebeldía con simple oposición irracional o con activismo que busca destruir violentamente todo lo instituido. Educar la rebeldía significa educar en este “extraño amor” que se identifica con la solidaridad con los que sufren, que en la globalización abarcan ya a todo ser humano que en el planeta sea víctima de injusticia, opresión o falta de libertad. Educar para la rebeldía ante el sistema requiere educar la rebeldía para volverla una rebeldía solidaria, pacífica y creativa, capaz de vivir conforme al grito: si no se salvan todos, para qué mi propia salvación individual.
                  Para lograrlo necesitamos de una reestructuración del sistema educativo y la SEP hacia una organización de alta complejidad (http://www.pueblaonline.com.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=18433:la-sep-en-su-aniversario-el-mejor-regalo&Itemid=137 ) y educadores que trasciendan la visión de ser simples catalizadores del sistema –reproductores de las demandas de eficientismo y competitividad ciegas- o meras víctimas –docentes paralizados ante el sistema o meramente reactivos ante él- para convertirse en “docentes contrapunto” (http://intrigapersonal.wordpress.com/2009/04/01/hargreaves/  ) que eduquen con la calidad que exigen los tiempos, pero con una visión auténticamente crítica y rebelde que sea capaz de trascender el sistema, de decir no al mundo tal como está y decir sí a la búsqueda de un mundo alternativo.
                 


[i] Camus, A. (2003). El hombre rebelde. Madrid. Alianza Editorial. 3ª. Reimpresión. P, 21
[ii] Tomado del mismo libro de Camus, p. 353

domingo, 28 de agosto de 2016

Violencia escolar y violencia en la escuela.





Para Max, por su valor
“La violencia no es sólo un determinado tipo de acto, sino también una determinada potencialidad. No se refiere sólo a una forma de hacer, sino también de no hacer”

                  “Toda educación produce la sociedad que la produce” afirmo en mi libro “Educación Humanista” (http://gandhi.com.mx/index.cfm/id/Producto/dept/libros/pid/392938 ) y resulta indudable en los tiempos que corren que la sociedad violenta en que nos ha tocado vivir está produciendo una educación en la que la violencia está llegando también a las aulas y al patio de recreo.
                  En efecto, escuchamos cada vez más en las conversaciones, cursos, reuniones y foros educativos hablar de bullying o acoso escolar y de violencia en las escuelas. Encontramos también un creciente número de investigaciones –como la que formula la idea que sirve de epígrafe a este texto- , estudios teóricos e iniciativas de organización que buscan sumar esfuerzos para entender este fenómeno. Un ejemplo de estos esfuerzos para hacer sinergia en torno al tema es la “Red latinoamericana de convivencia escolar” (http://www.convivenciaescolar.net/wp/  )
                  El Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) incorporó recientemente un área temática titulada “Disciplina, violencia y convivencia escolar” para dar cuenta de las investigaciones que se realizan en este campo que se ha convertido casi en una moda. (http://www.comie.org.mx/v3/portal/)
                  Si bien el abuso entre pares en la escuela y la agresión verbal y física siempre han existido en el entorno escolar, estos elementos tenían ciertos límites y estaban de alguna manera bajo control en el pasado, además de que entonces no existía una conciencia explícita ni estudios en Psicología o Sociología sobre el impacto de la violencia escolar sobre la vida futura de los educandos y la organización social en general.
                  Sin embargo, además de la violencia escolar, resulta hoy urgente hablar también de lo que aquí llamaré la “violencia en la escuela”, que es el impacto para el desarrollo de los educandos de la violencia que se vive en nuestro país a nivel macro social que está llegando cada vez más cerca de los contextos cotidianos de niños y adolescentes en edad escolar.
                  ¿Cuántos niños de preescolar, primaria, secundaria o bachillerato han perdido en estos últimos años a algún familiar o amigo cercano en esta ola de violencia que se vive en México? ¿Cuál es el impacto que esta experiencia vivida a veces de manera muy cercana y directa está teniendo en el desarrollo de estas futuras generaciones de ciudadanos? ¿Será posible revertir el proceso de degradación social imperante si no se atiende adecuada y profesionalmente a estos niños y adolescentes que están educándose en un contexto de miedo, muerte y crueldad?
                  Dicen algunos autores que uno se vuelve adulto cuando adquiere la conciencia de ser mortal, cuando comprende la realidad de la muerte. Si esto es cierto, existen en nuestro país miles, tal vez millones de niños que están teniendo un crecimiento prematuro, que están adquiriendo esta conciencia de la muerte, este carácter de adultos en edades muy tempranas sin vivir su niñez adecuadamente.
                  El principal error que podemos cometer los educadores  es tratar de hacer como si no pasara nada. Es cierto que exponer a los niños a conversaciones o imágenes explícitas de violencia puede generarles marcas emocionales que obstaculicen su adecuado crecimiento, pero también es cierto que los niños están ya expuestos por la televisión y por experiencias directas de compañeros, familiares o amigos a estas realidades violentas y que no trabajar con ellos estas experiencias puede traerles mayores problemas para su desarrollo.
                  ¿Cómo hacer entender a los niños que existen estas realidades deshumanizantes tratando de facilitarles la comprensión y el manejo adecuado de estos eventos no solamente a nivel racional sino sobre todo, afectivo? ¿Cómo generar el desarrollo de una inteligencia emocional sana desde esta realidad de violencia y miedo?
                  El diálogo abierto y adecuado a su nivel, la generación de un clima de confianza y seguridad en el aula, la invitación y apertura de espacios para la expresión de sus emociones, la promoción de actividades que les ayuden a canalizar la agresividad y el temor de forma creativa y constructiva, la instrumentación de actividades que promuevan el respeto, la tolerancia, la comprensión humana  y desarrollen una adecuada conciencia moral, capaz de aprobar lo humanizante y condenar desde la convicción profunda lo deshumanizante son elementos indispensables en una sociedad que está enferma de violencia y está produciendo una educación también enferma.
                  Solamente atendiendo con inteligencia pedagógica la violencia escolar y la violencia en la escuela, podremos regenerar desde la educación, la sociedad violenta que hoy está generando a nuestra educación.
                 

domingo, 7 de agosto de 2016

Educación y rebeldía





“¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero si niega, no renuncia: es también un hombre que dice sí, desde su primer movimiento. Un esclavo, que ha recibido órdenes toda su vida, de pronto juzga inaceptable un nuevo mandato…”[i]
                  A lo largo de este año el mundo ha vivido una serie de movimientos  sociales y políticos de diversa índole que empiezan a generalizarse y a tomar la forma de una gran manifestación de los ciudadanos comunes contra el sistema económico imperante y, como afirma el escritor Jorge Volpi a expresar que “…ya no podemos tolerar a los políticos que sólo se preocupan por sí mismos.” (http://www.reforma.com/editoriales/nacional/629/1257347/default.shtm )
                  Desde el 15M que comenzó por reunir a miles de españoles inconformes que acamparon por semanas en la Puerta del Sol en Madrid pasando por los movimientos de liberación de los países árabes, hasta el reciente movimiento de “occupy Wall Street”, estas expresiones de inconformidad hacia la situación de  injusticia estructural, falta de democracia real y abuso de los poderosos que exigen sacrificios a la población y recortan el gasto social mientras siguen viviendo en la opulencia, desembocaron este fin de semana en el llamado #15O, que fue la etiqueta usada en Twitter para identificar la protesta mundial que convocó a muchos miles de personas en un gran número de ciudades del planeta.
                  Es difícil predecir en qué van a desembocar estos movimientos y qué impacto puedan tener en nuestro país, sin embargo es importante  preguntarnos cuál es la relación entre educación y rebeldía. ¿Es cierto que la Educación es sólo un “aparato ideológico del estado”( http://www.elortiba.org/althus.html ) que sirve para reproducir la estructura social vigente? ¿Es posible educar para la rebeldía  y la transformación de estas estructuras injustas, como afirmaba el gran pedagogo brasileño Paulo Freire (http://www.elortiba.org/freire.html  )?  ¿Cuál sería el papel de la educación en la formación de ciudadanos capaces de rebeldía ante la injusticia y la falta de libertad?
                  Como afirma Camus, un hombre rebelde es el que dice no. En este sentido la educación tiene hoy un desafío fundamental de carácter ético, porque además de formar ciudadanos y profesionistas eficientes, con una preparación académica de calidad, tiene que formar personas con una conciencia crítica capaz de decir NO, de decir “ya basta” a un sistema socioeconómico y a una cultura basada en el hiperconsumismo de unos cuántos y en la carencia de las mayorías.
                  Pero un hombre rebelde es el que al mismo tiempo dice sí, se pronuncia en favor de una situación distinta que si bien aún no se conoce con claridad, se tiene la convicción de que es posible y el compromiso para aportar a su construcción, desde la protesta pero también desde la organización de la propuesta y la esperanza. La otra cara del compromiso ético del sistema educativo es la de la formación de ciudadanos que digan sí a esta búsqueda de alternativas para un desarrollo realmente sustentable y humanizante.
“Se comprende entonces que la rebeldía no puede prescindir de un extraño amor…El movimiento más puro de la rebeldía se corona…con el grito desgarrador de Karamázov: ¡Si no se salvan todos, para qué la salvación de uno solo!”[ii]
                  El compromiso de educar la rebeldía tiene que ver también con trascender la visión superficial que identifica rebeldía con simple oposición irracional o con activismo que busca destruir violentamente todo lo instituido. Educar la rebeldía significa educar en este “extraño amor” que se identifica con la solidaridad con los que sufren, que en la globalización abarcan ya a todo ser humano que en el planeta sea víctima de injusticia, opresión o falta de libertad. Educar para la rebeldía ante el sistema requiere educar la rebeldía para volverla una rebeldía solidaria, pacífica y creativa, capaz de vivir conforme al grito: si no se salvan todos, para qué mi propia salvación individual.
                  Para lograrlo necesitamos de una reestructuración del sistema educativo y la SEP hacia una organización de alta complejidad (http://www.pueblaonline.com.mx/index.php?option=com_k2&view=item&id=18433:la-sep-en-su-aniversario-el-mejor-regalo&Itemid=137 ) y educadores que trasciendan la visión de ser simples catalizadores del sistema –reproductores de las demandas de eficientismo y competitividad ciegas- o meras víctimas –docentes paralizados ante el sistema o meramente reactivos ante él- para convertirse en “docentes contrapunto” (http://intrigapersonal.wordpress.com/2009/04/01/hargreaves/  ) que eduquen con la calidad que exigen los tiempos, pero con una visión auténticamente crítica y rebelde que sea capaz de trascender el sistema, de decir no al mundo tal como está y decir sí a la búsqueda de un mundo alternativo.
                 


[i] Camus, A. (2003). El hombre rebelde. Madrid. Alianza Editorial. 3ª. Reimpresión. P, 21
[ii] Tomado del mismo libro de Camus, p. 353

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...