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domingo, 23 de abril de 2017

Criticidad y solidaridad bien informada: fundamentos de la educación ciudadana

*Publicado en E-Consulta en octubre de 2012.



“…La “persona completa” del mañana no podrá ser “completa” sin una conciencia instruida de la sociedad y de la cultura, con la que contribuir generosamente en el mundo tal cual es. La “persona completa” del mañana debe tener, por resumirlo, una solidaridad bien informada...”
Peter Hans Kolvenbach S.J. [1]

            En los tiempos que corren se habla de manera continua de la participación ciudadana y del papel de la sociedad civil prácticamente como de la solución mágica a todos los problemas del país.
            Existen ejemplos recientes que confirman que en efecto, cuando la sociedad civil organizada se moviliza en torno a una causa común se puede presionar a los gobernantes y a los poderes fácticos para lograr transformaciones en temas relevantes que afectan la vida de los ciudadanos.
            Sin embargo también es evidente que existen grupos sociales que se mueven por intereses particulares más que por la búsqueda de beneficio social y que hay  movimientos sociales que se generan a partir de visiones sesgadas y poco informadas de la realidad, aunque aparenten estar motivadas por una visión crítica.
            La rápida explosión de las redes sociales ha potenciado esta capacidad de movilización colectiva y en los tiempos recientes hemos visto ejemplos notables de crecimiento de protestas sociales como la llamada “primavera del medio oriente”, el movimiento de los indignados en España (15M) o en Estados Unidos (Occupy Wall Street) a nivel internacional y el emblemático #yosoy132 en México.
            Esta amplificación de la movilización y la protesta sociales ha funcionado como un amplificador que hace más visibles tanto las fortalezas como las debilidades y sesgos de este tipo de manifestaciones colectivas.
            Para quienes trabajamos en el ámbito de la educación, esta nueva realidad es un llamado para trabajar con mayor seriedad, profesionalismo, pertinencia y eficacia en la formación ciudadana de los niños y jóvenes que en pocos años serán los miembros de esta sociedad civil que es un agente fundamental sin el cual resulta ya impensable el desarrollo del país.
            En este contexto resulta indispensable que la educación ciudadana se sustente en dos pilares básicos sin los cuales la movilización social puede ser presa de manipulación de líderes o grupos interesados en presionar al gobierno para obtener privilegios y espacios de poder o bien responder a buenas intenciones que apunten a objetivos inviables o a causas que no resuelvan realmente los problemas por falta de sustento en la realidad.
            Estos dos pilares básicos son: la criticidad auténtica y la solidaridad bien informada.
            Porque no hay posibilidades de movilización social fructífera y eficaz si no se parte de un ejercicio auténtico de la criticidad, entendida no como el estar siempre y ciegamente del lado de lo que se considera “crítico” o “progresista” o “popular” sino como el esforzarse permanentemente por la adquisición de información suficiente y relevante, la comprensión adecuada e inteligente y la búsqueda de pruebas y evidencias que respondan a la pregunta: ¿Qué es lo que verdaderamente sucede en este caso?
            Del mismo modo, resulta imposible promover acciones sociales efectivas que apunten hacia la justicia y la democracia si se asume una solidaridad meramente emocional con quienes se considera a priori que son víctimas de situaciones o acciones de la autoridad o del mal funcionamiento de la estructura social. La verdadera solidaridad es la solidaridad que se sustenta en buena información sobre los problemas para formarse una idea adecuada y un juicio lo más certero posible de las situaciones en las que se quiere incidir. La solidaridad eficaz es la solidaridad bien informada.
            Estos dos pilares están íntimamente relacionados. No puede haber construcción de una solidaridad bien informada sin una criticidad auténtica así como no puede haber criticidad auténtica sin solidaridad bien informada. Sobre estos dos fundamentos se debe construir la formación ciudadana en nuestro cambio de época.
            Formar personas completas es el desafío, personas con una conciencia instruida de la sociedad y la cultura que les sirva para contribuir a intervenir en el mundo tal como es. Ciudadanos críticos y solidarios que trasciendan la protesta visceral que hoy inunda las redes sociales y las plazas públicas.



[1] Conferencia: El servicio de la fe y la promoción de la justicia en la educación universitaria de la Compañía de Jesús de Estados Unidos. En la universidad de Santa Clara, California.  6 de Octubre de 2000.

domingo, 5 de junio de 2016

Ética, política y escuela: Hacia la formación de ciudadanía planetaria.



*Una de las primeras entregas de Educación personalizante en Lado B, hace ya casi cinco años.

“No se puede aceptar la disolución de la ética en la política,
que se torna entonces en puro cinismo; no se puede soñar
 con una política al servicio de la ética. La complementariedad
 dialógica entre la ética y la política comporta dificultades,
 incertidumbre, y algunas veces, contradicción”.[1]
Edgar Morin.

            Un país prácticamente postrado ante la violencia, el abuso, la imposición de los monopolios económicos, la dictadura de la partidocracia y de una clase política cuya identidad generacional se define desde el inmovilismo y la falta de voluntad para generar las reformas urgentes que necesita el país, un país en crisis institucional severa es el México de la segunda década del siglo veintiuno.
            Pero además de la crisis institucional, ya de por sí muy grave porque se traduce en un mal estructural que se reproduce y ahonda cada día, vivimos en un país caracterizado por una profunda crisis moral, un país en el que la “ética se ha diluido en la política”, volviéndose puro cinismo que se exhibe en los discursos, en las declaraciones, en las ruedas de prensa y en los spots que nos invaden y nos invadirán cada vez más a partir de este fin de año y hasta que termine el proceso electoral del 2012.
            La situación amerita una reflexión muy seria, puesto que es necesario pensar, -muy probablemente desde movimientos ciudadanos como el de “Paz con justicia y dignidad” que encabeza Javier Sicilia (https://www.facebook.com/pages/Movimiento-por-la-Paz-con-Justicia-y-Dignidad/124809987605763), el de los indignados que está empezando a surgir a partir del ejemplo del 15M, los acampados en la plaza del Sol (http://alt1040.com/2011/06/movimiento-15m) y el “occupy Wall Street”( http://occupywallst.org/)-, en estrategias para que la ética vuelva a la política, porque si bien es cierto que no pueden confundirse, la ética y la política se requieren mutuamente en un círculo dialógico como afirma Morin.
            En efecto, las grandes finalidades éticas necesitan de estrategias políticas para lograr ser instrumentadas como la política necesita de un mínimo de ética para poder con su finalidad de gestión del bienestar colectivo.
            Es así que una ética para el siglo XXI debe ser simultáneamente, como afirma el mismo autor, una autoética –una ética del cuidado de uno mismo y de nuestros seres cercanos-, una socioética –una ética de construcción política del bienestar colectivo- y una antropoética -una ética del cuidado de la especie humana como parte del ecosistema planetario-.
“Necesitamos crear instancias planetarias capaces de enfrentar los problemas vitales y de trabajar para la confederación y la democracia planetarias”[2] al mismo tiempo que creamos instituciones sociales sólidas y democráticas al interior de nuestro país y construimos responsablemente una existencia personal y familiar que apunte hacia aquello que es verdaderamente humanizante.
            Para la creación de las instancias planetarias y de las instituciones sociales es indispensable la relación ética-política, que también está presente sin duda en la construcción personal y familiar si se entienden las personas y las familias como partes inseparables de este todo social y planetario.
            Pero la escuela parece partir de una visión reduccionista y simplificadora en sus esfuerzos de formación valoral. Si analizamos los programas de formación en valores y los enfoques didácticos para la educación moral que se utilizan en los planes de estudio de nuestras instituciones educativas, podemos comprobar que la formación moral se entiende únicamente desde la autoética y desafortunadamente, desde una perspectiva neoconservadora en que la autoética consiste en el aprendizaje y la práctica de ciertas normas o valores considerados como universales y enseñados de manera dogmática.
            Es muy escasa la formación de una socioética y de una antropoética en el sistema educativo, porque implica una formación política de los educandos que quizá es aún considerada como peligrosa para el mantenimiento del statu quo.
            Sin embargo la formación valoral desde una visión compleja que incluya las tres dimensiones citadas y que apunte, desde una formación de conciencia política –entendida esta formación en un sentido no partidista sino cívico y pluralista- hacia la formación de ciudadanía planetaria para la democracia local y global, resulta impostergable si queremos salir de esta profunda crisis ético-política o político-ética que está llevando al país y al mundo entero hacia una degradación cada vez más profunda del tejido social y a un deterioro progresivo de la convivencia humana.
            Ojalá los educadores, directivos, investigadores, padres de familia y la sociedad toda caminemos en la línea de generar un cambio de perspectiva en la formación valoral desde una ética compleja y pongamos las condiciones para una reforma profunda de la ética en la educación y de la educación ética confiando en que como afirma también Edgar Morin: “En las situaciones de crisis hay al mismo tiempo, degeneración y regeneración ética”[3].





[1] Morin, E. (2005). O Método VI. Ética. Brazil. Editora Sulina. P. 80
[2] Op. Cit. P. 169
[3] Op. Cit. P. 85

lunes, 19 de enero de 2015

EDUCAR PARA UN MUNDO MEJOR.



*Publicado en Síntesis, Enero de 2009.


“La renuncia al mejor de los mundos no es de
ninguna manera la renuncia a un mundo mejor”.
Edgar Morin

La educación genera a la sociedad que la genera. Esta es la idea compleja con la que hoy debemos ver la relación del sistema educativo con la realidad social si queremos comprender de manera acertada el fenómeno educativo que es siempre al mismo tiempo un producto de la sociedad establecida y un generador de renovación social.
Por lo tanto si se persigue la construcción de una sociedad-mundo que trascienda la crisis en que hoy vive la especie humana, es necesario trabajar por la transformación de la educación. Pero para lograr esta transformación de la educación es necesario impulsar al mismo tiempo una transformación profunda de la sociedad.
El camino hacia esta mutua transformación requiere del compromiso de todos los actores sociales y de todos los sujetos involucrados en la educación, pero lo más complicado es que supone una moral alta para poder dinamizar el círculo virtuoso del cambio educativo para el cambio social.
Los tiempos que corren en el mundo y en nuestro país no parecen ser propicios para emprender esta tarea transformadora porque estamos en una situación de gran desmoralización en la sociedad y esta baja moral se refleja de manera inevitable en el sistema educativo.
Porque la época en que vivimos es una época sin utopías, una etapa de la historia en la que la humanidad ya no cree en la posibilidad de construir “el mejor de los mundos” y parece por ello renunciar al reto cotidiano de construir “un mundo mejor”.
Pero la educación está intrínsecamente ligada a la esperanza. Educamos porque creemos en las posibilidades de mejoramiento del ser humano y en las posibilidades de desarrollo de la humanidad.
Resulta por ello imprescindible que los diversos actores que intervienen en el proceso educativo –padres de familia, estudiantes, profesores, directivos, gobernantes, investigadores, formadores de maestros, etc.- remonten la desmoralización imperante y vuelvan a asumir el desafío de transformar a la sociedad desde la trinchera educativa.
Para poder emprender este camino es necesario dejar atrás visiones simplificadoras y destructivas como:
-La visión ingenua tradicional que ignora la orientación e influencia social, política y cultural que tiene todo conocimiento.
-La visión de la adaptación acrítica al sistema vigente en la que se plantea abiertamente la relación educación y sociedad en términos funcionales: el sistema educativo es creado para servir al sistema social por lo cual tiene que enfocarse al mantenimiento del orden establecido.
-La visión determinista de la reproducción en la que se afirma que toda educación está irremediable y absolutamente determinada por las estructuras sociales y los grupos que detentan el poder por lo que es prácticamente imposible intentar cualquier cambio.
-La visión de la liberación utópica que surge como oposición a las visiones deterministas y a las de adaptación acrítica pero cae a menudo en las miradas en blanco y negro acerca de lo social y en las posturas radicales del “todo o nada” que conducen a la impotencia o la frustración.
Frente a estas visiones simplificadoras que impiden una trans-formación educativa acorde con el cambio de época, resulta indispensable generar una visión compleja de la relación educación-sociedad que tendría que sustentarse en:
1.-La aceptación de que el conocimiento está unido por todas partes a la estructura de la cultura y de la organización social y que por lo tanto es imposible pensar en una educación aislada o neutral frente al fenómeno social, cultural y político.
2.-La comprensión profunda y convencida de que esta liga irrenunciable entre conocimiento y sociedad, genera no solamente que el conocimiento sea determinado y producido por las condiciones socio-políticas y culturales sino también determinante y productor de estas condiciones.
3.-Una toma de postura firme al carácter reproductor-liberador o liberador-reproductor de la educación frente al fenómeno social y a la necesidad de que el sistema educativo sea un actor social dinámico y responsable.
4.-Una actitud de compromiso complejo que reconozca que la educación tiene un papel conservador y un papel revolucionante de la cultura.
5.-Una posición de vanguardia y retaguardia que asuma que el sistema educativo tiene que ir delante y detrás del proceso social, de manera que juegue un papel de reflexión sosegada de los fenómenos sociales y también de vanguardia creativa que visualiza nuevos horizontes sociales.
6.-Una conciencia operante acerca de la realidad de que el conocimiento es poder y da poder en esta época de la “sociedad de la información”, que conduzca a una activa orientación del sistema educativo hacia la democratización del conocimiento.
Solamente así podremos retomar el camino para regenerar el círculo virtuoso que nos conduzca a educar para un mundo mejor.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Convivencia escolar y formación ciudadana.



*Artículo publicado en Síntesis: 14/04/2008.

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Autobuses apedreados afuera de los estadios, intentos de agresión a jugadores por parte de pseudo-aficionados, connatos de agresión a jóvenes “emos” por parte de jóvenes de denominaciones distintas, “secuestro” del congreso y “clausura” de la posibilidad de debatir y legislar por parte de los mismos que tienen la obligación de debatir y legislar, defensa legalista  de cargos públicos por parte de gente que sabe que ha tenido una actuación éticamente reprochable. Estos casos se repiten cotidianamente en diferentes ámbitos de la vida del país.
La realidad actual está pidiendo urgentemente que la educación trabaje para hacer que en las aulas se “aprenda a convivir”.
            Aprender a convivir es un proceso difícil, dado que cada persona tiene naturalmente una tendencia a ocuparse de buscar lo que la haga mantenerse en la vida frente a las amenazas externas. Pero al mismo tiempo todo individuo tiene una tendencia natural a relacionarse con otros y a buscar lo que conviene a la generalidad.
            Si los mexicanos queremos construir un país verdaderamente democrático, el aprender a convivir se convierte en una dimensión esencial a atender en nuestras escuelas y universidades.
            La democracia requiere de una formación ciudadana eficaz que se oriente hacia el respeto, la búsqueda de comprensión del otro, el diálogo razonable sobre las diferencias y la tolerancia respecto a expresiones distintas.
            La estrategia educativa para la formación ciudadana necesita, además de materias de “Educación ética” o “Civismo”, de la construcción de una convivencia escolar basada en dichos elementos.
 Es momento de preguntarnos todos: directivos, profesores, alumnos y  padres de familia: qué tanto contribuimos a la construcción de una convivencia escolar que forme ciudadanía democrática o la obstaculizamos pretendiendo imponer nuestras verdades y valores sin tomar en cuenta que en educación y en democracia, como decía Antonio Machado: “Todo lo que sabemos lo sabemos entre todos”.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...