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domingo, 28 de agosto de 2016

Violencia escolar y violencia en la escuela.





Para Max, por su valor
“La violencia no es sólo un determinado tipo de acto, sino también una determinada potencialidad. No se refiere sólo a una forma de hacer, sino también de no hacer”

                  “Toda educación produce la sociedad que la produce” afirmo en mi libro “Educación Humanista” (http://gandhi.com.mx/index.cfm/id/Producto/dept/libros/pid/392938 ) y resulta indudable en los tiempos que corren que la sociedad violenta en que nos ha tocado vivir está produciendo una educación en la que la violencia está llegando también a las aulas y al patio de recreo.
                  En efecto, escuchamos cada vez más en las conversaciones, cursos, reuniones y foros educativos hablar de bullying o acoso escolar y de violencia en las escuelas. Encontramos también un creciente número de investigaciones –como la que formula la idea que sirve de epígrafe a este texto- , estudios teóricos e iniciativas de organización que buscan sumar esfuerzos para entender este fenómeno. Un ejemplo de estos esfuerzos para hacer sinergia en torno al tema es la “Red latinoamericana de convivencia escolar” (http://www.convivenciaescolar.net/wp/  )
                  El Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE) incorporó recientemente un área temática titulada “Disciplina, violencia y convivencia escolar” para dar cuenta de las investigaciones que se realizan en este campo que se ha convertido casi en una moda. (http://www.comie.org.mx/v3/portal/)
                  Si bien el abuso entre pares en la escuela y la agresión verbal y física siempre han existido en el entorno escolar, estos elementos tenían ciertos límites y estaban de alguna manera bajo control en el pasado, además de que entonces no existía una conciencia explícita ni estudios en Psicología o Sociología sobre el impacto de la violencia escolar sobre la vida futura de los educandos y la organización social en general.
                  Sin embargo, además de la violencia escolar, resulta hoy urgente hablar también de lo que aquí llamaré la “violencia en la escuela”, que es el impacto para el desarrollo de los educandos de la violencia que se vive en nuestro país a nivel macro social que está llegando cada vez más cerca de los contextos cotidianos de niños y adolescentes en edad escolar.
                  ¿Cuántos niños de preescolar, primaria, secundaria o bachillerato han perdido en estos últimos años a algún familiar o amigo cercano en esta ola de violencia que se vive en México? ¿Cuál es el impacto que esta experiencia vivida a veces de manera muy cercana y directa está teniendo en el desarrollo de estas futuras generaciones de ciudadanos? ¿Será posible revertir el proceso de degradación social imperante si no se atiende adecuada y profesionalmente a estos niños y adolescentes que están educándose en un contexto de miedo, muerte y crueldad?
                  Dicen algunos autores que uno se vuelve adulto cuando adquiere la conciencia de ser mortal, cuando comprende la realidad de la muerte. Si esto es cierto, existen en nuestro país miles, tal vez millones de niños que están teniendo un crecimiento prematuro, que están adquiriendo esta conciencia de la muerte, este carácter de adultos en edades muy tempranas sin vivir su niñez adecuadamente.
                  El principal error que podemos cometer los educadores  es tratar de hacer como si no pasara nada. Es cierto que exponer a los niños a conversaciones o imágenes explícitas de violencia puede generarles marcas emocionales que obstaculicen su adecuado crecimiento, pero también es cierto que los niños están ya expuestos por la televisión y por experiencias directas de compañeros, familiares o amigos a estas realidades violentas y que no trabajar con ellos estas experiencias puede traerles mayores problemas para su desarrollo.
                  ¿Cómo hacer entender a los niños que existen estas realidades deshumanizantes tratando de facilitarles la comprensión y el manejo adecuado de estos eventos no solamente a nivel racional sino sobre todo, afectivo? ¿Cómo generar el desarrollo de una inteligencia emocional sana desde esta realidad de violencia y miedo?
                  El diálogo abierto y adecuado a su nivel, la generación de un clima de confianza y seguridad en el aula, la invitación y apertura de espacios para la expresión de sus emociones, la promoción de actividades que les ayuden a canalizar la agresividad y el temor de forma creativa y constructiva, la instrumentación de actividades que promuevan el respeto, la tolerancia, la comprensión humana  y desarrollen una adecuada conciencia moral, capaz de aprobar lo humanizante y condenar desde la convicción profunda lo deshumanizante son elementos indispensables en una sociedad que está enferma de violencia y está produciendo una educación también enferma.
                  Solamente atendiendo con inteligencia pedagógica la violencia escolar y la violencia en la escuela, podremos regenerar desde la educación, la sociedad violenta que hoy está generando a nuestra educación.
                 

lunes, 18 de enero de 2016

“Vivir para vivir…”: conversar para revertir la violencia en la escuela.




           
 *Texto leído en la presentación del libro:
Pérez Fragoso, A.C. y M. Bazdresch (2010). Las voces del aula. Conversar en la escuela. Colección “Somos Maestros”. Convivencia escolar. México. Ed. SM. En la Ibero León, Febrero 2013.


 Vivir para vivir
Sólo vale la pena vivir para vivir”
J. M. Serrat

 Cuando el llamado profundo, la verdadera vocación humana es vivir para vivir, se vive hoy en día, se ha vivido mucho tiempo, muchos sujetos humanos se han tenido y se tienen que conformar con vivir para sobrevivir. Las condiciones socioeconómicas, las desigualdades ancestrales, el abuso, la explotación siguen hoy poniendo al ser humano en condiciones que le impiden cumplir con este deseo fundamental: el de vivir para vivir que significa vivir para la realización, vivir para gozar la vida, vivir para dar vida y ayudar a que otros tengan verdadera vida humana, es decir, “vivir para convivir y convivir para vivir”.
            Pero estas condiciones estructurales que impiden a tantas personas cumplir con la vocación humana fundamental de “vivir para convivir y convivir para vivir” porque se arraigan y se institucionalizan generando que todo el sistema social funcione para que se viva para sobrevivir y se conviva para sobrevivir, tienen su máximo impacto negativo, deshumanizante cuando se convierten en cultura. Es entonces cuando no solamente los individuos viven para sobrevivir y el sistema social se organiza para que todos vivan para sobrevivir, para que la convivencia sea en función de la mera supervivencia, sino que este estado existencial individual y colectivo se empieza a mirar como “lo natural”, “lo lógico”, “lo único posible” y hasta como “lo deseable”…y llega el momento en que también se instituye a través de la educación formal e informal: los padres y madres educan a sus hijos para aspirar a la supervivencia, para convivir en función de una guerra por sobrevivir que hay que ganar día a día.
 Las escuelas reciben, reproducen y refuerzan este tipo de educación porque no tienen herramientas para contrarrestar esta fuerza cultural externa, pero también porque en el fondo nacen de ella. La escuela nace de esta forma de vivir y convivir distorsionada que se orienta hacia la reproducción y el reforzamiento del “vivir para sobrevivir”.

1.-Del coexistir al convivir: Algo que se educa..
“Y hacer tuyo el camino,
que tuyas son las botas.
Que una sonrisa pueda
dar a luz tu boca”.
J.M. Serrat
            La coexistencia es algo natural, espontáneo, “inevitable” en el caso de los humanos. Coexistir es la manera de vivir humana que corresponde a la propia naturaleza biológica, psicológica, social, cultural, espiritual, etc. de los “homo sapiens-demens” (Morin, 2003). Porque como afirma Lonergan: “Antes del nosotros que resulta del mutuo amor entre un “yo” y un “tú”, se da un nosotros originario  que precede a la distinción de los sujetos y que persiste  cuando ella se olvida. Ese nosotros previo es vital y funcional…es como si nosotros fuéramos miembros  unos de otros antes de distinguirnos unos de otros”. (1988; p. 61)
            Pero el desafío humano consiste en el tránsito permanentemente inacabado e imperfecto desde esta coexistencia natural hacia la convivencia cultural, es decir, desde el simple “compartir un espacio y un tiempo” con fines de “supervivencia” (vivir para sobrevivir, convivir para sobrevivir) hacia el conversar para compartir y construir juntos (vivir para vivir, convivir para vivir). Este tránsito no se produce espontáneamente sino que tiene que aprenderse. La convivencia se educa y este es otro gran supuesto del libro que hoy comentamos: la convivencia se educa y es necesario educarla, es imprescindible educarla, es improrrogable educarla si queremos salir de este camino sin sentido sembrado de violencia, desigualdad y abuso en el que hoy nos encontramos en este y en muchos países del mundo.
            Educar para la convivencia, educar la convivencia implica romper con las inercias contextuales y aprovechar todos los espacios –no sólo el del aula, que es el “terreno del docente”, sino también el patio de recreo, que es el “terreno de los alumnos-persona” en la escuela para crear nuevos contextos de conversación para la convivencia. Porque las conversaciones crean su propio contexto y configuran un cierto lenguaje de manera que es posible y necesario recrear los contextos escolares y a través de un cambio en el lenguaje, generar conversación auténtica que pueda promover en los alumnos el aprendizaje de las formas de caminar desde la coexistencia natural hacia la convivencia construida en común, desde un conglomerado de personas hacia un grupo-comunidad de significados, desde la proximidad y la “propincuidad” hacia la afinidad, desde el nosotros originario hacia el nosotros libremente creado y responsablemente cuidado.
            Esta es una tarea que implica a todos los sujetos de la educación de manera personal e intransferible: es una responsabilidad de todos y de cada uno de los que participan en el proceso educativo desde el docente hasta el alumno, pasando por el director y los padres de familia y la comunidad que circunda la escuela.
2.-El lenguaje y la conversación:  Para educarnos en el convivir
Te dejan sus herencias,
te marcan un sendero,
te dicen lo que es malo
y lo que es bueno, pero...”
J.M. Serrat
            La coexistencia humana implica conversación y es indudable que en la escuela se conversa, pero por eso mismo resulta fundamental, si queremos educar para vivir y convivir y no solamente para sobrevivir, preguntarnos continuamente por el tipo de conversación que se vive en la escuela.
Si se investiga este tema, si se indaga el tipo de conversación que se produce en la escuela como lo hacen Pérez Fragoso y Bazdresch (2010) se puede constatar  la necesidad urgente de transformar el lenguaje usado en el aula para regenerar el tipo de conversación y por ende el tipo de convivencia que se da en la escuela. Porque desafortunadamente el tipo de conversación que predomina en la escuela es el de la autoridad vertical, el de las instrucciones unidireccionales, el de la disciplina sin diálogo, el de la violencia simbólica que finalmente abona a la cultura de la violencia escolar.
            Estos investigadores nos muestran de manera fehaciente la prevalencia del lenguaje imperativo y la conversación de poder, que parte de una relación vertical maestro-alumno y de la idea de que el saber es poseído ya por el docente y tiene que ser absorbido por el educando es precisamente la herramienta tradicional de una escuela que ha convertido en cultura el convivir para sobrevivir y que asume que enseña “lo que es malo y lo que es bueno”, “lo que es correcto o falso” sin que el educando aporte nada ni participe en absoluto en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
“El lenguaje no solamente moldea la consciencia que  va desarrollando, sino que estructura también  el mundo que rodea al sujeto” afirma Lonergan (1988; p. 74) y un lenguaje imperativo e impositivo moldea sujetos que imponen o que obedecen ciegamente y estructura un mundo basado en relaciones  e instituciones que aplastan al ser humano en lugar de promover su desarrollo genuino.
            Por ello “las herencias” que deja la escuela y que se ven reflejadas en la sociedad de supervivencia que hoy tenemos. Porque la escuela se ha mostrado incapaz de romper ese círculo vicioso de la sociedad que la produce, porque no se ha empeñado en ser modelo y en modelar otro tipo de convivencia posible en el que el educando reaprenda su modo de entender y ejercitar la convivencia.
            La tan de moda “violencia escolar”, el “bullying”, el “acoso” de los estudiantes a otros estudiantes y aún a docentes no es más que el resultado de este “pecado de omisión” de la escuela que se conforma con reproducir los tipos de lenguaje “de poder y de imposición” que predominan en el exterior, enfatizando el control más que la educación, la enseñanza técnico-instrumental más que el aprender a vivir juntos o a ser humanos.
            Como afirma Morin (2003: p.185): “La sociedad se autorregenera y se autoperpetúa a la vez: -Vía las interacciones entre individuos y entre individuos y sociedad…” Por ello es necesario que los educadores se empeñen, nos empeñemos en educar en la conversación auténtica para generar una convivencia auténtica que busque aportar elementos para la autorregeneración social tan urgente en este cambio de época que no acaba de encontrar el rumbo.
            Este no será un camino fácil por la complejidad humana y la dificultad que implica la construcción de comunidad donde es evidente que al mismo tiempo que el altruismo y la cooperación aparecen siempre el egoísmo y el conflicto.
3.-“Conversar en la escuela”: Invitación e imperativo moral.
“Abrázate a los vientos
y cabalga los montes.
que no acabe el paisaje
con el horizonte”
J.M. Serrat
            “ Que el paisaje” actual de violencia, imposición, intolerancia e indiferencia en el que se produce la convivencia social no “acabe con el horizonte” en el que sabemos,- porque somos humanos y sentimos ese llamado a “vivir para vivir”, a “convivir para vivir”- que otro tipo de convivencia es posible porque otro tipo de sociedad es necesaria. Que el estado actual de las cosas no opaque la esperanza, motor del quehacer educativo hacia la humanización.
            La situación de violencia social que se refleja en la violencia escolar, la situación de violencia escolar que se traducirá en un futuro de violencia social están enviando con gritos silenciosos una invitación a todos los educadores para  “cabalgar los montes” de la vida cotidiana en las escuelas (y universidades) tratando de regenerar los contextos comunicativos para producir conversación que promueva la convivencia auténtica, la que nos lleva a compartir experiencias, saberes, significados y valores, la que nos hace posible la construcción aunque sea imperfecta de comunidad humana.
Esta invitación es al mismo tiempo, un imperativo moral porque los educadores no pueden, no podemos seguir dando la vuelta a esta tarea urgente si realmente nos asumimos como “profesionales de la esperanza”, porque las escuelas no pueden seguir pretendiendo que su única tarea es la enseñanza de contenidos cada vez menos significativos precisamente porque no ayudan a “vivir para vivir” y a “convivir para vivir” en un contexto como el  actual en el que cada día se sale de casa sin saber con certeza si se va a volver.
            La educación tiene hoy el imperativo moral de educar para la convivencia porque es cierto, hoy más que nunca que  “…Sólo vale la pena vivir para vivir...”
REFERENCIAS:
Lonergan, B. (1988). Método en Teología. Salamanca. Ed. sígueme.
Morin, E. (2003). El Método V. La humanidad de la humanidad. La identidad humana. Madrid. Ediciones Cátedra.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Convivencia escolar y formación ciudadana.



*Artículo publicado en Síntesis: 14/04/2008.

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Autobuses apedreados afuera de los estadios, intentos de agresión a jugadores por parte de pseudo-aficionados, connatos de agresión a jóvenes “emos” por parte de jóvenes de denominaciones distintas, “secuestro” del congreso y “clausura” de la posibilidad de debatir y legislar por parte de los mismos que tienen la obligación de debatir y legislar, defensa legalista  de cargos públicos por parte de gente que sabe que ha tenido una actuación éticamente reprochable. Estos casos se repiten cotidianamente en diferentes ámbitos de la vida del país.
La realidad actual está pidiendo urgentemente que la educación trabaje para hacer que en las aulas se “aprenda a convivir”.
            Aprender a convivir es un proceso difícil, dado que cada persona tiene naturalmente una tendencia a ocuparse de buscar lo que la haga mantenerse en la vida frente a las amenazas externas. Pero al mismo tiempo todo individuo tiene una tendencia natural a relacionarse con otros y a buscar lo que conviene a la generalidad.
            Si los mexicanos queremos construir un país verdaderamente democrático, el aprender a convivir se convierte en una dimensión esencial a atender en nuestras escuelas y universidades.
            La democracia requiere de una formación ciudadana eficaz que se oriente hacia el respeto, la búsqueda de comprensión del otro, el diálogo razonable sobre las diferencias y la tolerancia respecto a expresiones distintas.
            La estrategia educativa para la formación ciudadana necesita, además de materias de “Educación ética” o “Civismo”, de la construcción de una convivencia escolar basada en dichos elementos.
 Es momento de preguntarnos todos: directivos, profesores, alumnos y  padres de familia: qué tanto contribuimos a la construcción de una convivencia escolar que forme ciudadanía democrática o la obstaculizamos pretendiendo imponer nuestras verdades y valores sin tomar en cuenta que en educación y en democracia, como decía Antonio Machado: “Todo lo que sabemos lo sabemos entre todos”.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...