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domingo, 1 de mayo de 2016

X.-MI POBRE ANGELITO...



*Otro fragmento de mis memorias de la vida en Boston (1997-1998).

            Joseph Francis es un bebé de dos semanas de edad, nacido aquí en Boston donde su papá estudia la maestría en filosofía. El y su mamá, Lisa, dos jóvenes americanos-americanos, sanos de intenciones , inteligentes, críticos de su sociedad y de su tiempo, dos personas “normales”, un matrimonio feliz, una familia con esperanzas.
            “El pequeño Joe” está aquí, en la casa de la vidriera abierta al mar en Cape Cod, un paisaje fabuloso en un día frío y con niebla, está aquí en una reunión, quizá la primera de su vida, siendo el centro de atención de muchos, festejado y mimado por todos, sobre todo por las mujeres jóvenes que pensarán algún día estar en el lugar de Lisa y tener un bebé como este y por las no tan jóvenes, que algún día estuvieron ya en este lugar y lo recuerdan con ilusión.
            En medio de las fiestas y los quelindos, Lisa dice de pronto algo que hace reír a los que están alrededor pero debería hacer pensar a todos: “Sí, todo el mundo me dice hoy: Qué dulce angelito, pero dentro de dieciocho años voy a tener que ir a sacarlo de la estación de policía...”
            ¿Chiste? puede ser...pero un chiste que revela las muy reales expectativas de futuro de niños como Joe jr. ¿Cuál es el futuro que les espera en este país “desarrollado y “primermundista”? ¿Qué tanto pueden evitar dos jóvenes sanos y estudiosos y éticos como Joe y Lisa que el ambiente de descomposición que se percibe del high school para arriba llegue de verdad a envolver a su hijo y haga realidad este chiste?
            País en que lo hay todo y por eso no hay muchos desafíos para dar sentido a la vida de un joven. País de la competencia que aliena o frustra a muchos que no ven un lugar para ocupar entre las imágenes de oropel de la televisión y la triste realidad del homeless de Kenmore square. ¿Pobre angelito?

domingo, 10 de enero de 2016

No creemos nada, porque creemos todo

 

-Artículo publicado en E-Consulta el 3 de marzo de 2014.


“El conocimiento es reflexión sobre la información, es capacidad
de discernimiento y de discriminación respecto a la información que se
tiene, es capacidad de jerarquizar, de ordenar, de maximizar, etc., la
información que se recibe. Y esa capacidad no se recibe como información.
Es decir, todo es información menos el conocimiento que nos permite
aprovechar la información”.
Fernando Savater. Potenciar la razón.

            La reciente captura de Joaquín “el chapo” Guzmán, el más buscado y poderoso narcotraficante sinaloense suscitó una enorme ola de escepticismo que sigue circulando por las redes sociales a pesar de todas las evidencias que se han venido presentando por parte de las autoridades a la sociedad.
            Comentarios, chistes, fotografías comparativas e incluso reportajes con información falsa o tendenciosamente sesgada o exagerada expresaron la incredulidad respecto a que la persona capturada por la Marina fuera realmente el capo del cártel del Pacífico.
            Pasando por alto que la fisonomía de todas las personas cambia con los años circulan fotografías del Chapo hace quince o veinte años y de la persona capturada señalando los rasgos que supuestamente no coinciden y a partir de estas fotografías algunos medios de dudoso prestigio señalaron incluso el nombre de la persona inocente que supuestamente habría sido detenida para simular la aprehensión del millonario líder delincuencial.
            Los comentarios y reacciones frente a esta lluvia de información que cuestionaba la identidad del personaje hoy encarcelado coincidían en una idea que podría sintetizarse de la siguiente forma: “Digan lo que digan y presenten las pruebas que presenten, yo no creo que se haya capturado al Chapo Guzmán”.
            El argumento más socorrido para explicar este fenómeno que no es nuevo, puesto que se presenta en la opinión pública cada vez que hay un caso de esta magnitud –el asesinato de Colosio o el de Ruiz Massieu, las muertes de los dos Secretarios de Gobernación durante el sexenio de Calderón por mencionar algunos- es el que se basa en el dicho popular: “la mula no era arisca…” y afirma que lo que pasa es que por la forma en que históricamente han procedido las autoridades, los mexicanos ya no creemos en nada.
            Esta respuesta es parcialmente cierta, porque sin duda es verdad que la falta de transparencia y rendición de cuentas de las autoridades, la incapacidad para resolver clara y contundentemente los procesos de investigación, el alto índice de corrupción y de ineptitud que se combinan para que la impunidad siga predominando en lugar de la impartición de una justicia pronta y expedita, han contribuido y siguen contribuyendo a que los mexicanos tengamos la tendencia a “no creer” en las versiones oficiales –como si se tratara de un asunto de fe- a pesar de las evidencias que puedan ser presentadas.
            Esta incredulidad generalizada resulta contraproducente en términos del derecho a la verdad por parte de la sociedad puesto que si el gobierno sabe que diga lo que diga no será creído, tenderá a dar la respuesta más conveniente políticamente aunque sea falsa.
            Pero al mismo tiempo que los mexicanos no creemos nada, podemos afirmar también con razón que creemos todo.
            Porque a la par de este escepticismo que nos lleva a la descalificación sin análisis de toda respuesta emanada del gobierno, los mexicanos hemos desarrollado una actitud de credulidad total a las versiones que contradigan lo que se afirma de manera oficial.
De manera que al mismo tiempo que nos cerramos a aceptar cualquier cosa que diga la autoridad y se presente en los medios de comunicación que consideramos “vendidos” o “cómplices del sistema”, estamos siempre abiertos a creer ciegamente y sin necesidad de ninguna prueba en todo aquello que digan los líderes de oposición y los periodistas o los medios que consideramos “críticos” o “no sujetos a intereses”.
Es así que aceptamos sin analizar teorías del complot, conspiraciones malévolas contra el pueblo, “cortinas de humo”, versiones inverosímiles y simplistas de hechos complejos y todo tipo de declaraciones y opiniones que, si son en contra de lo que afirman quienes detentan el poder económico o político, por ese simple hecho adquieren el estatus de verdades incuestionables.
Tenemos una educación que no desarrolla la capacidad de razonar, es decir, de entender, reflexionar, discernir y discriminar la información, una educación que se concreta a transmitir información y que supone erróneamente, como señala Savater, que tener acceso a mucha información va a desarrollar la razón.
Por eso se piensa que el problema es pasar del acceso a la información desde los medios, periodistas o políticos “oficialistas” al acceso a la información desde medios de oposición y “críticos” de las posturas gubernamentales. De manera que por eso llegamos a la situación en la que no creemos nada porque creemos todo.
La verdadera educación tiene que potenciar la razón. Capacitar a los estudiantes para cuestionar, analizar, reflexionar, discriminar, discernir y tomar postura frente a la información oficial y la no oficial. Desarrollar las competencias necesarias para buscar pruebas y ponderar las evidencias de aquello que se quiere saber con certeza.
Esta es la única manera de aspirar a la formación de ciudadanos libres, de hombres y mujeres verdaderamente autónomos para construir una sociedad racional y razonable.lo que diga no seren en su rostr tendrcreemos en nada, podemos afirmar tambjierno sabe que diga lo que diga no seren en su rostr

lunes, 14 de diciembre de 2015

Mañana será otro día…pero será otro año.




 *Esta fue mi Reflexión de fin-inicio de año 2014-2015. Aquí se las dejo cambiando la fehca, aunque espero que me dé tiempo de hacer y compartir una nueva antes de terminar el año.

“Estás aquí, futuro
hay que ampararte
los emboscados en la amanecida
quieren acribillarte desde el miedo
dejarte sin enigmas…”
Mario Benedetti. Mañana.

“Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
... Mañana!
Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.”
Angel González. Porvenir.

            En cierta forma hoy pasa mucho y a la vez no pasa nada. Como dice Ángel González, el porvenir está siempre por venir y por lo mismo no llega nunca…o no acaba de llegar nunca. En ese sentido hoy no pasa gran cosa: cenamos, nos abrazamos, nos deseamos cosas buenas pero en el fondo es un miércoles como cualquier otro y mañana será un día como hoy, un jueves más en la larga sucesión de días que forman nuestra vida, en la larga sucesión de vidas que forman la historia.
            Cuando uno empieza a recordar la vida por décadas, los años se van volviendo cada vez más cortos y pasan cada vez más rápido, con velocidad de vértigo, de un vértigo que sin embargo no se siente como un salto en paracaídas sino como el lento y duro ascenso a una montaña a la que se le ve cada vez más cerca la cima, aunque con cada paso parezca alejarse también un paso o al menos uno intente alejarla para tratar de prolongar la travesía lo más posible.
            Pero al mismo tiempo los humanos vivimos en un mundo de significados y parte de nuestros significados tienen que ver con el espacio y con el tiempo, con dividir el infinito en lugares y escenarios, con medir la eternidad en segundos, minutos, días y años.
            En este otro sentido, en el mundo de nuestros significados que aportan sentido a nuestro caminar en el mundo, hoy pasa mucho, porque pasa todo un año.
            Dejamos atrás propósitos de cambio que hace apenas trescientos sesenta y cinco días eran nuevos y estaban frescos y fuertes en nuestro entusiasmo y que hoy son viejos y se han desgastado hasta volverse solamente recuerdo. Dejamos en la memoria momentos felices, logros, avances, encuentros y crecimiento del mismo modo que quedan en el pasado horas de tristeza, fracasos, frustraciones, retrocesos, desencuentros, baches existenciales y pérdidas, pérdidas que aunque suene a cliché son siempre irreparables porque aunque el porvenir no llega, el pasado tampoco puede volver ni nosotros somos capaces de desandar lo andado o traer de regreso a los que partieron.
            Con los pies puestos siempre en el hoy, nos situamos sin embargo –ojalá nos situemos- con esperanza frente al futuro que viene lento, pero viene y que como dice Benedetti es en parte producto de nosotros y en parte producto del azar.
            Estamos en un momento especialmente difícil, a veces incomprensible en el que la terca realidad que se regenera en el ciclo aparentemente indestructible de ambición-corrupción-violencia-impunidad parecen situar a los seres humanos de buena voluntad en la indefensión y la impotencia.
            Terminamos un año en el que –ojalá- esta realidad de decadencia personal, estructural, cultural parece haber tocado fondo. Terminamos un ciclo en el que la sociedad parece haber dicho ahora sí en serio: ¡Ya basta! Basta de violencia, basta de corrupción, basta de impunidad, basta de orientar la vida personal, familiar y colectiva desde la ínfima y miserable ambición de dinero, fama y poder.
            Ojalá iniciemos el siguiente año con la firme convicción de que tenemos que convertir este hartazgo en acción solidaria, inteligente y organizada hacia la construcción conjunta de un país más justo, pacífico, democrático y comprometido con la visión de un futuro en el que todos podamos vivir una vida realmente humana.
            Este es mi deseo de año nuevo para todos mis amigos y para todos los mexicanos que unidos en el hartazgo de la cultura de la muerte que nos invade tengamos la firme convicción de amparar al futuro contra los emboscados que quieren acribillarlo desde el miedo y dejarlo sin enigmas.
            El 2016 nos llama. Ojalá seamos capaces de responder con generosidad y altura de miras.
            Muchas felicidades para todos.

           

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...