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domingo, 21 de febrero de 2016

Educación y sociedad: un paso fundamental



*Publicado en Síntesis, 04/09/2006.

            Toda educación es el reflejo de la sociedad  y al mismo tiempo toda sociedad es el reflejo de su educación. ¿Qué sociedad refleja nuestra educación actual? ¿Qué educación está reflejándose en la situación social que hoy vivimos? Y mirando estas preguntas en prospectiva: ¿Qué tipo de sociedad queremos que refleje nuestra educación? Y ¿Qué clase de educación deseamos que se refleje en nuestra sociedad?
            Se habla mucho hoy en el ámbito educativo de valores necesarios para la convivencia en estos tiempos de globalización y de conciencia de la pluralidad cultural, étnica, religiosa, social,  etc. Valores tales como el respeto, la tolerancia, la libertad de expresión y elección, son exaltados hoy en el discurso educativo como necesarios para formar a los ciudadanos del siglo XXI.
            Del mismo modo, en nuestra sociedad actual escuchamos continuamente hablar de estos valores como indispensables para la construcción de un país más justo y más humano en la nueva realidad socio-política mexicana que expresa, aún de manera indiferenciada y a veces caótica, esta pluralidad del mundo contemporáneo.
            Sin embargo la realidad educativa y la realidad social parecen estar viviéndose desde otros fundamentos mucho menos positivos y deseables. Nos encontramos hoy en un país donde pareciera que no hay salida intermedia entre la anarquía y el desdén por toda normatividad, reglamentación e institucionalidad (“al diablo con las instituciones”) y un reclamo de ciertos sectores por la vuelta al autoritarismo del pasado (“el gobierno es débil, el gobierno debería aplicar la ley aún por la fuerza”).
            Estamos asimismo en una realidad educativa donde parece estar viviéndose esta polarización entre quienes siguen defendiendo una formación centrada en la autoridad del maestro y la enseñanza de ciertos conceptos y de ciertos valores impuestos desde esta autoridad –aunque en el discurso sean defensores de la libertad, la flexibilidad y el énfasis en el estudiante- y quienes verían que hay que romper con toda forma de imposición en el aula y en las instituciones escolares pero que entienden esta nueva visión como una ruptura total y un desdén hacia todo lo que implique orden, búsqueda de calidad o eficiencia, indicadores de evaluación, disciplina, etc.
            Tenemos entonces una sociedad donde, en primer lugar, se manejan en el discurso ciertos valores que no son los que en la realidad están imperando y una educación que parece estar en la misma tesitura y por ello tenemos una formación ciudadana esquizofrénica en la que cada estudiante aprende a manejarse de una manera en lo discursivo y de otra muy distinta en lo práctico.
            Esto se debe, desde mi punto de vista a que nuestra sociedad y nuestra educación no logran dar el paso hacia una visión de complejidad y siguen leyendo y respondiendo a los hechos desde una perspectiva simplista, dialéctica y hasta maniquea.
 Tenemos entonces una sociedad donde inevitablemente predomina la necesidad de optar entre esto O aquello, entre tal O cual postura, entre este grupo O ese otro, entre este líder O el otro. Una sociedad en la que hay “los buenos” y “los malos”, “los de la derecha autoritaria” y “los de la izquierda revoltosa” y así en todos los ámbitos por lo que es prácticamente imposible establecer el diálogo y buscar la tolerancia y el respeto.
            Del mismo modo vivimos una educación donde se forma en esta visión de la disyunción propia de la simplicidad (“O”) y no en la visión de la conjunción propia de la complejidad (“Y”).  Las ciencias naturales de lo absolutamente verdadero frente a lo totalmente falso, la formación ética y cívica de lo únicamente bueno contra lo incuestionablemente malo, la historia de los héroes sin defectos contra los villanos sin matices. Esta es la visión que sigue predominando en nuestras escuelas en el día a día a pesar de que en la teoría se digan cosas distintas.
            Si queremos construir una sociedad diferente donde realmente se vivan la tolerancia, el respeto, el diálogo y las libertades, tenemos que hacer un esfuerzo intelectual serio por dar el salto entre la visión de simplicidad y la visión de complejidad. Esto nos dará una capacidad para entender los fenómenos de una manera integral, con matices y sin etiquetas maniqueas y será la herramienta para formar a los nuevos ciudadanos en la convicción profunda de que el dilema no está en la opción entre este líder o este grupo o aquél, sino en el esfuerzo continuo por construir y asumir lo que es más inteligente, más razonable y más responsable en cada situación existencial y social.

 










domingo, 12 de julio de 2015

LA EDUCACIÓN: ¿ZONA DE CONFLICTO O COMPLEJO ESPACIO DE SINERGIA?



*Publicado en Síntesis. 30 de agosto de 2007.
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            El regreso a clases se presenta como una oportunidad para reflexionar acerca de los elementos y condiciones que contribuirían a que la educación se convirtiera en uno de los motores del desarrollo de un país más democrático, justo, moderno, democrático, plural e incluyente.
  La coyuntura parece ser más propicia en estos momentos en que, como cada inicio de sexenio, se habla de la búsqueda de una reforma educativa profunda y en los que se manifiestan tensiones como las que reflejan las recientes declaraciones de la lideresa -ahora vitalicia- del magisterio descalificando a la titular de la secretaría de Educación Pública federal.
            ¿Por qué la educación vive permanentemente en el desacuerdo y la desconfianza entre sus diversos actores? ¿Es inevitable que las tensiones, la diversidad de perspectivas y aún los intereses particulares o de grupo bloqueen  el camino hacia una verdadera reforma educativa que trascienda el discurso, los documentos y las formas y cambie verdaderamente lo importante del proceso educativo, es decir, lo que sucede cotidianamente en las aulas?
            En alguna conferencia de un congreso de educación, escuché a un pedagogo colombiano hablar acerca del enorme potencial de transformación social que tiene la educación escolarizada. En su argumentación hubo una idea que me dejó una marca imborrable cuando afirmó más o menos lo siguiente: ”En este momento hay varios millones de estudiantes y profesores trabajando en las aulas de las escuelas del país. Si en este trabajo ocurriera que los educandos aprendieran lo que tienen que aprender, del modo en que lo tienen que aprender y lo aprendieran con profundidad y felicidad, nuestros países latinoamericanos podrían mejorar radicalmente”.
            Lograr que los millones de estudiantes que reiniciarán sus clases en este mes de agosto en todo el territorio nacional aprendan en este nuevo ciclo escolar “lo que tienen que aprender, del modo en que lo tienen que aprender” y lo aprendan con “profundidad y felicidad” no es una tarea que dependa exclusivamente de los profesores o de los mismos niños y adolescentes, ni es un reto que se logre solamente a través de buenos planes de estudio o de libros de texto de buena calidad.
            Porque aunque nuestra sociedad mexicana no termine aún de entenderlo, la educación no depende de uno o dos factores vistos aisladamente. Ni siquiera es algo que tenga que ver prioritariamente, como muchas veces se maneja ante la opinión pública, con la cantidad de recursos económicos que se destinen al sistema educativo.
            La educación es una tarea compleja, lo cual, como afirma el pensador francés Edgar Morin, no significa lo mismo que complicada. Lo complejo es, etimológicamente hablando: “lo que está tejido junto”, es decir, lo que conjunta en una red más o menos armónica y equilibrada aunque siempre en tensión, múltiples elementos.
            En la educación se requiere lograr la conjunción y armonización de muchos factores que deben trabajar conjuntamente, aunque esta armonía esté siempre sujeta a desacuerdos, desequilibrios y tensiones.
            En uno de los artículos que publicó en la revista Proceso a lo largo de muchos años, don Pablo Latapí Sarre, uno de los pilares de la investigación educativa en nuestro país, afirma que la educación es siempre una “zona de conflicto” porque en ella confluyen y entran en choque los intereses de muchos sectores sociales: padres de familia, maestros, gobierno, grupos intermedios, directivos, etc.
            Esta es la realidad estructural de lo educativo y tiene que asumirse no solamente evitando ver como indeseable este posible conflicto para cambiar la perspectiva y aceptar  que esta confluencia de intereses, sueños e ideas –más o menos legítimas, más o menos interesadas- es lo que constituye y da vida al sistema complejo que constituye la educación de las nuevas generaciones, sino además tratando de cambiar la visión de simplicidad que lleva a analizar y gestionar estas realidades diversas aisladamente, para pasar a una visión de complejidad que concibe la gestión de lo educativo desde la articulación de estos elementos distintos, de manera que, como afirma Morin: “cada parte está en el todo y el todo está en cada una de las partes”.
            Un cambio de visión hacia la complejidad tendría que partir de una nueva visión que enfrente el reto de que la educación no se construye de manera aislada, sino desde la articulación más o menos armónica de los diversos elementos en un sistema complejo
gobierno-sociedad -sindicato magisterial-profesores-padres de familia-estudiantes
que tienen que articularse y gestionarse de manera dialógica para poder transformar esta “zona de conflicto” en un “complejo espacio de sinergia” que contribuya a formar a los nuevos ciudadanos y a construir un país como el que necesitamos en el mundo globalizado del siglo XXI.

domingo, 25 de enero de 2015

“La mala educación”.



*Publicado en La Jornada de Oriente, 28/04/2008.


            “Evaluar es hacer a otros lo que no quieres que te hagan a ti” decía irónicamente un profesor. Tenía razón, porque los procesos de evaluación en nuestro sistema educativo han sido siempre vistos como mecanismos de castigo o “ajusticiamiento” por parte de quien ejerce el poder dentro del aula, la escuela o el gobierno.
            Conviene reflexionar sobre esta cultura distorsionada de la evaluación a propósito de la reciente aplicación de la prueba ENLACE.
            Si bien es cierto que todo instrumento de evaluación es mejorable y que los procesos de aplicación de esta prueba necesitan irse afinando, también es verdad que la existencia de una evaluación nacional estandarizada cuyos resultados se dan a conocer públicamente es un gran avance para nuestra educación.
            Porque los resultados anuales de ENLACE, revisados desde una visión positiva de la evaluación educativa, es decir, desde la concepción de la evaluación como un proceso necesario y permanente de retroalimentación para la mejora de la calidad, pueden ser de gran utilidad para que cada escuela trabaje de manera colegiada y colaborativa con sus docentes los aspectos en que sus estudiantes muestren deficiencias concretas.
            Lo anterior redundaría en una cultura de mejora continua que resulta muy necesaria en nuestras escuelas.
            Para lograr este objetivo, tendrían que cumplirse dos condiciones mínimas: 1.-Que los directivos, profesores y padres de familia sepan exactamente qué es lo que ENLACE evalúa y no pretendan sacar conclusiones o tomar decisiones pedagógicas más allá de lo que la prueba mide y 2.-Que cada escuela revise los resultados comparando con otras instituciones similares pero sobre todo, analizando los aspectos en los que la misma institución avanza o  retrocede  año con año en cada nivel (la competencia fundamental es respecto de sí mismos).
            Por otra parte, una sociedad como la mexicana, que está luchando -con muchos problemas y contradicciones- por llegar a ser verdaderamente democrática y equitativa, tiene que construir un sistema educativo que se sustente en una cultura de la transparencia y la rendición de cuentas.
            La construcción de una auténtica cultura de la evaluación a través de elementos como ENLACE, puede ser un factor que contribuya de manera gradual  a una reforma educativa en nuestro país puesto que proporcionará información para una participación social más efectiva y corresponsable en la gestión escolar.
            Los resultados de México en este tipo de pruebas a nivel internacional son preocupantes y el desempeño de Puebla en ENLACE no es tampoco satisfactorio.
            Pero “la mala educación” no es resultado de las deficiencias de los instrumentos o de la aplicación de las pruebas. “La mala educación” es resultado de procesos de enseñanza-aprendizaje marcados por la rutina, la falta de reflexión y  retroalimentación, así como de la opacidad y la falta de rendición de cuentas de nuestro sistema educativo.


Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...