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lunes, 14 de diciembre de 2015

Mañana será otro día…pero será otro año.




 *Esta fue mi Reflexión de fin-inicio de año 2014-2015. Aquí se las dejo cambiando la fehca, aunque espero que me dé tiempo de hacer y compartir una nueva antes de terminar el año.

“Estás aquí, futuro
hay que ampararte
los emboscados en la amanecida
quieren acribillarte desde el miedo
dejarte sin enigmas…”
Mario Benedetti. Mañana.

“Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
... Mañana!
Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.”
Angel González. Porvenir.

            En cierta forma hoy pasa mucho y a la vez no pasa nada. Como dice Ángel González, el porvenir está siempre por venir y por lo mismo no llega nunca…o no acaba de llegar nunca. En ese sentido hoy no pasa gran cosa: cenamos, nos abrazamos, nos deseamos cosas buenas pero en el fondo es un miércoles como cualquier otro y mañana será un día como hoy, un jueves más en la larga sucesión de días que forman nuestra vida, en la larga sucesión de vidas que forman la historia.
            Cuando uno empieza a recordar la vida por décadas, los años se van volviendo cada vez más cortos y pasan cada vez más rápido, con velocidad de vértigo, de un vértigo que sin embargo no se siente como un salto en paracaídas sino como el lento y duro ascenso a una montaña a la que se le ve cada vez más cerca la cima, aunque con cada paso parezca alejarse también un paso o al menos uno intente alejarla para tratar de prolongar la travesía lo más posible.
            Pero al mismo tiempo los humanos vivimos en un mundo de significados y parte de nuestros significados tienen que ver con el espacio y con el tiempo, con dividir el infinito en lugares y escenarios, con medir la eternidad en segundos, minutos, días y años.
            En este otro sentido, en el mundo de nuestros significados que aportan sentido a nuestro caminar en el mundo, hoy pasa mucho, porque pasa todo un año.
            Dejamos atrás propósitos de cambio que hace apenas trescientos sesenta y cinco días eran nuevos y estaban frescos y fuertes en nuestro entusiasmo y que hoy son viejos y se han desgastado hasta volverse solamente recuerdo. Dejamos en la memoria momentos felices, logros, avances, encuentros y crecimiento del mismo modo que quedan en el pasado horas de tristeza, fracasos, frustraciones, retrocesos, desencuentros, baches existenciales y pérdidas, pérdidas que aunque suene a cliché son siempre irreparables porque aunque el porvenir no llega, el pasado tampoco puede volver ni nosotros somos capaces de desandar lo andado o traer de regreso a los que partieron.
            Con los pies puestos siempre en el hoy, nos situamos sin embargo –ojalá nos situemos- con esperanza frente al futuro que viene lento, pero viene y que como dice Benedetti es en parte producto de nosotros y en parte producto del azar.
            Estamos en un momento especialmente difícil, a veces incomprensible en el que la terca realidad que se regenera en el ciclo aparentemente indestructible de ambición-corrupción-violencia-impunidad parecen situar a los seres humanos de buena voluntad en la indefensión y la impotencia.
            Terminamos un año en el que –ojalá- esta realidad de decadencia personal, estructural, cultural parece haber tocado fondo. Terminamos un ciclo en el que la sociedad parece haber dicho ahora sí en serio: ¡Ya basta! Basta de violencia, basta de corrupción, basta de impunidad, basta de orientar la vida personal, familiar y colectiva desde la ínfima y miserable ambición de dinero, fama y poder.
            Ojalá iniciemos el siguiente año con la firme convicción de que tenemos que convertir este hartazgo en acción solidaria, inteligente y organizada hacia la construcción conjunta de un país más justo, pacífico, democrático y comprometido con la visión de un futuro en el que todos podamos vivir una vida realmente humana.
            Este es mi deseo de año nuevo para todos mis amigos y para todos los mexicanos que unidos en el hartazgo de la cultura de la muerte que nos invade tengamos la firme convicción de amparar al futuro contra los emboscados que quieren acribillarlo desde el miedo y dejarlo sin enigmas.
            El 2016 nos llama. Ojalá seamos capaces de responder con generosidad y altura de miras.
            Muchas felicidades para todos.

           

domingo, 3 de noviembre de 2013

La SEP y la alta complejidad.



Autor: Juan Martín López Calva.
Publicado: Puebla on Line, 12 de octubre de 2011
     La semana pasada se cumplieron noventa años de la fundación de la Secretaría de Educación Pública entre celebraciones oficiales y notas y artículos críticos por el estado en que se encuentra nuestro sistema educativo en la actualidad y los pobres resultados en la calidad del aprendizaje de nuestros niños y jóvenes. 
     “Ministerio del futuro” decía don Pablo Latapí que debería ser la SEP porque en ella tendría que plantearse el rumbo hacia el que queremos todos los ciudadanos conducir a nuestra patria. Para convertirse en este espacio estructural que defina la visión del país que queremos y el perfil de ciudadano del futuro que necesitamos se requeriría, decía el mismo Latapí, que en ella hubiera menos burócratas y administradores y más intelectuales y filósofos.
     Sería injusto negar todos los aspectos positivos que la SEP ha traído al país desde su fundación hasta nuestros días. Es indudable que desde las “misiones culturales” de Vasconcelos hasta los intentos de reformas curriculares integrales del presente pasando por etapas como “el plan de once años” de Torres Bodet y gestiones de funcionarios muy prestigiados como el mismo Vasconcelos, Agustín Yáñez, Fernando Solana, Miguel Limón y otros, la secretaría ha sido la instancia que ha logrado institucionalizar la educación pública que marca el artículo tercero constitucional y regular a la educación privada..
     Sin embargo también resulta innegable que la SEP tiene muchísimos problemas estructurales que más allá de las personas que ocupen los diversos puestos de dirección en un sexenio u otro, con un partido político en el poder a nivel federal o en los estados u otro, tienen que reflexionarse y atenderse con seriedad y urgencia.
     Porque a noventa años de su creación la SEP que tenemos resulta ya inoperante y demasiado pesada –el “mastodonte educativo” la llamó Manuel Gil Antón en su columna de hace unos días en El Universal- y tiene una organización de muy baja complejidad que ya no responde a los retos del presente.
     En efecto, la creación, organización y desarrollo de la secretaría se produjo en la lógica del régimen postrevolucionario que derivó en un sistema de carácter corporativo y partido único en el poder, lo cual requería de una fuerte centralización de las decisiones, de una estructura piramidal que no deja margen de maniobra autónoma a las escuelas y a los docentes y de un sindicato construido en la misma lógica y con injerencia inadecuada en los niveles de gestión de las instituciones educativas, en las zonas y sectores escolares y más recientemente en el gobierno educativo a nivel nacional.
     Este tipo de organización se ha mantenido a pesar de la alternancia de partidos en el poder ejecutivo federal y en muchos de los estados y es cada día más evidente que ya no responde a lo que una sociedad con participación social y exigencias democráticas crecientes está necesitando.
     Las organizaciones con jerarquías muy verticales y centradas en el control, que permiten mínimas interacciones entre individuos y grupos, que no dan autonomía a sus miembros y se conducen conforme a un programa rígido más que de acuerdo a una estrategia flexible son denominadas por el pensador francés Edgar Morin, organizaciones de “baja complejidad” y tienden a irse anquilosando y muriendo por su falta de vitalidad e innovación. Esta definición corresponde al tipo de estructura de funcionamiento que sigue teniendo la SEP hasta nuestros días.
     Por el contrario, las organizaciones de alta complejidad, son organizaciones mucho más horizontales, policéntricas –con muchos centros de decisión distribuidos y no concentrados en un mando único-, con múltiples interacciones entre individuos y grupos que las conforman, abiertas a la creatividad, con gran autonomía de sus miembros y un funcionamiento orientado por estrategias flexibles y adaptables a diversos contextos y situaciones. Este tipo de organizaciones son las que requieren las sociedades democráticas y tienden a ser más difíciles de dirigir pero mucho más vivas y productivas.
     El mejor regalo que podría hacerse a la SEP en este aniversario y con miras a su próximo centenario es una reforma estructural profunda que la llevara de ser una organización de baja complejidad a una de alta complejidad que responda a las necesidades de nuestra sociedad en transición hacia la democracia y urgida de calidad educativa como palanca hacia el desarrollo.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...