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domingo, 24 de noviembre de 2013

¿RESPONSIVIDAD O RESPONSABILIDAD? ÉTICA PROFESIONAL E IDENTIDAD INSTITUCIONAL EN UN CAMBIO DE ÉPOCA

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 *Texto leído en la presentación del libro Ética profesional e identidad institucional en el año 2006.






 
--> Comienzo agradeciendo sinceramente al Instituto de Estudios Universitarios a través de la persona del Mtro. José Sanchez Aviña, la invitación a participar en la presentación de este muy interesante libro que nos tiene reunidos hoy aquí y que nos invita a hacer múltiples reflexiones desde perspectivas distintas que tienen como denominador común, un campo fundamental para comprender e intentar transformar el sistema educativo nacional: La ética que construye identidad o forma parte esencial de las identidades personales, profesionales o institucionales
“El discurso ético es una construcción polisémica” inicia diciendo la introducción a cargo de los coordinadores de este trabajo que reúne catorce ensayos de diecisiete investigadores de distintas instituciones, sectores y niveles educativos. Así como el discurso ético es polisémico, lo primero que salta a la vista al lector al entrar en contacto con los textos, es el carácter también polisémico del título de este texto. Porque “Etica profesional e identidad institucional”, al revisar los distintos apartados y capítulos, puede entenderse como: una selección de sólidos artículos de investigación que reúnen algunos trabajos sobre ética profesional (sobre todo los del apartado I que tiene el título de Etica e identidad profesional: “Elementos significativos de la ética profesional” de Hirsch (coordinadora de esta edición), “Etica profesional. Los genetistas humanos en Alemania” de Wüestner por ejemplo…)  y otros sobre identidad institucional (por ejemplo el de Medardo Tapia – “La responsabilidad y ética del cambio en las normales”, el de Jennie Brand – “La identidad institucional del docente en la Universidad Simón Bolívar” - o el de Amneris Delgadillo – “La evaluación de las instituciones educativas como generadora de identidad institucional. Las instituciones educativas lasallistas” -; o bien, como una compilación de excelentes artículos de investigación sobre la relación entre ética o dimensión valoral e identidad  (“Identidad y ética profesional en los estudiantes universitarios. El caso de la Universidad de Guanajuato” o “Tensiones identitarias y ethos profesional. El caso del profesor de formación cívica y ética” de la Dra. Yurén); el título también puede interpretarse como una serie de artículos que tratan sobre la formación ética de los profesionales (“Los valores científicos y profesionales del Ecólogo” de Guadalupe Ibarra o “Valores y tendencias valorales de los estudiantes dela Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León”, de Guadalupe Chávez) y también como artículos que abordan el tema de la ética de los académicos o docentes que forman a los profesionales (el mismo de Brand o “Microcontextos escolares: génesis de laidentidad profesional y ética de las y los docentes” y también: “Etica de la profesión académica en la época global” –de Rodrigo López Zavala, el segundo de los coordinadores).
Pero es precisamente esta polisemia la que le da una unidad flexible y abierta al libro y permite al lector aproximarse desde diferentes perspectivas, todas ellas llenas de retos para el docente, el investigador, las instituciones y el sistema educativo.

1.-Una preocupación constante.

“La universidad se ha convertido en la
refaccionaria del mundo empresarial y
laboral”

Gabrel Anaya S. J.

Desde el punto de vista de este lector, el libro tiene otra línea de articulación muy importante, que es la preocupación fundamental que parece estar sintetizada en la frase de Anaya: la universidad como repositorio de “piezas” para el engranaje del mercado laboral en detrimento de una formación profesional que brinde a la dimensión ética, indispensable para la formación de una identidad profesional e institucional, la importancia que esta requiere.
Varios artículos mencionan explícitamente esta preeminencia en la formación profesional de la lógica de la instrucción  o transmisión de saberes  sobre la formación ética o vaoral en los profesionales (Delgadillo o Kiepowikz) o este desequilibrio entre el progreso técnico que no ha ido aparejado con el necesario desarrollo moral (Hirsch). La investigación de Yurén muestra como la amenaza para el ethos del docente ante la introducción de la materia de Educación cívica y ética en la secundaria, provocó en muchos profesores la tendencia a una “instrucción bancaria” expresada sobre todo en una “socialización desapegada” que lleva al docente a preocuparse solamente por cubrir el programa de temas o a la “socialización inculcadora” que plantea una enseñanza o imposición de creencias o valores en los estudiantes. Los dos trabajos que se refieren a la identidad de estudiantes muestran también contradicciones valorales que surgen del énfasis en la capacitación o formación científico-técnica y el descuido de la formación ética, que se muestra también de algún modo en el nivel de posgrado en el trabajo sobre los valores científicos y profesionales del ecólogo.

2.-Profesionales responsivos.

“La universidad está formando profesionales
exitosos para sociedades fracasadas”

Xabier Gorostiaga S.J.

¿Qué significa en los hechos visto socio-históricamente este descuido de la formación ética de los profesionales? La cruda realidad parece mostrar que la frase de Gorostiaga es una incómoda y preocupante verdad: profesionales exitosos, competitivos, eficientes, bien capacitados, equipados para hacer una vida laboral adaptada a las exigencias cada vez más difíciles de este nuevo siglo y sin embargo, sociedades fracasadas, fragmentadas, divididas, conflictivas y deshumanizante.
La realidad que documentan estos trabajos que compila el libro, parece mostrar claramente que una formación profesional orientada solamente desde la visión económica, técnica o científica, produce profesionales responsivos y no profesionistas responsables, es decir, egresados que responden pasiva y acríticamente a las demandas de la sociedad del mercado global pero que son incapaces de responsabilizarse de manera reflexiva y creativa de las enormes contradicciones, crisis, desigualdades y desafíos humanos y sociales que este mundo está planteando. Profesionales responsivos que se adaptan al mundo en que viven sin cuestionarlo de fondo, pero que no tienen la visión ni las herramientas afectivo-intelectuales para adaptar el mundo, haciéndose cargo de la realidad que les ha tocado vivir. Profesionales que, como en el caso de los estudiantes de la Universidad de Guanajuato estudiados en el trabajo de Kepowicz, conciben e identifican valores como la honestidad en la universidad y en sus docentes pero ven claramente que en la vivencia de sus compañeros y de ellos mismos, predominan más bien comportamientos totalmente contrarios.

3.-Un horizonte incierto y poco propicio para la ética.

“El futuro ya no es como era antes”
Paul Valéry

Una constante más que se alcanza a leer en todo este libro, es la constatación de que estamos en una época marcada por la incertidumbre y las presiones de una globalización económica que está guiada por una visión exclusivamente práctica y utilitarista.
Este es el punto de partida del trabajo de Rodrigo López Zavala, que se plantea la pregunta sobre la influencia de este contexto, sin duda poco propicio para la reflexión y la vivencia de las cuestiones éticas, en la identidad académica. La presión sobre lo que el autor llama “la moda instrumental“  sobre la ética de la profesión, traducida en el peso excesivo de los saberes fácticos y del dominio técnico y académico de los contenidos de una profesión para poder sobrevivir compitiendo en el mercado, es una realidad de la que se debe partir si se quiere fortalecer la identidad profesional del académico en este mundo práctico.
“Se buscaría que el profesor no se convierta en un simple enseñante de saberes legítimos y actuales , sino que sea portador del ethos académico; que le permita generar escenarios éticos, en medio de modas y políticas que estimulan la formación basada en la racionalidad técnica” dice el autor (p. 259) en una afirmación que expresa esta preocupación válida en este tiempo marcado, en términos de Lonergan, por la “aberración general del sentido común práctico” que parece olvidar o incluso rechazar la comprensión inteligente y razonable y la deliberación ética en aras de intereses de poder y visiones inmediatistas. Sin embargo, cabe aquí hacer la pregunta por ese “ethos académico” que pareciera, por el modo en que está dicha la frase anterior, un ethos ya establecido y predeterminado. ¿No estamos más bien en un momento en el que precisamente el desafío principal se encuentra en la construcción de un nuevo ethos académico que sin hacernos meramente responsivos, incorpore elementos de este cambio de época que tienen que ver también con la construcción de una nueva ética, como parece decirlo el autor en otras partes del texto? ¿Cuál o cómo será este nuevo ethos académico que responda a los tiempos de incertidumbre? ¿Cómo mantener presente y vigente la reflexión ética en un mundo que privilegia esta racionalidad instrumental? ¿Cómo construir una cultura académica que nos vuelva “facilitadores de una alta moral” en tiempos de sociedades desmoralizadas, en términos de Cortina a la que cita López Zavala?
El reto parece partir de un cambio en la manera en qu los mismos académicos concebimos el ser y el quehacer académico. Como dice la comisión Delors de la UNESCO, citada en este trabajo, la actividad docente ya forma parte de “este escenario conflictivo” al que nos está llevando la globalización y no habrá manera de enfrenta este escenario, si conservamos los criterios y categorías del pasado.
Llama la atención por ejemplo que a la par que se afirma que la “naturaleza de la relación entre enseñantes y aprendices supera el plano de lo técnico” y que  se trata de una profesión (la docencia) que posee natural intencionalidad de intervenir entre seres humanos”, se afirme después que, “paradójicamente, el trabajo académico no tiene sólo finalidades académicas”, entendiéndose aquí trabajo académico, en el sentido que hay que superar, de trabajo exclusivo con el saber o el conocimiento, el viejo debate al que ya Ignacio de Loyola en el siglo XVI respondía, cuestionado por la inquisición, diciendo que al educando hay que formarlo “en letras y en espíritu”, trascendiendo la falsa disyuntiva de dar solamente conocimientos o solamente formación ética o humana.

4.-Conservadurismo: un riesgo permanente

“Todo tiempo pasado fue mejor”
“Los jóvenes ya no tienen valores”

Dominio público

El riesgo permanente del que hay que estar muy vigilantes, es el del conservadurismo identificado hoy con la mentalidad llamada genérica y a veces ambiguamente “neoliberal”, que domina nuestra época. El conservadurismo que privilegia esta relación instrumental y este seguimiento ciego de las normas del consumo y el dinero, pero que también corre el riesgo de descalificar, por desconocimiento o ampliación de la “brecha generacional”, la nueva cultura en la que querámoslo o no, estamos viviendo y sobre todo, están viviendo los jóvenes de hoy.
Los dos trabajos sobre perfiles de la identidad de los estudiantes (los estudios de tres licenciaturas de la Universidad de Guanajuato y de la Facultad de Filosofía y letras de la U. Autónoma de Nuevo León, sobre todo este último por la cantidad, amplitud y forma de presentar la información) aportan muchos datos acerca del modo de significar y valorar la vida y la profesión que tienen los universitarios de este tiempo. Esta información, junto con la “encuesta nacional de juventud” del INJUVE y otros estudios de este tipo, son materiales de estudio para cualquier académico o investigador que pretenda facilitar el aprendizaje o tratar de comprender y reflexionar este horizonte en el que vivimos, con la visión de construir una nueva ética para estos nuevos tiempos.
Una constante, desde mi punto de vista no tan claramente expresada -salvo en el caso del estudio del programa de formación valoral para padrea de familia y docentes de Meyalli-  pero presente en prácticamente todos los trabajos, es la visión del mundo de la ética como un mundo de principios o valores que hay que saber, compartir, comunicar, aplicar a la vida, etc. pero que ya están establecidos.
El riesgo del conservadurismo y de las visiones “bancarias”, en términos del estudio de Teresa Yurén, está claramente expresado en el estudio de Meyalli donde se parte de la afirmación de ciertos valores preestablecidos y válidos “para todos los hombres de buena voluntad”, que se enseñan o, como los mismos entrevistados expresan, les son “dados” a los docentes y a los padres de familia con resultados positivos según la investigación.
Sin embargo, aunque los demás trabajos parten de marcos teóricos críticos y de vanguardia (Habermas, Cortina, Foucault, Deleuze, etc.), no están exentos del riesgo de pensarse o escribirse desde la visión de ciertos criterios éticos que se construyen diálogicamente pero que se vuelven los referentes últimos o desde los “discursos éticos” validados por procesos de comunicación que se pueden pensar como incuestionables por el procedimiento o el marco conceptual desde el cual se construyen democráticamente. El riesgo está en quedarse en lo instituido, por más vanguardista que sea, y olvidar lo instituyente, es decir, analizar los discursos éticos en sí mismos, sin ver aquello de lo cual están hablando esos discursos; o revisar los criterios éticos racionales y democráticamente construidos mas que el dinamismo humano que los construye y las exigencias intrínsecas en este dinamismo.
Desde mi punto de vista sesgado por la visión lonerganiana, los tiempos de hablar de educación en valores o de formación valoral han pasado y necesitamos propuestas que, como decía Ortega y Gasset: “estén a la altura de nuestros tiempos”. La educación de la libertad efectiva, es decir, la educación del dinamismo humano (lo instituyente) que tiene como únicas constantes las operaciones conscientes e intencionales y sus exigencias de atención, inteligencia, razonabilidad y responsabilidad, debería ser la nueva forma de educación moral o ética en estos tiempos inciertos, plurales, relativos y dinámicos, para superar esa visión de “rescate” o “recuperación” de valores perdidos a las que hacen referencia los profesores en la investigación de Yurén.


5.-La respuesta está en el futuro.

“La respuesta a los retos de este cambio de época
y a las desigualdades sociales que nos plantea
no está en el pasado sino en el futuro”

Luis Ugalde S.J.

Porque la respuesta a las interrogantes éticas que se plantean a las profesiones hoy en día y que constituyen un elemento central, como lo dice Kepowicz en su artículo, de la construcción de identidades, debe ser buscada en el futuro y no en el pasado. La respuesta está en la formación de profesionales responsables que sepan hacerse cargo de la realidad en la que viven en lugar de profesionistas responsivos que se adaptan al contexto tal como está y ahondan “el ciclo amplio de declinación” en que parece que estamos viviendo.
Para lograrlo, es necesario formar académicos y docentes responsables y no simplemente responsivos. Esto pasa necesariamente por una reconstrucción dinámica y crítica del ethos de la profesión académica, como lo plantean de diversas formas algunos artículos del libro. Pero esto no será posible, si no se logra, a nivel social y político, la construcción de un sistema educativo y de unas instituciones responsables, que también sepan de manera estructural, hacerse cargo de esta realidad del cambio de época.
Porque el mundo de lo ético y de la vivencia moral en estos tiempos, es un mundo complejo que no puede funcionar a partir de “códigos deontológicos”, porque como bien lo plantea el artículo de lo genetistas alemanes, la construcción de códigos deontológico no garantiza la vivencia de estos valores por parte de los profesionales debido a diversas dificultades que en el mismo artículo se señalan:
-Los principios éticos son demasiado generales
-Los principios éticos pueden entrar en conflicto unos con otros
-Los principios de una ética profesional pueden entrar en conflicto con otros intereses sociales
-La realización de los principios éticos puede fracasar debido a cuestiones externas a la profesión.
-La realización de los principios éticos puede fracasar debido a cuestiones internas de la profesión y su ejercicio.
Estas y otras dificultades que en el artículo se señalan, parecen dejar claro que como afirma Lonergan: “El bien siempre es concreto pero las definiciones son abstractas” y en ese sentido, las normas éticas de la profesión son abstracciones que pueden formular conceptualmente algunos principios generales pro que de ninguna manera resuelven el problema de la ética profesional.
El reto entonces no está en la inclusión de materias de ética profesional en los planes de estudio sino en el replanteamiento ético de toda la estructura institucional de la educación y del ethos de la profesión académica como elemento regulador de los modos concretos de vivir esta actividad, desde ciertos modos de significar y valorar que son comunes a todo el gremio.
Estos y otros elementos surgen a partir de la lectura de “Ética profesional e identidad institucional” que sin duda es un gran disparador de pensamiento y de preguntas acerca de este enorme reto en el que está en juego sin duda, la posibilidad de construir paulatinamente, una perspectiva ética que genere una identidad profesional e institucional más propicias para la humanización y la justicia. Es por ello que sin duda, vale mucho la pena acercarse a este libro.





Hirsch, A. y R. López (2003). Etica profesional e identidad institucional. Universidad Autónoma de Sinaloa. México.

domingo, 30 de junio de 2013

Hacia una práctica profesional que contribuya a la humanización.



“La ética se manifiesta para nosotros, de manera imperativa, como exigencia moral. Ese imperativo se origina en una fuente interior al individuo, que lo siente en su espíritu como la inyección de un deber. Pero proviene también de una fuente externa: la cultura, las creencias, las normas de una comunidad. Hay ciertamente, también una fuente anterior, originaria de la organizacón viviente, transmitida genéticamente. Esas tres fuentes están ligadas entre sí como si tuviesen un manantial subterráneo en común”.
(Morin. 2005: p. 19)[1]

            1.-El problema: Profesionales humanos.

            Durante esta semana he impartido una conferencia para estudiantes de licenciatura de una institución privada de educación superior cuyo título, a petición de los organizadores fue: “El profesional humano”. Al estar pensando en la orientación que tendría esta participación, me vino a la mente la paradoja que encierra el hecho de hablar de “profesionales o profesionistas humanos”.             Por un lado, no tiene sentido el enunciado porque todo profesional es humano, es más, solamente puede ser profesional un ser humano. En este sentido, no podría decirse nada acerca del título de esta conferencia, puesto que de hecho todos los que ejercen una profesión son humanos.
            Sin embargo, y aquí está la paradoja, vemos muchos profesionales que en su ejercicio podemos calificar de inhumanos o deshumanizados y hablamos también de sociedades deshumanizadas o deshumanizantes y aún de sociedades y grupos inhumanos.
            ¿Por qué enfrentamos esta paradoja todos los que pertenecemos a esta especie “homo sapiens-demens” (Morin, 2003)[2]?
            Porque el ser humano, en tanto ser consciente, -es decir, simultáneamente presente en el mundo y presente a sí mismo-, es un ser que al mismo tiempo que es humano, tiene que ir haciéndose humano, en tanto que, como decía Graham Greene: “Ser humano es también un deber”.
            En efecto, la paradoja del ser humano y en ese sentido, del humano que se prepara para ejercer una profesión es que la humanidad es al mismo tiempo una “naturaleza” auto-eco-bio-psico-socio-organizada –algo que nos define con relación a otras organizaciones vivas- y un desafío –algo que nos reta cada día, cada hora, cada momento de la vida-, un rasgo y una lucha.
            En este sentido, se puede hablar de un profesional humano en tanto que está ejerciendo una profesión desde una búsqueda de cumplimiento y respuesta al desafío de humanización que enfrentamos todos los miembros de esta especie.
            Cabe aquí entonces la distinción de términos entre humano y humanizante, en donde humano es todo ser que pertenece a la especie “homo sapiens-demens” y toda actuación individual y colectiva de esta especie en el mundo, mientras que humanizante es todo ser y toda actuación individual y colectiva que está buscando responder concientemente –es decir, de manera responsable y no solamente responsiva- al desafío de “continuar la hominización a través de la humanización” (Morin, 2003).
            ¿Por qué iniciar mi comentario al libro que se presenta con esta distinción? Porque creo que el “proyecto interuniversitario sobre ética profesional” al que convocó y ha ido conduciendo de manera excelente la Dra. Ana Hirsch Adler del IISUE[3] de la UNAM busca contribuir con datos obtenidos de la realidad actual de los estudiantes y profesores de posgrado, a la construcción de profesionales más humanos en el sentido del desafío de humanizar el mundo en que vivimos, porque tiene como supuesto implícito que es posible esta construcción y este aporte a la sociedad actual en proceso creciente de deshumanización que predomina sobre los rasgos marginales de humanización.

            2.-Profesión y humanización

            En el proyecto de investigación que da origen a este libro, se entiende que la profesión es:
“Una actividad social cooperativa, cuya meta interna consiste en proporcionar a la sociedad un bien específico e indispensable para su supervivencia como sociedad humana, para lo cual se precisa el concurso de la comunidad de profesionales que como tales se identifican ante la sociedad” (Cortina, 2000,15).[4]
            Esta definición tiene ya muy claramente expresada la dimensión ética que tiene todo quehacer profesional y el sentido social cooperativo que define toda actividad profesional. La profesión es, por definición, una actividad ética que busca construir un bien específico en la sociedad, un bien que es indispensable para poder llamar a la sociedad, sociedad humana. Este ejercicio precisa el concurso de una comunidad de profesionales que se identifiquen, que construyan una identidad social.
            Pero la realidad actual de la formación profesional tanto en el nivel de licenciatura como en el posgrado parece ser otra. En efecto, la formación profesional parece más bien ser parte del problema y no parte de la solución al “largo ciclo de decadencia” (Lonergan, 1999)[5]  de nuestra civilización contemporánea.
            La triste realidad de las universidades es que, como afirmaba Xabier Gorostiaga S.J. están formando “profesionales exitosos para sociedades fracasadas”. En este sentido parece ser que no hay una visión ética de la profesión puesto que no se está buscando el ejercicio de una actividad social cooperativa sino altamente competitiva y no se está orientando hacia la construcción de un bien específico que la sociedad requiere para ser una sociedad humana sino hacia el beneficio económico personal de los grupos privilegiados que tienen acceso a una formación universitaria.
            En este sentido hace falta seguir trabajando desde la trinchera académica por construir una nueva ética profesional entendida como:
“La indagación sistemática acerca del modo de mejorar cualitativamente y elevar el grado de humanización de la vida social e individual, mediante el ejercicio de la profesión. Entendida como el correcto desempeño de la propia actividad en el contexto social en que se desarrolla, debería ofrecer pautas concretas de actuación y valores que habrían de ser potenciados. En el ejercicio de su profesión, es donde el hombre encuentra los medios con que contribuir a elevar el grado de humanización de la vida personal y social (Fernández y Hortal, 1994: 91).[6]

            La ética profesional entendida como esta permanente indagación que busca mejorar cualitativamente el grado de humanización de la vida social e individual o de la vida del individuo-sociedad-especie que todos somos, es una actividad en la que la praxis profesional, el discurso sobre esa praxis y la reflexión filosófica y sociológica sobre ella están inseparablemente unidos en un “bucle”:

            Actividad profesional   -------  discurso ------  reflexión


            El proyecto de investigación se ubica en el centro de este bucle al perseguir la indagación acerca del discurso de los estudiantes y profesores de posgrado – todos ellos profesionales en ejercicio- acerca de lo que consideran que debe ser un “buen profesional”.
            ¿Cuáles son, según su opinión, los cinco rasgos principales que definen a un buen profesional? Esta es la pregunta abierta que se responde de distinta manera desde las perspectivas de los sujetos de la educación en el nivel posgrado de las doce universidades que participan con un capítulo en este libro coordinado por La Dra. Hirsch y el Dr. Rodrigo López Zavala.
            Las respuestas diversas - me atrevo a hacer una interpretación personal de los resultados publicados en el libro- son altamente coincidentes con el sustento y el discurso filosófico-pedagógico-ético-social que sustentan los idearios de cada una de las universidades y al contexto en el que se realiza la formación de posgrado en dichas instituciones.
            Podemos descubrir entonces que a partir de las definiciones y modelos de cada institución, se han ido construyendo “representaciones sociales” que identifican las respuestas de los profesores y estudiantes de cada universidad ante esta pregunta abierta.
            Es así que por ejemplo, en la UIA Puebla los rasgos de un buen profesional se orientan mucho hacia lo que en la definición del proyecto de investigación se llaman: “competencias éticas”, aunque se ubican en el último lugar las “competencias sociales”. Esto podría ratificar los resultados de la investigación con egresados de la UIA ciudad de México que realizó el Dr. Carlos Muñoz Izquierdo hace unos años (2001)[7], en la que se muestra que los estudiantes reciben un fuerte impacto en su formación profesional en la UIA respecto a los valores humanos personales pero no tienen suficiente desarrollo en cuanto a la valoración de aspectos relacionados con el compromiso social y la justicia social que es un eje fundamental en el ideario de la universidad. Sin embargo, la definición de competencias sociales en este trabajo se refiere más que al compromiso social o la intervención crítica en lo social de los profesionales, al trabajo en equipo, el diálogo, la solidaridad entre profesionales, etc. Aún así, estos rasgos también tienen que ver con la capacidad de apertura al otro, que sería un aspecto deseable en el slogan que sintetiza la misión universitaria: “formar hombres y mujeres con y para los demás”.
            Mientras esto ocurre en la UIA Puebla, en la Universidad Autónoma de Chiapas, por ejemplo, las competencias con mayor valoración son las cognitivas, seguidas de las afectivo-emocionales, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas ocupan el primer lugar las afectivo-emocionales y en la UNAM parece haber un equilibrio axiológico entre los cuatro tipos de competencias aunque también se valora mucho la competencia cognitiva.
            Resulta importante continuar trabajando en el establecimiento de comparaciones entre el discurso sobre ética profesional de las distintas universidades, tomando en cuenta no solamente la pregunta abierta sobre los rasgos de un buen profesional sino también los resultados de la parte escala de actitudes de la que se obtendrán datos cuantitativos que complementen lo que se reporta en este libro.
            Por otra parte, es también fundamental explicitar que la investigación está situada en el análisis de los valores que declaran los estudiantes y profesores de posgrado y no aporta resultados en cuanto a la ética “realmente vivida” por ellos. El trabajo de investigación es de cualquier modo relevante, porque como se ha mencionado líneas arriba, existe una relación dialógica indisoluble entre la praxis, el discurso y el análisis reflexivo en el terreno de la ética profesional.
 Conjunto de aquellas actitudes, normas éticas específicas y maneras de juzgar las conductas morales, que la caracteriza como grupo sociológico. Fomenta, tanto la adhesión de sus miembros a determinados valores éticos, como la conformación progresiva a una tradición valorativa de las conductas profesionalmente correctas. Es simultáneamente, el conjunto de las actitudes vividas por los profesionales y la tradición propia de interpretación de cual es la forma correcta de comportarse en la relación profesional con las personas (Franca – Tarragó, en: Pérez, 1999, 51)[8].

            Desde esta otra definición de ética profesional que cita Pérez (1999), podemos ver cómo, la tradición práxica y discursiva de un gremio profesional genera una “tradición valorativa” a partir tanto del ejercicio concreto de la profesión como de la manera en que se va construyendo la interpretación aceptada en cada gremio profesional sobre las conductas que son válidas o correctas desde una perspectiva moral.
            La ética profesional genera valores y formas de comportamiento que se vuelven tradición y en ese sentido también reproduce valores y formas de comportamiento asumidas como válidas y correctas a lo largo de la historia del ejercicio profesional de cada campo.
            El análisis de las diferencias entre las distintas tradiciones valorativas que generan diferentes criterios de ética profesional en cada disciplina o campo de trabajo es otro elemento que se reporta en este libro que presenta los resultados parciales de la investigación. En el caso de la UIA Puebla por ejemplo, se detecta no existen, en los datos cualitativos, diferencias sustanciales entre los distinos departamentos académicos, lo cual parece indicar que es mucho más fuerte la “representación social” o “colectiva” generada a partir de la definición humanista y jesuita de la universidad que las distinciones de interpretación de la ética profesional que se hacen en cada profesión.
           
            3.-Ética profesional y religación

“Toda mirada sobre la ética debe percibir que un acto moral es un acto individual de religación; religación con otro, religación con una comunidad, religación con una sociedad y, en el límite, religación con la especie humana”.
Morin, 2005: p. 21)

            La ética profesional que se desarrolla y evoluciona o involuciona a partir de las influencias del contexto social amplio está fundada como toda ética, según Morin (2005), en una exigencia o deber de “religación”. Esta religación se da con el mismo sujeto, con los demás, con la sociedad y también con la especie humana. El análisis de cómo interpreta y declara cada grupo de sujetos esta exigencia de religación y qué tipo de religación privilegia (la individual, la de su herencia y tradición, la de la sociedad o la de la especie humana), puede fundarse en los resultados que presenta el libro en la sección de “rasgos de un buen profesional” y también, en los casos en que ya se avanzó en el análisis cuantitativo, en los datos que arroja la escala de actitudes aplicada en el cuestionario base del proyecto.
“El problema ético surge cuando dos deberes antagónicos se imponen”.
(Morin, 2005: p. 47)

            Sin embargo cabe la autocrítica a este proyecto y desde el punto de vista de quien esto escribe, esta autocrítica está fincada en que la investigación no considera que existen problemas éticos que surgen cuando dos deberes antagónicos se imponen. El profesional de nuestro cambio de época está siempre cruzado por contradicciones que se vuelven auténticos dilemas morales si toma en serio su compromiso social desde la profesión. Existen deberes antagónicos que coinciden y chocan entre sí cuando un profesional persigue comportarse éticamente hoy. ¿Cuántas veces lo que es mejor para uno producirá un daño a la sociedad? ¿En cuántas ocasiones se pueden enfrentar lo que es más ético hacer visto desde la religación social y lo que es más ético hacer respecto a la religación con la especie humana? ¿Hasta dónde lo que hace honor a nuestra herencia puede ser inconveniente para el propio bienestar o para la humanización de la sociedad?
            Este tipo de contradicciones no están previstas en la investigación y constituyen un campo fértil de trabajo para futuros proyectos en esta línea. Porque la ética profesional hoy tiene que indagar más que acerca de las conductas válidas, acerca de las contradicciones y tensiones morales que enfrentan los profesionales en un mundo cada vez más complejo y global.
“Así, como el pensamiento complejo, la ética no escapa del problema de la contradicción. No hay imperativo categórico único en todas las circunstancias”:
(Morin, 2005: p. 47)
            No hay imperativo ético único en todas las circunstancias y este es un segundo asunto que no está incluido explícitamente en la investigación. El elemento de los modos de actuar en distintas circunstancias por parte del profesional puede ser una línea de trabajo interesante como continuación a este proyecto de investigación. ¿Cuáles son las contradicciones que enfrentan los profesionales en un sistema que considera la estética, la comodidad, el confort y la ganancia económica por encima de valores considerados como fundamentales en el discurso ético de las distintas tradiciones profesionales?


              4.-El libro como producto

            En las líneas precedentes se ha intentado decir algo acerca de lo que el lector encontrará en el libro como producto. Información muy valiosa sobre el discurso ético profesional de doce universidades distintas, en su mayoría públicas pero de regiones, tamaños y tradiciones muy diferentes. Por esta información recopilada y sistematizada de manera muy profesional por equipos de trabajo interesados y formados en el campo de la ética profesional, vale la pena revisar este libro.

            5.-El libro como proyecto

            Sin embargo hay un valor subyacente que es el del libro como proyecto. Este valor es importante y debe destacarse en la presentación porque se trata de un proyecto de investigación sustentado en mucho trabajo de reflexión y de aplicación en campo. El diseño de la escala de actitudes que implicó un tiempo prolongado de trabajo de la Dra. Hirsch, apoyada por eminentes académicos del campo de la educación en valores como el Dr. Juan Escámez y la Dra. Rafaela García es un  valor que sustenta toda la información obtenida por los distintos equipos de investigación.
            Preguntar a los estudiantes y profesores de posgrado sobre su interpretación y percepción de la ética profesional, orientada hacia la declaración y priorización de rasgos y valores agrupados en las competencias cognitiva, técnica, social, ética y afectivo-emocional es una tarea que aporta información relevante que puede ayudar a generar propuestas de formación ética de los futuros profesionales, a nivel curricular y de prácticas docentes más explícitamente orientadas hacia valores profesionales deseables. En este rumbo se va a ir caminando a partir de los resultados que arroja este libro y los resultados del ejercicio comparativo tanto de lo cuanti como de lo cualitativo que se hará en este año 2009.

            6.-El libro como experiencia de religación

            Un tercer valor agregado que consideramos muy significativo y que ha merecido felicitaciones de expertos internacionales en el campo de la educación y los valores es el hecho de que el proyecto se ha planteado como un ejercicio interinstitucional.
            Este planteamiento ha hecho el camino quizá algo más lento pero sin duda mucho más rico y significativo que si se hubiera realizado una investigación cerrada a una institución.
            En ese sentido, el libro es un producto simbólico de una experiencia de religación entre quince universidades del país, entre quince equipos de investigación, entre quince grupos de académicos en búsqueda dentro del campo de la educación y los valores, en este caso, en el sub-campo de la ética profesional o los valores profesionales. La experiencia misma de religación profunda que se ha venido construyendo y que trasciende el ámbito académico y llega a tocar la dimensión personal e interpersonal y las posibilidades de diálogo interuniversitario es un gran valor que subyace pero puede leerse entre líneas en el libro.
            No podemos seguir formando “profesionales exitosos para sociedades fracasadas”. Tenemos que formar “profesionales humanos”. Esta es la tarea y el desafío del que da cuenta el libro, que más que un punto de llegada, es un alto en un camino que no puede ni debe dejarse de recorrer si queremos tener una mejor educación universitaria para construir seguramente no el mejor de los mundos, pero sí, en lo posible, un mundo mejor.



* Texto escrito para la presentación del libro: Hirsch, A. y R. López Zavala (coordinadores) (2008). Ética profesional y posgrado en México. Valores profesionales de profesores y estudiantes. Ed.Universidad Autónoma de Sinaloa-Universidad Iberoamericana Puebla-Universidad Autónoma de Tamaulipas-Universidad Autónoma del Estado de Morelos-Universidad Autónoma de Chiapas-Universidad Autónoma de Yucatán.


[1] Morin, E. (2005). O Método VI. Ética. Brazil. Editora Sulina.
[2] Morin, E. (2003). El Método V. La humanidad de la humanidad. La identidad humana. Madrid. Ediciones Cátedra.
[3] Instituto de investigaciones sobre la universidad y la educación de la Universidad Nacional Autónoma de México, antes CESU (centro de estudios sobre la universidad).
[4] CORTINA, A. (2000) “Presentación. El sentido de las profesiones”, en: 10 Palabras Clave en Ética de las Profesiones, Navarra, Editorial Verbo Divino, 13 a 28.

[5] Lonergan, B. (1999). Insight. Estudio sobre la comprensión humana. Ed. Sígueme-Universidad Iberoamericana. Salamanca.

[6] FERNÁNDEZ, J y HORTAL, A. (1994) (compiladores) Ética de las Profesiones. Publicaciones de la Universidad Pontificia Comillas. Madrid, España.

[7] MUÑOZ IZQUIERDO, C. et. al. (2001). Formación universitaria y compromiso social: algunas evidencias derivadas de la investigación. Ed. Universidad Iberoamericana cd. de México. México.

[8] PÉREZ, I. (1999) Los valores éticos que promueven los psicólogos mexicanos en el ejercicio de su profesión, Tesis de Doctorado en Investigación Psicológica, México, Universidad Iberoamericana.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...