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lunes, 15 de diciembre de 2014

Ante lo improbable, nuestra esperanza…



*Texto compartido en este blog el 31 de diciembre de 2010, ligeramente modificado.

“Mi esperanza se funda en lo improbable”
Edgar Morin[i].
   
            Este archivo, conteniendo simplemente el título y el epígrafe de Morin que me ha parecido siempre una frase muy contundente e inspiradora para estos tiempos difíciles que nos ha tocado vivir, lleva meses, alrededor de seis, en una carpeta de pendientes en el escritorio de mi computadora. Lo escribí al fin, el 31 de diciembre de 2010 para compartirlo aquí en el blog.
            Lo rescato hoy, cerca del fin de año del 2014 porque me parece que esta frase viene muy bien para describir un poco de lo que deseo para mí y para todos y todas, para México y para el mundo hacia el inicio de un nuevo año que parece empezar con el pie izquierdo, con poco ánimo colectivo por las evidencias de violencia, injusticia, crisis, desgobierno, etc. que han caracterizado los últimos tiempos no solamente en nuestro país sino en el mundo entero. En México en concreto se percibe un ambiente de desmoralización general y de polarización creciente debida a los acontecimientos de violencia que detonaron una ola generalizada de reclamo a partir del asesinato y la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, aún sin resolver y a la publicación de las noticias sobre la "Casa blanca" de la esposa del presidente y de la residencia del Secretario de Hacienda, adquiridas por el mismo mecanismo aparentemente legal pero a todas luces inmoral que hacen renacer la evidencia de un gobierno corrupto e impune.
            La desmoralización general proviene sin duda del sentimiento generalizado de inseguridad, de vulnerabilidad creciente ante la violencia, de incertidumbre acerca del futuro de nuestra economía a partir del nulo crecimiento de este año y la caída del peso mexicano y del precio del petróleo y lo más grave, la sensación de que la débil transición a la democracia está teniendo una grave regresión y de que por las evidencias que aparecen todos los días, el viejo sistema está de regreso y goza de cabal salud.
            El año nuevo es sin embargo una época de “renovación de la esperanza” a pesar de que hoy en día se haya convertido en un pretexto más para el consumo, las compras y las frases hechas: “Que todos tus deseos se cumplan” –¿el año nuevo como lámpara de Aladino?- y otras cosas por el estilo nos decimos unos a otros sin siquiera imaginar que quizá el imposible cumplimiento de todos nuestros deseos se volvería un infierno para nosotros mismos y para el mundo.
            Mi querido amigo Paco Galán se preguntaba recientemente -esto está escrito originalmente en 2010- en su muro de facebook: ¿Qué es lo que realmente deberíamos decirnos en año nuevo? Esto realmente me ha puesto a pensar y me hizo regresar a la frase de Morin porque creo que lo que deberíamos decirnos –no sé en qué términos exactamente ni tendría que haber una fórmula precisa aplicable a todos- es algo que nos haga recuperar la esperanza, esa esperanza fundada en lo improbable.
            Recuerdo que un profesor me dijo una vez que usé esta frase en una presentación, que eso era “absurdo”, que “uno no podía fundar su esperanza en lo improbable” porque lo ”improbable es algo que difícilmente va a suceder y por ello no podemos esperar en eso”.
            Creo que esta reacción refleja bien la degradación que ha sufrido la idea misma de esperanza en estos tiempos pragmáticos y economicistas que vivimos. Porque la esperanza consiste precisamente en desear y trabajar porque ocurra lo que soñamos y lo que vemos como lejano y poco factible, pero nuestro horizonte nos ha hecho pensar que podemos controlarlo todo y que no debemos buscar el logro de lo que deseamos sino solamente desear lo que en términos lógicos es posible de lograr.
            Desde esta perspectiva, no podemos desear o esperar para México la reversión de esta cultura de la violencia donde José Alfredo Jiménez se ha vuelto una especie de profeta y llegamos a una cultura en que “la vida no vale nada”. No podemos esperar que haya justicia porque es algo poco probable si miramos el egoísmo y el ansia de tener, de poder y de oprimir a otros que está presente en la naturaleza humana y pareciera que no es posible de controlar o revertir. No podemos esperar la humanización de la humanidad si basta con echar un vistazo a todos los noticiarios y periódicos para darnos cuenta de que eso es “prácticamente imposible” porque lo que predomina hoy es que el hombre es el lobo del hombre.
            Sin embargo, la esperanza se funda en lo improbable y como dice Morin en sus “principio de esperanza en la desesperanza”, si analizamos el proceso del universo, de la vida y de la historia de la humanidad podemos constatar que  existe un principio de lo inconcebible (donde lo que nadie preveía o podía entender emergió de los procesos de orden-desorden-organización, como fruto de las decisiones y del azar), un principio de lo improbable (donde lo que menos se pensaba que podría suceder ha ocurrido en procesos naturales y sociales también a partir de la combinación de lo buscado y lo aleatorio), existe un principio del “topo” (que plantea el hecho de que lo que va transformando radicalmente las cosas es algo que inicia y se desarrolla normalmente de modo “subterráneo”, sin ser visto ni ocupar las primeras planas de los diarios) y existe un principio de “salvataje” que postula que “donde existe mayor riesgo, emergen mayores probabilidades de salvación y transformación –“donde abundó el pecado sobreabundó la Gracia”, se diría en términos cristianos-).
            Como “profesional de la esperanza” (educador y educólogo), considero imprescindible que lo que nos digamos este fin de año tenga que ver con “remoralizarnos”, con recuperar y hacer crecer “nuestro deseo de vivir más humanamente”, es decir, nuestra moral colectiva, con volver a hacer que la esperanza se llame esperanza y no “metas”, “escenarios futuribles” o “futuros estratéticamente planeados”.
            Les deseo a todos mis lectores y a todos mis amigos –que sospecho que son los mismos- que en este año nuevo volvamos a fundar nuestra esperanza en lo improbable y que esperemos (es decir, que creamos firmemente y luchemos consistentemente) que esto improbable que es hoy la paz, la democracia, la justicia, la fraternidad humana que puedan “salvar a la humanidad realizándola”, se vuelva el fundamento de la esperanza colectiva y el motor de la acción cooperativa desde todos los frentes y en todos los campos.
            Sólo así podremos hacer que, como dice Morin en sus “mandamientos”, podamos “resistir a la crueldad del mundo y al a barbarie humana”, pensando en “aumentar la vida de nuestros días más que los días de nuestra vida”.


[i] Las ideas de Morin aquí citadas, están tomadas de dos libros fundamentalmente: “Educar en la era planetaria” y “Edgar Morin: Mi camino”.

domingo, 10 de agosto de 2014

Creando el futuro a partir de la esperanza.

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"Es útil no confundir optimismo con esperanza.
El optimismo es una actitud psicológica frente
a la vida. La esperanza va más allá. Es el ancla
que uno lanza al futuro y que le permite tirar
de la soga para llegar a lo que anhela.
Es esforzarse en la buena dirección..."
Papa Francisco. El jesuita.
 
Tal vez se esperaría un mensaje más administrativo y práctico. Tal vez fuese necesario. Tal vez esto que hoy comentamos pueda sonar a “sueño guajiro” o “utopía irrealizable”. Tal vez una organización humana tenga que regirse solamente por criterios de eficiencia, calidad, productividad, valor agregado, rentabilidad. Tal vez parezca una locura intentar otra cosa.
Pero tal vez tenga sentido, ante la realidad que se empeña en mostrarnos el fracaso de estos modelos donde los alumnos y los colegas se vuelven clientes y la sociedad se convierte en mercado y la invitación a formarse se llama “venta”...tal vez tenga sentido en este escenario de pragmatismo que hace agua pero se empeña en reproducirse, buscar otras maneras de concebirnos como grupo, como área, como instancia comprometida con el cultivo de las Artes y las Humanidades, esos bichos raros que incomodan al status quo y rompen paradigmas al grado de ser excluidos de la fiesta de la globalización o transformados y adecuados para volverse mercancías en este juego en el que todo se compra y se vende, incluyendo, según nuestra ingenua visión, el ser humano, la felicidad, la belleza y toda la dimensión poética de la vida.
Tal vez, sólo tal vez, convenga intentar crear el futuro sustentados en la esperanza, que va más allá del optimismo porque no es una mera postura psicológica ante la vida o una simplista “actitud positiva” frente a un mundo que se desmorona sino una el asidero que nos permite apuntar hacia el mañana confiando en que a partir de nuestro esfuerzo, pero mucho más allá de nuestro esfuerzo, es posible construir un mundo distinto donde todos podamos llamarnos humanos, donde sea una realidad que nadie le niega a nadie su condición humana, su dignidad humana.
Tal vez, sólo tal vez esta manera de emprender el camino ahora que pasamos de dirección a decanatura –que como diría el buen Silvio Rodríguez, “no es lo mismo, pero es igual”-, ahora que iniciamos una nueva etapa de tres años y queremos consolidarnos y consolidar nuestra área como un abanico de espacios de

formación de alto nivel académico y gran pertinencia humana y social, sea más retadora, más apasionante, incluso mucho más divertida.
Tal vez valga la pena intentar la utopía, aunque solamente sirva, como dice Kavafis de su Ítaca, para caminar, porque sabemos de antemano que nunca llegamos a alcanzarla. Tal vez en unos años podamos darnos cuenta de que avanzamos algunos pasos, unos centímetros hacia la construcción de esa eficiencia administrativa en un ethos académico que nos lleve a ser reconocidos como una opción seria, sólida, confiable y comprometida de educación universitaria de posgrado en una sociedad llena de ofertas que cambian el oro monetario y el oro del talento por espejitos credencializantes.

Tal vez te interese sumarte a esta invitación que implica cumplir de la manera más profesional con nuestras obligaciones laborales y contractuales pero dejando un poco de la vida en ello, una dosis de pasión apostando porque nuestro trabajo puede cambiar el mundo, al menos algunos mundos pequeños, sencillos pero necesitados de sentido.
Tal vez quieras comprometerte y hacer la diferencia.
Bienvenido, bienvenida. Estamos lanzando nuestra ancla hacia el futuro.

lunes, 14 de octubre de 2013

DE LA ESPERANZA Y LOS TIEMPOS DE CAMBIO.






Algunas reflexiones para pensar el papel de los universitarios en el futuro de México*.

a.-Nada.

“Nada. No se puede decir nada.
Déjenme hablar ahora; no es posible.
Quiero decir que eso, que lo otro, que todo
Aquí me tiene muerto, medio muerto, llorando.
Porque nos pasa a veces, nos sucede que el mundo
-no sólo el mundo- se complica, se amarga,
se vuelve de repente un niño sin cabeza,
idiota, idiota, idiota.
Y el café ya no sirve, ni el cigarro,
Ni hablar de soledad, de insomnio, de locura,
Ni el lamentar a voces el corazón de rana que uno tiene
En el pecho
Ni el sollozar tan largo que nadie nos escuche…”
            Jaime Sabines.


            Tiempos de cambio y a la vez, tiempos de nada. Tiempos en que los cambios parecen no significar nada, no decirnos nada, no ofrecernos nada, no hacernos abrigar ni una leve esperanza.
            Cambios que no son cambios, cambios que parecen nada, que nos tienen medio muertos, llorando por dentro o por fuera, porque el mundo –y no solamente el mundo- se complica y se amarga, parece de pronto quedarse sin pies ni cabeza y no tener sentido, ni remedio…ni nada…
            No se puede decir nada de estos tiempos de cambio, como no sea que la desilusión se apodera de nosotros y que parece que estamos en un momento en que no sirven ni el café, ni el cigarro, ni hablar del corazón que uno tiene en el pecho, no sollozar tan largo que nadie nos escuche. No se puede decir nada en estos tiempos de cambio donde parece que no importan las palabras, que todas son iguales, que han perdido su fondo y su significado, que no producen ningún efecto más que el ruido y la confusión generalizada. Queremos decir que eso, que lo otro, que todo, pero no podemos, o no queremos pronunciar nuestra palabra, porque hay tanto oído sordo en este mundo de cambio, porque hay tanto cambio hueco en este tiempo de sordos.

b.-Pero no descansa.

“He mirado a estas horas muchas cosas sobre la tierra
y sólo me ha dolido el corazón del hombre.
Sueña y no descansa.
No tiene casa sobre el mundo.
Es solo.
Se apoya en Dios o cae sobre la muerte
Pero no descansa…”
            Jaime Sabines.

            Pero el corazón del hombre no descansa, no tiene casa sobre el mundo porque está permanentemente de viaje hacia algún sitio desconocido, aventurado, a veces, como en estos tiempos de cambio, confuso y oscuro como nuestra ceguera colectiva. Pero no descansa, el corazón humano sueña y no descansa, se apoya en Dios o cae sobre la muerte, pero no descansa.
            El corazón del hombre no descansa y sigue firme construyendo sueños o tratando de reconstruir los sueños destruidos por esta realidad absurda que cambia hacia ninguna parte y parece empeñada en romper todos los sueños humanos. Sigue empeñado en edificar sueños humanos, sueños de “ríos buscando su cauce” (Paz), el cauce de la humanización y la justicia, tan lejano en apariencia pero al mismo tiempo tan presente y urgente.
            Y sin embargo, a pesar de que estos tiempos de cambios mundiales, de cambios de gobierno locales, de cambios en el mundo de la universidad y las universidades, de cambios que parecen ser solamente parte de la misma rutina, “más de lo mismo” en este ciclo de sinsentidos, el corazón del hombre. El corazón del hombre y la mujer del mundo, de México, de Puebla, de los universitarios, sigue empeñado en soñar y no descansa…a pesar del cansancio acumulado, a pesar de los sueños rotos, a pesar de la desesperanza que a veces asoma por todas las ventanas.

c.-El día que vendrá.

“Entreteneos aquí con la esperanza.
El júbilo del día que vendrá
Os germina en los ojos como una luz reciente.
Pero ese día que vendrá no ha de venir: es este.
            Jaime Sabines.

            La universidad y los universitarios somos quienes menos debemos descansar en este empeño de soñar en construir y organizar la esperanza social y personal. La crisis de futuro nos invita a la desilusión y al inmovilismo, pero la universidad debe ser una incanzable regeneradora del corazón del hombre, del corazón humano que no descansa, que ahora menos que nunca debe sentarse a descansar.
            No descansar y seguir soñando, pero soñando con los pies en la tierra y con la conciencia clara de que la esperanza no es algo que sirve para entretenernos aguardando un día que quizá no vendrá, sino una manera de enfrentar el presente con la convicción profunda de que la vida tiene sentido, la humanidad tiene futuro, la sociedad tiene remedio.
            Seguir soñando no en el júbilo del día que vendrá sino en la posibilidad real de este día, de cada día, presente, como oportunidad de construir, con inteligencia, reflexión y decisión comprometida y comunitaria, un sueño que sea probable de ser vivido por todos.   
En estos días de confusión y polarización que vivimos en México, sería bueno tener esto en cuenta y reforzar la esperanza activa que se requiere, hoy igual que siempre, quizá hoy más que nunca.

*Artículo publicado en el diario Síntesis en el año 2006.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...