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lunes, 22 de septiembre de 2014

Campos de significación y formación integral universitaria





*Tomado de un trabajo realizado para aportar elementos de fundamentación del Área de Reflexión Universitaria en el currículo de la Nueva Estructura Curricular de la Universidad Iberoamericana.


“Una primera función de la significación es de orden cognoscitivo. Ella nos saca del mundo de la inmediatez , que es propio del niño, y nos coloca en el mundo del adulto, que es un mundo mediado por el significado.”
B. Lonergan. Método en Teología. P. 79

            A.-El mundo humano como mundo mediado por la significación.

            Vivimos en efecto en un mundo mediado por la significación. La significación nos saca del mundo inmediato del bebé, que consiste en lo experimentado mediante la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto y hace que entremos al mundo del adulto en el que aún esas experiencias casi inmediatas, tienen una mediación por los significados.
            Este proceso es gradual y progresivo, acumulativo y permanente en todos los humanos y empieza desde muy temprana edad, prácticamente desde que se empieza a tener contacto con otros seres humanos y muy claramente cuando se accede al luneguaje como un vehículo privilegiado de la significación humana.
            No hay experiencia que sea totalmente inmediata. El mundo real al que nos referimos es siempre un mundo mediado por la significación y como dice Lonergan, un mundo inseguro porque la significación tiende fácilmente a desviarse y por ello existe el mito tanto como la ciencia, la verdad tanto como el error, el fraude tanto como la honestidad. (Lonergan, 1988, p. 80).
            Es por esto que si pretendemos educar, tenemos que tener en cuenta esta significación que se encarna en los horizontes concretos de significados de los estudiantes que llegan a nuestras aulas. Esta necesidad se hace mayor si pensamos en una educación humanista integral y si tratamos de pensar en algunas estrategias para lograrla.
            Las siguientes líneas persiguen abordar algunos elementos de la significación humana, principalmente los campos en que ella se desarrolla, como claves metodológicas para el diseño, operación y evaluación del Area de Reflexión Universitaria que se propone en la nueva estructura curricular del SEUIA como parte de la Dimensión de Formación Integral Universitaria.
           
            B.-Campos de la significación.

            Lonergan menciona tres campos fundamentales de la significación: El campo del sentido común, el de la teoría y el de la interioridad.
            El campo del sentido común es el campo de la significación que se desarrolla en la vida cotidiana, a través de la acumulación de intelecciones que van capacitando al sujeto humano para vivir en un contexto concreto y  con otras personas concretas.
            Este campo se caracteriza por describir los objetos o eventos de la realidad desde la perspectiva de la experiencia subjetiva del sujeto que se enfrenta a ellos o los vive. Es un campo que busca lo particular concreto, un campo profundamente práctico y con visión inmediata. En el sentido común por tanto pueden caber muchas interpretaciones incluso contradictorias entre sí que pueden ser verdaderas aplicadas a un caso particular y concreto que se viva. Es un campo especializado en el saber vivir en el sentido de resolver la vida concreta con lo que se tiene a la mano sin importar una visión global o explicativa.
            El campo de la teoría en cambio, es un campo en el que se busca lo universal concreto, el saber de la realidad en todos sus aspectos o bajo todas sus formas. Es explicativo, es decir, relaciona los objetos o elementos o eventos de la realidad entre sí, más allá de la percepción o la experiencia particular de un espectador. No es práctico ni se interesa en la aplicación inmediata de lo que va descubriendo o explorando y por lo tanto no es inmediatista ni tiene un interés de resolver situaciones en el corto plazo.
            Además de estos dos campos, existe el campo de la interioridad. Este campo surge de la mediación de la inmediatez, como afirma Lonergan, surge de la explicitación y análisis de las operaciones y estructura normativa de la propia actividad consciente intencional del sujeto para descubrir el método intrínseco en ella y apropiarlo, es decir, busca la autoapropiación. Por esto mismo, este campo relaciona al sujeto consigo mismo, con su propia estructura dinámica de operaciones, busca lo invariante de los seres humanos dentro de sus expresiones variables, lo transcultural dentro de sus expresiones culturales, lo transhistórico dentro de sus productos históricos.
            El mundo del sentido común nos permite sobrevivir e ir construyendo comunidad a partir de la experiencia cotidiana. El mundo de la teoría nos permite ir llegando a un conocimiento objetivo de la realidad más allá de las experiencias particulares o de las aplicaciones prácticas concretas. El mundo de la interioridad nos ayuda a autoconocernos, a autoapropiarnos progresiva y limitadamente para ir encontrando las claves de nuestro propio desarrollo y del desarrollo del sentido común y de la teoría.
            Porque el introducirse en el campo de la interioridad no es un fin en sí mismo, sino un medio, el medio privilegiado para regresar al campo del sentido común y al de la teoría pero con la habilidad para encontrar las exigencias metódicas que ayuden a comprender y criticar el sentido común y a entender  e integrar los conocimientos y procedimientos científicos.
            Estos tres campos de la significación humana están pues, íntimamente relacionados entre sí, son campos que nos permiten una emergencia de probabilidades de desarrollo pero también , por la tendencia a la desviación de la significación, las probabilidades de declinación o involución de las personas o las sociedades humanas.

            C.-Vehículos de la significación.

            Lonergan habla en el capítulo de la significación de Método en Teología, de algunos vehículos o soportes de la significación: la intersubjetividad humana, el arte, los símbolos, el lenguaje y las vidas y hechos de las personas.
            La significación se hace presente en la vida humana a través de estos vehículos y la comunicación que es el proceso por el cual un significado se vuelve común, se hace posible a través de estos elementos.
            En efecto, los significados son comunicados y asimilados a través de la intersubjetividad, de la interacción espontánea, de la comunicación no verbal: de los gestos, las señas, los cuerpos, los climas humanos concretos. Los significados también se viven o comunican por medio del arte que es “la objetivación de un patrón puramente experiencial” y que en su riqueza de connotaciones y denotaciones nos pone plenamente en el mundo de la significación en una apertura a la interpretación personal o grupal de los espectadores.
            La significación también se expresa a través de símbolos que son “imágenes de objetos reales o imaginarios que evocan un sentimiento o son evocados por un sentimiento”. La educación es rica en símbolos y rituales que comunican significados más allá de lo que muchas veces se percibe. La significación se expresa también a través del lenguaje que es el medio privilegiado para esta comunicación. Mediante el lenguaje los humanos tratamos de construir significados en común.
            Finalmente, la significación se expresa a través de la vida y los hechos de personas concretas que se convierten en significado personificado para quienes interactúan con ellas.

            D.-El mundo del estudiante.

            El mundo del estudiante universitario es un mundo rico en acumulación de intelecciones del sentido común. La vivencia de experiencias durante muchos años escolares y la acumulación de conceptos, de juicios, de valoraciones que ha aprendido de manera directa y vivencial en su convivir con los otros que le rodean tanto dentro como fuera de la escuela, hacen que su sentido común sea muy rico en expresiones y contenidos.
            El interés del estudiante es además el del sentido común en tanto que mayoritariamente llega a la universidad en busca de un título que le permita ejercer una profesión para ganarse la vida, para tener ingresos, para insertarse en la sociedad en mejores condiciones y “habérselas con situaciones nuevas” con más herramientas. Este interés lo hace tener una visión práctica  e inmediatista (“viene o no en el examen”, “me sirve o no para adelantar en mi carrera”, “es o no de mi carrera este contenido”, etc.)
            La mayoría de sus conocimientos son más descriptivos que explicativos y cuando expresa sus puntos de vista lo hace desde esta perspectiva  e interpretando hechos y situaciones desde su propia vivencia o desde ejemplos de casos particulares. Su contacto con el mundo de la teoría en general ha sido muy pobre, a menos que llamemos teoría a aprender casi de memoria o de memoria conceptos y contenidos a los que no les encuentra relación ni sentido.

            E.-El mundo de la universidad.

            Muy a menudo el mundo de la universidad es un mundo de teorías o discursos teóricos o científicos desconectados de la vida práctica. La manera en que desde esta lógica se persigue “educar” al alumno es precisamente desconectándolo de su propio mundo o despojándolo de su propio sentido común para “insertarlo” o “llenarlo” de teorías para que las aprenda (memorice, mecanice, aplique, rara vez comprenda o juzgue).

            F.-La interioridad en estos mundos.

            La interioridad del estudiante está a menudo olvidada o silenciada por falta de un hábito y un método introspectivo, por demasiado ruido exteriori, por miedo a enfrentarse consigo mismo, por falta de sentido y en nuestra época, por esta especie de “aplanamiento vital” propio de la globalización y la posmodernidad.
            La interioridad de los universitarios o de la universidad está a menudo olvidada o reprimida o sepultada para siempre en medio del conceptualismo que enfrenta en arenas diversas a teorías contra teorías, autores contra autores, gurus contra gurus, paradigmas contra paradigmas, excluyendo de tajo el deseo genuino de comprender la realidad.
            La interioridad en la universidad es también menospreciada como poco científica o propia de lo mítico o de lo religioso.

            G.-Formación integral y campos de la significación humana.

            Si analizamos los tres campos de la significación humana y su interrelación, veremos que una educación integral no puede olvidar a ninguno de ellos , ni encerrarse en uno solo porque quedaría truncada.
            El campo del sentido común es o debería ser el punto de partida para hacer significativo el aprendizaje. Como sostienen los enfoques constructivistas, los conocimientos y experiencias previas deben ser la base de los nuevos aprendizajes a cualquier nivel. Este campos aporta un elemento importante en cuanto permite conocer para enriquecer la percepción del sujeto sobre su mundo. El sentido común aporta datos, información congnoscitiva y afectiva para ir construyendo aprendizaje y debe ser además también, un campo de llegada de este aprendizaje que pasando por la teoría y la interioridad, enriquecerá la vida cotidiana de los estudiantes, capacitándolos para afrontar mejor el mundo en el que viven.
            El campo de la teoría aporta los marcos que pueden ayudar a entender la realidad más allá de las percepciones subjetivas particulares y de los intereses prácticos inmediatos de los estudiantes. Este es un campo vital o el campo propio de lo universitario en su dimensión disciplinar y profesional.
            El campo de la interioridad aporta el SENTIDO que esto que se comprende puede tener hacia la humanización del que aprende y del mundo en el que aprende o para el que aprende. Este mundo es clave para trascender el pragmatismo del sentido común y el conceptualismo que puede encerrar la teoría para encontrar las normas y exigencias que permitan comprender, criticar, distinguir  e integrar lo que se encuentra en el sentido común y en la teoría.
           


lunes, 30 de junio de 2014

SER UNIVERSITARIO EN EL SIGLO XXI




*Publicado en Síntesis, Enero de 2005.

            1.-“El vaso medio vacío o medio lleno”.

            Crisis de futuro o cambio de época. Estas dos frases parecen sintetizar dos maneras opuestas de ver el horizonte en que nos ha tocado vivir en este cambio de siglo y milenio. Por una parte, las visiones pesimistas afirman que estamos en una tremenda crisis civilizatoria que amenaza la existencia misma de la humanidad. Por otro lado, visiones más esperanzadas afirman que estamos en un cambio de época y que la crisis es precisamente el reflejo de dicha transición.
            El hecho es que nos encontramos en un momento especialmente complicado de la historia donde somos testigos de una crisis económica mundial, fruto de un modelo excluyente,  una crisis política que amenaza con la pérdida de libertades en aras de la seguridad, una crisis cultural que se manifiesta en una carencia de sentido de la vida. Sin embargo, al mismo tiempo que se viven estas crisis profundas, nos encontramos en un mundo en el que emergen nuevos tipos de conciencia hasta ahora inexistentes.
            En este escenario, la pregunta por el tipo de formación universitaria que se necesita para responder a esta crisis, cobra especial relevancia.

            2.-El sujeto: algunos rasgos dialécticos.

            Para saber el tipo de formación universitaria que se requiere hoy, es necesario pensar en el sujeto de nuestros días. Nuevamente vemos que existen rasgos encontrados que nos muestran un proceso dialéctico en esta concepción actual del sujeto humano.
            Por una parte, nos encontramos en un horizonte donde el sujeto, más que un ciudadano, es un consumidor. El sujeto pasa a ser un número de tarjeta de crédito, un potencial comprador del mercado, un demandante de satisfactores.
            Esta dinámica de nuestra sociedad llena de satisfactores y comodidades, marca también a un sujeto que prolonga su adolescencia y que no puede asumir compromisos duraderos. Pero paradójicamente, este sujeto tardíamente adolescente, es un sujeto prematuramente viejo para el mercado laboral donde las personas tienen una vida útil cada vez menos duradera y una persona de treinta y cinco o cuarenta años resulta ser muy vieja para encontrar trabajo a pesar de su experiencia.
            Este sujeto es también un producto de la masificación y el debilitamiento de las identidades y carece por tanto de una identidad sólida y de modelos de referencia que lo guíen.
            Sin embargo, al mismo tiempo nos encontramos con un sujeto en búsqueda, libre de ataduras del pasado y de dogmatismos paralizantes, un sujeto que revalora cada vez más lo humano y que busca afanosamente gozar de la vida sin culpabilidades que le daba la moral de la sociedad del pasado. Un sujeto que precisamente por no tener identidad fuerte y valores absolutos, es capaz de entender la pluralidad.
            Esta visión dialéctica del sujeto de nuestro tiempo presenta algunos retos que enlisto brevemente:
            -La búsqueda de su ser humano personal en un mundo de consumidores.
            -El reto de poder establecer compromisos sólidos sin partir de normas o valores inflexibles.
            -El reto de disfrutar el presente pero ser capaz de planear el futuro.
            -El compromiso de emprender más que de depender.
            -La tarea ardua de ser uno mismo en un mundo que tiende a  homogeneizar.
            -El reto de construir comunidades de significados y valores respetando la pluralidad.

            3.-La Educación: los cuatro pilares.

            La comisión Delors de la UNESCO, en su informe publicado bajo el título: “La educación encierra un tesoro”, plantea cuatro grandes pilares para la Educación del siglo XXI que son muy pertinentes para dar respuesta a estos grandes retos del sujeto de nuestro tiempo.
            El primer pilar que es “Aprender a conocer” nos implica que la educación universitaria del siglo veintiuno no puede ser una educación transmisora de conocimientos como la ha venido siendo hasta hoy. Los procesos de formación universitaria, tienen que capacitar al estudiante para construir conocimiento y adaptarse de manera continua a los cambios del conocimiento.
            El segundo pilar que es “Aprender a hacer”, implica una educación universitaria que además de brindar teorías sólidas, enfrente al alumno con la necesidad de aplicar reflexivamente lo aprendido, de resolver problemas, de insertarse en el mundo laboral y social con una capacidad para responder a los retos que se le vayan presentando.
            “Aprender a convivir” es el tercer pilar, que desde luego tiene que ver con la capacidad de construir en equipo, de relacionarse y dialogar con los diferentes y de resolver las diferencias, de abrirse al otro y tratar de entenderlo.
            El cuarto pilar, finalmente, es el de “Aprender a ser”. Este pilar nos enfrenta a la necesidad de formar universitarios que sean ante todo personas capaces de autoconstruirse, de ir forjando un proyecto sólido de vida y carrera.
            Una educación de este cambio de época que no contemple seriamente el trabajo en estos cuatro pilares, será una educación caduca, que no responda a la sociedad en la que nos ha tocado vivir.


domingo, 6 de abril de 2014

¿CIEGOS GUIANDO A OTROS CIEGOS? EL PAPEL DE LOS UNIVERSITARIOS EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA DEMOCRACIA.




“Y tú me llevas ciego de la mano…
como un fulgor que se congela en hacha…
como el cadalso para el condenado…”
Octavio Paz. Piedra de sol.

            Tiempos de confusión, desilusión, tensión y desencuentro parecen marcar este proceso de “eterna” transición a la democracia que vive nuestro país.
 Tiempos en los que es cada vez más difícil encontrar la lógica o la coherencia al proceso político y a la vida social, tiempos de oscuridad y cuestionamiento creciente o descrédito creciente de los líderes que toman las decisiones trascendentes en México.
            Vivimos tiempos oscuros, tiempos donde parece que un grupo de ciegos –la llamada clase política y los medios de comunicación- está guiando a otros ciegos- los ciudadanos- hacia ningún lado o al menos, no hacia donde parece estar el auténtico desarrollo de una sociedad realmente democrática y justa, plural y abierta, respetuosa de las instituciones y de la ley pero ocupada y preocupada por la equidad y el respeto a todos los mexicanos.
 Los tiempos que corren parecen apuntar a ciertos escenarios de retroceso hacia al autoritarismo que parecía ya superado más que a la consolidación de una vida democrática por la que tantos y tantas han apostado su vida.
            Ante este panorama oscuro e incierto es importante hacernos las preguntas: ¿Qué puede aportar la universidad a la construcción de la democracia? ¿Cuál es el papel de los universitarios en este proceso de construcción colectiva y estructural?
            La respuesta sobre el aporte de la universidad tiene mucho que ver con tres elementos centrales: la inteligencia, la crítica y la responsabilidad social.
            La inteligencia es un elemento fundamental para la construcción de una sociedad auténticamente democrática. La buena inteligencia, la inteligencia de calidad que trasciende el sentido común es un componente básico de la vida universitaria.
            En un momento donde el debate político está guiado por los intereses particulares y de grupo, en un país en el que la opinión pública está definida e incluso manipulada por lo que los medios de comunicación masiva de cualquier tendencia deciden que es importante, el papel de la inteligencia se vuelve un elemento fundamental que puede y debe aportar la universidad y cada uno de los universitarios.
            ¿Qué papel estamos jugando los universitarios en la promoción de análisis inteligente más allá del sentido común, para comprender la situación política actual de nuestro estado y de nuestro país? ¿Qué papel real y simbólico están jugando las universidades en el contexto de la sociedad local y regional como promotoras de comprensión y análisis desapasionado de la realidad de nuestra democracia con sus avances y sus retos?
            La ausencia de inteligencia objetiva y desapasionada sobre la realidad de nuestro proceso político está obviamente impidiendo también el ejercicio de una criticidad auténtica que trascienda la simple queja, el cuestionamiento sesgado, la destrucción visceral de todo lo que sea distinto al propio pensar.
            En un momento de confusión en el que “ciegos guían a otros ciegos”, la universidad no puede entrar al juego de la crítica fácil y sin fundamento ni matiz o de las posturas absolutas a favor o en contra de determinados personajes, grupos, partidos, procesos o tendencias mundiales.
El papel de la universidad es el de la promoción de la crítica inteligente y sustentada en análisis riguroso y evidencia sólida, es el de abrir espacios para el diálogo y el cuestionamiento que lleve a construir mejores juicios sobre la realidad de nuestra incipiente democracia y los desafíos que se le presentan.
            ¿Qué tanto estamos los universitarios ejercitando nuestra criticidad de manera real y sustentada? ¿Hasta dónde las universidades están cumpliendo su tarea como conciencia crítica de la cultura dominante desde posiciones argumentadas y sustentadas sólidamente?
Además de lo anterior, la universidad debe ser, a partir del ejercicio permanente de la inteligencia y la crítica, una promotora permanente de responsabilidad y compromiso social. En estos tiempos de confusión y descomposición social y política, la universidad debe promover una “solidaridad bien informada” y una actitud de responsabilidad hacia la reconstrucción del tejido social y de las estructuras políticas que sean adecuadas a los tiempos democráticos que nuestro país está empezando a vivir.
Ante las evidencias de descomposición política a nivel estatal y nacional, cabe preguntarnos: ¿Qué tanto estamos actuando los universitarios con verdadera responsabilidad social? ¿Qué papel están jugando nuestras universidades como promotoras de responsabilidad social a nivel de su presencia y su voz en la sociedad local y regional?  

*Publicado en el diario Síntesis, Noviembre 2004.

domingo, 24 de noviembre de 2013

¿RESPONSIVIDAD O RESPONSABILIDAD? ÉTICA PROFESIONAL E IDENTIDAD INSTITUCIONAL EN UN CAMBIO DE ÉPOCA

-->
 *Texto leído en la presentación del libro Ética profesional e identidad institucional en el año 2006.






 
--> Comienzo agradeciendo sinceramente al Instituto de Estudios Universitarios a través de la persona del Mtro. José Sanchez Aviña, la invitación a participar en la presentación de este muy interesante libro que nos tiene reunidos hoy aquí y que nos invita a hacer múltiples reflexiones desde perspectivas distintas que tienen como denominador común, un campo fundamental para comprender e intentar transformar el sistema educativo nacional: La ética que construye identidad o forma parte esencial de las identidades personales, profesionales o institucionales
“El discurso ético es una construcción polisémica” inicia diciendo la introducción a cargo de los coordinadores de este trabajo que reúne catorce ensayos de diecisiete investigadores de distintas instituciones, sectores y niveles educativos. Así como el discurso ético es polisémico, lo primero que salta a la vista al lector al entrar en contacto con los textos, es el carácter también polisémico del título de este texto. Porque “Etica profesional e identidad institucional”, al revisar los distintos apartados y capítulos, puede entenderse como: una selección de sólidos artículos de investigación que reúnen algunos trabajos sobre ética profesional (sobre todo los del apartado I que tiene el título de Etica e identidad profesional: “Elementos significativos de la ética profesional” de Hirsch (coordinadora de esta edición), “Etica profesional. Los genetistas humanos en Alemania” de Wüestner por ejemplo…)  y otros sobre identidad institucional (por ejemplo el de Medardo Tapia – “La responsabilidad y ética del cambio en las normales”, el de Jennie Brand – “La identidad institucional del docente en la Universidad Simón Bolívar” - o el de Amneris Delgadillo – “La evaluación de las instituciones educativas como generadora de identidad institucional. Las instituciones educativas lasallistas” -; o bien, como una compilación de excelentes artículos de investigación sobre la relación entre ética o dimensión valoral e identidad  (“Identidad y ética profesional en los estudiantes universitarios. El caso de la Universidad de Guanajuato” o “Tensiones identitarias y ethos profesional. El caso del profesor de formación cívica y ética” de la Dra. Yurén); el título también puede interpretarse como una serie de artículos que tratan sobre la formación ética de los profesionales (“Los valores científicos y profesionales del Ecólogo” de Guadalupe Ibarra o “Valores y tendencias valorales de los estudiantes dela Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León”, de Guadalupe Chávez) y también como artículos que abordan el tema de la ética de los académicos o docentes que forman a los profesionales (el mismo de Brand o “Microcontextos escolares: génesis de laidentidad profesional y ética de las y los docentes” y también: “Etica de la profesión académica en la época global” –de Rodrigo López Zavala, el segundo de los coordinadores).
Pero es precisamente esta polisemia la que le da una unidad flexible y abierta al libro y permite al lector aproximarse desde diferentes perspectivas, todas ellas llenas de retos para el docente, el investigador, las instituciones y el sistema educativo.

1.-Una preocupación constante.

“La universidad se ha convertido en la
refaccionaria del mundo empresarial y
laboral”

Gabrel Anaya S. J.

Desde el punto de vista de este lector, el libro tiene otra línea de articulación muy importante, que es la preocupación fundamental que parece estar sintetizada en la frase de Anaya: la universidad como repositorio de “piezas” para el engranaje del mercado laboral en detrimento de una formación profesional que brinde a la dimensión ética, indispensable para la formación de una identidad profesional e institucional, la importancia que esta requiere.
Varios artículos mencionan explícitamente esta preeminencia en la formación profesional de la lógica de la instrucción  o transmisión de saberes  sobre la formación ética o vaoral en los profesionales (Delgadillo o Kiepowikz) o este desequilibrio entre el progreso técnico que no ha ido aparejado con el necesario desarrollo moral (Hirsch). La investigación de Yurén muestra como la amenaza para el ethos del docente ante la introducción de la materia de Educación cívica y ética en la secundaria, provocó en muchos profesores la tendencia a una “instrucción bancaria” expresada sobre todo en una “socialización desapegada” que lleva al docente a preocuparse solamente por cubrir el programa de temas o a la “socialización inculcadora” que plantea una enseñanza o imposición de creencias o valores en los estudiantes. Los dos trabajos que se refieren a la identidad de estudiantes muestran también contradicciones valorales que surgen del énfasis en la capacitación o formación científico-técnica y el descuido de la formación ética, que se muestra también de algún modo en el nivel de posgrado en el trabajo sobre los valores científicos y profesionales del ecólogo.

2.-Profesionales responsivos.

“La universidad está formando profesionales
exitosos para sociedades fracasadas”

Xabier Gorostiaga S.J.

¿Qué significa en los hechos visto socio-históricamente este descuido de la formación ética de los profesionales? La cruda realidad parece mostrar que la frase de Gorostiaga es una incómoda y preocupante verdad: profesionales exitosos, competitivos, eficientes, bien capacitados, equipados para hacer una vida laboral adaptada a las exigencias cada vez más difíciles de este nuevo siglo y sin embargo, sociedades fracasadas, fragmentadas, divididas, conflictivas y deshumanizante.
La realidad que documentan estos trabajos que compila el libro, parece mostrar claramente que una formación profesional orientada solamente desde la visión económica, técnica o científica, produce profesionales responsivos y no profesionistas responsables, es decir, egresados que responden pasiva y acríticamente a las demandas de la sociedad del mercado global pero que son incapaces de responsabilizarse de manera reflexiva y creativa de las enormes contradicciones, crisis, desigualdades y desafíos humanos y sociales que este mundo está planteando. Profesionales responsivos que se adaptan al mundo en que viven sin cuestionarlo de fondo, pero que no tienen la visión ni las herramientas afectivo-intelectuales para adaptar el mundo, haciéndose cargo de la realidad que les ha tocado vivir. Profesionales que, como en el caso de los estudiantes de la Universidad de Guanajuato estudiados en el trabajo de Kepowicz, conciben e identifican valores como la honestidad en la universidad y en sus docentes pero ven claramente que en la vivencia de sus compañeros y de ellos mismos, predominan más bien comportamientos totalmente contrarios.

3.-Un horizonte incierto y poco propicio para la ética.

“El futuro ya no es como era antes”
Paul Valéry

Una constante más que se alcanza a leer en todo este libro, es la constatación de que estamos en una época marcada por la incertidumbre y las presiones de una globalización económica que está guiada por una visión exclusivamente práctica y utilitarista.
Este es el punto de partida del trabajo de Rodrigo López Zavala, que se plantea la pregunta sobre la influencia de este contexto, sin duda poco propicio para la reflexión y la vivencia de las cuestiones éticas, en la identidad académica. La presión sobre lo que el autor llama “la moda instrumental“  sobre la ética de la profesión, traducida en el peso excesivo de los saberes fácticos y del dominio técnico y académico de los contenidos de una profesión para poder sobrevivir compitiendo en el mercado, es una realidad de la que se debe partir si se quiere fortalecer la identidad profesional del académico en este mundo práctico.
“Se buscaría que el profesor no se convierta en un simple enseñante de saberes legítimos y actuales , sino que sea portador del ethos académico; que le permita generar escenarios éticos, en medio de modas y políticas que estimulan la formación basada en la racionalidad técnica” dice el autor (p. 259) en una afirmación que expresa esta preocupación válida en este tiempo marcado, en términos de Lonergan, por la “aberración general del sentido común práctico” que parece olvidar o incluso rechazar la comprensión inteligente y razonable y la deliberación ética en aras de intereses de poder y visiones inmediatistas. Sin embargo, cabe aquí hacer la pregunta por ese “ethos académico” que pareciera, por el modo en que está dicha la frase anterior, un ethos ya establecido y predeterminado. ¿No estamos más bien en un momento en el que precisamente el desafío principal se encuentra en la construcción de un nuevo ethos académico que sin hacernos meramente responsivos, incorpore elementos de este cambio de época que tienen que ver también con la construcción de una nueva ética, como parece decirlo el autor en otras partes del texto? ¿Cuál o cómo será este nuevo ethos académico que responda a los tiempos de incertidumbre? ¿Cómo mantener presente y vigente la reflexión ética en un mundo que privilegia esta racionalidad instrumental? ¿Cómo construir una cultura académica que nos vuelva “facilitadores de una alta moral” en tiempos de sociedades desmoralizadas, en términos de Cortina a la que cita López Zavala?
El reto parece partir de un cambio en la manera en qu los mismos académicos concebimos el ser y el quehacer académico. Como dice la comisión Delors de la UNESCO, citada en este trabajo, la actividad docente ya forma parte de “este escenario conflictivo” al que nos está llevando la globalización y no habrá manera de enfrenta este escenario, si conservamos los criterios y categorías del pasado.
Llama la atención por ejemplo que a la par que se afirma que la “naturaleza de la relación entre enseñantes y aprendices supera el plano de lo técnico” y que  se trata de una profesión (la docencia) que posee natural intencionalidad de intervenir entre seres humanos”, se afirme después que, “paradójicamente, el trabajo académico no tiene sólo finalidades académicas”, entendiéndose aquí trabajo académico, en el sentido que hay que superar, de trabajo exclusivo con el saber o el conocimiento, el viejo debate al que ya Ignacio de Loyola en el siglo XVI respondía, cuestionado por la inquisición, diciendo que al educando hay que formarlo “en letras y en espíritu”, trascendiendo la falsa disyuntiva de dar solamente conocimientos o solamente formación ética o humana.

4.-Conservadurismo: un riesgo permanente

“Todo tiempo pasado fue mejor”
“Los jóvenes ya no tienen valores”

Dominio público

El riesgo permanente del que hay que estar muy vigilantes, es el del conservadurismo identificado hoy con la mentalidad llamada genérica y a veces ambiguamente “neoliberal”, que domina nuestra época. El conservadurismo que privilegia esta relación instrumental y este seguimiento ciego de las normas del consumo y el dinero, pero que también corre el riesgo de descalificar, por desconocimiento o ampliación de la “brecha generacional”, la nueva cultura en la que querámoslo o no, estamos viviendo y sobre todo, están viviendo los jóvenes de hoy.
Los dos trabajos sobre perfiles de la identidad de los estudiantes (los estudios de tres licenciaturas de la Universidad de Guanajuato y de la Facultad de Filosofía y letras de la U. Autónoma de Nuevo León, sobre todo este último por la cantidad, amplitud y forma de presentar la información) aportan muchos datos acerca del modo de significar y valorar la vida y la profesión que tienen los universitarios de este tiempo. Esta información, junto con la “encuesta nacional de juventud” del INJUVE y otros estudios de este tipo, son materiales de estudio para cualquier académico o investigador que pretenda facilitar el aprendizaje o tratar de comprender y reflexionar este horizonte en el que vivimos, con la visión de construir una nueva ética para estos nuevos tiempos.
Una constante, desde mi punto de vista no tan claramente expresada -salvo en el caso del estudio del programa de formación valoral para padrea de familia y docentes de Meyalli-  pero presente en prácticamente todos los trabajos, es la visión del mundo de la ética como un mundo de principios o valores que hay que saber, compartir, comunicar, aplicar a la vida, etc. pero que ya están establecidos.
El riesgo del conservadurismo y de las visiones “bancarias”, en términos del estudio de Teresa Yurén, está claramente expresado en el estudio de Meyalli donde se parte de la afirmación de ciertos valores preestablecidos y válidos “para todos los hombres de buena voluntad”, que se enseñan o, como los mismos entrevistados expresan, les son “dados” a los docentes y a los padres de familia con resultados positivos según la investigación.
Sin embargo, aunque los demás trabajos parten de marcos teóricos críticos y de vanguardia (Habermas, Cortina, Foucault, Deleuze, etc.), no están exentos del riesgo de pensarse o escribirse desde la visión de ciertos criterios éticos que se construyen diálogicamente pero que se vuelven los referentes últimos o desde los “discursos éticos” validados por procesos de comunicación que se pueden pensar como incuestionables por el procedimiento o el marco conceptual desde el cual se construyen democráticamente. El riesgo está en quedarse en lo instituido, por más vanguardista que sea, y olvidar lo instituyente, es decir, analizar los discursos éticos en sí mismos, sin ver aquello de lo cual están hablando esos discursos; o revisar los criterios éticos racionales y democráticamente construidos mas que el dinamismo humano que los construye y las exigencias intrínsecas en este dinamismo.
Desde mi punto de vista sesgado por la visión lonerganiana, los tiempos de hablar de educación en valores o de formación valoral han pasado y necesitamos propuestas que, como decía Ortega y Gasset: “estén a la altura de nuestros tiempos”. La educación de la libertad efectiva, es decir, la educación del dinamismo humano (lo instituyente) que tiene como únicas constantes las operaciones conscientes e intencionales y sus exigencias de atención, inteligencia, razonabilidad y responsabilidad, debería ser la nueva forma de educación moral o ética en estos tiempos inciertos, plurales, relativos y dinámicos, para superar esa visión de “rescate” o “recuperación” de valores perdidos a las que hacen referencia los profesores en la investigación de Yurén.


5.-La respuesta está en el futuro.

“La respuesta a los retos de este cambio de época
y a las desigualdades sociales que nos plantea
no está en el pasado sino en el futuro”

Luis Ugalde S.J.

Porque la respuesta a las interrogantes éticas que se plantean a las profesiones hoy en día y que constituyen un elemento central, como lo dice Kepowicz en su artículo, de la construcción de identidades, debe ser buscada en el futuro y no en el pasado. La respuesta está en la formación de profesionales responsables que sepan hacerse cargo de la realidad en la que viven en lugar de profesionistas responsivos que se adaptan al contexto tal como está y ahondan “el ciclo amplio de declinación” en que parece que estamos viviendo.
Para lograrlo, es necesario formar académicos y docentes responsables y no simplemente responsivos. Esto pasa necesariamente por una reconstrucción dinámica y crítica del ethos de la profesión académica, como lo plantean de diversas formas algunos artículos del libro. Pero esto no será posible, si no se logra, a nivel social y político, la construcción de un sistema educativo y de unas instituciones responsables, que también sepan de manera estructural, hacerse cargo de esta realidad del cambio de época.
Porque el mundo de lo ético y de la vivencia moral en estos tiempos, es un mundo complejo que no puede funcionar a partir de “códigos deontológicos”, porque como bien lo plantea el artículo de lo genetistas alemanes, la construcción de códigos deontológico no garantiza la vivencia de estos valores por parte de los profesionales debido a diversas dificultades que en el mismo artículo se señalan:
-Los principios éticos son demasiado generales
-Los principios éticos pueden entrar en conflicto unos con otros
-Los principios de una ética profesional pueden entrar en conflicto con otros intereses sociales
-La realización de los principios éticos puede fracasar debido a cuestiones externas a la profesión.
-La realización de los principios éticos puede fracasar debido a cuestiones internas de la profesión y su ejercicio.
Estas y otras dificultades que en el artículo se señalan, parecen dejar claro que como afirma Lonergan: “El bien siempre es concreto pero las definiciones son abstractas” y en ese sentido, las normas éticas de la profesión son abstracciones que pueden formular conceptualmente algunos principios generales pro que de ninguna manera resuelven el problema de la ética profesional.
El reto entonces no está en la inclusión de materias de ética profesional en los planes de estudio sino en el replanteamiento ético de toda la estructura institucional de la educación y del ethos de la profesión académica como elemento regulador de los modos concretos de vivir esta actividad, desde ciertos modos de significar y valorar que son comunes a todo el gremio.
Estos y otros elementos surgen a partir de la lectura de “Ética profesional e identidad institucional” que sin duda es un gran disparador de pensamiento y de preguntas acerca de este enorme reto en el que está en juego sin duda, la posibilidad de construir paulatinamente, una perspectiva ética que genere una identidad profesional e institucional más propicias para la humanización y la justicia. Es por ello que sin duda, vale mucho la pena acercarse a este libro.





Hirsch, A. y R. López (2003). Etica profesional e identidad institucional. Universidad Autónoma de Sinaloa. México.

domingo, 10 de noviembre de 2013

El futuro ya no es lo que era antes.




*Texto de una conferencia impartida en la Universidad Autónoma de Tlaxcala en el año 2000.

Retos y expectativas de la universidad pública en la globalización.

“El futuro ya no es lo que antes era, nos recuerda
Valéry. Ya no hay recetas ni rumbos claros. Incierto,
Promisorio, inseguro, inquietante es lo que viene para México.
Lo único cierto es que lo que hagamos marcará la mitad del
Rostro futuro de México. El resto lo definirá el azar.”

Jesús Silva-Herzog Márquez.

            1.-NEGANDO EL ARTE NUEVO: ACERCAMIENTOS A LA GLOBALIZACIÓN.

            El futuro ya no es lo que antes era, ya no hay en efecto, recetas, caminos ciertos, seguridades a prueba de todo cuestionamiento. Estamos en una crisis de futuro y esto puede significar muchas cosas y generar muy diversas reacciones. Crisis de futuro puede significar imposibilidad de futuro o puede también significar, momento de toma de decisiones para posibilitar el futuro, un futuro que iremos construyendo nosotros y el azar pero que, como dice el poeta Benedetti, debemos tratar de que dependa “cada vez más de nosotros y menos del azar”.
            Diversas pueden ser las reacciones ante la incertidumbre del futuro: hay quienes añoran ese antes cuando el futuro era de otro modo y se podía predecir, prever, anticipar y entonces pretenden negar la realidad y cerrarse a su dificultad intrínseca y en el caso que ocupará estas líneas, el de la globalización, se empeñan en ver este proceso como el mal disfrazado de yuppie y para ellos no hay peor insulto que ser tecnócrata neoliberal. Son los “globalifóbicos”, según el “cultísimo” aporte a la lengua española del presidente Zedillo en el foro de Davos, Suiza. Hay otros que , como él y muchos miembros de su gabinete, más bien creen que el futuro es como el presente , que la realidad es solamente lo que tenemos hoy y que no hay otro camino posible más que este para la humanidad entera. Llamémosles “globalifílicos” como ya algunos columnistas han hecho a partir del manifiesto contra la “globalifobia” del “Foro económico mundial”.
            Sin embargo, creo que habría que añadir un tercer neologismo. Digámosles “globalicríticos” a los que intentan entender el fenómeno de la globalización sin prejuiciarse ideológicamente a favor o en contra y tratan de asumir una postura crítica para buscar la construcción de una mejor realidad a partir de la comprensión inteligente de la realidad en que nos movemos hoy. “Mi plumaje es de esos” o intentaría serlo, parafraseando a otro poeta.
“Y escribo por el arte que inventaron
los que el vulgar aplauso pretendieron
porque , como las paga el vulgo es justo
hablarle recio para darle gusto”.

Lope de Vega. Arte nuevo de hacer comedias de este tiempo (1609) *


            Porque lo más fácil sería, si se pretende “el vulgar aplauso”, hablar recio y ponerse a decir que la globalización es algo así como el demonio o el anticristo que llegó con el año 2000 y que es peor que el fin del mundo porque va a ser de poquito en poquito; o, si se tratara de otro público más “moderno”, hablar recio a favor del proceso globalizador viendo solamente sus virtudes y negando que tenga cualquier efecto nocivo para la humanidad o para las universidades.
            Sin embargo, contradiciendo el arte nuevo de hacer novelas al que Lope se refiere, invito al lector a un análisis más objetivo, más serio, más desprejuiciado, que quizá de allí salgan conclusiones más críticas para buscar un futuro mejor desde la incertidumbre promisoria y aterradora de este “cambio de época presente”.

            2.-EL NOMBRE DEL JUEGO:ALGUNOS CONCEPTOS SOBRE LA GLOBALIZACIÓN.

            Iniciemos con algunos conceptos sobre la globalización porque el término es tan mencionado que puede ya no significar nada para los que lo escuchan. Tomo algunas nociones de diferentes perspectivas, citados recientemente por la Dra. Rosa Nidia Buenfil en una conferencia sobre la cultura del siglo XXI ofrecida en el ITESO con motivo de la apertura del doctorado en Filosofía de la educación.
            La globalización puede ser entendida como el “sistema mundo” al que se refiere Wallerstein cuando analiza la evolución del sistema capitalista y habla de cómo la lógica misma de este sistema mundo impide necesariamente el desarrollo de los países pobres porque lo que se desarrolla es el sistema-mundo y para desarrollarse requiere de la desigualdad y la exclusión.
            Otra manera de entender globalización es la de Braudel que habla del capital universal en relación a una economía mundial de mercado. Existen otras visiones que conceptualizan esto desde una perspectiva cultural y entonces hablarn del proceso de construcción de un sistema cultural global o de una aldea global cada vez menos eurocéntrica.
            En la literatura referente a Educación, según la Dra. Buenfil, encontramos otras visiones: la conceptualización del mundo como un solo lugar de producción o la visión de globalización como homogeneización cultural y la visión de Aaronovitz de la globalización como “catástrofe cultural”.
            Existe según un diálogo reciente sobre el futuro publicado por “Letras libres” (no. 13, 2000), una dialéctica fundamental que también menciona la Dra. Buenfil , en torno a las visiones de globalización, que podría resumirse en dos posiciones extremas: La visión de este proceso como convergencia e integración en torno a ideales y normas liberales como democracia, imperio de la ley, cooperación internacional o consumismo, visión más cercana a los planteamientos de Fukuyama (2000) y la visión de este proceso como el de bloques de valores  -principalmente occidentales europeos y orientales- que entran en choque, visión que sostiene Huntington . (Letras Libres, no. 13).
            Lo cierto es que la globalización es un proceso complejo que no puede entenderse simplemente con un juicio simplista de bueno o malo sino que tiene que ser estudiado , investigado , entendido y criticado. He aquí una primera tarea universitaria que retomaremos más adelante.

            3.-DE LA SOCIEDAD INDUSTRIAL A LA SOCIEDAD POSINDUSTRIAL: GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA.

            Un primer aspecto, sin duda el detonador de esta globalización es el relacionado con la Economía de mercado. La globalización puede significar en este sentido el “imperio del mercado libre” mundializado, lo que incluye obviamente la mundialización del capital, de la producción y del consumo y una nueva división internacional del trabajo. (Bell, 2000).
            Este proceso globalizador se da en el marco de una transición generada por la revolución tecnológica de este siglo y el mundo de los medios de información: la transición de una sociedad industrial a una sociedad postindustrial. Daniel Bell señala en un artículo reciente algunos elementos de esta transición:
            -El paso de una tecnología mecánica a una tecnología intelectual.- El paso de las grandes máquinas movidas por vapor, electricidad, combustibles y manjejadas por el hombre a las tecnologías modernas de la información manejadas a través de computadoras.
            Este paso implica la “codificación del conocimiento teórico”, el paso de una investigación y desarrollo de tecnologías que surgen del ensayo-error empírico a una tecnología que surge directamente del conocimiento teórico aplicado.
            -El paso de la producción como desarrollo de productos a una fase de mejoramiento de su calidad (ej. Japón) y a uno ulterior de fabricación normalizada o estandarizada de los mismos productos que reduce significativamente el costo de su producción (el caso de Korea, Hong Kong o China a finales del siglo XX).
            -La distinción entre innovación –derivada de la ciencia que se aplica a la tecnologíca-, la innovación –que depende más de la flexibilidad y adaptación de las organizaciones- y la difusión –que es fruto de la mercadotecnia y los medios de promoción y comercialización intensiva-.
            -El paso o la distinción entre tecnologías transformadoras –el teléfono o el televisor que cambiaron radicalmente el estilo de vida y de comunicación- , tecnologías extensivas –el celular que hace más extenso y fácil el uso del teléfono o la televisión por cable que facilita la difusión mundial de ciertas cadenas-, y los nichos- que son segmentos específicos de mercado sobre los cuales se desarrollan productos especiales como las redes internas de comunicación de las empresas (pbx) o los canales especializados de ventas o de noticias-.
            Es interesante lo que Bell destaca en el sentido de que la mayor parte de las empresas de Estados Unidos y otros líderes del mundo global se son empresas pequeñas que se dedican a los nichos porque se requeiere de un gran capital y de una empresa muy grande para producir tecnología transformadora (innovación).
            Bell señala como condiciones para que un país pueda acceder a la “escala tecnológica” que demanda la globalización la existencia de un período de paz y estabilidad interna (ahora entendemos porque se insiste tanto en la estabilidad de México en los discursos oficiales), una amplia clase empresarial y UN SISTEMA EDUCATIVO DE CALIDAD que enseñe a la gente a leer, escribir y contar, lo indipensable para entendérselas con la tecnología.

            4.-DE LA SOCIEDAD MODERNA A LA SOCIEDAD POSMODERNA: GLOBALIZACIÓN CULTURAL.

            Pero la globalización económica ha traído consiogo procesos culturales de globalización. Existe una evidente tendencia a la homgeneización de los estilos de vida en el mundo (las modasy los modos son cada vez más parecidos en cualquier ciudad del mundo), una estandarización y masificación del consumo (todo el mundo oye a Ricky Martín por ejemplo o come Mc. Donald´s) y con ello, una conformación de identidades débiles o un debilitamiento de las identidades nacionales fuertes de antaño. Esto genera poco a poco una relativización de los valores que llega al relativismo y una falta de utopías, modelos fuertes o “metarrelatos” que puedan ser factores de unidad o cohesión social.
            Existe sin embargo, la emergencia de ciertos valores globales que empiezan a ser compartidos: la cultura de los derechos humanos, del respeto al medio ambiente (“La octava inteligencia de Gardner”) o de la democracia.
            La dialéctica entre identidades regionales y nacionales con sus valores y tradiciones y proceso de globalización que tiende a homogeneizar y a debilitar esas identidades está presente hoy más que nunca.

            5.-WINERS Y LOSERS: GLOBALIZACIÓN SOCIAL.

            En el ámbito social, el mismo Fukuyama que es un defensor del liberalismo y del proceso globalizador, señala que existe un preocupante resquebrajamiento que hace que ahora tengamos sociedades menos coherentes, un consumismo excesivo -que por lo demás es inherente al proceso de globalización económica-, un deterioro del deber y la solidaridad y algunos otros autores señalan el reforzamiento de un neodarwinismo social que tiende a dividir la vivencia social en torno a  ganadores y perdedores y a establecer una feroz competencia y un exacerbado individualismo para llegar a ser ganador y evitar ser señalado como culpable por el entorno social si no se triunfa, triunfo por lo demás muy ligado exclusivamente al éxito económico o a la fama.
            Serio Zermeño ha escrito en su libro “La sociedad derrotada” (1997), esta visión de resquebrajamiento social como la existencia de “many Méxicos”, muchos Méxicos cada vez más alejados entre sí.

            6.-EL MONOPOLIO DE LA COOPERACIÓN: GLOBALIZACIÓN POLÍTICA.

            La pérdida o debilitamiento progresivo de las identidades nacionales por el proceso de integración y homogeneización globalizador, junto con otros factores complejos ha dado como resultado el debilitamiento de los estados nacionales. Hobsbawm (Letras libres no. 13) señala que desde el siglo XVIII hasta la década de 1960 se dio un proceso de fortalecimiento de diversos estados nacionales y que el proceso de debilitamiento inició a partir de los años setenta del mil novecientos.
            Este debilitamiento de los estados se ahonda ante la carencia de instituciones globales o nacionales que medien entre las fuerzas de globalización económica y las especificidades de cada nación. La soberanía es entendida ahora como el “Monopolio de la cooperación” y estamos ante un sistema global gobernado por comités y membresías (la OCDE, El foro mundial, el FMI, el Banco Mundial, el grupo de los siete, etc.)
            La participación en el mercado ha sustituido a la participación política y en ese sentido se nota un creciente desinterés y aún desilusión hacia la política, los políticos y los partidos políticos por parte de las personas que han pasado a ser consumidores en lugar de ciudadanos.
            Con todo, el crecimiento de la fuerza de la “opinión pública” con todo y lo caótico y manipulado que esto está todavía y la necesidad de administración más plana y descentralizada en las organizaciones, parecen apuntar a posibles escenarios más positivos.

            7.-DENTRO DEL JUEGO PERO MÁS ALLÁ DEL JUEGO: EL PAPEL DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA EN LA GLOBALIZACIÓN.

“La transformación de la sociedad comienza
con la capacidad de reducir la pobreza y la mera subsistencia
y de satisfacer las necesidades de la mayoría de la población”.
Daniel Bell.

            Aún desde análisis que partan de aceptar esta lógica de consumo y mercado como las que rigen la vida moderna y no cuestionen el modelo que se está imponiendo como única vía, se señala cada vez con mayor fuerza (el banco mundial ha hablado de “humanizar la globalización”) la necesidad de incrementar los esfuerzos de lucha contra la pobreza y la desigualdad. El problema está en la posibilidad o imposibilidad de hacerlo con un modelo tal como el que ahora rige la economía mundial globalizada. Esta es una tarea profundamente universitaria. El estudio serio , la crítica razonable y razonada, la búsqueda de mejoramiento y alternativas a este modelo económico es una prioridad para nuestras universidades y en este campo de la equidad, sobre todo de las universidades públicas.
            El ideal de equidad ha sido uno de los pilares sobre los cuales se ha edificado históricamente la universidad pública y toda la educación pública en general. Autores como Portela señalan como, ante este proceso de globalización económica y de normas e ideales liberales, este objetivo de equidad vía la educación se ha venido sustituyendo por el de la calidad, término ambiguo como bien señala Latapí (1996).
            Sin profundizar mucho en el tema, me parece necesario señalar que el objetivo de la equidad sigue siendo una prioridad en nuestra educación de todos los niveles incluyendo el de la educación universitaria. Analizar nuestra sociedad nos hace caer en la cuenta de que esta es una meta necesaria para aspirar a cualquier desarrollo ulterior –sea este o no, como parece no ser, el modelo de desarrollo que la globalización parece estar imponiendo como válido-.
            Sin embargo el valor de la calidad en la educación universitaria no puede ser desdeñado y mucho menos si tenemos conciencia de que el proceso de globalización implicará la competencia y el flujo de profesionales de un país a otro tarde o temprano. El problema no está entonces en que existe un dilema real entre equidad o calidad sino en cómo asumir el reto de dar una educación universitaria de calidad para la equidad, es decir, de la definición de una idea de calidad acorde a nuestra realidad y del planteamiento de estrategias adecuadas para ir consiguiendo esta calidad que vaya intrínsecamente ligada a la construcción de un país más equitativo.

                       A.-GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA.

            La globalización económica está planteando a las universidades públicas de una reflexión razonada, crítica y responsable sobre el tema del financiamiento por parte del estado, de las cuotas que ya se pagan en prácticamente todas las universidades del país menos en la UNAM y de la necesidad de acceso a otras fuentes de financiamiento nacionales y sobre todo, internacionales.
            Esta exigencia trae consigo también la necesidad de plantearse una noción crítica de eficiencia y una medida razonable de incorporar eso que llaman “criterios de mercado” a la organización y funcionamiento de las universidades. No se trata de adoptar ciegamente modelos extranjeros o de instituciones privadas pero sí de ir generando una serie de criterios propios y adecuados a las finalidades de una educación pública que vayan en la línea de la calidad, la eficiencia y todos estos elementos que si no se absolutizan, son legítimos y necesarios en toda universidad.
            La necesidad de una planeación para orientar a las universidades públicas a la producción de “conocimiento teórico codificable”, es decir, aplicable a los procesos de innovación, mejoramiento o difusión de la tecnología para reducir la dependencia del exterior es otra cuestión que debe empezar a estudiarse. La universidad pública no debería convertirse en formadora de técnicos que operen lo que se diseña, se mejora y se difunde en otros países sino de profesionales que sean generadores de conocimiento que pueda ser aplicado. Este proceso tendría que hacerse cuidando que la universidad no vaya abandonando o dando menos importancia a las áreas disciplinares o profesionales menos pragmáticas o a la generación y reflexión de conocimiento teórico “desinteresado”, es decir, interesado solamente en entender nuestra realidad y en conocerla y explicarla o interpretarla.
            A partir de los planteamientos de Bell, considero impostergable el análisis del campo o los campos en los que la universidad pública habría de tender en la formación de sus egresados: ¿Es viable formar a la gente para el desarrollo de productos, para el mejoramiento de su calidad o para insertarse en los procesos de fabricación de productos normalizados o estandarizados? ¿es posible y deseable formar profesionales que persigan la invención (ciencia), la innovación (organizaciones)  y/o la difusión (“creación de productos” , comercialización)? ¿Será posible ir accediendo a la creación de tecnologías transformadoras, extensivas o tenemos un campo interesantísimo que no requiere de tanto capital sino de talento humano organizado en el campo de los nichos especializados? ¿Se puede contribuir desde la universidad pública al desarrollo de una AMPLIA clase empresarial o se le seguirá dejando a la universidad privada la formación que perpetúa la misma reducida élite empresarial? ¿Tenemos la calidad de sistema educativo que se requiere? ¿Enseñamos bien a leer, escribir y contar en los códigos actuales o seguimos anclados al pasado? En resumen: ¿Puede la universidad pública aportar alternativas que vayan conciliando el dilema productividad – equidad?


                       B.-GLOBALIZACIÓN POLÍTICA.

            En lo político el asunto del debilitamiento del estado, plantea sin duda el riesgo del que ya se habla mucho en el país de desaparición, adelgazamiento significativo o incluso “privatización” de la universidad pública, pero plantea también creo yo, la oportunidad de un replanteamiento y redefinición más sólida, independiente y actual de lo que es una universidad pública. Hasta allí habría que ir o más bien., desde allí habría que empezar.
            La universidad pública puede ser o crear las instancias institucionales de intermediación cultural entre las exigencias de globalización poco exploradas y comprendidas por el grueso de la población del país y las necesidades e identidades regionales y nacional.
            La universidad pública puede educar y encauzar la fuerza creciente de la opinión pública para hacerla más inteligente, crítica y responsable y por ende, menos sujeta a la manipulación de los medios o los grupos de interés económico, político o religioso.
            La necesidad de reconstruir la participación política es un papel irrenunciable de la universidad pública que se ha venido despolitizando quizá por cuestiones económicas o porque es también sujeto y víctima de esta falta de participación general. ¿Promovemos la formación de personas y de ciudadanos o la capacitación de consumidores y vendedores de productos o servicios?
            En lo político es necesario también, porque se corre el riesgo de perderla o de dejarla como pieza de museo, promover la reflexión y construcción de un nuevo concepto de soberanía acorde con los procesos globalizadores y la necesidad de insertarse en la sociedad promoviendo la formación ciudadana es parte de esta redefinición existencialmente promovida. ¿Qué es un ciudadano de la aldea global además de un consumidor?

                       C.-GLOBALIZACIÓN SOCIAL.

            Ante el resquebrajamiento social, la universidad pública tiene el reto de constituirse en un puente que vaya abriendo espacios de diálogo y encuentro entre los distintos grupos sociales y tratando de buscar la convergencia de esos muchos Méxicos de los que habla Zermeño.
            La globalización está presionando hacia formar profesionistas exitosos y competitivos para sociedades desintegradas y esa es, en palabras de Gorostiaga (1997) la peor maldición que le puede pasar a la universidad y sobre todo a la universidad pública. Formar profesionistas que sean capaces de integrar e integrarse hacia abajo y hacia arriba en la estructura social para que sean capaces de establecer vínculos y procesos de promoción de un mayor entendimiento social es una tarea que está por hacerse y que será quizá a contracorriente de los procesos globalizadores o las nociones de calidad vigentes. Formar profesionistas con una visión global desde una perspectiva local o regional.
            Formar profesionistas en y para la colaboración efectiva será también necesario para combatir este neodarwinismo social que nos lleva a la superviviencia del más apto y que pierde toda noción de solidaridad, dignidad humana, valores morales o compasión. Con esto la universidad estará contribuyendo a la formación de valores sociales.
                       D.-GLOBALIZACIÓN CULTURAL.

            La universidad es un espacio privilegiado para la apertura, la tolerancia y el diálogo intercultural. Estos son quizá los valores más evidentes del proceso globalizador visto desde la perspectiva de las culturas. La universidad pública por su misma composición y apertura a recibir población de muchos estratos sociales, culturas y aún razas y nacionalidades, debe irse convirtiendo en una promotora del diálogo intercultural y de la tolerancia y la diversidad en una sociedad que es todavía bastante cerrada a lo diferente y aún racista aunque no se reconozca.
            El asunto de las identidades débiles y del debilitamiento de los valores puede ser visto como un problema de relativismo moral pero también podemos entenderlo como una posibilidad de superación de las posturas dogmáticas y de diálogo horizontal entre personas iguales en dignidad. Si la universidad lo ve así, puede convertirse en una eficaz promotora de discusión, reflexión y construcción de valores comunes (globales) más humanizantes y menos economicistas que los que rigen actualmente nuestra vida social y cultural.

                       E.-EXIGENCIAS DE TRANSFORMACIÓN PARA LA UNIVERSIDAD PÚBLICA.

            Estas cuestiones arriba planteadas exigen sin duda una transformación de la universidad pública. Una transformación que no puede ser, como lo pretenden a veces, solamente una refuncionalización para adecuarse al nuevo estado de la cuestión sino que tiene que ser una profunda resignificación que solamente se hará en comunidad de universitarios y en comunidades universitarias donde la inteligencia y la razón y el compromiso estén por encima de intereses particulares o de grupos, lealtades, ideologías o posturas políticas.
            Estas son algunas de las áreas donde podría apuntarse la transformación.
            a.-En lo teórico: La necesidad de una reflexión sólida y comunitaria sobre las nociones de globalización vigentes y las posibles, desde una perspectiva abierta pero preocupada por el ser humano en todas sus dimensiones y no solamente en el “homo economicus” que las visiones pragmáticas plantean sería una base para ir avanzando a una resignificación sobre el ser y el quehacer de la universidad pública en un mundo globalizado.
            b.-En las prácticas: Es necesaria la transformación, a partir de la reflexión teórica, sobre las prácticas universitarias de toda índole: lo que sucede en el aula, en las estructuras curriculares, en las estructuras organizativas, en la noción y organización de la investigación y la difusión, en las relaciones con el gobierno, y sobre todo, en la cultura universitaria.
            En el aula se requiere obviamente superar la visión del catedrático que transmite información al alumno. El conocimiento se contruye y por ello es necesaria una revolución educativa que transforme los métodos de aprendizaje a partir de una real transformación de las concepciones y actitudes del docente. Las tendencias actuales plantean una “des-aulización” progresiva aunque no total, para poner en contacto al alumno con realidades diversas y promover su aprendizaje en la investigación, en la intervención y en la solución de problemas con enfoques más interdisciplinares. Una aula centrada en el aprendizaje y en el estudiante en formación incluyendo su dimensión ética es necesaria si se quiere acceder a una real calidad educativa para estos tiempos inciertos.
            En la estructura curricular es necesario pensar en currícula más flexibles, interuniversitarios –que permitan a los estudiantes tener experiencias de uno o dos semestres en otras universidades- , basados en competencias y no en contenidos y con un mayor grado de preparación general que profesionalizante (en Europa un profesionista cambia en promedio 5 veces en su vida de perfil profesional, en México el 70% de profesionistas trabajan en cuestiones diferentes a las de su especialidad). Es necesario también pensar en nuevas profesiones emergentes a partir de este mundo globalizado.
            La universidad requiere menos burocracia y una estructura organizativa más horizontal, participativa y flexible y de manera muy importante, un cambio den la visión de autoridad que se centre en el servicio y no en el poder, una autoridad con visión global más que particular o local, una autoridad que abra horizontes y no que cierre posibilidades de desarrollo.
            En su relación con el gobierno la universidad pública tiene que buscar una alternativa entre lo contestatario y lo subordinado que parece haber sido un viraje histórico en algunas de ellas. Una nueva noción de autonomía más vista como interdependencia que como extraterritorialidad tiene que ser definida comunitariamente antes de que sea redefinida o negada desde fuera. La alternancia en el poder que empieza a darse en nuestro país va a requerir también una relación más institucional y menos partidista o condicionada a partidos e ideologías o candidatos.
            El cambio más importante desde mi punto de vista, es el cambio profundo que tiene que empezar a operarse en la cultura o culturas universitarias. Las preguntas: ¿qué significa ser pública? ¿Qué significa ser democrática? ¿Qué significa ser universidad en la aldea global? ¿Cómo contribuir al diálogo y la convergencia intercultural y no al choque de valores?
Están en el ambiente y es necesario empezar a responderlas en espacios de reflexión y de decisión en vez de seguir en la inercia del pasado o en la adaptación acrítica del modelo actual.
            Una nueva noción de autonomía, de laicidad –vista como pluralidad y apertura más que como cerrazón a manifestaciones religiosas plurales- (Latapí, 1996) y una cultura de la calidad para la equidad y no de la equidad sin calidad deberán ocupar el tiempo y el espacio universitario hasta irse consolidando como valores y significados comunes en construccción.

            8.-EL FUTURO YA NO ES COMO ANTES ERA: CONCLUSIÓN.

            En conclusión diríamos que es necesario, como universidad pública, entrar en el juego de la globalización, pero es necesario entrar con una actitud inteligente, crítica y comprometida con la historia y los valores de nuestra nación, entrar con ciertas reglas inevitables pero proponer o ir construyendo otras nuevas más adecuadas a nuestro contexto, es necesario, en una palabra, entrar universitariamente. Entrar al juego pero ir más allá del juego tal como está planteado hoy.
            Tres son los elementos a subrayar en esta línea:
            -Una adaptación crítica a las exigencias de la globalización.
            -Un cuestionamiento profundo y radical de la visión meramente económica de este proceso y de las consecuencias de esta visión parcial.
            -El aporte a la construcción de una apertura al diálogo y al encuentro intercultural desde una identidad cultural dinámica pero sólidamente asimilada y vivida.

            Defender en suma, la esencia de la universidad como espacio de la inteligencia, de la crítica y de la utopía humanizante y resistir la visión de la universidad como mera capacitadora de técnicos competitivos.
            Ni “globalifóbicos” ni “globalifílicos” sino “globalicríticos” que vean la globalización no como un hecho cerrado y definido desde fuera sino como un horizonte de posibilidades en las que el diálogo, la inteligencia, la negociación, puede ir logrando elementos constructivos en lo humano y lo social y revirtiendo sus procesos perversos.
            “Globalicríticos” capaces de resignificar la universidad pública y no solamente de refuncionalizarla para ser útil al modelo económico vigente. Porque el futuro ya no es lo que antes era...pero “...lo único cierto es que lo que hagamos (y yo diría también, lo que dejemos de hacer) marcará la mitad del futuro de México. El resto lo definirá el azar...”

REFERENCIAS.

Bell, D. (2000). “Internet y la nueva tecnología”. En Letras libres no. 13. México.
Buenfil, R. N. (2000). “Hacia una cultura del siglo XXI”. Conferencia magistral impartida en el ITESO. Guadalajara. MIMEO.
Gorostiaga, X. (1997). “La universidad preparando el siglo XXI”. En Magistralis no. 7. UIA golfo centro. Puebla.
Latapí, P. (1996). Tiempo educativo mexicano. UAA-CESU UNAM: México. 4 vols.
Letras libres. (2000). “El orden global en el siglo XXI”. Letras libres no. 13. México.
Silva-Herzog Márquez, J. (2000).”Preguntas al futuro de México”. En Letras libres no. 13. México.
Zermeño, S. (1997). La sociedad derrotada. Ed. Siglo XXI. México.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...