domingo, 23 de junio de 2013

ALTERNATIVAS PARA LA FORMACIÓN CRÍTICA DE LOS UNIVERSITARIOS. Una perspectiva desde la investigación.




1.-¿Qué es una formación crítica?
“Esta especialización da como resultado una noción de la educación
 semejante a un carcaj de información, que les da a los alumnos
muchos fragmentos y les deja la tarea de ensamblar lo que los
 profesores mismos no pudieron ensamblar. Einstein subraya en su autobiografía que cuando era un joven las cosas estaban bastante mal,
 porque se tenían que preparar tantas cosas para los exámenes que era imposible que actuara la inteligencia. …inteligencia es una planta muy delicada, y requiere circunstancias muy favorables para desarrollarse. Einstein no cree
 que pudiera sobrevivir en las presentes estructuras de currículos
 universitarios y exámenes obligatorios”.
(Lonergan, 1998; p. 44)

            La idea de una formación crítica es compartida como finalidad, al menos a nivel del discurso, por la mayoría de los educadores, directivos, padres de familia y funcionarios del sistema educativo. Sin embargo, si pudiéramos indagar un poco sobre qué entiende cada uno de los sujetos de la educación por una “formación crítica” nos encontraríamos con una gran dispersión de conceptos.
            En lo que seguramente habría mayor coincidencia es en la inconformidad y rebeldía ante una educación que se entiende básicamente como un proceso de transmisión de información, desde la idea de “educación bancaria” de Freire, un proceso que le da a los alumnos “muchos fragmentos” y que pretende que ellos integren o “ensamblen” lo que los mismos profesores no han podido integrar o ensamblar.
            Este es sin duda el principio de una formación crítica: el combate contra esta educación reducida a información y diseñada y vivida de manera fragmentada y rutinaria. La sana rebeldía y el escepticismo razonable son los disparadores de todo proceso de formación crítica.
            Sin embargo, aunque la formación crítica empieza con estos disparadores, una auténtica formación crítica trasciende la mera rebeldía o la inconformidad estéril y tiene que llegar a un proceso en el que se desarrolle y florezca la inteligencia en sus dimensiones directa y reflexiva, es decir, en la búsqueda de comprensión de relaciones y articulaciones de los datos que percibimos o se nos comunican y en la pregunta sobre la realidad o la veracidad de estos datos comprendidos, es decir, la relación entre las ideas y la realidad.
            De manera sintética podemos decir que la formación crítica es la formación que parte de la no conformidad con la mera recepción de información y desarrolla las competencias para la búsqueda de conocimiento, para el desarrollo del proceso complejo de construcción y descubrimiento que es el conocimiento humano. Porque el conocimiento es un elemento central en el proceso educativo pero la visión de conocimiento imperante en nuestra sociedad y en nuestro sistema educativo es una de las principales responsables de la crisis en que nos encontramos en la actualidad. Porque así como el desarrollo social se ha generado a partir de la praxis del conocimiento humano a lo largo de la historia que ha configurado el enorme bagaje de conceptos, ideas, leyes, explicaciones, juicios verdaderos que se acumulan hoy como herencia de la humanidad, así también la crisis y la decadencia de la especie se ha venido produciendo a partir de la visión parcial y sesgada que se tiene de lo que es el conocimiento y de las condiciones que debe cumplir un conocimiento para ser validado. Tanto los elementos positivos de aporte al desarrollo como los elementos negativos de producción de declinación social desde la perspectiva del conocimiento humano son elementos que están articulados dialógicamente con el proceso educativo. De este modo, detrás de todo proceso educativo hay una visión del conocimiento desde la cual se persigue formar a las nuevas generaciones y un conjunto de conocimientos que se persigue que estos aprendan para integrarse de mejor manera a la sociedad y la cultura a la que pertenecen. La educación genera una visión del conocimiento que la genera.
Buena parte del problema de la falta de formación crítica en la educación es la visión de hiperespecialización ciega y dispersante del conocimiento. Esta visión del conocimiento socialmente legitimada, se puede ver claramente en la dinámica que ha convertido el proceso educativo en un enorme archivo de información aislada que se transmite al estudiante de la misma manera desarticulada, dejándole la tarea de armar en su mente este confuso rompecabezas que ni los profesores pueden armar. De esta manera, cada asignatura, cada disciplina va corriendo por un eje paralelo y totalmente ajeno y separado de las demás, cada una ocupada frenéticamente de añadir cada vez más y más contenidos pues la producción de nuevo conocimiento no cesa, haciendo, como decía Einstein, imposible la labor y la supervivencia de la inteligencia. La única inteligencia que se desarrolla es una inteligencia práctica que podríamos llamar “inteligencia escolar”, que se ocupa de desarrollar estrategias, no para aprender ese cúmulo enorme de conocimientos, no para construir una visión articulada de ellos ni una interpretación o una crítica de los mismos, sino para “aprobar cursos y materias”, para “pasar exámenes” y para ir pasando por el sistema educativo en sus distintos niveles con los menores problemas posibles.
            Es por ello que la primera cuestión a trabajar en el sistema educativo si se quiere lograr una formación crítica de los estudiantes es la cuestión epistemológica: El profundo cuestionamiento y trans-formación del concepto de conocimiento que está detrás del proceso educativo y que se refleja en los currículos y en las prácticas educativas.
            Sintéticamente podríamos decir que esta transformación pasa por tres cambios fundamentales: El cambio de una visión del conocimiento como acto simple al de un proceso complejo, el cambio de una visión del conocimiento que se basa en la analogía con la visión (el acto de ver) al de una perspectiva del conocimiento que se sustenta en la aprehensión de realidad que se da en el juzgar (proceso de afirmación de juicios de hecho) y por último, el cambio en la noción de objetividad, que reintegre al sujeto cognoscente en su conocimiento.
2.-Aportes desde la investigación.
            Mientras que la psicología genética concibe el desarrollo y el aprendizaje como resultado de una interacción constante entre el sujeto y el objeto, en el aprendizaje escolar el problema reside en saber cómo el profesor puede ejercer una influencia sobre el proceso de construcción de conocimiento del estudiante actuando como mediador entre éste y el contenido de aprendizaje”
                                                                                                                     Coll Martí(1996)
            El aporte de la investigación educativa, sobre todo en la línea de la Psicología del aprendizaje con el paradigma constructivista tanto en su vertiente de epistemología genética (Piaget) como en el de la perspectiva socio-cultural (Vigotsky) nos llevan hacia la construcción necesaria de una formación crítica en los estudiantes al proponer una idea dinámica y activa del aprendizaje contra la tradicional visión estática y prescriptiva. El educando solamente puede aprender en la interacción constante con los objetos de aprendizaje de las diversas disciplinas y esos objetos no son cosas inertes sino conjuntos dinámicos de información, conceptos, relaciones y aplicaciones. No puede haber aprendizaje si no hay actividad cognitiva del educando así como no puede haber aprendizaje si no existe interacción del educando con el contexto natural, social y cultural en el que está inserto.
            La concepción del aprendizaje como proceso dinámico en el que el educando es sujeto y no objeto, si se toma con la debida seriedad y compromiso por parte de los educadores puede ser un camino que genere estrategias docentes para una formación crítica en los estudiantes universitarios. Además del uso de los “mapas conceptuales” o de los “mapas mentales” y la metáfora o la analogía como herramientas en el proceso educativo, cada profesor puede, -si comprende el paradigma constructivista no como una teoría cerrada sino como una perspectiva pedagògica que puede incluir muchas y muy distintas teorías, métodos y técnicas-, generar creativamente sus propias estrategias para promover el aprendizaje crítico en sus estudiantes.
“Los profesores debemos actuar como mediadores entre el sujeto y el objeto para la construcción de conocimiento, es decir, entre estudiantes  y contenidos; provocando un desequilibrio manejable por las posibilidades de comprensión del estudiante”
                                                                                                                     Coll Martí(1996)
            Los profesores deben asumirnse como mediadores culturales, como agentes cuya tarea es el diseño de experiencias que pongan en contacto a los educandos con los distintos objetos de conocimiento de las disciplinas que están aprendiendo, es decir, generadores de actividades de búsqueda de información, generación de preguntas relevantes para comprender las relaciones entre los distintos datos, producción conjunta de imágenes que faciliten actos de comprensión (Insights directos o inversos) (Lonergan, 1999), promoción de actividades de expresión adecuada de las ideas en distintos lenguajes (científicos, artísticos, filosóficos, de la vida diaria, etc.), producción de preguntas reflexivas del tipo: ¿de veras es así? ¿Es correcto esto que estamos entendiendo? para la búsqueda de pruebas y evidencias que lleven a un buen juicio de hecho.
            El camino anterior es el que sigue todo proceso crítico, aunque en la visión constructivista se hace énfasis en el nivel de la inteligencia, la comprensión y la expresión de ideas y no se ha explorado suficientemente –porque parece ser que no se ha hecho esta distinción que hace Lonergan (1999)- el nivel de la reflexión y el juicio crítico, pues se plantea como hacen la mayoría de los autores, el desarrollo del juicio en el nivel de la inteligencia y de la lógica. (Cfr. Escuelas del llamado “Critical Thinking”).
“El conocimiento complejo necesita del diálogo en bucle ininterrumpido
 de las aptitudes complementarias/concurrentes/antagonistas que son análisis/síntesis, concreto/abstracto, intuición/cálculo, comprensión/explicación”.
(Morin, 1999; p. 103)
            La perspectiva de complejidad aporta también elementos que pueden ser pistas valiosas para la formación crítica de los universitarios. Uno de estos elementos es la necesidad de ver el proceso cognitivo como un proceso complejo constituido por múltiples elementos y necesitado de ejercitar simultáneamente las habilidades de “análisis-síntesis”, “concreción-abstracción”, “intuición-cálculo”, “comprensión-explicación”. Un elemento de cada uno de estos bucles está generalmente olvidado o relegado en nuestra educación centrada en lo que Gardner plantea como la “inteligencia lógico-matemática” y la “inteligencia lingüística”, despreciando todas las demás inteligencias humanas.
“La representación es el acto constitutivo idéntico y
radical de lo real y lo imaginario. Pero el espíritu
 humano sabe distinguir, en sus representaciones,
 lo imaginario, el pasado (recuerdo), lo real inmediato.
 Sabe que fantasmea con el fantasma”.
(Morin, 1999; p. 122)
Otro elemento central para la formación crítica es el de la capacidad de distinción del ser humano. El pensamiento crítico no es el que llega a verdades absolutas desde perspectivas únicas sino el que, asumiendo claramente que en cada problema o realidad existen múltiples perspectivas de abordaje, sabe hacer las distinciones necesarias entre lo imaginario y lo “real” –en cada tipo de realidad-entre lo soñado y lo vivido, entre lo posible y lo deseable.
Esta capacidad de distinción que es inherente a la construcción de conocimiento es plenamente humana y por ello es imposible separar, como lo han hecho las ciencias modernas, al sujeto que conoce de su proceso de conocimiento. Una nueva y distinta noción de objetividad que incluya al sujeto es necesaria para la formación crítica de los universitarios.
En este sentido Lonergan (1999) aporta la noción de que la objetividad es “el producto del ejercicio auténtico de la subjetividad”. No es posible seguir entendiendo el conocimiento objetivo como el “ver lo que está aquí, afuera, ahora” sino como el producto del proceso complejo del experimentar con atención, el comprender con inteligencia y el juzgar con razonabilidad. Ser atentos, inteligentes y razonables en el proceso de llegar a un juicio de hecho es lo que hace a este juicio y a nuestra persona que lo afirma, ser auténticamente objetivos, y por ello, capaces de afirmar la realidad de las cosas más allá de nuestras emociones o percepciones subjetivas, sin necesidad de separarnos de nuestro conocimiento o de dejar de ser sujetos.
“Este deseo de conocer es la “orientación dinámica
que se manifiesta en las preguntas para la inteligencia
y para la reflexión…”
(Beshear, 2002; p. 156)
La formación crítica de los universitarios implica el desarrollo y orientación del “deseo de conocer” propio de todo ser humano y pasa necesaria y prioritariamente por la potenciación de la capacidad de plantear buenas y nuevas preguntas para la inteligencia (¿Qué es esto? ¿Cómo es? ¿Por qué existe? ¿Para qué comprenderlo?) y para la reflexión (¿De veras es así? ¿Nuestra manera de entenderlo es correcta? ¿Es verdadero o es falso?).
“Conocer va un paso más allá que pensar. El paso adicional
es la comprensión reflexiva que conduce al juicio”.[1]
(Cronin, 1999; p. 194)
            La formación crítica es formación para el conocer y el conocer va “un paso más allá del pensar”, un paso más allá del entender. Los universitarios formados críticamente son personas capaces de dar este paso más allá, de abrirse a la realidad de las cosas trascendiendo sus propias ideas o convicciones personales, de preguntarse y contestarse de manera pertinente y eficaz por la manera en que las cosas son, más allá de cómo las cosas son percibidas por nosotros y aún más allá del cómo esas cosas son entendidas por nuestra persona o nuestro horizonte.
3.-Alternativas para una formación crítica auténtica.
            Sintetizando las alternativas para una formación crítica auténtica de los universitarios podrían dividirse en dos: las alternativas teórico-reflexivas que irían en la línea de cambiar el sustento epistemológico de nuestras instituciones y sistema educativo y las alternativas práxicas que irían en la línea de buscar un cambio en nuestro planteamiento educativo en las aulas.
            1.-Alternativas teóricas: Como alternativas teóricas tendríamos que trabajar seriamente hacia el cambio en la visión del conocimiento que genera y es generada por nuestra educación. Lo anterior en tres vertientes básicas: De visión del conocimiento como acción simple a visión como proceso complejo, de visión que compara el conocer con el ver a visión que se sustenta en el proceso de afirmación de juicios de hecho a partir de la experiencia atenta y la comprensión inteligente. Por último, de la visión de objetividad como distanciamiento o aislamiento del sujeto respecto a su propio conocimiento a visión que concibe la objetividad como el “producto del ejercicio auténtico de la subjetividad”, reintegrando al sujeto a su conocimiento.
            2.-Alternativas práxicas: Cambiar la visión del proceso educativo como transmisión de información aislada y sin conexión por una visión de construcción-descubrimiento de realidad de las cosas en la que son centrales: La generación de buenas preguntas para la reflexión, el trabajo consistente con los universitarios en todo el proceso de la estructura dinámica del conocimiento humano: la búsqueda y experiencia de información relevante y suficiente, la generación de buenas ideas sobre las relaciones entre esta información y su adecuada formulación a partir de preguntas para la inteligencia y la afirmación de juicios de hecho razonables a partir de preguntas para la reflexión, búsqueda de pruebas y procesamiento de evidencias.
            La formación crítica es en síntesis, la formación de sujetos atentos, inteligentes y razonables, de sujetos que como afirma Lipman (1991) son capaces de autocorrección, sensibles al contexto y concientes de los parámetros desde los cuales afirman la realidad de las cosas.
REFERENCIAS
Coll Martí, E. (1996). Introducción: la actualidad de Jean Piaget. Substratum,. 111. www.raco.cat/index.php/AnuarioPsicologia/article/view/61326/88960 - 2k -
Díaz Barriga, F. y Hernández, G. (1999). Estrategias  docentes para un aprendizaje significativo. México. McGraw-Hill
Gardner, H. (1993a). Frames of mind. New York. Basic books, Harper Collins ed.
Gardner, H. (1993b). Multiple intelligences: the theory in practice. New York. Basic           books, Harper Collins ed.
Lipman, M. (1991). Thinking in education. New York. Cambridge University press.
Lonergan, B. (1988). Método en Teología. Salamanca. Ed. sígueme.
Lonergan, B. (1996). “The notion of structure”. In Method vol. 14 n. 2 (Fall).Boston, MA.    The Lonergan Institute/ Boston College.
Lonergan, B. (1998). Filosofía de la educación. Ed. Universidad Iberoamericana. México.
Lonergan, B. (1999). Insight. Estudio sobre la comprensión humana. Ed. Sígueme-Universidad Iberoamericana. Salamanca.
Morin, E. (1981).  El Método I. La naturaleza de la Naturaleza. Madrid. Ediciones Cátedra.
Morin, E. (1997).  El Método II. La vida de la Vida. Madrid. Ediciones Cátedra.
Morin, E. (1999).  El Método III. El conocimiento del conocimiento. Madrid. Ediciones Cátedra.
Morin, E. (2000). La mente bien ordenada. Barcelona. Ed. Seix Barral.
Morin, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Buenos Aires. Ed. Nueva visión.
Morin, E. (2001). El Método IV. Las ideas. Su habitat, su vida, sus costumbres, su organización. Madrid. Ediciones Cátedra.
Morin, E. (2003). El Método V. La humanidad de la humanidad. La identidad humana. Madrid. Ediciones Cátedra.
Morin, E. (2005). O Método VI. Ética. Brazil. Editora Sulina.
Morin, E., E. Roger y R. Motta.  (2006). Educar en la era planetaria. Barcelona. Ed. GEDISA. Primera reimpresión.



[1] Traducción libre del texto publicado en inglés que dice:” Knowing goes one step further than thinking. The additional step is the reflective understanding leading to the judgment”.

domingo, 16 de junio de 2013

La educación en valores y la transformación social.

 


Resulta indudable la relevancia que está cobrando en los últimos tiempos la educación en valores o educación moral bajo diversas formas y planteamientos curriculares y didácticos: formación cívica y ética, enseñanza de valores, formación de ciudadanía, educación para la paz y los derechos humanos, convivencia escolar, entre otros.

La situación social está pidiendo de manera urgente un replanteamiento educativo de tal manera que lo que tradicionalmente se ha llamado "valores" o "ética", vuelva a tener relevancia en la escuela para tratar de formar una conciencia distinta en las futuras generaciones sobre lo esencial que resulta, por encima de todos los conocimientos técnicos, el aprender a ser un "buen ser humano" y el "aprender a convivir con otros seres humanos".

Esta exigencia social apunta a que la escuela, como un primer paso, reconozca explícitamente que la dimensión moral o valoral está presente de manera explícita o implícita en todo proceso educativo.

Pongamos como ejemplo la idea de Marín Ibañez que se plantea al inicio de este artículo, en el sentido que hay que reconocer que toda educación tiene una carga axiológica implícita o explícita y en ese sentido, toda educación, aunque se enseñe una asignatura de las llamadas "ciencias duras", implica una formación valoral. Reconocer esto "sin temor" es algo relativamente reciente en el campo de la Educación y la Pedagogía, pero parece que hoy no hay dudas ni resistencias mayores, al menos a nivel discursivo y de legitimación teórica e investigativa, de que esto es así, de que "toda educaciòn, por aséptica que pretenda ser, es educación en valores".

Esta afirmación es importante puesto que además de reconocer la relevancia de los programas específicos de formación valoral, tiene implícita la consecuencia de que se debe explicitar e intencionar la educación en todo el currículo, para hacerla una educación en valores convergente con lo que los programas específicos plantean. En pocas palabras, esta cita nos lleva a afirmar sin lugar a dudas que la formación valoral es tarea de todos y debe estar planteada como fundamento y eje transversal de todos los planes de estudio y considerarse dentro de la formación docente no solamente en materias específicas sino de todos los profesores.

Payá (op. cit.) plantea respecto a la educación como educación en valores que hay dos grandes bloques relativos a las finalidades de la educación: "la socialización y la autonomía" (p. 148), es decir, "la integración de la persona en la sociedad y la conciencia crítica". Lo anterior supone, dice la misma autora, que se deben considerar dentro de los procesos educativos todos los condicionantes históricos, sociales, políticos, ideológicos y culturales de la educación, pero concebirlos no como determinaciones imposibles de trascender sino desde la interacción con lo educativo y desde la construcción permanente que puede ser apoyada por la educación.

En este sentido cobra fuerza la idea compleja de que "toda educación genera la sociedad que la genera" y "toda educación produce una visión ética que la produce". Existe pues una relación recursiva y retroactiva entre educación y ética, entre educación y sociedad y por lo tanto también, entre ética y sociedad.

Se educa entonces para el desarrollo social, es decir, para la actuación valoral que genere la mejora continua de la sociedad y se educa al mismo tiempo para que cada educando sea mejor: se educa para aprender a ser y para aprender a convivir , ejes que le dan un sentido diferente al aprender a conocer y aprender a hacer, puesto que les imprimen un sello inevitablemente valoral, dado que no hay conocimiento neutral ni práctica neutral.

Desde esta perspectiva, podemos afirmar con suficiente sustento que todo lo valoral es social y todo lo social es valoral y que con esta perspectiva se debiera abordar lo que en las escuelas y universidades se llama: "Educación en valores".

Lo valoral es social en la perspectiva de que cada proceso de valoración y decisión de un sujeto humano individual está siempre mediada e influida por los condicionamientos económicos, políticos y culturales de la sociedad en la que vive (el "imprinting" cultural configura en gran medida aunque no determina del todo, la manera en que cada sujeto valora y decide).

También lo valoral es social en tanto que toda valoración y decisión se hace de manera situada, es decir, dentro de un contexto socio-cultural específico. No se puede hablar de valoraciones o decisiones abstractas sino de procesos de valoración y decisión en unas condiciones sociales concretas y siempre dinámicas.

Pero más allá de esto, lo valoral es social en tanto que el ser humano, "estructuralmente moral", es al mismo tiempo "estructuralmente social". La estructura valorativa del ser humano es intersubjetiva y no puede realizarse ni potenciarse si no es en relación con otros sujetos y en relación con la sociedad en la que se vive.

Por otra parte, lo social es valoral en la medida en que como ya se afirmó, ningún proceso, estructura o institución social son a-morales, es decir, no pueden estar al margen de lo moral. Tenemos así sociedades, estructuras o instituciones humanas "más o menos morales" o "más o menos inmorales" pero no podemos tener sociedades o instituciones a-morales, es decir, que sean axiológicamente neutrales, que no tengan en su modo de funcionamiento una carga valoral específica que puede ser humanizante o deshumanizante, justa o injusta, libre o esclavizante.

Es así que afirma Payá (op. cit.: p. 149) que es "preferible educar para la reflexión que no para la sumisión; para la crítica que no para la aceptación pasiva: para la participación que no para la abstención".

De manera que como dicen Escámez y Ortega: "(…) si el proceso educativo no consigue personas que tengan predisposiciones para interrogar e interrogarse sobre la realidad que les rodea y sobre ellos mismos, predisposiciones para enjuiciar críticamente la información recibida, habría que suprimir lo de educativo". (En Payá, op. cit: p. 149)

Es por ello que el componente moral o ético de los educandos debe ser educado o desarrollado al igual que se educan y desarrollan las dimensiones física, intelectual, racional, cognitiva, lingûística, etc. Pero el problema está en la manera en que se entienda este componente moral y en el modo en que se proponga, desde estas comprensiones distintas, educarlo o desarrollarlo.

Síntesis adaptada de: López Calva, M. (2010). La formación valoral-social: Tendencias y horizontes. En: Cuadernos de formación valoral social. Ed. Sistema de Colegios Jesuitas. México.

Publicado originalmente en: El columnista el 13/10/2010.

lunes, 10 de junio de 2013

De los “gallineros” a la nueva estructura curricular, pasando por la revolución docente.



Un breve recuento de recuerdos y reflexiones sobre la búsqueda educativa de la Ibero Puebla (1)

“Vivir para contárselas…”: donde se expone la mezcla entre el narrador y lo narrado. (a partir de la propia experiencia).

            “La vida no es la que uno vivió sino la que uno recuerda para ser contada”, con estas palabras define Gabriel García Márquez el espíritu y el contenido del primer volumen de su libro de memorias que se titula precisamente así: “Vivir para contarla”. Lo primero que se me viene a la mente al empezar a escribir este recuento del “polvo de nuestros gises” gastado y trabajado en estos veinte años de la Ibero Puebla por tantos profesores y tantos grupos de estudiantes, muchos de ellos ahora también docentes en nuestra universidad, es esta frase del premio Nobel colombiano.  Porque es indudable que los recuerdos y las reflexiones que aparecerán en este artículo, no necesariamente corresponden a lo realmente vivido en esta historia de la ibero en nuestra ciudad sino a los recuerdos que el que escribe esta historia, guarda en su memoria después de quince años de trabajo docente en esta universidad, la vida que se recuerda y la que puede ser contada desde la perspectiva personal de un actor de este tramo de historia. Se aclara entonces en esta breve introducción, que en este texto –como en casi todos- será difícil separar al narrador de lo narrado.
           
Track 1.-“Ay, cómo hemos cambiado”: donde se describe una verdad de Perogrullo. (Contexto).

            Es necesario iniciar diciendo algo que puede sonar obvio o incluso innecesario: ¡Cómo hemos cambiado en estos veinticinco años de búsqueda educativa! Cómo hemos cambiado en tantas cosas que rodean al mágico y misterioso proceso que ocurre en cada aula entre un profesor y un grupo de alumnos, cotidianamente, en una sucesión de encuentros y desencuentros en los que aparentemente no pasa nada importante y que sin embargo pueden cambiar, y de hecho cambian, para bien o para mal, la vida de sus protagonistas.
            De aquél período de otoño de 1987 en que inicié mi trabajo como docente en la Ibero un lunes a las 4 de la tarde con mi primera clase de “Introducción a la Filosofía del Arte” con un grupo de alumnos de nuevo ingreso de Diseño Gráfico, al día de hoy en que acudo todos los martes y jueves de las once a la una a mi clase de Filosofía de la Educación, han cambiado muchas cosas externas a las prácticas docentes de la universidad pero también elementos internos que aunque a veces no nos demos tanta cuenta, han ido transformando en buena medida lo que sucede en la búsqueda de eso que llamamos “formación integral” de nuestros estudiantes y que aunque a lo mejor no alcanzamos a definir con las mismas palabras, vamos tratando de comprender con la misma intensidad del corazón al menos un porcentaje de los docentes que transcurren por nuestras aulas a diario.
            Han cambiado sin duda los espacios físicos, han cambiado las condiciones materiales, los equipos para trabajar, los recursos y las posibilidades de apoyo interno y externo para facilitar el aprendizaje. Han cambiado  dos veces los planes de estudio –del “plan nuevo” al “Santa fe” y luego al Santa fe II”, ha cambiado ahora la estructura curricular y a partir de ella hemos tenido un nuevo y esperamos más profundo cambio de planes de estudio. Han cambiado muchos rostros, han cambiado el clima de las aulas y el clima universitario, han cambiado los cursos y los discursos, en menor medida pero han cambiado los énfasis y las preocupaciones de los docentes y de los coordinadores, han cambiado (¿habrán cambiado?) los métodos y las interacciones en el aula.
            Sin embargo, es necesario también decir otra verdad de Perogrullo: aunque hayan cambiado tantas cosas internas y externas, no ha cambiado ni va a cambiar la propuesta educativa básica de la Ibero, no ha cambiado ni va a cambiar la búsqueda de una educación que forme a los alumnos en todas sus dimensiones: tanto en la dimensión profesional con alta calidad, como en la dimensión humana y en la dimensión social y ambiental con la misma calidad y compromiso, tanto en lo racional como en lo emocional, tanto en lo físico como en lo lúdico, lo estético, lo moral y lo espiritual. No ha cambiado ni va a cambiar la finalidad de formar “hombres y mujeres capaces para los demás”, finalidad por demás contracultural en esta sociedad de mercado –que no es sólo Economía de mercado- que pide a las universidades seguir formando, como afirma Xavier Gorostiaga S.J.: “profesionales exitosos en sociedades fracasadas”.
            De manera que podría afirmar desde mi propia experiencia en esta historia, que “ay, cómo hemos cambiado” porque sin duda la propuesta educativa de la UIA no es una propuesta estática ni rígida sino una apuesta a la transformación permanente de las ideas, los juicios, los valores y las creencias que vayan enriqueciendo las realidades humanas para volverlas cada vez más justas, y sin embargo, cómo seguimos persistente y afanosamente entregados a la tarea de educar para humanizar a las personas y para humanizar a la sociedad, una tarea que parece cada vez más urgente.
           
Track 2.-“Esas tardes ví llover”: donde se rinde homenaje a los “héroes fundadores”.( Experiencia).

            Era el mes de Enero de 1987 e iniciaba la primera generación del primer diplomado de la UIA (en ese entonces y hasta hace poco, “golfo centro”): la primera generación del diplomado en Docencia Universitaria que ofrecía el área de Extensión Universitaria. Este es un hecho significativo para poder entender la prioridad que el asunto educativo ha tenido en nuestra universidad desde su nacimiento, a partir sin duda de la herencia de la UIA Cd. De México y de la tradición educativa de más de cuatro siglos.
            Participábamos en él, un grupo de docentes de diferentes edades, experiencias, instituciones e intereses pero en un alto porcentaje, participaban coordinadores y directores de las licenciaturas y de la naciente dirección general de servicios educativos universitarios (que tenía en ese entonces, básicamente la biblioteca, los deportes, el área de integración y el servicio social).
            Hablamos de la época de los “famosos gallineros” de los que buena parte del personal actual y de los profesores y alumnos de hoy, no tienen por qué acordarse. Vale entonces un pequeño homenaje a esos docentes y coordinadores que fundaron la universidad y que iniciaron los esfuerzos de lo que hoy vemos como una universidad con prestigio y reconocimiento en diversos campos, uno de ellos, precisamente, el de lo educativo.
            Eran las instalaciones del ex – Hospital ABC, en la calzada Zaragoza, en cuyos cuartos (con baño cada uno y su rampa para las camillas) se adaptaron las primeras aulas de la universidad (en las que yo ya no llegué a dar clases) y que fueron poco a poco ocupándose con oficinas y cubículos del personal de tiempo lo que hizo necesaria la construcción de salones de lámina (como el que está junto a la capilla y que aún se usa para talleres artísticos) que recibieron el nombre de “gallineros”. En esos salones inició mi experiencia docente en la ibero: una experiencia muy cálida en primavera y verano y muy fría en invierno (por las temperaturas que alcanzaba la lámina en las distintas épocas del año), una experiencia ruidosa en las tardes de aguacero de  agosto o septiembre (donde no se podía escuchar prácticamente nada en el salón por el ruido del agua al rebotar en la lámina).
            Junto con muchos profesores y alumnos, durante varios años (el campus actual pudo ser ocupado hasta el otoño del 91), viví la riqueza humana de una universidad pequeña en la que prácticamente todo el mundo se conocía y en la que uno podría identificar por nombre no solamente a cada profesor o empleado sino incluso a cada estudiante.
            Una época de fundación, que como todo inicio, fue una época en la que había mucho más corazón que recursos, mucho más imaginación que apoyos reales. Los salones no eran los más adecuados, la biblioteca iniciaba y tenía muy poco material en su acervo, no había más que un pequeño y muy limitado laboratorio de cómputo para toda la universidad (obviamente los académicos de tiempo no tenían computadora), las relaciones interinstitucionales eran también incipientes como para tener espacios extra-aula para el aprendizaje de los alumnos y no había laboratorios y talleres suficientemente equipados para ingeniería (en ese entonces sólo industrial) o diseño (en ese entonces sólo gráfico).
            Armados de la carátula de la materia y de mucho ánimo, los profesores preparábamos las clases buscando materiales fuera de la universidad o poniendo la bibliografía propia o encargando a la biblioteca lo básico para los cursos. Sin embargo, ya desde entonces se podía vivir una preocupación muy evidente en los coordinadores y directivos por el trabajo docente y la congruencia de lo que sucedía en las aulas con lo que la ibero, como universidad jesuita planteaba en sus documentos básicos.
            Por esos años iniciaron los cursos de inducción para profesores para tratar de apoyarles en este esfuerzo de búsqueda e involucrarlos con las finalidades institucionales. El diplomado en docencia formó a varias generaciones más de profesores, varios de ellos de la misma universidad e inició la maestría en Investigación y Desarrollo de la Educación, como un esfuerzo por ir formando docentes para esta búsqueda educativa. El rector de entonces, el muy querido padre Xavier Cacho S.J. creó junto con el Director General Académico, el Mtro. Alejandro Morales Palacios (q.e.p.d.) el posgrado en Humanismo Universitario, apostando con mucha visión, a la formación del personal académico en los rasgos que un humanista debería desarrollar. Un grupo de extraordinarios profesores y una “pedagogía del encuentro” lograron cambios profundos en un buen grupo de académicos de la universidad. Por ese entonces, hablamos ya de 1990, el mismo padre Cacho con Alejandro Morales, gestaron la revista Magistralis que desde sus orígenes tuvo un énfasis en lo educativo y específicamente en la visión humanista de lo educativo.
Estos últimos espacios empezaron a tratar de configurar una línea de formación más clara y más sólida para los profesores, tratando de trascender los pasos iniciales que sin duda fueron esfuerzos honestos, intensos y comprometidos pero todavía un tanto espontáneos y sin una idea fuerte que les diera sentido y coherencia.

Track 3.- “Llovió”: donde se recuerda y reconoce una revolución desarmada y no (tan) violenta.( Conceptualización).

            El  cambio de instalaciones y el cambio de rector, marcaron el inicio de una nueva etapa en la universidad. Una nueva etapa marcada quizá por dos cuestiones fundamentales: el crecimiento acelerado en el número de estudiantes y de programas académicos y la preocupación central en la formación de los docentes. Estas dos cuestiones tenían sin duda relación entre sí; el crecimiento acelerado de alumnos y programas generaba la necesidad de un crecimiento acelerado también en la planta de profesores y esto traía consigo la necesidad de inducirlos y formarlos en el modelo educativo de la Ibero. Aunado a esto, el nuevo rector, el Dr. Armando Rugarcía, era (sigue siendo) doctor en Educación y ya desde entonces, prestigiado formador de profesores.
            Con toda la energía y el entusiasmo de un nuevo ciclo, se definió que una de las líneas prioritarias sería la ahora muy famosa y desde entonces polémica “Revolución docente”. Con la “espada desenvainada” en el estilo que “mueve el tapete” a los maestros y cuestiona a fondo las suposiciones tradicionales y las rutinas de clase, se inició un movimiento que marcó sin duda a nuestra universidad y la hizo orientarse en lo interno y reconocerse en lo externo, un movimiento revolucionario sin armas (más que esa espada desenvainada de la pasión de Rugarcía), una “revolución amorosa” como la llamó el mismo Armando en uno de sus escritos (imposible entre tantos, acordarme cuál).
            Una revolución no (tan) violenta, que tenía un enemigo claro al que el autor de esta propuesta llama el “culto al conocimiento” y que no es otra cosa que esa orientación docente que se queda en la repetición de información vacía de sentido y que piensa que entre más información se maneje, hay mejor educación. El enemigo era entonces (y sigue siendo hoy) esa docencia repetitiva, memorística, centrada en el profesor o en el contenido y no en el alumno y la propuesta era el ya legendario CHA. Quién sabe cuánto de esta revolución ha ido aterrizando al aula concreta de cada día, sin embargo es difícil, o en ese tiempo era difícil, encontrar un docente de la Ibero que no hubiera escuchado y trabajado alguna vez el CHA y que no pudiera decir que esto quería decir: conocimientos, habilidades y actitudes ligadas a valores.
            Pues esta revolución realmente se convirtió en uno de los ejes orientadores de ese período de la Ibero Puebla y marcó sin duda mucho de la cultura docente de nuestra universidad para un rato largo. No se trataba solamente, (aunque algo también hubo de eso), de que fuera la “línea” del rector y por eso se asumiera, sino que también había (y con las mismas o con otras palabras, pero sigue habiendo) una coincidencia en la necesidad de este cambio educativo y una fuerte motivación para trabajar en esta línea. Hubo también las condiciones estructurales: se creó la Dirección de Desarrollo Educativo que tuvo una presencia muy fuerte y significativa en todas las áreas de la universidad y a través de su trabajo en la formación docente (sobre todo vía la inducción a profesores y el diplomado en Docencia) y en  el diseño y trabajo de las guías de estudio orientadas hacia el CHA, fue configurando mucho del trabajo en las aulas de un buen porcentaje de los docentes de la universidad. Las maestrías en Docencia Universitaria y en Desarrollo de la Educación Básica nacieron y se desarrollaron con un impacto regional muy fuerte, logrando que además de la formación de docentes de la universidad, se incidiera en la formación docente de muchos profesores de la región y se posicionara a la Ibero Puebla como una universidad preocupada y conocedora del proceso educativo. Se creó además la maestría en Investigación Educativa y la Maestría en Educación Humanista, que nació con la idea de consolidar la línea de formación iniciada en el posgrado en Humanismo Universitario.
            De manera que “llovió” y mucho sobre el terreno de los docentes de la Ibero. En esta etapa que fue de consolidación de muchos de los esfuerzos iniciales  y de generación de un concepto o línea de fuerza en torno a la cual se organizó toda la actividad formadora de docentes de la universidad y se caracterizó la búsqueda concreta de los profesores en las aulas. Mucho de esta lluvia sigue “mojando” o sellando el lenguaje y la práctica docente en la Ibero, a pesar de que como toda revolución, hubo heridos y “expropiados” que cuestionaron y siguen cuestionando muchos conceptos y acciones y de que como en toda revolución institucionalizada hubo también muchos “beneficiados” que se adaptaron al discurso sin cambiar su práctica.
            Mucho hay que mejorar y cambiar, pero sin duda, mucho también hay que agradecer a esta revolución docente, por lo que ha impregnado la búsqueda educativa de los docentes de la UIA Puebla.
           
Track 4.- “Cada historia”: donde se da cuenta de un proceso sistémico participativo, más rico y esperanzador de lo que hoy imaginamos y comprendemos. (Reflexión)

            La revolución docente apostaba por el cambio en la “mente y el corazón de los maestros” (Stenhouse) y este cambio es sin duda, fundamental para que realmente haya educación en las aulas. Muchas personas creyeron y seguimos creyendo en esta transformación como el cambio fundamental. Muchos incluso hemos tratado de trabajar teóricamente esta misma idea desde otras perspectivas distintas pero convergentes.
            Sin embargo no hay duda, que el aspecto estructural juega un papel importante también en el asunto educativo. Si la estructura institucional y la estructura curricular no facilitan el trabajo docente en una línea menos tradicional y más significativa, el logro de los objetivos de formación integral que busca la Ibero se vuelve mucho más difícil.
            Es a partir de esta necesidad de revisar lo estructural que surge en el sistema educativo UIA-ITESO, en el ámbito de los Directores Generales Académicos, la necesidad de una revisión de fondo de la estructura curricular que está vigente y en la que se insertan nuestros planes de estudio. En el inicio del año 2001 se crea el Consejo Académico del SEUIA-ITESO (CAS) por delegación del Consejo de Educación Superior de la provincia mexicana de la Compañía de Jesús. El CAS asume la tarea de iniciar este proceso de revisión curricular, en el que se han invertido los dos últimos años de trabajo participativo y colegiado. El resultado fue la Nueva Estructura Curricular (NEC) común a todos los planteles del SEUIA, así como un Marco Pedagógico que no llegó a posicionarse del todo y un Marco operativo para el diseño de los nuevos planes de estudio que fueron diseñados de manera independiente por cada campus, según la nueva organización que se dio con la creación del “Sistema Universitario Jesuita” (SUJ).
Este proceso, por más que visto desde fuera pueda ser cuestionado porque no ha incluído todo lo que la ibero Puebla ha planteado tal como lo ha planteado, por más que se sigan encontrando algunas lagunas en la socialización y comprensión de la NEC por parte de los coordinadores  profesores y en su operativización por parte de coordinadores nuevos que no vivieron todo el proceso, ha dado muchos y muy positivos frutos y marcará sin duda una nueva etapa para el SUJ.
            La operativización de la nueva estructura curricular persiguió ser toda una “reforma universitaria” porque implicó modificaciones muy serias en los procesos administrativos de lo académico y en la estructura misma del organigrama de la universidad. Pero además de esta reforma universitaria, o a causa de ella, esta nueva estructura curricular que esperamos arroje frutos muy positivos en la evaluación que se haga de sus primeras generaciones ya a punto de egresar, tendría que implicar una profunda transformación de nuestras prácticas educativas.

Track 5.- “Esperaré”: Donde se habla de los retos docentes para cambiar el futuro. (Deliberación).

            El trabajo por competencias en lugar de contenidos, la inclusión de las dimensiones de formación integral universitaria y de articulación social en todas las asignaturas y la creación de nuevas áreas y espacios curriculares orientados a hacer el proceso educativo menos centrado en el discurso del docente en el aula y más enfocado al aprendizaje significativo a partir de experiencias bien diseñadas, acompañadas y evaluadas por el docente, están presentando retos muy serios para el trabajo docente del futuro.
            Se trata básicamente de la transición de una educación centrada en la enseñanza a una educación centrada en el aprendizaje, de una educación centrada en temas o contenidos a una educación centrada en el desarrollo de competencias genéricas y específicas (desempeños concretos que incluyen conocimientos, habilidades y actitudes y que pueden ser transferidos a otros campos distintos al de la profesión), de una educación superespecializante a una educación más interdisciplinar y formadora de profesionales polivalentes y flexibles.
            Todo esto se dice fácil pero implica cambios muy serios en tres niveles fundamentales:
            -El cambio básico en la manera de comprender y vivir la docencia por parte de cada uno de los profesores, el cambio por el que luchaba la revolución docente y por el que deberemos seguir luchando en el futuro, para lograr transformar la visión de nuestros docentes y que esa transformación se vea reflejada en sus desempeños concretos en las aulas, en el modo de planear y evaluar su asignatura, en los espacios en los que la clase sucede, en las dinámicas que esta genera en los estudiantes, en los materiales y tecnología que se utilizan, pero sobre todo, en la propia conciencia de los profesores.
            -El cambio en el nivel estructural de organización, administración y evaluación del currículo y de las áreas que lo administran, organizan y evalúan.
Un cambio muy serio de toda la institución, para lograr una estructura organizacional que responda mejor a este nuevo planteamiento, una organización entre materias y profesores que sea más ágil, flexible y coordinada, una organización de las tareas, los materiales, los procesos, que faciliten la vivencia de este nuevo enfoque.
            -Un cambio en la cultura docente de la institución. Un cambio en los significados y valoraciones de los docentes sobre su propio trabajo, que se tiene que reflejar en un cambio en la interacción entre ellos, en los símbolos que utilizan y caracterizan su docencia, en los lenguajes con que se comunican, en sus propias maneras de vivir la experiencia del aula. Profundizar lo avanzado en la revolución docente en este cambio cultural, sigue siendo un reto fundamental para ir logrando los objetivos de esta reforma universitaria.
            Estos cambios han requerido sin duda, de nuevos, más sólidos y articulados esfuerzos para la formación y el acompañamiento para el desarrollo de los docentes de la institución. Esfuerzos que tienen que irse  renovando de manera permanente y creativa, para estar “a la altura de nuestros tiempos” como decía Ortega y Gasset.
            No olvidar nuestra historia docente, la historia de todo ese “polvo de nuestros gises” que se ha acumulado en estos veinticinco años, pero al mismo tiempo ser capaces de reinventar nuestra historia “cambiando el rumbo del futuro”, es el gran reto que la NEC le sigue planteando a nuestra Ibero Puebla en este tiempo de conmemoración, celebración y nueva reorientación.

“Presuntos implicados”: donde se invita a todos los docentes a dar un paso histórico. Decisión y acción.

            “Presuntos implicados” en nuestra búsqueda educativa, los docentes de la Ibero han vivido en diferente medida y con distinta intensidad esta historia que hoy está en un parteaguas. “Presuntos implicados” porque muchas veces no hemos sido capaces de invitarlos con la suficiente eficacia, de involucrarlos con la suficiente fuerza, de comprometerlos con la suficiente profundidad y permanencia, de contagiarlos con el suficiente testimonio de vida.
            Con la complejidad que implica el hecho de ser una universidad de las dimensiones que hoy somos, con la dificultad implícita en nuestro modelo organizativo que implica un alto porcentaje de profesores de asignatura, con la riqueza que este mismo porcentaje y variedad de profesores aportan; con la convicción de que el modelo educativo de la Ibero, por su profundidad y solidez filosófica y su pertinencia en el momento actual es un modelo que enamora y compromete a muchos docentes cuando lo conocen, con la esperanza de que esta nueva estructura curricular puede aportar muchos elementos valiosos para la formación de los profesionales humanistas que el futuro está demandando, con la convicción de que la apuesta por el ser humano y por la justicia es la apuesta válida, con la fe que nos dice que aunque nuestras fuerzas no sean suficientes siempre hay una presencia superior que nos fortalece y un espíritu que nos ilumina, con el amor que implica toda educación auténtica[2] y desde esta búsqueda continua que ya cumple veinte años y que con el esfuerzo de muchos docentes llegará a cumplir muchos más, aceptemos la invitación de sumarnos a este dinamismo al que el P. Cacho llama: traditio viva educandi de la Compañía de Jesús,  unamos simbólicamente el “polvo de nuestros gises” de hoy al de todos los profesores que han pasado por nuestras aulas, pasemos de ser “presuntos implicados” a verdaderos y creativos implicados en esta tarea de organizar la esperanza para construir una mejor humanidad.


[1] Este texto está basado en el artículo: “De los gallineros a la nueva estructura curricular pasando por la revolución docente”, publicado en la revista Atajo de la UIA Puebla en el número 16, de marzo de 2003.

lunes, 3 de junio de 2013

Educación y sentido de la vida.






*Artículo publicado en E-Consulta en mayo de 2007.



Probablemente la única áncora de salvación
sea la ciencia, el uranio 235, esas cosas. Pero
además hay que vivir.”
Julio Cortázar. Rayuela.


            La educación ha tenido históricamente y tiene hoy, la función primordial de capacitar a las nuevas generaciones en los conocimientos científicos y técnicos más actualizados y pertinentes para su inserción eficiente en el mundo del trabajo y para su adecuada adaptación a la dinámica social.
            Renunciar a este esfuerzo por brindar una formación  científica y tecnológica de la más alta calidad sería condenar a nuestros niños y jóvenes al fracaso social y significaría una grave falta de ética por parte de los educadores, las autoridades educativas y  la sociedad en su conjunto.
            En las circunstancias actuales en las que la “primera hélice” de la globalización -como la llama el pensador francés Edgar Morin[1]- impone condiciones cada vez más fuertes de competitividad para los egresados del sistema educativo, sería inaceptable una propuesta que invitara a evadir el compromiso de formación de los “hábitos cognitivos”[2] de los educandos.
            La llamada “sociedad del conocimiento”exige a los educadores y a las instituciones educativas redoblar los esfuerzos para que los planes de estudio y las prácticas de enseñanza-aprendizaje que se generan de ellas aborden con toda seriedad  los contenidos de las diversas disciplinas, haciendo que los estudiantes, dependiendo de su nivel, puedan familiarizarse, manejar y aplicar con destreza los lenguajes y métodos de las ciencias naturales, humanas y sociales.
            “Pero además…hay que vivir”, y la educación ha tenido históricamente y tiene hoy con mucho mayor urgencia, el deber de formar en el educando la clara convicción de que “hay que vivir” y que la ciencia, la técnica, la información y el conocimiento, no son suficientes para enfrentar con pertinencia el desafío fundamental que tiene que resolver cada persona por sí misma: el de construir su propia existencia.
            Porque el acelerado desarrollo de la “primera hélice” de la globalización –la de la economía, el mercado, la dominación, el control- no ha tenido como complemento y contrapeso un desarrollo suficiente de la “segunda hélice” –la del humanismo, los derechos humanos, el respeto a la naturaleza y a la vida-. En este desequilibrio vivimos y de este desequilibrio es producto y al mismo tiempo productora la educación.
            Los acontecimientos trágicos que recientemente se han producido en el ámbito de instituciones educativas internacionales y locales están hablando de la urgencia de abordar seriamente este reto de una educación compleja que deje atrás el falso dilema que plantea la disyunción entre formación científica de alta calidad y formación humana pertinente.
            Una educación a la altura de nuestros tiempos tiene que ser una educación que conjugue la formación de alta calidad científica y técnica con la educación humana también de alta calidad autorreflexiva, afectiva y moral.
            Porque la educación actual, como señala Marina, debe formar los hábitos cognitivos simultáneamente con los hábitos afectivos y con los hábitos operativos. La educación de la razón y de la creatividad – que no es lo mismo que una educación de la memoria y la repetición- debe ir tejida en conjunto con la educación de los sentimientos –que no es lo mismo que una educación sentimentalista superficial- y con la educación de la autonomía –que no es lo mismo que una educación del capricho voluntarista-, para poder responder a las exigencias del mundo actual y a las necesidades de los niños, adolescentes y jóvenes actuales.
            La relación entre educación y sentido de vida es un elemento fundamental que debe abordar esta educación compleja que capacite para vivir. Esta relación tiene que ser abordada de una manera acorde con los tiempos actuales que están marcados por la incertidumbre.
            En los tiempos de las certezas y los absolutos, el sentido de vida era algo predeterminado. Existía UN sentido para la vida –socialmente legitimado y aceptado- y las nuevas generaciones tenían que asimilarlo y adoptarlo como propio para orientar sus propias vidas.
            La educación actual, la de los tiempos de incertidumbre, debe formar a los educandos en la  convicción de que “la vida no tiene sentido”, sino que hay que dárselo. Víktor Frankl[3], el famoso terapeuta judío que sobrevivió al holocausto, afirma que el sentido de la vida es lo que mantenía la humanidad de los prisioneros en el campo de concentración. No era un sentido de vida predeterminado sino un ejercicio íntimo y profundo de libertad que nacía de lo más profundo y que llevaba a los que lo ejercitaban a entrar a la cámara de gases recitando una oración, mientras otros lo hacían maldiciendo.
            La educación debe promover los espacios para que cada educando caiga en la cuenta de que es necesario construir un sentido para su propia vida y aportar elementos de sentido a la existencia de la sociedad y de la especie humanas y, a partir de esta convicción, desarrollar las herramientas intelectuales, afectivas y operativas que les permitan construir día a día su propio proyecto de vida, dentro de las circunstancias generales que les presente la vida.



           
           


[1] Morin, E. (2003). El Método V. La humanidad de la humanidad. La identidad humana. Madrid. Ediciones Cátedra.
[2] Marina, J. A. (2004). Aprender a vivir. Barcelona. Ed. Arial. 3a. edición.

[3] Frankl, V. (1994). El hombre en busca de sentido. Barcelona. Ed. Herder.

lunes, 27 de mayo de 2013

Sucede que me canso…



                                                        
  “Sucede que me canso de ser hombre".
   Pablo Neruda

            Sucede que me canso de esta vida paradójica que me sigue presentando espinas. Sucede que me canso de tener que seguir caminando aunque las piernas no me sostengan, caminando aunque no vea el camino, caminando aunque no pueda decir que yo decido hacia donde quiero dirigirme.
            Sucede que me canso del dolor callado, sordo, siempre acechante, permanentemente clavado en el corazón que tiene que seguir viviendo, seguir latiendo, seguir gozando. Sucede que me canso de ser hombre, porque “Los hombres no lloran”, no lloramos, aunque nos estemos desbaratando por dentro.
            Sucede que me canso de todo y de todos. Porque de pronto todo es oscuro y de repente todos son indiferentes, incapaces de comprender lo que siento, lo que sufro, lo que lloro por dentro. Porque de pronto todos se cansan de estar presentes, de hacer presencia, de ser conmigo en el túnel de lo incomprensible.
            Sucede que me canso de explicar lo inexplicable a tanta gente que me oye pero no me escucha, que me escucha pero no comprende, que comprende pero no recuerda, que recuerda pero interpreta a su manera, que me pregunta sin querer oír.
            Sucede que me canso de estar cansado, que me canso de este cansancio que parece de siglos pero en perspectiva de siglos es apenas un instante.
            Sucede que me canso de sentir hasta volverme insensible, de ser insensible hasta no poder dejar de sentir. Me canso de que duela el corazón, “que es lo único que duele y cuando no duele, uno espera a que vuelva a doler”(Ian Satunovsky).
            Sucede que me canso de rebelarme contra este destino que no existe, de negar esta realidad que es lo único que realmente existe, de pretender que es un sueño esta existencia que me despierta incesante recordándome que la batalla continúa y que hay que entrar otra vez en escena.
            Sucede que me canso de pasar de la rebeldía a la súplica, de la súplica al reto, del reto a la negación y el enojo, del enojo a la esperanza profunda y de ahí nuevamente a la rebeldía, la súplica, el reto, la negación, el enojo…la esperanza…¿será que morirá, aunque sea al último?
            Sucede que me canso de ser hombre y sin embargo sigo disfrutando el privilegio de ser hombre y caminando alrededor de la vida, tratando de que sus golpes y etiquetas no me determinen, no nos determinen, para poder decir que sigo siendo yo y mi circunstancia, yo en mi circunstancia, pero jamás reducirme a aceptar que soy mi circunstancia…
            Sucede que me canso…pero entonces…miro una sonrisa, unas sonrisas, escucho unas miradas luminosas, degusto su presencia, sus presencias y miro sus voces que me dicen: “Vale la pena…vamos a dar juntos el siguiente paso”.  

lunes, 20 de mayo de 2013

FRONTERA Y ADIOS…




            Para Willy , porque la lucha sigue...

                       I

            ¡Qué lentas caminan las horas
en el reloj absurdo
de la vida y la muerte !
            Con qué angustioso tedio
se deslizan tortuosas
por nuestras lágrimas contenidas,
trayendo esperanza fugaz,
angustias repentinas,
temblores inexplicables
y esta sinrazón que brilla
de pronto al mirarnos  al espejo.
¿Qué vamos a hacer si nos dejas,
si la mano invisible de Dios decide
tomarte de la mano hinchada
de aferrarte a la vida ?
¿Ponerle tu nombre a un teatro
en una placa que irá oxidándose
de soledad y olvido ?
¿Llamar como tú a los hijos
que no has tenido ?
¿Construir homenajes desinflados
de palabras sentidas
que no dolerán tanto
como tu estúpida partida ?
¿Qué vamos a vivir
si te haces muerte ?
¿Qué vamos a llorar
si al fin y al cabo
correremos tu suerte ?

                       II

            Vacío y solo,
amarrado a la muerte por goteo
para contener tus tercas ganas
de correr de regreso
el tubo que te mata
es la vela ardiente
que te inspira
y la mirada en llama
de amor insuperable,
la tierra prometida
que sigue jalando débil
hacia la vida…

                      


III


            Un virus se instaló en tu corazón
como presagio
del amor por siempre contenido,
corriendo por tus ríos
de norte a sur, de poniente a torrente,
paró de pronto en tus pupilas,
miró por el profundo espejo de tus ojos.
Bajó por el tumulto de tu boca
conectada a soplos mecánicos de vida,
siguió por tu garganta ciega de tanto gritar
retrasando la absurda partida,
llegó a tu pecho abierto
como ofrenda involuntaria
entrando por la sangre
en transfusión fundidos
tomó por asalto el motor
pero no capturó tus motivos.

           
                       IV

            ¿Por qué perder los días
si se pueden donar
vida tras vida ?

                       V

            La enfermedad es ese precio
que tenemos que pagar
para educarnos
hacia la muerte…
sorpresa de todos
sor-
prendida…

                       VI

            Sólo la vida nos mantiene
lejos de la muerte presentida.
Sólo la muerte nos sostiene
como frontera perceptible
atados frágilmente
a la vida.








                       VII

            Estás de regreso
inexplicable y milagroso júbilo contenido
como tensión de esta promesa
hora tras hora esperada y no cumplida,
regresas pero tiemblas
por el terror de vivir
y el miedo permanente a dejar la vida :
Tú has estado allí en la cima,
en el profundo abismo donde se cumple
el destino
y se palpa en carne propia
el drama sin argumento
que se reescribe a tiempo en el tiempo,
las ansias de aferrarse al milagroso regalo
del soplo siguiente,
como bosque impenetrable
ardiendo en la llama
del amor misterioso
que nos ama.


                       VIII

            Ya estás aquí y yo sigo sin verte
sabiendo que no te irías
viviendo desde lejos tu muerte,
llorando tras de la puerta
dulces lágrimas de miseria
gota a gota
regresaste de la cuaresma
del sueño inútil,
pasión resucitada sorbo a sorbo,
temblor a temblor,
febril, desesperado de entusiasmo
tu amor amando a trozos
la vida que has vivido
fuera de la vida…

                       IX

            Como si te burlaras de mi esperanza
Dios vengador
venciste al fin
en la batalla del dolor absurdo,
desbaratando ilusiones huecas
marcaste al fin el final
después de la equívoca señal
que corrió de sueño ensueño.
Como si el sinsentido fuera el sabor
de este engaño disfrazado de eternidades
fabricado por nuestra necia capacidad
de siempre,
llegó este nunca más
arrebatando una vida regalada de nuevo
para horadar el cansancio y llenarlo de lágrimas,
desvelos, reclamos y clamores,
reencuentros silenciosos , despedidas,
miradas tocándose en el cielo
del amor que ya no será
nunca más que eterno olvido.

                       X

            Desde el profundo oscuro del absurdo
te reclamo con el clamor de mi llanto
que llueve a torrentes desarmando y rompiendo
el débil edificio de mi vida y su curso.
            Desde la noche de la muerte y la sorpresa
desde la sed que rebasa la consciencia
tu mirada amorosa me sigue escudriñando,
dándome a sorbos esa paz del 
“si quieres no digas nada…” y
“me gusta mucho que estés aquí…”
            Cuando tú ya no estás y sin embargo
pisas más adentro de este corazón
que hora tras hora encuentra sin buscar
la aceptación para tu muerte sin razón
enmedio de tu días plenos de razones
y este silencio ciego de tu partida
que sigue  viniendo como el regalo
de “todo ese amor…” que dicen que te dí
porque me diste el drama, la escena y el tono
de un papel que se resuelve sólo en VIDA…

                       
                       Del 15 de Abril al 1 de Junio de 1997.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...