lunes, 22 de junio de 2009

De la noción de ser humano en Lonergan

1.-El viraje desde la “esencia lógica” hasta el “ideal”
El primer viraje es necesario porque como afirma el autor, definir al ser humano desde su esencia lógica, no implica desarrollo, pues el “hombre no se desarrolla conforme a su esencia lógica” (op. cit. ; pp. 127-128). La esencia lógica del ser humano habla de lo que la especie humana es “en potencia”, y esta esencia lógica es tan abstracta –por ejemplo: “animal racional”- que es aplicable a todo ser humano de todo tiempo sin importar cómo sea este hombre o qué haga –bueno o malo, brillante o estúpido-, sin importar su época o su cultura.


“El yo trascendental de los idealistas
no es masculino ni femenino,
griego ni bárbaro, judío ni gentil,
esclavo ni libre. No sufre ni muere.
Pero nosotros sí.”
(Lonergan, 1998; p. 129)

Lonergan entiende al ser humano como un sujeto en desarrollo y esto implica trascender la concepción de lo humano a partir de estas esencias lógicas abstractas para llegar a definir al ser humano concreto. Para hacerlo, propone pasar de esta esencia lógica al ideal concreto de “tener que ser humanos”, es decir, a la finalidad concreta de humanización que tiene cada ser humano concreto frente a sí, porque ser humanos es algo que si lo logramos ser, es sólo precariamente, es un “continuo reto”, porque el ser humano que uno tiene que ser no es necesariamente el que uno es ya, porque llegar a ser humano no es cuestión de una decisión sino de un proceso de continuas tomas de decisión que dura toda la vida.

Brechtiana

Hay profes que buscan un día …y son buenos…
Hay profes que buscan un curso completo …y son muy buenos…
Hay profes que buscan durante muchos cursos …y son mejores…
Pero existen los profes que convierten su vida en una búsqueda: esos son los imprescindibles …

El olvidado asombro de aprender

Seis años:
-¿y a los niños que no tienen papás quién los cuida?
-Bueno, casi todos los niños tienen papás…y a los que no, los cuidan en orfanatorios…
-No, pero el primer bebé de todos…el primer bebé que nació no tenía papás: ¿Quién lo cuidaba?

Dieciseis años:
-El profesor nos pidió que hiciéramos cinco preguntas…pero no se me ocurrió nada…¿qué puede uno preguntar? Y es Filosofía…!Qué flojera!!!

Historia, ortografía y zoología

Del aula de Miss Lolita (secundaria)

-Alumno: ¿Quién es el héroe al que le llamaban el cuervo de la patria?
-Maestra: ¿El cuervo de la patria? Será "El siervo de la nación". Es José María Morelos y Pavón.
-Alumno: Exacto...ya decía yo que era un animalito...

lunes, 8 de junio de 2009

Para el calendario del 75 cumpleaños de mi papá

ALGUNOS APRENDIZAJES…
DESDE SU VIDA PARA LA VIDA.

El “jefe” es un hombre que se ha hecho a sí mismo. No en el sentido genérico del que hablan los filósofos, porque de algún modo todos los humanos nos tenemos que forjar una existencia más o menos humana. Tampoco solamente en el sentido que usan en la sociedad estadounidense para hablar de aquéllos hombres que desde cero lograron construir un capital económico más o menos grande. El “jefe” se ha hecho a sí mismo de una manera más concreta y más compleja: desde la dura realidad del trabajo que se tiene que hacer desde niño, para sobrevivir y para ayudar a una madre sola a sobrevivir, hasta la feliz realidad del trabajo que además se vuelve pasión y vocación, identidad y reconocimiento social, testimonio y construcción de una vida para vivir, gozar y dar vida a otros…más allá de la mera supervivencia.
Este es sin duda el principal aprendizaje que yo recibí de él, que me atrevo a afirmar que todos sus hijos recibimos: el trabajo que es medio para construirnos una vida digna, la convicción de que en la existencia nada es regalado y hay que ganar el “pan de cada día” y ganar la vida día a día, pero que este trabajo además de ser un medio para tener, es una forma de construirnos un ser: para vivir, gozar y dar vida a otros.
El “jefe” es además, como dice Machado: “en el buen sentido de la palabra: bueno”…abierto al que necesita de su apoyo, entregado a los demás por convicción, constructor de iglesia a partir de una fe que nos ha inculcado y que todos vivimos de alguna u otra forma, desde el modo personal y familiar en que cada uno va resignificando y descubriendo el misterio de la vida y sus posibles horizontes de sentido.
Este es otro aprendizaje recibido. Un aprendizaje que yo trato de vivir a diario, en una búsqueda no exenta de dudas, de conflictos interiores, de momentos de desolación pero también de experiencias concretas de gracia, de momentos de gratuidad y de amor que trasciende, de amor que imprime dirección a la vida y que renueva mi vida de vez en vez, cuando dejo de resistirme al llamado de ese alguien que como dice Paz: “en este mismo instante, me deletrea…”
Pero además el “jefe” sabe querer y ha sabido querernos…aunque no lo diga con palabras nos lo ha dicho con la vida. Con esa vida que se esforzó para que sus hijos tuviéramos menos difícil el camino de hacernos a nosotros mismos, con el trabajo que hizo que a nosotros la vida nos costara menos trabajo, con el salto que nos puso en otras condiciones para poder vivir nuestra vida.
Ese es un aprendizaje que reflejamos: el saber querernos y estar para los demás cuando nos necesitan, el tenernos presentes siempre como familia…ese es también un aprendizaje pendiente: el saber decirnos con palabras lo que balbuceamos solamente con acciones. Aprender a decirnos que nos queremos…aprender a decirte que te queremos, que te quiero como ahora lo escribo, como en el momento en que recibas este calendario y en los momentos que lo veas en la pared, quiero que te sientas querido.

Martín.

Para Ray (mi hermano siempre recordado)

Raymundo Eugenio y mi problema con la muerte…

“!Ya me lo mataron!, ¡Ya me lo mataron!” gritaba llorando mi papá –al que muy pocas veces en mi vida he visto llorar, incluso no lo ví en el funeral de Ray al que se refería desesperadamente este grito-…”!Ya me lo mataron!” y corría hacia nosotros que íbamos también corriendo hacia donde estaba él con otras personas, el tío Pedro entre ellas, no recuerdo quién más…
Unos minutos antes –si el hubiera existiera, si se pudiera regresar el tiempo- nosotros estábamos sentados en la banqueta en línea, como formados esperando a que llegaran a la meta imaginaria –era un entrenamiento y no una carrera oficial- los miembros pequeños del club Jet, los de siete años –ahora que lo escribo pienso que es la edad de Daniela, muy pocos años- que venían dando la vuelta al estacionamiento del estadio Cuauhtémoc, donde habíamos sido llevados a entrenar.
Recuerdo que los más grandes –nueve años no era mucho más, pero yo estaba en otra categoría con mi primo David y otros- ya habíamos pasado nuestro turno antes, pero la muerte no se apareció sino hasta esa segunda o tercera ronda.
Nosotros sentados en la banqueta vimos a lo lejos -recuerdo aún a David riéndose como si hubiera sido un pequeño incidente- sin saber aún lo que pasaba, como todos los demás, a un camión de carga que se metía a la calle interior del estacionamiento por donde venían corriendo todos, Bernardo y Ray en el grupo. Desgraciadamente Ray se retrasó del pelotón y el chofer creyó que ya habían pasado todos –“¿ya pasaron todos?” dice Pablo que preguntaba mi papá dentro de la camioneta- pero faltaba uno, faltaba Ray y todos vimos como Ray chocaba contra la defensa del camión y caía de la bicicleta…todos asumimos que era solamente una caída leve, algo hasta gracioso según la risa de David. Sin embargo cuando corrimos hacia el lugar mi papá venía en sentido contrario a nosotros gritando, todo era confusión y mi tío Pedro y otros adultos nos detuvieron, no dejaron que nos acercáramos al lugar…
El siguiente recuerdo es el de ir en la caja de la pick up donde cargaban el mármol –nuestra infancia, adolescencia y juventud se desarrolla siempre con una pick up de esas-, todos sentados y callados, nadie producía el menor ruido, nadie entendía o quizá los que estábamos un poco mayores no queríamos entender, lo que había pasado.
De allí a la casa de la 7 sur, el llanto de todos y la sala de pronto convertida en “capilla ardiente” –nunca he entendido el nombre-. Recuerdo allí la insistencia de los pequeños que cumplían años por su pastel –la recuerdo por haberla vivido y por las miles de veces que mi mamá la contaría después- y recuerdo a Angel, nuestro semi-medio-hermano (indefinido, como tantas cosas en la familia nunca supimos bien a bien cómo llegó a nuestras vidas y cómo se fue y siempre fue tratado como algo menos que medio hermano y algo más que un niño empleado doméstico recogido por mis papás por petición de su gran amigo “el padre Portillo”, al que sólo conocimos de oídas). Lo recuerdo llegando por el pasillo que atravesaba la casa por un lado y allí llorando al enterarse de que “su rayito”, el que siempre fue su consentido entre los hermanos, había muerto en un accidente absurdo, atropellado por un materialista.
Y luego el pastel –Pablo lo recuerda en casa de la abuela y yo en el desayunador de la casa…creo que él tiene razón, pero mi mamá grabó en mí la otra imagen porque siempre contaba que “hubo velatorio en la sala y pastel de cumpleaños en el desayunador”- en el que todos participamos en el total desconcierto. Al día siguiente el panteón y de allí la construcción de una capilla –donde mi papá expresó su vocación arquitectónica y desfogó sus energías por un tiempo- y la sucesión anual de homenajes, de esas carreras de ciclismo infantil “Raymundo Eugenio López Calva” que salían reportadas en “El heraldo de Puebla” con fotos de la competencia y del panteón. Esos homenajes que año con año torturaban a nuestros papás y que nos hacían tener que asistir nuevamente a la representación de algo de lo que después, a lo largo del año, nunca se hablaba…tal vez por protegernos del recuerdo, por evitarnos traumas posteriores…pero más bien construyéndonos esos traumas, tatuándolos con música de mariachi, Panteón Francés y capilla con piedrín de Santo Tomás…
En efecto, no se hablaba de eso, solamente mi mamá lo platicaba con otras personas, lo repetía y lloraba, mientras mi papá iba de médico en médico sintiéndose mal de todo sin tener nada -¿algo que ver con mis malestares constantes e inexplicables durante estas mis épocas alrededor de los cuarenta que él tenía cuando todo pasó?- y los años pasaban y solamente se volvía a recordar en el homenaje y cuando ya no hubo Sr. Tlacuilo que lo organizara, con una escueta frase de mi papá en la mesa: “Hoy m´hijo” Ray cumple tantos años”.
“!Ya me lo mataron!” “!Ya me lo mataron!”…esa frase retumbra en mi inconsciente y de vez en vez se me aparece en el conciente con la imagen de mi papá joven, desesperado, impotente, frágil, corriendo sin saber hacia dónde ni para qué…será por eso que a pesar de todas sus cosas que no entiendo y que generan ese enojo colectivo entre nosotros sus hijos, sigo teniéndole una profunda compasión y aunque no lo confronte y quizá no lo apoye tanto como debiera o quisiera, sigo cargándolo todos los días…
Mucho de mi sombra tiene que ver con esa frase y con esa imagen, con el profundo miedo a la muerte propia o ajena que aún me paraliza y que muy a mi pesar me ha tocado enfrentar en la Ibero cuando tuve que decirle, junto con un jesuita a un papá, que su hijo estaba siendo bajado por los socorristas de la Cruz Roja, muerto, después de una subida accidentada al “Pico de Orizaba” con nuestro equipo de alpinismo universitario o cuando acompañé con Gaby a Luisa, desde que Willy cayó de la cuatrimoto y se rompió por dentro hasta el espejismo de su recuperación y su muerte y su post-muerte…su sepelio y sus años de ausencia y los tiempos oscuros de Luisa rebelándose contra esta injusta y estúpida muerte de un gran artista y gran persona, tan injusta y estúpida como la de un niño de siete años…
Creo que en mi caso, más que despedirme de ti, querido Ray –porque fuiste querido cuando convivimos y jugábamos al fútbol en el patio de “la casa grande” y de algún modo, en el semi-olvido de hoy sigues siendo querido en lo profundo-, este texto me está llevando a intentar un ejercicio de aceptación de la indigencia humana, de la fragilidad que todos tenemos –aunque seamos “Raymundo López, el que regaña a todos”-, de la profunda necesidad de los otros que todos padecemos-gozamos y de la inevitable aunque misteriosa y aún temida realidad de la muerte, a la que algún día, tarde o temprano vamos a llegar y a la que ojalá pueda recibir en paz y con una sonrisa por todo lo grandiosa que ha sido y sigue siendo mi vida a pesar de este dolor profundo que cambió para siempre el rumbo de nuestra familia.

No puede decirse el amor...

TEXTO PARA LA BODA DE BERNARDO Y ANA MARÍA
Como el poeta “digo que no puede decirse el amor”, no puede decirse al menos con palabras, con discursos lógicos o con promesas. No puede decirse más que con gestos, con miradas profundas y con un corazón transparente que se refleja en la cotidiana transparencia de una decisión sostenida.
No puede decirse el amor si no se dice con la vida y se repite en el asombro del constante gozo de descubrir al otro, en la sorpresa del persistente esfuerzo de descubrirse en el otro. El amor se dice amando y es entonces cuando resuena mucho más allá de nosotros y es por eso que sigue diciendo tanto a tantos.
El amor se dice buscando y por ello nunca descansa. Viendo hacia delante, siempre un paso más allá, una mirada distinta, un rostro nuevo, un regalo de la vida, una aventura por recorrerse, un reto entre dos que descubren el universo en sus ojos que se encuentran, que pueden integrarse en el cosmos cada vez que se toman de la mano.
El amor se dice confiando, porque nace de la confianza y se teje de confianza que no es una cómoda ceguera sino una lúcida mirada compasiva, que no se va fraguando porque el otro sea perfecto sino que se va extendiendo para acoger su vulnerabilidad y envolver nuestra propia indigencia.
“Digo que no puede decirse el amor”, pero puede palparse en el signo que encarnan con su vida dos personas que se aman. Puede escucharse en sus rostros, saborearse en la huella que dejan sus pasos, mirarse en el aroma de su testimonio.
No puede, no debe decirse el amor con simples palabras, pero sin duda puede y debe celebrarse, hacerse sacramento que humaniza a los que se aman y contagia de humanidad a los que se unen con ellos, convirtiéndose en pretexto de comunión.
Ana María y Bernardo: Nos llena de emoción ser testigos del sacramento que a través de palabras, de símbolos y objetos, pero sobre todo de nuestros corazones sintonizados en la disposición para religarnos con la fuente del amor sin fronteras, hará de su amor un compromiso existencial, que de hoy en hoy, irá construyendo un hermoso para siempre.
MARTÍN
Julio, 2007.

Para la boda de Olesya y Gabo (mi hermano el menor)

Coincidir…encontrarse, transformarse.

“Tanto tiempo, tantos mundos, tanto espacio…
y coincidir”
Alberto Escobar

La cita suena trillada y sin embargo parece hecha a la medida para esta unión de Olesya y Gabo, de Gabo y Olesya que celebramos y queremos recordar con este calendario que se ha ido construyendo como tradición familiar.
Coincidir en un tiempo y un espacio, viniendo de mundos tan distantes, de culturas tan distintas, de espacios y climas humanos diferentes es un hecho misterioso que habla del amor que nos encuentra en el momento menos pensado y nos toma por sorpresa tal vez a partir de unos amigos en común que nos invitan a una fiesta.
Pero la coincidencia de fondo no es externa sino interna. Coincidir en lo que nos gusta y nos disgusta, en la mirada con la que vemos al mundo, en el sentido hacia el que queremos caminar. Coincidir en las preguntas que nos mueven a vivir, en las respuestas en que creemos y nos ayudan a seguir viviendo, en las búsquedas que nos mantienen vivos. Esta es la coincidencia de fondo que confirma que los humanos somos misterio y que el amor es el motor que dinamiza este misterio.
Alguna vez escribió Carl Jung que “el encuentro de dos personalidades es como el contacto de dos substancias químicas: si hay reacción, ambas son transformadas”. Es así que coincidiendo en el tiempo y el espacio de una fiesta con amigos en común, Gabo y Olesya se descubren y van acercándose en su coincidencia interior, es así que se encuentran y a partir de ese encontrarse y reencontrarse van transformándose ambos, construyéndose ambos como personas independientes pero comprometidas en un proyecto común.
Hoy es otra vez la coincidencia en el espacio y en el tiempo. Hoy es nuevamente la coincidencia de espíritus, el encuentro que hace la reacción que transforma. Hoy es un punto de llegada de esa coincidencia y ese encuentro; es un punto de partida para estrechar y profundizar esas coincidencias, para expresar frente a los que los queremos que apuestan por continuar ese encuentro y que seguirán transformándose mutuamente en ese encuentro de ellos en el mundo y del mundo en ellos.

Una tarde, el abuelo...

Una tarde, el abuelo decidió morirse o fue Dios, que siempre lo tuvo entre sus preferidos. Una tarde cualquiera, de un día cualquiera: no era fin de semana, ni día festivo, ni se celebraba algún santo especialmente famoso. Murió pues, como vivió su vida: de manera callada y tranquila, sin alardes ni estridencias, incluso casi a solas, sin público que atestiguara esa partida tan especial por discreta y común, como su vida.
Una tarde el abuelo se quedó dormido y entró a la eternidad sin hacer ruido. Igual que acostumbró vivir la vida. Sin ser el centro de atención, sin girar instrucciones ni pedir nada.
Esa es la imagen que guardo de su paso por el mundo. Quizás porque nací cuando pasaron sus tiempos oscuros, esos que son casi leyenda de tanto no contarse, en esta familia en que el orgullo de un apellido supuestamente exclusivo, nos quita a veces las posibilidades de asumirnos como seres humanos. Esos tiempos que hicieron de él, el villano bueno, -quizás por el pecado de querer disfrutar la vida- y de la abuela la heroína del "deber cumplido y el dolor callado", la marca del deber ser que es el sello familiar que nos cierra hasta hoy las puertas del gozo y la legítima alegría.
Disfrute es lo que heredo de esas tardes de domingo en que sin proponérselo me hizo admirar el raro y hoy polémico placer de una buena faena en una tarde de toros, placer que sigo viviendo en dosis muy escasas y siempre mediadas por la televisión, aunque ahora no sea en blanco y negro. O el placer de fumar un puro muy de vez en cuando, en las grandes ocasiones en que puedo arriesgarme a tres días de garganta irritada o incluso a un poco de taquicardia.
Creo que por no olvidar sus historias de admiración por el ejército alemán, -por brillante estratega, espero y no por nazi, aunque quizás un poco había de eso-, en el recuento de la herencia entra también mi apasionado gusto por la historia y por todo lo humano que la historia nos revela. Con las luces y las sombras, con las enormes contradicciones que implica ser miembros de esta especie paradójica y misteriosa.
Tal vez por eso no entiendo el juego de los buenos y los malos que juegan empecinados los hijos de este abuelo. Tal vez por eso me dio ternura pero también cierto coraje ver como aún en su entierro, cada uno rumiaba su desolación en su propia esquina: uno en silencio, otra diciéndole adiós, otros cantando como si hubiesen sido scouts, mientras mamá contestaba casi a gritos un rosario que no venía al caso, con más rabia que fe.
Cada uno matando al silencio por separado, incapaces de estar juntos, de abrazarse todos por un momento como seguramente tú y la abuela hubieran querido.
Probablemente fue porque tú no dejaste instrucciones sobre qué hacer en tu sepelio, no pediste mariachis ni el “Son de la negra” ("si me la hubieran hecho buena", habrás pensado en estos últimos años). No dejaste instrucciones para tu muerte porque tampoco diste instrucciones en vida. Eso le tocaba a la abuela, tú solamente viviste y dejaste vivir.
Así como no hubo mariachi, seguramente no habrá libro ni homenajes. No fuiste lo suficientemente atractivo para eso. Fuiste simplemente, tan simplemente humano como para que casi no se te notara.
Por eso manejando de regreso del panteón, me hiciste soltar un par de lágrimas privadas y me impulsaste a escribir estas líneas que quieren solamente recordarte o expresar al menos, una parte del recuerdo subjetivo que me queda de tí.

A petición de nadie: Martín.
Por azar y privilegio, el mayor de tus nietos. 30-31 de agosto de 2005

Magia Realista

… porque los profes que viven cien cursos de necedad están condenados a no tener nunca una segunda oportunidad…

Sobre la Práctica docente...

I

Ninguna docencia
Queda impune…

jueves, 4 de junio de 2009

Del diario de Daniela I

Del diario de Daniela…
(Lo que se piensa a los cinco años de edad…antes de ser contaminado por la escuela…)

I

“Ya déjenme descansar…todo el tiempo me están educando…”

Sor Juana Inés de la Cruz o "Las trampas de la SEP"

Parafraseando a Paz:
Sor Juana Inés de la Cruz…
o las trampas de la SEP

I.
“Parecer quiere el denuedo/ de vuestro proceder loco/ al niño que pone el coco/ y luego le tiene miedo…”: Sor Juana al gobierno que mira una manifestación del sindicato de maestros.

II.
“Belleza llego a tener/ de mano tan generosa/ que dices que seré hermosa/ solamente con querer”: Carta en la que responde la educación a los discursos y los planes sexenales de sus gobernantes.

III.
Definición de “Programa de modernización o desarrollo educativo oficial”: “Este que ves, engaño colorido/ que del arte ostentando los primores/ con falsos silogismos de colores/ es cauteloso engaño del sentido…”

IV.
Estaba un día la “décima musa”, cual miembro de CENEVAL, reflexionando sobre nuestra educación: “…es una necia diligencia errada/ es un afán caduco y, bien mirado/ es cadáver, es polvo, es sombra, es nada…”

V.
REDONDILLA DEL MAESTRO
“Profes necios que acusáis
a la alianza sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis…”

VI.
La arrepentida universidad, respondiendo al reclamo de la empresa, por la “baja calidad” de sus egresados: “si culpas mi desacato/ culpa también tu licencia/ pues si es mala mi obediencia/ no fue justo tu mandato…”

Sobre la reforma integral de la Educación Media Superior y los "opinólogos"

Una estimada amiga me envía un correo que anda circulando por la red. Se trata de un artículo de Juan Domingo Argûelles sobre la pasión y el gusto por leer que se teje a partir de una crítica totalmente desinformada a la RIEMS y c on un sesgo ideológico evidente que dice que México está siguiendo a ciegas los dictados de la OCDE...
Una primera cuestión es que esta persona afirma que la RIEMS y el SNB sacan del currículo a la filosofía. Craso error. COmo hemos visto, la RIEMS pretende lograr un marco curricular común por competencias que respete la diversidad de planes y programas de estudio de los subsistemas y modalidades vigentes. Es decir, es preocupante que se quiera sacar la filosofía de los planes de estudio del bachillerato general federal, pero esto se debe a quienes están haciendo esa reforma curricular concreta en el marco de la RIEMS pero hay otros subsistemas -como el bachillerato general del estado de Puebla- que están dano alta importancia al a filosofía y las humanidades para la formación del bachiller.
Un segundo elemento preocupante es que toda su crítica se basa en decir que el enfoque de competencias pretende generar gente que sea más competitiva, que compita con los demás en lugar de colaborar con ellos. Como me dice el Dr. López Carrasco que también recibió este artículo, el autor confunde competir con competer. Lo primero es buscar ganar al otro participar en una lucha con el otro para vencerlo. Lo segundo, el competer, tiene que ver con que las cosas y el mundo en general nos competen, son de nuestra competencia, nos incumben, nos importan. De ahí el término de competencias en educación.
Un tercer error o falacia es la que construye el autor del artículo diciendo que lo importante no es desarrollar la competencia de comprensión lectora en los alumnos sino en generar el gusto y la pasión por la lectura. De acuerdo en esta meta última, pero esta base no se logrará si no hay primero una compensión de lo que se lee. Si no entiendo lo que leo es imposible que me vaya gustando leer o apasionando leer, porque si no entiendo lo que leo, en realidad no leo sino solamente decodifico las letras y las vuelvo sonidos y al unirlas, palabras, pero esto no tiene significado para mí.
Entremos al debate como educadores y busquemos clarificar a la sociedad lo que buscamos con las reformas educativas para evitar que los espacios de opinión pública los ganen quienes no saben de lo que escriben, pero están en contra....

sábado, 16 de mayo de 2009

Alerta Sanitaria y Educación

Alerta sanitaria y educación.
Por: Martín López Calva
En el noticiero televisivo de la noche del viernes, se informa que hay un total de 1004 casos de influenza en el Distrito Federal y que se hay 68 fallecimientos, de los cuales 20 han sido comprobadamente causados por el nuevo virus de influenza porcina. A la mañana siguiente, en un club deportivo de Puebla, un señor de unos cuarentaitantos años afirma: “Ya ven, llevamos 1004 muertos por influenza. Está durísima esta situación”.
En esta sociedad en la que la información se equipara a conocimiento y la opinión se iguala a la verdad, es muy común encontrar este tipo de situaciones en las que una información es completamente distorsionada por una mala escucha o una interpretación alarmista o mal intencionada.
¿Cuál es el papel de la educación frente a situaciones de emergencia como la que estamos viviendo en estos días en México?
El ejemplo anterior nos puede ayudar a comprender dos compromisos del sistema educativo para volverse parte de la solución y dejar de ser parte del problema en el mundo complejo de hoy..
En primer lugar, la educación debe preparar para desenmascarar los errores, las ilusiones y desviaciones de la información que circulan por los espacios sociales y contribuir a la construcción de una opinión pública más inteligente.
En segundo lugar, la educación debe prepararnos para “enfrentar lo inesperado”. En un mundo cada día más deteriorado en sus equilibrios naturales y fragmentado en sus procesos sociales, será cada vez más frecuente el surgimiento de lo inesperado, de lo que “no se había visto antes”, de lo que rompe con la fuerza de la costumbre o el funcionamiento “normal”.
La educación debe capacitar a los futuros ciudadanos para enfrentar con inteligencia, capacidad crítica, prudencia y asertividad esta emergencia de fenómenos inesperados que serán cada vez más comunes y desafiantes. Lo que está en juego es, como se ha visto con esta crisis sanitaria, la supervivencia de la especie humana.

domingo, 1 de marzo de 2009

El bache

A propósito de Javer Cercas, al que cito en mi Artículo: "La otra alianza por la calidad de la educación", recomiendo altamente este artículo sobre "los cuarenta"...dado que yo estoy en ese "Bache", transcribo aquí su artículo de "El País Semanal" del día dokmingo 8 de febrero de 2009.

JAVIER CERCAS PALOS DE CIEGO
El bache
JAVIER CERCAS 08/02/2009

1. Tengo la solución: lo mejor es que a todos los cuarentañeros nos encierren. El Estado del bienestar debería proporcionarnos un lugar limpio y bien iluminado donde nos cuidasen bien y donde sería posible llevar una existencia mínima, vegetativa. Podríamos leer, ver la tele, pasear por el jardín, jugar al fútbol en el patio; los domingos saldríamos en fila india para hacer obras de caridad y visitar a los enfermos. Se trataría, por supuesto, de un encierro voluntario, y su duración dependería del interesado: a algunos titanes les bastaría con unos pocos meses; lo normal sería una estancia de como mínimo una década; quedaría terminantemente prohibido instalarse allí de por vida. Por lo demás, la financiación del encierro no sería un problema: en vez de jubilar a la gente a los 65 años -cuando está en lo mejor de la vida-, se la jubilaría a los 40 y se sufragarían los costes del encierro con el importe de su retiro; luego, cuando nos retiráramos de nuestro retiro y volviéramos eufóricos a la realidad, recuperaríamos nuestro empleo para pagar el encierro de los nuevos cuarentañeros. Ésa es la solución.
2. Los científicos se han puesto a estudiar la felicidad. Según un reportaje publicado en este periódico, todos han llegado a la misma conclusión: las dos épocas más felices de la vida son los veinte años y los sesenta, la juventud y la jubilación. Lo de los jóvenes es obvio; a los veinte años, uno se dedica a las cosas más satisfactorias que existen: enamorarse, follar, beber cerveza y tirar croquetas a los ventiladores durante las farras. Lo de los jubilados no es tan obvio, pero es igualmente cierto. Un amigo me contó que este verano pasó un fin de semana en un hotelito con su mujer y su hijo; todo iba bien hasta que de pronto apareció un grupo de jubilados del Inserso y terminó la tranquilidad: durante la cena se montó un guirigay alcohólico que por momentos amenazó con degenerar en un lanzamiento masivo de croquetas a los ventiladores; por la noche fue peor: a las dos de la madrugada, mi amigo tuvo que salir al pasillo en pijama para suplicar un poco de silencio a los viejos, y una hora después todavía estaba allí, tratando de impedir por la fuerza que una señora que podía ser su madre derribase a patadas una puerta tras la cual su marido se la estaba pegando con una ex peluquera de Badajoz. Eso es lo que dicen los científicos de los veinte y de los sesenta años. ¿Qué dicen de los cuarenta? Dicen que a los cuarenta se produce un bache. Un bache, Dios santo: lo que se produce es un socavón espeluznante. El cuarentañero no se enamora, apenas folla, apenas bebe cerveza, jamás tira una croqueta a un ventilador; de la vida se acuerda, pero dónde está. Vive encajonado entre unos hijos demasiado niños y unos padres demasiado viejos: cuida de los hijos, pero se siente culpable de no cuidar suficiente de los hijos; cuida de los padres, pero se siente culpable de no cuidar suficiente de los padres. A veces recuerda el día en que una enfermera le puso en las manos a su hijo recién nacido; como todo el mundo, lloró, pero más tarde ha comprendido que no lloraba de alegría, sino de ganas de salir corriendo y no parar hasta el desierto del Gobi. No lo hizo, y ahora es tarde para hacerlo; ahora, de hecho, le aterra perder a su familia. Por supuesto, odia la palabra responsabilidad, aunque se siente responsable de todo, incluso de aquello de lo que no es en absoluto responsable. Además está lo otro. Schopenhauer dijo que cada vez que respiramos es como si apartáramos la muerte a manotazos; el cuarentañero tiene la impresión de apartar los muertos a manotazos: se mueren los padres, se mueren las madres, se mueren los padres de los amigos, se mueren las madres de los amigos, a veces incluso se mueren los propios amigos. El espectáculo es sobrecogedor. La mayoría opta por alimentarse a base de ansiolíticos y antidepresivos. Algunos ingenuos sueñan con cambiar de vida, ese sueño mentecato. A mí me dan unas ganas tremendas de vestirme de hombre rana y pedir solemnemente que se levante de inmediato la sesión.
3. Pero no puede ser: no se puede cambiar de vida, la sesión no se puede levantar; no hay solución, ni siquiera es solución que nos encierren: era broma, ja, ja, era sólo otro sueño mentecato. El espectáculo, señoras y señores, debe continuar. Hay que seguir cuidando de los padres. Hay que seguir cuidando de los niños (sobre todo no se olviden de cuidar de los niños). Hay que seguir apartando la muerte a manotazos. Hay que alimentarse bien. Hay que ser valiente y reírse a carcajadas por lo menos dos veces al día -reírse es de valientes: los cobardes no se ríen nunca-. No hay que llorar, y si se llora, hay que llegar llorado a casa. Hay que seguir como sea, aunque sea vestido de hombre rana: basta hacer el ridículo lo menos posible y conservar un mínimo de dignidad no sonriendo a los imbéciles, siendo bueno con los buenos y evitando a cualquier precio a los malos, y sobre todo a los malos disfrazados de buenos. No es tan difícil, amigos. Esto pasará. Parece mentira, pero pasará. De esta plaza nadie sale a hombros, pero cuando por fin salgamos no habrá en el mundo croquetas ni ventiladores suficientes para resarcirnos. Ese día se van a enterar.
Fuente: El País Semanal.

lunes, 23 de febrero de 2009

La otra alianza por la calidad educativa

La otra alianza por la calidad de la Educación.

Por: Martín López Calva

En su artículo de “El País Semanal” de este domingo[1], Javier Cercas afirma que según un estudio de la Organización de Estados Iberoamericanos, más de la mitad de los profesores españoles “piensan que los estudiantes de ahora son peores y menos disciplinados que hace unos años…” ¿Qué resultados tendría una encuesta similar entre los docentes mexicanos? Estoy prácticamente seguro que serían los mismos.
En primer lugar porque en general, tendemos a respaldar la vieja frase de que “todo tiempo pasado fue mejor” y en general, desde mi experiencia de diálogo con profesores y aún con estudiantes, se afirma siempre que las generaciones de alumnos del pasado eran mejores en su aprendizaje y más disciplinadas. Esta es una percepción subjetiva no necesariamente cierta. Baste recordar cómo éramos los docentes o los adultos en general en nuestra etapa estudiantil para matizar este prejuicio generalizado.
Sin embargo, hay una segunda razón por la que pienso que el resultado sería igual y que en general, con cierto fundamento, podemos afirmar que los estudiantes de hoy son menos disciplinados –no necesariamente menos inteligentes- que los del pasado.
El artículo de Cercas coincidió con una plática informal que tuve con profesores de distintos niveles educativos recientemente. En esta charla, hubo una total coincidencia entre los docentes en que los estudiantes de hoy no son menos capaces de aprender ni poseen menos habilidades intelectuales que los del pasado, pero que sí tienen menos disciplina y compromiso con su propio aprendizaje.
Tanto el artículo que refiero como la charla, exponían como un gran problema para que los estudiantes tengan esta disciplina la intervención de los padres de familia que se caracteriza actualmente por ser una participación que va muchas veces en sentido contrario a lo que la escuela pretende. Parece ser que como reacción al autoritarismo que padecimos, los padres de hoy estamos cayendo en el otro extremo del péndulo y justificamos toda acción de nuestros hijos en la escuela con o sin razón, yendo incluso en contra de su propio desarrollo como sujetos autónomos, capaces de enfrentar las consecuencias de sus actos.
“Somos una generación que fue regañada por sus padres y ahora es regañada por sus hijos” afirmó una directora escolar en la charla. “Lo que no es discutible es que no podemos lamentarnos de la falta de autoridad de los profesores en las aulas –para corregir a sus estudiantes- y luego reaccionar como energúmenos cuando los profesores intentan mal que bien imponer su autoridad. Lo que no es discutible es que, para que puedan ejercer su autoridad, hay que apoyar a los profesores”, afirma Javier Cercas.
Ambos comentarios surgen a partir de la reseña de casos en los que ante una falta de disciplina o de compromiso con lo acordado en clase, los maestros imponen alguna sanción a los estudiantes –por ejemplo quedarse en el recreo a elaborar una tarea no entregada- y los padres de familia reaccionan de manera agresiva e irracional justificando a sus hijos y llegando incluso a amenazar con demandar a la escuela , o como en el caso que refiere Cercas, a hacerlo y aún a agredir físicamente a los profesores.
Se habla actualmente de promover una mayor participación de los padres de familia en la vida escolar. Se ha legislado al respecto en nuestro país y se han creado figuras como las de los “consejos de participación” en las escuelas. Sin embargo habría que preguntarnos cuál debe ser la participación de los padres y madres en la vida escolar y cómo habría que ir formando a los papás para lograr ir estableciendo una participación positiva y corresponsable con los profesores y directivos escolares para la auténtica formación de los estudiantes.
Así como se estableció una “alianza por la calidad de la Educación” entre las cúpulas del SNTE y la SEP federal, habría que luchar por construir otra alianza por la calidad educativa en la base de cada escuela: Una alianza entre los educadores y los padres de familia para “conspirar” hacia el desarrollo integral de sus hijos. Indudablemente este desarrollo inicia con la formación de una disciplina en la que sean capaces de interesarse, comprometerse y responsabilizarse progresivamente por su propia formación.
Para lograrla habrá que combatir simultáneamente el autoritarismo irracional que prevalece aún en muchos docentes y la sobreprotección des-educativa que parece ser hoy el común denominador en los padres de familia.
[1] “De cara a la pared”. EPS. (11 de enero de 2009)

educación pra la ciudadanía

Educación para la ciudadanía: una urgente necesidad
Por: Martín López Calva[1]

“No es signo de salud el estar
bien adaptado a una sociedad enferma”
Jiddu Krishnamurti

El tema de la educación para la ciudadanía está cobrando una relevancia cada vez mayor en la sociedad actual. Un simple vistazo a las noticias o un recuento de los temas de conversación cotidiana en nuestros hogares pueden darnos idea de las razones por las cuales esta dimensión de la formación es una necesidad urgente.
La creciente espiral de violencia que se vive, la también creciente desigualdad social y la muy triste realidad de millones de personas que viven en situación de pobreza extrema –que tenderá a aumentar con la crisis financiera mundial que según los expertos durará al menos todo este año-, la destrucción de la naturaleza con sus consecuencias en el cambio climático, la discriminación por razones de género, raza, religión, preferencia sexual o cultura, la persistente violencia intrafamiliar y muchos otros males sociales son realidades cotidianas en el mundo y en nuestro país.
Esta situación de decadencia global, de auténtica “crisis de civilización”, manifiesta en lo económico, lo político, lo cultural, lo ambiental, lo espiritual, está pidiendo, según el pensador francés Edgar Morin[2] una “reforma del pensamiento”, una “reforma de la vida”, una “reforma de la sociedad”, una “reforma moral” y una “reforma del espíritu” (una reforma educativa).
Si bien es cierto que el proceso de deterioro planetario es un fenómeno complejo y su solución pasa por reformas profundas en muchos campos de la vida humana, la Educación ocupa un lugar muy importante en la respuesta a estos desafíos dado que es por medio de ella que se puede ir cambiando “el espíritu” –la mente y el corazón- de las nuevas generaciones.
Pero no podrá haber una real reforma de la educación que contribuya a revertir el proceso de decadencia humana si no se toma con toda la seriedad que requiere la formación para la ciudadanía.
Más allá de lo que se está haciendo actualmente con la inclusión de asignaturas como “Formación cívica y ética”, la formación ciudadana que requiere el mundo global implica un cambio de visión y de mentalidad en los educadores, en los diseñadores curriculares y en los directivos que definen las políticas de gestión de las instituciones educativas.
La formación para la ciudadanía en el mundo de hoy requiere de una formación en el pensamiento crítico que evite formar jóvenes que se adapten a esta sociedad enferma. Precisa también del desarrollo de una tolerancia activa, que implica la convicción de que el que piensa distinto puede también tener la razón. Necesita, aunque se escuche “cursi”, de una educación de la capacidad de amar –que no es un mero sentimiento espontáneo sino una decisión que brota de una educación emocional adecuada-.
Porque como afirmaba Martin Luther King, en la construcción de una sociedad más humana “…la verdad desarmada y el amor incondicional tendrán la última palabra”.

[1] Académico de la Universidad Iberoamericana Puebla
[2] Cfr. De entre la vasta obra de este autor, pueden consultarse: “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” o ·”Educar en la era planetaria”.

martes, 9 de septiembre de 2008

Educación e impunidad

Impunidad y educación




Por Martín López Calva
lunes, 08 de septiembre de 2008
“Lo que haces habla tan fuerte que no puedo escuchar lo que dices”Proverbio de una tribu india norteamericana
Las marchas y declaraciones en contra de la violencia que hemos vivido en las últimas semanas en México están mostrando el alto nivel de indignación ciudadana ante la escalada del crimen organizado. En la discusión sobre el tema han surgido propuestas en la línea de endurecer las penas –cadena perpetua e incluso pena de muerte- contra los secuestradores, narcotraficantes y personas que cometan otros delitos graves.
Sin embargo en estas mismas discusiones se ha dejado claro que el hecho de que las penas sean más duras contra los delincuentes no va a resolver el problema de la violencia, porque lo que está haciendo que esta ola de terror vaya incrementándose es la impunidad.
En efecto, la ola de violencia se incrementa cuando un delincuente encuentra que puede cometer cualquier tipo de ilícito sin que vaya a recibir la sanción correspondiente porque la autoridad es ineficiente en el mejor de los casos o corrupta y cómplice en el peor. Esto se vuelve un incentivo perverso que hace que el delito se multiplique.
Mientras no se solucione la impunidad en nuestro país, el problema de la descomposición social manifiesta en el delito y la violencia seguirá siendo una realidad terrible, a la que desgraciadamente –esto es más terrible aún- nos estamos acostumbrando.
Es evidente que este incremento de la violencia no es solamente causado por decisiones individuales –la existencia de personas sin escrúpulos que cometen delitos- sino por todo un sistema que muestra estructuras policíacas y gubernamentales en descomposición y lo más grave de todo, por una distorsión progresiva de la cultura nacional que hace que veamos como natural esta corrupción e impunidad y que pensemos que no hay modo de cambiar las cosas.
Esta descomposición de nuestra cultura ciudadana se muestra desde los detalles más simples de la vida cotidiana y va generando un deterioro progresivo de la situación social que transmitimos a las nuevas generaciones.
¿Cuántos de los que marchamos para decir ¡Ya basta de violencia e impunidad! somos los primeros que agredimos con el claxon, con insultos o aún con violencia física al conductor de un auto que se nos cerró? ¿Cuántos de los que gritamos que queremos que se aplique la ley somos los que nos estacionamos en los lugares reservados para las personas con discapacidad en el estacionamiento de un centro comercial? ¿Cuántos de nosotros transitamos impunemente en sentido contrario en la calle que sea, simplemente porque no queremos molestarnos en hacer las cosas correctamente? ¿Quiénes de los que estabamos marchando en las calles para pedir que se haga realidad el “estado de derecho” somos los que estacionamos nuestros autos en doble o triple fila al llevar o recoger a nuestros hijos en su escuela?
La educación tiene mucho que ver con la impunidad. Si mostramos a nuestros hijos que estamos en contra de que se viole la ley pero somos nosotros los primeros que la violamos con cualquier pretexto, estaremos educando en y para la impunidad. Poco efecto tendrán nuestros discursos sobre los valores si ellos nos ven actuar diariamente en sentido contrario a los principios de convivencia que decimos profesar.
Los que trabajamos en instituciones de educación formal hemos sido testigos seguramente de más de un caso en el que los padres de familia llegan indignados a defender a sus hijos ante una sanción que se les aplicó por romper con principios de convivencia, comportarse violentamente o con indisciplina o hacer trampa en un examen. ¿No estamos entonces defendiendo la impunidad y educando en la impunidad a nuestros hijos que se sentirán siempre protegidos actúen como actúen?
¿Cómo podemos los educadores hablar en contra de la impunidad si se muestran cotidianamente en los medios de comunicación a grupos de profesores cerrando calles, clausurando escuelas o incluso tomando casetas de cobro en autopistas o generando destrozos y violencia? ¿Cómo podemos desde el sistema educativo atacar la impunidad si son evidentes las manipulaciones, los excesos y la riqueza inexplicable de quienes dicen representar los intereses de los profesores y buscar una educación de calidad?
Mientras los adultos de este país, padres de familia, autoridades educativas o sindicales y maestros no hagamos conciencia de que para acabar con la impunidad tenemos que empezar por educar con el ejemplo, la descomposición social seguirá en aumento.
Porque en efecto: Lo que hacemos habla tan fuerte, que nuestros hijos y alumnos no pueden escuchar lo que decimos.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...