lunes, 9 de julio de 2012

¿Volverán a convertir el triunfo en derrota?: fijando mi postura 1



            En estos días se ha intensificado el debate con algunos amigos y conocidos respecto a la limpieza o fraude en el proceso electoral que tuvo el domingo 1 de julio un momento culminante en la votación emitida por un 64% del padrón de ciudadanos y que, para la minoría que participamos en las redes sociales y tenemos acceso a información más analítica de la realidad nacional suscitó una reacción mezclada entre desánimo, indignación, temor y renacimiento del compromiso con este país que el domingo mostró todas sus carencias, pero también, según mi punto de vista y análisis limitado, toda su riqueza y sus avances históricos innegables.
            La fuerza y el tono del debate han escalado a tal grado que he tomado la decisión de escribir estas líneas fijando mi postura personal sobre el antes, el durante y el después de las votaciones y sobre la disyuntiva que veo a futuro para la izquierda mexicana, con el fin de dejar claro lo que pienso y me mueve para voluntariamente asumir mi decisión de salirme ya de este intercambio al menos por un tiempo.
            ¿Por qué escribir y compartir esto y salirme del debate? Por un lado porque me siento realmente agotado principalmente porque veo las redes sociales llenas de –perdonen la excesiva franqueza- basura postelectoral: fotos, videos, cartones y caricaturas supuestamente graciosos pero totalmente superficiales y hasta insultantes y opiniones ligeras que parecen sustentarse en que “una golondrina sí hace verano” porque a partir de un hecho o anécdota se atreven a descalificar lo que ha costado años de lucha construir y millones de horas-hombre y pesos edificar. Agotado también porque a los argumentos recibo muchas veces respuestas emotivas, actos de fe, simples “nolocreo” y no razones o evidencias sólidas para tratar de construir juntos algunos juicios cercanos a lo que realmente pasó. Agotado porque parece que no se quiere comprender y conocer la realidad sino imponer el propio punto de vista, o tal vez con más claridad, el punto de vista del candidato al que se sigue ciegamente y se ve como la “salvación del país”.
            Por otra parte porque el tono del diálogo ha llegado a extremos en los que leo entre líneas el riesgo de dañar relaciones de afecto con personas que estimo y para mí ningún proceso electoral, ningún tema político puede ni debe interferir en los vínculos humanos profundos que considero muchísimo más valiosos incluso que mi apuesta por la criticidad verdadera (sí, ese es el “verdadero cambio verdadero” que sigo viendo como urgente para que este país avance y no pierdo la esperanza de que se logre dentro de varias generaciones porque eso no se construye en seis años).
            De manera que cuando alguna persona a la que estimo empieza a insinuarme que quiero avalar “el fraude” (esa palabra que por haber mezclado tantas cosas ya significa todo y nada) y me imagino que el siguiente comentario dirá que soy parte de “la mafia en el poder”, “amigo de Salinas de Gortari” o “miembro del grupo Atlacomulco” –es broma, creo que también el humor puede salvarnos de la depresión postelectoral- pues ya veo claro que no debo continuar por ese camino porque no se me ha comprendido nada.

1.-Antes: crónica de un regreso anunciado.

            El proceso de polarización que hoy vivimos empezó desde hace seis años, por un lado con el mito del fraude que jamás pudo probar AMLO y que se basó en mentiras que por supuesto, sus seguidores jamás van a aceptar: la mentira de que “sus encuestas” lo ponían 10 puntos arriba de Calderón unos días antes de las elecciones cuando ya estaban en empate técnico, la mentira de la noche de la elección en que afirmó “que sus datos” le decían que había ganado por 500,000 votos de diferencia y que “con todo respeto” exigía al IFE que avalara ese triunfo, la mentira del “fraude cibernético” y el “algoritmo” maldito que también fue desmientida técnicamente, la mentira del “fraude a la antigüita” basado en el video de una casilla donde supuestamente se rellenaban votos ilegalmente y que también fue desmentida por su propio representante de partido en la casilla, etc. etc.
            Por este lado, la terquedad en sostener el supuesto fraude lo llevó a todo el asunto de la “presidencia legítima” y el desconocimiento del “espurio”, la tensión en la que apenas pudo tomar posesión Calderón, la negativa sistemática a reconocerlo y negociar desde la legitimidad de tantos millones de votos obtenidos y de ser la segunda fuerza en la cámara de diputados, una agenda de izquierda e incluso posiciones de gente de izquierda en el gabinete, en fin, lo llevó a forzar a la izquierda a desperdiciar su triunfo y convertirlo en derrota. Lo llevó a orillar a Calderón a pactar con el PRI con el consecuente fortalecimiento del partido de los dinosaurios que hoy regresará a gobernar el país, entre otras cosas, gracias a que la izquierda lo fortaleció y le dio el poder para “vender caro su amor” al gobierno hoy saliente.
            Pero por el otro lado, en el polo opuesto la historia también comenzó hace seis años cuando a Peña Nieto o a alguien del PRI se le ocurrió que él podría ser la figura –en el sentido más estricto de la palabra- que los llevara de regreso a Los Pinos y empezaron a construir la imagen del “rock star” que el domingo pasado ganó las elecciones y será el presidente de México los próximos seis años. En todo este período, el PRI se dedicó a presionar al gobierno federal panista para sumarse a algunos acuerdos e iniciativas que garantizaran la gobernabilidad y algunos avances –aunque insignificantes, mejores que la parálisis total- y a producir y vender, gracias a contratos millonarios con los medios, sobre todo con las televisoras y en especial con Televisa, un producto llamado “Enrique Peña Nieto”. Este producto-personaje tuvo la habilidad de ir reconstruyendo la unidad entre los “señores feudales” gobernadores de su partido que aún son mayoría en México, un gran porcentaje de los llamados “poderes fácticos” y los diferentes sectores de su partido que vieron en él la posibilidad de recuperar el poder a nivel federal.
            Al mismo tiempo, en el PAN se hizo realidad la maldición atribuida creo a Castillo Peraza, de “ganar el poder y perder al partido” debido a dos errores que considero fundamentales: por una parte, hacia su interior, se privilegió el pragmatismo de buscar la conservación del poder por encima de los principios democráticos que siempre habían caracterizado a acción nacional y por otro, en el ejercicio del gobierno, desde Fox hasta Calderón con estilos distintos, se evadió la responsabilidad de desmantelar el viejo sistema corporativo priista contra el que se había combatido y se trató de hacer una copia, una mala copia de este mismo sistema “empanizado”. Es así que el partido se dividió y no formó a los cuadros y liderazgos fuertes que pudieran garantizar los relevos y además se desgastó frente a una ciudadanía que esperaba que la alternancia trajera una verdadera alternativa de gobiernos distintos y que vio con desilusión repetirse la misma historia de siempre.
            En particular el gobierno de Calderón se cerró en privilegiar la lealtad y la incondicionalidad sobre la eficacia y  se empeñó en una estrategia equivocada contra el crimen organizado que generó una escalada de violencia  a la que aún no se le ve salida y que se posicionó como la principal prioridad y elemento de evaluación del sexenio, dejando de lado muchos otros frentes, incluyendo aquellos donde hubo avances y logros.
            Esta combinación explosiva no podía tener una llegada tersa al proceso electoral que se inició con un candidato empeñado en el mito del fraude, un candidato artificialmente construido y con el pecado original del despilfarro de recursos para su posicionamiento mediático y una candidata con la doble debilidad de ser, simultáneamente la oposición al candidato del presidente y al mismo tiempo, la representante de la continuidad de su muy cuestionado gobierno.

miércoles, 6 de junio de 2012

10 preguntas por la educación: O la necesidad del encuentro entre política, acción y conocimiento.


I

Te llega un tuit pidiendo tus datos para mandarte una invitación para un evento educativo relacionado con el movimiento “Por la educación” con el que has participado de manera no continua desde su inicio. Envías los datos.
Durante el proceso de invitación hasta la confirmación y concreción de tu asistencia, hay correos electrónicos y llamadas claras y amables. El encuentro suena bien, un foro donde se planteen a los cuatro candidatos a la presidencia diez preguntas concretas sobre la plataforma de “Por la educación” para que las respondan de manera puntual y asuman compromisos frente a la sociedad civil. Tú estás invitado en carácter de “experto” o “especialista” en el campo educativo, no por tu institución sino por tu trayectoria. Suena halagador. Gestionas el asunto y aceptas.

II

Llegas al DF después de tres horas de autobús. Estás relativamente cerca, hay que tomar un taxi, de esos que por ser seguros te cobran casi como el autobús desde Puebla por un tramo corto de recorrido. Lo abordas y llegas al hotel sede. Primero hay que registrarse, llevas tu gafete recibido por correo electrónico hasta enmicado, impreso en tinta láser como se pidió. Lo entregas en la mesa de registro, toman el código de barras y amontonan el elegante gafete en una pila con muchos más que están apenas impresos en una hoja sin doblar, quizá no en láser sino en tinta normal, en fin, te dan a cambio el gafete oficial. Hay que pasar arcos detectores de metales en un filtro de seguridad antes de subir al área de salones. Hay “guaruras” de traje negro y “chícharo” en el oído por todo el hotel. Subes las escaleras eléctricas. Es temprano, ves si ya está el café pero aún no, llegas al salón y en la puerta te escanean el código de barras de tu gafete para entrar. De inmediato te dice una persona: “usted viene de la UPAEP, ¿Verdad? Nos va a acompañar en las sillas de arriba. En un rato los llamaremos”. Te indica que puedes sentarte en la primera fila que está reservada. Finalmente no podrás hacerlo porque el que cuida esa fila no te lo permite argumentando que es para la gente de “embajadas”. Esperas.
Encuentras en el público gente conocida, te pones a charlar mientras tanto. Además de los saludos el tema es la sorpresa desagradable, para algunos –seguidores suyos- decepcionante, de que Andrés Manuel canceló su participación. De Quadri que envió solamente un video no se extraña nadie. De aquí no iba a salir bien librado por el tema, las preguntas, los convocantes y su dependencia de “la maestra”.

III

Hacia las 10:40 te llaman para subir, en el escenario hay veinte sillas transparentes colocadas viendo hacia donde se encuentran los dos sillones blancos donde se sentarán la moderadora y el candidato que participe. Parece una especie de jurado que dará su veredicto al final del evento. Dos cosas te llaman la atención: primero, que las sillas están colocadas de tal forma que tendrás que estar todo chueco para poder ver lo que pasa en el centro del escenario además de que te van a tapar los que sentaron a tu derecha. La segunda es que hay muchas damas como de organizaciones civiles –predominantemente chilangas por el aspecto y el estilo- y ningún académico en esas sillas. Todas las señoras –luego llegarán varios señores- parecen conocerse entre sí de muchos años y se tratan con gran familiaridad, a ti te saludan y ya. Más cerca de la hora de inicio, suben a tu lado izquierdo a Gilberto Guevara Niebla, exlíder estudiantil del 68, exsubsecretario de educación básica, editor de la revista Educación 2001…”vaya –piensas- al fin alguien que ubico como experto en educación”. Entablas una breve conversación con él, te obsequia amablemente un ejemplar de la revista.
Las sillas aún no se llenan, escuchas a alguien que dice: “Don Pedro quiere sentarse aquí arriba…¿qué hacemos?” Le responden quitando el nombre de una invitada de una de las sillas y diciéndole que lo invite a pasar ahí. Piensas: ¿Qué motivación puede tener alguien por sentarse aquí si no vamos a ser más que testigos igual que los demás pero más incómodos?
Beatriz Paredes ha ingresado al salón sin seguridad ni gran comitiva pero sí saludando a mucha gente y haciéndose notar. Ocupa una silla en primera fila. De pronto se ve movimiento en las afueras del salón, ya viene Peña Nieto.

IV

Poco después de las once inicia el evento, bastante puntual, el candidato se ha entretenido en el camino para saludar a un par de personas sentadas entre el público y finalmente llega a ocupar su lugar. Se sienta junto con la moderadora. Los de las sillas no sabemos cómo actuar, alguien comentó que no se podía aplaudir para no parecer que apoyamos a alguno de los candidatos, de manera que ante el desconcierto se ponen de pie dos señoras de atrás y los demás nos quedamos sentados inmóviles. Peña ocupa su asiento, se le ve tenso, con ojeras de cansancio y la voz ronca seguramente de tanto hablar en eventos públicos masivos. Descubre de pronto a Paredes, la saluda con una emoción calculadamente espontánea desde lejos, ella le responde desde su lugar. El candidato está tenso, la moderadora se ve tensa, los de las sillas estamos tensos, el ambiente en general es de tensión. Con el candidato llegaron otros a ocupar las sillas que faltaban. Distingo a David Calderón, director de “Mexicanos primero” y a Ricardo Raphael, escritor y periodista que ha investigado sobre Elba Esther Gordillo y es un actor importante en el movimiento “Por la educación”. Bueno, otros dos que están en el campo de la investigación y reflexión educativa, piensas para consolarte ante la ausencia casi total de investigadores educativos en el evento.

V

Empiezan las preguntas. EPN asume su estrategia habitual, “dénme un punto de apoyo y me echaré un rollo” (Guillermo Hinojosa dixit) parece ser la máxima. Empieza a hablar mucho sin decir nada. En el transcurso de la entrevista la moderadora le irá diciendo continuamente: “si entendí bien, lo que ud. Respondió fue…”, “es muy interesante lo que dice pero esa no era la pregunta…”, “Entonces, concretamente, respondería que sí o que no a esta pregunta”, acorralándolo de tal modo que la participación completa dura casi cincuenta minutos menos de lo planeado en el programa. A varias preguntas el candidato priísta responde solamente: “En concreto, sí” ante la risa del público. Es preocupante la falta de conocimiento que muestra sobre el tema educativo. Se apoya continuamente en términos como cobertura y calidad para remachar sus buenas intenciones en lo educativo y en el uso de “palabras mágicas”, casi muletillas como “democrático, “democratización”, “democratizar”. A pesar de que se les enviaron las preguntas con antelación, el candidato muestra –y la moderadora, Dra. Blanca Heredia – lo hace explícito, que no conoce el decreto de 1946 que se le está preguntando si derogaría. Un decreto que otorga al sindicato facultades que corresponden al gobierno y que han llevado al gobierno a perder la rectoría del sistema educativo ante el poder creciente del SNTE y su dirigente vitalicia.
Preocupante también que se manifieste en su visión que con inyectar más recursos a las escuelas y dar computadoras a los alumnos va a mejorar la calidad. Muy preocupante que diga que ya existen los mecanismos de transparencia de los recursos y que en todo caso hay que mejorarlos o que en los temas sindicales plantee una postura de dejar las cosas como están. Lo único rescatable es su insistencia en alinear los incentivos de los docentes hacia el desempeño de los estudiantes, cosa que ya se está intentando pero que sin las reformas estructurales que él plantea no encabezar, resulta inviable.
Termina de la manera más airosa posible, con respuestas de monosílabos al final y agradece la invitación. Eso sí, se levanta y pasa a despedirse uno a uno de los invitados que estamos en las sillas a quienes en su mayoría no conoce, salvo a Marinela –Servitje- , a quien se dirige por su nombre y le dedica más atención y tiempo.

VI

La cancelación de dos candidatos –Quadri y AMLO- hace que quede un amplísimo receso al mediodía. Regresamos a las 16:30 al hotel sede después de comer. Sigue habiendo personal de seguridad con traje negro y “chícharo” al oído, sentados por las salas del hotel, en las cafeterías y el lobby pero es notable que ya desaparecieron los arcos magnéticos y el filtro de seguridad del acceso a la escalera de salones. En su lugar, solamente dos guardias están al pie de la escalera y le preguntan a algunas personas a qué evento se dirigen. Subes la escalera, estás otro rato en el área común externa a los salones y entras al salón del encuentro. Otra vez el escaneo del código en tu gafete. Te habían dicho que para la tarde se iban a “turnar” los que subieran a las sillas “del jurado” y tú ya no serías requerido, pero lo primero que te dicen al entrar es: “Señor, ¿nos acompaña nuevamente en las sillas de arriba? En un rato lo llamamos.” Nueva espera.

VII

Te vuelven a llamar. Guevara Niebla se ha ido y Ricardo Raphael ya no regresó. El único que volverá a subir es David Calderón que viene con el comité de bienvenida de la candidata. Se incrementa el número de señoras de organizaciones civiles en las sillas y aún así están sin ocupar como la mitad. Algunas de las que se ve que dirigen, empiezan a decir: “que suba sutana”, “ya le dije a fulana que suba para que no se vea vacío aquí”, etc. Don Pedro vuelve a llegar y pregunta en qué lugar le toca ahora. Hacia las 17 hrs. Se ve nuevamente el movimiento afuera del salón. “Ya llegó”, dicen algunas de mis vecinas. La nube de reporteros cubre al grupo que viene como comitiva de la candidata del PAN. Ella ingresa al salón acompañada de Santiago Creel, la Sra. Isabel Miranda de Wallace, Miguel Székely –su exsubsecretario de educación media superior-, Rogelio Gómez Hermosillo –excolaborador en SEDESOL, en el programa oportunidades- y otras personas, además del comité de bienvenida del encuentro. Ella tarda mucho más en llegar al escenario. Conoce a mucha gente de la que está en el público y se detiene a saludar sonriente, relajada. Alcanzas a escuchar que dice: “Qué bueno es estar entre amigos”.

VIII

En efecto, la “vibra” que se siente es totalmente distinta a la de la mañana. Todo es más relajado, hay sonrisas, calma, acogida. Ella se adueña del espacio con facilidad. Llega a ocupar su lugar en el sillón. Se dirige a los que estamos en las sillas transparentes para saludarnos de lejos: Buenas tardes a todos. Se sienta y empieza el ejercicio de nuevo.
Es notable el cambio no sólo en el ambiente sino en el ritmo de la conversación. Vázquez Mota fue secretaria de Educación Pública y lo demuestra –sería el colmo que no- en sus respuestas detalladas, apuntaladas por datos duros o por anécdotas de su gestión como secretaria y otras más bien personales que en varias ocasiones estorban para seguir sus propuestas, como estorba el tono de declamación o de charla se superación personal que adopta en algunos momentos en que quiere además de responder a las preguntas, dejar alguna moraleja edificante en el auditorio. Es notorio además su conflicto interno entre la visión de género que ha construido para su discurso político y la visión tradicional sobre el rol de la mujer en el hogar que trae impresa en la conciencia. Después de una afirmación sobre la equidad entre hombre y mujer se asoma siempre una anécdota o ejemplo que plantea a la mujer como ama de casa tradicional y contradice el discurso previo.
Se le escucha con atención. Está entre amigos. Eso de no aplaudir parece que era en la mañana porque ahora es interrumpida por aplausos después de varias de sus respuestas, aplausos entusiastas incluso de algunas de mis vecinas de silla que al verme a mí y a algunos otros impávidos tomando nota, se preguntan entre ellas: “¿Qué, los que estamos arriba no podemos aplaudir o cómo era el protocolo?”. No se responden, sonríen y dialogan entre ellas incuso a media respuesta de la candidata.
En algún momento del desarrollo del diálogo una expresa: “Ya me aburrí. Está demasiado largo esto”. En otro momento empiezan a inquietarse porque la moderadora olvidó hacerle una pregunta a la candidata. “No se la preguntó”, se corre la voz. Piden una hoja, escriben en ella, hacen que uno de los pocos hombres que estamos en las sillas le entregue la hoja a la Dra. Heredia.
Josefina se explaya. En materia educativa responde muy claramente y con fuerza a las preguntas clave: Derogar el decreto del 46, cambiar la carrera magisterial, revisar el federalismo para que haya más transparencia, “decirle adiós a Elba Esther”, convertir la alianza por la calidad de la educación en ley, no ceder a chantajes en lo referente a la evaluación, transparentar toda la información (dice que ese sería el punto que realizaría si solamente pudiera hacer una cosa por la educación porque así cambiarían muchas cosas), dar más autonomía a las escuelas, etc.
Se atora solamente cuando le preguntan por qué no logró hacer esto que dice cuando fue secretaria, habla del poco tiempo que estuvo y de que se fue porque no se doblegó frente a la maestra Gordillo pero evade hacer crítica a la falta de apoyo del presidente para haber logrado consolidar estas propuestas. El atorón más fuerte es precisamente cuando le preguntan si no tuvo suficiente apoyo de Calderón o si el gobierno federal está hoy cediendo a los chantajes que ella cuestiona.
Termina su participación. Un gran éxito. En vez de venir a las sillas a despedirse, la mayoría de los de las sillas van a ella y la acompañan. Bajas discretamente los escalones y vas hacia el público. Hay fila para tomarse foto con Creel, sobre todo de mujeres, jóvenes y adultas. El mismo Székely toma un par de ellas por petición de las interesadas –gajes de no ser popular-, en el sonido se anuncia que agradecen la asistencia al evento y que no olviden entregar su hoja de evaluación a la salida. Te alegras. Ya nos ahorramos el video de Quadri y podemos regresar a Puebla menos tarde. Emprendes el regreso.

IX

En el camino sientes y piensas. Sientes que estuviste en un ejercicio democrático imperfecto pero muy interesante y por desgracia poco habitual en el México cupular. La ciudadanía organizada planteando una plataforma, una agenda de reformas estructurales que implican todo un cambio en nuestra cultura educativa y en la cultura política nacional corporativa. La sociedad civil llamando a los candidatos a la presidencia a comparecer ante ella y a decir lo que piensan de esta agenda, a establecer compromisos que serán seguidos y evaluados. Algo inédito y muy necesario. Estás totalmente de acuerdo además con los elementos de esta plataforma de “Por la educación”. Fue un privilegio estar hoy aquí, piensas y sientes, pero hay un hueco, algo faltó. En el entramado que se construye entre la acción social representada por las doscientas organizaciones convocantes y la política, representada aquí por los candidatos presidenciales, hizo falta, hace falta un tercer elemento: el conocimiento sobre la educación, que tendría que estar representado con mucho más fuerza y dinamismo por los académicos del campo que hoy, salvo contadísimas excepciones, estuvieron ausentes. Tal vez por eso tuviste todo el tiempo la sensación de que esa grada con sillas no era tu lugar. 

México, D.F. 4 de junio de 2012

domingo, 13 de mayo de 2012

WILLY CABELLO: UN REPARADOR DE SUEÑOS.



“¿Quién, recordándote un día,
te envolverá en poesía
y al tiempo ha de contar?”
Pablo Milanés

            Guillermo Cabello fue, como todos los seres humanos, una persona con muchas personalidades o una personalidad de múltiples personas. Empezando porque era Guillermo, plenamente y oficialmente Guillermo, pero era sobre todo Willy, entrañablemente Willy, admirablemente Willy, impredecible pero siempre creativa y solidariamente Willy. Pero además fue, en la escena, el líder de los hombres grises de “Momo” o un payaso alburero como Brozo (cuando apenas empezaban…Brozo y también Willy en Puebla, en el primer local de “A trasluz” allá por El Carmen) o muchos otros personajes que mostraron a todos su enorme calidad actoral a pesar de que él dijo siempre que la actuación no era lo que más le gustaba en el teatro, porque era, de vocación, director.
            Y más allá de sus papeles en el teatro, Willy fue una persona de múltiples facetas. Los que tuvimos el privilegio, el don de conocerlo de cerca, sabemos que era el director de teatro, pero también el Ingeniero Químico que dejó la industria para volcarse en el escenario, pero que conservó siempre el gusto por la ciencia, por la búsqueda de comprensión de la naturaleza y el rigor de quien sabe planear procesos y producir, producir más que procesos químicos, procesos de alquimia, de magia dramática que lograba hacer vibrar con lo humano a todos los que presenciaban sus obras teatrales universitarias o profesionales independientes.
 Sin embargo, era también el profesor creativo y riguroso que lograba apasionar al estudiante con sus cursos de integración en la ibero y al mismo tiempo era el amigo incondicional, siempre ocupadísimo pero siempre cálidamente presente –poniéndose alegre con un refresco de naranja al mismo tiempo que los amigos crecían en alegría con el vino o la cerveza durante una cena en la que se contaba siempre con su pasión por la vida- y era también el cubano más mexicano, el ciudadano preocupado por la situación social de su país -del país que lo acogió desde su primer año de vida y al que dedicó todo el resto de su vida- y el cuidadano del mundo que asumía el compromiso con la naturaleza, con la diversidad y la tolerancia; y el esposo comprometido con la apuesta que hizo con Luisa y el profundo creyente sin religión formalizada, el espíritu en búsqueda de trascendencia en el arte, en la docencia, en el matrimonio, en la vida misma. Ese era Willy: un hombre multifacético, pero al mismo tiempo una persona de una sola pieza.

            1.- Un hombre extraño.
“Era extraño aquel hombre,
o por tal lo tomaron,
porque besaba todo
lo que hallaba a su paso.”
Silvio Rodríguez

            Era extraño ese hombre o “por tal lo tomaron”, porque una vez siguiendo la voz de su llamado interior, abandonó un trabajo “normal” de ingeniero, renunciando a una vida “normal” de profesionista para buscar al hombre que llevaba más adentro, el que quería expresarse por medio del teatro, el que buscaba realizarse creando.
            Era extraño sin duda, ese Willy que prefería pasar los fines de semana ensayando en su espacio teatral en vez de descansar o ver el futbol o ir de día de campo como cualquier otro “ciudadano normal”. Era extraño ese Willy exigente con la calidad de sus obras, cuidando hasta el mínimo detalle para hacer de cosas tan simples como una caja de madera o la leyenda de un fantasma, eventos memorables, momentos en que la belleza visitaba las almas de los espectadores, propuestas conceptuales, invitaciones a la reflexión, sacudidas de conciencia, mensajes de ternura o esperanza, motivos para llorar o reír, para llorarse o reírse de uno mismo, que era al fin y al cabo el personaje central de sus obras: el ser humano concreto que soy yo, que eres tú, que podemos ser en cualquier circunstancia todos nosotros.
            Era extraño ese hombre que “no esperó hasta mañana, a llenarse de canas y el honor esperar”, como dice Milanés en una de sus canciones.


“¿Quién se atreve a preguntarse
si has puesto de tu parte
o te nació enseñar?

¿Quién te dirá agradecido:
“Tu ciclo está cumplido,
me acabas de formar?”
Pablo Milanés
           
“El teatro como participación viva”, esa era si mal no recuerdo la materia que Willy impartió durante muchos semestres desde su llegada a la ibero de Puebla. Su evaluación era siempre positiva, destacable entre todos los demás profesores del área de integración, porque Willy era un profesor de nacimiento, alguien que tiene la vocación de guiar a otros hacia su autodescubrimiento progresivo. Si como bien dice Savater: “la principal asignatura que se enseñan los hombres unos a otros es, en qué consiste ser hombre”, el nombre de su materia era lo de menos, porque Willy era un maestro de los que saben promover esa búsqueda personal, ese descubrimiento de lo humano que hay en cada estudiante, ese proceso de indagación que hacía a todos sus estudiantes ir comprendiendo progresiva y seriamente, con profundidad, “en qué consiste” ser humano.
            Este trabajo docente de excelencia no estuvo exento de polémicas y discusiones. Porque Willy era en el aula igualmente exigente que en el escenario. No consentía la flojera, la irresponsabilidad o el capricho y era riguroso en su forma de trabajar y de evaluar el trabajo de los estudiantes. Pero a pesar de ello sus cursos se llenaban siempre y se enorgullecía de nunca pasar lista, porque los estudiantes asistían a sus clases por el gusto de aprender y lo significativo que sucedía en cada sesión coordinada por él.


            3.-“Luchador social”.

“Hay un país en rocas y ruinas bajo otro país de pan”
Silvio Rodríguez

            Amando a su país adoptivo y sin haber podido nunca conocer su tierra natal, Willy fue siempre un “luchador social” desde el arte, alguien que mostró que el compromiso social, la opción por los que menos tienen y la búsqueda de un México más justo y fraterno pueden vivirse desde cualquier ámbito del quehacer humano. En su caso era el teatro el vehículo de transformación social. Sin hacer concesiones fáciles en las que la ideología se pusiera por encima del arte dramático, Willy puso siempre un interés especial en producir y dirigir montajes que generaran cuestionamientos, tomas de postura, planteamientos profundamente humanos sobre la complejidad de las desigualdades y los vicios de nuestra sociedad, de nuestro país “en rocas y ruinas” que no deja que emerja el “país de pan” para todos.
            Además de mostrar este compromiso social en la selección y el enfoque mismo de sus obras, Willy luchó toda su vida por la viabilidad de un teatro independiente, al margen de los intereses económicos y comerciales que obstaculizan muchas veces la creación libre y el arte auténtico, y buscó también que sus obras profesionales y universitarias, pudiesen presentarse en lugares y para públicos que normalmente no podrían tener acceso al teatro.

            4.-Trabajador de la libertad.
La libertad es el pan de nuestros días
y el ansia de tenerla
se ha tornado en machete para amarla.

También se provocan estampidas,
se tiran piedras, se gana y se fracasa,
pero se hace y no se deja de hacer”.
Pablo MIlanés

            Willy amaba y defendía la libertad, “provocando algunas estampidas”; la amaba y la defendía no como un terrorista o un guerrillero intransigente sino como un trabajador y constructor, constante y paciente, de espacios desde, de y para la libertad de creación y expresión.
            Su teatro fue algunas veces cuestionado por quienes concebían el arte como instrumento de moralización. Pero para Willy el teatro debería presentar la vida tal como es, sin intentar dar mensajes y orientación moral, sin contener moralejas indoctrinadoras. Porque la vida misma cuando está bien reflejada en el espejo del escenario, es ya moralizante en el sentido de que “da qué pensar” y da “qué sentir” sobre la búsqueda y el sentido de la propia existencia y sobre el sentido del caminar humano en la tierra de la historia.
            Desde esta perspectiva, el teatro de Guillermo Cabello fue siempre profundamente moral: porque no era ascéptico, superficial o falsamente neutral, sino que removía lo profundo de la humanidad de los espectadores. Lo era también en el sentido que le da Adela Cortina, al trascender la visión de lo moral o lo inmoral y hablar de situaciones de “alta moral” o situaciones de “desmoralización”. Porque el teatro de Willy ayudaba siempre a elevar la moral individual y comunitaria, es decir, a incrementar el deseo de vivir humanamente en todos los que se exponían a sus efectos con apertura y honestidad.
            Por eso, sin estridencias ni confrontaciones estériles, no con provocaciones sino con argumentos sólidos –que tenían detrás una muy buena teoría del arte-, defendió la libertad creatica y construyó en el teatro independiente y universitario, espacios reales de libertad efectiva.

5.-Amigo mayor


“Amigo, sí, es también quien me soporte,
pero amigo mayor es quien me ampara.”
Silvio Rodríguez

            Amigo mayor, eso fue Willy para quienes podemos decir que fuimos bendecidos con el signo de Dios que era y es su amistad. Amigo mayor, amigo con mayúsculas, eso fue Willy que no necesitaba decir muchas palabras al respecto porque bastaba con su ser y estar en cercanía, bastaba con su optimismo y esperanza contagiantes, bastaba con su reflexión crítica en el momento oportuno, eso bastaba.
            Un amigo mayor es quien me ampara y Willy nos amparaba con su calidez, con su risa y su eterna disposición a la esperanza, con su enorme y silencioso compromiso, con su testimonio de ser humano consistente.
            Como bien dice Silvio, el amigo es quien “descorre las nubes de mi mente” y se vuelve “manantial en mi desierto” y eso fue Willy siempre como amigo, un manantial donde siempre era posible refrescarse de vida, un lúcido compañero de viaje en la vida, capaz de hacernos ver, con su arte en el escenario pero también con sus palabras analíticas fuera del teatro, las nubes ocultas de nuestra mente.

            6.-Reparador de sueños.

“…Siempre con sus herramientas
de aflojar los odios y apretar amores.

Siempre apartando piedras de aquí,
basura de allá, haciendo labor.
…trocando lo sucio en oro”
Silvio Rodríguez

            En síntesis, es indudable que se puede afirmar que Willy Cabello fue en su vida un “reparador de sueños”. Sabiendo que “el problema vital es el alma”, conciente de que “el problema es de resurrección”, Willy eligió el teatro como una herramienta para “aflojar los odios y apretar amores” entre los seres humanos. Apartando las piedras de la incomprensión, de la superficialidad, del consumismo y el comercialismo ciegos, logró siempre “hacer labor”, a pesar de las dificultades que enfrentó al trabajar con grupos humanos siempre frágiles y sujetos al conflicto, para trocar “lo sucio en oro”, para convertir los elementos más simples y económicos en una escenografía o en una iluminación espectaculares, para trabajar con las limitaciones de cada ser humano y lograr extraer desde allí lo mejor de la humanidad de cada actor, de cada estudiante, de cada miembro de su equipo en el breve tiempo en que fue director del Centro de Integración Universitaria, de cada amigo que le rodeaba, para convertir las miserias humanas y la indigencia humana en un motivo para la reflexión y para el reencuentro a partir del montaje de un buen texto dramático, para transformar también el lado oscuro de los seres humanos en un motivo para la risa y el buen humor que reavivaran la esperanza.
            Un reparador de sueños de vida que luchó hasta el final por su propia vida y dio testimonio hasta el último día, de su pasión por vivir.
“Al final de este viaje
en la vida quedará
nuestro rastro invitando a vivir…”
Silvio Rodríguez

            Este fue Willy Cabello, o estos fueron algunos de los Willys que yo conocí. Al final de su viaje por la vida, queda en mí y en muchos otros de los que lo conocimos, su profunda, apasionante y esperanzada invitación a vivir, a vivir humanamente, plenamente, buscando que cada día sea un pretexto para “aflojar los odios y apretar amores”, que cada acción convoque a que “venga la esperanza de cualquier color”. “Por lo menos por eso es que estoy aquí” diría sin duda Willy si estuviera…quiero decir, afirma sin duda Willy que está “resucitadamente” presente.

Junio 19/ 2007







lunes, 23 de abril de 2012

La caza, el rey y la educación en valores.

            El incidente que protagonizó el rey Juan Carlos I de España al fracturarse la cadera en un safari de caza de elefantes en África desató una ola de comentarios en las redes sociales que vale la pena comentar porque reflejan la distorsión de la capacidad de valoración de nuestra sociedad en aras de una supuesta conciencia ecológica.
            Llamó especialmente mi atención que cuando los medios españoles serios analizaban el asunto desde puntos de vista complejos relacionados con la situación política española ante el reciente escándalo de presunta corrupción de su yerno, Iñaki de Urdangarín o el señalamiento de  “falta de sensibilidad y ética” del monarca al realizar este viaje cuyo costo es mucho más alto que lo que ganan la mayoría de los españoles en estos momentos de crisis y recortes al gasto social, los comentarios en Facebook o en Twitter se centraran en descalificaciones al rey por haber matado a un “indefenso animal”.
            Es indudablemente valiosa la conciencia ecológica que se está generalizando en nuestra sociedad pero esta conciencia es aún muy superficial y poco crítica y ha distorsionado nuestra escala de valores.
            En efecto, la visión que ha permeado en la sociedad es la de un ecologismo romántico que lleva a considerar el respeto al medio ambiente como la defensa de todos los seres vivos sin hacer ninguna distinción entre ellos. Esta visión distorsiona la forma de valorar colectiva y llega a extremos como los que vemos en países desarrollados donde existen hoteles de lujo para mascotas mientras millones de personas siguen viviendo en la pobreza.
            Una auténtica educación en valores hoy, debe considerar la formación de una conciencia planetaria, pero debe hacerlo desde una visión compleja, crítica y profunda enfocada en la visión de desarrollo sustentable que prioriza la dignidad humana y la equidad social y no en un ecologismo sensiblero y cómodo que se reduce a la defensa emotiva de la naturaleza.

*Publicado en el diario Síntesis, Puebla, 22 de abril de 2012.

lunes, 9 de abril de 2012

La Educación es para siempre.

*Artículo publicado en la revista Mirada. Del centro de espiritualidad y desarrollo humano de los jesuitas en Guadalajara. Año 2008.

“Un profesor afecta la eternidad.
 Nunca sabe hasta dónde llegará
 su influencia”.
            John Henry Adams.


"Nada está edificado sobre la piedra,
todo está edificado sobre la arena,
 pero nuestro deber es edificar como
 si fuera piedra la arena".
Jorge Luis Borges



1.-“El futuro ya no es como antes era”[1].

La educación es una actividad que construye futuro, apunta siempre hacia el futuro. Se educa a las “futuras generaciones”, en la escuela y la universidad se forman los “futuros ciudadanos”.
La sociedad confía al sistema educativo la formación de las personas que constituirán su porvenir. Es por ello que se ha dicho que la educación “es la profesión de la esperanza[2]” o que para ser educador “es necesario ser optimista”[3].
            Mirando esta situación  con una perspectiva de mayor alcance, diríamos que la educación es una actividad que apunta hacia la trascendencia, que busca generar los elementos indispensables para que la especie humana no solamente pueda sobrevivir, sino que se desarrolle y trascienda. La educación ha sido, es y será, una actividad que apunta al futuro con visión de “siempre”, con pretensiones de eternidad.
            Sin embargo, la sociedad actual es una sociedad que se encuentra encerrada en el hoy, una sociedad que por estar en una severa crisis de futuro, es incapaz de pensar en lo permanente, en lo trascendente, en el “siempre” y se conforma con la diaria supervivencia.
 ¿Qué pasa con la educación cuando la sociedad  se encuentra en una crisis de futuro como la actual?  ¿Cuál es la perspectiva que puede ayudar a que la educación aporte elementos de nueva esperanza y una visión renovada de futuro y  permanencia?
¿Cuáles son los retos educativos que enfrentamos hoy para formar personas con visión de futuro y capacidad de “siempre”?
            De estas preguntas tratará de ocuparse nuestra reflexión. Intentaremos señalar una perspectiva que podría destrabar el proceso de búsqueda de lo permanente y recuperar la visión de “siempre” en la educación. Procuraremos también plantear los desafíos educativos que esta realidad presenta y formularlos como líneas de trabajo que la familia, la escuela y la universidad tienen que emprender si quieren contribuir a la construcción de un cambio de mentalidad, de ánimo y de acción en la sociedad actual.
            Hace algún tiempo, en la revista semanal del periódico español “El País”, apareció un artículo que se titulaba: “¿Cómo sería la tierra sin los seres humanos?”.  El planteamiento inicial del autor era que hace algunas décadas, hubiese sido impensable escribir un artículo con esa pregunta como título. Pero el periodista sostenía que hoy por hoy, no es improbable que pueda darse este fenómeno de un planeta tierra sin seres humanos, dada la crisis ecológica en curso y el potencial de armamentos de destrucción masiva existentes en el planeta.
            El ejemplo del artículo es pertinente para ilustrar que vivimos hoy en un mundo marcado por la incertidumbre. “El futuro se llama incertidumbre” dice el pensador francés Edgar Morin[4] y por ello es cierta la afirmación de que “el futuro ya no es como era antes”. El futuro del mundo de nuestros antepasados era un futuro cierto, predecible, de algún modo estable y esperable.
            El futuro de la humanidad del siglo XXI es por el contrario, un futuro incierto, inseguro, impredecible, dinámico y cambiante. Este futuro no es necesariamente esperable, puesto que no solamente es incierto el tipo de futuro que vendrá, sino que es igualmente incierto el hecho de saber si habrá un futuro para la humanidad en el planeta, tal como lo plantea el artículo citado.
            Este mundo incierto es al mismo tiempo un mundo del exceso y  de la carencia. Mundo de exceso de información y de estímulos que llegan por los medios  y las tecnologías de información y comunicación, mundo de exceso de violencia, de posibilidades de escape o evasión de la realidad. Mundo de exceso de lujo y bienes materiales para unos cuantos. Mundo sobreinformado y sobreestimulado.
            Pero también es un mundo de carencia de comprensión de toda la información disponible, de carencia de asimilación de los estímulos múltiples, de carencia de afecto y solidaridad, de carencia de compasión, de carencia de esperanza y deseo de vivir, de carencia de los mínimos para una vida humana en muchos millones de personas excluídas del desarrollo. Mundo subhumanizado y desmoralizado.
           
2.-“El mundo me da miedo”.

Geografía.
Con estos cubos de colores
yo puedo construir un altar y una casa,
una torre y un túnel,
y puedo derribarlos.
Pero en la escuela
querrán que yo haga un mapa con un lápiz,
querrán que yo trace el mundo
y el mundo me da miedo.
Dios creó el mundo,
yo sólo puedo
construir un altar y una casa.
Salvador Novo.

            El resultado de esta situación social marcada por la incertidumbre es el miedo. La educación que recibimos es una educación de certezas, de respuestas, de normas y valores fijos y estables, una educación que viene “desde siempre” –de la tradición cultural a menudo rígida- y enseña cosas “para siempre” –valores, normas, conceptos, que se supone serán aplicables a cualquier situación y en cualquier tiempo- y por ello es una educación que ya no responde a las necesidades de una sociedad incierta, plural, cambiante.
            En la escuela, como dice el poema, nos enseñan a trazar el mundo –algo que es demasiado grande para nuestra capacidad de comprensión y valoración-, nos plantean leyes inmutables, valores universales, conceptos eternos, y todo eso nos da miedo, porque el mundo de hoy es incierto, cambiante, plural, demasiado complejo para poder ser atrapado en esos conceptos, leyes y valores, demasiado extenso para poder ser dibujado con un lápiz.
            Por eso nos refugiamos en construir nuestros propios altares y nuestra propia casa, nuestros mundos privados que se pintan de respeto y tolerancia pero contienen a menudo indiferencia hacia el sufrimiento de los demás. Porque “bastante tenemos nosotros, con nuestras propias angustias…” como para  “complicarnos la vida” pensando en la situación mundial o nacional, o incluso para ocuparnos de las necesidades del vecino cercano.
            Nos educan en las certezas, nos brindan respuestas, nos enseñan “verdades” absolutas y el mundo de hoy es el de la incertidumbre, el de las preguntas, el del derrumbre de las “verdades” absolutas. Este es el problema central por el que, desde mi punto de vista, estamos hoy generando personas incapaces de “siempre”, imposibilitadas de ver hacia el futuro, de establecer compromisos duraderos, de generar proyectos de vida “para toda la vida”.
            Porque el “desde siempre” del que provienen las verdades, los valores y las certezas que nos enseñan en nuestro proceso educativo es abstracto, rígido y deshumanizado. Se ha convertido en una especie de museo de cera. La tradición cultural desde la que nos llegan esas certezas es presentada  sin la profundidad, la intensidad y la pasión humana que le dieron origen y la han mantenido viva durante siglos. Es un siempre que se nos impone como rígida losa que hay que cargar y no un siempre que no se nos propone como una rica herencia que hay que comprender, conservar y transformar.
            Del mismo modo, el “para siempre” de las leyes, conceptos, verdades y valores que se nos enseñan en la casa y en la escuela, también es un “para siempre” abstacto y desencarnado, un “para siempre” también rígido y deshumanizado, porque se encuentra referido a un “mundo ideal” que no existe, a una “utopía” que se ha derrumbado y en la que ya nadie cree.
 La posteridad para la que se nos educa es una posteridad también vacía, porque nos habla de un “progreso automático” que no es viable, de un “desarrollo” que es incalcanzable e insustentable para todo el planeta. Es un siempre también impuesto y no propuesto, un siempre predefinido, cerrado, al que hay que tender obedientemente y no un siempre incierto, abierto a nuestra participación, necesitado de nuestra creatividad.

3.- ¿Es posible hoy hablar de siempre?

“Murió mi eternidad y estoy velándola”.
César Vallejo. La violencia de las horas

Si como decíamos al principio, la educación es una actividad que construye futuro, si consiste en la “organización de la esperanza”, tenemos que responder afirmativamente. Sí, es posible hoy, en la sociedad de la incertidumbre y la inmediatez hablar de siempre. Es posible hacerlo, pero para ello es necesario que se transforme de manera radical la manera en que concebimos y presentamos el siempre, es decir: el modo en que entendemos y comunicamos el “desde siempre”, y la manera en que entendemos y comunicamos el “para siempre”.
El problema de la educación es, como ya hemos dicho, que se ha concebido al “siempre” como algo impuesto de arriba hacia abajo, como algo ya escrito, algo que no puede cambiar. En un mundo estable como el del pasado, esto no implicaba problema. Pero en un mundo cambiante e incierto, esta concepción cerrada, predefinida y sustentada en el orden inmutable y en la perfección alcanzable, son imposibles de sostener.
Es por ello que para poder educar “para siempre” en el mundo de hoy, es necesario generar un cambio radical en la visión de los dos vectores de trascendencia que constituyen todo proceso educativo: el vector de la herencia (el “desde siempre”) y el vector del descubrimiento (el “para siempre”).
El cambio en el vector de la herencia tiene que ver con la re-humanización de la visión del “desde siempre” del que procedemos como especie humana. Es imprescindible replantear y reforzar en la educación el aprendizaje de la tradición cultural como un fruto de la cooperación y de la creación de seres humanos en búsqueda, como un patrimonio rico y lleno de misterios por descubrir, como respuesta a preguntas que personas y grupos concretos de tiempos y lugares concretos se plantearon para construir desde su presente y  su deseo de trascendencia, un mejor futuro.
El cambio en el vector del descubrimiento se sustenta fundamentalmente en la perspectiva de que somos continuadores de esta herencia viva y que necesitamos apuntar hacia un “siempre” que no está garantizado ni predeterminado, sino que debe ser progresiva y dinámicamente definido por todos los seres humanos a partir del esfuerzo y la creatividad del día a día. Un siempre que no es “punto de llegada” o “mapa acabado” sino “camino por ser abierto” o “brújula” que orienta el esfuerzo cotidiano.
Para este doble cambio, es necesario trascender las visiones de perfección que generan deshumanización y frustración, que nos encierran en la desilusión y la impotencia. Reencontrarnos con nuestra imperfección[5] y nuestra indigencia como seres humanos y aceptarla, para poder, a partir de ella, recomenzar diariamente el camino hacia un siempre que se va definiendo y alcanzando de manera parcial y limitada desde cada hoy sucesivo.
De esta manera, podremos hablar de siempre en una educación que acepte que no es posible –ni humano- hablar de perfeccionar a los educandos sino de acompañarlos en su camino permanente de humanización y que tampoco es viable –ni humanamente deseable- hablar de educar para la construcción del “mejor de los mundos”, pero que es urgente educar para el compromiso con la edificación cotidiana de “un mundo mejor”[6].
Este paso necesario podría sintetizarse diciendo que se trata de un camino desde “el siempre” como ley al “siempre” como horizonte.
De esta manera, como  la “Ítaca” del poema de Kavafis[7], el “siempre” nos sirve para seguir caminando.  Esta es la noción fundamental a promover en los sujetos que se educan, la idea de que es humanamente posible  buscar el siempre, entendido como un desafío permanente y no escrito que nos lanza hacia la construcción de futuro, no porque podamos alcanzarlo, sino porque esta búsqueda nos hará más humanos.
El paso del “siempre como ley” al “siempre como horizonte” es el cambio desde la imposición del  “deber ser” rígido y preestablecido, al encuentro con nuestro “deseo de siempre” que es el más profundo rostro de nuestro humano “deseo de vivir”.

4.- Los retos educativos del mundo de hoy.

"La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo".
Alan Kay

"Materialistas: Prohibido estacionarse en lo absoluto".
Letrero en una calle del DF

            La idea central que puede caracterizar el cambio que aquí proponemos es que necesitamos educar para inventar juntos el futuro, por lo que la “educación para siempre” no se puede sustentar en una visión estática que “se estacione en lo absoluto”, sino en una perspectiva dinámica que se conecte en lo profundo con el deseo de trascendencia que todo ser humano experimenta en su interior y lo dinamice hacia la búsqueda permamente de una mejor vida individual y comunitaria.
            Muchos son los desafíos que este cambio de perspectiva educativa nos presenta. Vamos a describir a continuación los tres que consideramos más importantes.
            Para la construcción de una nueva “educación para siempre” es indispensable educar desde, en y para la imperfección. Los procesos educativos solamente podrán regenerar la visión de futuro y la posibilidad de establecer proyectos de vida  y compromisos “para siempre” si dejan de lado la perspectiva de perfección que los ha sustentado tradicionalmente y que fundamenta la visión del “siempre” como ley, como conjunto de normas rígidas a cumplir y como visión predeterminada de un mundo ideal o una utopía por construir.
            Lo anterior implica que en la formación debe asumirse el conocimiento como un proceso autocorrectivo permanentemente inacabado, sujeto al error y a la ilusión, necesitado por ello de una continua revisión y reconstrucción crítica por parte de todos, puesto que “todo lo que sabemos lo sabemos entre todos”[8].
            Implica también educar en la idea de que el bien humano es igualmente un proceso autocorrectivo y permanentemente en construcción, sujeto también al error y a  la desviación por la prevalencia de intereses personales o de grupo y por la misma indigencia humana, y por ello también necesitado de revisión permanente, pero sobre todo, de capacidad de comprensión, perdón y compasión.
            Porque la educación desde y para la imperfección conduce a la  autoaceptación y a la aceptación de los demás como seres capaces de cometer errores, como seres necesitados de los demás. Esto requiere de una educación de la compasión, entendida no como un sentimiento sino como un “hábito operativo”[9] que nos lleva a la colaboración y la solidaridad.
            En segundo lugar, la “educación para siempre” implica una educación de la disciplina, entendida de un modo constructivo. La educación de la disciplina implica la formación de personas que sean capaces de posponer la gratificación,  de actuar  asumiendo responsabilidades, de dedicarse a la realidad y de buscar el equilibrio en la tensión de la vida.[10]
            La generación de ambientes, presencias y encuentros –los tres elementos básicos en toda educación-  que formen en una sana disciplina es indispensable en un mundo en el que la incertidumbre  se refleja en  ausencia de límites para la actuación de los niños y adolescentes, en incapacidad para responder por las consecuencias de las propias acciones ante una falsa comprensión justificatoria, en evasión de la realidad por la construcción de “realidades” ficticias protectoras y en incapacidad de asumir las tensiones de la vida.
            Posponer la gratificación implica enseñar a los niños desde pequeños a realizar primero las tareas necesarias pero desagradables y dejar para el final las que más satisfacción les producen –hacer la tarea antes que ver la televisión, por ejemplo-, con lo que estaremos construyendo el hábito de concluir los proyectos que inician, que a menudo son abandonados precisamente por dejar lo más desagradable al final.
            Este elemento está ligado a la educación de la responsabilidad. Comprender y aceptar a un hijo o a un estudiante, no implica cobijarlo para evitarle que responda por las consecuencias de sus actos. Por el contrario, el amor verdadero al otro implica ayudarle a crecer en esta capacidad de respuesta.
            Dedicarse a la realidad implica desarrollar el pensamiento crítico, la búsqueda de lo que es verdadero más allá de las apariencias, aunque lo verdadero –siempre provisional, frágil pero verdadero al fin- sea menos agradable que lo que se ha imaginado, aunque la realidad sea menos armónica y menos justa o cómoda que nuestras ideas acerca de ella.
            Estos elementos ayudarán a nuestros hijos y a nuestros educandos a ir descubriendo la tensión permanente e inevitable de la vida y a desarrollar estrategias de búsqueda de equilibrio dentro de esta tensión, sabiendo que no existen la armonía perfecta, la felicidad perfecta o la sociedad perfecta.
            El tercer elemento básico en una “educación para siempre” es la educación en la esperanza razonable. La educación de la esperanza es un elemento inherente a todo proceso formativo auténtico que sin embargo, se ha venido perdiendo ante la desmoralización social, producto de la frustración vivida ante el derrumbe de una esperanza sustentada en visiones ideales y en propuestas de “felicidad perfecta” o de “sociedad perfecta”, imposibles de realizar en el mundo humano real.
            Educar en la esperanza razonable implica superar estas visiones utópicas y formar en la idea de que es posible un mundo mejor en el que siempre habrá problemas, diferencias y conflictos, pero en el que siempre habrá también probabilidades de construir fraternidad, solidaridad y equidad.
            Educar en la esperanza razonable significa pensar, como Morin, que aunque la “misión (de un mundo mejor, de un futuro humano) parezca imposible, la dimisión resulta aún más imposible”.
            Educar es para siempre porque educar implica creer en las posibilidades reales aunque imperfectas de humanización de la humanidad. Conservar esta misión trascendente de la educación implica pasar de la visión del “siempre como ley” a la del “siempre como horizonte” y transformar el sistema educativo para que forme desde, en y para la imperfección,  en la sana disciplina y en la esperanza razonable.
Esto exige la renovación permanente de la convicción educativa que nos lleve a  “edificar como si fuera piedra la arena”, a pesar de que en el mundo de hoy sepamos que “todo está edificado sobre la arena”.
  

[1] Frase de Paul Valéry.
[2] Esta idea es de Xabier Gorostiaga S.J. (1937-2003) sacerdote jesuita, economista, de origen vasco y nacionalizado nicaragüense. Fue rector de la Universidad Centroamericana de Managua,  Ministro de Planificación en la primera etapa del gobierno sandinista después de la revolución y Secretario Ejecutivo de AUSJAL, la asociación de universidades jesuitas de américa latina.
[3] Esta idea la sostiene el filósofo vasco Fernando Savater en su libro: “El valor de educar”.
[4] Morin, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Buenos Aires. Ed. Nueva visión.

[5] Para quien se interese en revisar algo más sobre esta visión de la imperfección humana, se recomienda consulta el libro de Ricardo Peter citado en la bibliografía recomendada.
[6] Este concepto está tomado de Edgar Morin. Al final se recomienda uno de sus libros sobre el tema educativo.
[7] Konstantino Kavafis, poeta griego.(1836-1933). En su poema “Ítaca”, plantea que lo importante no es llegar a esa isla deseada, sino que el viaje “sea largo” y “lleno de experiencias”, pues lo que nos va a enriquecer no es la llegada sino el camino en el que nos haremos más sabios.
[8] Esta frase la escuché de algún conferencista y fue atribuida por él al poeta español Antonio Machado (1875-1939).
[9] Esta idea de la compasión como hábito operativo es tratada por Marina, en el libro que se recomienda al final.
[10] Esta visión de la disciplina está tratada en el libro de Scott Peck que se recomienda al final.


Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...