lunes, 22 de junio de 2015

ECOSER O NO SER... Ética ambiental : una búsqueda encerrada en un mar de historias.


*Reseña de 2005. Inédita.


Lorentzen, Lois Ann.
Ética ambiental.
Colección: “hacia la sustentabilidad”.
UIA Golfo Centro.
Puebla. 2001.

            Un neófito se acerca a esta historia.

            Acercarse a una historia nueva implica siempre un espíritu de aventura, una apertura a lo nuevo, un deseo de encontrar otros mundos aún no conocidos. Acercarse a otra historia requiere muchas veces despojarse de creencias, ideas preestablecidas, juicios aprendidos o elaborados con anterioridad, certezas que son fruto de la propia historia. El acercamiento a otra historia trae consigo por ello, una sensación de inseguridad, de respeto, de cierto temor por lo que se pueda ir descubriendo y sobre todo por lo que se tenga que ir dejando.
            Esta es la sensación del autor al acercarse a esta historia o mejor dicho a este mar de historias que se entretejen en “Ética ambiental” de Lois Ann Lorentzen. Esta fue la sensación inicial, reforzada por el hecho de ser una historia ajena – al menos esa fue la idea inicial – una historia de la que no se ha estudiado prácticamente nada, una historia que se piensa uniforme e integrada y de la que se tienen apenas algunos datos o frases sueltas de oídas o cierta lectura y discusión de “Filosofía para niños” que ciertamente no era de lo mejor del programa o alguna reflexión ética de lo educativo que ha pasado apenas tangencialmente por lo ambiental.
            Sin embargo, lo primero que hay que comentar de este excelente texto es que no es el libro del experto que quiere demostrar cuánto sabe a sus lectores aunque estos puedan no entender nada – que a veces este es el criterio para determinar si un  libro es bueno- sino la invitación y el testimonio de una búsqueda que ha llegado a cristalizar en una verdadera síntesis clara, comprensible, apasionada y apasionante que se refleja en un mar de historias que configuran una historia concreta y compleja: la historia de las “relaciones morales del ser humano con su  ambiente natural” y de la sistematización teórica o científica de esta historia concreta y compleja.
            De manera que el primer descubrimiento al que lleva la lectura es claramente a la sensación afectiva y la comprensión intelectual de que esta historia no es una historia ajena sino que se trata de la historia de todos nosotros en nuestro mundo, una historia en la que uno es actor y puede, debe, involucrarse y tratar de seguirla escribiendo pero con otro sentido, con un sentido de verdadera preocupación creativa más allá de la cómoda inconciencia consumista o de la atractiva postura ecologista superficial.
            Esta historia es nuestra historia y el libro consigue involucrarnos con ella. El problema es que el mensaje conclusivo es muy claro: el problema de la ética ambiental es el de una búsqueda sin fin, un proceso permanente que requiere para iniciarse o reiniciarse de una profunda transformación personal y estructural, de un cambio radical en nuestros modos de vida individuales o familiares pero también en nuestra cultura global y en las estructuras económicas, tecnológicas e ideológicas que se derivan de ella.

           
            Una historia personal: La búsqueda detrás del texto.

            ¿Cómo logra este libro involucrarnos en esta historia y dejar de verla como ajena? ¿Qué técnica literaria o estrategia metodológica utiliza la autora para hacernos partícipes de esta invitación al cambio?
            Lo que aparece detrás del texto no es - aunque el libro está muy didácticamente planteado para que el lector vaya entrando desde las definiciones básicas, las posturas filosóficas y teológicas que sirven de sustento hasta las diferentes éticas ambientales y los movimientos actuales que intentan operativizar estas posturas- , lo que aparece tras el texto según se logra captar es una persona que busca, una persona humana preocupada por la reflexión filosófica sobre el problema ambiental, una académica que a partir de una búsqueda personal entra en un proceso de investigación y acción que a lo largo de los años va fructificando en un cuerpo conceptual potente, sólido pero sobre todo, significativo, impregnado del sentido que le va imprimiendo el proceso humano que lo origina, lo crea y lo recrea a través del texto.
            Del alpinismo al ecologismo y de allí a la reflexión sistemática de esta materia tan antigua que se llama ética, aplicada a un campo más antiguo que la misma especie humana pero tan nuevo, tan recientemente descubierto y trabajado como campo de estudio, de reflexión, de preocupación, de acción y reacción frente a la destrucción de la que el mismo ser humano la ha hecho objeto por una multiplicidad de variables económicas, políticas, culturales, filosóficas, teológicas.
            Sin conocer personalmente a la autora, el lector puede encontrarse con un compromiso auténtico que se va reflejando a lo largo de todo el libro, un compromiso reflexionado al que se puede sumar o no, pero no deja de inquietar, de hacer pensar, de suscitar preguntas.

            Una historia trágica: La crisis ecológica como despertar al problema.

El inicio del libro, como planteamiento didáctico, parece ser el mismo inicio de lo   ambiental como objeto de estudio : la crisis ambiental que padece la humanidad sobre todo, de manera acelerada, a partir de la época moderna.  Esta crisis ambiental que empezó a estudiarse primero, como el texto menciona, desde una disciplina holística llamada Ecología porque persigue el estudio de la propia casa y que paradójicamente tiene la misma raíz que Economía, aunque la normatividad, el manejo de la casa no corresponda y actualmente incluso sea contrario en sus criterios y acciones al estudio y cuidado de la casa que la Ecología ha venido proponiendo. Primero desde una disciplina y después  desde un enfoque  multidisciplinar complejo, pero este inicio, esta crisis ambiental en la que el mundo se encuentra sumido y que parece ahondarse día a día en lugar de empezarse a solucionar es el origen, el disparador de una nueva cultura emergente que es todavía marginal pero que parece cada día más urgente.
            No es objeto de este comentario repetir los escalofriantes datos que aparecen en este apartado inicial del libro. Baste con decir, a partir de la cita de Kaplan que refiere la autora en la que se dice que vamos a enfrentar guerras debidas a la sobrepoblación y a la escasez de recursos naturales, que es terrible pero probable que después de las guerras que ya se han enfrentado por territorios o por petróleo (recursos naturales), que podamos llegar a guerras por el agua o por otros recursos naturales. ¿Hay un peor escenario posible para la humanidad y para el planeta entero?

            Una historia bíblica: el cristianismo como culpable.

            El génesis y sus dos relatos de la creación, la interpretación dominante de estos relatos, son el pretexto para continuar con una provocación que cuestiona al lector aunque después se matice con interpretaciones y contraejemplos alternativos: según White, el cristianismo es el culpable de la crisis medioambiental que vivimos.
            La visión antropocéntrica distorsionada que se ha derivado de la interpretación dominante de estos relatos en los que aparece la humanidad como la encargada de controlar, de someter, de decidir sobre el destino de la tierra, las plantas y los animales. De allí al desarrollo científico y tecnológico, a la sobreexplotación de recursos naturales, a la autodestrucción solamente hay un paso, un paso histórico en el que intervienen desde luego muchas variables más, pero que tienen en esta interpretación una legitimación espiritual incuestionable que es cierto que ha permeado en mucho a la cultura occidental entera.
            Un antropocentrismo distorsionado que considera una separación radical del hombre y la naturaleza, una superioridad de los humanos sobre los recursos naturales y que ha sido cuestionado solamente a partir de esta severa crisis ecológica que ha ocasionado.
            De esta hipótesis cuestionadora y cuestionada, la autora parte para presentar otros enfoques también cristianos como el ejemplo de San Francisco de Asís y la utopía de una comunidad planetaria no jerárquica, la posición oficial de la iglesia representada en el papa actual y sus más recientes encíclicas donde se tiene aún una visión antropocéntrica pero que marca claramente límites a la explotación de la naturaleza y las visiones gerenciales o administrativas que hablan de que los humanos somos administradores de los recursos naturales o la visión ciudadana ecocéntrica que habla de que la humana es solamente otra especie entre toda la diversidad y que somos ciudadanos del mundo, hasta llegar a la posición de la teología de la liberación en la que se habla de “pecado medioambiental” como pecado estructural y de la necesidad de una ecoteología a partir de las necesidades de los pobres.
            La autora menciona también la visión protestante moderna manifestada en la “teología del proceso”, una teología que parte de una perspectiva dinámica en la que Dios es parte de este proceso evolutivo humano-natural y lo que se hace a la naturaleza puede afectar también a Dios.
            Toda esta serie de enfoques hablan de la complejidad del problema y de la dificultad para encontrar normas morales definidas que regulen universalmente la relación entre los humanos y el medio ambiente natural. Todas estas visiones teológicas son de algún modo trasfondo o sustento de las éticas ambientales que se presentan en la parte central del texto.

            Una larga historia: La cultura occidental en la raíz.

            Más allá del cristianismo y de la concreción científico-tecnológica-económica de la interpretación bíblica del génesis, otros autores hablan de esta larga historia de conceptualizaciones sobre las relaciones humanidad-naturaleza y algunos de los presentados en este libro atribuyen al atomismo de Demócrito y al dualismo de Platón los significados culturales antropocéntricos y la separación radical hombre-naturaleza que han traído consigo los problemas ambientales que hacen crisis en el presente.
            Una larga historia en la que es difícil distinguir un solo culpable de esa cosmovisión que nos ha llevado al desastre ambiental actual, pero que permiten hacer conciencia de que el continuo histórico ha ido dejando, sobre todo en occidente, modos de significación y de vida que son contrarios al desarrollo armónico de esta relación entre naturaleza y cultura.
            Destaca en esta relación distorsionada el concepto de civilización dominante y el modelo de desarrollo imperante en el mundo.

            Diversos modos de entender la historia:  Ética ambiental o Éticas ambientales

            EL núcleo del libro nos presenta la diversidad de éticas ambientales que se han ido construyendo en esta historia de reflexión y pensamiento sobre la naturaleza y lo humano dentro de ella.
            Inicia con Aldo Leopold, al que se nombra como “el abuelo” de esta disciplina, autor de “La ética de la tierra” en la que persigue ampliar las consideraciones éticas a la tierra, la flora y la fauna, asumiendo que la tierra vive y que merece consideración moral. En esta perspectiva el bien y el mal están en función de la comunidad biótica y no de los individuos. Esta consideración tuvo mucha influencia en otros enfoques éticos posteriores.
            Un segundo enfoque es el de la ética biosférica que se sustenta en la hipótesis GAIA que considera a la tierra como organismo vivo que tiene conciencia, siente dolor y tiene la tendencia a estar contenta, por lo que merece ser objeto de todas las consideraciones éticas.
            La tercera posición es la de las éticas basadas en derechos que la autora presenta a partir de Cristopher Stone y su propuesta de extender los derechos legales a los árboles y otros objetos naturales en la que plantea el derecho de un río a recibir una compensación si una industria le causa daños, y de las corrientes éticas de los derechos de los animales en sus dos vertientes: utilitarista y deontológica.
            En ambas vertientes se considera a los seres vivos en general como poseedores de derechos con la diferencia de que los utilitaristas aceptan la posibilidad de que se use a los animales como recursos cuando los intereses humanos sean mayores que los de los animales y la posibilidad de experimentar con animales para cuestiones de salud, mientras que los deontológicos optan radicalmente por negar toda posibilidad de experimentación con animales y suprimir la pesca, la cacería y toda actividad en la que se “abuse” de los animales violando sus derechos.
            El individualismo biótico de Schweitzer y su concepto de “reverencia por la vida” se presentan dentro de estos enfoques radicales.
            Una de las éticas ambientales que ha adquirido mucha fuerza es la que se fundamenta en la preocupación por las generaciones futuras. “¿Qué ha hecho la posteridad por mí?” pregunta Heilbroner reflejando el cuestionamiento básico a este enfoque en el que se plantea que no se puede sustentar una ética en las generaciones futuras porque no sabemos cuáles serán sus necesidades o aún es necesario definir si tenemos alguna responsabilidad con seres que aún no existen. La determinación por analogía de las necesidades de los futuros seres humanos es parte de la defensa de este enfoque del que se ha popularizado mucho la frase que habla de que los recursos naturales no son herencia de nuestros padres para nosotros sino un patrimonio de nuestros hijos que nosotros solamente estamos administrando.
             La ecología profunda o deep ecology se presenta como una preocupación filosófica que parte de la crítica a las posturas ecologistas superficiales en las que se atacan solamente los síntomas del problema pero no las causas profundas y se explicita la necesidad de una transformación profunda de la cultura y los modos de vida humanos y el cambio de las estructuras económicas, técnicas, ideológicas, científicas que imperan en el mundo moderno.
            Se parte en esta postura del igualitarismo biocéntrico en el que se afirma que todos los seres humanos tienen derecho a existir, por lo que el humano no debe alterar esta diversidad biológica si no es para satisfacer sus necesidades básicas. El planteamiento de una vida austera y armónica con esta biodiversidad y la exigencia a los países ricos de disminuir sus niveles de consumo son planteamientos de esta perspectiva en la que se habla también de la necesidad de reducir el crecimiento demográfico como una forma de garantizar la calidad de vida en el planeta.
            La ecología social en cambio, plantea la relación directa entre la dominación social y la dominación de la naturaleza y habla de que el cambio debe darse al nivel de las estructuras socioeconómicas de la sociedad ya que en las sociedades altamente jerárquicas se da también un nivel alto de explotación de los recursos naturales.
            La diversidad de las éticas que nos dejan ver esa reacción inicial de radicalismo en la que se pasa de un antropocentrismo cerrado y destructivo y una separación radical del ser humano y la naturaleza a una posición de un ecocentrismo exacerbado y un proceso de identificación o disolución de lo humano en lo natural con todas las visiones intermedias que se han ido construyendo, es una muestra de la complejidad del problema de la ética ambiental. Antropocentrismo, biocentrismo, ecocentrismo, ¿por dónde buscar el fundamento para una ética ambiental universal? ¿Cómo descubrir las normas morales de relación entre el ser humano y la naturaleza?
            Estas preguntas llevan a la autora a una serie de reflexiones críticas sobre las diversas posturas éticas en relación a lo ambiental.

            El norte y el sur: Dos historias distintas.
           
            Parte de esta búsqueda personal de la autora la lleva al descubrimiento de que las visiones ambientales y las construcciones éticas relacionadas con el ambiente son muy distintas en el norte y en el sur. Los conceptos de naturaleza y de relaciones hombre-naturaleza son constructos que varían de acuerdo a la diversidad de situaciones y culturas.
            A partir de un artículo clásico de un autor indio donde se cuestiona la deep ecology y las éticas ambientales del norte, centradas básicamente en la conservación y en una visión romántica de las regiones sin cultivar que plantea que las zonas naturales son mejores sin la intervención humana y así deben preservarse, la autora va planteando visiones del sur que contrastan seriamente con estas perspectivas y que son , necesariamente antropocéntricas dadas las condiciones precarias e injustas en las que viven grandes cantidades de población en estos países subdesarrollados.
            Ya  para esta parte del libro se ha hablado de autores latinoamericanos como Gudynaz, Boff, Contreras y Herz, que hablan de la necesidad de que una ética ambiental sea una ética social, ya que la injusticia económica produce daños directos y la injusticia ecológica produce daños indirectos pero ambas llevan al hambre y a la muerte a millones de personas.
            De este tipo de pensamiento que nace de las necesidades de los pobres y tiene mucho que ver con los enfoques de la teología de la liberación, se deriva la perspectiva de superar las éticas que son solamente de la naturaleza al mismo tiempo que se evitan los enfoques meramente antropocéntricos.
            Estos encuentros llevan a la autora al planteamiento de la necesidad de evitar las éticas del todo o nada y a evitar esa separación radical entre naturaleza y cultura evitando también la disolución de lo humano en lo natural. El equilibrio y la pluralidad es la salida para una sociedad heterogénea pero para lograrlo, sirve de mucho la información que aportan los planteamientos éticos holísticos o totalizadores.
            La autora plantea sin embargo la realidad que vivimos de todo o nada en ejemplos de megaciudades como Los Angeles o México, plantea también la contradicción que existe en las sociedades llamadas desarrolladas en las que muchos planteamientos o posiciones supuestamente ecologistas están solamente satisfaciendo una necesidad de consumo y mercado mientras refuerzan el modelo económico y cultural que hace que los países pobres tengan que destruir la naturaleza para sobrevivir a este sistema económico surtiendo de materias primas y recursos naturales a estos países “desarrollados”.
            La necesidad de ver lo concreto y no las posturas abstractas, de descubrir lo oculto y no dejarse llevar solamente por lo aparente de estas posiciones, lleva a descubrir la insuficiencia o aún el elitismo y el esteticismo de las posturas que plantean la preservación estática de regiones naturales que serán solamente atractivo turístico para los ricos pero no modificarán las relaciones entre el ser humano y la naturaleza.
            Todos estos enfoques éticos no han logrado definir, dice la autora, el verdadero telos, la real finalidad de la tierra. ¿Será porque lo concreto nos lleva a ver que esa finalidad no está definida desde ahora y que es también un proceso, un desconocido que tendrá que irse descubriendo a la vez que va sucediendo la vida y su complejidad? ¿Será porque esa finalidad esta sujeta a la probabilidad emergente que parte de una norma dinámica y flexible y no de leyes clásicas perfectamente definidas y controlables?

            Una historia emergente: El género como visión alternativa.

            La perspectiva de género, el ecofeminismo que parte del hecho validado por investigación empírica, de que así como la llamada “nueva pobreza” es una pobreza femenina, una pobreza que afecta mucho más intensamente a las mujeres, así también la crisis ecológica es una crisis que deteriora mucho más severamente la calidad de vida del sector femenino, es una visión que está surgiendo y definiéndose, también en diferentes variantes y grados diversos de radicalidad, como una alternativa hacia la solución de esta relación humanidad-naturaleza.
            El punto de partida es la constatación de que la explotación de la naturaleza y la explotación o subordinación de la mujer han ido históricamente de la mano. La salida es plantear que el ecologismo y el feminismo van también de la mano. ¿En qué sentido? En muy diversos modos de expresión y acción, sin embargo, parece ser, que el espíritu de control, dominio y destrucción están identificados mucho más con lo masculino y que es esta cultura de poder, esta cultura y estas estructuras masculinas las que han llevado a la crisis, por lo que parece urgente la necesidad de entrar a otra época en la que la visión de lo femenino, de la sensibilidad, la armonía, la integración y la cooperación, sean los ejes sobre los que se construya una nueva cultura en la que se borre la tajante separación entre naturaleza y cultura sin confundir lo humano y lo natural. “Buscamos un espacio que no es totalmente cultural ni totalmente natural” dice la autora hacia el final del libro y nos comunica lo que ha aprendido de las mujeres salvadoreñas. Nos comunica la vivencia de una apertura intercultural en la que se confrontan e incluso se modifican las propias creencias o los propios conceptos a la luz de lo que los demás o las demás nos comunican de su propia experiencia, de sus modos de entender la vida y de vivirla.
            Hacia esta comprensión y complementación intercultural, ¿quizá otra cara menos negativa de la globalización? , nos acerca este texto como una posibilidad de salida no a los efectos de la crisis ambiental que vivimos sino a las causas que la producen que son básicamente causas humanas – que parten de modos de vida individuales, estructuras sociales y significados culturales- que a pesar de las dificultades, podrían irse modificando para construir una visión de desarrollo sustentable. Esta es la esperanza...y no es casual que el libro termine precisamente con esta frase. Porque todo el libro es, a partir, o con el pretexto de, un recuento del estado del arte de la ética ambiental, un invitación a la esperanza que lleva al compromiso y la acción, a la acción que renueva, fortalece y organiza la esperanza.
            Quizá parafraseando este clásico diríamos para cerrar: “Ecoser o no ser: ahí está el dilema (o el riesgo)”

lunes, 15 de junio de 2015

NO DESEARÁS LA DOCENCIA DE TU PRÓJIMO.





*Artículo de 2008, publicado en la revista Acequias de la UIA Laguna.


La autenticidad como fundamento de una práctica docente para el desarrollo humano.

1.-La apestosa cosecha: La práctica docente contra el desarrollo humano.

Kindergarten

“Eso: jardines,
donde cultivan y podan,
siembran niños.

Con elíxires suaves

Los riegan y rocían,
O los abonan
Con maternos poemitas y canciones
De tierno fusto rosa
O tornasol.
¿Y para qué, preciosas jardineras?
Contémplese a la espalda
Y al futuro,
La apestosa cosecha.”
Eduardo Lizalde.

            La apestosa cosecha de estos jardínes donde siembran niños, donde cultivamos y podamos niños es este mundo en crisis, esta humanidad en crisis, esta época que parece estar exigiendo un cambio porque no solamente no nos gusta sino que nos está llevando a la autodestrucción como individuos, como sociedades, como especie. (Cfr. Morin, 1999).
            La apestosa cosecha es un ser humano ocupado en comprar y consumir, una sociedad injusta, desigual y regida por el tener y el poder, una cultura de la muerte, una especie en peligro de muerte.
            Si bien es cierto que no toda la culpa es de la educación formal o escolarizada, que no todo el peso de este proceso de declinación es fruto de esos jardines donde se cultivan niños, no podemos negar que en una alta proporción la sociedad es el producto de su educación. Es por ello que con buena dosis de razón, la sociedad actual está exigiendo que la escuela se transforme y que contribuya a la construcción de un ser humano nuevo y distinto que pueda afrontar los retos de este mundo globalizado en lo económico y lo tecnológico pero cada vez más aislado en lo humano y fragmentado en lo social.
            Transformar la educación es un reto que trasciende lo que sucede en el aula y tiene que llegar al nivel de las estructuras institucionales y al sistema educativo en general, logrando además un cambio en los significados sociales acerca del hecho educativo. Sin embargo, no puede haber revolución educativa real si no se parte del aula y se llega al aula. Es por ello que el presente trabajo  tiene como finalidad desarrollar una reflexión sobre la práctica docente en relación al desarrollo humano. Se abordará en él,  solamente el nivel del salón de clases y la relación pedagógica dentro de este espacio, en el que como bien dicen muchos autores, sucede lo verdaderamente importante de la educación.
            Una auténtica transformación educativa tiene que realizarse si se quiere cambiar esa apestosa cosecha. Esa transformación debe partir de una genuina, profunda y radical TRANS-formación docente que refleje en el aula un auténtico compromiso educador, que quiere decir, un auténtico compromiso con el desarrollo humano de los educandos.
            Una práctica docente que no busque explícitamente este desarrollo humano es una práctica docente que aún sin quererlo, se va volviendo en un elemento en contra del desarrollo humano. Ninguna docencia es neutral ni aséptica, toda docencia tiene implícita una noción de ser humano y de sociedad y parece ser que la docencia que vivimos en nuestros días es el resultado de un proceso progresivo de tecnificación y búsqueda de eficiencia que ha ido olvidando que el centro de la educación es el sujeto humano en desarrollo.
            Ninguna época había sido tan insistente en la profesionalización de los docentes, en ningún tiempo se había tenido tanta información sobre métodos, técnicas didácticas, formas de planeación y evaluación, medios audiovisuales o impresos, técnicas grupales, etc. Sin embargo, parece ser que en esta época preocupada por la profesionalización y la eficiencia de los procesos docentes, la práctica docente se está volviendo una práctica enajenante que bloquealos procesos de desarrollo humano porque comunica a los educandos una noción de ser humano truncado, la noción de un homo economicus nacido para producir y consumir sin un sentido más amplio para la vida.
            Algunos principios de esta docencia contra el desarrollo humano parecen ser los siguientes:
            -Entre más mejor: La idea de que una educación de calidad es una educación que llena de más conceptos a los estudiantes.
            -Cuanto antes mejor: La prisa de la vida se refleja en la escuela donde las escuelas compiten en un mercado que les exige que los niños aprendan más rápido más cosas, sin importar sus ritmos de desarrollo ni el cuidado de dimensiones humanas básicas.
            -Mejor el ruido que las nueces: La era de la publicidad y la mercadotecnia, el mundo de los medios se refleja en una cultura escolar que busca más los aprendizajes espectaculares aunque no sean profundos o pertinentes.

2.-Vino el patrón y nos dejó su niño: La práctica docente como reproducción de modelos  ¿humanos?.

Kindergarten.

“Vino el patrón y nos dejó su niño
casi tres horas nos dejó su niño.
Indefenso, sonriente, millonario,
Un angelito gordo y sin palabras.

Lo sentamos allí frente a la máquina
Y él se puso a romper su patrimonio.
Como un experto desgarró la cinta
Y le gustaron efes y paréntesis.

Nosotros, satisfechos como tías,
Lo dejamos hacer. Después de todo,
Sólo dice “papá”. El año que viene
dirá estadespedido y noseaidiota.”
Mario Benedetti.

            La escuela y los maestros no son totalmente responsables de ir caminando hacia esta docencia contra el desarrollo humano. El mundo en que nos ha tocado vivir empuja al sistema educativo hacia estas exigencias de cantidad, velocidad e impacto que impiden muchas veces la calidad, la profundidad y el sentido de la educación que reciben concretamente los niños y los jóvenes.
            Como bien han estudiado algunos sociólogos de la educación (cfr. Bordieu y Passeron,1977) cada sociedad y más concretamente, los grupos dominantes de cada sociedad van imponiendo sus intereses y sus significados al sistema educativo que cumple una función de reproducción del status quo. La escuela tiene como función reproducir las estructuras sociales vigentes y por tanto, los modelos de hombre y de sociedad que están legitimados en cada momento histórico. Por eso el “patrón” deja a su hijo en la escuela para que la escuela lo deje hacer y le enseñe a decir “estadespedido y noseaidiota” mientras que el empleado, el subordinado deja a su hijo en otra escuela para que aprenda a decir “siseñor y comousteddiga”.
            Se puede decir que desde esta perspectiva, la práctica docente que aquí se ha llamado contraria al desarrollo humano está cumpliendo con su misión de desarrollar al ser humano, a un tipo concreto y exigido de ser humano que corresponde al modelo de ser humano vigente. ¿Entonces, dónde está el problema?
            El problema está en que la educación no puede conformarse con este papel de maquiladora de piezas para la maquinaria del mercado global. Este es el papel que parecen querer asignarle muchos pero cabría preguntarse: ¿Es este modelo de ser humano, realmente humano? ¿Debe la educación conformarse con adaptar al educando al mundo o debe luchar por ir adaptando al mundo para que sea un mundo más propicio para la humanización? ¿La educación forma para la realidad tal como es o debería buscar la formación para el mundo que quisiéramos construir? En última instancia: ¿Existe un modelo de ser humano conforme al cual educar? ¿Es este único modelo el que está hoy vigente? ¿Por qué?
            Desde el mismo mundo de la educación ha habido respuestas contundentes. Freire (19982) hizo toda una obra pedagógica y vivió toda una vida de compromiso contra esta idea de la educación como reproductora de la sociedad vigente. La dimensión emancipatoria, la función liberadora de la educación que debe luchar por un mundo más justo, es una constante en su obra. Para ello el educador debe desarrollar su capacidad de indignación y su esperanza, su fe en el ser humano que no puede ser capturado en un modelo único.
            Giroux y Mc. Claren (1992) descubren que además de o a pesar de la dimensión reproductora de la educación, existe una dimensión de resistencia que se desarrolla en el aula y en la escuela cuando se trata de trabajar por la transformación de esta sociedad. La función reproductora de la escuela no es un destino del que no se pueda escapar. Diríamos hoy, con una visión de complejidad que la educación reproduce y transforma y que el reto de los educadores es propiciar que existan mayores probabilidades de transformación que de reproducción a partir de la generación de conciencia sobre las propias posibilidades de cambio personal de cada educando y las posibilidades y necesidades de cambio social.
            Por otra parte, hoy en día ya es casi nula la visión de que exista un modelo de ser humano de acuerdo al cual se tenga que formar a todos los educandos. La idea de que cada sujeto tiene que irse construyendo, que parte de la visión del ser humano como un ser inacabado (Fullat, 1992) es cada vez más aceptada.

3.-“La cosecha de lo humano nunca se acaba”: El dinamismo humanizante y la autenticidad.

            Esta dialéctica reproducción-transformación que está presente en la educación y es fruto de la tensión entre herencia y descubrimiento que señala Crowe (1985), es un reto permanente que se deriva precisamente de que el ser humano es un sujeto en permanente autoconstrucción individual y colectiva. Cada sujeto humano se va autoconstruyendo a lo largo de su vida sin que exista un modelo al cual ceñirse, pero el sujeto colectivo humanidad se va autoconstruyendo a lo largo de la historia, “en el instante de su ser que es todo el tiempo” (Lonergan, 1999).
            La cosecha de lo humano nunca se acaba y la tarea de sembrar, cultivar y cuidar el desarrollo de la planta es sin duda del educador. La educación es entonces un reto permanente, no por producir seres humanos de acuerdo a un modelo sino por reflexionar permanentemente sobre las exigencias de humanización y su concreción histórica y por planificar y actuar para facilitar que los educandos descubran y actualicen estas exigencias de humanización que operan en su propio dinamismo.

            3.1.-El deber de ser humanos.

“Ser humano es también un deber”
Graham Greene.

            Nacemos humanos pero no podemos decir nunca que ya somos plenamente humanos, caminamos permanentemente en un proceso de humanización que es una tarea que no se puede realizar en soledad.
            Ser humano es también un deber, un deber y un reto permanente por ir actualizando, diferenciando, integrando y apropiando la propia humanidad a partir de la humanidad que nos es dada por los demás dentro de la realidad concreta.
            ¿En qué consiste ese deber de humanizarnos? ¿Dónde está la clave para ir cumpliendo este deber?
            Este deber de humanización consiste en ir progresivamente desplegando la estructura dinámica de operaciones conscientes e intencionales que constituyen nuestra búsqueda.
            Esta estructura se va desplegando a partir de nuestra actividad biólogica y tiene que ir diferenciando e integrando distintos tipos de operaciones:
            -Las operaciones primordiales en las que se enfoca el desarrollo humano en sus primeras etapas que son las operaciones empíricas relacionadas con nuestros sentidos y nuestra capacidad interior de percibir y guardar información de la experiencia: ver, oír, oler, tocar, saborear, sentir (sensaciones físicas, sentimientos) y recordar.
            -Las operaciones que tienen que ver con el deseo de entender que nos mueve a relacionarnos con la realidad que nos impacta sensorialmente, de una manera cualitativamente distinta: a partir del preguntar (¿qué es? ¿cómo es? ¿para qué sirve? Etc. ) , pasando por el imaginar hasta el acto misterioso y preconceptual de la comprensión y posteriormente a la concepción de la idea (construcción de un concepto) y la formulación en lenguajes diversos de esta comprensión.
            -Las operaciones que manifiestan este deseo humano de afirmar la realidad, de estar plenamente en la realidad más allá de las percepciones o intelecciones: Preguntar para la reflexión (¿de verdad es así? ¿Es realmente esto como lo entendí?), reunir pruebas, sopesarlas, juzgar, afirmar la verdad de las cosas.
            -Finalmente (o inicialmente), el nivel de las operaciones que tienen relación con la búsqueda de un sentido para la existencia, la dimensión o el mundo de los valores y las decisiones y acciones: preguntar para la deliberación, deliberar, valorar, decidir, actuar.
            Cada uno de estos niveles de operaciones forma parte indivisible del flujo unitario del dinamismo humanizante, de  manera que el desarrollo humano implica desarrollo en todos estos niveles y en cada uno de acuerdo a su propia especificidad. En cada uno de ellos emerge el sujeto en diferente perspectiva: el sujeto empírico, el sujeto inteligente, el sujeto conocedor, el sujeto existencial. Cada uno de estos niveles tiene un precepto o exigencia básica de autenticidad: en el nivel empírico, la atención; en el nivel de la comprensión, la inteligencia; en el nivel del conocimiento, la razonabilidad; en el nivel existencial, la responsabilidad libre o la libertad responsable.
            De manera que un sujeto auténtico es el que es atento, inteligente, razonable y responsablemente libre.
            La única clave para cumplir el deber de humanización está en ir descubriendo y actuando conforme a estas exigencias de autenticidad impresas en la propia actividad consciente intencional humana que está en permanente desarrollo y autoestructuración.

            3.2.-Dios creó el mundo: La humanización no es perfección.

Geografia

“Con estos cubos de colores
yo puedo construir un altar y una casa,
y una torre y un túnel,
y puedo derribarlos.

Pero en la escuela
Querrán que yo haga un mapa con un lápiz,
Querrán que yo trace el mundo
Y el mundo me da miedo.

Dios creó el mundo,
Yo sólo puedo
Construir un altar y una casa.”
Salvador Novo.

            Es importante señalar que esta visión del sujeto humano individual y colectivo parte de una idea central sobre lo humano: la idea de imperfección. El desarrollo humano es un impulso hacia la permanente humanización que siempre es limitada y parcial. Así como no existe un modelo ideal de ser humano al cual irse acercando tampoco existe una realidad humana perfecta o ideal, ser humano es un continuo ya y todavía no.
            De manera que desarrollo humano no es perfeccionamiento humano. La perfección limita, cierra, llega incluso a frustrar y producir sufrimiento.
            El primer dato que tiene el ser humano en su propia experiencia vital es el del límite, somos seres limitados y eso se manifiesta en cada sensación, en cada intelección e idea, en cada juicio, en cada valoración o decisión. Tenemos el deseo de experimentar todo acerca de todo, de entender todo acerca de todo, de conocer todo acerca de todo, de elegir y vivir todo respecto a todo. Sin embargo, tenemos acceso a un campo limitado de experiencias, podemos entender un cierto grado de cosas , conocemos siempre parcialmente y provisionalmente, elegimos y vivimos siempre en el límite. El límite nos lleva a ser concientes de nuestra indigencia y la indigencia tiene como salida la comunicación, la vida en común, la búsqueda sana y sensata de humanización, nunca la idea de perfección. (Peter, 1998)
            El dinamismo humanizante es por tanto un dinamismo siempre en construcción, siempre limitado y siempre parcial, un dinamismo que se bloquea muchas veces por limitaciones biológicas o fisiológicas, por prejuicios psicológicos o individuales, por prejuicios grupales o de clase, por prejuicios generales.
            La materia con la que trabaja cada ser humano para su propio autodesarrollo está en permanente redefinición y reconstrucción.


            3.3.- La principal asignatura: Ser humano es algo que se aprende.

“La principal asignatura que se enseñan los hombres unos a otros
es en qué consiste ser hombre”.

Fernando Savater


            Nuestra indigencia nos hace necesitar de los demás. Para no cesar, para seguir viviendo y para que nuestro deseo de vivir se vaya realizando humanamente, necesitamos siempre de otros. Se nace humano pero sólo potencialmente humano, estructuralmente humano. Sin embargo, la tarea de irse haciendo humano de cada sujeto individual es imposible sin la ayuda de otros , así como la tarea de humanización del sujeto humanidad es impensable sin la cooperación de todos los seres humanos que han sido, que están siendo y que serán.
            La humanidad se nos regala, nos es dada en principio por otros, tanto en el nivel biológico como en el psicológico y en el social. Para nacer como miembros de la especie necesitamos que otros nos den la vida, para ir naciendo  como individuos y como parte de una sociedad necesitamos que otros nos vayan también engendrando.
            A ser humano se aprende, se aprende siempre con limitaciones y con bloqueos y prejuicios porque se aprende de otros seres humanos que son imperfectos y que están llenos de prejuicios y en proceso permanente de desarrollo al igual que nosotros. Sin embargo no hay otra forma de aprenderlo. A ser humano se aprende de otros seres humanos.
            Este es el reto educativo básico, la razón de ser de la educación y el único sentido válido para que siga existiendo: la educación es la intervención planificada e intencionada que persigue (o debería perseguir) que cada nuevo miembro de la sociedad humana vaya aprendiendo en qué consiste ser humano, vaya descubriendo y diferenciando las distintas operaciones y niveles de su propia estructura humana y encontrando el sentido de su aplicación concreta en una realidad determinada.
           
4.-Todo lo aprendí en el Kinder: Práctica docente y desarrollo humano.

“Todo lo que realmente he necesitado saber sobre cómo vivir, qué hacer y cómo ser, lo aprendí en el kinder.
Mi sabiduría no la obtuve en la cima de los años universitarios al recibir mi diploma de graduación, sino en mi mesita del kinder cuando moldeaba plastilina.

Esto es lo que aprendí:
-Compartir todo, jugar limpio, no pegarle a los demás.
-Poner las cosas en su lugar. Recoger mi tiradero. No tomar cosas ajenas.
-Decir “lo siento”, cuando es necesario.
-Lavarme las manos antes de comer. Jalar la cadena al salir del baño. Comer galletas con leche fría de vez en cuando.
-Vivir de manera balanceada: aprender, pensar, dibujar, cantar, pintar, bailar, jugar y trabajar un poco cada día. Descansar un rato en la tarde.
-Observar el semáforo al salir al mundo de afuera. No soltarme de la mano ni separarme...
-Los peces, los hamsters, el ratón blanco y aún el frijolito, todo muere. Todos mueren, nosotros también.
            ...Hoy puedo tomar cualquiera de estos temas y traducirlo a los sofisticados términos de los adultos y aplicarlo a mi vida familiar, a mi trabajo, a mi gobierno y al mundo e integrar todo con verdad, claridad y firmeza.
            El mundo sería mejor si nosotros, el planeta entero tuviéramos galletas y leche al atardecer y pudiéramos descansar entre sábanas limpias. Sería mejor si todos los gobiernos fueran corteses, regresaran siempre las cosas a su lugar y limpiaran el desorden.
            No importa qué tan viejo seas. Cuando salgas al mundo afuera, es bueno tomarse de las manos y permanecer juntos.”
Robert Fulghum.


            Es por ello que lo esencial de lo humano se aprende en el kinder. Pero no porque como pretende el autor de este texto, aprendamos esta serie de hábitos y reglas, porque ¿Cómo saber que estas reglas son las verdaderas para un desarrollo y una convivencia humanas? ¿Por qué seguir estas reglas y no otras? ¿Sería realmente humanizante simplemente comportarnos así incluso sin saber por qué?
            Todo lo que es necesario para saber vivir se aprende en el kinder porque allí se empieza el proceso de autodescubrimiento del propio cuerpo, del propio espacio vital, de las propias ideas, del mundo personal, porque allí se va descubriendo de pronto que lo propio no es lo único, que existen otras realidades corporales, otros espacios vitales, otras ideas, otros mundos, que existe sin embargo EL MUNDO en el que tenemos que convivir.
            Lo esencial se aprende en el kinder porque a partir del descubrimiento de uno mismo como sujeto empírico y del desarrollo de esta dimensión, de la diferenciación de las percepciones de cada uno de los sentidos, de la integración de las percepciones en experiencias completas, del juego y el gozo estético, de las primeras preguntas e inquietudes en las que va emergiendo el irrestricto deseo de conocer, se va cayendo en la cuenta de la especificidad de nuestro propio caer en la cuenta humano y se posibilita que se vaya desarrollando la inteligencia, el juicio, la valoración y la toma de decisiones, la curiosidad intelectual, la comunicación verbal y no verbal...la conciencia de uno mismo, la conciencia del otro, la conciencia del mundo.
            Lo verdaderamente importante se aprende en el kinder –o se aprendía, porque hoy se pretende que se aprenda a leer, a escribir, a sumar, restar, a hablar inglés, a manejar computadoras y otras cosas más “modernas”- siempre y cuando haya una genuina preocupación por el desarrollo humano de los educandos. Si no es así, se aprenden simplemente cosas: colores, números, conceptos abstractos, letras que se repiten y no significan nada, formas predeterminadas por la maestra, cosas que apuntan a una especialización prematura y que no tocan la vida y el dinamismo personal de cada educando.
            En el kinder se aprende lo esencial para la vida porque es allí, donde con mayor libertad se permite al educando empezar a explorar su propio dinamismo humanizante y caer en la cuenta de ese dinamismo que nos lleva a ver la vida con asombro, como una aventura irrepetible, como un misterio por develar. En el kinder se aprende lo esencial porque se aprende lo permanente que es este dinamismo que nos mueve a autoconstruirnos y a hacernos cargo de la realidad que nos toca.
            Lo importante para vivir se aprende en el kinder pero no de una vez y para siempre, porque este dinamismo humanizante es permanente pero dinámico, siempre en proceso, siempre en búsqueda. Por ello se aprende en el kinder pero se tiene que ir reaprendiendo toda la vida incluso al salir de la universidad. Porque la vida humana no admite recetas (“lávate las manos antes de comer”) sino actitudes de apertura, de búsqueda, de compromiso y consistencia, de fidelidad a uno mismo y a lo que se va descubriendo por uno mismo con ayuda de los demás.
            Se aprende y se reaprende y nunca se deja de ser empírico o lúdico o estético o existencial y entonces no se entiende por qué todas estas dimensiones están ausentes en una escuela preocupada por reproducir conceptos, por enseñar hábitos mecánicos, por homogeneizar y despersonalizar a los estudiantes para llevarlos a ser “productivos”, “competitivos”, “eficientes”, “exitosos”, que no felices, competentes, concientes, comprometidos.

            4.1.-Vivir antes que todo: La práctica docente para el desarrollo humano.

“Toda educación entraña una imagen del mundo
y reclama un programa de vida”.
Octavio Paz.

            Vivir antes que todo. Vivir es la realidad de la que se parte y la meta a la que se debería aspirar en las aulas. Educar en el vivir y para vivir, educar en el vivir humano y para vivir humanamente, esta sería la premisa fundamental y el contenido de estas metas nunca estaría respondido.
            Es por ello que la práctica docente debería, a partir de una resignificación profunda, poner a la vida humana en el centro y por encima de planes y programas, reglamentaciones, temarios, conceptos, técnicas o métodos de enseñanza, teorías educativas o caprichos del profesor o del director.
            Esta resignificación llevaría a trascender la noción de docencia como transmisión de conceptos (bancaria, según Freire) y llevaría a una noción de docencia como facilitación de actos de comprensión empíricos (inteligencia sentiente), intelectuales, reflexivos, deliberativos, para el mejoramiento progresivo de la vida humana particular de cada alumno y de la vida humana general .(Carley, 1989)
            Una práctica docente comprometida con el desarrollo humano es una práctica que considera al educando como una persona con una historia concreta y unas aspiraciones existenciales particulares. Una persona que comparte con nosotros esa dimensión empírica que necesita experiencias innovadoras, significativas, una dimensión intelectual que tiene que partir de sus propias preguntas y no de respuestas hechas, que tiene que imaginar, que llegar a comprender una realidad concreta para poder después construir un concepto y formularlo en diversos lenguajes; una dimensión reflexiva que tiene que desarrollar la capacidad de preguntarse por la realidad de las cosas, de dudar de lo que se le enseña, de no aceptar acríticamente la palabra del profesor, de no emitir juicios a la ligera, de buscar dar razón de lo que afirma; una dimensión existencial en la que se está buscando construir la propia libertad y que para ello no basta con enseñar ciertos valores o decir esto es bueno o malo sino que es necesario desarrollar la capacidad deliberativa, la capacidad de valoración y la toma de decisiones responsables empezando por lo sencillo y pequeño.
            Una docencia que busca el desarrollo humano debe entonces preocuparse por desarrollar todas estas dimensiones de los educandos y construir, mediante el diálogo ciertos significados y valores comunes mínimos que permitan ir avanzando en esta línea en la que cada educando tratará de ser cada vez más auténtico.
            Para ello se necesita cambiar nuestra imagen del mundo como un gran mall (centro comercial) en el que todos compramos y vendemos. Para ello se tiene que ir facilitando que, en cada etapa , los educandos vayan perfilando un proyecto de vida acorde con la humanización que requiere cada época. Un proyecto de vida que sólo se podrá dar, si la escuela y los profesores tienen su propio proyecto de vida y tienen clara su visión del mundo e incorporan su propia práctica dentro de su proyecto de vida y de su visión del mundo.
4.2.-Sin embargo, yo soy tal como ustedes: La práctica docente como desarrollo humano.

“Y sin embargo, yo fui tal como ustedes,
joven,lleno de bellos ideales,
soñé fundiendo el cobre
y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable,
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales.”
Nicanor Parra.

            Y sin embargo, yo fui tal como ustedes, podrán decir muchos maestros cansados por los años, atrapados por la rutina, encerrados en la chamba. Yo fui tal como ustedes y tuve ideales, pero estoy ahora aquí, embrutecido por el sonsonete que yo mismo he creado y que no he tratado de modificar.
            Un caso triste sería este en el que el profesor o la maestra ya no están en posibilidades de facilitar el desarrollo humano de sus estudiantes porque asumen que ellos “alguna vez fueron humanos”, pero instalados en el “ya”, han perdido totalmente cualquier intento de descubrir ese “todavía no” que su vida tiene por horizonte inacabable.
            Caso triste porque, como dice Hansen (1995), la docencia es una de las profesiones donde es clave la persona que la ejerce. En muchas profesiones basta con tener a cualquier persona que sepa los procesos, los pasos, el manejo de las máquinas. En la docencia hay siempre una relación interpersonal, una relación entre visiones del mundo y proyectos de vida, y cuando el proyecto de vida del profesor se ha dado por terminado, lo único que podrá comunicarse es desánimo y desesperanza.
            Sin embargo, si el profesor asume una actitud distinta, si el profesor se convence de que no fue, sino que ES uno de ellos, es decir, un ser humano en proceso de desarrollo que no cesa nunca, entonces podrá facilitar el desarrollo humano de sus estudiantes. Para ello se necesita vocación, que en términos del mismo Hansen quiere decir: encontrar en la profesión un camino de realización personal (razones para vivir) y una oportunidad de servicio real a la transformación social (motivos para luchar). Con esto no se nace , la vocación, como todo lo humano es un permanente descubrimiento y conquista.
            Cuando el profesor tiene una actitud de : “y sin embargo, soy como ustedes”, cuando el profesor va descubriendo su vocación docente, no solamente orienta su práctica docente hacia el desarrollo humano sino que es un profesor que encuentra en su misma práctica docente un camino de desarrollo humano permanente e inagotable. Cada alumno se convierte en una aventura, cada aula es un misterio que hay que ir viviendo de manera gozosa y descubriendo progresivamente.
            Esta actitud siempre es fruto de una doble conversión: la conversión intelectual del docente que quiere seguir entendiendo, resignificando continuamente su tarea y su materia. La conversión moral del docente que sigue permanentemente preguntándose por el sentido de lo que hace y reencontrándose consigo mismo en su labor, reenamorándose de la docencia en cada nuevo grupo que recibe. Es entonces que se hace realidad la frase de Henry Adams que dice que “cada profesor afecta el infinito, porque nunca se sabe hasta donde puede llegar su influencia”. (López Calva, 1999)
            En pocas palabras, para que el profesor pueda facilitar el desarrollo humano de sus estudiantes tiene que ser un sujeto que esté en permanente desarrollo humano personal y , cuando el docente busca generar el desarrollo humano de sus alumnos, va encontrando en la propia práctica docente un camino de desarrollo humano en el que hay siempre razones para vivir y motivos para luchar.
            Para ello es necesario invertir la visión dominante en nuestro horizonte pragmático que nos pide “ver para creer” y empezar a entrar en la dinámica contraria. Para ser un docente facilitador de desarrollo humano es necesario empezar por creer en la libertad humana y en las posibilidades de desarrollo de cada sujeto que tenemos enfrente dentro de todos los condicionamientos que su realidad le impone pero que pueden en cierta medida ser trascendidos, es necesario "creer para ver”. (López Calva, 2000)
           

Conclusiones: El maestro ideal es...

“El maestro ideal es:
Un guía
Un maestro (sic)
Un innovador
Un investigador
Un consejero
Un creador

Un sabio

Un sugeridor (sic)
Un impulsor

Un formador de hábitos, habilidades y actitudes

Un narrador
Un actor
Un escenógrafo
Un formador de colectividades
Un estudiante
Un enfrentador de la realidad
Un emancipador
Un evaluador
Un protector que redime o salva
Un realizador
Una persona.”
Pullias V. Barl.

            El maestro ideal es algo inalcanzable, algo utópico, algo incluso indeseable. Si lo vemos desde esta perspectiva , el profesor ideal es algo así como un hombre perfecto, y ya se dijo que no hay hombres o mujeres perfectos. El maestro ideal es una abstracción, es una idea más o menos bonita, un conjunto de buenos deseos o frases poéticas para vender libros.
            La educación es concreta siempre y los maestros que importan no son los maestros ideales sino los profesores y profesoras reales.
            Desde esta perspectiva de desarrollo humanizante, el asunto de la formación de profesores no está en esta tendencia común de buscar perfiles ideales con conocimientos, habilidades y actitudes homogéneos. El problema no es de perfiles sino de autenticidad. De nada sirve que todos los profesores tengan los mismos conocimientos o habilidades o incluso actitudes si no han experimentado estas conversiones intelectual y ética y si no se encuentran en una búsqueda de autenticidad.
            Siendo consistentes con lo presentado diríamos que el mejor profesor es el que va siendo más auténticamente él o ella misma, el que va siendo más fiel a sus propios procesos de desarrollo y a los preceptos trascendentales: sé atento, sé inteligente, sé razonable, sé responsablemente libre.
            Una vez que se entra en esta dinámica de búsqueda permanente, cada profesor va descubriendo sus propios caminos más allá de toda receta o teoría de moda. Cada docente se preocupa por autentificar su práctica personal y adecuarla a su propio modo de ser, de creer y de sentir. Entonces deja de pedir que le digan qué hacer o cómo hacerlo, porque tiene claro un para qué y un por qué y va construyendo sus propios medios y contenidos. Entonces deja de desear la docencia de su prójimo y ante la evidencia de “apestosas cosechas” porque la lucha es a contracorriente, dice, desde el fondo de su ser inteligente y crítico: “Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón”. (Fito Paez).

Referencias.
Berrum de Labra, J. Y V.M. Méndez. (1995). Maestro de excelencia. Fernández editores. México.
Bordieu, P. Y J.C. Passeron. (1977). Reproduction in education, society and culture. Beverly Hills, Ca. Ed. Sage.
Carley, M. (1989). Bernar J.F. Lonergan on teaching. Tesis doctoral. Graduate school of Education. Harvard University. Cambridge, MA.
Crowe, F. (1985). Old things and new. A strategy for education. Atlanta, GA. Scholars press.
Fullat, O. (1992). Filosofías de la educación. Paideia. Barcelona. Ediciones CEAC.
Freire, P. (1982): Pedagogía del oprimido. Ed. Siglo XXI. México.
Hansen, D. (1995). The call to teach. New York. Teachers college press. Columbia University.
Lonergan, B. (1988). Método en Teología. Ed. Sígueme. Salamanca.
Lonergan, B. (19999). Insight. Estudio sobre la comprensión humana. UIA-Sígueme. Salamanca.
López Calva. (1999): Educación personalizante y transformación docente. Una visión reflexiva de la educación desde la perspectiva de Bernard J. F. Lonergan. Tesis doctoral. Universidad Autónoma de Tlaxcala. Tlaxcala.
López Calva, M. (2000). Práctica docente y desarrollo humano. Ed. Trillas. México.
Marina. J.A. (1995). Ética para náufragos. Ed. Anagrama. Barcelona.
Morin, E. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Ed. UNESCO. París.
Peter, R. (1998). Honra tu límite. Fundamentos antropológicos de la terapia de la imperfección. Ed. BUAP. Puebla.
Savater, (1997). El valor de educar. Ed. Ariel. México.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...