viernes, 3 de enero de 2014

Interioridad, introversión, introspección: un ejercicio desde las moradas de Santa Teresa

         

 
1.-¿Qué he vivido como interioridad?
  
   A mí no me suena extraño ese ¿qué hay ahí?  Me suena extraña la pregunta que pone en cuestión la existencia de algo ahí dentro que llamemos interioridad.
            Me explico: es una cuestión casi genética, de temperamento. Crecí azotado por la culpa de ser introvertido, callado, metido en mi propio mundo…y sin embargo ese caminar cargando conmigo, a pesar de esa culpa creada desde fuera y molesta siempre, me ha dado la vivencia de la interioridad como algo muy natural, connatural, desde mi modo de ser…interioridad digo, no necesariamente espiritualidad aunque sí bastante marcada a veces por una religiosidad aprendida de raíz , en la familia que testimonia contradictoriamente y que siempre “discursea” y discurre desde una fe medio rara, muy ortodoxa y culposa, muy de “cargar con la cruz”, el deber sufrido y el dolor callado de la abuela…
            Interioridad viene en mí de introversión y me ha hecho introspectivo, es decir, alguien que está siempre vigilando sus propios modos de ir viviendo la vida…sintiendo sus sentires, pensando sus pensares hasta límites a veces obsesivos y dañinos.
            Quizá es algo como la inteligencia intrapersonal de Gardner, lo he pensado ya mucho después, recientemente, soy más o menos hábil e inteligente en lo intrapersonal pero muy poco, muy torpe en lo interpersonal…

Silencio

            Por eso para mí interioridad tiene que ver necesariamente con el silencio, con vivir el silencio, necesitar el silencio, sumirme a veces en el silencio, disfrutar el silencio y padecer el silencio…

Diálogo conmigo…si eso es posible

            Interioridad es también un diálogo constante conmigo mismo, parece imposible porque diálogo implica a dos y yo no soy dos, soy uno, aunque a lo mejor soy más de dos y esos son los que dialogan…
            Es diálogo conmigo que incluso se verbaliza a veces: “qué güey eres, Martín”, “la regaste”, “parece que ahora sí le atinaste a esto”, “vamos, hay que dar algo que valga la pena a estas personas “, etc…
            Diálogo constante en el que muchas veces me peleo aunque últimamente y no por mí sino más bien por otras presencias amorosas y cercanas , he ido reconciliándome conmigo…

Relación contradictoria con mis propios sueños y temores

            Interioridad es también una incansable, permanente, a veces extenuante actividad imaginativa , ¿soñativa? Llena de imágenes de mí mismo y de mis seres cercanos, de imágenes de mi mundo como un mejor mundo, de imágenes ideales o idealistas que a veces, en cierta proporción, se vuelven realidad a cachitos y por instantes…
            Pero también es mi relación con profundos temores, temor a traicionarme a mí mismo o a la imagen que tengo de mi mismo o a lo que otros esperan de mi mismo (esa terrible preocupación por no estar a la altura de lo que otros esperan). Mi relación con los caminos que me llevan a la muerte y ese temor fundamental del que no salgo aún, aunque vaya asentándose un poco, pero siempre presente, a partir de esa experiencia que es una imagen de infancia, muchos años presente, ahora por fortuna, solamente viva cuando es convocada intencionalmente. Mis temores profundos incluso el que se expresa en la pregunta: ¿y si no hay nada más? ¿ y si todo lo que creo es sólo eso, una creencia?

Una presencia extraña pero profunda de misterio

            Y sin embargo, como decía Paz: “Alguien me deletrea”. Esta es una experiencia que sigo viviendo, con mucha intensidad, ¿ideología? ¿temor inculcado? ¿fe aprendida? No lo sé , lo que sé es que es viva y fuerte sensación de una presencia…una presencia más allá de mí o más acá de mí, de mis temores y de mis sueños…
            Una presencia extraña que fue la imagen del viejo de barba blanca, luego la de cristo crucificado, ahora una imagen borrosa e indefinida pero igual de intensa en experiencia…
            Alguien me deletrea, soy miserable e impotente para ser en “el buen sentido de la palabra: bueno” (Machado) y por eso siento, percibo, me refugio, etc. etc.

Una convicción o conjunto de convicciones: aprendidas pero desaprendidas con culpa y sin embargo presentes y sostenidas en otra forma:

            Finalmente, interioridad es una convicción o conjunto de convicciones, en principio aprendidas como dogmas para ganar unas galletas de animalitos con la abuela “joroba”…reforzadas después como culpa, chantaje sentimental, generosidad desbordada de los padres pero tan desbordada que nos pasaba a traer a los hijos (¿por qué atender tanto a tantos y descuidarnos a nosotros?), convicciones curtidas luego, de joven e idealista afín a la teología de la liberación, encontrándose con otros de su edad y de sus sueños, siendo después el “guía” de algunos, el que convoca y provoca esos procesos en otros, pero que se vacía y se va quedando con un conjunto de convicciones intelectuales, conceptuales, vacías….
            Conjunto de convicciones que se vuelven otra vez vivencia, allá lejos, en Boston, en St. Mathew Parish, cruzando la calle en medio de la nieve o el frío o la lluvia…en el encuentro con mi familia, solos, a miles de kilómetros…
            Interioridad es un conjunto de convicciones vividas, vívidas, presentes aún pero sin cauce para expresarse comunitariamente , viviendo a caballo entre ambientes que me parecen muy dogmáticos y otros que me parecen vacíos y carentes de sentido y esperanza…conjunto de convicciones que quieren encontrar cauces de expresión y de vivencia comunitaria, de comunidad cristiana del siglo XXI, de la globalización, del internet, de la vida light….

10-06-04

 2.-LAS MORADAS SÉPTIMAS.

            -Impresión:

            De entrada: oscuridad, lenguaje críptico, demasiado lejano a mi tiempo, imágenes muy lejanas a mis imágenes, desierto a angustia por no conmoverme por las moradas.
            Ambiente no propicio, demasiado ruido interno, ruido exterior, clima demasiado racional, dando vueltas a ideas (entre consejo académico del SEUIA y código Da Vinci), de pronto la serie de Fibonacci trastocada, diávole no se qué, etc. parecen estar más claros que “muestra al alma en visión imaginaria la sacratísima humanidad de Cristo…”, sin embargo algo va quedando, la segunda lectura va siendo menos confusa, van saltando frases, párrafos pequeños, partes…
           
            -Experiencia:

            Como algo que resuena profundo en medio de muchas cosas urgentes pero superficiales, como algo que a pesar de decirse en “otro idioma” me describe, me refleja, de algún modo…
            Luces y sombras, experiencia de rebeldía frente a la recurrencia de ese “deseo de sufrir, de vivir el dolor, etc.” tanto me remite al destino-estigma familiar : “el deber cumplido, el dolor callado”…la culpa como religión, la necesidad de buscar algo con que angustiarse para justificar la vida…experiencia de rebeldía frente a esa invitación al dolor, pero experiencia dulce, como de invitación a relativizar todas las estupideces en que se sustenta a veces la vida diaria, los sueños de plástico que soñamos o nos imponen a soñar…experiencia en resumen de paz, el balance es paz, aunque sea a cuentagotas, a ratitos, a probaditas…

            -Puntos que me hicieron detener:

            ¿No que los místicos viven en su mundo aparte, fuera de la realidad, orando? Esa insistencia, dos o tres veces de no salir del mundo, no se trata solo de rezar sino de cultivar las virtudes, de servir al prójimo, de estar, finalmente, en el mundo, con los pies en la tierra…¿contemplativos en la acción? Me resonó esa definición jesuita que usé la semana pasada en mi rollo en León…orar pero sobre todo amar, con un amor que crece y no se queda estático…ese si es un reto y resuena hondo con mi experiencia intelectual lonerganiana, el amor como aprehensión continua y dinámica de ese desconocido conocido que llamamos valor, el amor como decisión que tiene que irse sosteniendo con la vida, el amor que sigue y encuentra distintas formas de experimentarse, de vivirse, de pensarse e imaginarse….
            Una pregunta que ya no exploré: la distinción entre alma y espíritu…no sé, me dejó pensando, no entiendo…tengo que pensar…aunque sobre el alma, algo me agradó mucho: no pensar que el alma es oscura solo porque no la vemos…porque el alma es una experiencia luminosa, experiencia de vivir, el alma en el fondo es inseparable de mí…
            Algunas veces el señor deja a las almas con sus fuerzas naturales…vaya que si nos pasa…¿uno o dos días? Pues conmigo a veces se pasa, o será que estos días de hoy son mucho más cortos que los de Teresa y por eso son más días….lo hace para fortalecer nuestra debilidad. ..fortalecer nuestra debilidad…¿es decir, que nuestra debilidad sea más debilidad y mejor debilidad? ¿o que tengamos fuerza en nuestra debilidad? De ambos lados hace sentido: hacerme sentir con mayor fuerza mi debilidad es algo que me acerca a Dios sin duda, esa experiencia de indigencia…de impotencia…pero también, darme fuerzas dentro de mi debilidad, fuerzas para asumir mi debilidad y vivir con ella, aceptándola y tratando de hacer algo con ella o a pesar de ella….
            No les falta pues, la cruz, pero nada les inquieta ni les hace perder la paz…en pocas palabras: entrarle a la vida como viene y con todo lo que tiene de dolor y confusión e incomprensión, no nos faltará la cruz (pero obviamente eso implica que no se trata de buscarla), no nos faltará la cruz pero siempre en paz…siempre en paz…con la convicción de que ahí está, de que se sabe que hay presencia aunque no haya gran luz en la experiencia de todos los días…
            Esto es el máximo anhelo creo yo, para todo creyente: asumir la cruz pero siempre con la paz que hace que sigamos caminando…caminando en la oración y la acción…con el servicio…
17-06-04



           
             

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*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...