lunes, 31 de marzo de 2014

“Soñar con las manos”: Hacia una transformación educativa.



“Hay que soñar con los ojos abiertos,
hay que soñar con las manos
soñemos sueños activos de río buscando su cauce,
sueños de sol soñando sus mundos.”
Octavio Paz.

            El cambio de época que vivimos está exigiendo que la educación se transforme radicalmente para que como país podamos volver a soñar con las manos, a soñar sueños activos que vayan reedificando el proyecto de nación que todos queremos construir.
Para descubrir y encabezar este proyecto que es dinámico y se va construyendo con las manos de todos y con los sueños de todos, es necesario contar con líderes, pero no con cualquier tipo de líderes. Se requiere de una nueva concepción de liderazgo que se oriente desde el servicio y que se asuma desde la complejidad de los procesos educativos y desde la complejidad de la sociedad para la que hoy debemos educar a nuestros estudiantes.
 Muchos de los líderes actuales no solamente no promueven este soñar en común sino que impiden la realización de muchos de los sueños activos que los profesores, los estudiantes, los directores, vamos descubriendo con los ojos abiertos y queriendo vivir con las manos unidas.
            Por ello es urgente en nuestro país, una transformación educativa integral y profunda. Se necesitan líderes distintos para lograrla. Líderes que tengan una perspectiva de complejidad y una visión de esperanza razonable y comprometida.
            Esta transformación educativa debe empezar por las aulas, partir de cada profesor concreto y cada alumno concreto, porque en lo educativo, dice Latapí  “son las personas concretas las que determinan el éxito del sistema”, pero no puede quedarse solamente allí.
            Ciertamente es necesario promover procesos por los cuales cada docente vaya reencontrando la docencia como un camino de autorrealización a pesar de las condiciones adversas en que a veces se desarrolla y de las razones que lo hicieron llegar a ser docente. Procesos por los cuales cada docente vaya redescubriendo los desafíos sociales y su tarea como un medio privilegiado para cumplir con un compromiso social concreto de humanización.
            Pero más allá y a partir de la transformación de cada docente, es necesario ir impulsando la transformación del ordenamiento de la institución educativa y del sistema educativo en su conjunto. Para que la transformación educativa se realice tiene que haber un salto cualitativo por el cual la operación del sistema educativo y de cada uno de sus componentes se vaya volviendo cada vez más cooperación hacia un fin común.
            Esto no significa solamente una transformación de las leyes, los reglamentos o los organigramas que sin duda ayudan pero son abstractos, sino una transformación paulatina de toda la serie de ciclos de relaciones y de decisiones concretas que hacen que el sistema educativo opere tal como opera en lo cotidiano.
 Esta sería la verdadera transformación del ordenamiento educativo y tendría que hacerse a partir de una actitud de búsqueda permanente desde una Secretaría de Educación que se asumiera más como un “Ministerio del futuro” y una “instancia de generación de pensamiento sobre ese futuro” (Latapí) que como una instancia de control, administración, certificación y sanción de lo “educativo”.
            La complejidad implica un tercer paso: el cambio de nuestros significados y valores en lo educativo. Este es un tercer nivel de transformación educativa que es imprescindible para el cambio global.
Necesitamos ir paulatinamente incidiendo en el cambio de lo que se entiende por educar, de lo que significa la docencia, de lo que se considera una institución educativa, de lo que se entiende por un buen profesor, por un buen director, por un buen alumno, por un buen sistema educativo.
            Este cambio de nuestros significados y de la manera en que se valora lo que sucede cotidianamente en la escuela debe partir de los docentes,  pero debe sin duda llegar a los padres de familia, a los alumnos y a la sociedad en general. Porque esta cultura de lo educativo se transmite de generación en generación y muchas veces es la resistencia más fuerte al cambio.
Es importante incorporar la visión de calidad a este proceso de cambio cultural pero sin dejar de lado la visión de equidad que había permeado nuestra educación históricamente y estando siempre pendientes de lo que implica educar de una manera integral: ¿qué exigencias debe tener un proceso educativo para que se pueda llamar de verdad EDUCATIVO? Esta es la pregunta clave que debe ir reorientando permanentemente toda nuestra búsqueda de transformación en los tres niveles ya descritos.
            De manera que la transformación educativa es una tarea triplemente compleja porque la educación y la sociedad que nos han tocado vivir son también complejas.

*Publicado en Síntesis, 03/05/2005.

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*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...