domingo, 22 de septiembre de 2013

Educación y valores para el cambio de época




Nota: Este texto fue publicado como capítulo en el libro:
Bernal, R. y L. Montes (2010). Experiencias compartidas en Educación. Quince años en la formación de ingenieros. Ed. BUAP-UIA Puebla-UA Tlaxcala-UPAEP-UDLAP. México.

Hacia la transformación de la práctica docente desde una nueva visión de la educación ética.
         
Introducción.
            La educación se encuentra actualmente en medio de múltiples desafíos ante el contexto de transición histórica que vive la humanidad. Nos encontramos en una época marcada por la dinámica retroactiva y recursiva (Morin, 2006) de crisis—cambio—globalización           que marca a la sociedad mundial en

el inicio del siglo XXI.
            Esta dinámica está produciendo múltiples efectos de fragmentación social, pérdida de identidad individual y de sentido para la existencia, indiferencia o intolerancia hacia los demás, etc. que están generando un creciente reclamo social hacia el sistema educativo. Este reclamo urgente le está exigiendo al sistema educativo, a las instituciones educativas y a los docentes en particular que se vuelvan a ocupar de la dimensión moral del ser humano en el proceso de enseñanza-aprendizaje formal.
            Las respuestas del sistema educativo ante este reclamo social están siendo muy variadas y poseen distinta profundidad y pertinencia para enfrentar los retos de este tiempo y poder contribuir a la construcción de un “cambio de época” que apunte hacia condiciones más propicias para la humanización individual y colectiva.
Si revisamos “el estado del arte” del campo de la educación y los valores en lo referente a los métodos o estrategias didácticas que se proponen en los programas oficiales de educación moral  que se están realizando sobre el tema, nos encontramos con que la mayoría de los métodos se dirigen hacia la llamada “enseñanza o inculcación de valores” o hacia la “formación del carácter moral” a través de la formación de las virtudes (o hábitos morales en el sentido aristotélico) en los estudiantes. En algunos casos se adopta la perspectiva del “razonamiento moral” de Kohlberg, que es una aproximación un poco más compleja pero que enfatiza demasiado la dimensión racional en el tema moral y postula la existencia de “principios éticos universales” abstractos y racionales, que todos los seres humanos debieran adoptar (Cfr. Payá, 2000; Latapí, 1999; Escámez, s/f; Hersch, 1997).
            Estas visiones predominantes se centran en lo que Aranguren (1985)   siguiendo a Zubiri, llama: “La moral como contenido”, en contraposición con la “moral como estructura”. La moral como estructura corresponde a la naturaleza radical del comportamiento humano que tiene que tener un “ajustamiento” a la realidad. Todo acto para ser verdaderamente humano, tiene que ser “justificado”, “justo”, es decir, ajustado a la realidad y respondiente a ella. La moral como estructura es común a todos los seres humanos e independiente de las culturas o momentos históricos en que se viva.
            La moral como contenido en cambio, consiste en que el acto humano se ajuste, ya no a la realidad sino a la norma ética. Esta norma ética puede ser variable de acuerdo a las culturas o momentos históricos. Cada sociedad va construyendo, a partir de su ser estructuralmente moral, distintos modos de entender la moral como contenido, es decir, distintas normas éticas a las cuales se tendrán que ajustar los actos humanos.
            En un mundo marcado por la incertidumbre y la pluralidad, o sea, en un mundo en que existe una confusión y una multiplicidad en la moral como contenido, resulta poco pertinente fundar las propuestas de educación moral, desde la visión de la moral como contenido, pues esta visión no es clara, presenta múltiples facetas y discursos diversos y no tiene criterios comunes para ajustar la visión de los actos morales a determinada norma ética.
La construcción de una respuesta educativa pertinente y adecuada a los retos de esta época tiene que fundarse en un cambio en la visión de la educación ética –de la moral como contenido a la moral como estructura- que nos conduzca hacia la progresiva pero profunda transformación de las prácticas docentes que se orienten a operativizar en las aulas cotidianamente esta nueva visión compleja, integral y humanizante de la ética en la educación, en oposición a la visión simplificadora, racionalista y guiada por la “ética de la ley” que prevalece actualmente en las respuesta educativas en el campo de la educación y los valores.
1.-El fundamento: Repensar la educación ética.

“Somos de la materia de la que están hechos los sueños”.
Shakespeare (En Morin, 2003; p. 295)

“Mientras el muy ilustre Herr Professor explica todo
 lo que existe, ha olvidado por distracción cómo se
 llama él mismo, que es un hombre, simplemente
 un hombre”.
S.Kierkegaard (En Morin, 1997; 23)

            El punto de partida para la renovación de las prácticas docentes que se orienten hacia la construcción de una educación moral pertinente para el cambio de época es la reforma profunda de la visión de la educación ética.
            El primer reto en este campo es el diseño y operación de estrategias que puedan volver a contagiar a los estudiantes de una “alta moral”, de un “alto deseo de vivir” que es el ingrediente sustancial para la búsqueda ética. Volver a convencer no solamente a nivel intelectual sino existencialmente a los estudiantes de que el ser humano es “de la materia de la que están hechos los sueños” y que aunque de esta materia han surgido pesadillas que nos tienen como especie al borde de la extinción y sumidos en la desesperanza, también de ella han surgido grandes sueños y grandes soñadores que han construido elementos que enaltencen a la especie humana. Esta no es una tarea fácil, sobre todo si no ocurre el cambio que puede romper el círculo vicioso de desmoralización social-desmoralización de los educadores-educación desmoralizante. Pero si logramos cambiar la visión de la educación ética y podemos volver a poner el asunto ético como el eje del que se desprenden las finalidades educativas, esta tarea puede empezar a hacerse probable.
            Para ello, es necesaria una transformación moral en los educadores, que haga que vuelvan a cobrar consciencia de que son hombres, “simplemente hombres” y que están insertos en esta aventura, que es un compromiso irrenunciable asumirla y que son corresponsables del destino humano, invitados a la construcción de la reforma del pensamiento, de la reforma del espíritu, de la reforma de la vida que hoy requiere la humanidad en este planeta.
            Dejar el rol del docente abstracto, el que “lo tiene que saber todo” y “no puede equivocarse”, dejar el papel de técnicos altamente especializados en el conocimiento de una o varias disciplinas para ponerse en el sitio de un ser humano como todos, enfrentando el mismo reto que ellos en el mundo marcado por la incertidumbre es un paso imprescindible para aspirar a una trans-formación de la educación ética. Porque el testimonio del educador, el modo en que vive su vida humana más allá de su papel como facilitador de aprendizajes, es fundamental para una educación ética integral y profunda. Si el educador no asume plenamente su condición humana y recupera su deseo de vivir humanamente, su “alta moral”, no podrá colaborar en la educación ética que el mundo necesita. Se necesitan educadores con alta moral y capacidad de contagiar de humanidad a las futuras generaciones. Incluso más allá de los conocimientos sobre ciertos temas, este rubro debería ser evaluado como parte del perfil de ingreso de todo educador al trabajo en las aulas.
“Es un deber importante de la educación, armar
 a cada uno en el combate vital para la lucidez”
(Morin, 2001; p. 33)

“Allí donde no existe amor no hay más
 que problemas de carrera, de dinero para
 el profesor, de fastidio para el discípulo”.
(Morin, 2000; p. 132)

A partir de esta alta moral de los educadores se podría iniciar el cambio en la educación ética para este cambio de época. Una meta básica sería generar estrategias para brindar a los estudiantes herramientas para “el combate vital para la lucidez”, herramientas de autoanálisis, de capacidad autocrítica, de revisión continua de lo que piensan y sienten a la luz de lo que otros piensan y sienten, de consciencia introspectiva sobre el modo en que toman sus decisiones y hacen sus valoraciones.
Para ello es fundamental generar un ambiente de aceptación incondicional,  un ambiente de inclusión sustentado en el amor humano auténtico. Morin señala  la importancia del amor como una “arma” fundamental de los humanos para la resistencia a la crueldad del mundo y de la vida.
 La trans-formación de la educación ética pasa por generar ambientes, presencias y encuentros fundados en el amor en todas las oportunidades posibles dentro del proceso educativo.[2] El amor no es meramente un sentimiento espontáneo, empírico, no intencional, sino una respuesta intencional al valor, un sentimiento propio del cuarto nivel de consciencia según Lonergan (1988). Por lo tanto, la generación de ambientes, presencias o encuentros sustentados en el amor humano no es la implantación de una educación sensiblera o cursi sino la exigencia profunda de actuación desde la respuesta a la captación afectiva del valor de todo ser humano y de la relevancia del proceso de humanización individual y colectiva.
Esta combinación de ambientes, presencias –básicamente de educadores significativos- y encuentros –con lo mejor de la herencia de la humanidad- sustentados en el amor humano auténtico, irá forjando en los educandos una sana “cultura psíquica”, que como señala Morin (2005) es indispensable para la generación de una autoética que abra al sujeto hacia la socioética y la antropoética necesarias para enfrentar con ánimo humanizante la incertidumbre de los tiempos de crisis de fundamentos en que hoy se vive.
La educación ética requerida es precisamente la que supera el individualismo aislante que es característico de la sociedad del mercado y el consumo globalizado actual, para forjar una sana individualidad vinculante, abierta a los demás, que conjugue adecuadamente el deber egocéntrico con el deber genocéntrico, el deber sociocéntrico y el deber antropocéntrico (Morin, 2005) generando un proyecto de vida autónomo pero plenamente inserto en la realidad del mundo y en el devenir de la humanidad como aventura común.
Para lograr esta triple educación que genere un compromiso de responsabilidad personal, de responsabilidad social y de responsabilidad humana planetaria, es necesario que se procure una formación de los educadores que vaya en el mismo sentido.
2.- La acción: Trans-formación de las prácticas educativas.
“Recapitulemos los rasgos esenciales de la misión educadora:
-Proporcionar una cultura que permita distinguir, contextualizar, globalizar…
-Preparar los espíritus para responder a los desafíos que plantea al conocimiento humano la complejidad creciente de los problemas…
-Preparar a los espíritus para hacer frente a las incertidumbres…
-Educar para la comprensión humana…
-Enseñar la afiliación…a su historia, a su cultura…
-Enseñar la ciudadanía terrestre…”
(Morin, 2000; p. 133)

            El cambio de visión ética en la educación tiene que traducirse, a partir de una adecuada y renovada trans-formación de los educadores, en prácticas educativas totalmente nuevas y distintas que respondan a las exigencias de la reforma del espíritu y de la reforma del pensamiento que piden los tiempos.             Porque más que trabajar en la enseñanza de contenidos, se está planteando actualmente la necesidad de que las prácticas educativas capaciten a los educandos para comprender la complejidad del conocimiento, entender la incertidumbre del mundo y saber moverse en ella, arraigarse críticamente en su propia herencia histórica y cultural, ser capaces de vivir una ciudadanía planetaria y de comprender a los seres humanos empezando por comprender su propio misterio como seres humanos.
            Lo anterior conduce a visualizar prácticas educativas que deben centrarse más que en contenidos, en procesos, operaciones estructuradas, métodos de trabajo, de pensamiento y de toma de decisiones. Esto requiere una preparación totalmente distinta de los docentes que se forman para transmitir conocimientos pero no para lograr generar estos procesos humanos complejos. Pero esta formación no puede consistir en la mera enseñanza de métodos didácticos para la incertidumbre, métodos de pensamiento complejo, etc. Carley (1989, p. 117) dice bien que cuando sucede que la formación docente se convierte en enseñanza de métodos, se produce una “apropiación acrítica de métodos de enseñanza” como resultado de la falla en los procesos de reflexión crítica de los profesores que no tienen el hábito de preguntar siempre ¿por qué? ¿Realmente es así? ¿Es bueno que así se enseñe?  y  terminan aprendiendo métodos como recetas de cocina que se aplican tajantemente y generalmente sin buenos resultados.
Un profesor que tiene un horizonte limitado a partir de una experiencia no reflexionada, seguramente va a generar un horizonte igualmente limitado en los estudiantes. Se requiere entonces que el profesor viva una experiencia de auto-reflexión, de autoanálisis, que se capacite en el hábito de la introspección y en la toma de decisiones, pues como dice Shavelson (1973, p. 18): “Todo acto de docencia es el resultado de una decisión, sea consciente o inconsciente…” por tanto “la habilidad docente básica es la toma de decisiones”.
            A partir de esta capacitación en la toma de decisiones y en el hábito de introspección, los docentes tendrían que vivir un proceso de auténtica conversión intelectual y moral que los llevara a reconceptualizar su misión y a replantear todas las estrategias que utilizan para llevarla a cabo.
            Desde esta nueva visión, las sesiones de clase deberían ser planteadas como espacios para vivir experiencias de aprendizaje conjunto e integrado en el que se plantearan los contenidos en forma de problemas complejos que requirieran del concurso de conocimientos de distintas disciplinas puestos en juego en torno a preguntas generadas en el mismo proceso. Estos problemas tendrían que contemplar, tanto la parte cognoscitiva en la que los estudiantes llegaran a la comprensión y la reflexión crítica que los llevara a afirmar juicios de hecho sobre los conocimientos básicos del curso, como la incorporación de cuestiones sobre las implicaciones éticas, humanas, sociales y ambientales que tendría cada solución posible del problema, para orillar al grupo a la deliberación y al planteamiento de jucios de valor y a la toma de decisiones –reales o supuestas- respecto al problema estudiado.
            Estos procesos serían concebidos ya no como intercambios exclusivamente intelectuales, sino como procesos humanos en los que la dimensión afectiva está integrada al proceso de aprendizaje. Una educación emocional adecuada, el cultivo de una cultura psíquica, es indispensable para que exista un proceso de desarrollo ético pertinente.
            En la deliberación ética tendría que existir siempre la presencia de los ejes egocéntrico, genocéntrico, sociocéntrico, antropocéntrico, de manera que en cada planteamiento de solución de algún problema se considerara tanto lo que más convendria a la persona que lo está resolviendo como a su grupo cercano, el respeto a la herencia cultural, la consideración del impacto social que tendría X solución del problema y el del impacto humano general que podría desprenderse de esta solución: ¿cómo afectaría el proceso de la especie humana para bien o para mal?
            Obviamente esto implica que la relación pedagógica se trans-forme para dejar de lado los roles abstractos y hacer que tanto el docente como los estudiantes se asuman como personas completas y que incorporen sus dudas, inquietudes, errores, confusiones, experiencias pasadas, esperanzas o desesperanzas al proceso educativo. En este sentido, podría decirse que “menos es más” en el sentido de que probablemente no hubiera tiempo suficiente para abordar muchos temas –lo cual es relativo pues un buen problema o caso puede implicar el tratamiento de varios temas en un solo proceso-, pero si esta cantidad se sacrifica en aras de una mayor calidad de aprendizaje, en una mayor profundidad de lo tratado y en una incorporación de la dimensión ética en cada uno de los problemas, esto sería una gran ganancia educativa y resultaría mucho más pertinente que el abordaje de una multiplicidad de temas aislados que resultan estériles a la larga.
            En la incorporación de la dimensión ética, “en el aprendizaje de la vida” como lo llama Morin, existirían dos vías, según el mismo autor señala en “La mente bien ordenada”: la vía interior que se realizaría por el camino del autoexamen, del autoanálisis, del hábito introspectivo que recomienda se empiece a trabajar desde los primeros años de la educación básica, y la vía exterior que él recomienda hacer a trav del conocimiento de los medios. Como bien señala, los profesores muchas veces “denuncian” a los medios y tratan de “combatirlos” en el aula en lugar de tratar de incorporar la visión y el conocimiento crítico de los contenidos mediáticos y de la racionalidad de los medios en el proceso educativo y sobre todo, en la reflexión ética.
La cuestión de la televisión y otros medios de comunicación masiva, no se resuelve simplemente llevando los medios al aula (proyección de películas o videos, etc.) o llevando el aula a los medios (telesecundaria, enciclomedia, etc.) sino tratando de introducirnos al conocimiento profundo –cognitivo, afectivo, ético- de los medios y su impacto en los educandos y en la sociedad contemporánea y haciendo conciencia habitual en los estudiantes de la necesidad de análisis de su relación y hábitos mediáticos, brindándoles las herramientas para ese análisis.
            Por otra parte, el mismo Morin considera el cine, la literatura, la poesía, el arte en general –y por qué no, podrían ser también algunos materiales de los medios masivos- como medios de aprendizaje tanto del lenguaje, de la historia, de la cultura y de la vida misma. Estos medios pueden y deben ser aprovechados por los educadores para la formación ética en cualquier materia en que se puedan incorporar, dado su gran impacto afectivo, que contribuye a la construcción de esa sana cultura psíquica.
            Los acontecimientos cotidianos de relevancia que ocurren en la misma comunidad escolar o en el nivel local, regional, nacional o mundial, pueden ser grandes oportunidades de educación ética en la perspectiva que hemos planteado, es decir, no como oportunidades de “discursos moralizantes” de parte del profesor sino como espacios de diálogo, reflexión, deliberación conjunta, elaboración de preguntas para la deliberación adecuadas, formulación de juicios de valor, planteamiento de posibles decisiones e incluso acciones que se puedan derivar de este proceso de diálogo, formación de las emociones a partir de su explicitación, comunicación y análisis, etc.
            Como se habrá inferido ya, el asunto de la trans-formación ética en las prácticas educativas implica un cambio en el planteamiento global de los procesos educativos de todas las asignaturas o módulos curriculares y no la simple inclusión de asignaturas de ética profesional o de formación moral.
            “Ni yo ni nadie más puede caminar ese camino por ti.
Tú debes caminarlo por ti mismo. No está lejos, está al
 alcance. Al vez hayas estado en él desde que naciste
 y no lo sabías. Tal vez esté en todas partes, sobre el agua
 y sobre la tierra”.
Walt Whitman (En Morin, 2006; p. 16).
           
            El cambio más importante en las prácticas educativas a partir de la modificación de la visión ética en la educación, es que el educador tendrá que plantear sus cursos de manera que facilite que el educando “camine el camino de su desarrollo moral” por sí mismo, sabiendo que ningún discurso, ninguna enseñanza de valores, ningún intento de control, de enjuiciamiento o de consejo podrá hacer que este desarrollo moral le ocurra, ni evitarle ese camino.
            El desafío ético fundamental para el docente consiste en la invitación a la exploración, comprensión, diferenciación, integración, autentificación y finalmente, apropiación de su propia “estructura moral”. La trans-formación fundamental de las prácticas educativas a partir del cambio en la visión de la educación ética, consiste en asumir seriamente esta invitación, en aceptarla y vivirla como educadores y en empeñar la vida profesional tratando de diseñar, instrumentar y evaluar estrategias didácticas y metodológicas formativas que puedan disparar este proceso y plantear esta invitación a cada uno de los educandos desde los objetivos generales y específicos y desde el campo de contenidos de cada asignatura.
Referencias.
Aranguren, J. L.  (1985). Etica. Madrid. Ed. Alianza universidad.
Carley, M. (1989). Bernard J.F. Lonergan on teaching. Doctoral Thesis in Education. Graduate School of Education. Harvard University. Unpublished.
Escámez, J. (s/f). La enseñanza de actitudes y valores. Barcelona. Ed. Nau llibres. Hersh, R. Et. Al. (1997). El crecimiento moral, de Piaget a Kohlberg. Barcelona
Ed. Narcea.
Hirsch, A. (Comp.) (2001). Educación y valores. México. Ed. Gernika.  3 tomos.
Hirsch, A. y R. López Z. (Comp.) (2003). Ética profesional e identidad institucional. México. Universidad Autónoma de Sinaloa.
Hirsch, A. (Coord.). (2006). Educación, valores y desarrollo moral. México. Ed. Gernika.  2 tomos.
Latapí, P. (1999). La moral regresa a la escuela. México. Plaza y Valdéz-CESU-UNAM.
Lonergan, B. (1988). Método en Teología. Salamanca. Ed. sígueme.
Morin, E. (1997).  El Método II. La vida de la Vida. Madrid. Ediciones Cátedra.
Morin, E. (2000). La mente bien ordenada. Barcelona. Ed. Seix Barral.
Morin, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Buenos Aires. Ed. Nueva visión.
Morin, E. (2003). El Método V. La humanidad de la humanidad. La identidad humana. Madrid. Ediciones Cátedra.
Morin, E. (2005). O Método VI. Ética. Brazil. Editora Sulina.
Morin, E., E. Roger y R. Motta.  (2006). Educar en la era planetaria. Barcelona. Ed. GEDISA. Primera reimpresión.
Payá, M. (2000). Educación en valores para una sociedad abierta y plural. Ed. Desclée. Bilbao.. 2ª. Edición.
Shavelson, R.J. (1973). “The basic teaching skill: decision making”.In R&D memorandum n. 104. Stanford, CA. Stanford University.




[2] Esta idea de la educación como conjunción de ambientes, presencias y encuentros ha sido desarrollada en  otra obra. López-Calva  (2006-2).

lunes, 16 de septiembre de 2013

15 de septiembre: ¿Algo que celebrar?




*Este texto es una adaptación de un artículo periodístico que publiqué como parte del Círculo de escritores de la Ibero Puebla en el año 2010, conmemoración del bicentenario de la independencia.

El mes de septiembre obliga a tocar el tema de la independencia que estamos, el grito y las celebraciones que lo acompañan. Fechas emblemática para el país que llega en momentos especialmente difíciles en los que la violencia, la inseguridad, la crisis económica, la inmovilidad política y el desánimo social parecen ser las constantes que definen el ambiente nacional.
Un aspecto central que domina año con año los medios de comunicación y las rede sociales es el debate acerca de la celebración que organiza el gobierno federal y los gobiernos en los estados. La pregunta que aparece de manera recurrente cada 15 de septiembre es: ¿Hay realmente algo que celebrar?
Abundan en los periódicos y en los programas de radio y televisión e inundan los buzones de correo electrónico y los TL de las redes sociales los mensajes a favor y en contra.  La mayoría de estos mensajes, columnas y mesas de debate oscilan entre el extremo optimista ingenuo –quasi patriotero- que se pronuncia a favor de las celebraciones por motivos sentimentales válidos pero superficiales o cuando menos insuficientes –“una sopa caldosa, escuchar el himno nacional, una danza folklórica…”- y el extremo “políticamente correcto” entre los “intelectuales de vanguardia y de izquierda” que centran sus argumentos en contra de toda celebración en una visión que se encierra en el estado actual de las cosas –la pobreza, la exclusión, la violencia imperante, el retorno del PRI al poder y el rechazo absoluto al presidente Peña Nieto, etc.- y se enfoca en una visión catastrofista de nuestra realidad.
Solamente algunos de estos ejemplos de textos y reflexiones tratan de hacer un balance a partir de un análisis más complejo y con un horizonte histórico que aporte elementos para poner en la balanza los motivos y razones para sumarnos o no a las celebraciones.
En estos pocos ejercicios complejos y con visión de largo aliento parece predominar la postura de un equilibrio entre una sana celebración que sirva como reconocimiento de los indudables avances que como país se han vivido hasta hoy y como elemento de cohesión social que reconstituya un poco el maltrecho tejido social y un ejercicio de recapitulación histórica crítica que, reconociendo las deudas pendientes y los severos problemas que aquejan al país en el presente, apunte hacia la generación de acuerdos mínimos entre todas las fuerzas económicas, políticas y sociales para construir un mejor futuro.
Independientemente de que los eventos, monumentos, actividades conmemorativas y publicaciones históricas programadas por el gobierno y las organizaciones de la sociedad civil sean o no las adecuadas, sin renunciar a la crítica sobre la eficiencia y pertinencia del presupuesto destinado para ello y su ejercicio, estos planteamientos analíticos coinciden en invitarnos como mexicanos a celebrar con orgullo todo lo que el país ha ido siendo y haciendo a lo largo de esta historia conflictiva y difícil, para caer en la cuenta de los elementos que han promovido los avances sociales, de los obstáculos que han impedido resolver de fondo los problemas de desigualdad, injusticia y exclusión que padecemos y de los elementos que hoy se requieren para afrontar con relativo éxito los desafíos del siglo XXI que son distintos –aunque algunos de ellos tengan sus raíces en el pasado- que los del inicio del siglo XIX o los del siglo XX.
Desde mi punto de vista y tratando de pensar con perspectiva histórica, es indudable que hay mucho que celebrar en estas fiestas patrias. México no es el mismo después de estos doscientos tres años. El avance en la construcción de un estado más sustentado en instituciones que en caudillos o héroes individuales, la construcción de una sociedad civil incipiente pero crecientemente participativa, los enormes saltos en cobertura educativa (basta comparar los porcentajes de cobertura en educación básica durante el porfiriato y los actuales), en salud pública, servicios, interrelación con el mundo, tecnología, expectativa de vida, equilibrio de poderes, elecciones libres y observadas por organizaciones independientes, sistema de partidos, libertad de expresión, etc. son más que evidentes a pesar de que aún falte mucho por caminar en todos estos terrenos y existan nuevos problemas.
En estas fechas históricas, ojalá podamos dar el salto del falso patriotismo de mariachi y festejo efímero, pero no hacia el reino del pesimismo y la desmoralización disfrazados de crítica y expresados en slogans ideológicos,  sino hacia una ciudadanía cada vez más reflexiva, históricamente conciente y responsable, capaz de reconocer los enormes desafíos que nos plantean los urgentes problemas nacionales sin regatearnos la posibilidad de celebrar lo que somos hoy, que es producto imperfecto pero real del sueño de nuestros antepasados:  los que dieron su vida por una nación independiente, justa y democrática y los que perdieron la vida en este empeño.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Maru Mena: Los frutos de una disciplina apasionada.

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*Texto de homenaje a la Mtra. María Eugenia Mena Sánchez, amiga y compañera de trabajo en la Ibero Puebla de la que fue profesora fundadora, creadora de la carrera de Nutrición, iniciadora y primera presidenta de la asociación de docentes e investigadores y directora general académica. Un recuerdo con cariño para un ser humano auténtico.

1.-Pasado lejano:
            María Eugenia Mena la profesora de estadística a la que todos los alumnos temen. Maru Mena dando clases como profesora de asignatura en la recién fundada Ibero Puebla –entonces “golfo centro”-, en aquéllos ahora legendarios, entonces incómodos salones de lámina llamados coloquialmente “los gallineros”. Maru la profesora rigurosa, que domina su materia, que planea sus clases sistemáticamente, que exige y exige fuerte, que califica de manera estricta, que evalúa hasta los pequeños detalles como eso que aún recuerdan exalumnos de esa época como “exageraciones” llamadas “reglas del lenguaje matemático” o “gramática de los números” (como poner la “rayita” de las fracciones en medio del signo de igual y no arriba o abajo).
            La vocación docente que es algo que marcará toda su vida y que no dejará nunca, ni aún siendo directora general académica y teniendo muchísimas ocupaciones y preocupaciones institucionales que atender: Maru demostró que esta vocación es realizable en cualquier condición laboral y que se puede atender todo sin dejar nunca de atender al alumno y a su aprendizaje. Esta vocación y su deseo de construir comunidad universitaria en esos tiempos ya “remotos” de la aún joven Universidad Iberoamericana en Puebla la llevaron a encabezar los esfuerzos para replicar la famosa API (Asociación de Profesores e Investigadores) de la Ibero México y fundar aquí, “con todas las de la ley” como ella hacía siempre las cosas, la Asociación de Docentes e Investigadores de la Ibero Puebla, de la que fue primera presidenta y que aún persiste.
            María Eugenia Mena la nutrióloga enamorada de su profesión –egresada de a licenciatura en Nutrición y de la maestría en Tecnología de alimentos de la Ibero México-, la coordinadora fundadora de la carrera de Nutrición y ciencia de los alimentos en la Ibero Puebla en 1992 –estará a cargo de este programa hasta el 2001-, la coordinadora que sienta las bases de un programa de licenciatura serio, riguroso, exigente, disciplinado, que construye con el esfuerzo diario un prestigio que se ha venido manteniendo e incrementando con los años. Maru la que refleja esa disciplina que la caracteriza y marca su personalidad y su quehacer docente en la creación de un programa académico de alto nivel y en la participación gremial destacada por la que fue Presidenta del Comité Ejecutivo de Asociación Mexicana de Miembros de Facultades y Escuelas de Nutrición, A.C. (AMMFEN). Maru la que a pesar de y gracias a ese rigor es recordada con cariño por sus alumnos y alumnas de estadística, por sus estudiantes de Nutrición y por sus colegas de profesión.


2.-Pasado “reciente”:
            María Eugenia Mena que ha pasado varios años como coordinadora de Nutrición en la Ibero y luego como profesora de tiempo completo, la que por su disciplina, exigencia e incuestonable “amor a la camiseta”  es llamada por el rector Arq. Carlos Velasco Arzac S.J. (QEPD) a mediados de 2001, para proponerle ocupar la Dirección General Académica. Maru Mena la mujer de fe que por su disciplina diría que sí de inmediato –con absoluta seguridad no por el nivel, el poder o el prestigio del cargo sino por la disposición genuina a servir a la institución en la que creyó siempre- pero que solicita sin embargo, tiempo para tomar la decisión y se retira a hacer “ejercicios espirituales” para discernir lo que en lo profundo ese Dios en el que cree y en el que sustenta su proyecto vital le pide en ese momento.
            Maru acepta esta responsabilidad y la ejerce entregadamente hasta 2007. Los que trabajamos con ella la recordamos como una jefa exigente pero comprensiva, una autoridad que escucha, se abre al diálogo, es capaz de autocorregir, de cambiar sus propias visiones a partir de lo que los demás van aportando. Una directora general altamente abierta al trabajo en equipo,  que no se aferra al poder ni quiere absolutizar su área sino que trabaja por un proyecto común, un proyecto que no siempre parte del consenso o de la homogeneidad de ideas pero que buscar llegar a acuerdos a partir del trabajo de buena fe y de la confianza en lo que los demás aportan.
3.-Pasado aún presente:
            Maru Mena la mujer con vocación de servicio  a la sociedad. La profesional que trabajó en el DIF–donde fue Subdirectora de la Dirección de Desarrollo Comunitario y Jefe del departamento de investigación nutriológica- y en el INEA, de manera comprometida y eficiente y que después de muchos años en la vida universitaria fue llamada a ser regidora del H. Ayuntamiento de Puebla, lo que seguramente aceptó después de otro proceso de discernimiento profundo. Desde esa posición de servicio público fue capaz de construir un proyecto de salud amplio, realista, ambicioso y pertinente para nuestra ciudad, un proyecto que ojalá tenga continuidad porque naciendo de ella, es seguramente un proyecto orientado auténticamente por el “deseo de construir el bien humano” entre los poblanos, sobre todo entre los que más lo necesitan y menos oportunidades tienen.
            Maru la que es capaz de combinar su trabajo eficiente como regidora con el trabajo académico que le implicó cursar un doctorado y trabajar en las asignaturas y en el proyecto de investigación que seguramente, de haber tenido tiempo, hubiera culminado con mención honorífica.
            Todo ello sin dejar de lado la música, su otra gran vocación y profesión. La música estudiada en serio e interpretada con todo el rigor y la seriedad que demanda (fue profesora de música y cantante egresada del conservatorio de música del estado). La música que exige trabajo además de sentimiento e inspiración, la música que es para ella un medio de comunicación y aún de espiritualidad.
            Pero la actividad como servidora pública, la vida académica (docente, directiva, estudiante de doctorado), el ejercicio de la música tampoco impedían a Maru cumplir con el eje de su vida: su dimensión como esposa y como madre, su calidad de compañera de Amando y de guía de Amanda, los dos grandes amores de su vida. ¿Cómo podía cumplir con todo al mismo tiempo? ¿Cómo era posible que además de todo su trabajo pudiera diseñar sus menús balanceados desde sus conocimientos de Nutrióloga para la comida de toda la semana en su casa? La disciplina fue sin duda la clave de esta labor titánica, la disciplina que era casi una segunda identidad de Maru Mena.
4.-Disciplina apasionada, pasión disciplinada.
            María Eugenia Mena Sánchez podría dar la impresión a quien no la conociera bien o no la hubiera tratado lo suficiente, de ser una mujer rígida o movida solamente por la disciplina férrea y sin concesiones.
            Sin embargo cuando uno entraba en contacto con ella de manera más cercana y permanente, era casi transparente adivinar que esa disciplina no era un conjunto de reglas y deberes autoimpuestos sin sentido sino una manera de realizar de manera más eficaz una pasión: una pasión por la vida, una pasión por el ser humano, una pasión por la búsqueda de un mundo mejor con visión trascendente.
Disciplina apasionada o pasión disciplinada podrían definir de manera más completa la complejidad del ser humano que fue, que sigue y seguirá siendo para los que la tratamos, la quisimos, la admiramos, Maru Mena. Una mujer que siguió con fidelidad su pasión por la vida gracias a su disciplinada forma de vivirla, un ser humano que siguió con coherencia la disciplina que guiaba sus días gracias a la profunda pasión que interiormente la movía y que sin duda la sigue moviendo allá donde ahora está, mirándonos y agradeciendo pero relativizando seguramente con su humildad este acto en su honor.

domingo, 1 de septiembre de 2013

De la filosofía de siempre a la educación actual, de la filosofía actual a la educación de siempre.



Notas sobre el bucle filosofía-educación ante los desafíos del cambio de época
(Ponencia presentada en el II Congreso Latinoamericano de Filosofía de la Educación en la Universidad de la República del Uruguay en marzo 2013. Las memorias completas se encuentran en: http://brendanlai.tempsite.ws/alfefilosofiadelaeducacion/files/ProgramaeConfer%C3%AAnciasIICongresso2013.pdf )

Resumen:
La ponencia aborda la relación dialógica, recursiva y retroactiva entre filosofía y educación. Su contenido se sustenta en el paradigma de complejidad aportado por Edgar Morin en su obra y se inspira en el planteamiento de John Dewey acerca de la relación entre el componente reflexivo (filosofía) y el componente práctico (educación) para la formación de las nuevas generaciones.
A partir de una contextualización de los desafíos que está planteando el cambio de época a la sociedad en lo antropológico, lo epistemológico, lo ético y lo social y las exigencias que estos desafíos implican para el sistema educativo, se fundamenta la necesidad de la filosofía de la educación “de siempre”, con sus preguntas permanentes y sus aportaciones históricas para la reflexión sobre la reforma educativa de hoy y al mismo tiempo la urgencia de una nueva filosofía –compleja- de la educación, una “filosofía de la educación de hoy” para orientar el proceso de desarrollo histórico de la educación.
Se enfatiza en el desarrollo del trabajo la aportación de la perspectiva filosófica de la complejidad –como una filosofía de hoy que aporta elementos a la reforma de la educación de siempre- y sus implicaciones en una nueva concepción de los sujetos de la educación, del conocimiento en la educación, de la ética en el proceso educativo y de las visiones sociales que sustentan el quehacer de los educadores y administradores educativos.

Palabras clave:
1.-Filosofía 2.-Educación 3.-Complejidad 4.-Relación dialógica 5.-Recursividad


1.-El bucle: la relación dialógica, recursiva y retroactiva entre filosofía y educación

La humanización es un desconocido-conocido (Lonergan, 1998), es decir, una noción de la que sabemos algo, pero que se nos presenta fundamentalmente como búsqueda, con preguntas eternas de las que nunca acabamos de tener respuesta completa y con preguntas siempre nuevas que nos invitan a seguir explorando. Por otra parte, la educación consiste fundamentalmente en una intervención planificada, sistemática e intencionada mediante la que los seres humanos adultos buscan enseñar –facilitar elaprendizaje de- en qué consiste ser humano (Savater, 1997) –los avances histórico-culturales sobre ese desconocido-conocido - a las nuevas generaciones.
Podemos entonces plantear que la educación –el contenido concreto de esta enseñanza de humanidad es también un desconocido-conocido al que nos vamos aproximando históricamente y de manera simultánea a la aproximación que tenemos a la noción de humanización.
Los nuevos descubrimientos y elementos de comprensión y vivencia de lo que significa humanizarse van históricamente alimentando al sistema educativo y enriqueciendo la noción de educación, aportando nuevos elementos fundantes, nuevas teorías pedagógicas, psicológicas, sociológicas, etc. que se manifiestan en nuevos modos de organizar los conocimientos –curriculum- y el aprendizaje –didáctica, metodologías de enseñanza-aprendizaje, así como también las nuevas comprensiones acerca de la educación van enriqueciendo la visión de humanización que históricamente se va desarrollando.
Noción de educación
Para caracterizar esta visión de la educación como “desconocido-conocido” que se va buscando a lo largo de la historia y de cuyas aproximaciones van dando cuenta las distintas teorías y modelos pedagógicos formulamos la “noción heurística de educación personalizante”, que es evidentemente distinta a un concepto o definición de educación.
En un trabajo previo (López-Calva, 2006; p. 83) se define la educación personalizante en estos términos:
“Noción heurística porque, a diferencia de un “modelo didáctico” o “teoría pedagógica”, su pretensión no es la definición clara, cerrada y operativa de sus términos, contenidos y objetivos, y el establecimiento de métodos y técnicas adecuados para lograr estos objetivos, sino el planteamiento de
Noción de humanización
un nuevo escenario y estructura aproximativa al fenómeno educativo, el planteamiento de los fundamentos de este fenómeno de acuerdo a las exigencias progresivas de humanización y la apertura de nuevos campos y elementos de investigación, reflexión y acción hacia la clarificación de esta noción. Noción heurística porque pretende establecer un planteamiento abarcante y comprensivo de cuyos contenidos precisos es más lo que ignoramos que lo que sabemos, y por ello, constituye no la respuesta sino una nueva clave para el planteamiento de preguntas, no el camino, sino un campo renovado donde trazar múltiples posibles caminos, no el modelo sino un escenario para la búsqueda de nuevos modelos auténticamente educativos”.
A partir de este bucle entre noción de humanización y noción de educación del que se desprende la noción heurística de educación personalizante y fundados en el hecho de que la Filosofía es la disciplina que se ocupa de la búsqueda reflexiva de respuestas a las preguntas fundamentales por lo humano, es posible visualizar la relación, -también dialógica, recursiva y retroactiva- entre Educación y Filosofía. De manera que se puede establecer el bucle:
Filosofía
Educación
Ya Lonergan (1998) analizando la propuesta de Dewey planteaba esta relación indisoluble en la que la Filosofía es la parte reflexiva y la Educación la parte operativa, estableciendo que educar es hacer operativa una filosofía. Desde la perspectiva de la complejidad, el planteamiento de esta relación en un bucle implica la retroactividad y recursividad que nos permiten superar la causalidad lineal y asumir que la educación causa a la filosofía que la sustenta del mismo modo que la filosofía causa a la educación.
De manera que cuando la educación entra en crisis es posible inferir que hay una crisis en el terreno filosófico o bien que la educación ha pretendido dejar de lado su sustento filosófico y cuando hay una crisis filosófica también es posible deducir que existe una crisis en la educación.
Estamos viviendo hoy en día un contexto en el que se presentan múltiples desafíos a la educación, desafíos que tienen todos ellos profundas implicaciones filosóficas y deben ser resueltos desde la reflexión filosófica que trasciende las evaluaciones e investigaciones empíricas.
Hoy más que nunca resulta necesario magnificar la Filosofía y no sacrificarla, tal como afirma Edgar Morin (2001) que debe hacerse con las humanidades en la educación.
¿Cuáles son los desafíos que enfrenta la educación contemporánea que requieren de estas profundas soluciones filosóficas? ¿Qué puede aportar la “filosofía de siempre” –la aportación histórica de la Filosofía- a la educación actual? ¿Qué puede aportar la filosofía actual –los marcos filosóficos humanistas complejos de hoy- a la educación de siempre –al proceso de comprensión sobre la
naturaleza y finalidad del proceso educativo? De estas preguntas se ocupará este trabajo.

2.-Los desafíos del cambio de época a la educación.

“El futuro ya no es lo que era antes” dice una frase atribuida a Valéry. Este es un hecho indudable que puede ser leído de distintas maneras por los estudiosos de la sociedad y del ser humano. Por una parte, nos encontramos ante quienes ven este contexto como una crisis civilizatoria o crisis de futuro y por otra, con quienes desde una visión más optimista, explican la realidad actual como un cambio de época (Gorostiaga, 1995).
La idea de cambio de época explica estas crisis globales como una etapa de transición histórica entre dos momentos de la humanidad y por tanto, una etapa en la que la vieja época no acaba de morir y la nueva no termina de nacer. Los rasgos de este cambio de época están planteando desafíos muy radicales a la educación tal como se ha concebido hasta ahora, puesto que como afirma Robinson (http://www.youtube.com/watch?v=Z78aaeJR8no) el sistema educativo y la escuela actuales se originaron y siguen operando bajo la lógica de la Revolución Industrial y el movimiento cultural de la Ilustración.
2.1.-El desafío antropológico: Toda educación genera una idea de ser humano que la genera.
Tenemos entonces que a partir de la relación de influencias mutuas que surge de la interacción entre el desarrollo de la praxis y conceptualización del ser humano y la educación vista como subsistema dentro del sistema social, podemos afirmar que la educación genera una noción de ser humano que la genera.
Las exigencias del mercado laboral, las demandas de la sociedad centrada en el consumo, las visiones tecnocráticas y eficientistas del mundo con la consecuente aceleración del ritmo de vida, así como la emergencia de nuevas dimensiones de conciencia en la humanidad: la conciencia ecológica emergente, la conciencia de los derechos humanos, la creciente solidaridad internacional, la emergencia del enfoque de género o el surgimiento constatable bajo el indiferenciado nombre de “nueva era” (“new age”) de nuevas búsquedas espirituales de sentido y relación con la trascendencia están indudablemente afectando la visión de ser humano que produce y es producida por la educación en este cambio de época.
¿Cuál es la visión de ser humano que está siendo generada-generadora de educación en esta sociedad de la información? ¿Qué tan humana es esta visión de ser humano? ¿Cómo puede la educación aportar elementos para reforzar lo humano y resistir lo deshumanizante de esta visión dominante? Estas son las preguntas que pueden caracterizar el desafío antropológico del cambio de
época a la educación y en los que la filosofía tiene un papel fundamental.
2.2.-El desafío epistemológico: Toda educación produce una visión de conocimiento que la produce.
“Pero conocer es comprender, y comprender es incompatible con el oscurantismo que excluye arbitrariamente ciertas preguntas...” (Lonergan, 1999; p. 32) Del mismo modo que con la visión de ser humano, en el campo epistemológico podemos afirmar que toda educación genera una visión del conocimiento que a su vez la genera.
En la base de todo proceso educativo está presente una visión sobre el conocimiento, pero también podemos decir que el proceso educativo genera una visión de conocimiento. De esta manera, las visiones epistemológicas que predominan en la sociedad van incidiendo en el sistema educativo a través de los medios de comunicación, de las exigencias formativas que plantean los distintos sectores sociales y los gremios científicos, de las teorías pedagógicas que van teniendo mayor influencia dentro del profesorado y las disciplinas que se van imponiendo como hegemónicas.
Al mismo tiempo la educación va incidiendo en las visiones de conocimiento que tienen aceptación social mediante la estructura y componentes del currículo operante, la forma en que los docentes trabajan los contenidos con los educandos –métodos didácticos- , los contenidos que se priorizan, los medios que se utilizan para trabajar el proceso de enseñanza-aprendizaje, las formas de evaluar el aprendizaje y los ambientes de aprendizaje como sistemas complejos que constituyen la “ecología del aprendizaje”.
El cambio de época, el mundo de la “modernidad líquida” como la llama acertadamente Bauman (2005) está poniendo en crisis los fundamentos del sistema educativo. Como afirma este autor, en la sociedad sólida se educaba para no olvidar porque el conocimiento era una posesión duradera. Se enviaba a la escuela a los hijos para aprender cosas que les duraran toda la vida. Sin embargo hoy han perdido valor las posesiones duraderas y el conocimiento se ha vuelto también una mercancía desechable que se usa y se olvida. La memoria, que en la educación tradicional y moderna jugaba un papel fundamental se ha vuelto prescindible ante los dispositivos electrónicos e informáticos que almacenan la información de manera virtual. La avalancha de información hace que a veces sea difícil distinguir el trigo de la paja.
¿Qué tan pertinente es la visión del conocimiento que está generando nuestra educación actual? ¿Qué tan pertinente y adecuada a los tiempos que se viven es la visión del conocimiento que está siendo generada por nuestros procesos educativos? Este es el gran desafío en el ámbito del conocimiento para la educación actual y en este desafío la filosofía juega también un papel fundamental.
2.3.-El desafío ético: Toda educación genera una visión ética que la genera.
En el terreno de la reflexión ética nos encontramos en una época caracterizada por una profunda crisis de fundamentos. Esta crisis se manifiesta en algunas dinámicas que caracterizan los grandes movimientos de nuestro tiempo. Por una parte, la dinámica de tensión entre la posmodernidad que plantea básicamente una visión relativista de la ética como reacción a la ·”dictadura del racionalismo” que se vivió en la modernidad y una tendencia a refugiarse en el pasado para “recuperar” o “rescatar” valores que se consideran eternos y que se afirma se han “perdido” en la crisis actual. En segundo lugar, la dinámica “pendular” que se origina a partir del rechazo al racionalismo moderno parece proclamar ahora la “dictadura de las emociones” y la estetización de la vida como remplazo a la vida sustentada en la ética.
En el campo específico de la educación, estas tendencias se están manifestando principalmente en una especie de “vuelta a la ética”, es decir, de revaloración creciente de la cuestión moral en lo educativo. Esta tendencia es muy positiva y se está manifestando en el creciente número de investigaciones y publicaciones que se realizan al respecto, la existencia de redes de investigación en diversos ángulos de esta dimensión de lo educativo, el trabajo curricular y el diseño y operación de programas de “formación en valores” o de cursos de ética profesional.
Sin embargo, en esta dialógica en la que la educación genera una visión ética que la genera cabe preguntarse: ¿Cuál es la visión ética que está siendo generadora de la educación actual? ¿Qué tanto esta visión ética está permeada por criterios pragmáticos y economicistas que sustentan la doctrina del éxito y la fama como modelos de lo humano? ¿Cómo es la visión ética que está siendo generada por la educación a partir de esta vuelta de la moral a la escuela y qué tanto puede esta visión contribuir a regenerar procesos de humanización en una sociedad altamente deshumanizada?
Este es el desafío ético a la educación de nuestro cambio de época que no puede enfrentarse con éxito sin otorgar un rol relevante a la reflexión filosófica.
2.4.-El desafío social: Toda educación genera un tipo de sociedad que la genera.
“Por más que nos pese, pertenecemos a nuestro siglo”. Augusto Comte (En Morin, 2001: 15) Por más que nos pese, pertenecemos a nuestro siglo y por más que pueda pesarnos, pertenecemos también a nuestra sociedad. Nuestro tiempo y nuestra sociedad nos marcan de una manera indeleble aunque no determinen de manera definitiva nuestro destino.
La educación –entendida en su sentido amplio- es el mediador fundamental entre nuestro siglo, nuestra sociedad y nuestra vida como individuos. La educación formal, escolarizada o
institucionalizada sigue siendo una de las mediaciones más poderosas –junto con los medios de comunicación y las tecnologías de información- entre esta visión social y los sujetos que constituyen la colectividad.
Podemos asumir que existe una relación dialógica y recursiva entre la visión social y la educación. Es una relación dialógica puesto que no se trata de una lógica causa-efecto lineal sino que ambos elementos están unidos circularmente y se influyen mutuamente. Es una relación recursiva puesto que cada uno de los términos resulta se causa y efecto respecto al término con el que está vinculado en esta relación. De esta manera podemos decir que la educación genera una visión social que va a transformar la praxis e incluso las teorías sociales, pero que al mismo tiempo, la praxis social y las teorías sociales en ciclo, inciden en la educación de manera que la generan y la transforman continuamente.
Nos encontramos en el cambio de época con una sociedad fragmentada, en la que cada vez se abre más la distancia y la incomunicación entre los distintos sectores sociales, una sociedad marcada profundamente por la desigualdad –de recursos, de oportunidades, de capacidades- en la que existe una inversión de la pirámide de ingresos respecto a la pirámide poblacional.
Tenemos una sociedad pragmática e inmediatista que presiona cada vez más a la educación para excluir todos los conocimientos que no son “útiles” y “prácticos” o “aplicables” en el sentido economicista, con lo que las humanidades, la filosofía y el arte, quedan automáticamente excluidos.
¿Cómo es la visión social que está generando la educación actual? ¿Qué tan humanizante y generadora de justicia es esta visión social? ¿Cómo es la visión social que está siendo generada por la educación? ¿Qué tanto puede la educación generar elementos de refuerzo de las dinámicas de transformación social y elementos de resistencia colectiva a las tendencias de decadencia social imperantes? Este es el desafío social para la educación actual y en este desafío la reflexión filosófica juega también un papel fundamental. 

3.- De la filosofía de siempre a la educación de hoy: la necesidad de filosofía de la educación para enfrentar los desafíos del cambio de época.

“Proseguir el esfuerzo cósmico desesperado que, en el humano toma forma de una resistencia a la crueldad del mundo es lo que yo denominaría esperanza”. (Morin, 1995: 291)
En la Apología, Platón hace decir a Sócrates que una vida que no se examina no merece ser vivida y la vida humana en la sociedad del cambio de época es una vida carente de examen, de reflexión, de análisis y por lo tanto de un sentido libremente elegido.
De la misma forma podríamos extrapolar la frase al ámbito educativo y decir que una educación que no se examina –que no se reflexiona continuamente, que no revisa y define
explícitamente sus fundamentos y sentido- no merece ser vivida, no merece ser llamada con pleno significado educación.
La educación del cambio de época, como la vida humana del cambio de época es una educación muy preocupada por los medios, muy centrada en las preguntas por los cómos, por los medios, métodos e instrumentos pero muy poco ocupada en un serio y profundo autoexamen por sus fundamentos, su sentido y sus finalidades hacia los individuos, la sociedad y la especie humana.
Este es el principal aporte de la filosofía, el aporte urgente que puede y debe hacer la filosofía de siempre –la reflexión y las preguntas filosóficas de nuestro acervo histórico-a la educación: el establecimiento sistemático y estructural de un autoexamen que haga que el proceso educativo sea no solamente eficiente y eficaz sino pertinente y valioso, que merezca la pena ser vivido por las nuevas generaciones de seres humanos.
En ese sentido, tal como afirmaba el padre de la investigación educativa en México, don Pablo Latapí Sarre (1927-2009), el ministerio de educación debería ser el ministerio del futuro y estar conformado principalmente por filósofos y no solamente por administradores. Un ministerio que revise y diseñe futuros humanos alcanzables a partir de la educación y no solamente respuestas técnicas más o menos eficaces al mercado laboral y a la sociedad tecnocrática que se vive.
Para ir construyendo esta aportación que ayude al sistema educativo a responder a los desafíos antropológico, epistemológico, ético y social del cambio de época, sería indispensable la vuelta a las preguntas filosóficas siempre presentes, siempre sin responder que se ha hecho el ser humano a lo largo de la historia.
De manera que las preguntas filosóficas fundamentales planteadas por Kant: 1a ¿Qué puedo saber? → Metafísica, 2a ¿Qué puedo esperar? → Sentido, 3a ¿Qué debo de hacer? → Moral, 4a ¿Qué es el hombre? → Antropología (González, s/f) deberían estar en el fondo del planteamiento de todo modelo educativo y en el centro de todo currículo. ¿Qué es lo que el ser humano puede saber hoy en el mundo de las tecnologías de información y comunicación y las realidades virtuales? ¿Qué puede esperar hoy el ser humano en un mundo cambiante, marcado por la incertidumbre y la pluralidad? ¿Qué debe hacer hoy un ser humano, cómo debe comportarse para construir una convivencia humanizante que ayude a cada persona, a las sociedades y a la especie humana a vivir para vivir y no solamente a sobrevivir? ¿Qué es hoy el ser humano, cómo podemos llegar a comprender su permanentemente no resuelto misterio?
En el campo del conocimiento, las preguntas de Lonergan en Insight (1999): ¿Qué hago cuando conozco? Gnoseología, ¿Qué obtengo cuando hago esto? Metafísica y ¿Por qué a esto se le puede llamar conocimiento y no de otra forma? Epistemología resultan básicas para superar el relativismo, la indiferenciación y la confusión en que nos tiene la perspectiva de realismo ingenuo imperante en que se equipara el conocer con el acto de ver lo que está ahí, afuera, ahora, sin pretender regresar al
dogmatismo de las verdades únicas y eternas.
O en el terreno de la ética las dos preguntas que plantea Zubiri (En: Tarín, 2005) como más profundas en la existencia humana: ¿Qué va a ser de mí? ¿Qué voy a hacer de mí? resultan indispensables para una educación moral que esté a la altura de nuestros tiempos.
Estos son solamente algunos ejemplos de preguntas filosóficas esenciales para aportar a la educación el autoexamen necesario para que valga la pena y para que sea verdaderamente el campo de la esperanza, es decir, el campo donde se construye esa resistencia a la crueldad del mundo que es la manifestación humana del esfuerzo cósmico desesperado por mantener la vida, por regenerar continuamente la vida para evitar que la vida degenere.

4.-De la filosofía de hoy a la educación de siempre: aportes de la filosofía humanista compleja para la transformación educativa.

“Educar en el pensamiento complejo debe ayudarnos a salir del estado de desarticulación y fragmentación del saber contemporáneo y de un pensamiento social y político, cuyos modos simplificadores han producido un efecto de sobra conocido y sufrido por la humanidad presente y pasada” (Morin, 2006: 44-45 )
Por otra parte, existe una creciente necesidad de encontrar nuevos paradigmas filosóficos para contribuir a la “Reforma del espíritu” que debe encabezar el sistema educativo según Edgar Morin (2005) con la finalidad de salvar a la humanidad, realizándola que es la única forma de evitar la catástrofe que se vislumbra hoy en esta sociedad en crisis generalizada.
La propuesta de este trabajo plantea que una de las perspectivas filosóficas renovadoras que pueden contribuir a esta reforma de la educación es la del paradigma de la complejidad con visión humanizante, sustentada principalmente en el pensamiento de Edgar Morin (2001, 2005) y Bernard Lonergan (1988, 1999). Esta sería una aportación muy relevante de la filosofía de hoy hacia la transformación de la educación de siempre.
Porque la visión educativa dominante es una visión de simplificación que trata de reducir los fenómenos complejos a principios simples para abordarlos y resolverlos. Es una visión de separación en la que la escuela y la universidad enseñan a enfrentar los problemas complejos de la realidad mediante su separación en disciplinas y asignaturas. Es también una visión de disyunción porque predomina en ella la racionalidad dialéctica de la razón moderna en la que se abordan los problemas mediante las opciones cerradas que llevan a elegir entre “esta hipótesis o aquella”, “esta perspectiva o esa otra”, “lo verdadero o lo falso”, “lo bueno o lo malo”, “lo científico o lo mitológico –incluido aquí lo religioso-“, “lo teórico o lo práctico”, “lo nacional o lo global”, etc.
Además de lo anterior, la visión educativa dominante parte de la visión de falsa objetividad presente en el paradigma de las ciencias en el que se compara el conocimiento con la visión de lo que está “ahí, afuera, ahora” como si el conocimiento fuera asunto de percepción visual y reflejo fiel de los objetos externos; parte también de la exclusión del cognoscente del proceso de conocimiento pues se afirma que “el observador no debe intervenir en la realidad observada”, que un conocimiento es objetivo en la medida en que el sujeto que conoce esté al margen, desde una mirada superpuesta y lejana, de la realidad por conocer.
En el aspecto ético, nuestra educación de siempre es predominantemente una educación basada en la “ética de la ley”, en la enseñanza de normas externas previamente definidas que deben ser cumplidas “porque son las correctas”, las que corresponden a los “valores universales” que son válidos para toda cultura, en todo momento histórico y en cualquier contexto o situación. En un mundo crecientemente globalizado y plural, el problema de qué valores son los universales es un asunto de creciente importancia que mueve más que a reflexión a confusión y lleva o a una mayor cerrazón en las propias certezas morales o a un relativismo cultural extremo que considera como valioso lo que cada cultura defina, sin plantear ningún criterio de discernimiento o análisis.
De este modo, el cambio de mirada que implica la visión de complejidad, representa un reto ineludible para la educación. Una nueva concepción de la realidad y del ser humano, una nueva visión del conocimiento y de la ética que tienen que ser revisados e incorporados seriamente en el ámbito educativo si la educación quiere seguir siendo pertinente para los tiempos que corren, si quiere de verdad enseñar lo que significa ser hombre en este cambio de época.
Dos cuestiones iniciales –entre muchas otras- se plantean a la educación a partir de la visión de complejidad: El problema de que la educación del mundo actual, el proyecto de aprendizaje en que insertamos a nuestras nuevas generaciones ya no puede, después de las experiencias de las ciencias y la filosofía en el siglo XX, seguir sustentándose en un conocimiento definitivamente verificado y edificado sobre la certidumbre; y el reto de enfrentar la realidad compleja de manera que ya no es sostenible una educación organizada en base a enseñanzas separadas y completamente independientes sino que se requiere una pedagogía conjunta que trate de integrar las distintas disciplinas y asignaturas para generar aprendizajes complejos. El reto de la incertidumbre y el reto de la integración. Dos cuestiones que de entrada deben hacernos reflexionar sobre la necesidad de comprender la complejidad de la educación, la urgencia de complejizar la educación y de educar para la complejidad.
Para responder a los tiempos de complejidad y para adecuar la educación a la nueva mirada compleja que se requiere para comprender el mundo, es necesario, en primer lugar que todos los actores del proceso educación empecemos por comprender la complejidad del fenómeno educativo –la complejidad de la educación- como sistema multidimensional, trascendiendo las visiones simplificadoras tradicionales. En segundo lugar, es preciso el esfuerzo colectivo para complejizar la
educación, es decir, transformar internamente la organización educativa tanto en el aula como en el nivel de las instituciones y del sistema educativo en general, para poder educar en la complejidad, es decir, educar en una organización y en unas prácticas educativas complejas; este segundo eje implica el reto de hacer presente la complejidad en la educación. Por último, es necesario también educar para la complejidad, es decir, asumir la realidad compleja en que vivimos y educar personas capaces de moverse en la incertidumbre, en el mundo global, en la sobreabundancia de información, etc. para construir humanización, para salvar a la humanidad realizándola. Este tercer eje implica transformar la orientación de los contenidos, los métodos, las estructuras y mapas curriculares, la formación de los maestros, para orientarla hacia la formación de personas capaces de vivir en la complejidad comprometiéndose con la transformación humanizante de la realidad que les toca vivir en este tiempo marcado por la dinámica crisis-cambio-globalización.
Esta es, en una apretada síntesis, la aportación que puede hacer la filosofía de hoy postulada aquí como una filosofía compleja con visión de humanización- a la educación de siempre que se resiste en sus sólidas y centenarias estructuras a ser reformada pero que tiene que serlo para continuar siendo pertinente para los seres humanos de hoy. Un nuevo sistema educativo basado en esta mirada compleja y con horizontehumanista puede y debe ser construido en el mundo para continuar con la tarea de humanización siempre inacabada y siempre distinta en sus desafíos. Porque “podemos ser hombres hoy y fracasar mañana. Ser hombre es algo que, si lo realizamos, lo realizamos sólo precariamente. Es un continuo reto” (Lonergan, 1998; p. 128).

Referencias.
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Tarín Cervera, V. (2005).
Religación y Libertad en Xavier Zubiri. Tesis doctoral. Universidad de Valencia. Valencia.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...