lunes, 29 de septiembre de 2014

“Soñar con las manos”: Hacia una transformación educativa.



*Publicado en Síntesis. 03/5/2005.

“Hay que soñar con los ojos abiertos,
hay que soñar con las manos
soñemos sueños activos de río buscando su cauce,
sueños de sol soñando sus mundos.”
Octavio Paz.

            El cambio de época que vivimos está exigiendo que la educación se transforme radicalmente para que como país podamos volver a soñar con las manos, a soñar sueños activos que vayan reedificando el proyecto de nación que todos queremos construir.
Para descubrir y encabezar este proyecto que es dinámico y se va construyendo con las manos de todos y con los sueños de todos, es necesario contar con líderes, pero no con cualquier tipo de líderes. Se requiere de una nueva concepción de liderazgo que se oriente desde el servicio y que se asuma desde la complejidad de los procesos educativos y desde la complejidad de la sociedad para la que hoy debemos educar a nuestros estudiantes.
 Muchos de los líderes actuales no solamente no promueven este soñar en común sino que impiden la realización de muchos de los sueños activos que los profesores, los estudiantes, los directores, vamos descubriendo con los ojos abiertos y queriendo vivir con las manos unidas.
            Por ello es urgente en nuestro país, una transformación educativa integral y profunda. Se necesitan líderes distintos para lograrla. Líderes que tengan una perspectiva de complejidad y una visión de esperanza razonable y comprometida.
            Esta transformación educativa debe empezar por las aulas, partir de cada profesor concreto y cada alumno concreto, porque en lo educativo, dice Latapí  “son las personas concretas las que determinan el éxito del sistema”, pero no puede quedarse solamente allí.
            Ciertamente es necesario promover procesos por los cuales cada docente vaya reencontrando la docencia como un camino de autorrealización a pesar de las condiciones adversas en que a veces se desarrolla y de las razones que lo hicieron llegar a ser docente. Procesos por los cuales cada docente vaya redescubriendo los desafíos sociales y su tarea como un medio privilegiado para cumplir con un compromiso social concreto de humanización.
            Pero más allá y a partir de la transformación de cada docente, es necesario ir impulsando la transformación del ordenamiento de la institución educativa y del sistema educativo en su conjunto. Para que la transformación educativa se realice tiene que haber un salto cualitativo por el cual la operación del sistema educativo y de cada uno de sus componentes se vaya volviendo cada vez más cooperación hacia un fin común.
            Esto no significa solamente una transformación de las leyes, los reglamentos o los organigramas que sin duda ayudan pero son abstractos, sino una transformación paulatina de toda la serie de ciclos de relaciones y de decisiones concretas que hacen que el sistema educativo opere tal como opera en lo cotidiano.
 Esta sería la verdadera transformación del ordenamiento educativo y tendría que hacerse a partir de una actitud de búsqueda permanente desde una Secretaría de Educación que se asumiera más como un “Ministerio del futuro” y una “instancia de generación de pensamiento sobre ese futuro” (Latapí) que como una instancia de control, administración, certificación y sanción de lo “educativo”.
            La complejidad implica un tercer paso: el cambio de nuestros significados y valores en lo educativo. Este es un tercer nivel de transformación educativa que es imprescindible para el cambio global.
Necesitamos ir paulatinamente incidiendo en el cambio de lo que se entiende por educar, de lo que significa la docencia, de lo que se considera una institución educativa, de lo que se entiende por un buen profesor, por un buen director, por un buen alumno, por un buen sistema educativo.
            Este cambio de nuestros significados y de la manera en que se valora lo que sucede cotidianamente en la escuela debe partir de los docentes,  pero debe sin duda llegar a los padres de familia, a los alumnos y a la sociedad en general. Porque esta cultura de lo educativo se transmite de generación en generación y muchas veces es la resistencia más fuerte al cambio.
Es importante incorporar la visión de calidad a este proceso de cambio cultural pero sin dejar de lado la visión de equidad que había permeado nuestra educación históricamente y estando siempre pendientes de lo que implica educar de una manera integral: ¿qué exigencias debe tener un proceso educativo para que se pueda llamar de verdad EDUCATIVO? Esta es la pregunta clave que debe ir reorientando permanentemente toda nuestra búsqueda de transformación en los tres niveles ya descritos.
            De manera que la transformación educativa es una tarea triplemente compleja porque la educación y la sociedad que nos han tocado vivir son también complejas.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Campos de significación y formación integral universitaria





*Tomado de un trabajo realizado para aportar elementos de fundamentación del Área de Reflexión Universitaria en el currículo de la Nueva Estructura Curricular de la Universidad Iberoamericana.


“Una primera función de la significación es de orden cognoscitivo. Ella nos saca del mundo de la inmediatez , que es propio del niño, y nos coloca en el mundo del adulto, que es un mundo mediado por el significado.”
B. Lonergan. Método en Teología. P. 79

            A.-El mundo humano como mundo mediado por la significación.

            Vivimos en efecto en un mundo mediado por la significación. La significación nos saca del mundo inmediato del bebé, que consiste en lo experimentado mediante la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto y hace que entremos al mundo del adulto en el que aún esas experiencias casi inmediatas, tienen una mediación por los significados.
            Este proceso es gradual y progresivo, acumulativo y permanente en todos los humanos y empieza desde muy temprana edad, prácticamente desde que se empieza a tener contacto con otros seres humanos y muy claramente cuando se accede al luneguaje como un vehículo privilegiado de la significación humana.
            No hay experiencia que sea totalmente inmediata. El mundo real al que nos referimos es siempre un mundo mediado por la significación y como dice Lonergan, un mundo inseguro porque la significación tiende fácilmente a desviarse y por ello existe el mito tanto como la ciencia, la verdad tanto como el error, el fraude tanto como la honestidad. (Lonergan, 1988, p. 80).
            Es por esto que si pretendemos educar, tenemos que tener en cuenta esta significación que se encarna en los horizontes concretos de significados de los estudiantes que llegan a nuestras aulas. Esta necesidad se hace mayor si pensamos en una educación humanista integral y si tratamos de pensar en algunas estrategias para lograrla.
            Las siguientes líneas persiguen abordar algunos elementos de la significación humana, principalmente los campos en que ella se desarrolla, como claves metodológicas para el diseño, operación y evaluación del Area de Reflexión Universitaria que se propone en la nueva estructura curricular del SEUIA como parte de la Dimensión de Formación Integral Universitaria.
           
            B.-Campos de la significación.

            Lonergan menciona tres campos fundamentales de la significación: El campo del sentido común, el de la teoría y el de la interioridad.
            El campo del sentido común es el campo de la significación que se desarrolla en la vida cotidiana, a través de la acumulación de intelecciones que van capacitando al sujeto humano para vivir en un contexto concreto y  con otras personas concretas.
            Este campo se caracteriza por describir los objetos o eventos de la realidad desde la perspectiva de la experiencia subjetiva del sujeto que se enfrenta a ellos o los vive. Es un campo que busca lo particular concreto, un campo profundamente práctico y con visión inmediata. En el sentido común por tanto pueden caber muchas interpretaciones incluso contradictorias entre sí que pueden ser verdaderas aplicadas a un caso particular y concreto que se viva. Es un campo especializado en el saber vivir en el sentido de resolver la vida concreta con lo que se tiene a la mano sin importar una visión global o explicativa.
            El campo de la teoría en cambio, es un campo en el que se busca lo universal concreto, el saber de la realidad en todos sus aspectos o bajo todas sus formas. Es explicativo, es decir, relaciona los objetos o elementos o eventos de la realidad entre sí, más allá de la percepción o la experiencia particular de un espectador. No es práctico ni se interesa en la aplicación inmediata de lo que va descubriendo o explorando y por lo tanto no es inmediatista ni tiene un interés de resolver situaciones en el corto plazo.
            Además de estos dos campos, existe el campo de la interioridad. Este campo surge de la mediación de la inmediatez, como afirma Lonergan, surge de la explicitación y análisis de las operaciones y estructura normativa de la propia actividad consciente intencional del sujeto para descubrir el método intrínseco en ella y apropiarlo, es decir, busca la autoapropiación. Por esto mismo, este campo relaciona al sujeto consigo mismo, con su propia estructura dinámica de operaciones, busca lo invariante de los seres humanos dentro de sus expresiones variables, lo transcultural dentro de sus expresiones culturales, lo transhistórico dentro de sus productos históricos.
            El mundo del sentido común nos permite sobrevivir e ir construyendo comunidad a partir de la experiencia cotidiana. El mundo de la teoría nos permite ir llegando a un conocimiento objetivo de la realidad más allá de las experiencias particulares o de las aplicaciones prácticas concretas. El mundo de la interioridad nos ayuda a autoconocernos, a autoapropiarnos progresiva y limitadamente para ir encontrando las claves de nuestro propio desarrollo y del desarrollo del sentido común y de la teoría.
            Porque el introducirse en el campo de la interioridad no es un fin en sí mismo, sino un medio, el medio privilegiado para regresar al campo del sentido común y al de la teoría pero con la habilidad para encontrar las exigencias metódicas que ayuden a comprender y criticar el sentido común y a entender  e integrar los conocimientos y procedimientos científicos.
            Estos tres campos de la significación humana están pues, íntimamente relacionados entre sí, son campos que nos permiten una emergencia de probabilidades de desarrollo pero también , por la tendencia a la desviación de la significación, las probabilidades de declinación o involución de las personas o las sociedades humanas.

            C.-Vehículos de la significación.

            Lonergan habla en el capítulo de la significación de Método en Teología, de algunos vehículos o soportes de la significación: la intersubjetividad humana, el arte, los símbolos, el lenguaje y las vidas y hechos de las personas.
            La significación se hace presente en la vida humana a través de estos vehículos y la comunicación que es el proceso por el cual un significado se vuelve común, se hace posible a través de estos elementos.
            En efecto, los significados son comunicados y asimilados a través de la intersubjetividad, de la interacción espontánea, de la comunicación no verbal: de los gestos, las señas, los cuerpos, los climas humanos concretos. Los significados también se viven o comunican por medio del arte que es “la objetivación de un patrón puramente experiencial” y que en su riqueza de connotaciones y denotaciones nos pone plenamente en el mundo de la significación en una apertura a la interpretación personal o grupal de los espectadores.
            La significación también se expresa a través de símbolos que son “imágenes de objetos reales o imaginarios que evocan un sentimiento o son evocados por un sentimiento”. La educación es rica en símbolos y rituales que comunican significados más allá de lo que muchas veces se percibe. La significación se expresa también a través del lenguaje que es el medio privilegiado para esta comunicación. Mediante el lenguaje los humanos tratamos de construir significados en común.
            Finalmente, la significación se expresa a través de la vida y los hechos de personas concretas que se convierten en significado personificado para quienes interactúan con ellas.

            D.-El mundo del estudiante.

            El mundo del estudiante universitario es un mundo rico en acumulación de intelecciones del sentido común. La vivencia de experiencias durante muchos años escolares y la acumulación de conceptos, de juicios, de valoraciones que ha aprendido de manera directa y vivencial en su convivir con los otros que le rodean tanto dentro como fuera de la escuela, hacen que su sentido común sea muy rico en expresiones y contenidos.
            El interés del estudiante es además el del sentido común en tanto que mayoritariamente llega a la universidad en busca de un título que le permita ejercer una profesión para ganarse la vida, para tener ingresos, para insertarse en la sociedad en mejores condiciones y “habérselas con situaciones nuevas” con más herramientas. Este interés lo hace tener una visión práctica  e inmediatista (“viene o no en el examen”, “me sirve o no para adelantar en mi carrera”, “es o no de mi carrera este contenido”, etc.)
            La mayoría de sus conocimientos son más descriptivos que explicativos y cuando expresa sus puntos de vista lo hace desde esta perspectiva  e interpretando hechos y situaciones desde su propia vivencia o desde ejemplos de casos particulares. Su contacto con el mundo de la teoría en general ha sido muy pobre, a menos que llamemos teoría a aprender casi de memoria o de memoria conceptos y contenidos a los que no les encuentra relación ni sentido.

            E.-El mundo de la universidad.

            Muy a menudo el mundo de la universidad es un mundo de teorías o discursos teóricos o científicos desconectados de la vida práctica. La manera en que desde esta lógica se persigue “educar” al alumno es precisamente desconectándolo de su propio mundo o despojándolo de su propio sentido común para “insertarlo” o “llenarlo” de teorías para que las aprenda (memorice, mecanice, aplique, rara vez comprenda o juzgue).

            F.-La interioridad en estos mundos.

            La interioridad del estudiante está a menudo olvidada o silenciada por falta de un hábito y un método introspectivo, por demasiado ruido exteriori, por miedo a enfrentarse consigo mismo, por falta de sentido y en nuestra época, por esta especie de “aplanamiento vital” propio de la globalización y la posmodernidad.
            La interioridad de los universitarios o de la universidad está a menudo olvidada o reprimida o sepultada para siempre en medio del conceptualismo que enfrenta en arenas diversas a teorías contra teorías, autores contra autores, gurus contra gurus, paradigmas contra paradigmas, excluyendo de tajo el deseo genuino de comprender la realidad.
            La interioridad en la universidad es también menospreciada como poco científica o propia de lo mítico o de lo religioso.

            G.-Formación integral y campos de la significación humana.

            Si analizamos los tres campos de la significación humana y su interrelación, veremos que una educación integral no puede olvidar a ninguno de ellos , ni encerrarse en uno solo porque quedaría truncada.
            El campo del sentido común es o debería ser el punto de partida para hacer significativo el aprendizaje. Como sostienen los enfoques constructivistas, los conocimientos y experiencias previas deben ser la base de los nuevos aprendizajes a cualquier nivel. Este campos aporta un elemento importante en cuanto permite conocer para enriquecer la percepción del sujeto sobre su mundo. El sentido común aporta datos, información congnoscitiva y afectiva para ir construyendo aprendizaje y debe ser además también, un campo de llegada de este aprendizaje que pasando por la teoría y la interioridad, enriquecerá la vida cotidiana de los estudiantes, capacitándolos para afrontar mejor el mundo en el que viven.
            El campo de la teoría aporta los marcos que pueden ayudar a entender la realidad más allá de las percepciones subjetivas particulares y de los intereses prácticos inmediatos de los estudiantes. Este es un campo vital o el campo propio de lo universitario en su dimensión disciplinar y profesional.
            El campo de la interioridad aporta el SENTIDO que esto que se comprende puede tener hacia la humanización del que aprende y del mundo en el que aprende o para el que aprende. Este mundo es clave para trascender el pragmatismo del sentido común y el conceptualismo que puede encerrar la teoría para encontrar las normas y exigencias que permitan comprender, criticar, distinguir  e integrar lo que se encuentra en el sentido común y en la teoría.
           


lunes, 15 de septiembre de 2014

La transformación de las prácticas educativas a partir del cambio en la visión ética de la educación.


              



*Artículo publicado en E-Consulta, 24/03/2008.       
 
             La profunda crisis del mundo actual está exigiendo un cambio en la visión ética de le educación. Este cambio tiene que traducirse, a partir de una adecuada y renovada trans-formación de los educadores, en prácticas educativas totalmente nuevas y distintas que respondan a las exigencias de la reforma del espíritu y de la reforma del pensamiento que piden los tiempos.
            Porque más que requerirse la enseñanza de contenidos morales, se está planteando la necesidad de que las prácticas educativas capaciten a los educandos para comprender la complejidad del conocimiento, entender la incertidumbre del mundo y saber moverse en ella, arraigarse críticamente en su propia herencia histórica y cultural, ser capaces de vivir una ciudadanía planetaria y de comprender a los seres humanos empezando por comprender su propio misterio como seres humanos.
            Lo anterior conduce a visualizar prácticas educativas que deben centrarse más que en contenidos, en procesos, operaciones estructuradas, métodos de trabajo, de pensamiento y de toma de decisiones.
Esto requiere una preparación totalmente distinta de los docentes que se forman para transmitir conocimientos pero no para lograr generar estos procesos humanos complejos. Pero esta formación no puede consistir en la mera enseñanza de métodos didácticos para la incertidumbre, métodos de pensamiento complejo, etc.
 Moira Carley -investigadora educativa norteamericana- dice bien que cuando sucede que la formación docente se convierte en enseñanza de métodos, se produce una “apropiación acrítica de métodos de enseñanza” como resultado de la falla en los procesos de reflexión crítica de los profesores que no tienen el hábito de preguntar siempre ¿por qué? ¿Realmente es así? ¿Es bueno que así se enseñe?  y  terminan aprendiendo métodos como recetas de cocina que se aplican tajantemente y generalmente sin buenos resultados.
 Un profesor que tiene un horizonte limitado a partir de una experiencia no reflexionada, seguramente va a generar un horizonte igualmente limitado en los estudiantes. Se requiere entonces que el profesor viva una experiencia de auto-reflexión, de autoanálisis, que se capacite en el hábito de la introspección y en la toma de decisiones, pues como dice Shavelson: “Todo acto de docencia es el resultado de una decisión, sea consciente o inconsciente…” por tanto “la habilidad docente básica es la toma de decisiones”.
            A partir de esta capacitación en la toma de decisiones y en el hábito de introspección, los docentes tendrían que vivir un proceso de auténtica transformación intelectual y moral que los llevara a reconceptualizar su misión y a replantear todas las estrategias que utilizan para llevarla a cabo.
            Desde esta nueva visión, las sesiones de clase deberían ser planteadas como espacios para vivir experiencias de aprendizaje conjunto e integrado en el que se plantearan los contenidos en forma de problemas complejos que requirieran del concurso de conocimientos de distintas disciplinas puestos en juego en torno a preguntas generadas en el mismo proceso.
Estos problemas tendrían que contemplar, tanto la parte cognoscitiva en la que los estudiantes llegaran a la comprensión y la reflexión crítica que los llevara a afirmar como juicios de hecho los conocimientos básicos del curso, pero también tendrían que incorporar cuestiones sobre las implicaciones éticas, humanas, sociales y ambientales que tendría cada solución posible del problema para orillar al grupo a la deliberación y al planteamiento de jucios de valor y a la toma de decisiones –reales o supuestas- respecto al problema estudiado.
            Estos procesos serían concebidos ya no como intercambios exclusivamente intelectuales, sino como procesos humanos en los que la dimensión afectiva está integrada al proceso de aprendizaje. Una educación emocional adecuada, el cultivo de una cultura psíquica, es indispensable para que exista un proceso de desarrollo ético pertinente.
            Solamente una real transformación de las prácticas educativas desde un cambio de visión ética podría ayudar a que la educación se convirtiera en una auténtica formación moral que aportara elementos para construir una sociedad más humana y más justa, tal como se está requiriendo en este cambio de época en México y en el mundo.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Convivencia escolar y formación ciudadana.



*Artículo publicado en Síntesis: 14/04/2008.

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Autobuses apedreados afuera de los estadios, intentos de agresión a jugadores por parte de pseudo-aficionados, connatos de agresión a jóvenes “emos” por parte de jóvenes de denominaciones distintas, “secuestro” del congreso y “clausura” de la posibilidad de debatir y legislar por parte de los mismos que tienen la obligación de debatir y legislar, defensa legalista  de cargos públicos por parte de gente que sabe que ha tenido una actuación éticamente reprochable. Estos casos se repiten cotidianamente en diferentes ámbitos de la vida del país.
La realidad actual está pidiendo urgentemente que la educación trabaje para hacer que en las aulas se “aprenda a convivir”.
            Aprender a convivir es un proceso difícil, dado que cada persona tiene naturalmente una tendencia a ocuparse de buscar lo que la haga mantenerse en la vida frente a las amenazas externas. Pero al mismo tiempo todo individuo tiene una tendencia natural a relacionarse con otros y a buscar lo que conviene a la generalidad.
            Si los mexicanos queremos construir un país verdaderamente democrático, el aprender a convivir se convierte en una dimensión esencial a atender en nuestras escuelas y universidades.
            La democracia requiere de una formación ciudadana eficaz que se oriente hacia el respeto, la búsqueda de comprensión del otro, el diálogo razonable sobre las diferencias y la tolerancia respecto a expresiones distintas.
            La estrategia educativa para la formación ciudadana necesita, además de materias de “Educación ética” o “Civismo”, de la construcción de una convivencia escolar basada en dichos elementos.
 Es momento de preguntarnos todos: directivos, profesores, alumnos y  padres de familia: qué tanto contribuimos a la construcción de una convivencia escolar que forme ciudadanía democrática o la obstaculizamos pretendiendo imponer nuestras verdades y valores sin tomar en cuenta que en educación y en democracia, como decía Antonio Machado: “Todo lo que sabemos lo sabemos entre todos”.

domingo, 31 de agosto de 2014

Participación social para la educación.




“Espacio social donde chocan múltiples intereses, y encrucijada de propósitos políticos y reivindicaciones sociales, la educación nacional es escenario de todos los actores. La única ausente es quizás la educación misma.”
Pablo Latapí Sarre.*


            Como uno de los pilares del desarrollo de cualquier país en esta sociedad del conocimiento, la educación es una tarea que implica la participación corresponsable de todos los actores sociales.
            Sin embargo, ante los preocupantes resultados de nuestros educandos en las evaluaciones nacionales e internacionales habría que preguntarse si nuestra sociedad está cumpliendo con esta tarea.
            ¿Qué es lo que está faltando para generar un sistema educativo que realmente contribuya al desarrollo humano de cada uno de los niños, adolescentes y jóvenes de nuestro país?
            El primer paso que tendríamos que dar, es asumir que la educación no es una responsabilidad exclusiva de los profesores en el aula o del gobierno sino un compromiso corresponsable en el que estamos implicados todos.
            Asumir la complejidad del proceso educativo y  analizar los múltiples intereses, los distintos propósitos políticos y reivindicaciones sociales que están chocando en nuestro sistema educativo para tratar de generar un proyecto en el que todos los actores se corresponsabilicen de la marcha de la educación nacional es un desafío que aún está pendiente en nuestros días.
            No podemos seguir adelante como nación si la educación sigue siendo la gran ausente en este espacio de conflicto que representan la escuela y la universidad. No podremos encaminarnos hacia el desarrollo si cada uno de los actores no es capaz de reflexionar sobre la legitimidad o ilegitimidad de sus intereses en clave auténticamente educativa. No será posible el avance de nuestro país si no construimos una verdadera participación social que apunte hacia un mejoramiento progresivo de la educación.
            Esta es una tarea reflexiva que urge emprender.

*Latapí Sarre, Pablo. (2003). Horizontes de la educación. Lecturas para maestros. Volumen II. Ed. Santillana. México.

lunes, 25 de agosto de 2014

Volverse adulto. Reflexiones en torno a la vida y la muerte.



*Texto publicado en el blog el 23 de diciembre de 2009.

Para Bumi, en su tránsito a la vida plena.
Para Marlleny, Germán, Carlos y Arlette.

Alguna vez en una clase de posgrado que impartí, uno de mis profesores-alumnos -que regularmente saben igual o más que yo- mencionó a un autor del campo de la Psicología que decía que nos hacemos adultos cuando accedemos a la comprensión cabal -aunque jamás completa ni exenta de miedo a lo desconocido- de que nos vamos a morir...
Durante mucho tiempo le he dado vueltas a esa idea que me parece muy sensata. La pensé aplicada a mí y creo que ese episodio no resuelto de la muerte de mi hermano Ray a los siete años en un absurdo accidente (ver el texto correspondiente en "Textos íntimos" de este blog) me había dejado un bloqueo que Lonergan llamaría "dramatic bias", un punto ciego inconciente que me impidió por mucho tiempo acceder a esta comprensión. Soy mortal, algún día, tarde o temprano me voy a morir, no soy eterno, soy indigente, prescindible, humano pues. Esta idea había sido un concepto abstracto que incluso es recurrente en mis cursos, conferencias y escritos, pero que no había sido comprendida a cabalidad, ni mucho menos llevada al nivel del juicio, es decir, a trascender la idea de que me voy a morir y llegar a la afirmación cierta: "Me he de morir un día..." y a la aceptación existencial de este juicio para llegar hasta mi tejido afectivo y reflejarse en mis actitudes ante la vida.

En ese sentido puedo decir que quizá Mariana, mi hija mayor, operada de un tumor cerebral en julio 16, que ha pasado cinco meses sin poder deglutir ningún alimento o bebida, que ha vivido milagro tras milagro hacia su recuperación para poder llegar a vivir para vivir, se volvió adulta antes que yo...

Diciembre 18, casi las nueve de la noche, en una charla donde según sus propias palabras "nos dijimos nuestras netas", Mariana me suelta de pronto: "Le dije hoy a mami que me acaba de caer el veinte de que me pude morir" ( en la operación o en el proceso postoperatorio, sobre todo en el paro cardio-respiratorio que vivió) "...y eso es algo muy duro de entender y aceptar". Después me confía enmedio del llanto: "¿Sabes?, el día de la misa de acción de gracias por mis veinte años, de lo que más le agradecí a Dios, es que no me morí...el llanto aumenta, refleja desesperación, impotencia, aceptación de la realidad central de la vida humana.

Ya he contado que algo de lo más duro que he vivido es la pregunta de Mariana: ¿Me voy a morir? en una visita a terapia intensiva unos días después de su operación. En ese momento yo le dije tajante: "!Por supuesto que no te vas a morir!" y salí con las piernas temblando, sabiendo que yo no podía asegurarle eso a mi propia hija y sintiendo que esa es la mayor impotencia que un ser humano puede vivir.

Sin embargo la charla con Mariana me hizo comentarle: "Fíjate que hoy estaba yo justamente pensando en eso y llegué a la conclusión de que no solamente tú te pudiste morir, sino que Pau, Daniela, mami o yo, estamos en la posibilidad constante de morir...todo el tiempo...en cualquier sitio...a cualquier hora y por cualquier motivo, desde el más serio hasta el más tonto...De manera que como tú dices, hay que aprender a vivir, a disfrutar cada minuto, sabiendo que no solamente quien está enferma en un hospital como tú ahora de nuevo, puede morirse, sino que todos nos vamos a morir en algún momento y por ello no se vale, no es de humanos, tenerle miedo a la vida como reacción a nuestro miedo a la muerte.

Creo que en ese momento, a los cuarentayocho años de edad, mi hija de veinte logró que yo me volviera adulto.

domingo, 17 de agosto de 2014

Presencia de Dios*.

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“…Yahvé es quien da muerte y vida
quien hace bajar al lugar de los muertos
y volver a la vida…”
(I Sam. 2, 6)

Al momento de escribir estas líneas Mariana, mi hija mayor –desde hace diez días nuevamente mi bebé de siempre y por siempre- continúa dando la batalla de su vida en el área de terapia intensiva del hospital. No sé pues, en qué terminará esta terrible pesadilla, la peor de toda mi vida –incluyendo la muerte de Ray, mi hermano pequeño siendo yo un niño- que ha sido la detección de un tumor cerebral a partir de una “simple” visita al oftalmólogo el lunes de la semana pasada.
El diagnóstico fue demoledor para ella y para toda la familia. Sin embargo, Mariana tardó algo así como una hora y media en asimilar la noticia y con toda valentía comentarme en el coche, camino a casa de sus abuelos Ray y Coca para darles la noticia: “¿Sabes? En el consultorio del doctor me acaba de caer el veinte. Dios me pone esta prueba porque yo siempre que vamos a misa le pido que me permita demostrar que soy fuerte, tan fuerte como Pau que se atreve a muchas cosas, incluyendo a irse estudiar la universidad a la ciudad de México. Todo saldrá bien. Sé que voy a poder mostrar esta fuerza”.
De ahí en adelante, ella fue la que notificó y trató de tranquilizar a toda la familia y a sus amigas. Todavía el día que veníamos al DF a ver a un neurocirujano que nos recomendaron y que es el que finalmente la operó, pasó a la universidad a darle la noticia a su coordinadora y a pedirle asesoría sobre qué materias podría inscribir –aunque sea dos, para no quedarse totalmente inactiva- en el período de otoño.
Llegamos al hospital y esta fuerza siguió presente, quizá con una pausa en que con ojos llorosos me miró antes de que la camilla saliera hacia el quirófano. La operación fue muy complicada, el tumor estaba muy “vascularizado” y sangró mucho, tanto que tuvieron prácticamente que ponerle más sangre de la que tiene en total su espigada figura de cuarenta y tantos kilos.
Quizá por eso o por cosas que nunca sabremos, el proceso en terapia intensiva ha sido desgastante y tremendamente difícil. Al día siguiente de la operación nos llamaron al consultorio del doctor que nos dijo que “le preocupaba mucho” que Mariana no estuviera reaccionando como se esperaba, que sin sedantes no despertaba y que iban a tratar de hacerla reaccionar poniendo un catéter en el lóbulo cerebral para drenar exceso de líquido y sangre que había en los lóbulos y en el lugar que ocupó el tumor extirpado, por fortuna benigno.
De ese susto pasamos a una reacción maravillosa a los veinte minutos de que le hicieron ese procedimiento. De allí a la angustia que precede a cada visita –tres solamente por día y muy breves- en terapia intensiva y a días mejores y peores, días de tranquilidad y otros de desesperación evidente en ella; y luego a un intento de retirar el respirador que duró unas cuántas horas porque ella se cansó de respirar sola y más visitas con temor a cómo encontrarla y luego un segundo intento de extubarla que duró un par de días, pero que culminó en una salida del doctor del área de terapia intensiva para avisarnos que había tenido un espasmo y tuvieron que volver a intubarla.
“Montaña rusa emocional” dicen varios de los que nos visitan, esos ángeles que Gaby ha descrito en un texto hermoso que nació en una noche como esta de encierro en el cuarto contiguo a terapia intensiva, esperando que las horas pasen para volver a otro día de incertidumbre y batalla dentro –de Mariana- y fuera –de la familia y amigos-. Eso ha sido nuestro “viacrucis” en esta semana y piquito que parece un siglo…
El jueves de la semana que siguió a la operación, es decir ocho días exactos después de la intervención quirúrgica, el médico que coordina el proceso –el que la operó está en un congreso largo como la angustia de los que nos quedamos- nos informó que iban a hacer el intento de cerrar la válvula del catéter para ver si reaccionaba bien en veinticuatro horas. Si ocurría así, se tomaría una tomografía de control y si no había acumulación de líquido, se retiraría este drenaje del cerebro al exterior. Todos los signos eran favorables: no había ya hidrocefalia, la sangre que quedaba en el cerebro era muy poca y se reabsorbería sola por el organismo, ella estaba neurológicamente avanzando, etc. El día pasó bien. El médico nos alcanzó en el comedor del hospital para decirnos, a eso de las seis de la tarde, que acababa de verla y que todo iba bien, que no tenía dolor de cabeza ni síntomas de que hubiese algún problema con el cerebro. Si todo seguía así, se le retiraría el catéter después de la tomografía de la mañana siguiente.
Para la visita de las ocho algo empezó a inquietarme al igual que a la esposa del “vecino” de Mariana en terapia intensiva. Por alguna razón desconocida, no llamaban a nadie para entrar a ver a sus familiares enfermos. “Es habitual que nos pasen tarde, no pasa nada” dijo Gaby. “Pero siempre van llamando a los familiares de algún paciente y luego a los demás y en esta ocasión no ha pasado nadie”, contestó Jeanette, la esposa de ese vecino.
Hacia las nueve de la noche salió apresuradamente el neurocirujano a cargo de Mariana y desde la puerta del pasillo que comunica a quirófanos y terapia intensiva nos hizo señas a Gaby y a mí de que pasáramos. Algo estaba mal. Mi corazón saltó como salta ahora que lo describo. Lo peor que pensé es: “No funcionó lo del catéter y nos va a decir que ya tuvieron que abrir la válvula”. Sin embargo, algo mucho peor salió de sus labios: “El corazón de Mariana entró en paro, tuvimos un susto tremendo, ya logramos revivirla y se está estabilizando, pero abrimos la válvula de inmediato porque la hipótesis más viable es que el organismo no aguantó el cierre y al subir la presión cerebral el corazón reaccionó deteniéndose”. Hubo otras dos hipótesis que no recordamos y que no importan ante la gravedad del caso. Nos dijo que ya venía en camino un médico muy bueno que trabaja siempre con el equipo del Dr. Klériga –el que la operó- y que él la valoraría. En cuanto supiera más, nos llamaba para hablar con ese otro médico.
Regresamos pálidos y temblorosos a la sala donde estábamos sentados con Pau, Jorge –su novio- y mi hermano Pablo. Gaby les dijo lo que escuchamos y rompió en llanto, Pau y yo lo hicimos un minuto después. Jorge y Pablo también muy preocupados nos veían en silencio compasivo y solidario. Nos derrumbamos. ¿Qué estaba pasando? ¿Por dónde iba la voluntad de Dios? ¿Por qué esta reacción del corazón de Mariana? Mil preguntas vinieron a nuestra mente y mil sentimientos encontrados explotaron en nuestro corazón.
Algo así como media hora después o quizá más, salió el cirujano con el Dr. Zambito –el que está a cargo de Mariana hasta hoy que escribo- y nos explicó que ya estaba controlado todo, que le había tenido que poner a Mariana un “tubito” en el pulmón izquierdo que se había colapsado por las violentas “maniobras de resucitación” que se tuvieron que hacer para regresar a trabajar el corazón de Mariana. Todo estaba ya en orden, los signos vitales bien, durante los veintitrés minutos que duró la resucitación Mariana estuvo bien oxigenada –la ventaja de que tuviera el respirador- y parecía no haber daño neurológico, lo del pulmón era secundario y se iría recuperando sin dejar secuelas, el corazón es “el corazón sano de una niña joven de diecinueve años”, no hay daño en el corazón, el corazón solamente reaccionó ante un desequilibrio fuerte del organismo…
No recuerdo si fue antes o después…Pau, Gaby y yo sentados en la parte de arriba de la capilla del hospital, llorando desconsolados, abrazándonos fuerte, muy fuerte, diciendo que no podía ser, que cuál era la voluntad de Dios, que por qué si el doctor decía que el personal de terapia intensiva había estado platicando con Mariana una hora antes, su corazón reaccionó así, que si no sería ya demasiado esfuerzo para Mariana que es muy delgadita y frágil, que no la subestimen –decía Pau- porque ella tiene la fuerza para salir, etc. Etc.
En medio del llanto incontrolable, Gaby nos dijo: “¿No será lo que decía ayer papi? ¿Qué tenemos que dejar de decir “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” solamente de dientes para afuera? ¿Qué debemos aceptar que Mariana y nuestras otras dos hijas son prestadas y él es el que decide cuándo y cómo quiere llevarlas de aquí? Traté de completar entre sollozos esta reflexión. “Sí, dejemos de luchar contra la corriente…abandonémonos en los brazos de Dios, aceptemos que es él quien tiene la última palabra sobre si Mariana se va o se queda con nosotros por más tiempo…que solamente él, ni los médicos, ni nosotros podemos determinar esta situación límite…” algo así fue saliendo de la boca de los tres…lloramos más, lloramos con más amargura, con rabia, con resignación, con aceptación finalmente, a pesar del miedo…es como saltar al vacío...empezamos a aceptar esta realidad, dijimos en voz alta, oramos, que aceptábamos que se hiciera la voluntad de Dios en el cielo y también en la tierra…y también en nuestras vidas…que le dábamos gracias a Dios por habernos regalado a Mariana, por su vida plena, feliz, por su testimonio de hija, de hermana, de estudiante, de amiga, de universitaria enamorada de su carrera, por todo lo que ella había sido hasta el momento en nuestras vidas…pero que eso no significaba que dejaríamos de pedirle, pedirle con todas nuestras fuerzas que nos la dejara, que nos la prestara por muchos años más porque ella tenía aún mucho que dar…oramos…lloramos…llegó la liberación que da este abandono radical, la liberación no exenta de miedos, de egoísmos, de cierta rebeldía, pero liberación al fin.
No recuerdo el tiempo, antes, después, ¿Qué importa? Me vino a la mente algo que también compartí con Gaby y Pau…que quizá fuera el producto de ver muchas películas cursis sobre esta vida y la otra y sus conexiones…que quizá era el producto de una fe ingenua, pero que podría ser, ¿Por qué no? Que Dios hubiera hecho ese llamado radical a Mariana para decirle: “Animo, no desfallezcas, yo te quiero allá todavía…tienes mucho que hacer en la tierra…regresa con ánimo renovado, recupérate ya…”
Quizá era un sueño guajiro pero me ayudó…me ayudó a convencerme de que si Mariana había logrado salir de algo tan terrible como un paro cardíaco de veintitantos minutos era porque Dios le tenía todavía tareas por hacer con nosotros, que era porque nos iba a ayudar para que se curara.
Hoy es sábado, han pasado dos días de este enorme susto, de la pesadilla dentro de la pesadilla. En estos dos días, tres por dos seis, así se miden los días de encierro en el hospital entre los familiares de los de terapia intensiva (tres visitas por día), Mariana se nos ha mostrado con otro rostro, con mucha paz interior que se refleja en su cara, en su actitud, en sus respuestas.
Hoy es sábado, en mi primera visita le estuve platicando y ella me respondía moviendo los labios que cuesta trabajo adivinar con el tubo atravesando su boca. Ha estado sonriente, se rio de que yo le dije que era domingo y luego corregí diciendo que ya se me iba la onda de en qué día estaba por el encierro en el hospital, sonrió mucho cuando le hablé de Daniela, me respondió afirmativamente cuando le dije que si se sentía ya en recuperación, volvió a afirmar cuando le dije que Dios le había dicho: “Vamos Mariana, regresa que tienes muchas cosas por hacer”, volvió a afirmar sonriendo, con una sonrisa luminosa de esas que solamente ella puede regalar.
Hoy es sábado y antes de la visita de las cuatro, platicando con Carmelita, la recepcionista-ángel de terapia intensiva, ella me decía: “Yo he visto muchísimos casos aquí…muchos pacientes tienen crisis fuertes como la de Marianita y a veces pensamos que es cosa de telenovelas, pero yo, por mi experiencia de años aquí, puedo decir que viéndolo con otros ojos, estos momentos como el de Mariana en paro cardíaco, tienen que ver con un llamado de más allá, con un ir y escuchar o ver que le dicen a uno: qué haces aquí, regresa, cree en tu recuperación…y a partir de esto yo he visto cosas que parecen milagros auténticos”.
Sábado, cuatro treintaytantos, estoy con Mariana en su cuarto de terapia intensiva. Está conversando –en su estilo limitado de conversar en estas condiciones- y platicamos de muchas cosas: de las visitas que están afuera y le mandan saludos, de toda la gente que ha llamado y la quiere mucho, de que le gustaron los tenis que le escogió Pau para ponérselos y evitar que los pies se “vayan cayendo” por tanto tiempo en cama…platicamos y le vuelvo a preguntar si ella siente que ahora sí ya va a mejorarse, si lo cree profundamente. Asiente otra vez. Insisto en decirle: “Dios ya te dijo que tienes que mejorarte porque te tiene muchas cosas para hacer aquí con nosotros”…su respuesta me deja helado, sonríe y me dice en su cuarto de lengua: “Vino a verme”, le pregunto: ¿Vino a verte? ¿Dios?, Sí, me dice con la boca y con la cabeza y con la sonrisa. ¿Y te dijo que regresaras porque tienes mucho que hacer? Le reviro asombrado, “No me habló” me dice. ¿No te habló? ¿Pero te lo dijo con la mirada? ¿Te dijo que regresaras? Sí, vuelve a decir con la cabeza y con los labios…sigue la charla, le doy, como acostumbro, la bendición y varios besos (“aventados”, no se puede besar en terapia intensiva aunque no aguante uno las ganas) y le digo que siga echándole ganas y pidiéndole a Dios y a la virgen que se vaya recuperando todo su cuerpo y su mente. Me quitó la bata, el cubrebocas lo tiro en el bote, me lavo las manos, salgo de terapia intensiva…salgo con una mezcla de júbilo, paz, llanto de alegría, confianza, temor, incertidumbre…salgo y me digo que si antes de palabra creía que mi vida y mis discursos tenían que dar testimonio de la presencia de Dios, ahora tengo que hacerlo con la convicción profunda, desde lo más hondo de mis entrañas, hasta lo más insignificante de mi actuar cotidiano…
Mi vida tiene que dar testimonio de la presencia de Dios, porque la he palpado, se me ha mostrado en lo ambivalente del vivir de muerte y morir de vida en que nos hemos movido como nunca en estos días, en la contradicción del ver sufrir a un a hija sin razón y creerle lo que quizá jamás recordará: que Dios la vino a ver…que Yahvé, el ser sin nombre, “la llevó al lugar de los muertos y la hizo volver a la vida”…¿Por cuánto tiempo más? No lo sé y aún me da miedo. Por eso ruedan abundantes lágrimas por mis mejillas al terminar estas líneas… 


*Este escrito fue hecho alrededor del 25 de julio de 2009 y ya ha sido publicado en este blog anteriormente. Lo comparto de nuevo porque el sábado pasado Mariana nos convocó a dar gracias a Dios por los cinco años que han pasado desde su primera cirugía hasta hoy en que ella ha recuperado la normalidad en su vida.

domingo, 10 de agosto de 2014

Creando el futuro a partir de la esperanza.

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"Es útil no confundir optimismo con esperanza.
El optimismo es una actitud psicológica frente
a la vida. La esperanza va más allá. Es el ancla
que uno lanza al futuro y que le permite tirar
de la soga para llegar a lo que anhela.
Es esforzarse en la buena dirección..."
Papa Francisco. El jesuita.
 
Tal vez se esperaría un mensaje más administrativo y práctico. Tal vez fuese necesario. Tal vez esto que hoy comentamos pueda sonar a “sueño guajiro” o “utopía irrealizable”. Tal vez una organización humana tenga que regirse solamente por criterios de eficiencia, calidad, productividad, valor agregado, rentabilidad. Tal vez parezca una locura intentar otra cosa.
Pero tal vez tenga sentido, ante la realidad que se empeña en mostrarnos el fracaso de estos modelos donde los alumnos y los colegas se vuelven clientes y la sociedad se convierte en mercado y la invitación a formarse se llama “venta”...tal vez tenga sentido en este escenario de pragmatismo que hace agua pero se empeña en reproducirse, buscar otras maneras de concebirnos como grupo, como área, como instancia comprometida con el cultivo de las Artes y las Humanidades, esos bichos raros que incomodan al status quo y rompen paradigmas al grado de ser excluidos de la fiesta de la globalización o transformados y adecuados para volverse mercancías en este juego en el que todo se compra y se vende, incluyendo, según nuestra ingenua visión, el ser humano, la felicidad, la belleza y toda la dimensión poética de la vida.
Tal vez, sólo tal vez, convenga intentar crear el futuro sustentados en la esperanza, que va más allá del optimismo porque no es una mera postura psicológica ante la vida o una simplista “actitud positiva” frente a un mundo que se desmorona sino una el asidero que nos permite apuntar hacia el mañana confiando en que a partir de nuestro esfuerzo, pero mucho más allá de nuestro esfuerzo, es posible construir un mundo distinto donde todos podamos llamarnos humanos, donde sea una realidad que nadie le niega a nadie su condición humana, su dignidad humana.
Tal vez, sólo tal vez esta manera de emprender el camino ahora que pasamos de dirección a decanatura –que como diría el buen Silvio Rodríguez, “no es lo mismo, pero es igual”-, ahora que iniciamos una nueva etapa de tres años y queremos consolidarnos y consolidar nuestra área como un abanico de espacios de

formación de alto nivel académico y gran pertinencia humana y social, sea más retadora, más apasionante, incluso mucho más divertida.
Tal vez valga la pena intentar la utopía, aunque solamente sirva, como dice Kavafis de su Ítaca, para caminar, porque sabemos de antemano que nunca llegamos a alcanzarla. Tal vez en unos años podamos darnos cuenta de que avanzamos algunos pasos, unos centímetros hacia la construcción de esa eficiencia administrativa en un ethos académico que nos lleve a ser reconocidos como una opción seria, sólida, confiable y comprometida de educación universitaria de posgrado en una sociedad llena de ofertas que cambian el oro monetario y el oro del talento por espejitos credencializantes.

Tal vez te interese sumarte a esta invitación que implica cumplir de la manera más profesional con nuestras obligaciones laborales y contractuales pero dejando un poco de la vida en ello, una dosis de pasión apostando porque nuestro trabajo puede cambiar el mundo, al menos algunos mundos pequeños, sencillos pero necesitados de sentido.
Tal vez quieras comprometerte y hacer la diferencia.
Bienvenido, bienvenida. Estamos lanzando nuestra ancla hacia el futuro.

lunes, 4 de agosto de 2014

EDUCAR PARA LA VIDA, EDUCANDO PARA LA MUERTE.




Artículo publicado en E-Consulta. 19/02/2007.

El día 18 de enero de 2007, los padres de familia de la escuela  “John D. Runkle”, institución pública de educación básica en el condado de Brookline, dentro de la zona urbana de Boston, reciben una circular del director de la escuela en la cual se comunica a la comunidad escolar que la Sra. Andrea Cilley, madre de Aila Murphy de séptimo grado y de Carson Murphy de segundo, falleció súbitamente víctima de una hemorragia cerebral masiva.
Después de hacer una breve semblanza de la personalidad de esta madre de familia, el director informa a todos los padres de familia que “en la escuela estamos siendo particularmente sensibles a las reacciones de los niños” y que “específicamente los profesores de los grados séptimo y segundo –en los que están los alumnos que perdieron a su mamá- han hablado con los alumnos para compartir estas noticias de una manera inteligente”. Ofrece además el apoyo del equipo de orientadores de la escuela que “estarán disponibles para sostener una conversación informal con los padres que lo deseen, al día siguiente a las 8 de la mañana en la cafetería” y además estarán dispuestos a dar entrevistas en privado.
            Debajo de la firma, aparece una lista de elementos que pueden ser útiles para que los papás ayuden a sus niños a enfrentar y comprender el tema de la muerte:
            1.-Reconoce tus propios sentimientos: Piensa acerca de tus propias experiencias de pérdida, separación y muerte. Esto puede tener un impacto en que te sientas más confortable en el momento que ayudes a tus hijos pequeños o adolescentes.
            2.-Comparte el hecho de la muerte: Provee a tus hijos de información apropiada a su edad sobre el tema, escúchalos y responde sus preguntas y preocupaciones, explica los diferentes rituales que culturalmente se viven en torno a la muerte.
            3.-Está siempre atento a las cosas que hacen a tus hijos vulnerables a este respecto: demasiadas muertes recientemente vividas, ser el mejor amigo de la persona fallecida o no haberse llevado bien con esta persona, etc.
            4.-Discute las cuestiones específicas de la situación: cada pérdida es diferente y genera sus propios cuestionamientos. Los niños pueden querer hablar de las enfermedades mortales, de la violencia, de los accidentes o incluso del suicidio.
            5.-Apoya a tus niños y adolescentes en su duelo: provee un ambiente familiar donde el duelo sea comprendido y aceptado. Habla específicamente de que es correcto en esas ocasiones sentir tristeza o enojo.         6.-Recuerda a la persona que falleció y ayuda a los niños y adolescentes en esta remembranza.
            7.-Orienta las fantasías de los niños: sé particularmente atento ante aquellas fantasías que desarrollan un pensamiento mágico y reflejan un sentido de evasión o irresponsabilidad frente a la muerte.
            8.-Usa algunos momentos de aprendizaje para ayudar a los niños y adolescentes a aprender y comprender la muerte y el morir: Las actividades diarias proveen de muchas oportunidades para hablar con ellos del tema de la muerte y el morir, del duelo y de la pérdida.
            ¿Por qué citar esta anécdota sucedida en una escuela concreta de otro país, de cultura muy diferente a la nuestra?
            En los últimos tiempos, se ha venido desarrollando la idea de que la escuela debe “preparar o educar para la vida”. Existen múltiples investigaciones, teorías pedagógicas, metodologías didácticas que insisten en que la escuela debe dejar de ser “esa torre de marfil” aislada del mundo y lejana a la vida cotidiana. El planteamiento central es que un niño o adolescente debe irse preparando para enfrentar la vida concreta y no solamente aprender de memoria conceptos que muchas veces no comprende.
            La idea de que la escuela desarrolle competencias o habilidades más que transmitir contenidos tiene que ver directamente con esta meta de educar para la vida.
            Sin embargo, un elemento central e inevitable de la vida es la muerte. Estamos como dice Morin citando a Heráclito: “viviendo de muerte y muriendo de vida”.
Los humanos somos seres “destinados a la muerte” –al menos a la muerte física, al término de la existencia terrenal tal como la conocemos- y sin embargo la escuela que persigue “educar para la vida” normalmente evade en sus contenidos y actividades el tema de la muerte. Con excepción de la celebración –más bien cargada de folklore y de carácter abstracto- del “día de muertos” y la elaboración de una ofrenda o un altar en estas fechas, la escuela normalmente no trata el tema de la muerte con los educandos, ni asume explícitamente los eventos de muerte que rodean a la comunidad escolar y que afectan la vida afectiva de los niños y adolescentes, como una oportunidad educativa, como un espacio propicio para el aprendizaje de la muerte concreta y cercana, del morir como hecho al que tarde o temprano todos nos tenemos que enfrentar.
            Si nuestra escuela quiere realmente “educar para la vida” tiene que empezar también aunque suene paradójico y sea difícil de aceptar, a “educar para la muerte” que es parte inseparable de la vida.

domingo, 6 de julio de 2014

Fin de cursos



*Publicado en Síntesis, 7 de julio de 2008.

            Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce”.
                                   Pablo Neruda.

            El fin de cursos además de ser momento para festejar a quienes culminan alguna etapa de su formación y preámbulo para un descanso necesario después de meses de trabajo, debería ser una oportunidad para evaluar la calidad de lo que hacemos todos los actores de la educación.
            De otra manera, el término de un ciclo escolar y el inicio de otro puede ser simplemente la repetición de una rutina que nos va haciendo “esclavos del hábito”  con lo que la auténtica educación va muriendo lentamente.
            En estos tiempos en que el mejoramiento de la calidad de la educación está en el discurso oficial y en la opinión pública como uno de los temas fundamentales para lograr el desarrollo y la transformación social, los protagonistas de la educación –maestros, alumnos, directivos, funcionarios, padres de familia- tendríamos que preguntarnos seriamente sobre el sentido de lo que sucede diariamente en los salones de clase.
            ¿Qué tanto avanzamos en este ciclo escolar en la construcción de un sentido verdaderamente educativo en las actividades de aprendizaje que diseñamos, instrumentamos y evaluamos?  ¿Avanzamos en el logro de una formación significativa e integral de nuestros estudiantes? ¿Qué debilidades tendríamos que ir tratando de superar para lograr verdadera educación? ¿Cuál es el sentido educativo que deben tener las actividades escolares para responder a los retos de una sociedad globalizada, incierta y plural y a las necesidades de justicia y democracia de un país como el nuestro?
            El planteamiento y la exploración de estas y otras preguntas ayudaría a que nuestro sistema educativo creciera en una cultura de la evaluación.
            Porque si los millones de niños, adolescentes y jóvenes que terminan en estos días un año escolar más salieran de este ciclo habiendo aprendido lo que debieron aprender, con la profundidad y el sentido requeridos y habiendo disfrutado este aprendizaje incorporándolo a su vida, México podría realmente empezar a cambiar.
           

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...