domingo, 19 de enero de 2014

La educación en valores como educación para la democracia




*Artículo publicado en El Columnista. 16/02/2011,

"Democracia: Es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística"

Jorge Luis Borges.

"La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes".

Charles Bukowski

En el ámbito escolar y universitario de nuestros días se habla mucho de la necesidad de "educar en valores", de que la moral "regrese a la escuela" como tituló Latapí uno de sus libros al respecto-, de que los niños y jóvenes vuelvan a educarse en lo que es bueno y lo que es malo.

Sin embargo este clamor por volver a incluir la formación valoral en las escuelas y universidades que es compartido por autoridades, profesores, directores y padres de familia, significa muchas veces una especie de indoctrinación en la que se enseñe a los estudiantes "los valores" que se consideran como universales para vivir una vida individual honesta, recta y responsable.

Muy rara vez se relaciona educación en valores con formación social, con desarrollo de la conciencia de vivir en sociedad y de las herramientas básicas para convivir de manera democrática construyendo la justicia junto con los otros.

Sin embargo, desde una perspectiva ética compleja y acorde a nuestros tiempos, es necesario asumir que todo lo valoral es social y todo lo social es valoral.

Lo valoral es social desde la perspectiva de que cada proceso de valoración y decisión de un sujeto humano individual está siempre mediada e influida por los condicionamientos económicos, políticos y culturales de la sociedad en la que vive.

También lo valoral es social en tanto que toda valoración y decisión se hace de manera situada, es decir, dentro de un contexto socio-cultural específico. No se puede hablar de valoraciones o decisiones abstractas sino de procesos de valoración y decisión en unas condiciones sociales concretas y siempre dinámicas.

Pero más allá de esto, lo valoral es social en tanto que el ser humano, "estructuralmente moral", es al mismo tiempo "estructuralmente social". La estructura valorativa del ser humano es intersubjetiva y no puede realizarse ni potenciarse si no es en relación con otros sujetos y en relación con la sociedad en la que se vive.

El fundamento de lo moral o lo ético es precisamente, según afirma Edgar Morin, el hecho experimentable en cada persona de que los seres humanos no vivimos para sobrevivir, sino que sobrevivimos para vivir, vivimos para vivir. Este vivir para vivir significa vivir para disfrutar de la vida y de un proyecto de felicidad personal, pero también implica que este proyecto de vida se oriente a ayudar a vivir a otros, a dar vida a los demás.

En este sentido, lo ético o lo moral tiene que ver necesariamente con la convivencia y con la construcción de una convivencia democrática en la que todos puedan aspirar a este vivir para vivir a partir del compartir la vida, del ayudar a vivir a otros.

Ningún proceso, estructura o institución social son a-morales, es decir, no pueden estar al margen de lo moral. Tenemos así sociedades, estructuras o instituciones humanas "más o menos morales" o "más o menos inmorales" pero no podemos tener sociedades o instituciones a-morales, es decir, que sean axiológicamente neutrales, que no tengan en su modo de funcionamiento una carga valoral específica que puede ser humanizante o deshumanizante, justa o injusta, libre o esclavizante.

Lo social tiene una carga axiológica puesto que la sociedad funciona con base en ciertos valores aceptados convencionalmente o impuestos por los grupos de poder formal o fáctico. Lo axiológico tiene una carga social puesto que toda valoración afecta de un modo u otro el funcionamiento social y por ello todo proceso de valoración y decisión debe hacerse siempre pensando en el impacto que tendrá en la sociedad.

Finalmente, lo social es valoral en el sentido en que parecen inseparables la educación cívica y la educación moral, es decir, toda educación para la convivencia ciudadana es una educación moral en el sentido que forma para determinados modos de convivir en sociedad, del mismo modo que toda educación en valores es una educación social. Es por ello que actualmente muchos autores desarrollan el término "educación para la ciudadanía" o "educación ciudadana" para hablar de educación valoral, puesto que todo lo valoral tiene un componente político-social.

Es así que afirma la filósofa española Montserrat Payà que es "preferible educar para la reflexión que no para la sumisión; para la crítica que no para la aceptación pasiva: para la participación que no para la abstención".

Desde esta perspectiva, la educación en valores tiene que contribuir a que la sociedad democrática deje de ser una "superstición muy difundida" como lo afirmaba Borges para tratar de formar personas capaces de convivir dialógicamente con los demás y de comprometerse en la construcción de instituciones que promuevan una organización social verdaderamente promotora de la participación y la equidad.

Porque en la situación del México de principios del siglo XXI en el que hemos logrado con mucho trabajo construir procesos electorales más o menos limpios y más o menos equitativos, instituciones electorales relativamente autónomas y una conciencia del voto asumida por un buen porcentaje de la población, es mucho lo que todavía hay que caminar para que podamos decir que estamos en un proceso de transición democrática, que nuestro país avanza para dejar de ser un lugar donde los ciudadanos votan y luego "obedecen las órdenes".

En efecto, falta mucho todavía para poder avanzar hacia una sociedad verdaderamente democrática donde cada ciudadano entienda, desde una ética social y planetaria, que el voto es solamente una de las fases y compromisos de la democracia y que un sistema verdaderamente democrático tiene que ver con la participación activa y propositiva de la sociedad civil en la vida cotidiana y respecto a todos los ámbitos de la vida.

En este proceso que México tiene que enfrentar, un aspecto muy relevante aunque no el único para lograr esta transición efectiva hacia la democracia es el de la educación. Una educación en valores verdaderamente efectiva tiene que contribuir a la formación ciudadana más allá de reproducir los modos de convivencia pasiva o egoísta vigentes.

De manera que como dicen Escámez y Ortega, otros célebres especialistas en educación moral: "(...) si el proceso educativo no consigue personas que tengan predisposiciones para interrogar e interrogarse sobre la realidad que les rodea y sobre ellos mismos, predisposiciones para enjuiciar críticamente la información recibida, habría que suprimir lo de educativo".

Resulta necesario cambiar nuestra visión de la educación valoral para poder contribuir de manera eficaz a la generación de un mejor país. Toda educación genera la sociedad que la genera y si la sociedad pasiva e individualista está generando una educación que no contribuye a la democracia, es hora de asumir nuestro compromiso y tratar de luchar porque desde la educación se rompa el círculo vicioso y se pueda contribuir a regenerar la sociedad en crisis que está generando nuestra crisis educativa.

domingo, 12 de enero de 2014

La educación y el placer de aprender




"Aprender sin programa,
Con errante pasión…
Aprender lo dispar; lo paranada…"
Sebastiano Masó. (Autodidacta)

Comparto contigo, amable lector, una anécdota que acaba de ocurrirme a propósito del término del período académico en la universidad. Sucedió en el marco de un curso de "Filosofía de la Educación" que tuve la oportunidad de impartir a un grupo de estudiantes de la licenciatura en Procesos educativos.
Como actividad de síntesis y conclusión del curso, encargué a mis estudiantes un ensayo en el que eligieran a un filósofo que les resultara particularmente significativo entre los que habíamos estudiado  y que desarrollaran un concepto relevante de este autor, planteando qué podría aportar para mejorar la educación en nuestro país, en cualquier nivel y modalidad que escogieran libremente.
Pocos días antes de la entrega del ensayo, cuando ya habíamos revisado el planteamiento general y la estructura del trabajo y estaban dedicándose a la redacción, tuve un intercambio con una alumna a través de "facebook". Ella puso un comentario en su "Muro" acerca del ensayo y de que estaba agobiada porque de momento se había agotado "su inspiración". Yo le contesté animándola, aconsejando que tomara un descanso y que una vez despejada regresara al texto con lo que podría ser más productivo su esfuerzo.  Me respondió agradeciendo el consejo y me dijo: "Sí. Eso haré. Quiero hacer muy bien mi ensayo final para que me pongas diez".
Esta respuesta me llamó mucho la atención. Le contesté más o menos con estas palabras: "Te aconsejo que trates de hacer muy bien tu ensayo, por el gusto de hacerlo bien…la calificación solamente será una consecuencia".
Resulta significativo para mí reflexionar a partir de este hecho real, que seguramente le ha ocurrido a muchos profesores con muchos estudiantes -la constatación de que el proceso de enseñanza-aprendizaje se vuelve una especie de transacción comercial en la que el alumno se esfuerza con la motivación esencial de obtener una calificación alta a cambio- sobre un elemento importantísimo que desde mi punto de vista ha ido perdiendo importancia y prácticamente desapareciendo del escenario de las aulas: el placer de aprender.
Contrasto la anécdota de esta alumna universitaria con un diálogo que tuve con mi hija de ocho años en un viaje que realizamos y que transcribí en una entrada de mi blog :  "…A propósito de los paisajes, venimos platicando cosas y ella me ha comentado ya dos veces que esos pájaros enormes y negros que surcan el cielo "parecen de papel" porque sus alas se ven súper delgadas, casi transparentes en vuelo. De pronto me dice: "¿Sabías que hay un tipo de pájaros que pueden volar por el espacio, más arriba de toda la tierra durante tres años seguidos, sin descansar? Así, volando todo el tiempo a pesar de que pesan muchísimo y son muy grandes…durante TRRRREEEESSSS años seguidos". ¡Qué interesante está esto! Realmente no lo sabía, le respondo realmente interesado por su manera de contarme la historia que me dice, vio en "Discovery channel" …De pronto, emocionada realmente, con una voz que refleja la pasión por conocer de la que yo hablo tanto pero solamente desde la teoría me dice: "Es que hay cosas en la naturaleza, que hasta te dan ganas de llorar porque dices: ¿Cómo puede ser posible esto?".
¿En qué momento se obstruye o bloquea esta pasión por aprender, esta capacidad de asombro que tenemos desde pequeños y se cambia por un interés meramente pragmático en una calificación? ¿Por qué la escuela, en lugar de sustentar su quehacer cotidiano en este motor de aprendizaje que es el "deseo desinteresado de conocer" de los educandos, se funda en la dinámica conductista de premio-castigo? ¿Cómo vamos los docentes matando este interés por aprender y convirtiendo el espacio potencialmente apasionante del aula en un espacio de intercambio de trabajos por calificaciones?
En estos tiempos de reformas educativas que tanto enfatizan la necesidad de desarrollar competencias en los estudiantes, de hacer el aprendizaje significativo, de cambiar el paradigma para centrar la educación en el alumno y en el aprendizaje, creo que es fundamental que los docentes y aún los padres de familia -educadores no formales fundamentales- nos preguntemos cómo recuperar la gratuidad del proceso de aprendizaje, cómo revivir o no dejar que se bloquee este placer por aprender que es parte fundamental de nuestro ser sujetos humanos. 

Artículo Publicado en: La primera de Puebla el 01 de junio de 2010.








 

domingo, 5 de enero de 2014

Los cambios curriculares y el fracaso de la educación


           
 El sistema educativo mexicano está ahora en tiempo de cambios, cambios que tendrían que implicar -y se ha hecho un anuncio ya al respecto- modificaciones a nivel curricular de los distintos niveles educativos como una parte central de la reforma educativa emprendida a partir de los cambios constitucionales realizados el año pasado.
Existen algunos antecedentes recientes que convendría no descartar sino tomar como base para los nuevos cambios que se piensen emprender: la reforma de la educación secundaria (RES), la Reforma integral de la educación media superior (RIEMS), la Reforma integral de la educación básica (RIEB) y numerosos cambios curriculares en escuelas y universidades que persiguen mejorar la calidad y adecuar la educación a los nuevos tiempos.
            Sin embargo, a lo largo de los años hemos visto innumerables cambios curriculares que no han modificado la realidad que podría calificarse como de fracaso educativo en nuestro país. ¿Cuál puede ser el problema? ¿Cómo enfrentarlo?

Dos riesgos

“Está muy extendido cierto fatalismo que asume
como un mal necesario que la enseñanza escolar…
fracasa siempre”
Fernando Savater. El valor de educar.

            El primer riesgo de fracaso de un proceso de renovación curricular está en este fatalismo del que habla Savater. Es considerable el número de profesores y de administradores de lo académico que viven cotidianamente su trabajo desde esta perspectiva que sostiene que la educación escolarizada es un mal necesario y que está destinada a fracasar.
            Es por ello que muchos esfuerzos serios y aún apasionados de renovación curricular, acaban siendo presentados en congresos y publicados como excelentes propuestas teóricas que sin embargo, no resultan en la práctica porque son saboteadas desde dentro, por esta cultura del “mal necesario” y esta actitud de que cualquier propuesta de cambio está de antemano condenada al fracaso.
“Si queremos que todo siga como está,
es preciso que todo cambie.”
Giuseppe Tomasso di Lampedusa. El gatopardo

            Un segundo riesgo se deriva del gatopardismo que padecemos como cultura nacional y como cultura educativa. La idea de que es necesario que todo cambie para que todo siga igual está muy extendida en nuestras instituciones educativas.
            En muchas ocasiones, las intenciones de fondo, no explícitas, de los procesos de renovación curricular que son propuestos por autoridades, son precisamente las de mantener la situación como está, sabiendo que para sostenerla, es necesario un cambio radical… de formas.
            En otros casos, la recta intención de los que proponen las renovaciones curriculares se ve obstaculizada por los educadores y los administradores del proceso, que partiendo de la idea de que la forma de proceder actual ha dado resultado y por ello “no es necesario cambiar” van aceptando en apariencia la renovación pero la van asimilando de tal manera que no pase nada relevante en los hechos.

La reorganización de la esperanza.

            Toda renovación curricular auténtica, a pesar de estos riesgos y a pesar de que está condenada de antemano a sucumbir en alguna medida a ellos, es una apuesta por el futuro, por un mejor futuro para los educandos, para la sociedad y para la humanidad.
            Desde esta visión compleja, un proceso de renovación curricular es un camino que pretende reorganizar la esperanza y aportar a una sociedad que necesita cambiar, ciudadanos comprometidos y preparados para este cambio. Por ello una renovación curricular auténtica ofrece más que conocimientos, esperanza.
            Para lograrlo debe empeñarse en poner las condiciones para lograr tres niveles de transformación sin los cuales no se podrá hacer realidad esta oferta de esperanza: el cambio en la conciencia de los educadores, el cambio en las estructuras escolares y el cambio en la cultura educativa.
Como todo proceso humano, ninguna renovación curricular se hará realidad al cien por ciento. Todo cambio curricular tendrá un porcentaje de fracaso y un porcentaje de cambios “para seguir igual”. Sin embargo, de la conciencia que se genere acerca de esta apuesta por el futuro y de las condiciones de transformación que se pongan en los tres niveles mencionados, dependerá que la renovación curricular pueda tener mucho más de reorganización de la esperanza y de cambio educativo real hacia un mejor futuro, que de fracaso o gatopardismo.

*Este artículo -con pequeñas modificaciones en la introducción para actualizarlo un poco- fue publicado en el diario Síntesis el 13 de febrero de 2006.


viernes, 3 de enero de 2014

Interioridad, introversión, introspección: un ejercicio desde las moradas de Santa Teresa

         

 
1.-¿Qué he vivido como interioridad?
  
   A mí no me suena extraño ese ¿qué hay ahí?  Me suena extraña la pregunta que pone en cuestión la existencia de algo ahí dentro que llamemos interioridad.
            Me explico: es una cuestión casi genética, de temperamento. Crecí azotado por la culpa de ser introvertido, callado, metido en mi propio mundo…y sin embargo ese caminar cargando conmigo, a pesar de esa culpa creada desde fuera y molesta siempre, me ha dado la vivencia de la interioridad como algo muy natural, connatural, desde mi modo de ser…interioridad digo, no necesariamente espiritualidad aunque sí bastante marcada a veces por una religiosidad aprendida de raíz , en la familia que testimonia contradictoriamente y que siempre “discursea” y discurre desde una fe medio rara, muy ortodoxa y culposa, muy de “cargar con la cruz”, el deber sufrido y el dolor callado de la abuela…
            Interioridad viene en mí de introversión y me ha hecho introspectivo, es decir, alguien que está siempre vigilando sus propios modos de ir viviendo la vida…sintiendo sus sentires, pensando sus pensares hasta límites a veces obsesivos y dañinos.
            Quizá es algo como la inteligencia intrapersonal de Gardner, lo he pensado ya mucho después, recientemente, soy más o menos hábil e inteligente en lo intrapersonal pero muy poco, muy torpe en lo interpersonal…

Silencio

            Por eso para mí interioridad tiene que ver necesariamente con el silencio, con vivir el silencio, necesitar el silencio, sumirme a veces en el silencio, disfrutar el silencio y padecer el silencio…

Diálogo conmigo…si eso es posible

            Interioridad es también un diálogo constante conmigo mismo, parece imposible porque diálogo implica a dos y yo no soy dos, soy uno, aunque a lo mejor soy más de dos y esos son los que dialogan…
            Es diálogo conmigo que incluso se verbaliza a veces: “qué güey eres, Martín”, “la regaste”, “parece que ahora sí le atinaste a esto”, “vamos, hay que dar algo que valga la pena a estas personas “, etc…
            Diálogo constante en el que muchas veces me peleo aunque últimamente y no por mí sino más bien por otras presencias amorosas y cercanas , he ido reconciliándome conmigo…

Relación contradictoria con mis propios sueños y temores

            Interioridad es también una incansable, permanente, a veces extenuante actividad imaginativa , ¿soñativa? Llena de imágenes de mí mismo y de mis seres cercanos, de imágenes de mi mundo como un mejor mundo, de imágenes ideales o idealistas que a veces, en cierta proporción, se vuelven realidad a cachitos y por instantes…
            Pero también es mi relación con profundos temores, temor a traicionarme a mí mismo o a la imagen que tengo de mi mismo o a lo que otros esperan de mi mismo (esa terrible preocupación por no estar a la altura de lo que otros esperan). Mi relación con los caminos que me llevan a la muerte y ese temor fundamental del que no salgo aún, aunque vaya asentándose un poco, pero siempre presente, a partir de esa experiencia que es una imagen de infancia, muchos años presente, ahora por fortuna, solamente viva cuando es convocada intencionalmente. Mis temores profundos incluso el que se expresa en la pregunta: ¿y si no hay nada más? ¿ y si todo lo que creo es sólo eso, una creencia?

Una presencia extraña pero profunda de misterio

            Y sin embargo, como decía Paz: “Alguien me deletrea”. Esta es una experiencia que sigo viviendo, con mucha intensidad, ¿ideología? ¿temor inculcado? ¿fe aprendida? No lo sé , lo que sé es que es viva y fuerte sensación de una presencia…una presencia más allá de mí o más acá de mí, de mis temores y de mis sueños…
            Una presencia extraña que fue la imagen del viejo de barba blanca, luego la de cristo crucificado, ahora una imagen borrosa e indefinida pero igual de intensa en experiencia…
            Alguien me deletrea, soy miserable e impotente para ser en “el buen sentido de la palabra: bueno” (Machado) y por eso siento, percibo, me refugio, etc. etc.

Una convicción o conjunto de convicciones: aprendidas pero desaprendidas con culpa y sin embargo presentes y sostenidas en otra forma:

            Finalmente, interioridad es una convicción o conjunto de convicciones, en principio aprendidas como dogmas para ganar unas galletas de animalitos con la abuela “joroba”…reforzadas después como culpa, chantaje sentimental, generosidad desbordada de los padres pero tan desbordada que nos pasaba a traer a los hijos (¿por qué atender tanto a tantos y descuidarnos a nosotros?), convicciones curtidas luego, de joven e idealista afín a la teología de la liberación, encontrándose con otros de su edad y de sus sueños, siendo después el “guía” de algunos, el que convoca y provoca esos procesos en otros, pero que se vacía y se va quedando con un conjunto de convicciones intelectuales, conceptuales, vacías….
            Conjunto de convicciones que se vuelven otra vez vivencia, allá lejos, en Boston, en St. Mathew Parish, cruzando la calle en medio de la nieve o el frío o la lluvia…en el encuentro con mi familia, solos, a miles de kilómetros…
            Interioridad es un conjunto de convicciones vividas, vívidas, presentes aún pero sin cauce para expresarse comunitariamente , viviendo a caballo entre ambientes que me parecen muy dogmáticos y otros que me parecen vacíos y carentes de sentido y esperanza…conjunto de convicciones que quieren encontrar cauces de expresión y de vivencia comunitaria, de comunidad cristiana del siglo XXI, de la globalización, del internet, de la vida light….

10-06-04

 2.-LAS MORADAS SÉPTIMAS.

            -Impresión:

            De entrada: oscuridad, lenguaje críptico, demasiado lejano a mi tiempo, imágenes muy lejanas a mis imágenes, desierto a angustia por no conmoverme por las moradas.
            Ambiente no propicio, demasiado ruido interno, ruido exterior, clima demasiado racional, dando vueltas a ideas (entre consejo académico del SEUIA y código Da Vinci), de pronto la serie de Fibonacci trastocada, diávole no se qué, etc. parecen estar más claros que “muestra al alma en visión imaginaria la sacratísima humanidad de Cristo…”, sin embargo algo va quedando, la segunda lectura va siendo menos confusa, van saltando frases, párrafos pequeños, partes…
           
            -Experiencia:

            Como algo que resuena profundo en medio de muchas cosas urgentes pero superficiales, como algo que a pesar de decirse en “otro idioma” me describe, me refleja, de algún modo…
            Luces y sombras, experiencia de rebeldía frente a la recurrencia de ese “deseo de sufrir, de vivir el dolor, etc.” tanto me remite al destino-estigma familiar : “el deber cumplido, el dolor callado”…la culpa como religión, la necesidad de buscar algo con que angustiarse para justificar la vida…experiencia de rebeldía frente a esa invitación al dolor, pero experiencia dulce, como de invitación a relativizar todas las estupideces en que se sustenta a veces la vida diaria, los sueños de plástico que soñamos o nos imponen a soñar…experiencia en resumen de paz, el balance es paz, aunque sea a cuentagotas, a ratitos, a probaditas…

            -Puntos que me hicieron detener:

            ¿No que los místicos viven en su mundo aparte, fuera de la realidad, orando? Esa insistencia, dos o tres veces de no salir del mundo, no se trata solo de rezar sino de cultivar las virtudes, de servir al prójimo, de estar, finalmente, en el mundo, con los pies en la tierra…¿contemplativos en la acción? Me resonó esa definición jesuita que usé la semana pasada en mi rollo en León…orar pero sobre todo amar, con un amor que crece y no se queda estático…ese si es un reto y resuena hondo con mi experiencia intelectual lonerganiana, el amor como aprehensión continua y dinámica de ese desconocido conocido que llamamos valor, el amor como decisión que tiene que irse sosteniendo con la vida, el amor que sigue y encuentra distintas formas de experimentarse, de vivirse, de pensarse e imaginarse….
            Una pregunta que ya no exploré: la distinción entre alma y espíritu…no sé, me dejó pensando, no entiendo…tengo que pensar…aunque sobre el alma, algo me agradó mucho: no pensar que el alma es oscura solo porque no la vemos…porque el alma es una experiencia luminosa, experiencia de vivir, el alma en el fondo es inseparable de mí…
            Algunas veces el señor deja a las almas con sus fuerzas naturales…vaya que si nos pasa…¿uno o dos días? Pues conmigo a veces se pasa, o será que estos días de hoy son mucho más cortos que los de Teresa y por eso son más días….lo hace para fortalecer nuestra debilidad. ..fortalecer nuestra debilidad…¿es decir, que nuestra debilidad sea más debilidad y mejor debilidad? ¿o que tengamos fuerza en nuestra debilidad? De ambos lados hace sentido: hacerme sentir con mayor fuerza mi debilidad es algo que me acerca a Dios sin duda, esa experiencia de indigencia…de impotencia…pero también, darme fuerzas dentro de mi debilidad, fuerzas para asumir mi debilidad y vivir con ella, aceptándola y tratando de hacer algo con ella o a pesar de ella….
            No les falta pues, la cruz, pero nada les inquieta ni les hace perder la paz…en pocas palabras: entrarle a la vida como viene y con todo lo que tiene de dolor y confusión e incomprensión, no nos faltará la cruz (pero obviamente eso implica que no se trata de buscarla), no nos faltará la cruz pero siempre en paz…siempre en paz…con la convicción de que ahí está, de que se sabe que hay presencia aunque no haya gran luz en la experiencia de todos los días…
            Esto es el máximo anhelo creo yo, para todo creyente: asumir la cruz pero siempre con la paz que hace que sigamos caminando…caminando en la oración y la acción…con el servicio…
17-06-04



           
             

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domingo, 8 de diciembre de 2013

Celine Armenta: una rebeldía con proyecto.




Cuando pienso en Celine Armenta me viene a la mente la palabra rebeldía. Rebeldía contra un mundo injusto, excluyente, en el que el respeto a la diversidad o quizá mejor dicho, a las diversidades está muy lejos de ser logrado. Rebeldía contra una sociedad que educa para aceptar lo semejante, lo propio, lo cercano y para rechazar todo lo diferente, lo que se sale de lo establecido.
            En ese sentido la trayectoria de Celine es ejemplar porque no cabe en ningún molde, porque deliberadamente no quiere caber en ningún molde y asume las consecuencias de ello. Basta leer Misereres y exultates –el libro con el que ganó el premio nacional DEMAC en el 2007-2008- para vibrar con algunas estampas de una vida rica, densa, contradictoria y sobre todo libre y fiel a convicciones profundas que de muchos modos rompen los moldes y cuestionan los esquemas.
            Pero al mismo tiempo que pienso en rebeldía, evocar a Celine me hace pensar en inteligencia y pensamiento estratégico, rebeldía inteligente, rebeldía con estrategia. Porque si algo la caracteriza es su brillante inteligencia, su capacidad analítica y creativa por encima del promedio. Celine no es de los rebeldes superficiales o viscerales que se oponen a todo lo establecido simplemente porque está establecido. Celine es rebeldía con proyecto, rebeldía con propuesta, rebeldía con causa que va más allá de pasiones momentáneas –aunque a veces mande señales de vaivén en los detalles porque también viven en ella y qué bueno, las pasiones momentáneas- y que tiene una visión de largo aliento, una visión que responde al deseo de humanizar este mundo bello pero en muchos sentidos inhumano.
            Tal vez por esa rebeldía es una educadora de vocación, una profesional de la esperanza convencida hasta los huesos de que el mundo no tiene remedio pero que sin embargo tenemos que seguir día a día dispuestos a cambiarlo, como decía Fitzgerald que se manifiestan las inteligencias superiores.
            Tal vez por esta rebeldía con causa, por esta urgencia de cambiar el mundo que no tiene remedio es que Celine siempre tiene prisa, siempre está en movimiento, no descansa en sus afanes y no se da tregua ni da tregua en sus proyectos. Por ello Celine puede al mismo tiempo mantenerse informada de lo que pasa en el mundo, estar al día –en la medida en que esto es posible- en las lecturas literarias que le interesan, revisar diez tesis al mismo tiempo, adelantar horarios de sus programas para los próximos dos años, tejer, seguir tejiendo en las juntas, seguir tejiendo las juntas y los proyectos y las ideas y las utopías que le sirven y sirven a muchos al convivir con ella para continuar caminando, para no desfallecer en el intento de que la educación sea realmente educativa y esperanzadora y que el mundo se vuelva aunque sea un milímetro más incluyente y gozosamente plural.
            Como tiene prisa, a los que estamos a su alrededor nos parece que se está jubilando muy rápido, tal vez porque pensamos que todavía tiene mucho que hacer, que podría haber coordinado las maestrías muchos años más y seguirían funcionando como reloj de precisión al mismo tiempo que continuarían avanzando lenta pero firmemente. Sin embargo, estoy seguro que como siempre, Celine nos lleva ya mucha ventaja y tiene perfectamente trazado el camino hacia adelante, el camino del exultate que vendrá con la jubilación y la liberación de los esquemas rígidos del empleo fijo, el camino del miserere que pasa siempre por la comprensión y la compasión hacia todo lo que le rodea y hacia todos los que le rodean.
Felicidades y éxito en lo que sigue, querida Celine.
061213.

lunes, 2 de diciembre de 2013

EL CUENTO ES MUY SENCILLO, PERO NO TANTO…





(Fragmento de un texto preparado para un grupo llamado informalmente “el plan” en el que participamos Martín y Gaby con otros matrimonios amigos de 96 a 97. La idea era compartir algo de nuestra infancia que nos hubiera marcado significativamente).
                  Ahora que lo pienso bien, todo ese “orgullo nerd”…fue siempre en alto grado una necesidad de competir por el cariño paterno entre siete “talentosos y seguiditos” por destino más que por decisión.
                  En efecto, siete que llgábamos año tras año por “gracia de Dios” pero también por toda una mentalidad y una cultura de época, la cultura de “los hijos que Dios nos mande” que no era muy reflexionada, era simplemente lo que tocaba y me imagino, que no tocaba con demasiado disgusto o desagrado donde tocó tantas veces: ocho que fueron siempre siete en razón de que Gabo llegó cuando Ray ya había partido en ese incidente deportivo que quizá nos sumergió para siempre en ese “mentes vemos, cuerpos no sabemos” del que ya les platiqué.
                  Pensándolo bien, ese ser aplicados fue casi genético en una familia en la que papá no pudo estudiar –y para mi daño o beneficio no pudo estudiar arquitectura-. No recuerdo el momento en que se nos fue haciendo esa conciencia de que teníamos que sacar siempre diez y que los primeros lugares eran casi parte de la honra de la familia… tal vez los orígenes son remotos, -llega un recuerdo reciente de mis papás reclamando a mi maestra de segundo de Primaria del Pereyra porque no me dieron a mí una medalla que según esto merecía y se la llevó otro compañero-. El caso es que para nosotros fue algo que se fue haciendo natural, casi dado por hecho. Sí veo, ahora a la distancia, la necesidad de ser queridos por nuestros papás por los diplomas y medallas de fin de cursos pero esa es una explicación a posteriori, algo que nunca nos fue dicho, ni fue forzado ni cuesta arriba para nosotros que jamás nos sentimos presionados en ese entonces para lograrlo.
                  El ritual empezaba desde el primer día de clases en que durante todo el trayecto desde la 31 poniente hasta la 29 oriente –toda la ciudad de entonces- que mediaban entre la casa y el salesiano, mi papá iba “sensibilizándonos”  a la enorme trascendencia que significaba entrar a un nuevo año escolar y cómo tendríamos que esforzarnos por estudiar y “portarnos bien”…todo ello aderezado con oraciones abundantes.
                  A partir de allí iniciaba la carrera y poco a poco y casi como emergiendo de nuestro metabolismo, nos íbamos ganando los dieces y las famas y las simpatías de unos y las antipatías de otros. En esta carrera había de todo, entre otras cosas, la sensación de que cada trabajo era como una batalla campal que tenía que sortearse (aunque si no salía bien, mis papás tuvieran que llegar 11 o 12 de la noche, al concluir sus reuniones del grupo religioso en turno –cursillos, acción católica en varias modalidades, etc.- a terminarlo o de plano a rehacerlo para que al despertar uno sintiera la tranquilidad de que había salvado el honor y casi la vida. Esta ayuda de mis papás fue sobre todo en las cuestiones manuales, de allí lo inútil en ese rubro que salí, lo cual me hizo llegar siempre a entregar mis maquetas de arquitectura en la universidad don todos los dedos llenos de curitas y me hace hasta la fecha contratar “especialistas” casi para cambiar el foco que se fundió en la sala.
                  Al final del año, el orgullo de tener en filita tres, cuatro, cinco, seis hijos que transitaban por sus premios por el pasillo del auditorio y la autoestima que crecía en cada: “¿Cómo le hacen para que sus hijos sean tan estudiosos?”  o “los López Calva esto o aquello”, dicho con una mezcla curiosa de admiración y envidia por otros papás. Al final de esto, el rito de agradecimiento en el que desfilaban a comer en la casa todos los maestros y el padre director, un rito del que yo llegué a tener la sensación de que me querían en la escuela por mis papás y no tanto por mi persona o por mi trabajo.
                  De todo esto aprender, aprender mucho porque se trataba de estar hiperatentos todas las clases y así los exámenes “no sabían ni a melón”. El aprender que valoro porque me hizo una disciplina, una responsabilidad, una trayectoria, un método de estudio y un gusto por aprender que he descubierto y valorado mucho después.
                  Este recuerdo tiene dos sensaciones: la primera es la nostalgia que me sigue invadiendo al escuchar el “Largo” de Xerxes de Haendel porque me recuerda el pasillo, los profesores al frente y la despedida de cada uno, así de simple, sin diplomas ni premios, despedida y abrazos que se hacían mucho más intensos al salir de la secundaria y repetir, con la misma música, el mismo ritual humano imprescindible que no sé por qué no se le ha ocurrido a nadie en otros colegios.
                  La segunda sensación es la de sentirme por primera vez una persona individual, distinta. ¿Los signos?: La ropa nueva, la peluquería de grandes con mi papá y la plática de “hombre a hombre” que me hizo entrar mental y prematuramente a la adolescencia que llegó mucho más tarde y creo que aún no se acaba de ir.
                  Estos signos pueden parecer pueriles pero si tomamos en cuenta que en la selva de siete uno se sentía siempre masa y que además la propiedad de la ropa siempre fue comunal (una imagen imborrable es la de mis papás llegando de una tienda y echando sobre la mesa un montón de playeras y pantalones y diciendo siempre sin señalar un destinatario: “les trajimos esto a ver si les queda”), si tomamos en cuenta esto y que la peluquería era muy cara y entonces el peluquero, el famoso Miguel iba a la casa y nos cortaba el cabello en serie y en serio para que durara, pues estos dos signos además de la plática personalizada fueron imborrables…

domingo, 24 de noviembre de 2013

¿RESPONSIVIDAD O RESPONSABILIDAD? ÉTICA PROFESIONAL E IDENTIDAD INSTITUCIONAL EN UN CAMBIO DE ÉPOCA

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 *Texto leído en la presentación del libro Ética profesional e identidad institucional en el año 2006.






 
--> Comienzo agradeciendo sinceramente al Instituto de Estudios Universitarios a través de la persona del Mtro. José Sanchez Aviña, la invitación a participar en la presentación de este muy interesante libro que nos tiene reunidos hoy aquí y que nos invita a hacer múltiples reflexiones desde perspectivas distintas que tienen como denominador común, un campo fundamental para comprender e intentar transformar el sistema educativo nacional: La ética que construye identidad o forma parte esencial de las identidades personales, profesionales o institucionales
“El discurso ético es una construcción polisémica” inicia diciendo la introducción a cargo de los coordinadores de este trabajo que reúne catorce ensayos de diecisiete investigadores de distintas instituciones, sectores y niveles educativos. Así como el discurso ético es polisémico, lo primero que salta a la vista al lector al entrar en contacto con los textos, es el carácter también polisémico del título de este texto. Porque “Etica profesional e identidad institucional”, al revisar los distintos apartados y capítulos, puede entenderse como: una selección de sólidos artículos de investigación que reúnen algunos trabajos sobre ética profesional (sobre todo los del apartado I que tiene el título de Etica e identidad profesional: “Elementos significativos de la ética profesional” de Hirsch (coordinadora de esta edición), “Etica profesional. Los genetistas humanos en Alemania” de Wüestner por ejemplo…)  y otros sobre identidad institucional (por ejemplo el de Medardo Tapia – “La responsabilidad y ética del cambio en las normales”, el de Jennie Brand – “La identidad institucional del docente en la Universidad Simón Bolívar” - o el de Amneris Delgadillo – “La evaluación de las instituciones educativas como generadora de identidad institucional. Las instituciones educativas lasallistas” -; o bien, como una compilación de excelentes artículos de investigación sobre la relación entre ética o dimensión valoral e identidad  (“Identidad y ética profesional en los estudiantes universitarios. El caso de la Universidad de Guanajuato” o “Tensiones identitarias y ethos profesional. El caso del profesor de formación cívica y ética” de la Dra. Yurén); el título también puede interpretarse como una serie de artículos que tratan sobre la formación ética de los profesionales (“Los valores científicos y profesionales del Ecólogo” de Guadalupe Ibarra o “Valores y tendencias valorales de los estudiantes dela Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León”, de Guadalupe Chávez) y también como artículos que abordan el tema de la ética de los académicos o docentes que forman a los profesionales (el mismo de Brand o “Microcontextos escolares: génesis de laidentidad profesional y ética de las y los docentes” y también: “Etica de la profesión académica en la época global” –de Rodrigo López Zavala, el segundo de los coordinadores).
Pero es precisamente esta polisemia la que le da una unidad flexible y abierta al libro y permite al lector aproximarse desde diferentes perspectivas, todas ellas llenas de retos para el docente, el investigador, las instituciones y el sistema educativo.

1.-Una preocupación constante.

“La universidad se ha convertido en la
refaccionaria del mundo empresarial y
laboral”

Gabrel Anaya S. J.

Desde el punto de vista de este lector, el libro tiene otra línea de articulación muy importante, que es la preocupación fundamental que parece estar sintetizada en la frase de Anaya: la universidad como repositorio de “piezas” para el engranaje del mercado laboral en detrimento de una formación profesional que brinde a la dimensión ética, indispensable para la formación de una identidad profesional e institucional, la importancia que esta requiere.
Varios artículos mencionan explícitamente esta preeminencia en la formación profesional de la lógica de la instrucción  o transmisión de saberes  sobre la formación ética o vaoral en los profesionales (Delgadillo o Kiepowikz) o este desequilibrio entre el progreso técnico que no ha ido aparejado con el necesario desarrollo moral (Hirsch). La investigación de Yurén muestra como la amenaza para el ethos del docente ante la introducción de la materia de Educación cívica y ética en la secundaria, provocó en muchos profesores la tendencia a una “instrucción bancaria” expresada sobre todo en una “socialización desapegada” que lleva al docente a preocuparse solamente por cubrir el programa de temas o a la “socialización inculcadora” que plantea una enseñanza o imposición de creencias o valores en los estudiantes. Los dos trabajos que se refieren a la identidad de estudiantes muestran también contradicciones valorales que surgen del énfasis en la capacitación o formación científico-técnica y el descuido de la formación ética, que se muestra también de algún modo en el nivel de posgrado en el trabajo sobre los valores científicos y profesionales del ecólogo.

2.-Profesionales responsivos.

“La universidad está formando profesionales
exitosos para sociedades fracasadas”

Xabier Gorostiaga S.J.

¿Qué significa en los hechos visto socio-históricamente este descuido de la formación ética de los profesionales? La cruda realidad parece mostrar que la frase de Gorostiaga es una incómoda y preocupante verdad: profesionales exitosos, competitivos, eficientes, bien capacitados, equipados para hacer una vida laboral adaptada a las exigencias cada vez más difíciles de este nuevo siglo y sin embargo, sociedades fracasadas, fragmentadas, divididas, conflictivas y deshumanizante.
La realidad que documentan estos trabajos que compila el libro, parece mostrar claramente que una formación profesional orientada solamente desde la visión económica, técnica o científica, produce profesionales responsivos y no profesionistas responsables, es decir, egresados que responden pasiva y acríticamente a las demandas de la sociedad del mercado global pero que son incapaces de responsabilizarse de manera reflexiva y creativa de las enormes contradicciones, crisis, desigualdades y desafíos humanos y sociales que este mundo está planteando. Profesionales responsivos que se adaptan al mundo en que viven sin cuestionarlo de fondo, pero que no tienen la visión ni las herramientas afectivo-intelectuales para adaptar el mundo, haciéndose cargo de la realidad que les ha tocado vivir. Profesionales que, como en el caso de los estudiantes de la Universidad de Guanajuato estudiados en el trabajo de Kepowicz, conciben e identifican valores como la honestidad en la universidad y en sus docentes pero ven claramente que en la vivencia de sus compañeros y de ellos mismos, predominan más bien comportamientos totalmente contrarios.

3.-Un horizonte incierto y poco propicio para la ética.

“El futuro ya no es como era antes”
Paul Valéry

Una constante más que se alcanza a leer en todo este libro, es la constatación de que estamos en una época marcada por la incertidumbre y las presiones de una globalización económica que está guiada por una visión exclusivamente práctica y utilitarista.
Este es el punto de partida del trabajo de Rodrigo López Zavala, que se plantea la pregunta sobre la influencia de este contexto, sin duda poco propicio para la reflexión y la vivencia de las cuestiones éticas, en la identidad académica. La presión sobre lo que el autor llama “la moda instrumental“  sobre la ética de la profesión, traducida en el peso excesivo de los saberes fácticos y del dominio técnico y académico de los contenidos de una profesión para poder sobrevivir compitiendo en el mercado, es una realidad de la que se debe partir si se quiere fortalecer la identidad profesional del académico en este mundo práctico.
“Se buscaría que el profesor no se convierta en un simple enseñante de saberes legítimos y actuales , sino que sea portador del ethos académico; que le permita generar escenarios éticos, en medio de modas y políticas que estimulan la formación basada en la racionalidad técnica” dice el autor (p. 259) en una afirmación que expresa esta preocupación válida en este tiempo marcado, en términos de Lonergan, por la “aberración general del sentido común práctico” que parece olvidar o incluso rechazar la comprensión inteligente y razonable y la deliberación ética en aras de intereses de poder y visiones inmediatistas. Sin embargo, cabe aquí hacer la pregunta por ese “ethos académico” que pareciera, por el modo en que está dicha la frase anterior, un ethos ya establecido y predeterminado. ¿No estamos más bien en un momento en el que precisamente el desafío principal se encuentra en la construcción de un nuevo ethos académico que sin hacernos meramente responsivos, incorpore elementos de este cambio de época que tienen que ver también con la construcción de una nueva ética, como parece decirlo el autor en otras partes del texto? ¿Cuál o cómo será este nuevo ethos académico que responda a los tiempos de incertidumbre? ¿Cómo mantener presente y vigente la reflexión ética en un mundo que privilegia esta racionalidad instrumental? ¿Cómo construir una cultura académica que nos vuelva “facilitadores de una alta moral” en tiempos de sociedades desmoralizadas, en términos de Cortina a la que cita López Zavala?
El reto parece partir de un cambio en la manera en qu los mismos académicos concebimos el ser y el quehacer académico. Como dice la comisión Delors de la UNESCO, citada en este trabajo, la actividad docente ya forma parte de “este escenario conflictivo” al que nos está llevando la globalización y no habrá manera de enfrenta este escenario, si conservamos los criterios y categorías del pasado.
Llama la atención por ejemplo que a la par que se afirma que la “naturaleza de la relación entre enseñantes y aprendices supera el plano de lo técnico” y que  se trata de una profesión (la docencia) que posee natural intencionalidad de intervenir entre seres humanos”, se afirme después que, “paradójicamente, el trabajo académico no tiene sólo finalidades académicas”, entendiéndose aquí trabajo académico, en el sentido que hay que superar, de trabajo exclusivo con el saber o el conocimiento, el viejo debate al que ya Ignacio de Loyola en el siglo XVI respondía, cuestionado por la inquisición, diciendo que al educando hay que formarlo “en letras y en espíritu”, trascendiendo la falsa disyuntiva de dar solamente conocimientos o solamente formación ética o humana.

4.-Conservadurismo: un riesgo permanente

“Todo tiempo pasado fue mejor”
“Los jóvenes ya no tienen valores”

Dominio público

El riesgo permanente del que hay que estar muy vigilantes, es el del conservadurismo identificado hoy con la mentalidad llamada genérica y a veces ambiguamente “neoliberal”, que domina nuestra época. El conservadurismo que privilegia esta relación instrumental y este seguimiento ciego de las normas del consumo y el dinero, pero que también corre el riesgo de descalificar, por desconocimiento o ampliación de la “brecha generacional”, la nueva cultura en la que querámoslo o no, estamos viviendo y sobre todo, están viviendo los jóvenes de hoy.
Los dos trabajos sobre perfiles de la identidad de los estudiantes (los estudios de tres licenciaturas de la Universidad de Guanajuato y de la Facultad de Filosofía y letras de la U. Autónoma de Nuevo León, sobre todo este último por la cantidad, amplitud y forma de presentar la información) aportan muchos datos acerca del modo de significar y valorar la vida y la profesión que tienen los universitarios de este tiempo. Esta información, junto con la “encuesta nacional de juventud” del INJUVE y otros estudios de este tipo, son materiales de estudio para cualquier académico o investigador que pretenda facilitar el aprendizaje o tratar de comprender y reflexionar este horizonte en el que vivimos, con la visión de construir una nueva ética para estos nuevos tiempos.
Una constante, desde mi punto de vista no tan claramente expresada -salvo en el caso del estudio del programa de formación valoral para padrea de familia y docentes de Meyalli-  pero presente en prácticamente todos los trabajos, es la visión del mundo de la ética como un mundo de principios o valores que hay que saber, compartir, comunicar, aplicar a la vida, etc. pero que ya están establecidos.
El riesgo del conservadurismo y de las visiones “bancarias”, en términos del estudio de Teresa Yurén, está claramente expresado en el estudio de Meyalli donde se parte de la afirmación de ciertos valores preestablecidos y válidos “para todos los hombres de buena voluntad”, que se enseñan o, como los mismos entrevistados expresan, les son “dados” a los docentes y a los padres de familia con resultados positivos según la investigación.
Sin embargo, aunque los demás trabajos parten de marcos teóricos críticos y de vanguardia (Habermas, Cortina, Foucault, Deleuze, etc.), no están exentos del riesgo de pensarse o escribirse desde la visión de ciertos criterios éticos que se construyen diálogicamente pero que se vuelven los referentes últimos o desde los “discursos éticos” validados por procesos de comunicación que se pueden pensar como incuestionables por el procedimiento o el marco conceptual desde el cual se construyen democráticamente. El riesgo está en quedarse en lo instituido, por más vanguardista que sea, y olvidar lo instituyente, es decir, analizar los discursos éticos en sí mismos, sin ver aquello de lo cual están hablando esos discursos; o revisar los criterios éticos racionales y democráticamente construidos mas que el dinamismo humano que los construye y las exigencias intrínsecas en este dinamismo.
Desde mi punto de vista sesgado por la visión lonerganiana, los tiempos de hablar de educación en valores o de formación valoral han pasado y necesitamos propuestas que, como decía Ortega y Gasset: “estén a la altura de nuestros tiempos”. La educación de la libertad efectiva, es decir, la educación del dinamismo humano (lo instituyente) que tiene como únicas constantes las operaciones conscientes e intencionales y sus exigencias de atención, inteligencia, razonabilidad y responsabilidad, debería ser la nueva forma de educación moral o ética en estos tiempos inciertos, plurales, relativos y dinámicos, para superar esa visión de “rescate” o “recuperación” de valores perdidos a las que hacen referencia los profesores en la investigación de Yurén.


5.-La respuesta está en el futuro.

“La respuesta a los retos de este cambio de época
y a las desigualdades sociales que nos plantea
no está en el pasado sino en el futuro”

Luis Ugalde S.J.

Porque la respuesta a las interrogantes éticas que se plantean a las profesiones hoy en día y que constituyen un elemento central, como lo dice Kepowicz en su artículo, de la construcción de identidades, debe ser buscada en el futuro y no en el pasado. La respuesta está en la formación de profesionales responsables que sepan hacerse cargo de la realidad en la que viven en lugar de profesionistas responsivos que se adaptan al contexto tal como está y ahondan “el ciclo amplio de declinación” en que parece que estamos viviendo.
Para lograrlo, es necesario formar académicos y docentes responsables y no simplemente responsivos. Esto pasa necesariamente por una reconstrucción dinámica y crítica del ethos de la profesión académica, como lo plantean de diversas formas algunos artículos del libro. Pero esto no será posible, si no se logra, a nivel social y político, la construcción de un sistema educativo y de unas instituciones responsables, que también sepan de manera estructural, hacerse cargo de esta realidad del cambio de época.
Porque el mundo de lo ético y de la vivencia moral en estos tiempos, es un mundo complejo que no puede funcionar a partir de “códigos deontológicos”, porque como bien lo plantea el artículo de lo genetistas alemanes, la construcción de códigos deontológico no garantiza la vivencia de estos valores por parte de los profesionales debido a diversas dificultades que en el mismo artículo se señalan:
-Los principios éticos son demasiado generales
-Los principios éticos pueden entrar en conflicto unos con otros
-Los principios de una ética profesional pueden entrar en conflicto con otros intereses sociales
-La realización de los principios éticos puede fracasar debido a cuestiones externas a la profesión.
-La realización de los principios éticos puede fracasar debido a cuestiones internas de la profesión y su ejercicio.
Estas y otras dificultades que en el artículo se señalan, parecen dejar claro que como afirma Lonergan: “El bien siempre es concreto pero las definiciones son abstractas” y en ese sentido, las normas éticas de la profesión son abstracciones que pueden formular conceptualmente algunos principios generales pro que de ninguna manera resuelven el problema de la ética profesional.
El reto entonces no está en la inclusión de materias de ética profesional en los planes de estudio sino en el replanteamiento ético de toda la estructura institucional de la educación y del ethos de la profesión académica como elemento regulador de los modos concretos de vivir esta actividad, desde ciertos modos de significar y valorar que son comunes a todo el gremio.
Estos y otros elementos surgen a partir de la lectura de “Ética profesional e identidad institucional” que sin duda es un gran disparador de pensamiento y de preguntas acerca de este enorme reto en el que está en juego sin duda, la posibilidad de construir paulatinamente, una perspectiva ética que genere una identidad profesional e institucional más propicias para la humanización y la justicia. Es por ello que sin duda, vale mucho la pena acercarse a este libro.





Hirsch, A. y R. López (2003). Etica profesional e identidad institucional. Universidad Autónoma de Sinaloa. México.

Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...