lunes, 16 de marzo de 2015

Declaración de odio


 
*Fragmento de mi libro: Aquí quiero yo verlos. La lucha y la danza en las aulas. Editado por la Ibero Puebla en 1998.
Paráfrasis del poema del mismo nombre de Efraín Huerta.
 
 
(Efraín Huerta pensando en la escuela)

Te declaramos nuestro odio
aula tan complicada
hervidero de desidias
criadero de conceptos
que parecen deshechos al cabo de una hora
desierto sofocante
nido frío en el que somos como palabra necia
desoída por grupos de oídos sordos,
utopía imposible de vivir
desierto en el que latimos y respiramos
vicios, rutina y cansancio
ancha celda de lágrimas punzantes que nos acechan sin fin.
Te declaramos nuestro odio
magnífica aula
a ti, a tus tristes y huecos
niños ricos,
a tus chicas de plástico,
modas y filmes americanos,
a tus pobres niños sin futuro
ni esperanza,
a tus juventudes “ice cream”
llenas de vacío y sinsentido,
a tus jóvenes ansiosos
de un cambio siempre prometido
para poder simplemente vivir
como seres humanos.
Te declaramos nuestro odio
perfeccionado a fuerza de sentirte
cada clase más compleja,
cada año más desgastada e indiferente,
sueño como anzuelo permanente
que nos deslumbra.





  





lunes, 9 de marzo de 2015

LA FUERZA INVENCIBLE DE LO PEQUEÑO




“El aleteo de una mariposa en mi jardín puede
producir una tempestad en el Pentágono. Es decir, todo
es interdependiente. A veces, el eslabón aparentemente
más insignificante es el responsable de la irrupción de
lo nuevo.”
Leonardo Boff.

            La fuerza de la terrible realidad de la guerra, de la invasión y destrucción del débil por el poderoso, presente en toda la historia de la humanidad, puede ser desmoralizante y llevarnos a la desesperanza, a la desmovilización, a la impotencia ante unos hechos de los que nacen  preguntas como: ¿Qué puede hacer una serie de movilizaciones de la sociedad civil protestando contra la guerra y otras formas de violencia? ¿Hasta dónde es inútil manifestarse ante un poder avasallante, totalmente ciego y sordo ante los reclamos de las mayorías que protestan?
            Es difícil sin duda, tratar de responder estas preguntas ante el terror de las bombas, de las muertes o mutilaciones de personas inocentes cuyos rostros conocemos todos los días a través de la prensa o la televisión. Sin embargo, a pesar de todas estas evidencias en contra, es preciso continuar en la búsqueda de una transformación de la cultura de la muerte y la imposición a la cultura de la vida y de la participación, del mundo de la injusticia y el poder al mundo de la equidad y la fraternidad.
            Para ello, resulta iluminadora la reflexión de Leonardo Boff, acerca de las dos condiciones para hacer posible la paz: por un lado, la aceptación de la polaridad amor-odio, opresión-liberación, caos-cosmos, que constituye la condición humana; por otra parte, la lucha comprometida por fortalecer el lado luminoso de esta contradicción haciendo que se limite e integre el polo tenebroso.
            Este es el camino que, dice el mismo Boff,  parece haber sido abierto por la sociedad civil mundial que se ha unido en la protesta sim-bólica (lo que une), que denuncia el proceso dia-bólico (lo que desune) de las diversas formas de violencia y exclusión que caracterizan esta era de hierro planetaria (Morin). La conciencia humana que se empieza a manifestar en este mundo de las redes sociales a favor de lo luminoso de la humanidad y se avergüenza con lo tenebroso del odio y la muerte que adquiere formas cada vez más sofisticadas que nos muestran la irracionalidad y la irresponsabilidad de un sector poderoso de la humanidad guiado fundamentalmente por la ambición y los intereses de grupo.
            Es el camino de la solidaridad activa planetaria que, aún incipiente empieza a expresarse, como un símbolo más, como un esfuerz que persigue aportar elementos para organizar la esperanza y darle cauces a la búsqueda de un mundo más humano y más justo. Un camino humilde pero confiado en este “efecto mariposa” que constata la profunda e indisoluble interconexión de todos los procesos del universo y de la historia humana y que cree en que “a veces, el eslabón aparentemente más insignificante es el responsable de la irrupción de lo nuevo”.  Sumemos pues, el sencillo pero significativo y profundo eslabón de nuestro esfuerzo y testimonio cotidiano, a la cadena de pequeños eslabones que pueden ir haciendo que surja este nuevo mundo posible en el que venga, de lo pequeño, la fuerza secreta de la paz.
           










domingo, 1 de marzo de 2015

Educación para la Paz




 *Publicado en: La primera de Puebla el 30 de noviembre de 2009.

            “Tiempos violentos” fue el título que le asignaron en la traducción al español a “Pulp Fiction”, uno de los primeros films que fueron construyendo la fama del director Quentin Tarantino.
            El “estilo Tarantino” se caracteriza por exponer escenas y situaciones de extrema violencia con un tono desmitificador e irónico, incluso cómico que hace al espectador, reír o aplaudir situaciones de extrema crueldad por la manera en que son presentadas. Es una especie de “tratamiento light” de la violencia que le quita su impacto afectivo negativo y la vuelve prácticamente indolora.
            Algo semejante está sucediendo con todos nosotros, ciudadanos del México del siglo XXI, del mundo del tercer milenio, que asistimos diariamente a escenarios de extrema crueldad y violencia a través de las pantallas de la televisión o la computadora, en las páginas de los periódicos y los noticiarios de radio, sin sentir ya ninguna indignación o dolor frente al dolor humano.
            Tiempos violentos son los que vive nuestro mundo y se pasean por la vida cotidiana de nuestra nación sin que como ciudadanos sepamos qué hacer más allá del comentario con la familia, los amigos o el vecino. La impotencia provoca que vayamos construyendo una especie de “escudo blindado” frente a la violencia que crece en frecuencia e intensidad a nuestro alrededor.
            ¿Qué hacer frente a una situación de “tiempos violentos” que llega inevitablemente a nuestras escuelas y universidades y se manifiesta en el “bullying”, el acoso, la construcción microsocial de un espejo de la sociedad en que vivimos?
            Indudablemente una de las respuestas es el retorno de la preocupación por la llamada “Educación en valores” en el campo educativo. Por ello este tema se ha posicionado entre los profesores, directivos, investigadores de la educación como uno de los ejes prioritarios para la educación actual. “Aprender a ser” y “aprender a convivir” son dos pilares básicos de la educación para este siglo, según señala el famoso “informe Delors”[1] para la UNESCO.
            Uno de las dimensiones principales de la “Educación en valores” en nuestros tiempos violentos es sin duda alguna la de la “Educación para la paz”. Si queremos revertir el proceso de violencia creciente y cada vez más irracional de nuestra sociedad actual es urgente que vayamos invirtiendo recursos, tiempo, reflexión y creatividad en una auténtica educación para la paz.
            La educación para la paz tiene como objetivo “…plantear y promover, entre la gente, la convicción de que es necesario un cambio del sistema para poder resolver los conflictos existentes, así como conseguir un compromiso por parte de esta misma gente de trabajar a favor de la paz y por la abolición o reducción de las diferentes manifestaciones existentes de violencia…”[2]
            Porque la paz no es la simple ausencia de guerra o de violencia, porque la guerra o la violencia no son solamente físicas sino también psicológicas, sociales, culturales, incluso religiosas es necesario que nuestro sistema educativo se ocupe eficazmente de la educación para la paz, es decir, de una educación que genere el compromiso activo por la erradicación de la violencia y la construcción de la paz.
            La paz es una construcción social frágil y siempre inestable pero necesaria para que el ser humano se haga más humano y para que la humanidad se humanice. Se requiere entonces una educación para el trabajo activo por la construcción cotidiana de la paz, por el mantenimiento de la paz alcanzada y por el continuo desmontaje de los posibles gérmenes de violencia a nivel micro o macro.
            La construcción y sostenimiento de la paz requiere de una educación capaz de generar respeto, tolerancia, empatía y solidaridad. En estos aspectos deberían fijarse los padres de familia cuando elijen una escuela para sus hijos, más que en el nivel académico –que es también importante- o los cursos de computación e inglés. En la educación de hoy nos estamos jugando el futuro, el tipo de sociedad humana que podemos construir entre todos o incluso, si fracasamos, la destrucción de la especie humana.
           

[1] Cfr. Delors, J. (2000) La educación encierra un tesoro. UNESCO. México
[2] Fisas, citado por Cortés et. al. (2008). Comunicación, educación y cultura de paz. Ed. Miguel Angel Porrúa-UAEM. México.

lunes, 23 de febrero de 2015

Hacia la Trans-formación de la organización educativa a partir del cambio en la visión ética.



*Ponencia presentada en la VII Jornada Nacional de Investigadores en Educación y Valores. UV-Xalapa, 2008.


“Un nuevo sistema educativo, basado
 en el espíritu de religación, radicalmente
 diferente por tanto, al existente en
 la actualidad, debe ser instaurado”.
(Morin, 2005; p. 170)

            Así como el conocimiento y la educación están íntimamente ligados puesto que el conocimiento es el contenido fundamental que se comunica en todo proceso educativo, así también la ética y la educación están vinculadas de manera irrenunciable puesto que la ética es la que traza el horizonte de finalidades hacia el cual debe tender todo proceso formativo. Si el conocimiento responde a la pregunta por el qué de la educación, la ética responde por la cuestión del para qué de todo el proceso educativo puesto que se educa presumiblemente para algún bien, para proporcionar un bien al educando y para encaminarlo hacia un bien, para aportar un bien a la sociedad y contribuir a su orientación hacia un bien, para aportar un bien a la cultura y renovarla con nuevas visiones del bien.
            Pero la sociedad actual está en un momento especialmente crítico y esta crisis es sin duda, en un alto grado, de carácter ético. Se educa definitivamente por algún un bien, pero el problema actual es que no tenemos una respuesta adecuada, clara y sobre todo compartida a la pregunta: ¿Qué queremos decir con la palabra “bien”? y al no existir esta respuesta, aún sin darse cuenta, el sistema educativo entra en crisis porque se queda sin una orientación socialmente aceptada que marque el rumbo, que trace el horizonte de sus finalidades, que ayude a visualizar modos concretos de contestar a la pregunta: ¿para qué se educa?
            En el epígrafe Morin nos habla de esta crisis de finalidades de la educación al proclamar la necesidad de un nuevo sistema educativo, “radicalmente diferente” al actual. Si la ética se ocupa de la “buena vida humana” y se debería educar para la orientación personal y grupal hacia esa vida que implique más que sobrevivir, los resultados de la educación existente parecen no ser muy satisfactorios. Si la ética tiene que sustentarse en el espíritu de religación humana –con uno mismo, con los demás, con la sociedad, con el cosmos-, la educación actual parece estar más bien sirviendo para separar, para aislar, para provocar dispersión –al interior de cada ser humano, entre los seres humanos, entre las sociedades, entre la humanidad y el cosmos-, por lo que el reclamo de Morin adquiere una urgencia especial en estos tiempos de crisis-cambio-globalización que parecen ahondar cada día la brecha que separa a los humanos de los humanos, que abre un abismo cada vez mayor entre los humanos y lo humano.
            ¿Cómo realizar esta radical reforma del sistema educativo que es parte de la “reforma del espíritu”? ¿Cómo construir un sistema educativo sustentado en el espíritu de religación humana? ¿Cómo aproximarnos hoy a una nueva respuesta, adecuada a nuestros tiempos, a la pregunta de qué queremos decir con la palabra bien?

               Repensar la ética en la educación.

“…no somos seres que se puedan comprender
 únicamente a partir de la Cosmología, la Física,
 la Biología, la Psicología…”
(Morin, 2001; p. 51)

            “La ética…continua problemática. O sea,
crea problemas, que nos obligan a pensar”.
Kostas Axelos (En Morin, 2005; p. 19)


            Un elemento fundamental que puede ayudarnos a descubrir líneas de pensamiento y acción que nos conduzcan hacia la progresiva y radical reforma del sistema educativo, tiene que ver con la necesidad de repensar la ética en la educación. Si toda educación es generada por una visión ética habría que empezar por preguntarnos cuál ha sido y está siendo el papel de la ética en el campo de la educación y qué visión ética es la que predomina –y se está regenerando- dentro del sistema educativo actual, para poder plantear algunos elementos de cambio. Revisar el sustento ético sobre el que descansa nuestro sistema educativo es la primera tarea fundamental en el camino de su trans-formación.
            En este sentido podríamos decir sintéticamente que por una parte, el papel de la ética ha sido y sigue siendo hoy un papel muy secundario en el sistema educativo –tanto por el proceso de desarrollo y diferenciación teórica que ha vivido el campo educativo como por el proceso de desarrollo mismo de nuestra sociedad- y que la visión predominante es la de una ética simplificadora, sustentada en certezas y dogmáticamente transmitida, en suma, una “ética de la ley”.
            El pensamiento teórico sobre el hecho educativo nació, como todas las demás ciencias, del pensamiento filosófico. La filosofía fue la disciplina que se encargó por siglos de la reflexión sobre la educación, del planteamiento de sus problemas básicos y de la búsqueda de sus fundamentos y criterios de validez. De ella se desprendió la Pedagogía, que siguió siendo una disciplina muy cercana en su método y en sus características al campo filosófico. De la Pedagogía o dentro de ella, nace la Didáctica como el campo teórico que se ocupa de estudiar “el arte de enseñar”, que se sigue considerando un saber práxico, ligado a la sabiduría humana –phronesis, phronema-, con un alto contenido ético. El proceso de diferenciación teórica del campo de la educación se ve radicalmente acelerado en el siglo XIX con la emergencia de la Psicología y la Sociología como ciencias independientes y con la creación y consolidación de la visión positivista de la ciencia, que origina la visión de que todo conocimiento, para poder ser considerado científico, tiene que utilizar “El método científico” y ser verificable –más tarde con Popper, falsificable- empíricamente. En el siglo XX el proceso continúa con el desarrollo de las llamadas “Ciencias de la Educación” (Psicología de la Educación, Sociología de la Educación, etc.) que van poco a poco ganando terreno y apropiándose de la legitimidad que tuvieron la Pedagogía y la Didáctica en el pasado. Surge además la llamada “Teoría curricular” que se ocupa del estudio sistemático de la organización de los contenidos de la educación, pero que pronto va ampliando su visión a partir de la idea de que el currículo no solamente es el planteamiento de los conocimientos a enseñar sino que comprende todo lo que sucede en el intercambio educativo cotidiano, en el que conlfuyen y se reflejan los intereses, tensiones y prioridades de la organización social en la que se desenvuelve el sistema educativo. La teoría curricular va abarcando cada vez más terreno en cuanto a la explicación del fenómeno educativo como tal, hasta irse convirtiendo prácticamente en una disciplina articuladora donde convergen los conocimientos que se producen en la psicología educativa, en la sociología de la educación, en la administración y la economía de la educación, etc.
            Este proceso de desarrollo va desplazando poco a poco la reflexión filosófica y con ella la reflexión ética del campo de la educación, relegando estos campos por considerarlos “no científicos” en el sentido de la visión positivista, es decir, en cuanto no son conocimientos generados de acuerdo al “método científico” y no son empíricamente verificables o falsificables. Esto llega al nivel en que lo ético es considerado por mucho tiempo como un asunto casi mítico o religioso y se excluye del debate educativo todo lo referente a los valores. El tema ético y la preocupación por la formación en valores en las escuelas y universidades retoma importancia con la evidencia creciente de la crisis humana y social que se vive, retornando el asunto a los congresos, temas de investigación y conferencias o publicaciones. Sin embargo, este retorno se da básicamente por el lado de la psicología de la educación, a través de las teorías y modelos desarrollados por autores ya clásicos como Rockeach, Kohlberg , Simon y Raths (en Escámez, s/f).  La razón es evidente: los estudios de corte psicológico se sustentan en experimentación empírica y dan cuenta de resultados “objetivos”, mientras que la reflexión ética por no ser verificable empíricamente es considerada más bien subjetiva y no “práctica”, no “aplicable” al terreno de la educación. Estos estudios de psicología experimental que han desarrollado modelos prácticos de educación moral, se complementan con estudios de tipo neurofisiológico, de biología y genética como el  libro “Moral minds” (2006) de Hauser, que intentan situar en el funcionamiento cerebral una especie de “instinto moral” que pretendería explicar el comportamiento ético prescindiendo de las nociones de libertad, voluntad o autonomía humanas.
            Si bien los estudios de corte psicológico han producido conocimientos muy sólidos sobre el modo en que los seres humanos llegan al juicio moral y a la decisión y modelos muy interesantes de desarrollo de estos procesos en el aula, es también cierto que la perspectiva psicológica por sí misma, puede explicar solamente un ángulo del problema ético y debería complementarse con la reflexión ética de carácter filosófico.
            Llegamos aquí al punto que cuestiona Morin en el primer epígrafe de este capítulo y que nos sirve para plantear una  línea necesaria para repensar el asunto ético en la educación. Se trata de generar la convicción en el sistema educativo impregnado de positivismo, de que los seres humanos “no somos seres que se puedan comprender solamente desde la Cosmología, la Física, la Biología y la Psicología”, que somos seres infinitamente más complejos, que tenemos una dimensión mental o espiritual que si bien está enraizada en los procesos cosmológicos, físicos, biológicos, químicos y psicológicos, no puede ser explicado única y exclusivamente desde estas perspectivas. Aunque existe una base empíricamente verificable de la dimensión ética del ser humano, la dimensión ética del ser humano no puede reducirse a procesos empíricamente verificables.
            Es por ello que el desafío que se presenta al sistema educativo pasa por una reorientación del pensamiento para poder generar una nueva perspectiva para comprender la ética y de ahí tiene que llegar a un replanteamiento estratégico de acción política que lleve a la búsqueda de trans-formación  de sus estructuras.
            Esta nueva visión ética debe concebir a la ética como una continua problemática, como una “creadora de problemas que nos obligan a pensar”. Sin embargo esto no es así en la ética que está presente en nuestros sistemas educativos. La ética que tenemos es una ética de respuestas, una ética de certezas, una ética de normas. La ética con la que contamos es la ética de los listados de “debes hacer esto” y “no debes hacer aquello” con la que los profesores, sin entender muchas veces los por qués, vamos tratando de adiestrar a  nuestros estudiantes.


El cambio en la organización educativa

“…la enseñanza de las humanidades no debe
 ser sacrificada sino magnificada”.
(Morin, 2000; p. 106)

            El cambio de la visión ética en la educación –que genera a la educación que a su vez genera una nueva visión ética- se tiene que reflejar en el nivel de la organización y las estructuras educativas para poder apuntar hacia esta “reforma del espíritu” necesaria para “salvar a la humanidad, realizándola”. En este ámbito vamos a considerar básicamente dos aspectos: El de la organización institucional y el de la organización curricular.
            En el nivel de la organización institucional, el paso de una visión ética simplificadora a una visión compleja, tendrá que reflejarse en el paso de una organización de baja complejidad a una organización de alta complejidad. Lo anterior implica el paso de una organización estrictamente vertical, centralizada, controladora a una organización más horizontal –con estructuras más planas-, con alternancia de centralización, policentrismo y acentrismo, y basada en la responsabilidad compartida y en el compromiso comunitario. Esto significa escuelas y universidades con organizaciones flexibles en las que ciertos procesos básicos tienen una planeación, coordinación y evaluación centralizada, otros procesos están distribuidos en su planeación, coordinación y evaluación en diversas instancias y niveles de la estructura organizacional y algunos más dependen de la creatividad y la iniciativa de todos los individuos y grupos que tengan la creatividad y el entusiasmo para proponerlos y realizarlos.  Significa también la ruptura con la quasi-sagrada estructura jerárquica del sistema educativo tradicional en la que cada nivel o responsabilidad educativa o administrativa adquiere el significado de un título nobiliario y exige un aislamiento de los demás niveles y un ejercicio de la autoridad vertical, visto como ejercicio del poder que autoafirma a quien lo ejerce, en lugar de ser visto como una oportunidad de servicio para el crecimiento de todos los miembros de la organización.
            En efecto, la visión ética rígida y abstracta que predomina en la actualidad, hace que contemos con una organización educativa excesivamente centralizada, demasiado jerárquica y sustentada en el control por la desconfianza. Esta organización se fundamenta en una “ética de la ley” que deviene generalmente en una sobre-regulación de todos los procesos.
            Las organizaciones de baja complejidad se sustentan en una ética del “ajusticiamiento”, del castigo y la condena a todo aquel que comete un error o se llega a desviar de la norma establecida, aunque esta no tenga sentido. El cambio en la organización tendrá que ir hacia una institucionalidad que se base en la justicia entendida como proceso para “ajustar” lo que se ha desajustado en la operación conjunta,  para contrarrestar o corregir lo que evita la cooperación o la bloquea. Este cambio implicará necesariamente un sustento en la confianza en la responsabilidad de cada individuo y un espíritu de colaboración y compromiso ante una misión común, lo que implica la construcción progresiva de significados y valores comunes a la organización, es decir, la preocupación central de la autoridad por la edificación progresiva de comunidad educativa que sustente la organización de alta complejidad.
            Este sustento en la confianza genera el rompimiento de la dinámica deber-indiferencia y el surgimiento de la dinámica querer-compromiso que caracteriza a las organizaciones creativas y en proceso de desarrollo hacia el bien humano general. No se trata del planteamiento de una organización ideal o perfecta. Una organización de alta complejidad implica riesgos que pueden producir elementos de degradación y autodestrucción, pero tiene también, cuando se cuida el equilibrio siempre en tensión, enormes ventajas y resultados auténticamente educativos que de ninguna manera puede alcanzar una organización sustentada en la visión ética tradicional.
            En lo relativo a la organización curricular, el cambio de visión ética tendrá que generar reformas también muy profundas. En principio, volverá a poner el asunto ético en el centro de las preocupaciones que definen la finalidad de la educación, lo cual quiere decir que desde la raíz de la concepción curricular, el planteamiento de los objetivos, los perfiles, los ejes curriculares y la organización de los planes y programas, tendrá que contemplar la dimensión ética de la educación.
            El asunto de la ética en la educación no se remedia incluyendo materias de ética profesional o de formación valoral como elementos adicionales al currículo. El problema es complejo y tiene que se abordado de manera compleja. La cuestión de la ética tiene que plantearse como un sustento que se distinga explícitamente desde la concepción curricular misma y se refleje como un horizonte de todo el currículo.
            Lo anterior implicará que la organización de los contenidos tenga que hacerse desde una perspectiva distinta, más enfocada por problemas humanos, sociales y ambientales que por contenidos disciplinares independientes. Estos problemas tendrán que ser abordados de manera interdisciplinar y tendrán que contemplar una dimensión de reflexión filosófica que integre el diálogo de todas las ciencias.
            Como afirma Morin, el papel de las humanidades tendrá que ser muy relevante –“No sacrificado sino magnificado”- en todos los planes de estudio de los distintos niveles educativos, a diferencia de los currículos de estos tiempos marcados por el pragmatismo tecnocrático donde las asignaturas de tipo humanístico han sido relegadas e incluso excluidas de los planes y programas de estudio. Este papel magnificado de las humanidades no tendrá que darse como un “retorno” a la inclusión de asignaturas de tipo tradicional en el currículo sino en formas nuevas, problematizadoras, creativas, que impliquen al educando en procesos de reflexión y deliberación sobre los grandes problemas de la humanidad utilizando el bagaje cultural humanístico que tenemos los seres humanos del siglo XXI.
            De la misma forma, el papel de la filosofía como eje reflexivo articulador, más que como conjunto de contenidos específicos a enseñar, deberá ser replanteado y asumido con claridad si se quiere que todo el currículo refleje esta intencionalidad ética compleja. La Filosofía debe ocupar el lugar de articuladora de los aprendizajes de todas las disciplinas desde la perspectiva reflexiva profunda que plantea y dialoga sobre los grandes problemas del ser humano, entre los cuales, el problema ético, el planteamiento de en qué consiste una “buena vida humana”, es fundamental.
            El desarrollo de la toma de decisiones del estudiante tendrá que contemplar, dependiendo de los niveles y edades, cierto grado de participación e interactividad en la construcción de la trayectoria escolar de cada educando, a partir de un plan de estudios flexible, multidimensional, creativo y abierto. El currículo entonces será visto como un espacio a construir en diálogo entre el educando y los educadores y no como un camino tubular, cerrado y rígido, donde todo está previamente establecido, controlado y dispuesto.

BIBLIOGRAFÍA.
Escámez, J. (s/f). La enseñanza de actitudes y valores. Ed. Nau libres. Barcelona.
Fullat, O. (2003). Homo educandus. Antropología filosófica de la educación. Ed. UIA Puebla-   . Puebla.
Hauser, M . (2006). Moral minds. Harper Collins ed. New York.  
Lonergan, B. (1988). Método en Teología. Salamanca. Ed. Sígueme.
Lonergan, B. (1998). Filosofía de la educación. Ed. Universidad Iberoamericana. México.
Lonergan, B. (1999). Insight. Estudio sobre la comprensión humana. Ed. Sígueme-Universidad Iberoamericana. Salamanca.
López-Calva, M. (2006-2). Ambientes, presencias y encuentros. Educación humanista ignaciana para el cambio de época. En Cuadernos de Fé y Cultura no. 21. Sistema Universitario Jesuita. México.
Morin, E. (2000). La mente bien ordenada. Barcelona. Ed. Seix Barral.
Morin, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Buenos Aires. Ed. Nueva visión.
Morin, E. (2003). El Método V. La humanidad de la humanidad. La identidad humana. Madrid. Ediciones Cátedra.
Morin, E. (2005). O Método VI. Ética. Brazil. Editora Sulina.
Morin, E., E. Roger y R. Motta.  (2006). Educar en la era planetaria. Barcelona. Ed. GEDISA. Primera reimpresión.

domingo, 15 de febrero de 2015

EDUCACIÓN, TRANSPARENCIA Y RENDICIÓN DE CUENTAS.



*Publicado en E-Consulta. 12 de noviembre de 2006.

            El tema de la transparencia y la rendición de cuentas está presente en la opinión pública de nuestro país desde hace unos años en que inició el proceso de transición democrática que aún se vive como un camino frágil y lleno de obstáculos frente a una cultura autoritaria que tiene en el ocultamiento de la información y en la nula presentación de resultados a la sociedad, una de sus principales fuentes de sustento.
            Al mismo tiempo, y por un período quizá mucho más largo, se viene haciendo en el campo educativo la crítica a la enseñanza tradicional, al autoritarismo del profesor y a la condición de objeto que se asigna al estudiante en este tipo de educación.
            En todo régimen que aspire a llamarse democrático, tienen que existir normas y mecanismos que obliguen a los gobernantes –y en muchos sentidos también a los particulares que ofrecen un servicio público- a hacer transparentes y abiertos sus procedimientos, políticas y decisiones en la aplicación de los recursos que se les asignan y a presentar a la sociedad sus objetivos, estrategias, acciones y resultados para ser evaluados.
            No existe democracia si no existe transparencia, es decir, si las normas y políticas se deciden arbitrariamente, si las acciones se realizan de manera oscura y si los recursos se aplican discrecionalmente.
            Tampoco hay democracia si los gobernantes no asumen la responsabilidad de rendir cuentas sobre los resultados de los programas y acciones que se emprenden buscando el beneficio social.
            En el caso de los particulares que producen un bien o prestan un servicio, hace tiempo también que se vienen desarrollando normas, mecanismos y regulaciones que obligan a estos particulares a transparentar la información acerca de los insumos y procedimientos de elaboración de sus productos (señalar los ingredientes en el empaque de una medicina o alimento, los componentes de una prenda de vestir, etc.) y de alguna manera también a rendir cuentas de que la información que presentan sea verídica (la Procuraduría Federal de Defensa del Consumidor es una institución ante la cual pueden presentarse demandas en caso de que los artículos no tengan las especificaciones prometidas).
            En el tema de la educación tradicional, se hacen muchos esfuerzos en la formación de los profesores en una nueva mentalidad o paradigma más centrado en el aprendizaje que en la enseñanza, más centrado en los estudiantes que en el profesor. Se realizan procesos de capacitación en nuevas teorías y métodos de aprendizaje y se hace investigación educativa permanente.
            Sin embargo, a pesar del impulso que se ha tratado de dar a la cultura de la evaluación, a pesar de la existencia del Centro Nacional de Evaluación (CENEVAL) y del recientemente autónomo Instituto Nacional Para la Evaluación de la Educación (INEE), pocas veces se hace la relación entre educación moderna y  transparencia y rendición de cuentas.
            En efecto, no basta con cambiar la teoría pedagógica ni el método de enseñanza-aprendizaje para que el profesor deje de ser un docente tradicional y empiece a estar “a la altura de los tiempos” actuales que vivimos.
 Es necesario un cambio cultural que modifique la visión predominante que tienen nuestros docentes acerca de su papel quasi-omnipotente en el aula y uno de los aspectos que implica este cambio de visión sobre su propio papel, es el del imperativo de transparencia y rendición de cuentas.
Si bien el docente no aplica directamente recursos económicos en su trabajo cotidiano, sí está haciendo uso de recursos importantísimos no renovables como son el tiempo de vida y las capacidades de las nuevas generaciones de mexicanos y sin duda haciendo que los recursos económicos –sean de origen público o privado- que se aplican al sistema educativo redunden en resultados social y humanamente valiosos o inútiles.
¿Qué tanto brinda el profesor información completa, verificable y pertinente sobre sus objetivos, estrategias, acciones y resultados en el aula a los mismos estudiantes, a los padres de familia, a las autoridades educativas más allá de formas burocráticas que muchas veces se llenan por cumplir un requisito?
¿En qué medida tenemos en México la apertura, los mecanismos y la madurez social para hacer pública la información sobre la evaluación de resultados del desempeño educativo de manera que se conozcan las mejores las peores prácticas educativas?
¿Qué tanto existe esta apertura, mecanismos y madurez social para hacer públicos los resultados del rendimiento educativo escuela por escuela, región por región, universidad por universidad, para que la sociedad esté informada sobre la calidad de nuestra educación con mayor detalle (como se hace ya en países latinoamericanos como Chile, por ejemplo)?
Mientras no exista transparencia y rendición de cuentas en nuestra educación, difícilmente podremos aspirar a tener una educación realmente moderna y mucho más difícilmente podremos lograr una verdadera democracia en nuestro país.

           

domingo, 8 de febrero de 2015

La escuela que merecen nuestros niños.




*Publicado en Síntesis: 23 de octubre de 2006.
             

“Enseñar es mayoritariamente escuchar y
aprender es mayoritariamente hablar”.
            Deborah Meier.

            El título de este artículo está tomado de un libro publicado por el pedagogo estadounidense Alfie Kohn en el año 2000.
Aunque el libro está escrito desde la experiencia y el debate pedagógico de los Estados Unidos, nos revela que los problemas educativos que se viven en este cambio de época son bastante similares a los que estamos enfrentando en nuestro país y en muchos otros países del mundo.
El texto parte de la argumentación sobre el fracaso educativo que se está viviendo en el país más poderoso y “más desarrollado” del planeta. Ante un panorama educativo que no está mostrando resultados satisfactorios para las expectativas de la sociedad norteamericana, la tendencia social, respaldada por muchos pedagogos de la línea tradicional está siendo el reclamo por estándares más estrictos en todos los rubros del sistema educativo.
El autor plantea una postura que contrapone esta búsqueda de estándares más rígidos a la búsqueda de una mejor educación, sosteniendo que el endurecimiento de los parámetros de evaluación no solamente no lleva al mejoramiento educativo sino que resulta contraproducente desde su planteamiento.
Según Kohn, la educación estadounidense está obteniendo una motivación errónea en los estudiantes por sobreestimar los logros, está logrando una enseñanza y un aprendizaje erróneos por seguir centrando el proceso en el paradigma tradicional en que el profesor habla y el alumno  escucha y memoriza, está obteniendo procesos de evaluación también erróneos por centrarse casi exclusivamente en pruebas estandarizadas, está logrando reformas escolares incorrectas por centrar este proceso en una “arrogancia” de la coerción de “arriba hacia abajo” y en síntesis, está obteniendo un mejoramiento erróneo al confundir “más duro” con “mejor”.
La solución al reto del mejoramiento de la educación está, según el autor, en centrar los esfuerzos del cambio en todos los niveles en “el amor al aprendizaje”.
Está solución inicia sin duda en lo que señala  Meier, que son rasgos que implican una revolución “copernicana” en el planteamiento de lo que sucede en las aulas y del modo en que se hacen las reformas curriculares y escolares en los Estados Unidos, y creo yo, también en nuestros países latinoamericanos. En efecto, el paradigma establecido se sustenta en una ley no escrita que dicta que enseñar es hablar y aprender es escuchar. En la mayoría de las escuelas, todas las mañanas se realiza un ritual en el que los profesores hablan y los estudiantes escuchan sin replicar. Entre más y mejor hable un profesor, se considera un mejor profesor y entre más y mejor escuche y memorice un alumno se le considera un mejor alumno.
El planteamiento de Meier que aparece como epígrafe de este artículo está señalando justamente lo contrario: enseñar es escuchar y aprender es hablar. Entre más y mejor escuche un profesor a sus estudiantes, entre más y mejor oriente y encauce su “amor por aprender”, será un mejor profesor. Entre más y mejor “hable” (se exprese, diga su palabra) el alumno, entre más desarrolle y potencie su “amor por aprender”, será un mejor estudiante.
Si se logra este cambio fundamental, que desde luego no implica que el docente pierda su papel como profesional de la enseñanza, sino que requiere que este papel se desarrolle a partir de la visión de que enseñar no es hablar sino promover y propiciar el aprendizaje, se podrá sin duda ir avanzando hacia una mejor educación y no solamente hacia una más rígida medición de productos de la instrucción.
Lo anterior implicará sin duda un cambio en la forma de motivar a los estudiantes que serán capaces de trabajar por el “amor al aprendizaje” y el placer que el aprender produce en ellos mas que por los premios o reconocimientos que obtengan por sus pequeños logros académicos; un cambio en el modo de evaluar que será –sin excluir algunas pruebas estandarizadas- un proceso centrado en la valoración del desarrollo de los estudiantes y no en la medición de la información que han memorizado; un cambio en los procesos de reforma escolar que se hará tomando mucho más en cuenta los intereses, los procesos, las necesidades de los estudiantes y haciendo coincidir el proceso de “arriba hacia abajo” con procesos de “abajo hacia arriba” que partan de la realidad de las aulas.
Un cambio así requiere de la participación de estudiantes comprometidos, padres de familia que asuman su co-responsabilidad en la educación de sus hijos y autoridades educativas con visión de transformación. Esto significa sin duda la necesidad de una cooperación activa, de todo un movimiento, “un movimiento para demandar las escuelas que nuestros niños merecen”.

           

domingo, 1 de febrero de 2015

Reforma educativa y dinamismo histórico



*Publicado en Síntesis. 31 de mayo de 2007.
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            1.- Un escenario.

            Una de las más populares novelas entre las adolescentes es sin duda “Mujercitas” de Louise May Alcott, de la que existen varias versiones cinematográficas de distintas épocas que también han sido muy difundidas.
            A escasa media hora al norte de Boston, se encuentra la pequeña población de Concord. Este pequeño pueblo es considerado por los estadounidenses como un símbolo de dinamismo y libertad intelectual. En él vivió la mayor parte de su vida esta escritora y en la casa que habitó allí, nació, a partir de la experiencia vital de ella y sus hermanas, la novela que la haría famosa en el mundo.
            Esta casa hoy se ha convertido en museo. Durante la visita guiada, se destaca el espacio donde la autora y sus hermanas realizaban pequeñas representaciones teatrales y conciertos musicales motivadas por sus padres. En prácticamente todas las habitaciones existen pinturas o dibujos –enmarcados o realizados sobre las paredes directamente- hechos por las hijas del matrimonio de Abigail May –una activista por los derechos de las mujeres, el voto femenino y la abolición de la esclavitud- y Amos Bronson Alcott –profesor y reformador educativo, miembro del movimiento filosófico transcendentalista-, que fueron dos personas ubicadas en la vanguardia de la sociedad puritana del siglo XIX norteamericano. Estos datos hablan de la importancia de la motivación y la libertad expresiva que prevaleció en su educación.
           
            2.-Una anécdota.

            En la recámara de los padres de la escritora, está colgado un cuadro con la “Orden de las actividades domésticas de las niñas”. En él se detallan con toda precisión las actividades de las hijas desde la mañana hasta la noche  y una lista de los elementos a cuidar en el desarrollo de estas actividades: “Vigilancia, puntualidad, perseverancia, entusiasmo, no cuestionamiento, obediencia, control del temperamento, las manos y la lengua; buenos modales, trabajo, estudios y juego, no intercambio de labores”.
            Una visitante estadounidense cuestiona sobre esto a la guía. Ella responde que es una lista que “causa risa a los visitantes, menos a los japoneses”. La visitante dice que a ella le parece que se trata de una educación con disciplina, que es algo necesario aún en la actualidad.
            En la plática posterior a la visita, la guía dice que el padre de Louisa  tenía ideas muy opuestas a las de su tiempo, en que se consideraba que había que golpear continuamente de los niños, que eran considerados como una especie de seres salvajes. En la infaltable tienda del museo, un imán con una frase del Sr. Alcott: “Enseña a través de la motivación”, llama también la atención.

            3.- Un personaje.

            Rescatemos de esta historia al personaje desconocido, olvidando por un momento que se trata del “padre de Louisa May Alcott”.
            Amos Bronson Alcott (1799-1888),  formó parte de la intensa vida intelectual, crítica de su tiempo y del movimiento filosófico llamado “transcendentalismo americano” –junto con Emerson, Thoreau y Hawthorne, amigos cercanos-  que se caracteriza por ser un movimiento que cuestionaba los valores e ideas tradicionales de la sociedad conservadora de su tiempo.
            Alcott tiene una gran influencia de las ideas de Pestalozzi acerca del aprendizaje centrado en el niño y desarrolla a partir de ellas propuestas reformadoras  para la educación de su tiempo.
             Bronson Alcott cree en la centralidad del diálogo entre profesor y estudiante y afirma que la conversación educativa tiene que “fluir libremente” y en ella no cabe “el control de la lógica”. Por ello es criticado a veces como demasiado permisivo en sus métodos.
            Sin embargo, los estudiosos de su pensamiento y acción educativa afirman que este personaje no era de ninguna manera un educador sin orden o disciplina. Por el contrario, tenía todos los momentos de clase planeados  y si bien creía en esta libertad de la conversación pedagógica y en la motivación como un eje de la enseñanza, creía también, como lo vemos en la organización de actividades para sus propias hijas, en la disciplina como otro eje fundamental.
            Inteligencia, naturaleza y sociedad articuladas armónicamente eran el signo de un verdadero genio y esta articulación debería fomentarse en la educación.

3.- La reforma educativa como movimiento histórico.

            Se vuelve a hablar hoy en México de la necesidad urgente de una reforma educativa profunda. ¿Significa esto una ruptura total con el pasado?
            El ser humano, la naturaleza, la sociedad, la inteligencia, son elementos cambiantes y por ello cualquier reforma educativa es siempre simultáneamente un momento de ruptura y un punto de continuidad. La reforma educativa que tiene que venir en México deberá ser entonces un proceso que retome los elementos más ricos de la herencia educativa de la humanidad y que al mismo tiempo sea capaz de crear elementos novedosos que pongan a nuestra educación “a la altura de los tiempos” de crisis-cambio-globalización que hoy vivimos.
            Retomar el eje dialógico motivación-disciplina planteado por Alcott en el siglo XIX encontrando las formas de operativizar estos dos elementos en las aulas del siglo XXI, será sin duda una buena manera de entender la reforma educativa como un dinamismo histórico en permanente realización.
           



domingo, 25 de enero de 2015

“La mala educación”.



*Publicado en La Jornada de Oriente, 28/04/2008.


            “Evaluar es hacer a otros lo que no quieres que te hagan a ti” decía irónicamente un profesor. Tenía razón, porque los procesos de evaluación en nuestro sistema educativo han sido siempre vistos como mecanismos de castigo o “ajusticiamiento” por parte de quien ejerce el poder dentro del aula, la escuela o el gobierno.
            Conviene reflexionar sobre esta cultura distorsionada de la evaluación a propósito de la reciente aplicación de la prueba ENLACE.
            Si bien es cierto que todo instrumento de evaluación es mejorable y que los procesos de aplicación de esta prueba necesitan irse afinando, también es verdad que la existencia de una evaluación nacional estandarizada cuyos resultados se dan a conocer públicamente es un gran avance para nuestra educación.
            Porque los resultados anuales de ENLACE, revisados desde una visión positiva de la evaluación educativa, es decir, desde la concepción de la evaluación como un proceso necesario y permanente de retroalimentación para la mejora de la calidad, pueden ser de gran utilidad para que cada escuela trabaje de manera colegiada y colaborativa con sus docentes los aspectos en que sus estudiantes muestren deficiencias concretas.
            Lo anterior redundaría en una cultura de mejora continua que resulta muy necesaria en nuestras escuelas.
            Para lograr este objetivo, tendrían que cumplirse dos condiciones mínimas: 1.-Que los directivos, profesores y padres de familia sepan exactamente qué es lo que ENLACE evalúa y no pretendan sacar conclusiones o tomar decisiones pedagógicas más allá de lo que la prueba mide y 2.-Que cada escuela revise los resultados comparando con otras instituciones similares pero sobre todo, analizando los aspectos en los que la misma institución avanza o  retrocede  año con año en cada nivel (la competencia fundamental es respecto de sí mismos).
            Por otra parte, una sociedad como la mexicana, que está luchando -con muchos problemas y contradicciones- por llegar a ser verdaderamente democrática y equitativa, tiene que construir un sistema educativo que se sustente en una cultura de la transparencia y la rendición de cuentas.
            La construcción de una auténtica cultura de la evaluación a través de elementos como ENLACE, puede ser un factor que contribuya de manera gradual  a una reforma educativa en nuestro país puesto que proporcionará información para una participación social más efectiva y corresponsable en la gestión escolar.
            Los resultados de México en este tipo de pruebas a nivel internacional son preocupantes y el desempeño de Puebla en ENLACE no es tampoco satisfactorio.
            Pero “la mala educación” no es resultado de las deficiencias de los instrumentos o de la aplicación de las pruebas. “La mala educación” es resultado de procesos de enseñanza-aprendizaje marcados por la rutina, la falta de reflexión y  retroalimentación, así como de la opacidad y la falta de rendición de cuentas de nuestro sistema educativo.


Tres imágenes para el día del maestro.

*De mi columna Educación personalizante. Lado B. Mayo de 2012. 1.-Preparar el futuro, “Qué lindo era el futuro...